Mariana de Jesús


El 22 de Noviembre de 1618 y en la Capilla Mayor del Sagrario de Quito bautizaron una niña llamada Mariana, hija del matrimonio de Jerónimo Flores y Zenel de Paredes y Mariana Meléndez de Grannobles y Jaramillo, es la última de la familia y pasará a la historia ecuatoriana con el nombre de Mariana de Jesús.

De ella se cuentan en los Procesos Canónigos que se iniciaron después de su muerte, muchas anécdotas. Su mismo nacimiento ocurrido el 1° de noviembre de ese año fue “portentoso” porque en los momentos del alumbramiento se vio en el cielo una multitud de estrellas formando un haz de luz resplandeciente que desapareció tan misteriosamente como había surgido. Este fenómeno fue observado por parientes, amigos y servidumbre, como veinte personas en total, según se desprende de la lectura de “Los Procesos”, donde la Magia y lo sobrenatural se mezcla con la realidad en cada página, de allí que no sean nadita confiables como testimonio histórico debiéndoselos tomar más bien como algo vernáculo y casi folcklórico, digno de esos tiempos de cursilerías y de credulidad.

PRIMEROS PASOS
La futura santa solo tomaba el seno materno dos veces al día y a horas fijas, al mediodía y al comienzo de la noche. Nadie le hacia cambiar de costumbre, ni las nodrizas criollas y españolas que contrataron lograron mayores éxitos.

Su belleza física llamaba la atención. Era una criatura hermosísima que lloraba inconsolablemente cuando alguien le descubría el cuerpo o le acariciaba la cara.

A los dos años viajó a Cayambe con su madre y al tratar de vadear el río Pisque, también llamado de las Ovejas, la cesta donde la conducían fue lanzada a las aguas por la mula que la conducía y en lugar de ser arrastrada por el torrente, flotó sobre las ondas del río y un doméstico las rescató sana y salva y volvió a montar, siguiendo el camino como que si nada hubiera ocurrido. Portento que se comentó por varios años en Quito. En otra ocasión cayó de una pared de cinco metros sobre un montón de filudas piedras sin sufrir lesiones. Estas coincidencias presagiaban una vida maravillosa; pocos meses después murió su madre, quedando al cuidado de su hermana mayor Jerónima de Paredes mujer del Capitán Cosme del Caso, con quienes vivió en familia.

PRIMEROS JUEGOS Y ENSEÑANZAS
Estudió letras, aritmética, canto y labores con profesores especiales, llegando a sobresalir en música y al cabo de poco tiempo tocaba guitarra, cítara y vihuela. Atenta al espíritu de su época dedicaba muchas horas a la oración, enseñando a los menores de la casa cuanto concernía a las cosas del espíritu y muy especialmente a las de Dios. Levantó numerosos altares en los largos corredores que daban al patio y a la fuente interior, organizando procesiones con andas e imágenes sagradas. En otras ocasiones reemplazaba las estatuas de santos con cruces y ella tomaba la mayor y más pesada, en plan de expiación y sacrificio.

VIAJE Y PROYECTOS DE VIDA
En 1624 su hermana Jerónima se trasladó por una corta temporada a la hacienda familiar situada en Saguanche no lejos de Quito. Allí Mariana, que ya contaba seis años, se hirió la espalda con ramalazos hasta hacerse llagas y sangrar profundamente. El mayordomo se enteró del asunto y lo comentó, lo que le valió una fuerte reprimenda a la niña penitente. Pocos días después volvió a las andadas y se puso un silicio de ramas de zarzamora y espinas en la cintura, pecho y espalda. Su hermana Jerónima la descubrió y a poco regresaron a la capital.

En 1626 hizo su primera comunión en la Iglesia de la Compañía de Jesús bajo la dirección espiritual de Padre Juan Camacho, reputado en su tiempo como santo y docto varón de Dios. Mariana renuncio públicamente a llevar su apellidos Paredes y Flores, herencia de sus padres, firmando en lo sucesivo “Mariana de Jesús.”

Enseguida quizo viajar a las Misiones orientales de Mainas a civilizar a los salvajes, comunicando el proyecto a sus sobrinas Juana y María del Caso y a la doméstica Escolástica Sarmiento. Por la tarde se proveyeron de galletas y huevos duros, así como de las llaves de la casa, para iniciar la aventura al amanecer. Mas, contra la costumbre, al día siguiente no lograron despertar, siendo descubiertas las llaves de la puerta en el lecho de Mariana, que terminó por confesar.

En otra ocasión planeó una visita al Pichincha donde tallada en la roca existe un imagen de la Virgen Marta; Mariana quería hacer vida de oración en las alturas y se hizo acompañar de sus sobrinas. Salieron de la casa a las 2 p.m. y subieron las primeras laderas del volcán, pero se toparon con un toro negro que les cerraba el paso y las atacó con furia. Las intrépidas expedicionarias cayeron en una zanja y el animal las hostilizó por más de una hora, sin dejarlas salir, hasta que habiendo rezado con promesa de regresar al hogar, el animal se retiró mansamente.

Con estos antecedentes Cosme del Caso decidió que Mariana entrara al Convento de Santa Catalina donde era Priora la Madre Ana de San Pablo, que al verla se alegró y mandó varios recados a Don Cosme, avisándole que estaba a su cuidado y se quedaría allí.

Y cosa rara, a pesar que el citado caballero tenia por costumbre atender sus negocios en la plaza de San Francisco, en la tienda de su propiedad, ninguno de los mensajeros lo encontró y esa tarde Mariana tuvo que volver al hogar descorazonada por el fracasado intento de hacer vida conventual.

En esas circunstancias sus biógrafos afirman que oyó una voz que le ordenó “vivir en su casa, recogida en la estrechez de la pobreza y sin pensar en las cosas del mundo, como si estuviera en la comunidad mas austera”. Esto fue el primero de sus desequilibrios psicológicos. Su Confesor Antonio Manosalva se sorprendió y asustó al saber esta novedad porque Mariana solo tenía doce años de edad y ya todo se había dispuesto para su ingreso al Convento, incluso, hasta se habían entregado las invitaciones para el banquete de despedida; pero notando la seriedad del propósito, habló con Don Cosme, que al fin acepto darle tres habitaciones en su propia casa para que allí viviera de oración y penitencia, como si fuera en convento.

Fuente: Biblioteca Rodolfo Pérez Pimentel

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