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Leopoldo Benitez Vinueza

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LEOPOLDO BENITES VINUEZA
ESCRITOR Y DIPLOMATICO.- Nació en Guayaquil el 17 de octubre de 1.905, hijo legítimo del Dr. Leonidas Benítes Torres, médico fundador del Instituto de Vacuna, Cirujano de los ejércitos liberales, escritor, Diputado y Gobernador del Chimborazo en 1.910 y de segunda esposa Angelina Vinueza Rodríguez, Guayaquileños. El Dr. Benítes Torres fue un filántropo pues acostumbraba vacunar gratuitamente al pueblo.

Fue el segundo de tres hermanos recibió las primeras letras con las monjas de la Caridad de Riobamba, asistió a la Preparatoria Inferior del San Felipe Neri, estudió la secundaria en el Colegio Maldonado y en 1.917 regresó a Guayaquil por muerte de su padre y entró al Vicente Rocafuerte, donde tuvo profesores excepcionales como los Dres. José Vicente Trujillo y Pedro José Huerta, quien acostumbraba obsequiar libros a sus alumnos, para motivarlos, aun más, hacia la historia. La lectura de “Las ruinas de Palmira” del Conde de Fourney y la desaparición de su padre decidieron su agnosticismo.

De esta época son sus comienzo literarios en el grupo de los Hermes inicialmente formado por el periodista de “El Guante” Rubén Irigoyen, con jóvenes idealistas amantes de las bellas letras, que se reunían a leer y a recitar en casa de la poetisa Aurora Estrada y Ayala, comentando toda novedad. Los Hermes gustaban del Modernismo y admiraban a Darío, pero la mayor influencia les venía de Rodó y de Herrera Reisig, pues, en el Ecuador, el Arielismo llegó paralelo al modernismo y alcanzar al ángel Ariel, símbolo de la espiritualidad hispanoamericana, era sinónimo de dignidad y honestidad.

En 1.922 fue testigo de la matanza del 15 de Noviembre y desempeñó la secretaría de la redacción de la revista mensual de letras y artes “Síngulus”, órgano del grupo de los Hermes, donde aparecieron varios de sus poemas simbolistas. Ese año Heleodoro Avilés Minuche le llevó a colaborar en “EL Guante” con versos juveniles y cuentos fantásticos de tipo parabólicos muy a lo Oscar Wilde, que no constituyeron simples escarseos literarios porque dejaron un surco hondo.

En 1.923 ganó el primer Premio en un Concurso del Colegio Vicente Rocafuerte con dos relatos cortos, muy influidos por la lectura de los cuentos del escritor argentino Horacio Quiroga, de gran reciedumbre y audaz fuerza expresiva, titulados “La Mala Hora” y “’El Enemigo”, que aparecieron recién cuatro años después en un folleto de escasa circulación. No obstante, por ellos, está considerado el precursor del grupo de Guayaquil, que dio la tónica a la literatura nacional que vendría después.

Tenía escasamente dieciocho años y acostumbrada reunirse con varios compañeros en los bajos del Chalet de su madre ubicado en Rocafuerte entre Urdaneta y Mendiburo y se iban a remar al Salado o boxeaban amistosamente. Era alto y fornido, leía sin descanso, amaba la cultura y comenzó a estudiar medicina, carrera que abandonó a instancias de su madre para entrar a la Facultad de Jurisprudencia de La Universidad de Guayaquil, aunque su verdadera vocación era la Medicina, pero el ambiente le llevó estudiar Derecho.

En 1.921 ingresó de Bedel al Rocafuerte con S/. 150 de sueldo y pudo ayudar a cubrir los gastos de su casa. Después ascendió a Profesor titular de las cátedras de Historia de la Literatura castellana y de Etica con S/. 350 mensuales. En 1.926 rindió su grado de Licenciado en Ciencia Sociales y comenzó a escribir para la revista “Savia”. El 27 colaboró en la revista “Voluntad”, el 28 contrajo matrimonio con Margarita Sierra Escalante y egresó, sin que jamás le interesara graduarse. El 30 integró el equipo de Universitarios ecuatorianos que se impuso en un debate frente a los estudiantes de la U. de Yale con vibrante oratoria.

En 1.932 fue secretario Municipal en la administración de Alberto Guerrero Martínez y colaboró en “Semana Gráfica” con algunos de sus poemas. La revista era de propiedad del Diario El Telégrafo. Allí salió “la Canción del Guayas”. Fragmento: //el Poema de mi río es rudo y es bravío/ como los troncos recios que se hunden en sus aguas/ tejiendo la frescura del remanso sombrío/ para el idilio casto de canoas y piraguas…/ el 33 fue Subsecretario de Obras Públicas en el ministerio de Alberto Ordeñana Cortes. El 35 trabajó para los ferrocarriles del Estado en Quito.

En su poema “Canto de nostalgia al Ecuador” en versos profundos y de gran fuerza, se refiere a los elementos históricos que identifican al país como una nación rica y grande por sus recursos naturales y por sus bellezas de orden geográfico. Allí dice: Fragmento:

En el café sofisticado
Me viene una entrañable confidencia de aromas
Que conocí en su virginidad de flor y fruto.
Los rubios cigarrillos con humo de farmacia
me traen el recuerdo de mis verdes humaredas de selva
y de vegas sombreadas de tabaco
en ríos ilustrados de iguanas y de garzas.
Ríos con hombres de siete siglos
en lenguas que han olvidado de pronunciar los hombres:
el Guayas de mangles pescadores,
el Babahoyo turbio de cacaotales,
el Yaguachi crecido de arroz y de bananos
y el Taura con su sol tatuado de caimanes.
Palpo en la sombra nubes de cemento
buscando cómo abrirle ventanas al recuerdo.
Para ver como crece la alfalfa y la cebada,
la amarilla gravidez del maíz,
la vida subterránea de la papa,
en mis laderas que conocen de la paciente sabiduría de los bueyes.
¡Oh, mi Ecuador distante!
Mis páramos de anchos vientos ilimitados,
que andan sobre la arena con sandalias de nieve.
Mis volcanes que editan decálogos de lava.
Mis torrenteras crinadas de helechos.
Mis ríos que conocen el ovalo secreto del níspero.
Mis playas en que tiende su desnudez la espuma.
¡Oh, mi Ecuador distante!

En 1.936 aparecieron sus primeros artículos en el Diario “El Universo” bajo el pseudónimo de “Alsino”, personaje -especie de Icaro- tomado de una novela poco conocida del escritor chileno Pedro Prado. Pronto su columna “Hombres, cosas y hechos” se hizo famosa porque apuntaba soluciones económicas y sociales, sirviendo estos artículos de base para su futuro libro “Ecuador, drama y paradoja”, pero la dictadura del Ing. Federico Páez clausuró “El Universo” y cuando, a los pocos meses, se reabrió el diario, formó parte de la redacción y empezó a firmar directamente con su nombre.

En 1.940 publicó en la revista del Vicente Rocafuerte un ensayo crítico titulado “Perfil del coloniaje” en 6 pags. y habiéndose motivado por la vida de Espejo, agudo pensador y precursor de nuestra independencia, aprovechó la biblioteca del colegio para escribir, tras consultar a varios autores, “El Zapador” de la colonia, la vida y obra de Francisco Javier Eugenio Espejo; también apareció en esa revista en 1.944 en 60 pags. el primero de sus ensayos magistrales donde hizo crítica.

Al poco tiempo el régimen arroyista reorganizo dicho plantel y como retaliación por sus artículos en “El Universo” fue excluido del profesorado.

Una noche la pesquisa visitó su chalet pero no pudieron encontrarle. Puesto sobre alerta, tuvo que viajar a la hacienda de un amigo en Taura y permaneció cuatro días escondido en ese rincón de la selva tropical ecuatoriana, hasta que fue avisado de que ya no existía la orden de prisión emanada en su contra.

Durante la invasión peruana de 1.914 ocupó la secretaría de la Junta guayaquileña de Defensa que presidió el Dr. Darío Rogelio Astudillo Morales y Guayaquil fue declarada ciudad abierta para impedir su bombardeo por la aviación y armada peruanas. También se preparó la defensa militar, rechazando el Informe de la Misión Militar Italiana que aconsejaba defender únicamente la sierra y colaboró desde la Secretaría de la Cruz Roja Provincial del Guayas.

A fines de año fue invitado por “Trie National Press Club of Washington” a visitar los Estados Unidos y a dictar varias conferencias.

Fueron tiempos difíciles por la constante vigilancia de la pesquisa, que sumado al subempleo lo mantenía en absoluta pobreza, pero aprovechaba cada minuto libre en fructíferas lecturas, estudios y meditaciones y así nació el sociólogo brillante y erudito, que dedicábase a reflexionar acerca de la realidad del País. Por eso sus escritos reflejan el hondo drama de una Patria dividida y atropellada y a la par de ello aumentaba su recia oposición al gobierno a través de su columna periodística.

En 1.942 los Estados Unidos envió una Misión reconstructora a la provincia de El Oro y fue invitado a conocer esos trabajos. Estando en Machala en Marzo del 43, fue sorpresivamente apresado y conducido por mar a la cárcel de Esmeraldas, donde permaneció diez meses detenido sin fórmula de juicio, mientras se investigaban los cargos de conspiración contra el régimen. Durante ese tiempo escribió la odisea del descubrimiento del río Amazonas por Francisco de Orellana que tituló “Los Argonautas de la selva” hermosísima defensa de los derechos ecuatorianos sobre el gran río. Para ello se fundamentó en los documentos encontrados por Toribio Medina en España y muy principalmente en la Relación del Descubrimiento del Amazonas por Fray Gaspar de Carvajal, que incluyó Medina en su obra. Igualmente siguió enviando artículos a “El Universo” y al recobrar su libertad ingresó a “Acción Democrática Ecuatoriana” ADE. En sus páginas de lucha contra el arroyismo hay una gran pasión por la vida, por los derechos políticos y sociales, por las conquistas históricas del pueblo, por la democracia y por la cultura de los ecuatorianos.

Al triunfar la revolución del 28 de Mayo de 1.944 el Comando de ADE., le designó Diputado funcional por el periodismo de la costa a la Asamblea Nacional Constituyente que se reunió en Quito y dictó la nueva Constitución del 45 y al fundarse la Casa de la Cultura Ecuatoriana fue electo Miembro Nacional.

Mientras tanto había arribado al país el historiador y periodista mexicano Daniel Cosío Villegas en busca de material para el “Fondo de Cultura Económica” que editaba en México la Colección Tierra Firme y se entusiasmó a leer los originales de “Argonautas de la Selva” que consideró una aventura cósmica por las selvas del Amazonas, se los llevó y salieron editados en el No. 8 de la citada Colección, en 306 pags. De esta novela histórica, biográfica y telúrica porque la selva está pintada en todo su realismo, dijo José Vicente Trujillo que era “uno de los más grandes poemas vegetales de América”.

En marzo del 46 advino sorpresivamente la dictadura del Presidente Velasco Ibarra que Benítes combatió por ser militantes de la Izquierda moderada ecuatoriana y entre Octubre y Noviembre escribió por encargo del mismo “Fondo de Cultura Económica” que le pagó mil dólares, su ensayo crítico “Ecuador, drama y paradoja”, trabajo medular editado en 1.950 en México, en 282 pags. y ensayo de libre interpretación sobre el proceso de formación histórica, todavía vivo, que es el Ecuador; situándose en la línea de una tradición rica en sociólogos eminentes. Esta obra es lo mejor y más denso de lo suyo, es obra capital para el estudio y conocimiento del devenir de nuestra Patria en el tiempo porque es un desbrozar de su historia, donde destruye muchos mitos y abre amplios panoramas sobre sucesos minimizados y hasta olvidados, de suerte que contiene claves esenciales que permiten comprender. Por esta obra se le ha comparado con Pío Jaramillo Alvarado, ese otro gran ecuatoriano de todos los tiempos llamado no sin razón “Doctor en Ecuatorianidades” y con Angel Felicísimo Rojas, que en “la Novela Ecuatoriana” hizo trabajo parecido en intensidad, profundidad y belleza que el de Benítes, esfuerzo grande de su parte pues se propuso alcanzar el mismo fin, es decir, una visión global y amplia de nuestro pequeño gran país.

Esta nueva obra se basó en su mayor parte en sus artículos aparecidos en “El Universo”, que contenían sus criterios socioeconómicos y demás antecedentes, pero el libro casi no circuló en el Ecuador; en cambio, tuvo amplísima acogida en el exterior, sobre todo en el campo de la sociología, que estaba creciendo y poniéndose de actualidad.

Ese año 46 también apareció en la revista de la CCE. sus ensayos “Don Juan, el antiamor” y “Sociología del arte”.

En 1.947 fue invitado por la Universidad de Bogotá a dictar conferencias sobre diversos aspectos sociológicos y una tarde ocurrió que el taxi en que iba se salió de la carretera, chocó y sufrió la fractura de una pierna, siendo hospitalizado varias semanas. En tan críticas circunstancias el Ministro de Educación, Dr. José Miguel García Moreno, le llamó a Quito a nombre del Presidente Carlos Julio Arosemena Tola para que aceptara permanecer en Bogotá como Consejero de la Embajada, ayudando en los trabajos preparatorios de la Conferencia Panamericana, empleo provisional dada su situación de apremio, pero regresó a Guayaquil a los tres meses.

Entonces el gobierno insistió para que escogiera la plenipotencia en Cuba o en Uruguay y siendo un convencido arielista prefirió esta última y viajó a Montevideo en 1.948 con el rango de Enviado Extraordinario y Ministro, donde vivió por espacio de cinco años en dinámica acción cultural, la Universidad de esa capital le premió entonces con el titulo de Doctor Honoris Causa, conferido solo seis veces en cincuenta años.

En 1.951 había estrenado en Montevideo una pieza teatral, aun no publicada, titulada “Cuzunza o aguas turbias”, cuyo argumento trata sobre un europeo llagado a América en busca de tesoros, sus penalidades y muerte por falta de adaptación al aspecto selvático de nuestra región oriental ecuatoriana.

En 1.953, Velasco Ibarra, ya amistado con Benítes, le trajo para designarlo Embajador en Guatemala, pasaron varios meses y por no estar reunido el Congreso, decidieron sus amigos dentro del gabinete Dres. Teodoro Alvarado Garaycoa y Roberto Nevares Vásquez, que más le convenía ir de Ministro Alterno ante las Naciones Unidas, funciones secundarias que no requerían de aprobación alguna y aceptado por el representante Principal Dr. José Vicente Trujillo, viajó el 54 a la sede en Nuew York, teniendo sus primeras experiencias en este campo hasta el 58 que pasó de Embajador en Bolivia, país que vivía los cambios propios de una revolución total.

En 1.959 aparecieron publicados sus estudios sobre Espejo y Mejía en 56 y 54 pags. respectivamente, como ensayos de Introducción al volumen “Precursores” de la Biblioteca Mínima Ecuatoriana editada con motivo de la Undécima Conferencia Panamericana. Ambos trabajos y otros más sobre Juan Montalvo volverían a aparecer bajo el título de “El vigilante de la noche” en un libro impreso por la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

Ese año 59 fue traslada a la Argentina y afrontó la gravísima situación planteada por el asilo de varios políticos en la sede de la embajada ecuatoriana y luego de varias semanas de papeleo pudo enviarlos a salvo a Montevideo. Poco después siguió a esta ciudad con el rango de Embajador y casi enseguida, en 1.960, Velasco le pasó urgentemente a New York, como representante principal del Ecuador ente la ONU en reemplazo de José Correa, reiniciando sus actividades en ese organismo.

En 1.966 fue Presidente del Consejo de Seguridad durante la Vigésima Octava sesión reunida en New York. El 73 presidió, por votación unánime de sus miembros, las sesiones de la Asamblea General, cargo el más alto de la diplomacia internacional y especie de presidencia mundial, honor nunca antes ni después conferido a un latinoamericano, de suerte que se dijo que era la voz del tercer mundo; luego presidió la Comisión encargada de elaborar la Ley internacional del Derecho del Mar. En Noviembre de 1.974 fue invitado a dictar un ciclo de Conferencias en Ambato y habló por primera vez en el Ecuador de la defensa del medio ambiente cuando solamente en Europa los llamados Partidos verdes o ecologistas se preocupaban de la defensa mundial de nuestro ecosistema. De esta época es su doctorado Honoris Cansa en la Setton Hall. University de New Jersey y tras trece años de triunfal carrera en la ONU, volvió a Guayaquil en la nefasta dictadura del General Guillermo Rodríguez Lara. Su labor como internacionalistas había sido en extremo provechosa pues al haber aceptado a 17 países africanos nuevos en la ONU, abrió las puertas de ese organismos al conglomerado mundial e inició el proceso de descolonización; además, su participación en la Convención de Jamaica que trató sobre los derechos del mar y en el tratado de Tlatelolco en México basado en la proliferación de la armas nucleares, le hizo un funcionario de visión universal.

Poco después sus amigos diplomáticos de New York le consiguieron que representara al Ecuador ante la Comisión de Derechos Humanos con sede en Ginebra, presidiéndola en 1.976, años en que fue contratado por la ONU para formar la Comisión de Investigación sobre la Violación de los Derechos Humanos en Chile y para que se respeten los Derechos Humanos trabajó con exiliados en México, Venezuela y Suiza hasta 1.980 en que concluyó sus labores y regresó a Guayaquil, retomando su columna en “’El Universo” para orientar a la opinión como en otros tiempos y hasta criticó al gobierno de ese entonces con su magistral estilo de siempre. La Universidad de Guayaquil le otorgó el Doctorado Honoris Causas y fue electo Miembro de la Junta Consultiva del Ministerio de Relaciones Exteriores.

En 1.981, con motivo de los enfrentamientos armados fronterizos en Paquisha, fue enviado a conferenciar en Washington con otros delegados ecuatorianos, gesto que le acercó al Presidente Jaime Roldós.

La Casa de la Cultura de Guayaquil habíale editado en 1.977 una selección de su poesía con el título de “Poemas en tres tiempos” en 110 pags. en el No. 44 de la Colección “Letras del Ecuador”, con sonetos y cantos que incluyen “Monetario al amor sin orillas”, “Cantos al amor unívoco”, “Poemas Newyorkinos” y “La voz sin eco”.

En 1.982 el Presidente Oswaldo Hurtado le envió de Embajador del Ecuador en México para reemplazar a Demetrio Aguilera Malta y apareció en la revista de la Sociedad Jurídico Literaria de Quito su ensayo “Tiempo y Presencia de la Generación Decapitada” en 54 pags. el 85 enfermó gravemente en New York uno de sus hijos con cáncer y al ocurrir su deceso el 86, Benítes se retiró de la vida diplomática, justo a los 80 años de edad.

Recluido a su villa ubicada en el corazón de Urdesa, entre música, familiares y libros, le entrevisté y me declaró que tenía bastante avanzado una obra sobre el Libertador Bolívar romántico y otra sobre el formidable polemista que fue Juan Montalvo, pero que quizá no podría terminarlas, pues parecía que los años de diplomacia habían atemperado su necesidad de escribir como suele suceder a menudo.

Poco después una lenta enfermedad le ocasionó una especie de sopor del que no salió a pesar de los años y la atención médica recibida y falleció en Guayaquil, de 89 de edad, el 7 de marzo de 1.995, dejando un vacío que difícilmente se llenará en el campo de la crítica histórica y sociológica, aparte de que como periodista fue irónico y contundente y como escritor tuvo estilo magistral.

El ensayista argentino Carlos Piñeiros en su obra “Pensamiento equinoccial” le dedica un capítulo especial a su vida y obra.

Antonio Sacoto ha escrito “en Benítes se dan la mano el poeta y el historiador, manteniendo una armonía, un equilibrio, en una de las prosas más bellas de su período”.

Juan Bautista Aguirre Carbo

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Fuente: Biblioteca Rodolfo Pérez Pimentel

POETA.- Nació en una casa de Hacienda de la región de Daule el 11 de Abril de 1.725 y fue bautizado como Tomás Carlos en la Iglesia Matriz de Guayaquil el 2 de Julio siguiente. Hijo legítimo del Capitán Carlos de Aguirre y Ponce de Solís propietario agrícola en Daule y de Teresa Carbo y Cerezo, viuda del Capitán Alonso Fernández Caballero, todos ellos guayaquileños de la primera distinción social.

No se tiene mayores noticias de su infancia que debió transcurrir entre Daule y Guayaquil donde fue alumno del Colegio San Ignacio de los Jesuítas. Muy joven viajó a Quito a fin de estudiar en el Seminario de San Luis y el 11 de Abril de 1.740, al cumplir quince años, ingresó al Noviciado que mantenía la Compañía de Jesús en Latacunga, estudiando luego en la Universidad de San Gregorio Magno de Quito, fue discípulo del Padre Pedro Tovar, S. J. y descolló por su fino humor e inteligencia abstracta.

Desde muy niño había sentido una vehemente inclinación a versificar y componía fácilmente. En 1.756 dedicó una Elegía a la muerte de Felipe V y otra fue motivada por el terremoto de Lima. Su “Caída de Luzbel” y “La Concepción de María” son consideradas otras muestras felices de su estro, pero la mayor de todas es la “Carta a Lizardo” de alta grandeza y acabado despliegue técnico para persuadir que todo lo nacido muere dos veces. Todo ser creado muere dos veces, empezar a vivir es empezar a morir. Idea que satura a su obra de la tristeza metafísica de vivir muriendo. Angustia universal que el poeta incrusta dramáticamente en la galería ascendente de siete criaturas dulces, en otros tantos símiles que con igual angustia bajan al mismo sepulcro, según criterio de Hernán Rodríguez Castelo.

Sin embargo también puede considerarse a ésta muerte doble, tomada posiblemente de la Filosofía hermética de los antiguos alquimistas, como una comparación del experimento que mata al mercurio licuándole en un matraz y luego volverlo a matar con la piedra filosofal para que renazca tramutado o convertido en oro a la nueva vida. ¿Fue Aguirre alquimista, o solo conocería esta Filosofía?

Mas su poesía no solamente fue triste y desesperanzada, también cantó a los hermosos ojos de las niñas bellas y a una dama imaginaria solo por diversión. Requiebros inocentes de don Quijote a la inalcanzable Dulcinea que no poesía erótica propiamente dicha y en un certamen convocado por la Academia Pichinchense, por el nacimiento del niño Jesús, triunfó cantando el arrepentimiento de la especie humana.

En materia de burlas abundó varias veces al tratar de un tonto que al ver sus poesías creyó que eran de otro y así nació el epigrama “Carta a Zoilo” y luego “A un Zoilo” y estractadas de una epístola dirigida a su cuñado Jerónimo de Mendiola y Obregón la célebre composición “Breves diseños de las ciudades de Guayaquil y Quito”. Espejo escribiría que su maestro Aguirre tentó un poema heroico sobre San Ignacio de Loloya pero que le había faltado deseos de concluirlo y quedó como simple fragmento con el título de “Monserrate”.

I a la par que nacía el poeta se formaba el sabio en la Universidad jesuita donde tuvo la oportunidad de usar aparatos tan modernos como el microscopio de Luff, modelo fabricado en Londres por Pyefinch en 1.750 y recién adquirido en Europa, con el que realizó importantes experimentos científicos que le probaron hasta la saciedad que la Filosofía nada tenía que hacer con el mundo experimental de la ciencias naturales. Por eso fue el primero en afirmar en la Audiencia de Quito que las enfermedades eran producidas por animalitos y hasta llegó a dibujar bacilos, estreptococos y espiroquetas, siendo el introductor de la anatomía microscópica en nuestra Patria.

En 1.754 su condiscípulo en el Colegio de San Luis de Quito, Juan Nieto y Polo del Aguila, nombrado obispo de Quito, le confirió el orden sacerdotal.

Igualmente negó la teoría de la generación espontánea que se venía sosteniendo desde los tiempos de su inventor Aristóteles y desde 1.756 hasta el 58 desempeñó con singular esmero la cátedra de Filosofía en la mencionada Universidad, y luego la de la Teología Moral, pues “su fantasía estática y elegante, talento perpicaz y memoria admirable” le sirvieron para aficionarse a toda novedad científica y a toda experimentación, intentando una renovación en los métodos empleados para instruir y enseñar, aceptando el valor de la razón, el espíritu científico, la intención crítica y las ciencias experimentales como únicas vías lógicas para llegar a la verdad, desechando por falsas y anticuadas el peripatismo aristotélico y la escolástica decadente; sin embargo, ésta posición no era enteramente nueva, pues obedecía a un cambio de dinastía en España, que abrió las fronteras con Francia y permitió el libre ingreso de la Ilustración cuyo fin máximo era alcanzar la libertad y felicidad del hombre y el progreso científico y material de la sociedad.

Por otra parte, desde las épocas del inglés Sir Francis Bacon, quien había recomendado la observación, la experiencia y la inducción como instrumentos válidos y únicos para la investigación y del francés René Descartes que preconizó la duda metódica y el análisis que favorece la independencia del pensamiento y la libre investigación, el pensamiento europeo y luego el americano, había comenzado a cambiar.

Por ello Aguirre no trepidó en desechar las sutilezas que solo conducía a la confusión de los ingenios y expuso temas tan novedosos como los principios intrínsecos del ser natural, polémica en que se habían vistos envueltos grandes pensadores como Descartes, Maignan. Gassendi, el Padre Feijoó. Otros asuntos trató de manera singular, expuso los sistemas astronómicos de Ptolomeo, Ticho Brahe y Nicolás Copérnico. escogiendo el segundo porque no iba en contra de las observaciones astronómicas como el de Ptolomeo ni contra las escrituras como el de Copérnico, sabia solución que no debe llamar la atención si se considera el medio arrasado en que vivía y la falta de apoyo de los demás profesores; mas, su esfuerzo por modernizar los métodos de enseñanza y las concepciones universales y filosóficas fueron válidas y se debieron primordialmente a “su natural impaciencia, gusto por toda novedad, imaginación fogosa, ingenio pronto y sutil y temperamento guayaquileño”.

De sus cursos han quedado tres tratados de Lógica, Física y Matemática en latín que conociera Pablo Herrera en el siglo pasado, pero hoy solo existe el de Física, traducido al español por el Lic. Federico Yépes y publicado en 632 págs. en 1.982 por la Universidad Católica de Quito, cuyo original manuscrito se conserva en la Biblioteca de los Padre Jesuitas de Cotocollao, donde se aprecia sus dibujos explicativos, el tratamiento de novedosas cuestiones científicas como las manchas solares, los cometas, el fuego, la gravedad y ligereza de los elementos, la elasticidad del aire, la distancia entre la tierra y la luna…lo cual pone de manifiesto la erudicción y el nivel alcanzado por la Universidad, donde posiblemente se conservaban copias de los experimentos realizados por los Geodésicos franceses.

Por eso se ha dicho que fue Aguirre quien más cosas nuevas divulgó en la Audiencia y que sus Cursos eran verdaderas enciclopedias abiertas a los alumnos desde lo fundamental de su postura católica tratando de dar razón del mundo de la naturaleza, donde el hombre se ha encontrado finalmente a si mismo. Mas no todo eran triunfos del espíritu, porque muchas personas pacatas, la mayor parte religiosos antiguos, se asustaban y aturdían al oír tales desenfados y hasta se divertían, constituyendo sus clases verdaderas fiestas del espíritu, pues aplicaba la regla de oro de la divina eutrapelia griega, que consiste en enseñar y divertir.

En Marzo de 1.757 un terremoto asoló Latacunga y remeció Quito y con tal motivo compuso por mandato de su amigo el Obispo Juan Nieto y Polo del Águila, la Carta Pastoral que se leyó en todas las Iglesia.

El 15 de Agosto de 1.758, de 33 años, hizo profesión del Cuarto Voto jesuita y adoptó los nombres de Juan Bautista, que él mismo escogió. Desde entonces pasó a ser considerado entre los padres superiores con derecho a dirigir las Fundaciones, colegios, universidades y misiones de la Compañía de Jesús.

El 17 de Marzo de 1.760 predicó en la catedral la oración fúnebre por la muerte del Obispo Polo, que salió publicada.

En 1.763 fue electo Prefecto de la Congregación de San Javier y desde el 65 Socio Consultor del Padre Miguel Manosalvas, Provincial en Quito, “brillando en todos esos puestos por su ciencia tanto por su virtud”.

 

 

(1) Correspondió a su inmediato sucesor en la cátedra de Filosofía, Padre Juan Hospital, S. J. en 1.759 y el 62, introducir abiertamente los planteamientos de la astronomía de Isaac Newton y Nicolás Copérnico, como años después lo haría el Doctor José Celestino Mutis en la Universidad de Bogotá. En cuanto a la difusión del sistema Cartesiano (René Descartes) en Quito, le antecedieron a Aguirre los Padres Magnin en 1.736 y luego Tomás Larraín y Francisco Javier Aguilar, quienes trataron en lo posible de conciliar lo nuevo con lo antiguo, dándose el triste caso de oposición de la fé a la ciencia. Efectivamente, la posición irreductible de la Iglesia hizo que España se quedara rezagada en los siglos XVI y XVII, en relación a las naciones protestantes de Europa. Aguirre aceptaba el sistema de Brahe no por convicción sino por conveniencia, para evitarse conflictos religiosos como el suscitado en Italia a Galileo Galilei y esto ocurría veinte años después del arribo de la Misión Geodésica, en cuyo tiempo se la ignoró completamente en las Universidades, terminando por aceptarse sus experimentos y mediciones cuando ya los sabios franceses habían partido del país.
En 1.765 calmó los ánimos del populacho quiteño amotinado contra las nuevas modalidades de aduana y el precio del aguardiente que subía constantemente por el Monopolio de la Audiencia. Para el 20 de Agosto de 1.767 hallábase accidentalmente en Ambato cuando fue notificado con la orden de Extrañamiento junto a 67 jesuítas más fue llevado a Guayaquil donde debió entregar a su cuñado Jerónimo de Mendiola y Obregón el cuadernillo de poesías titulado “Versos castellanos, obras juveniles”, miscelánea que ha llegado hasta nosotros. Aquí valdría la pena preguntar ¿Qué se hicieron sus versos en latín? (2)

De Guayaquil siguió a Panamá casi enseguida, allí falleció el Padre Manosalvas y como no lo quisieron tocar a muerte, Aguirre escribió al Gobernador una carta muy discreta. Entonces los jesuítas de Quito eligieron nuevo provincial al Padre Tomás Nieto Polo del Águila y siguieron por Cartagena de Indias a Jamaica, donde soportaron recibieron un recio temporal que los arrojó a Batavanó en la isla de Cuba. Aguirre iba enfermo y se alojó en el palacio del Marqués de San Felipe hasta que pudo seguir a la Habana. (3)

A fines de Abril de 1.768 y luego de una larga espera, emprendieron la travesía del Atlántico con rumbo a Cádiz y a Faenza en los Estados Pontificios, donde finalmente pudieron encontrar descanso, atenciones y reposo. Allí quedaron algunos y entre ellos el Padre Juan de Velasco, pero Aguirre prefirió seguir a Ravena y a Ferraza, ciudad en la que el Padre Ricci le nombró Superior del convento jesuíta y el Arzobispo le llamó a Examinador Sinodal y como sol luciente se manifestó a todos su incomparable doctrina pues diariamente era buscado por las personas doctas, así eclesiásticas como seculares, para oír su dictamen sobre las

(2) El cuadernillo en castellano fue prestado en 1.843 por José María Avilés al crítico argentino Juan María Gutiérrez, exilado en Guayaquil de la dictadura del General Juan Manuel de Rosas. Años después, en 1.865, Gutiérrez lo publicó en Buenos Aires, aunque incompleto, en “ESTUDIOS BIOGRÁFICOS Y CRÍTICOS”, con un elogioso prólogo. Así se inició la fama de Aguirre como poeta.
dudas que existían en materias filosóficas, dogmáticas y morales pero al extinguir la Orden en 1.773 el Papa Clemente XIV con la Bula “Dominus ac Redentor” continuó su perenigraje por varias ciudades italianas hasta fijar su residencia en 1.776 en Roma bajo el Pontificado de Pío VI.

(3) La expulsión de los jesuitas se originó en el reino de Portugal gobernado por José I (1.750 – 1.773). Su Ministro el Marqués de Pombal quiso aplicar las nuevas ideas de la Enciclopedia con las medidas necesarias para modernizar tan atrasado país evitando la continuación de la decadencia. Los jesuítas detentaban casi todo el poder político y se opusieron a cualquier cambio por razones de simple egoísmo. Como mantenían a cinco confesores en la familia real intrigaron a través de ellos ante el monarca. Entonces Pombal eliminó a los jesuítas de la lista de predicadores en las Catedrales dejándoles sin esas tribunas públicas. Al poco tiempo estalló una revuelta campesina en el alto Duero y los jesuítas tomaron partido a favor de los campesinos para debilitar al gobierno, pero estos fueron derrotados. Otro asunto fue la llamada rebelión de los guardianíes, ya que por el Tratado de 1.754 entre España y Portugal, algunos de los territorios ocupados por las misiones jesuítas en el Paraguay pasarían a poder de los portugueses pero los indios fueron azuzados por los jesuítas que veían disminuir sus misiones y se rebelaron practicando la política de tierra quemada. Pombal recurrió a Benedicto XIV, quien designó al Cardenal Saldanha, Patriarca de Lisboa, para que realice una investigación de la que resultaron pruebas muy graves contra el comportamiento de los miembros de la Compañía de Jesús, que más que una Orden religiosa era una empresa comercial de descomunales proporciones que competía hasta con el Estado. El 19 de Enero de 1.759 el Rey firmó el decreto de incautación de sus cuantiosos bienes y el arresto de todos los individuos de la Orden, aduciéndose para el efecto, el haber participado en la conjura del Paraguay contra los intereses del monarca. El 1 de Diciembre de 1.764 el rey Luis XV de Francia disolvía a la Compañía de Jesús en su reino, permitiéndole a sus miembros permanecer en sus territorios como simples sacerdotes seglares, pero la mayor parte de ellos marchó al destierro. En España también existía un clima contrario a la Compañía de Jesús, sobre todo de parte de los Agustinos. El Conde de Campomanes consiguió el 29 de Febrero de 1.767 el decreto de expulsión de los jesuítas de todos los dominios españoles y la incautación de sus inmensos bienes representados por haciendas, colegios, telares, tiendas de comercio, etc. El Rey Carlos III confió la ejecución del decreto a su Ministro el Conde de Aranda. La orden llegó a la presidencia de Quito y fue cumplida por José Diguja. Los jesuítas tenían personalidad pero se habían convertido en el poder mayor de estos territorios, saliéndose de su misión específica que era netamente religiosa y compitiendo en asuntos mercantiles, agrícolas y hacendarios hasta con las autoridades, de suerte que su expulsión fue más bien una medida de corte político que religioso.
En la ciudad Eterna era buscado por los Cardenales que se servían de sus opiniones teológicas en las Congregaciones del Santo Oficio y de Propaganda Fide y para satisfacer a todos jamás salía de su casa por las mañanas.

Cinco años después enfermó y le aconsejaron cambiar de aires, viajando al Castillo de San Gregorio cercano a Tívoli. El Obispo de esa localidad Julián Mateu Natali lo tuvo por consultor afirmando que más aprendía discurriendo una hora con Aguirre que estudiando un mes.

Los jesuítas de otras naciones le miraban como a uno de los más doctos miembros de la Compañía de Jesús y en las disputas cedían a su parecer, pues resolvía los casos morales tan fácilmente que todos quedaban sorprendidos y maravillados.

Muerto el Obispo de Tivoli fue sucedido por Gregorio Barnaba Chiaramonti que luego reinó como Pío VII, quien le nombró su Teólogo Consultor, reteniéndole a menudo en su estancia y conversando ambos largamente, admirándole tanto que cuando hablaba Aguirre se dedicada a escucharlo. Años después, cuando ascendió a Cardenal, su sucesor en Tívoli Monseñor Manny le dio la cátedra de Moral en el Colegio Público, de suerte que Aguirre volvió en su vejez a enseñar y para uso de sus nuevos alumnos compuso un “Tratado Polémico Dogmático” hoy perdido.

Nuevamente famoso por su abierta conversación dispensadora de conocimientos, se le veía rodeado de alumnos, hermanos de Comunidad y hasta de gente curiosa que le llevaba consultas e inquietudes y pedía sus sabias orientaciones.
Cuando cumplió 60 años comenzó a aquejarle una dolencia que lo mantuvo seis meses en estado de postración y falleció en la Octava de Corpus Cristi, víspera de la fiesta del Corazón de Jesús, el 15 de Junio de 1.786; y aunque había expresado su deseo de ser enterrado sin pompa alguna, fue llevado por sus alumnos a la iglesia de los jesuítas. “Un tenaz cilicio se le encontró metido en su carne anciana”.

No fue un genio anticipador ni tampoco un creador pero viviendo permanentemente en ambigua tensión entre lo barroco y la ilustración, trató de llegar a la verdad.

Gonzalo Zaldumbide le ha calificado de desenfadado y ameno, audaz, feliz y brillante, que desplegaba con sagacidad el tesoro de su erudicción y conquistaba con su abundante facilidad a sus ilustres interlocutores, por la briosa naturaleza de aquella personal irradiación de convencimiento y simpatía, que en todas partes le hizo de los primeros.

Sus poesías aparecieron como ya se dijo en Buenos Aires pero correspondió a Zaldumbide la gloria de haberle restaurado su fama de poeta continental en hermoso y completo estudio que publicó en 1.917 en París, reproducido el 42 en el Volumen segundo de la Colección Clásicos Ecuatorianos del Ministerio de Educación. Posteriormente el Padre Julián Bravo S.A., descubrió en la Biblioteca de los Padres Carmelitas de Cuenca cinco poemas más de Aguirre que como sus anteriores revelan la inspiración gloriosa, el genio metafísico, el nervio saltante e imprevisto de la imagen de su poesía, así como en prosa escribiera piezas de singular estilo y aliento.

En cuanto a su aspecto pedagógico el Padre Aurelio Espinosa Pólit S.J. ha dicho que más inclinado se hallaba Aguirre al estudio de las cuestiones de Física que para la especulación, habiendo estudiado tan solo por simple curiosidad y gusto algo de Medicina, aunque llegó a saber tanto en esa materia, que el médico de Clemente XIV le consultaba a menudo.

 


A ZOILO
que viendo una poesía del autor,
dijo que eran ajenas
Liras.

Miraste mis poesías,
Y tu envidia mortal de ardores llena
dijo que no eran mías,
sino parto feliz de pluma ajena;
así lo dijo, pero no me admira
que la envidia dé cuerpo a la mentira.

Con ocultos esfuerzos
a algunos simples persuadir previenes
que han tenido mis versos
catorce padres como tú los tienen;
mas sabe que es, aunque tu poesía ladre,
mas honrada mi musa que tu madre.
¿Acaso no has sabido
de mis instrumentos la dulzura? Acaso
ignoras que yo he sido
de los aires dulcísimo embarazo,
adorando mis sienes oficiosa
de bella Dama la esquivez frondosa?

Numa Pompilio Llona Echeverri

Posted in Author's name, poemas, poetas ecuatorianos with tags , , on septiembre 21, 2008 by edmolin657

NUMA POMPILIO LLONA Y ECHEVERRI
POETA.- Nació en Guayaquil el 5 de Marzo de 1.832 y fué bautizado con los nombres de Manuel Pompilio que luego cambiará por Numa Pompilio, más acorde con sus aspiraciones de grandeza. Hijo del Dr. Manuel Leocadio de Llona y Rivera, notable abogado, perseguido en 1.818 por el Gobernador Mendiburo por sus ideas, expresiones y actitudes patrióticas. Prócer de la Independencia y firmante del Acta del 9 de Octubre de 1.820, Síndico Municipal de Guayaquil y activista bolivariano en 1.822, hizo arriar el pabellón bicolor de Guayaquil Independiente del malecón de la ciudad para izar el tricolor colombiano, acción que le atrajo el odio eterno de los elementos tradicionales de la ciudad que jamás le perdonaron dicha ofensa; y de Mercedes Echeverri Llados, de la nobleza de Cali en Colombia, hija del prócer Echeverri, flagelado por los españoles por ocultar en su casa a su amigo y compadre Darío Micolta, uno de los más valerosos caudillos revolucionarios de ese país.

El Dr. Manuel Leocadio de Llona y Rivera después de 1.822 sufrió el abandono social a causa de su acción política, lo que influyó para que en 1.828 se distanciara de su cónyuge Antonia de Marcos y Crespo con quien había casado ese año y de su tierno hijo Antonio, refugiándose en el amor de la hermosísima Mercedes, de paso por Guayaquil, acompañando a su padre, militar de los ejércitos de Colombia. Con ella vivió en su quinta de la esquina suroeste de las calles Chile y Luque donde les nacieron varios hijos y entre ellos Numa Pompilio. Como el escándalo social era grande, la familia Llona y Echeverri viajó a Cali en 1.836 y radicó en el valle del Salado, donde los Echeverri eran dueños de una finca que el poeta recordó con cariño llamándola mi Arcadia en su Odisea del Alma y allí transcurrió su adolescencia. Aguirre Abad, en su “Bosquejo Histórico”, al referirse al Dr. Manuel Leocadio de Llona y Rivera le dice: “Célebre por sus talentos y más que por ellos, por su conducta traviesa e inmoral” expresión que constituye una exageración sin lugar a dudas.
El joven Numa Pompilio realizó sus primeros estudios en el Colegio de Santa Librada de Cali, donde a los once años compuso un poemita en honor de Asunción Delgado, niña de catorce que le inspiró ternura. Su padre también escribía mucho y bien y un primo lejano Juan Abel Echeverría y Llona resultó poeta en Ambato, de donde se concluye que la vena poética les venía por Llona.

En 1.846 viajó a Lima con sus padres y hermanos. Allí pasó por el dolor de perder a dos hermanos y a una hermana menores, muertos en la infancia; ingresó al Colegio de San Carlos y se graduó de abogado en 1.852. En su etapa estudiantil participó de la bohemia literaria de Lima y por un poemita erótico que publicó en un diario bajo el título de “Libertinaje”, fue acusado, se recogieron los ejemplares del impreso y su nombre se hizo conocido en todo el Perú.

Por esos días falleció su madre y el poeta escribió después: // en la flor de su edad y su hermosura/ Mi santa madre, emblema de ternura/ nos dio su dulce vida en holocausto. // Por sus hijos luchando valerosa// en tierra extraña contra adversa suerte/ cayó sin fuerzas en la helada fosa/ y hace ya cinco lustros que reposa / en el inmóvil sueño de la muerte!//. Su padre también murió en el Perú //I mi Padre proscrito, triste, anciano/ bajo el brazo durísimo, de hierro/ de su destino, reluchando en vano,/ su vida en el suelo terminó lejano/ En las perpetuas ansias del destierro!//. De donde se desprende que el Dr. Llona y Rivera quiso regresar a Guayaquil pero no pudo y eso le causaba una intensa pena. Su hijo, poeta y sensible como el que más, ante tantas desgracias y muertes familiares entornó su carácter alegre y juvenil, maduró antes de tiempo y comenzó a amar el sufrimiento como buen romántico que era.

En 1.853 ocupó la cátedra de Estética y Literatura General de la Universidad de San Marcos demostrando amplios conocimientos sobre los clásicos griegos y latinos y sobre las principales figuras del cristianismo. Por esos años alternaba con el periodismo, desde 1.854 hasta el 59 fue redactor principal y literario del diario “El Comercio” de Lima, decano de la prensa peruana, escribiendo con esa brillantísima generación poética formada por Fernando Velarde, Luis y José Arnaldo Márquez y Manuel Adolfo García, a la que se unieron Clemente Althaus y Juan de Arona, el venezolano José Vicente Camacho, Luis Benjamín Cisneros, Ricardo Palma, Carlos Augusto Salaverry. De esa época es su afamada “Oda al General Necochea y a América”.

Entre 1.860 y el 62 ejerció el Consulado General del Perú en Madrid y tuvo la oportunidad de tratar a los principales literatos de la península. En 1.864 fué designado Secretario del Congreso Americano reunido en Lima con el objeto de repeler la agresión española a las costas peruanas y compuso el poema lírico “La toma de las islas de Chincha” que después incluyó en “Los Clamores de Occidente”, donde se vislumbra un poderoso estro poético, rotundo en sus estrofas, robusto en su versos, aunque de cadencia irregular “por el excesivo raudal de ideas y de imágenes que se ofrecen en tropel a su fantasía” según frase de Marcelino Menéndez y Pelayo.

Ese año contrajo matrimonio con la bellísima Enriqueta Marchena y Bentín, natural de Loja y residente en Lima, sobrina nieta del literato y poeta ecuatoriano Miguel Riofrío, exiliado del régimen garciano por sus ideas liberales. Ella también cultivaba las bellas letras, hacía poemas y recitaba con su hermosa voz.

Entre 1.864 y el 66 desempeñó el Consulado General del Perú en Roma y fue comisionado para presidir en Francia e Italia la construcción del monumento conmemorativo a los heroicos defensores del Callao, cuando el aleve ataque de la escuadra española del Almirante Casto Méndez Núñez. En 1.865 aprovechó su estancia en París para publicar “Cantos Americanos” en la imprenta de A. Bouidier y Cia. En esos menesteres agotó su herencia materna y parte del dinero que generosamente le proporcionara su hermano Emiliano, acaudalado minero y miembro del comercio y la banca limeña.
Inaugurado e! monumento en el Callao, se le consideró el más notable en América y el Congreso del Perú premió su esfuerzo de siete años entregándole una medalla, el título de ciudadano peruano de nacimiento, que se le considere diplomático de carrera y treinta mil soles en calidad de pago por sus gestiones en Europa, puesto que solo había recibido mil novecientos veinte soles anuales desde 1.863; pero dada la alteración política que atravesaba dicha nación, el proyecto se archivó en lo concerniente al dinero, que jamás recibió.

En 1.870 había publicado en Ginebra “Nuevas poesías y escritos en prosa” y fué electo miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua. En 1.872 publicó en Pisa “Noche de dolor en las montañas”. En 1.873 falleció prematuramente su esposa. El 74 regresó con sus hijos a Lima.

El 30 de Marzo de 1.876 y con motivo de la visita de la notable literata española Baronesa de Wilson, leyó en el Club Literario de Lima su última creación que tituló “La Odisea del alma”, poema lírico que despertó furor entusiasta, poniéndose el numeroso auditorio varias veces de pie y prorrumpiendo en repetidas salvas de aplauso. Al final, el cantor fue conducido en triunfo a su casa y al día siguiente los diarios insertaron su composición, que fué copiada en los más acreditados periódicos del continente como modelo de buen decir y con ardientes elogios, en menos de un año aparecieron tres ediciones y hasta se llegó a decir: “Antes que Olmedo y Llona, nadie”.

Hernán Rodríguez Castelo ha escrito “La Odisea del alma está a medio camino entre el neoclasicismo de Olmedo y el romanticismo ecuatoriano. Sus estrofas bien hechas, con riqueza descriptiva y sonoridad verbal que recuerdan las de Olmedo. Es la vuelta del alma a las grandes cosas a las que se siente llamada. Esa vuelta, esa ascención, está presidida por la imagen de los carros que compiten en el circo, primera imagen bella y vibrante, pindárica o mejor homérica, ya que abre el canto. Llona, al inaugurar su carrera poética, la concibe como una lid con los grandes poetas de su hora. Grave equivocación es querer adecuarlo a un gusto que ha cambiado tanto”.

En 1.880 volvió a contraer matrimonio, en esta ocasión lo hizo con la notabilísima poetisa peruana Lastenia La Riva y Negrón, también viuda, en quien no tendrá descendencia. El gobierno peruano lo nombró miembro del Consejo de Instrucción Superior y Director del Instituto de Bellas Artes, Letras y Monumentos, pero la guerra con Chile le había causado graves perjuicios económicos y quiza por eso decidió regresar a Guayaquil, su tierra natal. También es verdad que a raíz de la ocupación chilena, su hermano Emiliano se había establecido en Cali y cuidaba de la herencia materna. Numa Pompilio se hallaba escaso de dinero pues había gastado sus últimos capitales en dar a la luz pública las primera parte de los “Clamores de Occidente” en 171 págs. y Apéndice en XXVII págs. Notas y Variantes, índice y Erratas en XVI págs con más de cien sonetos llamados “De la penumbra a la luz” y varias poesías amatorias diversas, y en publicar en 1.881 la segunda parte, en dos tomos, con Interrogaciones en 140 págs. conteniendo Poemas íntimos y Filosóficos y en 1.882 la tercera parte con “Himnos, Dianas y Elegías” en 127 págs. con sonetos varios, poesías patrióticas y religiosas que dedicó al Perú.

La mayor parte de estos tomos se agotaron enseguida y más ediciones reemplazaron a las anteriores al punto que se ha llegado a afirmar que ningún poeta americano publicó tanto en su tiempo. Llona alcanzó el pináculo de su fama literaria en América, de todas las repúblicas le enviaban felicitaciones y los principales poetas le dedicaban versos. El argentino Rafael Obligado le rindió ardiente tributo de gloria: //Resuena el magnífico concierto/ de tu espléndida tierra ecuatoriana,/ allí donde al ceñir el Chimborazo/ baja el sol de los Incas en guirnalda. // Salve, cóndor, audaz del pensamiento!/ Dígnate descender hasta mi estancia: /¡Que yo toque contigo las estrellas. /aunque ruede después bajo tus alas!//

En 1.881 también fue la tercera edición de la Odisea del alma en 27 págs. comentada por el literato alemán Robert Marlon. I en esas andanzas literarias gastó tres años de su vida hasta que a fines de 1.883 logró realizar su proyectado viaje a Guayaquil tras la toma de la ciudad por los Restauradores y Regeneradores. Venía al Ecuador “para que otros poetas asumieran la enseñanza del ideal que por largo tiempo y por ardua senda han conducido hasta aquí mis débiles manos”.

El país entero y la intelectualidad en especial se conmovieron. Luis Cordero desde Cuenca le reprochó su larga ausencia. ¡Ha regresado al fin el gran poeta nacional! El Jefe Supremo del Guayas, Pedro Carbo, le extendió enseguida el nombramiento de Rector en la Universidad de Guayaquil, que Llona aceptó, rechazando el rectorado de la Universidad de Popayán y la Subsecretaría del Ministerio de Interior y Relaciones Exteriores del Ecuador que le llegaron al mismo tiempo.

Ese año editó en Guayaquil once sonetos titulados “Páginas de la Restauración” en 13 págs. y fue designado Director Nacional de la Escuela de Artes y Oficios de Quito pues el rectorado de la Universidad de Guayaquil, dada su reciente creación, era más bien honorario. También sacó por la prensa su discurso “Ante la estatua de Rocafuerte” y varios sonetos en 11 págs. así como su pequeño volumen de sonetos dedicados al II Centenario de la muerte de Pedro Calderón de la Barca, en 11 págs. que ofreció a su amigo Manuel Tamayo y Baus.

Igualmente, a fines del 83, se hizo cargo de la dirección del diario “Los principios”, fundado por Angel Polibio Chávez a raíz de la toma de Quito. Llona le dió carácter eminentemente literario pero dejó de aparecer el 21 de Mayo de 1.884 por falta de imprenta; pues, la que los cobijaba, tenía que publicar la colección de leyes sancionadas en 1.883.

A los pocos meses presidió la legación del Ecuador a Colombia, hacia donde viajó con su esposa y secretarios. Primero visitó a su querida Arcadia cerca de Cali. Allí fue recibido en triunfo por amigos y parientes y encontró que sus obras eran leídas y estudiadas con fruicción. Fué quiza, el momento más grato de su vida, pues todos sus trabajos y desvelos quedaron ampliamente compensados por tan hermosa acogida. Después residió en Bogotá y en 1.886 estuvo de vuelta en Guayaquil y asumió el rectorado del Colegio San Vicente del Guayas por cuatro años.

Entre 1.887 y el 88 arrendó y dirigió el periódico trisemanal “Los Andes” dándole un carácter literario. El 88 editó “El amor Supremo” en 50 págs. El 89 se distinguió por sus ataques a los conservadores. Escribió varios sonetos políticos bajo el pseudónimo de “Regulo” y colaboró en “El Nacional” y “El Globo”. Entonces los católicos se llamaban “Católicos Republicanos”. En 1.891 autorizó a la Editorial Garnier Hnos. de París, la edición de una colección de sus poemas líricos en la “Biblioteca Poética” de enorme circulación en España y América Latina. El volumen apareció en 1.893 bajo el título de “La Estela de una Vida” en 274 págs. con hermosísima litografía de su rostro, Nota biográfica, Juicios e índice. La obra constituyó un éxito editorial y sirvió para cimentar aún más su fama internacional. En 1.894 sacó a la luz “En la muerte de mi ilustre amigo el gran repúblico y filósofo poeta Dr. Rafael Núñez” en 14 págs. con poesías e índices. Para el Incendio Grande en 1.896 emigró de Guayaquil perdiendo sus bienes.

A fines del siglo vivía en Lima y escribió uno de los tres tomos de que se compuso la colección que el gobierno del Perú publicó sobre la Guerra del Pacífico”. En 1.900 volvió a Guayaquil y desempeñó la Dirección de Estadísticas de la Aduana, luego pasó a Portoviejo como rector del Colegio Olmedo y Juez de Cuentas en Manta. Entonces contrajo matrimonio su hijastra Lastenia de la Jara Larriva con Ulises Cevallos Bowen en hermosísima fiesta campestre amenizada por numerosos brindis en verso.

En 1.904 vivía nuevamente en Guayaquil, colaboraba en el diario “La Nación” y atravesaba una aguda pobreza. Su amigo Juan Antonio Alminate le cedió la dirección de la Biblioteca Municipal para ayudarle. El Concejo Cantonal le rebajó el sueldo de 200 sucres mensuales a solo 150 y eran diez de familia.

En 1.905 el gobierno del Presidente Lizardo García le otorgó una pensión de docientos sucres mensuales. Moraba en una casita de un piso, de madera, en la calle Colón entre Chimborazo y Boyacá. Allí se reunían varios poetas jóvenes a charlar: Joaquín y Emilio Gallegos del Campo, Tomás Ampuero, Luis Vernaza, Miguel Lima, Vicente Paz Ayora, Flavio Ortiz Navarro, León Benigno Palacios, Modesto Chávez Franco, atendidos por su hijo Alvaro Llona Marchena que también era poeta. Los redactores del “Diario del Pueblo” lanzaron la idea de su coronación, apoteosis que se realizó con las solemnidades de esta clase de acontecimientos en los salones de la Sociedad Filantrópica el 10 de Octubre de 1.907 por manos de la poetisa Dolores Sucre y Lavayen, prima lejana de su esposa.

Meses después, perseguido por alguna necesidad imperiosa, empeñó su corona de oro y ésta se perdió, reapareciendo en la década de los años 30 cuando el señor Leonardo Hernández Mogner la obsequió a la Universidad de Guayaquil.

En sus últimos tiempos fué mantenedor de los Juegos Florales. “Era un anciano de patriarcal aspecto, de imponencia venerable, de contextura fuerte que debió haber sido prócera en sus años plenos, de mirada penetrante y viva, barbado de plata hasta la pechera, cabellera platina, abundante y recia, encorvado ya con esa jibosidad inicial senil, esguinzado el busto a la izquierda, pero todavía de andar menudo y ágil con ayuda de un grueso bastón de gancho en la diestra. Un grueso capote gris era su característica visible y abrigaba el frío de su ancianidad. Falleció el 5 de Abril de 1.907 en Guayaquil.

“Su poesía fué dolorosa como correspondía a un romántico, llena de amarguras, de reminiscencias de un pasado añorado y feliz, de un presente pesimista y de un horror al futuro que quiza avisoraba pobre y gris. Creía en una divinidad terrible y vengadora, su sentimiento teísta era amplio y vago, siendo metafísicos sus dolores, lo cual confirió a su poesía cierta grandeza. ¡Confió en el destino del hombre, amó a la naturaleza y se angustió frente a Dios”.

También se ha dicho de él “que tuvo un florecimiento continuo, fruto de una alma excepcional, pictórica en decires y sentires” y de grandiosa inspiración; por eso prodigó su esto grandilocuente en demasía, en composiciones mayores y en campos filosóficos sobreabundantes, siempre vestidos con novedad y brillo, como era la veste de su alma triunfal.

De estatura un poco más que regular, nervioso, atlético, de pelo cano, nariz bien formada y grandes bigotes. Su figura había sido elegante y distinguida. Con las damas, profundamente cortesano, amantísimo esposo en sus dos matrimonios, existen numerosos versos dedicados a ambas señoras.

De su “Odisea del alma” canto que tiene tres partes: La vuelta del alma hacia el pasado, La vuelta a la realidad y el combate diario; se toma el siguiente fragmento: //Yo también! yo también ¡Oh madre! siento/ del lidiador intrépido y del vate/ dentro de mi alma, el generoso aliento!/. También para el olímpico combate/ el potente vigor y el ardimiento!///!Yo, por las venas de mi ser difusa/ Siento una llama ardiente, un fuego santo;/ Y en mis entrañas una voz confusa./ Como la voz de la divina Musa,/ Como un contínuo y melodioso canto!// y aquella voz recóndita y extraña/ Llena de misteriosas vaguedades,/ Por doquiera mis pasos acompaña,/ Junto al río, en el valle, en la montaña,/De la selva en las vastas soledades…//

Los caballeros del Apocalipsis.- Fragmento.- //Ciegos huyen en rápida carrera;/ Y, de terror en hondo paroxismo,/ En confuso escuadrón y espesa hilera,/ Derechos corren al profundo abismo;// por largas horas, en combate crudo,/ A invencible falange resistieron;/ Mas, arrojando al fin lanza y escudo, / La rauda grupa del corcel volvieron;// pálidos, polvorosos, jadeantes,/ Tendido con espanto en los arzones,/ Cual lívidos fantasmas, anhelantes, /Aguijan sin descanso sus bridones;// Toscos soldados, fieros capitanes,/ Revueltos huyen como indócil horda,/ Y de sus voladores alazanes/ El sonante tropel la tierra asorda;// Por la llanura y la infecunda arena,/ Por fragosas pendientes y peñascos,/ cual sordo trueno a la distancia suena/ El rudo tropel de los férreos cascos;// El horizonte y soledad agreste/ Devora ardiente su mirada ansiosa,/ Y cerca ya la vencedora hueste/ les parece sentir, que los acosa;// y el sentir les parece ya en el ruido/ Del contrario bridón que les alcanza,/ Y en su espalda su ardiente resoplido,/ Y entre sus carnes la punzante lanza!…///Por entre el polvo, a la menguada lumbre/ la expresión de los hórridos afanes/ se ve de la apiñada muchedumbre/ y sus desesperados ademanes!// El uno, allá en el fondo, al firmamento/ Dirige inenarrable una mirada/ Y alza en su mano trémula, sangriento,/ el trozo inútil de su rota espada! // Crujiendo el otro de furor los dientes,/ De su fuga en los ímpetuos veloces,/ Ambos abiertos e imponentes/ Al cielo eleva con airadas voces! // Y ayes, imprecanciones y gemidos/ Por el rigor lanzado de los Hados/ todos por fuerza incógnita empelidos,/ Todos en confusión atropellados,// Alla van! cual ondeante se arrebata/ Furibunda corriente estruendorosa/ Y, cual rauda viviente catarata,/ Van a hundirse en la cima pavorosa!//Horror! Horror!…de todos el primero,/Cuan aún el brío del corcel irrita, /Desde el borde del gran despeñadero/ Ya al abismo sin fin se precipita.//

 

La poesía de Gabriel García Moreno

Posted in historia, poemas, presidentes ecuatorianos, tradiciones with tags , on septiembre 20, 2008 by edmolin657

POESIA DE GABRIEL GARCIA MORENO
El estudio de los personajes históricos depara muchas sorpresas. Gabriel García Moreno es poco conocido como poeta para los no estudiosos de la literatura, a pesar de que en el manejo de la lira fue un estilista que lanzaba los más hirientes dardos de su talento contra quienes no compartían sus ideas: Montalvo, Flores y Urbina, sus más zaheridos contricantes, Montalvo fue bautizado de “Cosmopollino” en divertida alusión a su obra “El Cosmopolita”; Flores y Urbina llevaron peores partes. Al primero dijo: “Vil tirano del crimen nacido” y al segundo: “Monstruo que hasta el patíbulo infamara”.

DONDE GARCIA MORENO
INICIA SU VOCACION POETICA
El futuro presidente tenía su corazoncito romántico cuando frisaba los 18 años. Era apuesto y gallardo como joven tropical. Algo pulido, delgado y con ligero esbozo de bigote, era no mal bocado para las chicas del Quito colonial todavía en 1841, época en que frecuentaba los salones capitalinos debido a la protección que le dispensaba el obispo, a quien había sido recomendado. Este nexo le sirvió al joven estudiante del Real Convictorio de San Fernando para cobijarse en la generosidad de Monseñor Arteta y Calisto, que informado que deseaba tomar los hábitos en una orden religiosa cualquiera, lo apoyó incondicionalmente, exigiéndole eso sí, que terminara los cursos regulares del Bachillerato y después… “Ya veremos, la vocación no era cosa de prometer como manda cualquiera, porque había que sentirla de veras para no engañarse a sí mismo y tomar el camino equivocado, del que habrá que retroceder después con muchas penas; así es que, jovencito García Moreno, siga con la Gramática, Retórica y Matemáticas Generales en las que está muy bien y luego si Dios quiere. El dirá. No olvidemos que esta sede ha sido ocupada por guayaquileños de nacimiento o familia. Yo soy hijo de un caballero de allá, quizá usted…”

EL SALON DE RECIBO DE LA PRIMERA DAMA
Y como del dicho al hecho hay poco trecho, nuestro futuro poeta siguió estudiando y visitando, siendo recibido cariñosamente porque los afuereños son siempre bien atendidos en cualquier lugar, quizá por la novedad. Un día concurrió a la casa de la primera dama de la nación Mercedes Jijón de Flores, alternó con jovencitas muy hermosas y puso especial atención en una que es:

inocente y bella
como una flor. …

Juanita Jijón y Vivanco se llamaba la hermosa “serafín de amor” y parece que no fue indolente a los requiebros garcianos por las atenciones que éste recibió: risitas, zalemas, lánguidas miradas y en suma mil y una coqueterías entre las que podríamos pensar que hubo uno que otro inocente beso.

Y el joven estudiante porteño halagado por tan fácil conquista, la primera que realizaba en su vida, corrió a contarlo en el Real Convictorio a sus compañeros de aulas, donde esperaba recibir palmas por tan grande hazaña y efectivamente que lo era, porque para un simple muchacho que estudiaba becado, sin riquezas y en medio extraño, recibir un beso de la cuñada del Presidente de la República era cosa grande.

Pero nuestro héroe ignoraba que entre sus compañeros había uno medio hablador, Martín de Icaza Paredes, que voló a Palacio a contarlo todo.

EL PESO DE FLORES CASI LO ANIQUILA
Ah, jovencito pretencioso, con que le ha robado un beso a Juanita. La muy boba. Dar besos a pobretes. Pero ya verá el atrevido, déjenlo que regrese para que se tope conmigo. El irritado Flores tramó su venganza y esperó que Gabriel García Moreno volviera a visitar su casa, para espantarlo a patadas y así efectivamente ocurrió, para desgracia de nuestro paisano, que tuvo que salir a escape, mohíno y cabizbajo.

Además, el ofendido Flores solicitó al Convictorio el retiro de la matrícula de estudiante de García Moreno y a no ser por la pronta intervención del doctor Benigno Malo, Ministro del Interior, que se prestó a intermediario para componer la diferencia y aplacar los caldeados ánimos presidenciales, duro castigo hubiera recibido el avergonzado García Moreno. Oh tiempo engañoso, Oh ¿quién te cambió?

Entonces y como primera providencia, se encerró en un altillo al que nadie podía llegar porque la escalera de mano fue retirada y subida por él mismo. Allí permaneció cuarenta días estudiando hasta por las noches, a veces metiendo los pies en una lavacara de agua para no dormirse y con el cuero cabelludo rapado, sin un solo pelo en señal de rebeldía. Hecho un hippie al revés, para impedir que las tentaciones del mundo exterior le animaran a salir.

De esta época es la siguiente letrilla, famosa por su belleza, que Manuel María Pólit Lazo, Arzobispo de Quito, autor de las obras completas de García Moreno, hizo constar como puesta en el abanico de Juanita Jijón.

LETRILLA (FRAGMENTOS)
Mientras sin amores
mi pecho existió
feliz y contento
el mundo me vio
Hoy desventurado
gime de dolor, .
que ha querido el cielo
que muera de amor.
Mi rápida dicha
se desvaneció
como leve niebla
que disipa el sol,
Si ya no me quiere

la que me adoró
decidme; ¿no es justo
que muera de amor?

OPOSITOR DE PRIMERA LINEA CONTRA EL REGIMEN
A los pocos meses de este desgraciado incidente se inscribió como miembro de la sociedad Filantrópica Literaria, sitio de reunión de los más ardorosos conspiradores contra la tiranía floreana entronizada con la República y ensoberbecida con los dictados de la Constitución vigente en 1843, llamada y con sobrada razón: “Carta de Esclavitud”.

Allí leyó a los presentes numerosos capítulos de “La Linterna Mágica” que editaba Pedro Moncayo y donde escribía García Moreno de vez en cuando.

En 1844 logró el título doctoral en Jurisprudencia y adquirió la tan ansiada independencia porque ya nada podía temer de Flores. Los tiempos en que se le podía expulsar habían pasado y la hora de la venganza comenzaba a vislumbrarse.

Pedro Moncayo refiere con fruición que habiendo manifestado a los asistentes a una velada literaria en la Sociedad Filantrópica que “sólo el puñal salvaría a la República”, recibió de inmediato la oferta garciana de ayuda y ambos se apostaran en la obscuridad de una esquina de la Plaza de San Francisco, cerca de la casa donde vivía una conocida del Presidente a la que éste visitaba todas las semanas, dispuestos a asesinarlo, sin conseguirlo porque esa noche Flores y su edecán Espinosa y a las once salió Espinosa, no así el General que durmió fuera de palacio porque andaba de picos pardos. No pudiendo herirlo. García Moreno le dedica una poesía:

Cruel tirano del crimen nacido
esclaviza a la Patria adorada;
quien lo sufre es un vil fementido,
quien lo sigue, traidor se degrada.

Al principio Flores no hizo caso, estaba por encima de cualquier periódico como “La Linterna mágica” y de abogados jóvenes; no tiene tiempo para casos de ínfima cuantía, pero como le siguieron los ataques, ordenó la prisión del grupo y allí cayó García Moreno, Rafael García, Antonio Manrique, Manuel Alvarez y Rafael Pólit entre otros. Se les trasladó a la Provincia Flores (entiéndase Loja, que ha cambiado su nombre epónimo por el apellido del Presidente) pero la pena no llegó a cumplirse con García Moreno porque el General Vicente Aguirre Mendoza depositó en su favor 2.000 pesos de fianza, consiguiendo su traslado al valle de los Chillos, donde estuvo en una de sus haciendas hasta que triunfó la revolución del 6 de Marzo en Guayaquil y el dictador salió del país con rumbo al exterior.

EL POLITICO Y SU POESIA BURLONA
La producción poética posterior fue casi siempre un arma política. En 1845 y con motivo de la Convención Nacional insultó a los diputados que votaron por Roca para Presidente de la República, posponiendo al excelso poeta José Joaquín de Olmedo. En otras ocasiones utilizó la sátira y para ejemplo va el dedicado a una dama que no quiso corresponder sus amores.

A AURELIA (EPIGRAMA)
Si en sátira maligna revelara
los misterios, Aurelia, de tu vida;
si yo dijera que tu linda cara
solo es una pintura deslucida
si en tu alquilado pelo no alcanzara
a contar tus adonis, mi querida,
me odiarías con razón, como a enemigo
mas, ¿porqué odiarme, cuando nada digo?

A los abogados quiteños en 1846 endilgó otro poema, imitativo de la canción del pirata, con música del maestro Elías Espinosa y letra del insigne poeta español Espronceda, que tanto daba que hablar en esos tiempos.

EL ABOGADO PIRATA
(FRAGMENTO)
Con diez códigos por banda
pluma en mano, a toda vela,
no surca el mar, sino vuela
un letrado parlanchín.
Doctor-pirata llamado
por tanto pleito “el temido”,
en mi tierra conocido
del uno al otro confín.
Derrama leve arenilla
y al silbar, súbito el viento
con trémulo movimiento
desata un talego azul.
Y después de muchas veces
cuenta alegre su dinero
así canta placentero
sentándose en un baúl….

Así era García Moreno al natural, a veces festivo y caprichoso, insultador con sus enemigos y furibundo en el desquite.

César Borja Lavayen

Posted in Author's name with tags , on septiembre 6, 2008 by edmolin657

BORJA LAVAYEN
POETA Y POLÍTICO – Nació en Quito el 6 de Febrero de 1.851. Hijo legitimo del Capitán Camilo Borja Miranda, joven marcial “bizarro Jefe del escuadrón glorioso- Taura- y en el hogar tranquilo, tan dulce padre como tierno esposo” y de Maclovia Lavayen y Gorrichátegui, mujer de mucho carácter, naturales de Quito y Guayaquil respectivamente.

Vivió sus primeros cuatro años en casa de su abuelo el Capitán José Borja y Villacís, con sus padres y tías solteras // junto a nosotros, en sus frescos años / suyos haciendo nuestros bellos días/ en mutuo amor y regocijo mutuo/ dichosas eran nuestras buenas tías//.

Después pasó con sus padres y hermanos a unas tierras ubicadas a las orillas del río Tiaone en las fértiles campiñas de Esmeraldas, pero el terremoto de Marzo de 1.859 redujo a nada la modesta fortuna y la Guerra Civil los arrojó de ese edén.

En 1.860 vivían en Guayaquil y su padre sufrió persecuciones políticas. Vinieron etapas de pobreza e incomprensión. Hacia 1.863 se destruyó el hogar y el Capitán Borja viajó a establecerse en Ambato donde formó una nueva familia mientras el corazón de su joven hijo se cubría para siempre con el vago sentimiento de la desesperanza, que se vislumbrará a lo largo de toda su poesía //Vivamos del recuerdo, hermana mía/ el instante de tregua que nos deja/ el presente cruel, que hora por hora/ aún del mismo recuerdo nos aleja.// “Entonces comenzaron nuestros dolores y tristezas, los cuales, por tempranos y crueles, nos abrieron los ojos a la realidad de la vida y nos apenaron el corazón cuando aún éramos niños.”


En 1.860 había empezado a estudiar en la escuela del Preceptor Camilo Echanique. En 1.865 pasó a San Vicente del Guayas donde el Padre Eugenio Navarro S.J- lo inclinó a la lectura de los autores clásicos y a las traducciones de Virgilio, Homero y Horacio. En 1.867 le dio fiebre amarilla. El 68 murió su padre en Ambato. (1) Después de Obtener el Grado de Bachiller en Filosofía y Letras marchó hablando Inglés y Francés a Lima. Se empleo corno telegrafista, luego ingresó a la Facultad de Medicina, ganó el Internado en los Hospitales y trabajó de tenedor de libros y ayudante de Cátedra. Por su aplicación se le dispensó de la Licenciatura y graduó de Médico de 1.877 sin haber perdido un solo punto; pues, durante su carrera, siempre demostró una total dedicación, y regresó a Guayaquil.

El 22 de Mayo de 1.878 se incorporó a la Junta Universitaria, fue designado secretario y luego ascendió a Profesor de Medicina Legal y Toxicología, instalando su consultorio en el barrio del Astillero cerca de la Iglesia de San Alejo. Allí estudió la incidencia de la fiebre amarilla en el puerto, buscando su antídoto para curarla. Igualmente fundó la Academia de Medicina del Guayas, la revista “Gaceta Médica” que también dirigió y el periódico semanal “El Pueblo”, en el cual publicó una especie de Manual para Artesanos y un estudio práctico sobre la fiebre amarilla dando consejos profilácticos. Dicho semanario nunca se metió en política y llegó a ser el órgano de lectura de la clase media. El 79 empezó a colaborar en el diario “La Nación” propiedad de Juan Bautista Elizalde Pareja utilizando el seudónimo de “Nemo”.

En 1.880 descubrió la existencia de una enfermedad al hígado que bautizó con el nombre de Fiebre Icteroide hemorrágica o Fiebre Aduanera, porque la detectó en dichas bodegas, creía que la enfermedad se producía en

(1) Su madre contrajo segunda nupcias con Alejandro Reire y Franco, menor que ella, que se suicidaría después.
los países de clima caliente y húmedo y se transmitía a través de las miasmas o esporas de hongos, lo cual no resultó verdadero pues el Dr. Carlos Finlay probaría que el Agente de contagio era el mosquito. También compuso ese año su poema “Vespertina” en las playas de la península de Santa Elena.

El 30 de Enero de 1.881 contrajo matrimonio con su prima segunda Angela Febres- Cordero Lavayen con quien tuvo un feliz y tranquilo matrimonio y publicó “Monografía sobre la epidemia de fiebre amarilla”, trabajo largo, serio, completo, que le situó entre los principales científicos del país a pesar que recién se acababa de graduar y solo tenia treinta años.

Entre Febrero y Abril de 1.881 apareció por entrega en el Diario “El Pueblo”, sus “Apuntes sobre la epidemia de 1.880. La fiebre amarilla”. Ese año viajó a Esmeraldas como cirujano en Jefe de una División de mil hombres y llegó a punto para presenciar un combate. Luego recorrió esos campos y en Agosto se inspiró y compuso su poema “Paisajes y Recuerdos” en 50 págs, conteniendo añoranzas de un pasado lleno de efusiones familiares que fueron destruidas por la acción de las fuerzas naturales y la guerra civil. A su regreso al puerto guardó los papeles dentro de un tomo del Diccionario de Medicina de Jacoud y no lo volvió a ver hasta que en 1.901 los encontró de casualidad y los dio a la imprenta con una introducción dedicada a su hermana Rosa Borja de Izquierdo.

De regreso en 1.883 fue designado primer secretario de la Universidad, editó “El Ecuador” con Agustín Leonidas Yerovi e Isaías Gómez Carbo y fueron justamente alabados sus artículos contra el concertaje.

En 1.884 el periodista panameño Juan Bautista Pérez y Soto atacó a Montalvo y sus escritos en un folleto titulado “La Curarina”. Al año siguiente Borja le replicó con “La Ergotina, correctivos contra los flujos del sofismo” en 43 págs. que firmó con el seudónimo de “Un Rocoto”, dividiendo la obra en capítulos que tituló píldoras y fricciones.

En 1.885 salió electo Diputado por el Guayas y junto a Lorenzo Rufo Peña brilló como orador político de oposición -haciendo causa común con su hermano Francisco Borja Lavayen levantado en armas con Nicolás Infante-pero al término de las sesiones fue apresado y tuvo que salir del país, se dijo entonces que por defender a las montoneras chapulas.

Primero estuvo en Paita y allí murió una hijita, pasó a San José de Costa Rica donde practicó la medicina y trabajó en la redacción de “La Gaceta Médica”, órgano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Costa Rica, que le designó su secretario. También fundó el semanario “La Aveja” y solo pudo retornar a Guayaquil al finalizar el gobierno del Presidente Caamaño, tres años después, en 1.888.

El 89 publicó su famoso poema “Vespertina”, fue electo Vicepresidente de la Sociedad Republicana y Diputado El 92 comenzó a colaborar en la revista de la Sociedad Jurídico Literaria y escribió la letra del Himno del Colegio San Vicente del Guayas.

En 1.893 fundó y dirigió “La Gaceta Médica” revista ecuatoriana de Medicina. Cirugía y Farmacia que mantuvo con los Dres. Samuel Mora y Emilio Gerardo Roca hasta su segundo destierro el 95. El 1º. de Enero de 1,894 fundó la Academia Libre de Medicina y fue su primer secretario. Su fama de orador se había extendido por el país. En los funerales de Pedro Carbo propugnó una colecta pública para levantarle una estatua. Era uno de los médicos más importantes y ese año fue designado con el Dr. Fausto Rendón. médico de la compañía de Seguros de Vida “La Equitativa”, fundada en Guayaquil por Augusto B. Leguía Martínez, quien después llegaría a la presidencia del Perú.

En Abril de 1.895 publicó una carta escrita al Dr. Leonardo Villar, Director de la Facultad de Medicina de Lima, titulada “Geografía Médica de la fiebre amarilla en el Ecuador”, con sucesión anual de las enfermedades agudas en el Ecuador, Monografía sobre la epidemia de Fiebre Amarilla de 1.880 a 1.894. El 22 de Mayo suscribió un comunicado del Directorio Electoral de Guayaquil, lanzando la candidatura presidencial del General José María Sáenz.

Al pronunciarse Guayaquil el 5 de Junio siguiente por la revolución liberal, rué llamado a conformar el Comité que recibió a los montoneros de Manabi y Daule del General Plutarco Bowen. AI poco tiempo arribó Alfaro y cuando nada anunciaba una fisura entre los grupos revolucionarios, se produjo el rompimiento de Bowen, Sáenz y Delfin Treviño con Alfaro y éste los acuso de conspiración, Borja se contó entre los principales implicados y aunque se defendió el 24 de Julio en una hoja volante, fue desterrado del país y viajó por segunda ocasión a San José de Costa Rica, donde se incorporó a esa Facultad de Medicina y le tocó intervenir en la epidemia que asoló a la población de Alajuela.

En 1.897 editó su elegía “Madre” al recibir la noticia de la muerte de Dña. Maclovia, canto dividido en dos partes, en 25 págs. del que existe una segunda edición aumentada en 1.899 a 79 págs. Este último año también publicó sus poemas “Patria” dedicado a su prima Dolores Sucre y “Raza de Víboras” alegoría en 20 págs. Tratando sobre la ingratitud, la envidia y la calumnia, con ataques frontales al régimen del Presidente Alfaro.

Por entonces Borja era considerado en el Ecuador como un símbolo de la oposición y numerosos intelectuales se lamentaban de su triste situación. Numa Pompilio Llona y Dolores Sucre alertaron a la conciencia del país contra ese atropello. Llona llegó a exclamar “Borja es el Dante de este período de ignominia”. Finalmente pudo regresar tras cinco años de ausencia en 1.900 instaló su consultorio en la calle de la Municipalidad, colaboró en la revista “Guayaquil Artístico” y editó su poema “Fin de Siglo”, dedicado a los manes de Sucre en 19 págs.

En Octubre de 1.901 dio a luz “Paisajes y Recuerdos” en 51 págs. con un capitulo autobiográfico, de colorido local y descriptivo de la magestad de la naturaleza de los bosques. El Presidente Leonidas Plaza le ofreció el Ministerio de Relaciones Exteriores, que no aceptó por la pequeñez de sueldo, que no le hubiera permitido vivir en la capital con su familia. Entonces fue electo Miembro de Número de la Academia Ecuatoriana de la Lengua y Vicepresidente de la Junta de Beneficencia Municipal de Guayaquil. En 1.903 fue Presidente del Club de la Unión, pasó enfermo tres semanas y escribió varias poesías. En 1 904 presidió el Concejo Cantonal.

En Enero de 1.906 al estallar la Revolución alfarista, fue designado Ministro del Interior por el Vicepresidente Alfredo Baquerizo Moreno, pero dicho gabinete no funcionó. Al año siguiente tomó la palabra en los funerales de Llona y el Presidente Alfaro buscó su amistad designándole Director de Estudios del Guayas. Meses después fue electo Rector de la Universidad Central y tuvo que viajar a Quito, desempeñando tan altas funciones hasta Noviembre de 1.908, que pasó a ocupar el Ministerio de Instrucción Pública, presentando en Agosto de 1.909 un Informe al Congreso de 373 págs.

Ese año fundó las Cámaras de Industrias de Guayaquil, Quito y Cuenca, desempeñó el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Presidencia de la Junta de Beneficencia de Quito. También ocupó el Ministerio de Hacienda y presentó un Informe al Senado en 260 págs Al poco tiempo publicó su Discurso Fúnebre en homenaje al Dr. Ramón Flores Ontaneda fallecido en servicio durante la epidemia de peste bubónica en Guayaquil. También fue Arbitro en el litigio ferrocarrilero.

Vivía en una casa de la calle Venezuela que había sido de Juan José Flores donde era visitado por su protegido el joven poeta Francisco J. Falques Ampuero, quien le perurgia a publicar sus traducciones y poesías y más por complacerle a mediados de 1.909 dio a la luz “Flores tardías y joyas ajenas” en 412 págs. con la mayor parte de sus versos y con traducciones de poetas franceses tales como Baudelaire, Leconte D’Lisle, Verlaine, Sully Prudhonme, Heredia. Con esta obra cimentó definitivamente su justa fama de gran poeta y cultísimo traductor, así como de introductor del Parnasianismo en el Ecuador. I con motivo de la celebración del Centenario dé la Independencia presidió la Exposición Nacional celebrada en Quito y para su inauguración compuso la letra de una Cantata que se tocó con música del Maestro Domingo Brescia y publicó en 8 págs.

Entonces formaba gabinete con José Peralta. Luís Adriano Dillon. Francisco Martínez Aguirre y Alejandro Reyes y fueron la admiración del Cuerpo Diplomático e invitados del exterior, pues todos eran consumados poliglotas que dominaban más de cuatro idiomas.

Poco tiempo después empezó a ser aquejado de frecuentes y fuertes dolores al hígado y el Congreso le inició una interpelación. Borja fue al banco donde tenia su dinero, lo sacó y echó a los pies de los Diputados, diciéndoles: “Aquí está toda mi fortuna”. Acto seguido, salió de la Cámara y renunció a su Cartera.

Y como las molestias le aumentaban fue traído de urgencia a Guayaquil e intervenido quirúrgicamente con varias punciones que se las realizaron sin anestesia y le causaron enormes dolores, al punto que lanzaba gritos que se oían hasta en las escaleras de su casa. Los médicos le encontraron quistes de amebas y aunque sacaron varias jeringuillas de materia purulenta, de nada sirvieron los esfuerzos de sus colegas y falleció de casi 59 años de edad, tratado con infusiones de raíz del Brasil, el 31 de Diciembre de 1.910. Su sepultura está cubierta por una lápida donde se ha grabado la última estrofa de su poema “Flores Tardías” / /Tejed, para mi tumba, muelle tapiz florido,/ sobre la hiedra lacia de verdinegro tul,/quizá entre vosotros vaya a tejer su nido, /para cantar la vida, para arrullar mi olvido./ el ave de mis versos, mi ruiseñor azul.//

Alto, blanco, fornido, calvo, de grandes bigotes y mirada dominante, enorme inteligencia clara y despierta aunque de carácter conflictivo. En política gustaba del combate ideológico y como clínico eminentísimo. Fue un líder social que se hizo a si mismo frase célebre de su madre, con quien siempre se llevó bien y fue muy unido, al punto que ella vivió largas temporadas en casa de su hijo.

Científico de dimensión nacional, lució siempre una gran impaciencia intelectual que agitaba su espíritu y facultades y le llevaba a patrióticas realizaciones.

Su dominio del francés le permitió acercarse a los poetas de esa nación y habiéndose iniciado en la escuela romántica, cantó las nuevas formas e introdujo el Pamasianismo en el Ecuador, siendo el mejor traductor nacional con Francisco J. Falques Ampuero. Admiró a los poetas malditos pero sobre todo al divino Verlaine, Jefe de los Simbolistas.

VESPERTINA. A mi esposa. Playas de Santa Elena, 1.888.- ler. Fragmento.

//El ligero rocío de la tarde/ ha templado el ardor de la canícula./La Llanura descansa y se adormece/ al soplo de la brisa/que, rozando la espuma de las olas, /la emanación salina/del mar recoge, y a la pampa llega/de olor de yodo y de frescura henchida.// El sol poniente irradia/cárdena luz oblícua,/los celajes de oriente se coloran; /las nieblas, fugitivas,/debajo del azul cruzan calladas/ y con pálidos tonos se matizan, /en las techedumbres, el reflejo de oro/del sol lo obscuro de la paja aviva./ y allá, lejos, muy lejos, / en la azulada línea/ donde los cielos y las ondas llegan, / se abrazan y se miran, reverberan las nubes, y las aguas/ cerúleas del mar brillan.

Nadie mejor que el mismo para describirse:/ Soy así porque soy../la culpa de ello/ Natura tiene que me dio la vida:/ Mi alma, en carne, a su pesar nacida,/ trajo a este mundo distintivo y sello.// Diome natura el sentimiento bello / de su alma inmensa, con mi ser unida. / su imagen llevo en mi razón, fundida, / su altiva mente y su genial destello,// Diome su hermosa libertad salvaje, / y, en la gama de luz de su lenguaje,/ templó mi verbo y acordó mis nervios, // No te arrepientas de mi ser, ¡Natura!/ y renueva en tus génesis, mi hechura./ con espíritu y átomos soberbios.//

Se ha discutido si fue ateo, en su verso a Sucre dijo lo siguiente //Qué bien estás en la infinita nada/ durmiendo !Oh Sucre! Oh redentor Mártir! /La tierra/ a sangre y fuego sus progresos hace. / El piélago, el volcán, el sol, el rayo/ son los titanes que a la inmensa curva/ de la ascendente perfección la mueven,/ en fragor de catástrofes e incendios/ pero la roca primitiva, el bosque/ primero, el lago en que flotó el nenúfar/ el mar hirviente, habitación del monstruo/ allá en el fondo de la entraña yacen/ del globo triunfador; fósiles negros/ son que en la fragua del planeta lloran/ su ardor eterno, en sulfurosos nos/ venas de naphta o cristalinas gotas,/ lágrimas de carbón hechas diamantes…//

José Joaquin de Olmedo y Maruri

Posted in poemas with tags , on septiembre 6, 2008 by edmolin657

JOSE JOAQUIN DE OLMEDO Y MARURI
POETA Y PROCER DE LA INDEPENDENCIA.- Nació en Guayaquil el 19 de Marzo de 1.780, hijo legítimo del Cap. Miguel Olmedo y Troyano, natural de la Villa de Armijos, Obispado de Málaga, España, quien viajó primeramente a Panamá donde residió cuatro años, vino a Guayaquil como Tesorero y Comisario de Guerra para la expedición al Marañón y se quedó de Oficial del Fortín de San Carlos dedicado al comercio, dueño de las fragatas “San Isidro” y “San Fermín” cuya biografía puede verse en este Diccionario; y de la guayaquileña Ana Francisca de Maruri y Salavarría, de la antigua nobleza vasca asentada en la cuenca del Guayas.

De nueve años lo llevó su padre a Quito a cursar estudios en el Convictorio de San Fernando regentado por los dominicanos, donde aprendió Latinidad y Gramática Castellana. En 1.792 estaba de regreso en Guayaquil. En 1.794 fue enviado a Lima, encomendado a su pariente el Dr. José de Silva y Olave, quien lo matriculó en el Colegio de San Carlos. En 1.799 fué alumno de la Universidad de San Marcos y figuró en un acto público de filosofía y matemáticas. En 1.800 obtuvo por oposición en San Carlos la cátedra de Filosofía. En 1.802 escribió un “Epitalamio” con ocasión de las bodas de una pareja amiga. En 1.803 el poema “Mi retrato” y se lo envió a su única hermana Magdalena que residía en Guayaquil, pidiéndole que al pie pusiera como letrero: “Amó cuanto era amable, amó cuanto era bello”. El 15 de Junio de l.805 obtuvo el doctorado en Jurisprudencia y pasó a dictar Derecho Civil en el Colegio de San Carlos. El 6 de Noviembre se recibió en práctica y al año siguiente alcanzó el doctorado en ambos derechos Civil y Canónigo, escribiendo sus poemas “Matemáticas” y “Loa al Virrey”. Para 1.807 publicó “En la muerte de doña María Antonia de Borbón, princesa de Asturias”.

Después de 4 años de práctica se recibió de abogado en 1.808, se incorporó al Colegio de Lima y dictó la cátedra de Digesto en San Marcos. Entonces se inspiró y compuso “El prólogo a la tragedia El Duque de Viseo de Quintana” y su famosísima silva titulada “El Arbol”, que terminó en 1.809 y contiene dos partes, una filosófica y bellísima y otra menos hermosa con la que cierra el poema, pareciendo como si hubiera unido dos versos distintos. Casi enseguida fue llamado a Guayaquil porque su padre estaba grave y arribó el 20 de agosto, a tiempo para escuchar de sus labios que si venía la independencia, se pusiera de parte de ella.

EL ARBOL (Fragmento conteniendo la primera parte)
A la sombra de este árbol venerable/ Donde se quiebra y calma/ la furia de los vientos formidable,/ Y cuya ancianidad inspira a mi alma/ Un respeto sagrado y misterioso,/ Cuyo tronco desnudo y escabroso/ Un buen asiento rústico me ofrece, / Y que de hojosa magestad cubierto/ Es el único rey de este desierto, / Que vastísimo en torno me rodea;/ Aquí mi alma desea/ Venir a meditar: de aquí mi musa, / Desplegando sus alas vagarosas. /Por el aire sutil tenderá el vuelo; / Ya cual fugaz y bella mariposa/ Por la senda florida,/ Libre, inquieta, perdida, /Irá a Chipre a buscar su compañera; /Ya cual garza atrevida,/ Traspasará los mares, /Verá todos los reinos y lugares;/ O cual águila audaz alzará el vuelo/ Hasta el remoto y estrellado cielo. /¿No ves cuán ricas tornan a sus playas/ De las Indias las naves españolas/A pesar de los vientos y las olas?/ Pues muy más rica, tornará mi musa, /De imágenes, de grandes pensamientos,/ Y de cuantos tesoros de belleza/ Contiene en si la gran naturaleza, /Y de tu largo vuelo fatigada/ Vendrás a descansar, como a seguro/ Y deseado puerto/ A la sombra del árbol del desierto…

En 1.809 se incorporó de abogado de la Audiencia de Quito. En marzo de 1.810 le nació una hija natural en Ramona Ledós, acompañó al Dr. José de Silva y Olave en su viaje a la Península, en Septiembre recibió en México el nombramiento de Diputado por Guayaquil a las Cortes de Cádiz. En Enero de 1.811 aún estaba en México y leyó su poema “Improntu”. Semanas después viajó a España y se incorporó a las Cortes. El 12 de Agosto de 1.812 pronunció su célebre discurso sobre la abolición de las mitas; no era un gran orador, pero causó buen efecto. El diputado Castillo inició la discusión y las Cortes aprobaron la abolición de las mitas. Ese discurso se ha publicado varias veces desde que Vicente Rocafuerte lo dió a la Imprenta en Londres. Entonces consiguió que su protector y pariente José de Silva y Olave fuere designado Obispo de la Diócesis de Huamanga.

Secretario de las Cortes de Cádiz y después miembro y secretario de la Diputación Permanente hasta el 11 de Mayo de l.814, fecha en que las Cortes fueron disueltas por Fernando VII y los diputados perseguidos y apresados, Olmedo se escondió en Madrid y regresó en 1.816, encontrando que su madre había muerto. A principios de 1.817 viajó a Lima y escribió “A un amigo, don Gaspar Rico..”, a su vuelta, el 24 de Marzo contrajo nupcias con su deuda Rosa de Ycaza y Silva, sobrina del Obispo, su protector ¡Serán muy felices! En 1.819 defendió en juicio a Vicente Ramón Roca acusado de conspirador por haberse carteado con el cura insurgente de Acapulco, que de patriota se había vuelto realista.

Producida la revolución en Guayaquil el 9 de Octubre de 1.820 fué electo Jefe Político de la Provincia, pero en vista de los abusos que cometía el Jefe Militar José Gregorio Escobedo, pidió una Junta Provisional de Gobierno que quedó conformada con el Dr. José Vicente de Espantoso y Avellán y con el coronel Rafael María de la Cruz Jimena y Larrabeitia. En Noviembre presidió el triunvirato formado por Francisco María Roca y Rafael Jimena y obtuvo que la Junta Electoral de la Provincia apruebe el “Reglamento Provisorio de Gobierno” que había redactado con José de Antepara y Arenaza.

En 1.821 escribió su “Canción al 9 de Octubre” considerada el primer Himno que ha tenido nuestro país. Entonces llamó al ejército colombiano para que colabore en la campaña libertadora. Olmedo era partidario de la independencia de Guayaquil frente a los gobiernos de Perú y Colombia, pero comprendía que Guayaquil no podía alcanzar la libertad de la Audiencia de Quito sin ayuda de otros ejércitos.

El 11 de Julio de 1.822, después de la Batalla del Pichincha, arribó Bolívar a Guayaquil y anexó la provincia a Colombia. Olmedo protestó por este abuso de fuerza y el 29 de Julio emigró al Perú con más de docientos vecinos de la primera distinción. El 22 de Septiembre fué electo Diputado por el Departamento de Puno y formó parte de la Comisión designada por el Congreso peruano para redactar la primera Constitución que tuvo ese país. En 1.823 editó en Lima su traducción del inglés del “Ensayo sobre el hombre” de M. Pope, en 45 págs. y a nombre del Congreso cursó una invitación a Bolívar para que se traslade al Perú a luchar por la independencia. Desde ese entonces volvió a amistar con el libertador y cuando se enteró en 1.824 de la victoria de Junín, inició el “Canto a Bolívar”, poema épico que le dio fama continental al salir publicado en Guayaquil en 1.825 y en Londres el 26 (1).

En 1.825 compuso una “Marcha”, el poema “La Libertad” y recibió el nombramiento de Ministro Plenipotenciario de la Gran Colombia en Inglaterra. En Octubre estaba en Londres. En 1.826 se dio tiempo para publicar en París y en Londres su célebre “Canto a Bolívar” En noviembre fue electo Miembro fundador de la Academia Nacional de Colombia y para 1.827 viajó a Guayaquil. En 1.828 falleció su hija Rosa, llamada “Mi rosita de Ayacucho.

(1) Bolívar le solicitó por carta de Diciembre de 1.824 cantar los triunfos de la patria, Olmedo le aclaró el 31 de Enero del 25 que ya tenía iniciado su canto “Apenas tengo compuestos 50 versos” pero ya no podía retroceder. El 15 de Abril le anunció “mi canto se ha prolongado más de lo que pensé. Creí hacer una cosa como de 300 versos y seguramente pasaría de 600”. Pasó de 800 en su primera versión y de 900 en las siguientes. El 30 de Abril, finalmente, envió el poema concluido y el 15 de Mayo le avisó que estaba imprimiéndose en 28 páginas en la Imprenta de Manuel Ignacio Murillo en Guayaquil.
Entre 1.828 y 29 y por dos ocasiones fue designado Ministro de Relaciones Exteriores de la Gran Colombia pero se excusó en ambas. En 1.830 fue Prefecto de Guayaquil y el 19 de Mayo suscribió el Acta de Anexión del Departamento de Guayaquil a la República del Ecuador. En agosto concurrió a Riobamba de Diputado a la primera Convención Nacional, fue nombrado Miembro de la Comisión compuesta para redactar la primera Constitución y el 12 de Septiembre obtuvo catorce votos y salió electo Vice Presidente de la República. En Febrero asumió interinamente la presidencia por ausencia del titular. Poco después renunció por tener que ausentarse a Guayaquil, y en Noviembre nuevamente fue Prefecto del Departamento de Guayaquil como tal autorizó la toma de posesión de las islas de archipiélago de las Galápagos y viajó a Bogotá en calidad de comisionado de Límites para solucionar un diferendo con la Nueva Granada por la anexión de Pasto. En 1.833 prosiguió estas negociaciones en Quito.

En 1.833 fue designado por Rocafuerte para discutir la paz con los delegados del Jefe Supremo, Dr. José Félix Valdivieso. En 1.835 escribió su poema “Al General Flores, vencedor en Miñarica”, fué electo Diputado por Guayaquil y luego Presidente de la Convención Nacional reunida en Ambato que eligió a Rocafuerte. En 1.836 fue comisionado para la mediación entre Chile y Perú.

En 1.837 escribió la “Canción del 10 de Agosto”, que como bien lo ha demostrado el Padre Espinosa Pólit, sirvió de antecedente al actual Himno Nacional, e intervino en la elaboración de las bases del Tratado con España que firmó Pedro Gual. En l.838 fué Alcalde Primero municipal de Guayaquil, después Gobernador interino de la Provincia y comisionado por el Presidente para liquidar el capital e intereses del crédito público de Miguel de Anzoátegui Cossio, que nunca se llegó a pagar.

En 1.839 fue Subdirector de Estudios, prologó la “Historia del Reino de Quito” del padre Juan de Velasco y redactó un proyecto de “Reglamento de Policía”. En 1.840 escribió “En la muerte de mi hermana”. El 43 editó “Ocios poéticos del General Flores y una oda en su obsequio” en 52 págs.

El 6 de Marzo de 1.845 estalló la revolución antifloreana en Guayaquil y Olmedo fue designado Presidente del triunvirato con Vicente Ramón Roca y Diego Noboa. En noviembre renunció dichas funciones y Rocafuerte lo candidatizó la presidencia de la República, perdiendo frente a Roca, que ascendió al poder tras alcanzar las 2/3 partes de la votación.

En 1.846 fue comisionado con el General Antonio Elizalde para traer los restos de Lámar a Guayaquil, escribió un soneto “Al General Lamar”, y viajó a Lima, donde no encontró mejoría a su antigua dolencia del estómago. Nuevamente en Guayaquil ejerció la Subdirección de Estudios del Guayas y prematuramente avejentado a causa de contínuos dolores al estómago y estitiquez ocasionados por un cáncer lento falleció el 19 de Febrero de 1.847, a la l y 1/4 de la mañana, de 66 años y 11 meses de edad. Antes de morir había dicho: “He cumplido, no sin gloria, mi destino”.

De allí en adelante sus cantos comenzaron a republicarse con gran éxito. El 48 salió en Valparaiso un volumen de “Obras Poéticas”, única colección revisada y corregida por Olmedo, meses antes de su muerte. La segunda edición data de 1.853, París, 214 págs. Hay otras posteriores.

Estatura mediana, rostro ovalado, ni blanco ni trigueño, labios gruesos, ojos y cabellos negros, sus funerales se celebraron en todas las ciudades del país y sus restos se enterraron en la Iglesia de San Francisco bajo la siguiente inscripción “A Dios glorificador, aquí yace el Dr. José Joaquín de Olmedo. Fue padre de la patria, el ídolo del pueblo, poseyó todos los talentos, practicó todas las virtudes” y se quemaron durante el Incendio Grande del 5 al 6 de Octubre de 1.896.

 

LA VICTORIA DE JUNIN (Fragmento)
El trueno horrendo que en fragor revienta/ Y sordo retumbando se dilata/ Por la inflamada esfera, /Al Dios anuncia que en el cielo impera.// Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta/ La hispana muchedumbre/ Que más feroz que nunca amenazaba/ A sangre y fuego eterna servidumbre: //Y el canto de Victoria/ Que en ecos mil discurre ensordeciendo/ El hondo valle y enriscada cumbre, / Proclaman a Bolívar en la tierra/ Arbitro de la paz y de la guerra./ / Las soberbias pirámides que al cielo/ El arte humano osado levantaba/ Para hablar a los siglos y naciones, / Templos, de esclavas manos/ Deificaban en pompa a sus tiranos,/Ludibrio son del tiempo, que con su ala/ Débil las tocas, y las derriba al suelo,/ Después de que en fácil juego el fugaz viento/Borró sus mentirosas inscripciones;/ Y bajo los escombros confundido/ entre la sombra del eterno olvido, /¡Oh de ambición y de miseria ejemplo!/ El sacerdote yace, el Dios y el templo;//

ALFABETO PARA UN NIÑO (Fragmento)
//Amor de Patria comprende/ Cuanto el hombre debe amar/ Su Dios. Sus leyes, su hogar, / Y el honor que los defiende.// Bondad, el que la merece/ Con ánimo siempre igual. /Ni se abate con el mal,/ Ni con el bien se ensorbece. //Candor en toda expresión, // Callar lo más que pudieres;/ Muy cortés con las mujeres, Pero sin afectación.// Dios es el sabio creador/ Que conserva y ama al hombre,/ Sea cual fuere su nombre, /Condición, secta y color,// Estudio y aplicación / Forman a la juventud,/ Y emulación de virtud/ Sin envidia ni ambición. // Franqueza, nunca licencia. // Gratitud siempre al favor/ Es un deber justo y grato/ Y por eso el hombre ingrato/ es un monstruo que da horror.// Honor es en sumo grado/ El alma del ciudadano: /Sin honor es siempre vano,/ O pernicioso al Estado.//…..

EL ARBOL (Fragmento)
//Al la sombra de este árbol venerable/ Donde se quiebra y calma/ La furia de los vientos formidable,/ Y cuya ancianidad inspira a mi alma/ Un respeto sagrado y misterioso,/ Cuyo tronco desnudo y escabroso/ Un buen asiento rústico me ofrece;/ Y que de hojosa majestad cubierto/ Es el único rey de este desierto,/ Que vastísimo en torno me rodea;/ Aquí mi alma desea/ Venir a meditar: de aquí mi musa,/ Desplegando sus alas vagarosas,/ Por el aire sutil tenderá el vuelo; / Ya cual fugaz y bella mariposa / Por la selva florida,/ Libre, inquieta, perdida,/ Irá en pos de un clavel ó de una rosa, / Ya cual paloma blanda y lastimera / Irá a Chipre á buscar su compañera;/ Ya cual garza atrevida,/ Traspasará los mares,/ Verá todos los reinos y lugares;/ O cual águila audaz alzará el vuelo/ Hasta el remoto y estrellado cielo./ ¿No ves cuan ricas tornan a sus playas/ De las Indias las naves españolas / A pesar de los vientos y las olas? / Pues muy más ricas tornarás, mi musa, / De imágenes, de grandes pensamientos,/ Y de cuantos tesoros de belleza /Contiene en si la gran naturaleza. // Y de tu largo vuelo fatigada/ Vendrás a descansar, como a seguro / Y deseado puerto,/ A la sombra del árbol del desierto.//

 

Joaquín Gallegos Lara

Posted in poemas with tags , on septiembre 6, 2008 by edmolin657

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JOAQUIN GALLEGOS LARA
IDEOLOGO.- Nació en Guayaquil, el 9 de Abril de 1.909, a la una y media de la tarde, en una casa de la calle Bolívar. Hijo único del matrimonio formado por Joaquín Gallegos del Campo (1) y Enma Lara Calderón, de antigua familia dauleña avecinada en el puerto. Ambos guayaquileños.

Huérfano de padre antes de los dos años fue llevado por su madre a un chalet de madera propiedad del Dr. Julián Lara Calderón (2) en las calles Chile y Puná (hoy Gómez Rendón) frente a la fábrica de galletas y caramelos “La Roma” del italiano Vallazza, donde gozaron de un espacioso jardín que ella cultivó con esmero, sembrándolo de rosales, cuyas flores vendía para costear la manutención de su tierno hijo y la edición del libro de su esposo.

(1) Joaquín Gallegos del Campo nació en Guayaquil el 27 de Julio de 1.873, miembro de una ilustre familia de escritores, poetas e intelectuales con casa en el popularísimo barrio de las Cinco Esquinas. El 20 de Enero de 1.895 fundó el semanario “El Cáustico”, satírico y de clara postura alfarista, con diatrivas virulentas y comentarios burlones. Falleció de Secretario de la Gobernación de El Oro el 20 de Noviembre de 1.910 al producirse un tiroteo en las calles céntricas de Machala, siendo pajareado por asomarse curiosamente a una de las ventanas de su despacho. Su muerte fue de contado y la viuda recopiló sus poesías líricas y cuentos en prosa que tituló “Mis recuerdos” que editó en 1.912 en la imprenta de El Tiempo, con prólogo, en 135 págs.

(2) Julián Lara Calderón era un acreditado médico que pasaba por neurótico por su siempre serio talante, por callado y circunspecto. Sus allegados le querían y respetaban y el vulgo le apodaba “Pulga brava” por su pequeña estatura y musculada contextura y porque aún recordaba el vecindario que en cierta ocasión se había enfrentado como macho con Pío Cupelo, célebre matón del puerto, en anunciada e histórica lid por la supremacía de las pandillas juveniles barriales y había salido con la nariz y unas cuantas costillas rotas, pero con el honor indemne y hasta con fama de valiente caballero que no temía a nada ni a nadie. Después había morigerado su espíritu aunque conservando sus antiguos hábitos gimnásticos y boxeriles. Como estudiante siempre inteligente, metódico, ganador del Gran Premio de Honor del Colegio Nacional Vicente Rocafuerte en 1.901, en la Facultad de Medicina discípulo predilecto del Dr. Alfredo Valenzuela Valverde, graduase con honores de Doctor en la especialidad de Medicina Tropical, consiguió una abundante clientela entre la que se encontraba el banquero Víctor Emilio Estrada y su numerosa familia. En 1.914 prestó servicios en la Campaña militar de Esmeraldas durante la revolución de Carlos Concha Torres. El 22 fue de los poquísimos médicos que esquivando las balas salieron a las calles a auxiliar humanitariamente a los heridos, a quienes recogió en crecido número hasta la madrugada y envió al hospital. Su posición económica desahogada y su temperamento introvertido y enemigo de las confianzas le granjeó fama de hombre difícil y las malas lenguas hasta le inventaron que en ratos perdidos era eterómano. Su vida familiar era tranquila pues vivía preocupado de los suyos: Sus hermanos Clemencia y Carmen Lara Calderón Vda. de Calderón, profesoras fiscales y muy honorables damas victorianas, sus sobrinos carnales Walter y Mercedes Lara, su hija Enma Lara y como ya sabemos su hermana Enma Lara Calderón Vda. De Gallegos y su pequeño Joaquín. Larga familia sería ahora pero en esos tiempos patriarcales era lo normal una de ocho miembros y tres viejas empleadas domésticas. A todos brindaba su afectuosa y paternal protección. Les daba su casa, la comida, atención médica y hasta los remedios, pagaba a la servidumbre y los servicios básicos de agua y electricidad, pero nada más y cada quien tenía que ingeniárselas para buscar el dinero de bolsillo. A veces, sin embargo, concedía ciertas ayudas extras para casos fuera de lo ordinario y como su hermana Enma no podía trabajar en la calle porque debía cuidar a su pequeño Joaquín, que ya había comenzado a sufrir de las piernas, la autorizó a cultivar el jardín y a beneficiarse con el producto de la venta de las rosas.El niño nació sano como se desprende de la lectura de dos de los poemas de su padre que dicen así: A mi primogénito.- // Tus ojitos, espejos de los míos, / en tan pequeña edad, preguntadores, / con sus luces alivian mis dolores / y vuelven a mi ser todos mis brios. // Quiera Dios no te aflijan desvaríos / y tu senda perfumen bellas flores; / que no sufran del hado los rigores, / ni te hiera la suerte en sus desvíos. // Atenaceado en mi dolor inmenso, / con la vida, luchando en lo profundo, / en ti pongo mi fe, contigo pienso; // Y aunque el pesar, el pecho te taladre, / es mi anhelo que seas en el mundo / “¡el sostén cariñoso de tu madre!”// El Primer Diente.- // Ayer tu madre, bella y sonriente, / llena de santo amor y de alegría / me señalaba en tu rosada encía / como un blanco botón, tu primer diente. // Sentí llegar a mi

 

cansada frente / un hálito de nueva lozanía, / pues el huesito aquel enflorecía / las ilusiones que abrigó mi mente. // Y me puse a pensar, hijo querido, / si el diente ponzoñoso del malvado / te hará apurar tu cáliz de amargura. // Pues hay diente rastrero y escondido / que se clava en la sombra despiadado / con la innoble ruindad de la impostura!” // pero en algún momento de su primera infancia debió sufrir el ataque de una enfermedad poco conocida -tuberculosis a la médula espinal- hoy llamada la enfermedad de Pott por el médico que la estudió.

A los tres añitos preguntó a su madre ¿Cuándo aprenderé a caminar? A los cuatro pidió que le enseñaran a leer y su madre y una de sus tías le llenaron de textos, libros y revistas hasta formarle una nutrida biblioteca y le costeó una excelente educación, pues el niño jamás pudo asistir a una escuela pública y sin embargo “hizo una infancia tranquila, consagrada a la lectura, leyó como pocos jóvenes lo han hecho en nuestro país y le fueron familiares los clásicos hasta adquirir una sólida cultura”. Por eso maduró rápidamente y el 10 de Junio de 1.919, al conocer el suicidio del poeta Medardo Angel Silva se sintió conmovido. Me sentí poeta, diría después, aunque solo sufría un desborde de olas sentimentales

En 1.925, cuando Joaquín tenía catorce años, se cambiaron a una casa mixta en la esquina de Manabí No 208 y Eloy Alfaro, más cómoda, rumbosa y elegante que el chalet y por supuesto más central. Esta nueva vivienda era de lujo para la época, en sus bajos existían locales alquilados para tiendas a varios comerciantes del Mercado Sur. En los altos funcionó el Consultorio con sala de espera y servicio higiénico independiente; un departamento donde cada quien disfrutó de un amplio dormitorio con buenas hamacas de paja mocora y muebles art nouveau que estaban de moda. Al lado estaba el de Doña Enma y Joaquín. A éste le dieron el del pie de la escalera. Arriba había una buhardilla con ventanas, que nadie quiso ni servía para nada, simplemente era una costumbre guayaquileña el tenerla como sitio destinado a los trastos viejos o para solaz de la servidumbre. Allí comenzó Joaquín a refugiarse las tardes y las noches, instaló una hamaca, leía a solas en absoluta tranquilidad y naturalmente, sin que nadie se la concediera, la convirtió en su sitio predilecto, hasta que un día todos acordaron subirle la cama.

No era un misántropo que gozaba alejándose de los suyos pues infaltablemente se hacía llevar para las comidas y compartía en sano esparcimiento esos momentos de intimidad. Las personas que me han hablado de aquellos tiempos aseguran que en la casa del Doctor Pulga Brava todo era muy ordenado.

De esta época es su “Despedida del Hogar” que dice así: // Me voy, amigos, del hogar risueño / donde volaron mis primeros días, /No es extraño que vuelvan a la mente / los recuerdos de viejas alegrías, / Desierta queda la gozosa casa / donde tranquila deslizó mi infancia; / casa donde murieron mis abuelos / impregnada de rústica fragancia, / La calle en que soñé bajo la luna / el balcón que se vuelve al occidente / donde ví la caída de la tarde / tantas veces soñando tristemente! / Hoy me despido vagaroso, errante, / y en todas partes soñador me pierdo, / en esta casa tiene todo sitio / un amoroso aroma de recuerdo, / Adiós, adiós, alares carcomidos / donde arrullan ledas las palomas / vecina palma que el ramaje inclinas / jardín lleno de llores y de aromas… / Adiós, feliz hogar, donde he pasado / las horas más hermosas de mi vida, / vivirás siempre, casa envejecida / en el fondo sin fin de mi pasado.//

Doña Enma no era una madre absorvente como las hay muchas y por eso acostumbraba dejar a su hijo en paz, respetando sus gustos y costumbres, su mundo interior que avisoraba rico y prometedor. Por sus continuos accesos de asma era una asfixiada crónica, por eso acostumbraba salir de vacaciones al campo o a la playa para ver si mejoraba y en esas travesías llevaba a su hijo, que conoció los ríos de nuestro litoral y la inmensidad del mar ecuatorial. “De joven aprendió a montar y corría por las sabanas, remaba por las tembladeras y esteros y escuchaba el habla montuvia.”
Al ocurrir el cambio de casa ya no dispuso de un jardín, pero se ingenió para traer pequeñas cajas con perfumes de París, que discretamente pasaba por la aduana, colocaba y vendía entre sus conocidas y amigas con regular éxito económico. El capital inicial le había sido suministrado por su hermano el Doctor, pero al poco tiempo pudo devolvérselo y empezó a girar con dinero propio. Entonces era usual que las damas de la clase media y adinerada usaran Nuit de Noel, Avion de Caron, A bien tot, Soir de París y otras esencias conocidas de Balmain y de Caron.

El negocio de los perfumes duró muchos años y sirvió para pagar ciertos lujos que Doña Enma proporcionó a su hijo: le contrató a Madame Tousart, anciana odontóloga que dictaba clases de francés a domicilio y al Doctor Caputti que enseñaba el italiano. Con los años Joaquín llegó a dominar esas lenguas y con Diccionarios aprendió el inglés, alemán y ruso porque tenía facilidad para los idiomas y gustaba hablar con extranjeros. Amaba a la vida y disfrutaba del trato con la gente. Sabía que la disciplina que su tío practicaba en todos los actos de la vida, era básica en la formación de un autodidacta como él. También se me ha asegurado que conocía de memoria las principales raíces latinas, que repetía en alta voz para matizar sus horas silenciosas en la bohardilla, deleitándose con la dulzura y musicalidad del idioma del Lacio.

Por entonces le dio por visitar a su tío abuelo el poeta Enrique Gallegos Naranjo en su vieja casa del Astillero. “Iba a verlo a la caída de las tardes. Era sencillo y bondadoso, sin vanidad me leía sonriendo lo que él había escrito. Emborronaba versos y se los leía, aprobábame y desaprobábame, nunca pretendió corregirme, también leíamos juntos a nuestros poetas, profesábamos el culto más puro por los de la edad de oro romántica. Se alegraba de mi juventud diciendo que yo le comprendía. Charlábamos de poesía y sobre todo me hablaba de mi padre.”

Pintaba paisajes, se conserva uno en poder de sus primos los López Lara y escribía poesías modernistas de velada tristeza porque su cuerpo era deforme. Sus piernas un guiñapo, pequeñitas y trapajosas, nunca le llegaron a desarrollar, contrastando con un fuerte tórax, brazos anchos, musculados y una cabeza enérgica. Y como no llegó a usar una silla de ruedas, se arrastraba por el suelo o guindaba de unas sogas sujetas en las paredes de su habitación.

En 1.926 arribó de España su prima Matilde Gallegos Ortíz a quien dedicó el “Poema en su Hoja de Album” // Era un muchacho pálido, meditador y triste, / que pasaba la vida aburrido talvéz; / ¿No le recuerdas prima? Acaso tu lo viste…. / Acaso lo conoces… El que esto escribe es. // Yo he sentido una suave y aburrida tristeza, / he amado la poesía, la gloria y el amor, / pero todo era un sueño que forjó mi cabeza; / hay que desengañarse, todo es dolor, dolor… // Hoy, por eso, en tu libro, no estampo la alegría / que merece la España de donde vienes tú; / yo solo puedo darte mucha melancolía / y la sueva tristeza que hay en mi juventud. // Y yo hubiera querido dejar aquí las glorias / de mis ensueños de oro, de perfume y de sol, / arrancar de mi mente las lejanas memorias / de esa raza que es mía, pues soy casi español. // Pues tu mereces eso; donaires y majezas, / rejas floridas, cantos de sonido andaluz. / Ya que tus ojos tienen las moriscas tristezas / de esa tierra de ensueño, de color y de luz. // Y no puedo, no puedo, aquí dejar escrita / toda mi soñadora y fugaz ilusión; / sólo dejo el reflejo de mi vida marchita / en esta melancólica y fraternal canción. // Solo puedo decirte que mi verso es sincero / que en él pongo las notas de un remoto ideal; / y quisiera ser poeta… porque mucho te quiero / cual si fueras mi hermana, cariñosa y leal. // Octubre 4 de 1.926. Esta poesía salió en la Revista “Páginas Selectas” que le presentó como “poeta de estilo nervioso como el minuto que vivimos, ideas audaces y aquilatadas, que hacen del joven poeta y escritor uno de los más amenos y desconcertantes.”

Y advino la época del cambio, que fue de maduración en todo sentido, incluso en lo literario, pues un amigo puso en sus manos un ejemplar de la revista “Amauta” que publicaba José Carlos Mariátegui en Lima y que traía a Guayaquil Pedro Bellolio Pilart y ocurrió que a través de la lectura de sus artículos aprendió a amar a la justicia social como supremo fin de los gobiernos, fijando sus ojos soñadores en la doctrina marxista que estudió a fondo, al punto que empezó a ser considerado en Guayaquil como uno de los más informados y eruditos ideólogos del marxismo y solo tenía dieciocho años de edad. El mismo lo ha dicho “Me expresé con nuevo acento que mi tío Enrique no podía entender y meneaba la cabeza incrédulo de mi, apenado, viéndome en vías que le parecían extraviadas. Secretamente acaso me creía un apóstata”.

Fruto de esos días con resabios románticos y modernistas, fue su declaración lírica a una bella joven llamada Carlota “la de los ojos color de pasa”, a quien confesó que en otros tiempos la hubiera regalado con versos. “Entonces acudían ellos solos a mis labios, vivía embriagado continuamente del divino temblor: poesía. Después jugué mi corazón al azar y me ganó la violencia…”

Y aumentada su capacidad de aprehensión del mundo exterior con idiomas y teorías políticas, creyó conveniente emerger de su buhardilla hacia el plano nacional para aconsejar a sus iguales y enseñar a los demás. Su fuerza interior, disciplina constante en todos los actos de su vida, el atractivo de una elevada cultura y un cierto carisma personal, llamaban la atención y se hizo conocer a través de versos y artículos que periódicamente aparecían en las principales revistas culturales de Guayaquil tales como “Páginas Selectas”, “Variedades”, “Letras y Números”, “Cosmos”, “Ilustración” y de una nutrida correspondencia que empezó a sostener con numerosas personalidades del país.

En Agosto del 27 sobresaltó al abúlico vecindario y a los lectores y lectoras de “Páginas Selectas” con un soneto heterodoxo y difícil de comprender para el pacato criterio de entonces, pues negaba la divinidad a Jesús. Y lo que ahora no llamaría la atención de nadie, entonces fue piedra de escándalo y hasta le atrajo el reproche de algunos íntimos. Al Nazareno.- // Oh tu, que en una cruz, entre dos miserables, / bebiste hiel amarga antes de perecer, / befado por la turba de canes despreciables, / y llorado por una sola y débil mujer! // Hombre pálido, dime ¿Cual era tu dolor? / ¿Era ver a tu madre ante la Cruz de hinojos / llena el alma de pena y de llanto los ojos? / ¿Era el olvido de tu doctrina? ¿Era el temor? // No, lo que atormentaba tu alma en ese instante / no era amor ni miedo, era el interrogante / que en ti mismo nacía como serpiente atroz. // Era pensar ¿Engaño a los hombres? ¿Me engaño? / y más que las espinas de oprobio te hacía daño / decirte: Padre mío ¿ Y si no soy un Dios? //

En Abril de 1.928 publicó el poema “Campanas de mi barrio” que dice así: // ¡Campanas de la tarde! / ¡ Campanas de mi barrio! / pedazos de sol poniente / en el oído / Campanas de las seis / que cantan las horas roja y violeta / quejumbrosas palabras de gigante / que anuncian: / ¡ la noche! / como una turba de fumadores / los postes de alumbrado / prenden sus cigarrillos, / las campanas me traen / el pensamiento de ella, / envuelto / en sus broncíneos ecos, / carta ideal en sobre sonoro, / la calle se llena / de beatos, / a las seis y media, / entonces ella asoma gentil, / vestidita de negro, / por la cercana esquina, / tiene mucho de alado / y leve mi chiquilla, / se me confunde; ya casi es de noche; / y llega al fin y sin que nadie vea / me envía el radiograma / de amor, / con el anacronismo de sus ojos, / entra en la iglesia, todo se me apaga, / hasta que salga. //

Su casa se fue convirtiendo por esos días en sitio obligado de reuniones culturales a las que asistían numerosos jóvenes e intelectuales y hasta visitantes de otras regiones del país llevados únicamente para que le trataran. Así conoció a dos mujeres que gravitarían enormemente en su vida: Olga Herrería Herrería y María Nela Martínez Espinosa, esta última, pasaba unas cortas vacaciones de verano en el Colegio de la Inmaculada.

Recibía a todos en una blanda y cómoda hamaca y les hablaba con su voz gruesa pero amable. Alfredo Pareja Diez-Canseco ha escrito: Exploraba sus almas, las estudiaba en mil formas, averiguaba sus historias simples, incursionaba en sus deseos imprecisos, en sus ambiciones profusas, vagas… Era el sincero amigo que brindaba todo su tiempo, el guía inteligente y sobre todo el incitador que estimulaba las acciones más nobles del espíritu por los caminos del arte, la cultura y el marxismo.

Cuando conocí a Gallegos Lara fue un verdadero deslumbramiento, diría en 1.947, en México, Demetrio Aguilera Malta. Lo descubrí erudito en Humanidades Clásicas con una inconmovible fuerza de arrecife. Me impresionó su soledad, su hambre de vida, una reciedumbre humana, su lealtad absoluta, el desmesurado kaleidoscopio de su alma… El 57, Pareja, en Carta Abierta y Literaria, lo describió así: Te gustaba aconsejar en una forma que no se advirtiera el consejo. Esto lo habías aprendido en los viejos diálogos socráticos que reproducías montado en tu hamaca, con tus piernas colgando, las voz clara, conclusiva, dirigiendo la polémica, indagando, siempre indagando, a las veces con una curiosidad aterradora.

Por eso se ha dicho que era un curioso del mundo y de las almas que solo avisoraba a través de las ventanas abiertas de su refugio, que no era una torre de marfil ni el minarete de un solitario filósofo, sino una simple buhardilla vecina al Mercado Sur de la ciudad con el incesante movimiento de hombres y mujeres sudorosos a trópico, pueblo llano que él amaba y comprendía y al que quiso reivindicar.

Y como para desahogar, para escapar de la invalidez que lo oprimía, que le condenaba a arrastrarse sobre sus manos en presencia de sus amigos, escribía poemas que luego cambió por cuentos que salían con gran naturalidad, como hermoso legado paterno. Habiendo intentado editar sus poesías bajo el título de “Audiciones ecuatoriales” no lo pudo hacer por razones económicas y como los tiempos eran muy duros renunció para siempre al lirismo en aras de la realidad social a través de cuentos que tenían que ser como él era , de estilo cortado y nervioso, de temática tremendista y cruel -sexo y violencia fue su fórmula magistral- en donde no se rehuían las malas palabras ni las situaciones escabrosas porque esas eran sus armas para conmover las conciencias sobre la realidad de la tragedia socioeconómica que vivía el Ecuador. “No toda su labor intelectual era simplemente escrita, como tampoco lo era exclusivamente literaria” iba más allá, era especialmente política, atea y marxista.

Entre el 28 y el 31 trabajó de controlador en un camioncito que acarreaba cascajo de las canteras del cerro San Ana hasta la periferia de la ciudad, apuntando las camionadas que iban y venían, pero la crisis económica terminó con este negocio de su tío y Joaquín volvió a ser un desempleado.

Guayaquil vivía la crisis agobiante del cacao enfermo complicada con la situación mundial. ¿Quien no pasaba estrecheces y hasta bordeaba la pobreza o la miseria? Pues ese fue el preciso momento para incitar, mover corazones, desperezar intelectos y decidió actuar mediante el ardid de un libro de cuentos del cholo y del montuvio, a medias con sus amigos Demetrio Aguilera Malta y Enrique Gil Gilbert.

Los seleccionó, pulió y pasó a máquina – ocho por cada autor – creó el título: “Los que se van” y puso como aclaración al inicio de la obra: Este libro no es un haz de egoísmos. Tiene tres autores: no tiene tres partes. Es una sola cosa. Pretende que unida sea la obra como unido el ensueño que la creó. Ha nacido de la marcha fraterna de tres espíritus. Nada más. Después agregó los siguientes tercetos, que han sido calificados de malos y sin embargo son bellos y elocuentes. //Porque se va el montuvio, los hombres ya no son / los mismos. Ha cambiado el corazón / de la raza morena enemiga del blanco. // La victrola en el monte apaga el amorfino / tal un aguaje largo los arrastra el destino / los montuvios se van p’ bajo del barranco.

Cuando salió el libro en Octubre de 1.930 impreso en la Editorial Zea – Paladines, Joaquín solo tenía veintiún años de edad y ya era el Maestro, como jefe de una generación literaria que pugnaba por emerger y estaba llamada a ser piedra de escándalo por su índole realista y su voluntad de denuncia social, aunque Joaquín no gustaba de ese tratamiento y solo se consideraba un compañero más.

El país había soñado con el lirismo modernista y suntuoso de los años veinte que vistió al castellano con ropajes selectos y seductivos, pero como todo lirismo el modernismo fue una simple evasión. Con el grupo de los relatistas de Guayaquil de 1.930 el país se incorporó a una realidad contraria, sudorosa a trabajos e injusticias, es decir, se fue al extremo opuesto, pues de París pasamos al monte, de lo extranjerizante a lo nacional. Más, el libro fue pésimamente recibido por chocante, crudo, brutal, exagerado y por ser tan especial los críticos callaron en actitud despectiva, le acusaron de pornográfico y hasta las buenas tías de Joaquín se sonrojaron de vergüenza. La poetisa y escritora Rosa Borja de Ycaza advirtió a su joven amiga y pintora Alba Calderón, que no lo leyera porque eso no era literatura. Cuestión de gustos y criterios. Desde hacía dos años había amistado con el literato español Francisco Ferrandis Albors, trashumante aventurero que hacía crítica periodística en “El Telégrafo” bajo el pseudónimo anagramático de Feafa y con el escritor colombiano Carlos Cisneros Palacios que también trabajaba allí, quienes le habían empujado al realismo, adjurando de la vanguardia literaria por bárbara y antisocial. Feafa le decía que más convenía al país una literatura realista, expresión de una filosofía en la literatura que sirviera de furibundo alegato en pro de los humildes y revelara la magnitud de la tragedia social, que seguir en inútiles disertaciones antirítmicas. Por eso fue el mismo Feafa quien lanzó la clarinada de alerta sobre la nueva temática y forma reiterativa de la denuncia, declarando en su columna que el libro “Los que se van” era lo mejor de la literatura ecuatoriana del tiempo, pequeña obra maestra que conmocionaría la estética del Ecuador.

El 31, a raíz de la muerte de su tío abuelo Enrique, escribió Joaquín una “Notas” autobiográficas y explicativas de su desarrollo interno, de sus interioridades.

Tras esa primera publicación donde anunció estar preparando una novela sobre la tragedia del cacao enfermo, Joaquín creyó que era llegado el tiempo de actuar, de emprender el adoctrinamiento político a nivel sindical y empezó a trabajar en diversas asociaciones de obreros dentro del grupo comunista que lideraba su amigo el Dr. Ricardo Paredes. Bien sabía que la acción inicial había surgido de la masonería guayaquileña durante el siglo XIX a través de obras sociales y filantrópicas, para lograr la superación de los grupos de artesanos por la educación y la cultura, pero tales empeños habían disminuido considerablemente en 1.930 y la mayoría de esas asociaciones devinieron en sitios de reunión de la burguesía, habiéndose perdido la garra inicial. Así pues, la nueva lucha debía salir de los sindicatos formados por el pueblo llano, no por aburguesados artesanos entregados al juego de las clases altas en la Sociedad Filantrópica del Guayas, la Sociedad de Artesanos Amantes del Progreso, etc.

La época de oro de las izquierdas fue justamente entre los años 25 al 40 cuando dominó en los sindicatos y en las calles desplazando al viejo Partido Liberal, luego vendría el Populismo con Mendoza Avilés, Guevara Moreno y Asaad Bucaram. Y así, formando parte de una generación que le consideraba el Compañero consultor, se dedicó a estudiar los problemas nacionales con Pedro Saad, Enrique Gil, Rafael Coello Serrano, Alfredo y Pedro Jorge Vera, Roberto Nevares Vásquez, Efren Jurado López, Adolfo Hidalgo Nevares, Alfredo Palacios, Manuel Medina Castro, Rafael Díaz Ycaza, Cristóbal Garcés Larrea, Blanca Navas Palomeque, Jorge Swett Palomeque, Ana Moreno Franco, Elías Muñoz Vicuña, Jorge Maldonado Renella, Fortunato Safadi Emén, Dora Durango López, Ney Castillo y Miguel Augusto Egas hijo, entre otros.

A principios del 31 empezó una columna en “El Universo” y al mismo tiempo quiso completar su novela “Cacao” sobre el campo agostado e improductivo por la peste de la escoba de la bruja, que parece que nunca llegó a concluir, quedando a su muerte diferentes versiones de algunos capítulos imposibles de ordenar. En carta a Benjamín Carrión le declaró que iría a pasar unos días a la hacienda “Chojampe” de los Gilbert, cerca de Taura, para compaginar y darle feliz término, pero en eso se enfermó de fiebres palúdicas y no pudo viajar.

¿Por qué no la concluyó? Caben muchas respuestas, una de ellas es que aún no se había decidido a lanzarse enteramente a las calles o lo hacía a medias por su impedimento físico que le condenaba a transitar en los estrechos parámetros de los alrededores y como tampoco era un montuvio le era difícil escribir sobre el campesinado costeño. Hernán Rodríguez Castelo también ha respondido esta interrogante al afirmar que Joaquín siempre tuvo problemas estructurales en sus novelas, siendo más certero y pronto en el cuento, en la crónica rápida del periodismo, etc. y que los cinco miembros del Grupo de Guayaquil de los años 30, juntos, no llegaron a utilizar ni la mitad de los modismos montuvios que usó José Antonio Campos, a) Jack the Ripper, en sus sabrosos artículos humorísticos. De todas maneras, en Septiembre del 33 apareció en la revista “América” de Quito, uno de los capítulos, titulado En las Huertas. Ç

En 1.996 Nella Martínez , declaró al suplemento Semana de diario “Expreso” que Joaquín si terminó Cacao, cuyo subtítulo era La Escoba de la Bruja, por aquella peste que azotó las inmensas haciendas y lo que vibraba en la novela era la fuerza y el carácter de los montuvios, su inmensa pasión ante la tierra aunque no fuese propia, para hacerla fuente y origen de su ser. El manuscrito fue enviado a una editorial de Buenos Aires con la que Joaquín mantenía correspondencia y cuando la novela no fue publicada reclamó su devolución, pero nadie le dio razón de ella.

Refiriéndose a Joaquín, agregó: “Lo veo en la hamaca de su buhardilla, que se movía crujiente. Recostado mecíase para sentir aumentado el aire fresco que entraba por la ventana siempre abierta sobre los tejados y las azoteas vecinas llenas de voces o música. El cuaderno sobre sus rodillas, reemplazadoras de sus pies inmóviles, servíanle de apoyo al escribir. Y los lápices, sus cómplices múltiples, estaban al alcance de su mano. Les sacaba punta con firmeza como si de ellos solo dependiera la letra pareja y hermosa, antes de deslizarse en las páginas que lo esperaban. Muchas veces al día debió interrumpir la escritura ante la continua presencia de los camaradas y amigos. La consulta venía del sindicato de panaderos con los que trabajaba más frecuentemente o de los carpinteros. Igual llegaban los políticos o poetas con sus problemas y notas. A nadie he encontrado que percibiera la esencial razón del otro, en su más profunda raíz de inteligencia y comportamiento, como a Joaquín. Lo desnudaba, no para hacerle daño sino para comprenderlo mejor y proyectarlo desde su propia personalidad. Conversaba en cátedra sin proponérselo, por la sola seguridad de su voz potente y su más potente cerebro alerta desde su primer recuerdo de su invalidez. Desde ese momento comprendió su drama, y se lanzó a volar de otra manera venciendo al dolor de ser distinto y mutilado… Sin escuela, su cultura de autodidacta era un milagro de su inteligencia. Encontró la razón en el marxismo: explicación de las diferencias en la sociedad capitalista y a la vez alegato histórico del necesario desarrollo humano. Y no abandonó el quehacer del militante en medio de su pertinaz carácter de suscitador.

En Mayo del 31 empezó a escribir para “El Clamor” de Guayaquil y trató sobre la novela rusa. Dicha publicación alcanzó diecisiete números editada por Ferrandis Albors, Adolfo Hidalgo Nevares, Francisco Rodríguez G., Rigoberto Ortíz Bermeo y César Naveda Avalos. Su amigo el periodista Carlos Alberto Flores le llevó a integrar el “Centro de Estudios Literarios de la Universidad de Guayaquil” creado ese año bajo la presidencia de Rosa Borja de Ycaza, siendo el miembro más joven y el único de pensamiento de izquierda. Se puede considerar este honor como el primer reconocimiento oficial obtenido en su vida intelectual. Allí amistó con valores consagrado como José María Egas, José Antonio Falconí Villagómez, el ex Presidente Alfredo Baquerizo Moreno que se portó con Joaquín cariñoso y paternalmente, etc.

El 32 Benjamín Carrión alabó los cuentos de “Los que se van” desde París por ser el primer brote ecuatoriano de la nueva lírica hispanoamericana y como el mensaje fue lanzado en la capital de Europa alcanzó mayores ámbitos y logró limar las asperezas provocadas por las palabras crudas, las escenas exageradas, tremendistas y hasta las situaciones sexualmente comprometedoras; sin embargo, no faltaron espíritus juveniles que comprendieron que el mensaje iba más allá del ataque frontal a los convencionalismos y que exigía un cambio total de conciencia como natural y necesaria actitud hacia las grandes mayorías misérrimas del país y desde entonces los escritores mayorcitos como José de la Cuadra y Alfredo Pareja, nacidos en 1.903 y en 1.908 respectivamente, renunciaron a su temática intrascendente con títulos como “Sangre de Incas”, “Perlita Lila”, “Sol de Oro”, “Olga Catalina”, “Señorita Ecuador” o “La Casa de los Locos” y entraron al realismo social, formando parte del grupo constituido por Gallegos Lara y sus iguales, que dio la tónica al siglo XX en las letras nacionales convirtiéndole en el siglo del inconformismo a través de la acción.

Ese año 32 fue muy atareado, conoció a Luis Alberto Sánchez exilado en Guayaquil, trabajó para “Semana Gráfica”, en el semanario político “Cocoricó” de Clotario Paz y Eleodoro Avilés Minuche y desde su columna en “El Telégrafo” criticó el pirandelismo literario de Humberto Salvador autor de “En la ciudad he perdido una novela”, después lo haría con el absurdo a lo Kafka de Pablo Palacio en “Vida del ahorcado” pues su crítica siempre estuvo influida por una visión política y creía en la inminencia de una revolución marxista en el Ecuador, de manera que no había tiempo ni era oportuno ocuparse del arte, y colaboró en la revista “Hontanar” de Loja.

El 33 intervino en la primera Exhibición del Poema ecuatoriano organizada por la Asociación artística y cultural Allere Flamma de su amigo el Escultor Enrico Pacciani con “Film ferroviario” y durante una sesión en un Sindicato demostró tener un excelente humor a través de la siguiente anécdota. El Compañero Luis Felipe Huaraca Duchicela fue electo Director de la sesión pero muy orondo declaró que no la presidiría a menos que fuere reconocido heredero del Imperio del Tahuantinsuyo por los allí presentes. Joaquín tomó palabra y procedió a realizar un formal reconocimiento de tales derechos, en vibrante discurso por sus conocimientos históricos y por la amistad que le profesaba a Huaraca. Solucionado el impase, éste asumió la dirección, actuó de buen grado y todos contentos y satisfechos.

¿En qué fecha ingresó al Comunismo? El asunto no ha llegado a dilucidarse debido a la pérdida de los archivos de ese partido, pero su dedicación al adoctrinamiento político en sindicatos y asociaciones obreras le había granjeado el respeto de todos.

Otro asunto palpitante – del momento – fue la visita de una joven cañareja de vacaciones en la ciudad, María Nela Martínez Espinosa, llevada por su amigo Enrique Gil Gilbert a la buhardilla. Ella era una estudiante amiga de la literatura y la poesía que le admiraba en silencio tras haber leído uno de sus poemas en alguna revista y estaba de vacaciones en compañía de su madre. El amor fue a primera vista para Joaquín, no para ella que solo le admiraba como a amigo e intelectual. La pasión se hizo desorbitada y cuando al poco tiempo ella volvió a Cuenca, Joaquín quiso devolver la visita. Una locura dada su condición de paralítico pobre.

En el viaje a Cuenca admiró la fragosidad del paisaje, sus precipicios y peligros, la novedad del paisaje andino, sintió el intenso frío paramero que cala los huesos, contempló en toda su magnitud la tragedia del indio y su amiga Nela le alertó sobre la dolorosa condición de los porteadores de personas y mercaderías llamados comúnmente los Guandos, y comenzó a escribir esa novela que también dejaría inconclusa en manos de ella, quien la completó y publicó en la editorial “El Conejo” en 1.983.

La mutua estimación y trato acrecentó los sentimientos de afecto de la primera ocasión, al punto que hablaron de matrimonio. En ceunca también hizo buenas amistades literarias, conversó con G. Humberto Mata, recibió clases de quichua de Manuel María Muñoz Cueva y por meras críticas literarias -a Joaquín no le agradaba la poesía mariana- sufrió un ataque mientras paseaba a caballo por las calles de Cuenca, del que se salvó merced al ardid de sacar una pistolita que llevaba consigo, posiblemente avisado de la mala voluntad que alguien le tenía.

José de la Cuadra publicó en Septiembre, en la revista “Semana Gráfica” de El Telégrafo, un enjundioso artículo sobre su obra literaria, mencionando a Joaquín como el suscitador, quien se sinceró a su regreso a Guayaquil con Pablo Palacio, que se había dado cuenta de los inconvenientes del amor que profesaba a Nela y así se lo dijo. Discutieron, la amistad terminó. ¡Fue una pena enorme!

El matrimonio se realizó en Atocha cerca de Ambato con la premura que siempre ponen los enamorados. Ella había viajado a esa ciudad para aceptar un puesto de profesora primaria ofrecido por un amigo de su padre. De vuelta a Guayaquil los recién casados fueron con Doña Enma a un departamento alquilado desde dos años atrás por Feafa, en Clemente Ballén entre Boyacá y García Avilés, al lado de la casa esquinera a Boyacá propiedad de la familia Durango. Allí vivieron con Enrique Gil Gilbert recién casado con Alba Calderón, el pintor Alfredo Palacios y por supuesto Feafa. Entre todos se repartían las labores en un ambiente de franca camaradería, prestándose los libros unos a otros, recibiendo visitas y organizando tertulias literarias. Enrique Gil le cargaba caundo salían a la calle pero se lo prohibió Alba porque la incontinencia de orina de Joaquín le dejaba el cuello de la camisa mal oliendo.

Años después, rememorando esos días, Nela diría “Compartíamos una activa militancia política. No hacíamos armas para el trabajo literario sino para el trabajo sindical. Escribíamos manifiestos, íbamos a los sindicatos, nos reuníamos con gente a la que ayudábamos a que aprenda, comprenda y participe en un movimiento que considerábamos era necesario, aunque esto nos llevaba mucho tiempo y exigía de mucha entrega, era una práctica muy hermosa en cuanto a comunicarse.”

Por esos meses del 34 ocurrió una huelga general de panaderos que pedían un aumento de jornal de tres a cinco sucres diarios. Velasco Ibarra ocupaba por primera ocasión la Presidencia de la República y los panaderos aprovecharon una visita suya a Guayaquil para solicitar una audiencia. Velasco Ibarra salió al Salón de Honor a escucharles y Joaquín tomó la palabra. Velasco Ibarra muy adusto, le escuchó hasta el final y entonces, en uno de esos exabruptos que le singularizaban, gritó “A ver señor, enséñeme sus manos” Tomado de sorpresa, Joaquín obedeció y Velasco Ibarra, triunfante y dirigiéndose a los presentes dijo: “Estas manos no son de panadero”. La sorpresa fue general, se produjo un silencio comprometedor, pero rápido se oyó una sonora carcajada. Era Joaquín que se reía del Presidente en su cara y demás está decir que fue coreado por todos los presentes en alboroto increíble. Velasco Ibarra, amoscado, viendo la imposibilidad de enfrentarse a un inválido, dio media vuelta y sin decir palabra se retiró bravísimo. Horas después, la sede de la Unión de Panaderos fue ocupada por la policía, provocándose un grave escándalo pues más de cien huelguistas fueron conducidos presos, aunque a la postre los propietarios de las panaderías subieron los salarios. Joaquín fue el héroe de esas jornadas. Ese año también fue redactor del periódico “Bandera Roja” del partido comunista.

En Marzo del 35 terminó de escribir su ensayo “Biografía del pueblo indio”. Poco después ocurrió un incidente entre Alba Calderón de Gil y Nela, quien se cansó de vivir en Guayaquil y partió a Quito. Joaquín la siguió en gesto verdaderamente romántico y heroico dado lo penoso que le era moverse. Lo hizo en compañía de su madre.

Para subsistir se hizo dar de su amigo el Ministro de Educación, Dr. Carlos Zambrano Orejuela, abogado de filiación socialista, una plaza de ayudante en la Biblioteca Nacional y como nunca faltan los estudiantes burlones, empezaron a solicitar los libros que estaban más elevados, solamente para ver como trepaba con sus manos como si fuera un mono o un maromero. Tal espectáculo se repetía diariamente hasta que llegó a oídos del propio Ministro -que lo estimaba por coideario- quien le ascendió a Jefe de la Sección Archivos con S/. 250 mensuales de sueldo para que trabajara en paz, lejos de la muchachada.

Había alquilado con su madre una pieza interior en la calle Flores, a solo cuatro cuadras de distancia del Ministerio. El servicio higiénico era común para todos los inquilinos y estaba al final del corredor. No había agua caliente pues el vecindario era pobre. Dña. Enma se encargaba del aseo de su hijo, cada dos días le bañaba y como subsistía el problema de su movilidad, Luis Pérez, dirigente de la Fábrica La Internacional de tejidos ubicada en Chimbacalle, le presentó a su pariente Juan Alberto Falcón Sandoval, albañil de veintidós años de edad, oriundo del pueblecito de Alaques, para que le trabaje puertas adentro como empleado doméstico, cargándole sobre sus fuertes hombros. Falcón terminó viviendo en la pieza, que era grande y espaciosa.

Cada mañana, a las ocho, Falcón le llevaba a visitar a Nela que vivía en un primer piso alto. A las nueve lo trasladaba al Archivo y regresaba a las doce para llevarle a almorzar a su pieza, casi siempre una sopita de queso, carne asada y puré de papas, todo en pequeñas porciones. Por la tarde se repetían los viajes porque se trabajaba doble jornada. Como buen goloso Joaquín se desvivía por los aplanchados, aunque también le agradaban los cakes y los higos en almíbar y en raspadura o confitados.

Pronto se hizo popular pues no era usual ver a un hombre cargando a otro. A veces sus amigos costeños lo embarcaban en sus carros. En una ocasión Benjamín Carrión lo invitó a su hacienda y conversaron largamente. Numerosos artistas y escritores le buscaban. Con ellos hacía planes culturales. Por eso se ha dicho que, desde todo punto de vista, su estadía en la capital le fue altamente provechosa.
El Camarada Juan Tacle, miembro del Partido Comunista y de profesión zapatero remendón, las más de las veces le conducía a los mítines y reuniones para que tome la palabra o dicte conferencias. Jorge Icaza lo presentó en el Sindicato de Escritores y Artistas, el Coronel Juan Manuel Lasso se desvivía atendiéndole. La Confederación Obrera le invitaba a la Casa del Obrero y en las Asambleas le sentaban en la mesa directiva. Tomaba la palabra, se exaltaba, arengaba con energía no exenta de lógica y emoción. Finalmente era aplaudido con frenesí, los obreros se lanzaban a abrazarle y en hombros lo retornaban a su pieza. También estuvo junto a la Federación Ecuatoriana de Indios ( FEI.)

Entre los líderes indígenas más amigos estaba Ambrosio Lasso, famoso como caudillo del levantamiento de Leito contra un gamonal colombiano apellidado Restrepo, que negaba a la Comuna el uso de unas aguas cercanas. El asunto tomó características nacionales cuando la fuerza pública mató en 1.923 a varios comuneros. Finalmente se impuso la razón y el agua fue para el bien de todos. Lasso le visitaba continuamente, estaba aprendiendo a escribir para ayudar a otros dirigentes de la Liga de Pule y Galte. El Ministro Zambrano le contaba entre sus asesores y cada cierto tiempo concurría a su despacho para tomar consejos. Un día le llamó el Dictador Federico Páez a la Casa presidencial y trataron treinta minutos sobre lo más aconsejable para el país. Esos fueron buenos tiempos, pero desde Noviembre del 36, a raíz de un alzamiento armado en el interior de un Cuartel, llamado la guerra de las Cuatro horas, el Ing. Páez se deshizo de sus ministros izquierdistas y el Ministro del Interior Aurelio Armando Bayas Argudo comenzó la persecución de los elementos progresistas del país. A unos hacía coger presos y a otros mandaban confinados a las Islas Galápagos.

En 1.936 Joaquín fue cancelado pero aun tuvo fuerzas para fundar con Atanasio Viteri la revista “Base”, cuyo segundo número incineró la policía. Por ello se temía una orden de prisión en su contra o por lo menos un atropello, pero no quiso ocultarse a pesar de las continuas advertencias de sus amigos.

Una tarde, ya sin esperanza en un cambio, habiéndoseles agotado la reserva de dinero, su madre le dijo: “Vamonos”. Joaquín no tuvo mas alternativa que aceptar pues sus relaciones con Nela habían terminado y Quito no le podía ofrecer nada más.

El regreso fue aparatoso. Joaquín, su madre y Falcón tomaron el coche de primera en Chimbacalle con unos pasajes de cortesía conseguidos por un amigo, pero al arribar a la estación de Riobamba le dieron la mala noticia de que por orden de la presidencia de la República habían quedado anulados los pasajes gratuitos y como no tenían dinero para conseguir otros les hicieron desembarcar en Cajabamba, alojándose en la choza de unos indígenas mientras Doña Enma solicitaba a su hermano una remesa de dinero para superar la situación. Ni siquiera contaban con colchas para abrigarse del intenso frío y como la libranza demoró quince días en llegar y cobrarse, fue una aventura amarga, casi una tragedia.

En Duran los recibió el Dr. Julián. En la casa encontraron a numerosos periodistas y fotógrafos ansiosos por conocer los detalles del viaje y Joaquín pidió permiso a su tío para formular declaraciones. Ya era una figura reconocida como escritor y político nacional, pero comenzaba una nueva etapa de su vida, la más dura, por su enfermedad final.

En Guayaquil permaneció cinco meses sin trabajo y tramitando su divorcio, entre tanto le designaron miembro de la Asociación Ecuatoriana “Allere Flamma” y como Pedro Saad había salido al exilio en Costa Rica donde fundó el Partido Comunista de ese país, se hizo cargo de la Jefatura del Comité regional para el litoral.

Su amigo el Profesor Ernesto Guevara Wolf le empleó de Amanuense en la Dirección Provincial de Estudios con S/. 250 de sueldo y desahogado de sus apuros económicos volvió a frecuentar a sus amigos, a los escritores y estudiantes que le consultaban con delectación. De esa época es un prólogo escrito para una de las obras de Clotario Paz y la reiniciación de sus escritos para “El Universo”, trabajito poco remunerado que sin embargo le era de gran ayuda.

A la salida del trabajo, cayendo la tarde, se hacía conducir de Falcón al salón Chanchán donde se servían una concha de helados o iban a beber un vaso de vino tinto o una Cerveza grande, de las llamadas Chop, en Lanatta, esquina del Malecón y Avenida Olmedo. Entonces permanecía por largos minutos con la mirada perdida en la ontananza, como inquiriendo al destino el porqué de su desgracia. En otras ocasiones se hacía llevar a una pensión cercana a su casa, de esas pensiones que se llaman de mal vivir, para mantener relaciones con mujeres públicas. A la bajada le decía a Falcón algún comentario simple, como de disculpa por el pecadillo cometido, pues siempre fue un hombre viril a pesar de su incontinencia de orina.

A fines del 37 publicó su poema “Romance de la Rural” denunciando los abusos que cometía esa policía y entró en polémicas con los poetas marianos que aún quedaban en Cuenca. Su amigo y protector Carlos Alberto Flores, nuevo Subdirector de Estudios, le tomó cariñosamente a cargo como Secretario y hasta le consiguió una ocupación a Doña Enma, de ecónoma en el Internado de la Escuela de Reeducación de Menores, con S/. 200 de sueldo. El tema diario de la Guerra Civil Española era otro asunto que le mantenía ocupado y con varias amigas del partido ayudó en las labores del Socorro Rojo para enviar dinero, alimentos y vituallas a la España Leal.

En la Subdirección trabajaba poco, conversaba con Flores quien le solicitaba consejos y hasta una pequeña biografía de Francisco Campos Coello que por allí debe andar impresa. Su fama de intelectual era por todos reconocida. Visitaba a sus amigas las Herrería en su departamento de Vélez entre Boyacá y García Avilés. Ellas le pusieron “Joaco”, sobrenombre que le empezó a gustar. Fue una etapa feliz, dentro de lo posible, pues aún le dolía su divorcio.

El 38 figuró entre los miembros fundadores de la Asociación de Artistas y Escritores Independientes. El 39 estuvo entre los que recibieron y atendieron al escritor norteamericano John Dos Pasos en el salón Fortich y a fines de año el problema mundial de la II Guerra Mundial copó toda su atención. El 40, al ocurrir la muerte de su amigo José de la Cuadra, quiso terminar la novela “Los monos enloquecidos” que éste había dejado inconclusa y hasta tuvo en su poder los originales, pero al solicitar el permiso a la viuda, le fue negado. El 41 se preocupó hondamente por la invasión nazi a Rusia, prologó la novela “Las huellas de una raza” del escritor Marco Antonio Lamota y comenzó una novela netamente urbana del Guayaquil de comienzos de siglo, fundada en las historias oídas a su tío Julián, donde seis personajes entretejen sus historias hasta caer asesinados a balazos por el Ejército Nacional durante la matanza de pueblo y obreros ocurrida el 15 de Noviembre de 1.922, tema de denuncia que le sirvió para desplegar las banderas del mensaje social, impactando con la magnitud de esa tragedia, que pormenorizada en sus más íntimos detalles presentó macabra, espeluznante.

El 42, tras la suscripción del Tratado de Río de Janeiro, conciente de la inercia del gobierno, adoptó una política anti arroyista y fue sacado de su cargo en 1a Subdirección. Lo mismo le ocurrió a su madre. Fueron tiempos de mucha agitación política y sindical. Vicente Lombardo Toledano, Presidente de la Confederación de Trabajadores de América Latina visitó el país y fue recibido y aclamado en todo el país. El 43 formó parte del “Frente Unico Antifacista” fundado en Quito por Raymond Meriguet, concurrió al Congreso de Trabajadores del Guayas, antecedente inmediato de la Federación Provincial de Trabajadores y como miembro del Partido Comunista concurrió al agasajo tributado por un grupo de amigos al Dr. Francisco Arízaga Luque, luego de su incidente con el Intendente General de Policía de Guayaquil, Manuel Carbo Paredes. Tomó la palabra en dicho acto, a nombre de todos los presentes. La pieza oratoria fue brillantísima y aún la recuerdan algunos viejos de esta ciudad. A Joaquín el tiempo le venía escaso porque “El Universo” le había solicitado dos columnas, “Noticiario Tropical” y “Problemas y Perspectivas”, desde las cuales difundió el ideario de “Acción Democrática Nacional” ADE.

Su asistencia a numerosos mítines le hicieron una figura popular y era fama que cuando cargaba la caballería a sablazos, su empleado Juan Falcón le depositaba encima de un hidrante del Cuerpo de Bomberos y salía corriendo. Allí le lomaban preso y luego había que agenciar su salida de la Cárcel, pero él era así, le gustaba ir a prisión.

En su buhardilla tenían lugar numerosas reuniones conspirativas contra el oprobioso arroyismo a la que concurrían sus amigos comunistas Manuel Arenas Coello, Pedro Saad, Manuel Medina Castro hasta cuando los sacaron del país. Otros eran simples simpatizantes.

Por esos días le ocurrió la siguiente anécdota que habla de su percepción y agudeza en materia internacional. Resultó que, encontrándose en frente de un afiche a colores con el rostro sonrosado de Winston Churchill, Primer Ministro Inglés y líder de su Patria en la II Guerra Mundial, le fue cambiando rápidamente el rostro con un lápiz hasta asemejarlo a Hitler, dando a entender gráficamente a sus amigos que para los comunistas, ambos líderes eran meros burgueses, es decir, la misma cosa.

Después del triunfo de la revolución popular del 28 de Mayo de 1.944 la Municipalidad de Guayaquil le premió con una artística Medalla de Oro, impuesta en la Sesión Solemne del 25 de Julio, por sus valientes escritos en “El Universo”. Fue su minuto de gloria, salió retratado en todos los periódicos, gozó de popularidad. Varios estudiantes del Colegio Nacional Vicente Rocafuerte pidieron su designación pero algunos maestros tuvieron la avilantez de oponerse, pretextando su defecto físico, cuando en realidad era por sus ideas políticas. Por eso tuvo que conformarse con la designación de administrador boletero de la piscina Municipal No. 1 ubicada en la intersección de las calles Malecón y Loja con S/. 300 de sueldo, pero en compensación sus amigos los Concejales le concedieron un terreno municipal en arrendamiento, ubicado en Brasil y Argentina, cuya posesión traspasó a un tercero en momentos de necesidad, para saldar urgentes deudas, posiblemente originadas en la edición de su novela que aparecería poco después.

El 45 escribió el prólogo de “Tierra, son y tambor” de su amigo el poeta negrista Adalberto Ortiz. Ese año volvió a Quito con motivo de la inauguración del Congreso de la Confederación de Trabajadores del Ecuador CTE. se hospedó en el Hotel América de la Plaza del Teatro y permaneció cinco días. Aprovechó para visitar a su amigo Carlos Guevara Moreno que estaba de Secretario General de la Administración y despachaba en palacio. Salió Guevara y díjole “Joaquín. Disculpe que no podemos hablar en este momento porque estoy con el Dr. Velasco Ibarra en una reunión. Luego le preguntó dónde estaba hospedado, pero no fue a verle como le ofreció por compromiso, pues ya tenía pensada una dictadura y sabía que no recibiría el apoyo comunista, como así efectivamente sucedió.

De esta época es un incidente romántico que le sucedió con Olga Herrería Herrería, Profesora de una escuelita pública frente a su casa, a quien miraba de reojo a través de su ventana cuando ella llegaba y se bajaba del tranvía. Notado el interés, habiendo amistad de por medio, pues Pedro Saad era casado con Isabel Herrería, empezó a visitarlo como amiga, pero luego se hizo su secretaria y hasta su confidente. Fue un amor meramente platónico de parte de Joaquín, que ella no adivinó siquiera. El estaba muy ilusionado como buen romántico y hasta llegó a cometer el ardid de solicitarle cartas de amor escritas por un corazón femenino dizque para lograr una mayor autenticidad y poder utilizarlas con éxito en una novela que estaba preparando. Ella, más por complacerle, le siguió la cuerda algunos meses. Esas cartas eran atesoradas por Joaquín, que llegó a contestarlas para allegar suficiente material para la tal novela que nunca comenzó. Una tarde, ya enfermo de cuidado y despechado de su suerte las hizo volar al viento desde su buhardilla y cayeron sobre la azotea de un edificio vecino donde las encontraron al día siguiente varios muchachos, uno de los cuales las recogió y se tomó el trabajo de leerlas. Así fue como se perdió para siempre tan inocente como extraño epistolario.

El 46 fue electo miembro de la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas, prologó el poemario “Las estaturas en el Mar” de su amigo Rafael Díaz Ycaza y tras la aciaga dictadura velasquista del 30 de Marzo se sintió mal y permaneció varios días en su casa, muy deprimido a causa de la pérdida de su empleito en la piscina municipal. Ya no podía darse el lujo de tener a Falcón -a quien el populacho había bautizado con el remoquete de las piernas de Gallegos Lara- y hasta empezó a adeudarle el sueldo, pero su tío Julián salió en su ayuda, tomando a cargo esa responsabilidad.

Ese año Falcón se casó con una empleada doméstica de la familia Herrería, a la que conoció durante las continuas visitas de Joaquín a esa casa, y dejó de acompañarlo como sirviente tras doce años de servicio. Entonces Joaquín mandó a confeccionar un triciclo a pedales donde su vecino el maestro Blacio, pero se le dañaba de continuo y terminó por abandonarlo. Fue una época muy dura y como desde el 44 estaba empeñado en concluir su novela sobre el 15 de Noviembre iniciada el 41, le dio los toques finales con el título de “Las Cruces sobre el agua” y entregó a los talleres de la Editorial Senefelder de sus amigos Ana y Francisco Moreno Franco, que no le quedaron del todo bien, porque se demoraron más de la cuenta.

La edición apareció en Mayo, dedicada a la Sociedad de Panaderos, financiada en parte por su amigo Pedro Jorge Vera, propietario de la librería “Vera y Cia.”, que le adelantó algo de dinero por la distribución exclusiva. La portada corrió a cargo de Alfredo Palacios. El libro fue iluminado con siete grabados de Eduardo Borja Illescas y constituyó un éxito pues era la gran novela que el país reclamaba sobre la matanza del 15 de Noviembre, aunque también lo es del Guayaquil de inicios de siglo, con su pobreza, plazas y gente. La crítica comentó que pertenece a una época avanzada del realismo social ecuatoriano, ya menos costumbrista y desplazado del campo a las urbes debido al éxodo del campesinado por la crisis económica de los 30.

El 46 ofreció a una Editorial argentina sus originales sobre el cacao, novela que estaba por concluir, pero no se llegó a ningún arreglo. Faltó voluntad de los editores. Un breve testimonio de ella ha quedado en el capítulo titulado “En las huertas” que entregó a su amigo Alfredo Martínez para su publicación en el No. 53 de la Revista “América”, del grupo de ese nombre en Quito. Ese año escribió mucho sobre temas políticos y literarios.

Por entonces se produjo un serio incidente en el interior del Partido Comunista. Resulta que Earl Browder, Jefe del comunismo norteamericano, quien escribió en 1.942 dos obras tratando de soliviantar a los camaradas latinoamericanos para que se acogieran a las directrices del comunismo norteamericano y renunciaran a la Internacional de Moscú. Joaquín leyó los libros y en una reunión celebrada en su casa, cogiéndose con ambas manos sus tirantes, gritó vascosidades contra Browder y los norteamericanos, acusándoles de tratar de inducir al error a los obreros y trabajadores de occidente. Esa posición tajante y al mismo tiempo irreductible, de fanático se dijo entonces, le alejó de todos los líderes nacionales del Partido, que estaban indecisos pues veían con sumo interés político la alianza con los comunistas norteamericanos. Finalmente, dicha posición de entendimiento se debilitó cuando el tratadista francés Jacques Duclós denunció a Browder y al brauderismo como un “peligroso desviacionismo”, pero en Guayaquil se continuó considerando a Joaquín como un ser intratable por su inconmovible ortodoxia de izquierda, obsecado y difícil, poco maleable en suma, mientras el brauderismo pasaba por el panorama político latinoamericano como algo que pudo ser y nunca fue.
Así fue como empezó su aislamiento, al que le sometieron inmisericordes sus propios camaradas, que dejaron de visitarle. Y todo ello coincidió con el inicio de una fétida infección en genitales, posiblemente originada por la escara o fístula rebelde en el recto, que tenía desde el 34 y jamás se le había curado enteramente a pesar de los cuidados y tratamientos de su madre.

Su tío Julián le recetó lavados de las zonas infectadas con la solución Carrol and Decker a base de hipoclorito de sodio que se los aplicaba diariamente su amigo el estudiante de medicina Fortunato Safadi Emén y que no surtieron efecto pues el asunto tomó un cariz canceroso. El enfermo no se engañaba y comprendiendo la gravedad de su situación decidió aprovechar el poco tiempo que le quedaba de vida, terminando varios trabajos que mantenía pendientes, comenzando por el que creía más fácil, un libro de cuentos que tituló “La Ultima Erranza” por el nombre de uno de ellos (4) y que alcanzó a imprimir en México en 1.947, obra que la crítica ha considerado como la de mayor construcción de todo lo suyo.


(4) Enrique Noboa Arízaga me ha referido que durante el viaje realizado al austro ecuatoriano, Joaquín conoció en Cañar el suceso que motivó su cuento “La Ultima Erranza”. Se trataba de un misterioso viajero aparecido en esa población años atrás, durante la epidemia de bubónica. Como nadie iba al pueblo por Ia enfermedad y el aislamiento, su llegaba atrajo la atención de los moradores. El sujeto en mención fue hacia una tienda y pidió cinco centavos de pan. Era todo lo que tenía y se le veía cansado. Entontes un quidam del lugar gritó “No le vendan que es el judío errante”, quien según cuenta la leyenda, recorre el mundo sin descanso hasta el final de los tiempos, según creencia popular extendida desde la colonia. Acto seguido le empezaron a maltratar hasta matarle al grito de “Asesino de Cristo” y luego le dejaron tirado en un sitio cercano llamado el Panteón de los Porros. Dicho suceso causó la natural conmoción del poblado y no se habló más que de eso por mucho tiempo, llegando el recuerdo de tan fatal ataque a oídos de Joaquín, quien debió guardarlo en su subconciente para algún día trasladarlo al papel, como efectivamente ocurrió al final de sus días. Aunque otros piensan que el motivo pudo ser considerado por la persecución nazi contra los judíos que el 46 se empezó a conocer en toda su magnitud o que bien pudo ser un trasfondo de su propia vida, ya para terminar.
También quiso finalizar una biografía de Rumiñahui dedicada a la memoria de varios ilustres dominicanos por el recuerdo al Padre Bartolomé de las Casas y cuyos originales acaban de aparecer después de permanecer por muchos años en poder de Jorge Enrique Adoum, quien los recibió de manos de la madre de Joaquín en 1.948.

Escribía por las mañanas desde las siete y media haciéndose llevar la máquina sobre una mesita rodante y sentándose trabajosamente al filo de la cama con el mal olor de su enfermedad, que al final era casi intolerable. Escribía con lápiz sobre papel blanco sin rayas, tomando hasta cinco y seis tazas de café puro sin azúcar al día. A las doce almorzaba, hacía siesta y si la fiebre se lo permitía volvía a escribir. A veces recibía a algún amigo por las noches, pero no siempre. Así fue como también avanzó en su biografía de Rumiñahuy, que sacaba en limpio Olga Herrería, secretaria ad-honorem suya en sus últimas épocas.

Su madre y Clemencia Quiñónez Torres, inquilina de los bajos y amiga que le atendió en los últimos tiempos con una abnegación a toda prueba, eran sus ángeles guardianes. Su tío quiso llevarlo a los Estados Unidos, donde posiblemente en el Hospital de los Doctores Mayo en Rochester le hubieran recetado algún antibiótico, pero la Visa le fue negada en el Consulado; entonces, desesperado ante la crítica situación, le trasladó a Lima, pero era muy tarde.

Falleció en Guayaquil el domingo 16 de Noviembre, a las 12 y 45, en su casa. Tenía solamente 37 años de edad y había permanecido cuatro meses en estado de gravedad. Doña Enma, habiendo rogado a los santos de su devoción que mantuvieran con vida a su hijo siquiera hasta que terminara su biografía de Rumiñahuy y sintiéndose defraudada, lanzó varias imágenes al suelo. Le sobrevivió varios años pues murió el 64 en Guayaquil.

El sepelio fue con Capilla Ardiente como correspondía a tan alto escritor. El lunes 17 amaneció la Universidad de Guayaquil enlutada a pesar que Joaquín jamás había sido ni alumno ni profesor de ella, tal su buena fama de intelectual conspícuo. Después fue trasladado el cadáver a la Sociedad de Carpinteros y al local de la Casa de la Cultura en Pichincha e Illingworth donde un orador dijo: Llama viva de fervor justiciero, de militancia heroica por la democracia económica y social.” Y Pedro Jorge Vera leyó el siguiente verso: “Soneto sin llanto por Joaquín Gallegos Lara”.- // No es lágrima, Joaquín, lo que aparece / al filo de mi voz adolorida; / es el silencio de tu voz querida / que fundiéndose en la sombra, permanece. // Cómo crece el silencio, cómo crece / y como cubre nuestra tierra herida /cómo al aproximarse tu partida / la sangre de tu pueblo se estremece. // Pero no hay llanto, / pero no hay sonido / para tu verde corazón dormido / para tu frente pura de arquitecto / para tu soledad irremediable / este adiós silencioso, adiós perfecto…//

El 48, el partido comunista envió a Jorge Enrique Adoum a recoger la documentación de Joaquín para escribir una biografía que le hiciera justicia. Fruto de sus entrevistas con Dña. Enma fue un artículo aparecido entonces que dice en lo medular: Su casa en la caite Manabí 308, hay 7 escalones hasta el descanso y de allí 13 hasta su piso. Los libros están en su lugar, 106 papeles a los que un día sobrevendrá un otoño largo, el único de este país; en las paredes los mismos retratos de Lenin, de Stalin y el diploma que el Municipio le otorgó en reconocimiento a su labor de preparación de la conciencia cívica nacional que reapareció el 28 de Mayo. Está su madre con su heroísmo de costumbre, pero crecida, pero agigantada. Los mismos zapatos de color café, empolvados por el tiempo, bajo su cama angosta; la misma silla junto a la cama, con las cosas que sus manos dejaran allí la última vez. Y su camisa, con un pañuelo vencido en el bolsillo, lo espera en el respaldo de esa silla. Todavía la lavandera lleva ropa blanca y limpia de Joaquín la tarde de algún sábado. Y cuando con la brisa algo fresca, cuando con el cansancio, llegan las cinco de la tarde, recordamos que es la hora de ir a visitarlo, de hablar con él, de hacer claridad sobre lo que en el mundo nos es oscuro, todavía tenemos necesidad de él, nos hace falta…¿Y la biografía? Bien gracias.
El 48 apareció en los “Cuadernos del Guayas” que publicaba el Núcleo de la CCE. un capítulo inédito titulado Los Fugaces aromas, de una novela que había comenzado con el título de “La selva junto al río” y que tampoco se sabe hasta donde dejó iniciada. El 52 su ensayo “Biografía del pueblo indio” y el 56 sus “Cuentos completos”.

Viril, trigueño, cabellos negros y mirar adusto. Estatura mediana, ojos salvajes, fuertes y penetrantes que hasta asustaban a las damas. Una de ellas, mirándole a la cara, le dijo medio en broma: Prometeo encadenado, y se ganó su antipatía (Violeta Herrería Herrería), otra le tenía miedo (Inés Núñez del Arco Andrade ). Orejón, narigón, maestro y consejero. Pareja Diez Canseco en su obra “El aire y los recuerdos” dice: Admiraba su gran capacidad polémica y su apasionamiento. Su voz metálica, hinchándole las venas del cuello, salía de un pequeño cuerpo de enfermo. Tenía un hermoso rostro feo, mucha firmeza de rasgos, mucha nobleza en la frente y un ágil y puro brillo en la mirada, más también las orejas enormes y separadas, la nariz hinchada y roma y unos labios anchos que se daban con prontitud a la risa generosa.

Su importancia nacional radica en haber encabezado el comienzo del movimiento revolucionario, en haber entregado su talento y su pluma al arte, al cuento, la novela, el relato, la poesía y el periodismo. Sus escritos son de contenido sociológico. Su preocupación fundamental el destino del proletariado. Su pensamiento clasista y revolucionario. Difundió ideas rebeldes y patriotas, practicó la verdad, luchó por los pobres y quiso para su Patria mejores días.

Creó una conciencia, motivó a los talentos, fue maestro de toda una gran generación y líder de su Partido. Fue, pues, uno de los mayores ecuatorianos de su época y como escritor no ha envejecido.

En lo personal era de poco comer, de excelente carácter y fanático en las discusiones, dialéctico y nunca lineal, quienes le trataron me han manifestado que usualmente escribía en su hamaca con lápices suaves que despuntaba con una navajita y pasaba en limpio esos borradores en una máquina de escribir color negro. Compraba los lápices en la Librería Anzoátegui de 9 de Octubre y Pedro Carbo y el papel por gruesa donde Zea, en Illingworth y Pichincha.

No se le conocen debilidades, jamás se quejó de la vida ni de su parálisis pues era, lo que se dice, un carácter estoico, que se autoeducó para la cultura y para la vida. Nunca abusó de la bebida ni fumó. En los años 80 Jorge Enrique Adoum publicó la novela -texto con personajes dijo que era- “Entre Marx y una mujer desnuda”, que la crítica nacional aclamó por bien escrita, conteniendo pasajes de la vida de un Joaquín muy tergiversado. Se ha dicho que es un gran libro pero no de fácil lectura por sus varios niveles, aparte de ser novela en clave donde el personaje central José Gávez parte de la figura real de Joaquín Gallegos Lara y en los demás personajes la relación es algo remota. Los que conocieron a Joaquín creyeron entonces y aún lo sostienen, que la novela presenta una caricatura del gran novelista, que por supuesto no le hace justicia. Otros, más liberales, piensan que después de todo, recordarle, ya constituye un homenaje valedero y que cada quien tiene el derecho a expresarse a su manera y siendo Jorge Enrique un novelista, mal pudo escribir la historia de quien fuera el gran comandante de un escuadrón glorioso de jóvenes escritores y políticos que se sacrificaron en su momento por el triunfo de un ideal de belleza literaria y de justicia social. En 1.996 Camilo Luzuriaga adaptó “Entre Marx y una mujer desnuda” al celuloide y produjo una cinta de hermosa composición, digna del nuevo Cine ecuatoriano.