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Sacrificio

Posted in VALORES HUMANOS with tags on noviembre 29, 2008 by edmolin657

Siempre es posible hacer un esfuerzo extra para alcanzar una meta ¿Por qué no hacerlo para servir mejor a los demás?
El valor del sacrificio es aquel esfuerzo extraordinario para alcanzar un beneficio mayor, venciendo los propios gustos, intereses y comodidad.Debemos tener en mente que el sacrificio –aunque suene drástico el término-, es un valor muy importante para superarnos en nuestra vida por la fuerza que imprime en nuestro carácter. Compromiso, perseverancia, optimismo, superación y servicio, son algunos de los valores que se perfeccionan a un mismo tiempo, por eso, el sacrificio no es un valor que sugiere sufrimiento y castigo, sino una fuente de crecimiento personal.¿Por qué es tan difícil tener espíritu de sacrificio? Porque estamos acostumbrados a dosificar nuestro esfuerzo, y a pensar que “todo” lo que hacemos es más que suficiente. Dicho de otra forma: debemos luchar contra el egoísmo, la pereza y la comodidad. Todos somos capaces de realizar un esfuerzo superior dependiendo de nuestros intereses: las dietas rigurosas para tener una mejor figura; trabajar horas extra e incluso fines de semana para consolidar nuestra posición profesional; quitar horas al descanso para estudiar; ahorrar en vez de salir de vacaciones… El problema central, es que no debemos movernos sólo por intereses pasajeros, debemos ser constantes en nuestra actitud.Es de suponer que el guardar la dieta, hacer ejercicio, pasar las horas con una lectura de particular interés o por nuestra mano dar mantenimiento al automóvil, suponen un esfuerzo personal -y dependiendo de su naturaleza un beneficio propio-, colaboran a vivir el valor del sacrificio, pero también es sacrificio saber dejar a tempo nuestras aficiones, aplazarlas y darles su momento, para servir a los demás y no descuidar nuestras principales obligaciones.Efectivamente hay personas que cumplen con sus deberes y obligaciones de forma extraordinaria, pero pocas veces llevan ese mismo esfuerzo en todos los aspectos de su vida: Pensemos en quien sólo asiste en casa los fines de semana pero se niega a convivir con la familia, salir de paseo o dedicar un tiempo a los hijos, argumentando cansancio y deseos de liberarse de la presión del trabajo. Pese a la realidad de esta situación, su sacrificio está delimitado por la rutina de la oficina, ¿no es esto algo extraño?. El valor del sacrificio contempla dar ese “extra” también en casa, en ese horario y con esas personas que desean gozar de la compañía generalmente ausente de cualquiera de los miembros.En muchas ocasiones caemos en actitudes que restan mérito a todo lo bueno que hacemos: expresar constantemente nuestro cansancio o echar en cara lo mucho que hacemos y lo poco que los demás nos comprenden. Esta forma de ser demuestra poco carácter y fortaleza interior, cuando no, un medio para evadir algunas responsabilidades.Son muchos los ejemplos de sacrificios comunes y corrientes, pero pocas veces se notan cuando no existe la intención de demostrarlo: salir a trabajar habiendo pasado mala noche, o tal vez con ciertos síntomas de enfermedad; sonreír a pesar de nuestro estado de ánimo, sea de enojo o tristeza; colaborar en los cuidados de un enfermo; limpiar el piso de la oficina que se ensució por descuido; no asistir a la reunión semanal para llevar a los hijos a un evento deportivo.Por otra parte, algunas situaciones son bastante fáciles de prever, como el compañero que siempre hace bromas pesadas; el bebé que una vez más necesita cambio de ropa; el platillo que nos desagrada; hacer fila en el supermercado… Son muchas las cosas que nos desagradan y no podemos esperar que todo sea a nuestro gusto. El verdadero valor del sacrificio consiste en sobrellevarlas, intentando poner buena cara, sin quejas ni remilgos.Con todos lo ejemplos mencionados, podemos darnos cuenta que la mayoría de nuestros sacrificios están orientados a servir a los demás; tal vez, ni siquiera nos habíamos percatado de la importancia que tienen esos pequeños detalles para formar una personalidad firme y recia.El espíritu de sacrificio no se logra con las buenas intenciones, se desarrolla haciendo pequeños esfuerzos. Por eso es necesario que tengas en mente:- Aprende a darle un tiempo prudente a tus aficiones y descansos.- Procura no hablar de tus esfuerzos, ni poner cara de sufrimiento para que los demás se den cuenta de lo mucho que haces.- Haz un poco más de lo habitual: juega más con tus hijos; limpia y acomoda algo en casa; recoge la basura de los pasillos; convive con los compañeros de la oficina…- Controla y modera tu carácter y estados de ánimo.- Este último punto contempla de alguna manera a todos los anteriores: Haz una lista de las cosas que te desagradan y las que te cuestan más trabajo, elige tres y comienza a luchar en ellas diariamente.Todo aquello que vale la pena requiere de sacrificio, pues querer encontrar caminos fáciles para todo, sólo existe en la mente de personas con pocas aspiraciones. Quien vive el valor del sacrificio, va por un camino de constante superación, haciendo el bien en todo lugar donde se encuentre.

Mariana de Jesús

Posted in historia with tags , , , , , , on agosto 29, 2008 by edmolin657


El 22 de Noviembre de 1618 y en la Capilla Mayor del Sagrario de Quito bautizaron una niña llamada Mariana, hija del matrimonio de Jerónimo Flores y Zenel de Paredes y Mariana Meléndez de Grannobles y Jaramillo, es la última de la familia y pasará a la historia ecuatoriana con el nombre de Mariana de Jesús.

De ella se cuentan en los Procesos Canónigos que se iniciaron después de su muerte, muchas anécdotas. Su mismo nacimiento ocurrido el 1° de noviembre de ese año fue “portentoso” porque en los momentos del alumbramiento se vio en el cielo una multitud de estrellas formando un haz de luz resplandeciente que desapareció tan misteriosamente como había surgido. Este fenómeno fue observado por parientes, amigos y servidumbre, como veinte personas en total, según se desprende de la lectura de “Los Procesos”, donde la Magia y lo sobrenatural se mezcla con la realidad en cada página, de allí que no sean nadita confiables como testimonio histórico debiéndoselos tomar más bien como algo vernáculo y casi folcklórico, digno de esos tiempos de cursilerías y de credulidad.

PRIMEROS PASOS
La futura santa solo tomaba el seno materno dos veces al día y a horas fijas, al mediodía y al comienzo de la noche. Nadie le hacia cambiar de costumbre, ni las nodrizas criollas y españolas que contrataron lograron mayores éxitos.

Su belleza física llamaba la atención. Era una criatura hermosísima que lloraba inconsolablemente cuando alguien le descubría el cuerpo o le acariciaba la cara.

A los dos años viajó a Cayambe con su madre y al tratar de vadear el río Pisque, también llamado de las Ovejas, la cesta donde la conducían fue lanzada a las aguas por la mula que la conducía y en lugar de ser arrastrada por el torrente, flotó sobre las ondas del río y un doméstico las rescató sana y salva y volvió a montar, siguiendo el camino como que si nada hubiera ocurrido. Portento que se comentó por varios años en Quito. En otra ocasión cayó de una pared de cinco metros sobre un montón de filudas piedras sin sufrir lesiones. Estas coincidencias presagiaban una vida maravillosa; pocos meses después murió su madre, quedando al cuidado de su hermana mayor Jerónima de Paredes mujer del Capitán Cosme del Caso, con quienes vivió en familia.

PRIMEROS JUEGOS Y ENSEÑANZAS
Estudió letras, aritmética, canto y labores con profesores especiales, llegando a sobresalir en música y al cabo de poco tiempo tocaba guitarra, cítara y vihuela. Atenta al espíritu de su época dedicaba muchas horas a la oración, enseñando a los menores de la casa cuanto concernía a las cosas del espíritu y muy especialmente a las de Dios. Levantó numerosos altares en los largos corredores que daban al patio y a la fuente interior, organizando procesiones con andas e imágenes sagradas. En otras ocasiones reemplazaba las estatuas de santos con cruces y ella tomaba la mayor y más pesada, en plan de expiación y sacrificio.

VIAJE Y PROYECTOS DE VIDA
En 1624 su hermana Jerónima se trasladó por una corta temporada a la hacienda familiar situada en Saguanche no lejos de Quito. Allí Mariana, que ya contaba seis años, se hirió la espalda con ramalazos hasta hacerse llagas y sangrar profundamente. El mayordomo se enteró del asunto y lo comentó, lo que le valió una fuerte reprimenda a la niña penitente. Pocos días después volvió a las andadas y se puso un silicio de ramas de zarzamora y espinas en la cintura, pecho y espalda. Su hermana Jerónima la descubrió y a poco regresaron a la capital.

En 1626 hizo su primera comunión en la Iglesia de la Compañía de Jesús bajo la dirección espiritual de Padre Juan Camacho, reputado en su tiempo como santo y docto varón de Dios. Mariana renuncio públicamente a llevar su apellidos Paredes y Flores, herencia de sus padres, firmando en lo sucesivo “Mariana de Jesús.”

Enseguida quizo viajar a las Misiones orientales de Mainas a civilizar a los salvajes, comunicando el proyecto a sus sobrinas Juana y María del Caso y a la doméstica Escolástica Sarmiento. Por la tarde se proveyeron de galletas y huevos duros, así como de las llaves de la casa, para iniciar la aventura al amanecer. Mas, contra la costumbre, al día siguiente no lograron despertar, siendo descubiertas las llaves de la puerta en el lecho de Mariana, que terminó por confesar.

En otra ocasión planeó una visita al Pichincha donde tallada en la roca existe un imagen de la Virgen Marta; Mariana quería hacer vida de oración en las alturas y se hizo acompañar de sus sobrinas. Salieron de la casa a las 2 p.m. y subieron las primeras laderas del volcán, pero se toparon con un toro negro que les cerraba el paso y las atacó con furia. Las intrépidas expedicionarias cayeron en una zanja y el animal las hostilizó por más de una hora, sin dejarlas salir, hasta que habiendo rezado con promesa de regresar al hogar, el animal se retiró mansamente.

Con estos antecedentes Cosme del Caso decidió que Mariana entrara al Convento de Santa Catalina donde era Priora la Madre Ana de San Pablo, que al verla se alegró y mandó varios recados a Don Cosme, avisándole que estaba a su cuidado y se quedaría allí.

Y cosa rara, a pesar que el citado caballero tenia por costumbre atender sus negocios en la plaza de San Francisco, en la tienda de su propiedad, ninguno de los mensajeros lo encontró y esa tarde Mariana tuvo que volver al hogar descorazonada por el fracasado intento de hacer vida conventual.

En esas circunstancias sus biógrafos afirman que oyó una voz que le ordenó “vivir en su casa, recogida en la estrechez de la pobreza y sin pensar en las cosas del mundo, como si estuviera en la comunidad mas austera”. Esto fue el primero de sus desequilibrios psicológicos. Su Confesor Antonio Manosalva se sorprendió y asustó al saber esta novedad porque Mariana solo tenía doce años de edad y ya todo se había dispuesto para su ingreso al Convento, incluso, hasta se habían entregado las invitaciones para el banquete de despedida; pero notando la seriedad del propósito, habló con Don Cosme, que al fin acepto darle tres habitaciones en su propia casa para que allí viviera de oración y penitencia, como si fuera en convento.

Fuente: Biblioteca Rodolfo Pérez Pimentel