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Pedro Jorge Vera

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PEDRO JORGE VERA
NOVELISTA.- Nació en Guayaquil el 16 de Junio de 1.914, hijo legítimo del Sr. Alfredo R. Vera Benavídes, natural de Naranjal, Provincia del Guayas, abogado con casa propia en la calle Mascote en los extramuros de la ciudad. Luego construyó otra más céntrica en la esquina de Vélez y Santa Elena. Fiscal de la Corte Superior y defensor de la honra del pueblo de Guayaquil en el juicio instaurado por los sucesos del 15 de Noviembre de 1.922 y de Leonor Vera Almendares, guayaquileña, hija del Dr. Pedro José Vera, Comisario de Guerra en Gatazo en 1.895 y Diputado por los Ríos a la Convención Nacional de Guayaquil del 96 y nieta del erudito anticuario y bibliógrafo Dr. José Plutarco Vera, primer director de la Biblioteca Municipal de Guayaquil, “donante de cuatro colecciones de periódicos importantes y algunos cuadernos interesantes en 1.860” y cuyo retrato al óleo se conserva en el Salón de Honor de dicha institución.

Inició su educación primaria en el Colegio Tomás Martínez dirigido por el prof. José Elías Altamirano y la prosiguió en el Colegio Guayaquil de Rigoberto Ortíz Bermeo que funcionaba en la Sociedad Hijos del Trabajo, terminando en el Pensionado del prof. Nicolás Segovia. En 1.926 ingresó al Colegio Vicente Rocafuerte.

Debido a la influencia de su abuela materna “era un niño santurrón y tragahostias”; pero a través de sus lecturas, comenzó a transformarse intelectualmente en un muchacho inquieto, vivaz, locuaz y curioso.

En 1.930, figuró entre los huelguistas que pedían la renuncia del Rector Abel Gilbert Pontón y aunque triunfó el movimiento, al formar con otros revoltosos estudiantes universitarios mayores de edad, el grupo marxista “Grumarxad” y sacar un periódico mural, fueron expulsados bajo el inri de alborotadores. Entonces, para disipar el mal ambiente que le hacían sus amistades en Guayaquil, viajaron a Milagro, aprovechando la invitación de la familia de un amigo.

En las instalaciones del ingenio Valdés les negaron trabajo por aniñados. En esa población representó el papel protágonico en “La Carcajada”, drama de Joaquín Dicenta. De vuelta al puerto principal le apresaron por andar vendiendo en las calles el quincenario comunista “Bandera Roja”.

Leía mucho y desordenadamente pero se iba especializando en temática política y social. Varios amigos lo llevaron a la buhardilla de Joaquín Gallegos Lara quien le introdujo en el comunismo científico y las letras y dijo: “Tienes que escribir” y por obedecer, compuso pequeñas poesías que empezaron a salir rubricadas en la revista “Estudiantil” hasta que lo volvieron a expulsar del Vicente Rocafuerte y solo en 1.932 pudo graduarse de Bachiller, entrando de marinero segundo a la Capitanía del Puerto, mas no por ello dejaba de asistir a las manifestaciones políticas y varias veces hasta lanzó piedras en protesta contra el presidente electo Neptalí Bonifáz Ascásubi.

En 1.934 viajó a la capital donde su hermano mayor Alfredo estaba de taquígrafo del Congreso y le consiguió empleo como meritorio en la Dirección General de Estancos; luego pasó a Secretario particular del Ministro de Educación Dr. Antonio Parra Velasco en el primer velasquismo y entró a la facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central.

Allí formó parte del Frente de Defensa, publicó poesías de ingenuo entusiasmo que llamaba “Carteles” en el diario socialista “La Tierra” de Quito y en “Bandera Roja” de Guayaquil y hasta pensó recopilarlas en un libro que llamaría “Carteles para las paredes hambrientas” que nunca salió. Benjamín Carrión calificó a esos versos de desesperados y penetrantes gritos proletarios nacidos de la inquietud social y de la angustia interior injusticia internos corroboró Hernán Rodríguez Castelo.
Mientras tanto se había relacionado con algunos literatos de su generación: Alejandro Carrión, Augusto Sacoto, Ignacio Lasso y publicaban la revista “Elan” bajo la dirección de Lasso, agrupados en el “Sindicato de Escritores y Artistas”, tal encuentro influyó notablemente en Vera y desde entonces comenzó a crear con mano segura.

Por esos días participó en la toma del edificio de la Universidad Central para impedir su reorganización, decretada por el Ministro de Educación velasquista, Rosendo Santos y al saber que iban a ser apresados por la policía, escaparon por una cloaca, dejándolos burlados. La hazaña fue comentaba por la prensa, causó grave escándalo al gobierno y le acarreó estar entre los numerosos estudiantes que fueron expulsados, truncando su carrera. También le despidieron del trabajo pues el nuevo Ministro Carlos Arízaga Toral le tenía entre cejas por peligroso.

En 1.935, nuevamente en Guayaquil, consiguió empleo como traductor de telegramas en “El Universo” haciendo turnos hasta las tres de la mañana y aunque reingresó al primer curso de Derecho no lo terminó. Ya era corresponsal y agente del semanario humorístico y político “Zumbambico” editado en Quito por José Joaquín Silva en colaboración con Raúl Andrade Moscoso y tuvo la columna “Sketchs del Puerto”.

En 1.936 su exprofesor Rigoberto Ortíz Bermeo fue designado rector del Colegio Vicente Rocafuerte y le llevó de profesor. Pocas semanas después estalló en el plantel una huelga antisocialista y Vera, miembro activo de la Juventud Comunista, sintió que era necesario luchar contra ella y así lo hizo.

La huelga fracasó y fue expulsado del Partido porque los comunistas no se llevaban con los socialistas mas bien se odiaban por ridículas nimiedades y desde entonces no ha vuelto a afiliarse, aunque ha seguido siendo un fiel seguidor de esa doctrina.

Con Alfredo Pareja Diez-Canseco comenzó a editar el semanario “España Leal” en apoyo a la República pero solo alcanzaron a aparecer los dos primeros números porque los pesquisas del nuevo dictador Federico Páez, lo esperaron a la salida de la oficina comercial de Pareja en P. Ycaza y Córdova, se lo llevaron preso.

Al mismo tiempo el nuevo Rector del Vicente, Teodoro Alvarado Olea, le cesó en su cátedra y. como algunos de los profesores eran apresados y desterrados, prefirió volver a Quito y su hermano Alfredo le consiguió empleo en una organización mutualista denominada la Confederación Hacendaria, aunque al mes fue detenido Alfredo y tuvo que expatriarse.

En 1.937 dio a la Luz el poemario “Nuevo Itinerario” en Noviembre ocurrió la llamada “Guerra de la Cuatro horas” donde murió valientemente el Joven Jaime Zambrano, a) El Guambra, luchando contra la policía. Vera le dedicó un hermoso romance con reminiscencias lorquianas.

Otra vez en Guayaquil ingresó al grupo cultural “Allere Flamma” del escultor italiano Enrico Pacciani, dedicado a la realización de actos culturales; mas, a causas de una importuna visita del dictador a la Exposición de Arte inaugurada el 9 de Octubre y de la tenaz persecución a las izquierdas, los jóvenes de esa ideología se pasaron a la “Sociedad de Escritores y Artistas independientes”.

Se ganaba la vida en labores de corretaje de bienes raíces y produjo su primer cuento “Hacia la escuela”, historia de un niño que al caer preso inicia su aprendizaje del delito y que gustó mucho a José de la Cuadra, quien lo hizo publicar en una revista.

En Octubre del 37, con el golpe militar del General Alberto Enríquez Gallo volvió la paz a la República y regresaron los exilados. El 38 instaló la librería “Vera y Cía.” a medias con su hermano Alfredo. Pronto se les unió Enrique Barrezueta en Pedro Carbo entre 9 de Octubre y P. Ycaza y los negocios fueron bien. Compraron las existencias de la antigua librería Janer y se inició la importación de libros, pero a instancias de Manuel Cazón Arríbar adquirieron una maquinaria muy vieja a Pompilio Ullos Reyes, que nunca funcionó bien, donde imprimieron algunos libros nacionales.

En 1.938 viajó a Quito e instaló la “Agencia General de Publicaciones” con sus amigos Jorge Icaza y Genaro Carnero Checa, peruano exilado en el Ecuador. Entonces publicó su poemario “Nuevo Itinerario” en 60 pags. y 5 ilustraciones de Eduardo Kingman, con poesías escritas entre el 34 y el 36 y llenas de novedades formales que iban del cubismo al superrealismo”.

Como el negocio no daba para tres, regresó a fines del 38 a Guayaquil y sacó el semanario “Noticia” que no fue productivo por culpa de la mala maquinaria. Allí editó su poemario “Romances madrugadores” en 78 pags. con prólogo de Pareja Diez Canseco, cuya segunda edición data de 1.944, en 83 pags.

En 1.940 viajó a Santiago de Chile en plan trashumante y mas que nada por la ilusión que le producía el triunfo del Frente Popular del radical Aguirre Cerda. Fue amigo de numeroso intelectuales como Juvencio Valle y Raúl González Tuñon y al año siguiente contrajo matrimonio con Ena Alarcon Diez, natural de Ancud, a quien conoció en la Biblioteca Nacional donde ella trabajaba y quien le dio “Tres hijos y muchos años de felicidad” siendo su padrino de matrimonio del Dr. José María Velasco Ibarra, que por ese tiempo vivía exilado en esa capital.

De esa época son unos versos de admirable plenitud, ritmo, contenido, imágenes y metáforas que aparecerían bajo el título de “Túnel iluminado” que marcarían sus momentos de mayor madurez, por hermosos e intimistas y siempre contra fondos políticos como sus “Cantos de Rusia a Chile”. También estrenó al 41 “El Dios de la Selva” considerada su pieza teatral más libre y potente que había escrito en Guayaquil en 1.939 y publicó en Quito el 43 también ayudaba a Velasco Ibarra en labores de secretaría, en el despacho de su correspondencia.

De regreso el 42 portó una carta de Velasco a Francisco Arízaga Luque, Máximo dirigente de “Alianza Democrática Ecuatoriana” ADE. que el 43 lanzó la candidatura presidencial velasquista. Para entonces Vera era Secretario de ADE. y con tal calidad viajó a Cuenca y Loja, tomó contactos y organizó esos núcleos políticos.

Después del triunfo del 28 de mayo de 1.944 dirigió la página literaria de “El Telégrafo” por algunos meses y fue electo Secretario de la Asamblea Nacional Constituyente del 45.

Para el golpe dictatorial de Velasco Ibarra del 30 de marzo de 1.946 tuvo que esconderse para no caer preso. Fueron meses de gran pobreza que superó con la ayuda de algunos amigos. Ya tenía finalizada su novela de densidad intelectual, iniciada en Chile, que mandó a la Editorial Futuro de Buenos Aires con el título de “Los animales puros” en 239 pags. y circuló en plena frustración revolucionaria. En esa obra expresó “los ideales y las perplejidades de las generaciones a la hora de la irrupción política a través de personajes agónicos, héroes y antihéroes todos ellos”.

El éxito fue sorprendente y su lectura no ha decaído hasta la presente pues se han sucedido ocho ediciones, cuando yo la léi en mi época de universitario, me causó tal impacto emocional que la hice mi libro de cabecera durante muchos meses y me iba a la Facultad con varios ejemplares que regalaba a los compañeros más sensibles, igualmente apareció en México, en el No. 23 de la Colección Lunes, su novela corta “La Guamoteña”.

En 1.947 despidió el cadáver de un entrañable amigo y maestro Joaquín Gallegos Lara con un hermosísimo soneto, Leonardo Espinel, Secretario General de la Administración del presidente Carlos Julio Arosemena Tola, le ofreció un empleo diplomático que no aceptó, como tampoco se afilió al partido Comunista cuando se lo propuso Pedro Saad pues aunque su cosmovisión se fundamenta en el marxismo nunca ha sido suficientemente disciplinado como para formar parte de un partido político; sin embargo, en la revista cefepista “Momento” se le insultó por casi dos años, dura y soezmente, por comunista.

En 1.949 concluyó su carrera poética con la aparición de “Túnel Iluminado” en 83 pags. donde emerge “más bien como poeta total e intimista más que como poeta de compromiso Político”, por eso su libro marcó “la entrada de un poeta en el misterio, en el grave y solemne misterio de si mismo”, por entonces escribía para “El Universo” con el pseudónimo de “Fadrique Méndez”. Ya para entonces residía con los suyos en Quito.

En 1.952 publicó la pieza de teatro “Hamlet resuelve su duda” que lograría su versión definitivamente como “Los ardientes caminos” y escribió los quince relatos que luego aparecieron bajo el título de “Luto eterno”, con el cual logró el Premio José de la Cuadra y se editaron con gran éxito al punto que se han republicado varias veces, traducidos a otros idiomas, asombroso documento de nuestra época aunque solo es una farsa grotesca o mejor dicho una caricatura social. El Libro apareció el 53 y existe una segunda edición.

En 1.954 escribió en Quito varias de las sabrosas y picantes estampas quiteñas que presentó Ernesto Albán en numerosos teatros del país e inició una actividad escénica importante formando la “Compañía de Teatro Intimo” con actores profesionales que montaron sus piezas “Luto Eterno” y “La Mano de Dios” en el teatro Sucre y en las reuniones que sostenían los poetas y literatos en el Café “La Cueva del buho” en el antiguo edificio de la Universidad Central.
En 1.956 apareció en la editorial de la CCE un volúmen de teatro con sus obras (La mano de Dios, ya editada en los Anales de la U. Central, Luto eterno, Los Ardientes Caminos y El Dios de la Selva) con esta publicación cerró su trayectoria de hombre de teatro para dar paso al periodismo político. El 57 reeditó “Los Animales Puros”.

En 1.958 fundó con Alejandro Carrión la revista “La Calle” que llegó a los veinte mil ejemplares por su oposición al régimen social cristiano del Presidente Camilo Ponce Enríquez y a las oligarquías. Mientras en “El Diario del Ecuador” hacía popularizado su pseudónimo “Diablo Cojuelo”.

Para las elecciones presidenciales de 1.960 disolvió su sociedad con Carrión cuando éste apoyó a Galo Plaza mientras Vera tomaba partido con el binomio Parra-Carrión, posiciones políticas contrarias, incompatibles y antagónicas.

En 1.959 había asistido a la operación Verdad en La Habana con otros mil periodistas del mundo. El 60 volvió a Cuba para el Congreso de la Cotal y fue recibido por el Che Guevara con quien dialogó en privado, convirtiéndose desde entonces en el mayor defensor de la revolución cubana en el Ecuador, fundando en Quito la revista semanal “Mañana” con la ayuda de Benjamín Carrión y de Rodrigo Cabezas. El capital inicial fue de cinco mil sucres y los primeros números salieron impresos en los talleres del Partido Comunista. Sus principales redactores fueron Germán Carrión, Méntor Mera, Alfredo Vera, Patricio Cueva. Después ingresaron Hugo Larrea Benalcázar, Fernando Cazón Vera, el Cap. Antonio Flores, Jaime Galarza Zavala, José Félix Silva, Rafael Galarza Arízaga, Agustín Cueva, Alfredo Vera Arrata, Luis Maldonado Estrada.

Ese año viajó con Jorge Ycaza, Oswaldo Guayasamín, Nelson Estupiñan, Diógenes Paredes y Julio Enrique Paredes a Pekin y Moscú, siendo recibidos por Mao Tse Tung y Nikita Krusshev, a quienes entrevistó para la prensa mundial. De regreso siguió a Praga, París y otras capitales.

En 1.961 el Presidente Carlos Julio Arosemena Monroy le nombró Vocal del consejo de Administración del Seguro social. El 62 publicó su novela “La Semilla estéril” trabajada a lo largo de diez años y que trata sobre la burguesía “que solo siembra dinero que es estéril por toda la eternidad” y fue designado profesor de Práctica periodística de la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Central. Había radicalizado su posición hacia una línea abiertamente Marxista.

En 1.963 viajó a Moscú, vía París, pues no se podía hacer el vuelo directo, llevando a su esposa gravemente enferma de cáncer al útero con metástasis a la columna. A su regreso el 12 de Julio fue recibido en forma dramática y grotesca en el aeropuerto de Quito. A su esposa la tendieron en una camilla en el suelo y a él lo trasladaron al penal García Moreno por orden de la dictadura nacida el día anterior, de la Junta Militar de Gobierno presidida por Ramón Castro Jijón. “Mañana” dejó de salir. (1)

Sometido a ridículos interrogatorios y sin haber cometido ningún delito, solo por su ideología marxista, le dejaron salir bajo estricta vigilancia a su casa de la calle Guipúzcoa, en la Floresta, solamente porque tenía que atender a su esposa que seguía agravándose y de allí partieron a Chile, donde ella falleció casi enseguida, rodeada de los suyos.

 

 

(1) La dictadura de la Junta Militar de Gobierno persiguió en Julio de 1.963 a los principales personeros y colaboradores de “Mañana”. Edmundo Rivadeneyra y Fausto Falconí fueron al Panóptico. Alfredo Vera Arrata y Jaime Galarza Zavala tuvieron que asilarse en la Embajada de Bolivia. Pedro Jorge Vera cayó preso como ya se ha visto y salió al exterior.

En situación de apremio económico solía reunirse en Santiago con otros exilados políticos: Manuel Araujo Hidalgo, Fausto Falconí, Manuel Medina Castro, Napoleón Zavala, Edmundo Rivadeneira y editó “Mañana en el exilio”, revista que solo circuló clandestinamente en el Ecuador en sus dos primeros números, porque el dócil gobierno de Alessandri, para agradar al dictador ecuatoriano Ramón a Castro Jijón, la prohibió.

En. 1.964 contrajo matrimonio en Santiago con la escritora guayaquileña Eugenia Viteri Segura en quien tiene una hija y fueron invitados con Alba Calderón de Gil, por Pablo Neruda, a su casa en la isla Negra y con Manuel Araujo Hidalgo, por Salvador Allende, a su casa en Guardia vieja.

Al poco tiempo viajó a Cuba con su familia pues su estadía en Chile se le hacía insostenible. En La Habana se incorporó a la vida revolucionaria como simple miembro del Comité de Defensa de la Revolución de su barrio y trabajó de redactor en el periódico “El Mundo” escribiendo diariamente.

En 1.966 publicó un importante ensayo político sobre la situación de Chile y al año siguiente otro sobre Haití.

Ese año pudo retornar a su Patria con pasajes cedidos por el gobierno ecuatoriano pues la dictadura militar había caído ignominiosamente y volvió a la cátedra universitaria y a publicar “Mañana” bajo el lema ideado por Enrique Wilford de Ruiz “Del destierro a las calles de la Patria” con la colaboración de la Nela Martínez, Agustín Cueva, Alfredo Vera Arrata, Jaime Galarza Zavala, Germán Carrión hasta que en 1.970 la nueva dictadura civil del Presidente Velasco Ibarra la volvió a hacer desaparecer.

“Mañana” le quitaba casi todo su tiempo, mucho de su energía pues no conseguía anuncios publicitarios debido a su matiz político, así y todos no desmayó y la revista salió tres años con gran aceptación popular, pues la gente veía en ella la única opción de verdad popular en el país.

En 1.968 recogió catorce cuentos de todas sus épocas en “Un ataúd abandonado en 115 pags. el 69 viajó con su esposa a Corea del Norte y pasó de regreso por Europa.

En 1.970, con la dictadura velasquista, estuvo tres meses detenido en el Panóptico. Al salir en libertad fundó la revista “Ecuador 70” que solo duró dos años (2).

En 1.971 editó “Tiempo de Muñecos”, novela escrita años atrás con técnica y lenguaje ya superados, pues la había comenzado en enero del 66 en La Habana y terminado en Junio del 68 en Quito. Con ella ganó una Mención en la Bienal de Literatura y trata sobre un recuerdo de infancia, la rebelión indígena que encabezó un muchacho al que había conocido. Vera quiso mostrar al indio de la ciudad representado por ese muchacho indígena que está convencido que su obligación es ponerse al servicio de la gente de su raza convirtiéndose antes en un hombre de ciudad a fin de enchufar en el sistema pero fracasa al final. La segunda edición es de la Editorial Seix Barral de Barcelona y le hizo conocido internacionalmente como escritor.

 


(2) El nuevo Ministro de Defensa Nacional de la dictadura velasquista, Jorge Acosta Velasco, sobrino del dictador, tenía tal odiosidad contra Vera, que decretó su muerte; pero ante la intervención de los ministros Luis Robles Plaza y Galo Martínez Merchán le perdonó la vida, a condición de que le castraría y la persecución solo cesó cuando Eugenia Viteri consiguió un artículo del columnista Milton Alava Hormaza de El Universo, que motivó al dictador a intervenir ante su sobrino. I todo porque Vera en “mañana había denunciado varios negociados del quisquilloso Ministro Acosta, típico fascista criollo y a quien no se le ha vuelto a oír desde el 72 que cayó aparatosamente arrastrando al tío.
En 1.972 renunció a su cátedra por desacuerdo con las autoridades docentes y a fines de año apareció un tercer volumen de cuentos, dividido en diez parcelas, con el título de “Los Mandamientos de la Ley de Dios” en 239 pags. y una recopilación de cuatro libros de cuentos suyos “Nada más que cuentos”.

En 1.977 lanzó en Seix Barral “El Pueblo soy yo” en 289 pags. novela que resume los años velasquista vivido por el autor en toda su intensidad, sin embargo la vida privada del dictador fue de su invensión. De esa época es su poema “Recado al Gran Viejo” (Eloy Alfaro) que cocluye con un grito subversivo, del que tomaron su nombre los jóvenes sudversivos de “Alfaro Vive Carajo”.

En 1.979 editó un volumen de cuentos “Jesús ha vuelto” y el Núcleo del Guayas de la CCE. la imprimieron una Antología de versos titulada “Versos de Ayer y Hoy”.

En 1.982 dio a la luz pública la novela “La familia y los años” que alcanzó tres ediciones en solo catorce meses. Su argumento traspasa el ámbito simplemente ecuatoriano para situarse en la América Latina en su conjunto, de allí que no se menciona un país determinado y que se presentan hechos y anécdotas de todos ellos. Su acción es intrincada, tiene calidad artística y consistencia de estilo, según opinó el crítico español Caballero Bonald. Ese año presidió el Comité ecuatoriano de la celebración de los treinta años de creación de la República Democrática Alemana y dirigió la revista “Espejo” de la Corporación Estatal Petrolera Ecuatoriana CEPE.

En 1.984 se reintegró nuevamente a la docencia, celebró sus setenta años de edad y recibió el homenaje que la Unión Nacional de Periodistas le tributó en reconocimiento a sus méritos. También editó su novela corta “El Destino” en El Conejo de Quito.

Colaboraba para el diario “El Meridiano” de Guayaquil y habiendo sido candidatizado para la presidencia de la Casa de la Cultura en 1.985, aceptó en principio, pero como se dio cuenta que existía una trinca en el interior de dicha institución y que sería derrotado a pesar que el candidato contrario era un sujeto insignificante, se retiró a tiempo. Ese año editó un volumen de cuentos bajo el festivo título de “Ah, los militares”.

En 1.987 sacó la novela “Por la Plata baila el perro” en la Editorial Planeta que alcanzó un sonado éxito pues en solo un año alcanzó ocho ediciones. Fue traducida al francés y el Embajador ruso en el Ecuador, Nina Cherjakov realizó la versión a ese idioma, Alvaro San Félix escribió una magnífica adaptación teatral que aún no sube a escena.

En 1.988 fue Jurado del concurso Casa de las Américas de La Habana. El 89 sacó “Los Sonetos” en la Universidad Central con veinticuatro sonetos que hablan del hombre y del amor. El 90 aparecieron sus “Cuentos Duros”.

En 1.991 produjo la novela “Este furioso mundo” en Planeta. Existe el rechazo al dinero como medida de todas las cosas pero en escala universal y su trama se desarrolla en Guayaquil, Quito y varias ciudades del exterior. Contiene ciertos recursos, homilías intercaladas y fue traducida al italiano por el crítico Roberto Bugliani. También fue Jurado del Premio José Martín de Prensa Latina de la Habana.

En 1.993 dio da la Luz sus Memorias “Gracias a la Vida” en 279 pags, con detalles de su vida, sus viajes y participaciones en Congresos Internacionales o como Juez de Concursos Literarios.

De estatura mediana, piel trigueña clara, ojos negros, amplia sonrisa y gran melena blanca. Estaba considerado un maestro de la narrativa ecuatoriana y uno de los más importantes hombres de letras del Ecuador en este siglo.
“Cuentista nato aunque también ardoroso novelista, poeta, dramaturgo y periodista”. Dueño de una versatilidad sorprendente. En enero del 98 viajó con en pintor Oswaldo Guayasamín a La Habana a hacerse un examen médico pues un cáncer le iba quitando las fuerzas. De vuelta a Quito siguió desmejorando y el 5 de marzo de 1.999 falleció. Sus cenizas fueron arrojadas al volcán Pichincha y al río Guayas. Tenía 84 años de edad.

Fue un ejemplo de hombría de bien, de ideales al servicio de sus semejantes en un país donde el transfugio político y el arribismo se practican a diario y en forma por demás canallesca.

La Sociedad fue su preocupación principal por medio de su indagación en los males sistémicos y síquicos de su patria se estableció como un escritor de plena conciencia social. El origen de su actitud y dedicación hay que rastrearlo en parte, en la concepción del papel del arte, auspiciado por los escritores de orientación izquierdistas que influyeron sobre él durante el periodo de su formación literaria en los años 20. Vera continúa en forma refinada la trayectoria del Grupo de Guayaquil, que creó una literatura de “denuncia y protesta” contra el apoliticismo de los modernistas y la ignorancia complacida de la burguesía hacia el sufrimiento de la clase baja.

Apoyándose en su formación marxista se dedicó a exponer la situación socio- política de sus Patria y a examinar los impedimentos del progreso del Ecuador y por contigüidad de Hispanoamérica. La verdad que expuso, es la de una amalgama sobre la cual se han superimpuesto filosofías políticas y sociales de adquisición foránea. La verdad que ofrece es la de un país donde la fragmentación geográfica y política, las rivalidades regionales y la estructura jerárquica de la sociedad, imposibilitan la solidaridad nacional requerida para el bienestar y el mejoramiento del pueblo. Sobre todo, lo que la novelística de Vera censura, es la condición mítica del progreso, de la democracia y de la libertad en el Ecuador. La realidad que revela en sus obras es la de un estado político social en que, como en la mayor parte del mundo, la ciencia y la tecnología moderna han fracasado como redentores de la libertad y la democracia, que son solo ilusiones.

La primera novela de Vera, “Los animales puros” sirve de interpretación de los años 30 y como tal es un diagnóstico del fracaso de toda una época. Por bien intencionada que sea la inspiración de los universitarios izquierdistas, sus impulsos revolucionarios se estancan y buena parte de los obstáculos que tienen que hacer frente, derivan de su inseguridad respecto a su función.

El egoísmo hace un papel total en “La semilla estéril”. En esta novela se ofrece un lamentable cuadro de la vida nacional ecuatoriana en tanto revela que lo único que une a los niveles estratificados de la sociedad es su preocupación por la posición social y el consumo materialista. El objetivo de Vera es poner de manifiesto esa lacra social corno una de las consecuencias de la revolución liberal de 1.895.

El espíritu capitalista que Vera critica aparece ilustrado por medio del conflicto entre la sed de lujo y los sentimientos espirituales de sus personajes. Vera desacredita al capitalismo haciendo ver que en este sistema hasta las emociones más íntimas se convierten en artículo de comercio y consumo. Esta conversión cualitativa es el resultado social de la situación económica. O sea, que el hecho económico de la enajenación del hombre de su labor, tiene como consecuencia directa la enajenación, de otros hombres y de sí mismo.

La visión transmitida en “La semilla estéril” es la de una sociedad basada completamente en el fetichismo del lucro, en que la mayoría de sus miembros se revelan motivados por la ganancia personal y son indiferentes al destino del país como entidad. Esta falta colectiva de previsión caracteriza también a “Tiempo de muñecos”, en que se planea la problemática indígena como uno de los problemas políticos y económicos que tiene que resolver el Ecuador en su búsqueda de identidad cultural y de bienestar social. Vera llega a la observación de que los medios legales al alcance de los indios no han de resolver la cuestión. La transformación al “verdadero socialismo” que los liberales tradicionales proponen, es un cambio sin violencia, más cosmético que sistemático, que no interrumpen el funcionamiento del país. Vera critica así mismo la postura del revolucionario farsante, incapaz de identificarse con la realidad ecuatoriana. Martín Romero, personaje que se adhiere a una filosofía revolucionaria, es ilustrativo al respecto. Romero, al igual que muchos de los intelectuales ecuatorianos que interpreta Vera, ve al Ecuador con una actitud de desprecio, como un país que no merece la intención de un revolucionario “Serio”. A su entender, las condiciones dentro del país destinan revolucionarios a la mezquindad y al fracaso. Lo que esta conveniente postura oculta es una ideología racista, reaccionaria y hasta fascista en Romero. Para otros “revolucionarios”, sin embargo, la docilidad de las masas ecuatorianas invita a la dominación. Este es el objetivo de hombres codiciosos de poder como Alberto Velásquez, que cuenta con la demagogia para promover carreras políticas y profesionales. Con este personaje Vera critica obviamente al líder populista de los años 40 y 50 Carlos Guevara Moreno, que abandonó las filas de la izquierda y que, como Velásquez, se aprovechó de su mínima experiencia en las trincheras de España para crearse un aura de héroe.

Un impedimento significativo para una verdadera confrontación de clases en el Ecuador ha sido el populismo y el resultante simulacro de un estado democrático. La novela “El pueblo soy yo” esta inspirada en la vida del presidente populista José María Velasco Ibarra, cuya carrera, en virtud de la longevidad (fue cinco veces presidente del Ecuador), ejemplifica a la perfección el carácter cíclico y sin cambio de la historia ecuatoriana. La novela presenta asimismo una disección de la presencia del populismo como elemento constitutivo de la realidad sociopolítica ecuatoriana y como uno de los males que afligen a dicha sociedad.

Las características de la política ecuatoriana se han afirmado como personalismo, paternalismo y oportunismo, el oportunismo imperante en el sistema político que Vera propone en “El Pueblo soy yo” es una especie de simbiosis en que González Tejada en tanto es un manipulado como un manipulador, un fantoche utilizado y descartado cuando ya no sirve a los propósitos de los que verdaderamente poseen el poder. En efecto, en los distintos regímenes de González Tejada figuran otros grupos de “gonzalistas” que acuden a él solo porque les ofrece medios para consolidar su control del país.

El oportunismo de los grupos oligárquicos constituye la base de “Las familias y los años”, y Vera lo identifica como otro de los grandes males que afligen a la situación socio política ecuatoriana. En esta obra Vera expone la manera en que la estructura de clases en el Ecuador otorga a una minoría una influencia desproporcionada sobre la vida nacional. La cosmovisión de los privilegiados en esta sociedad la representa en la novela la actitud de dos familias ricas e influyentes. La ambición aprovechadora de estos clanes se intensifica hasta convertir al país entero en un mundo hermético dirigido por las grandes familias en perenne lucha por la supremacía. Con la política nacional en manos de reducidas y exclusivas facciones que perciben la nación como su patrimonio, la democracia moderna no puede ser más que una ilusión y una fachada para un sistema oligárquico.

El establecimiento social y político del pueblo en “Las familia y los años” conduce a la general carencia de verdadero progreso en el mundo hispánico. Se ha evidenciado que la pura teoría marxista no ha podido traducirse en praxis. Y así como la historia como fuerza dinámica no ha funcionado según la formula marxista, y la conciencia histórica y de clases no ha producido más que ilusiones de progreso social, parece que el arte también ha fallado como impulso a la revolución. Pero el fracaso del arte en promover genuinos cambios en la infraestructura socio. Económica y política lleva al papel del artista en este cometido, o sea a la cuestión de si la culpa yace en la exposición artística del mensaje o con el escritor mismo, en su carencia de verdadero compromiso con la causa que ha de fomentar.

El objetivo de Vera de contribuir a la redención de la humanidad es socavado por la sensación de fracaso que se aspira en sus novelas, cesación que es sintomática de su frustración por no haber encontrado la solución a los males del Ecuador ni en la política ni en el arte. Por medio de sus cinco novelas en conjunto, Vera propone que las teorías materialista e histórica no son suficientes y no obstante, más pueden la psiquis humana y la fuerza del yo. Esto es, que en formular afirmaciones a cerca de la evolución social y política del hombre no se ha estimado suficientemente la porfía del individuo como componente elemental de la sociedad. Por ende, Vera concluye, que la historia y el futuro del hombre puedan quedar inextricablemente ligados a la dialéctica irresoluble entre el egoísmo y el bien colectivo.

En su poesía “Recado al Gran viejo” acuño la frase Viva Alfaro Carajo, tomada por el grupo juvenil guerrillero de los años 70 que formó Arturo Jarrín en el país.

 

Recado al Gran viejo

Eloy Alfaro, mi viejo
manabita duro y claro
viento grande montonero
de nuestro Ecuador amargo,
fulgor en Jaramijó
y llamarada en Gatazo,
vuelve para rescatar
la flor, el aire, el arado.

¡Ah estas ganas de gritar
que viva Alfaro carajo!Te han convertido en estatua
para tenerte amarrado.
Te escarnece y ningunea
audaz cualquier pobre diablo.
Te incineran diariamente
llena la boca de Alfaro
y mancillan tus cenizas
payasos de tres al cuarto.

 

Tu corazón indomable
de guerrillero templado
latina en el vendaval
del color americano
y ofreciste tu palabra
y el empuje de tu brazo
sin vainas ni vuelva luego
al Martí de los cubanos.

En tu alma estaba el pobre
y el pobre sigue de esclavo.
Niños de huesos desfilan,
los pulmones en la mano.
El indio riega la tierra
con sus lágrimas de espanto.
Esta es la patria, mi viejo
que los buitres han dejado.

Montuvio de siete suelas,
eras del indio el hermano.
General de hacha y machete
nunca fuiste derrotado.
Ah mi viejo luchador
costeño como serrano,
ven dáñales el pastel
que los vivos amasaron.

¡Estas ganas de gritar
que viva Alfaro carajo!

Fuente: Biblioteca Rodolfo Pérez Pimentel

Juan Bautista Aguirre Carbo

Posted in Author's name, poemas, poetas ecuatorianos with tags , , , on septiembre 21, 2008 by edmolin657

Fuente: Biblioteca Rodolfo Pérez Pimentel

POETA.- Nació en una casa de Hacienda de la región de Daule el 11 de Abril de 1.725 y fue bautizado como Tomás Carlos en la Iglesia Matriz de Guayaquil el 2 de Julio siguiente. Hijo legítimo del Capitán Carlos de Aguirre y Ponce de Solís propietario agrícola en Daule y de Teresa Carbo y Cerezo, viuda del Capitán Alonso Fernández Caballero, todos ellos guayaquileños de la primera distinción social.

No se tiene mayores noticias de su infancia que debió transcurrir entre Daule y Guayaquil donde fue alumno del Colegio San Ignacio de los Jesuítas. Muy joven viajó a Quito a fin de estudiar en el Seminario de San Luis y el 11 de Abril de 1.740, al cumplir quince años, ingresó al Noviciado que mantenía la Compañía de Jesús en Latacunga, estudiando luego en la Universidad de San Gregorio Magno de Quito, fue discípulo del Padre Pedro Tovar, S. J. y descolló por su fino humor e inteligencia abstracta.

Desde muy niño había sentido una vehemente inclinación a versificar y componía fácilmente. En 1.756 dedicó una Elegía a la muerte de Felipe V y otra fue motivada por el terremoto de Lima. Su “Caída de Luzbel” y “La Concepción de María” son consideradas otras muestras felices de su estro, pero la mayor de todas es la “Carta a Lizardo” de alta grandeza y acabado despliegue técnico para persuadir que todo lo nacido muere dos veces. Todo ser creado muere dos veces, empezar a vivir es empezar a morir. Idea que satura a su obra de la tristeza metafísica de vivir muriendo. Angustia universal que el poeta incrusta dramáticamente en la galería ascendente de siete criaturas dulces, en otros tantos símiles que con igual angustia bajan al mismo sepulcro, según criterio de Hernán Rodríguez Castelo.

Sin embargo también puede considerarse a ésta muerte doble, tomada posiblemente de la Filosofía hermética de los antiguos alquimistas, como una comparación del experimento que mata al mercurio licuándole en un matraz y luego volverlo a matar con la piedra filosofal para que renazca tramutado o convertido en oro a la nueva vida. ¿Fue Aguirre alquimista, o solo conocería esta Filosofía?

Mas su poesía no solamente fue triste y desesperanzada, también cantó a los hermosos ojos de las niñas bellas y a una dama imaginaria solo por diversión. Requiebros inocentes de don Quijote a la inalcanzable Dulcinea que no poesía erótica propiamente dicha y en un certamen convocado por la Academia Pichinchense, por el nacimiento del niño Jesús, triunfó cantando el arrepentimiento de la especie humana.

En materia de burlas abundó varias veces al tratar de un tonto que al ver sus poesías creyó que eran de otro y así nació el epigrama “Carta a Zoilo” y luego “A un Zoilo” y estractadas de una epístola dirigida a su cuñado Jerónimo de Mendiola y Obregón la célebre composición “Breves diseños de las ciudades de Guayaquil y Quito”. Espejo escribiría que su maestro Aguirre tentó un poema heroico sobre San Ignacio de Loloya pero que le había faltado deseos de concluirlo y quedó como simple fragmento con el título de “Monserrate”.

I a la par que nacía el poeta se formaba el sabio en la Universidad jesuita donde tuvo la oportunidad de usar aparatos tan modernos como el microscopio de Luff, modelo fabricado en Londres por Pyefinch en 1.750 y recién adquirido en Europa, con el que realizó importantes experimentos científicos que le probaron hasta la saciedad que la Filosofía nada tenía que hacer con el mundo experimental de la ciencias naturales. Por eso fue el primero en afirmar en la Audiencia de Quito que las enfermedades eran producidas por animalitos y hasta llegó a dibujar bacilos, estreptococos y espiroquetas, siendo el introductor de la anatomía microscópica en nuestra Patria.

En 1.754 su condiscípulo en el Colegio de San Luis de Quito, Juan Nieto y Polo del Aguila, nombrado obispo de Quito, le confirió el orden sacerdotal.

Igualmente negó la teoría de la generación espontánea que se venía sosteniendo desde los tiempos de su inventor Aristóteles y desde 1.756 hasta el 58 desempeñó con singular esmero la cátedra de Filosofía en la mencionada Universidad, y luego la de la Teología Moral, pues “su fantasía estática y elegante, talento perpicaz y memoria admirable” le sirvieron para aficionarse a toda novedad científica y a toda experimentación, intentando una renovación en los métodos empleados para instruir y enseñar, aceptando el valor de la razón, el espíritu científico, la intención crítica y las ciencias experimentales como únicas vías lógicas para llegar a la verdad, desechando por falsas y anticuadas el peripatismo aristotélico y la escolástica decadente; sin embargo, ésta posición no era enteramente nueva, pues obedecía a un cambio de dinastía en España, que abrió las fronteras con Francia y permitió el libre ingreso de la Ilustración cuyo fin máximo era alcanzar la libertad y felicidad del hombre y el progreso científico y material de la sociedad.

Por otra parte, desde las épocas del inglés Sir Francis Bacon, quien había recomendado la observación, la experiencia y la inducción como instrumentos válidos y únicos para la investigación y del francés René Descartes que preconizó la duda metódica y el análisis que favorece la independencia del pensamiento y la libre investigación, el pensamiento europeo y luego el americano, había comenzado a cambiar.

Por ello Aguirre no trepidó en desechar las sutilezas que solo conducía a la confusión de los ingenios y expuso temas tan novedosos como los principios intrínsecos del ser natural, polémica en que se habían vistos envueltos grandes pensadores como Descartes, Maignan. Gassendi, el Padre Feijoó. Otros asuntos trató de manera singular, expuso los sistemas astronómicos de Ptolomeo, Ticho Brahe y Nicolás Copérnico. escogiendo el segundo porque no iba en contra de las observaciones astronómicas como el de Ptolomeo ni contra las escrituras como el de Copérnico, sabia solución que no debe llamar la atención si se considera el medio arrasado en que vivía y la falta de apoyo de los demás profesores; mas, su esfuerzo por modernizar los métodos de enseñanza y las concepciones universales y filosóficas fueron válidas y se debieron primordialmente a “su natural impaciencia, gusto por toda novedad, imaginación fogosa, ingenio pronto y sutil y temperamento guayaquileño”.

De sus cursos han quedado tres tratados de Lógica, Física y Matemática en latín que conociera Pablo Herrera en el siglo pasado, pero hoy solo existe el de Física, traducido al español por el Lic. Federico Yépes y publicado en 632 págs. en 1.982 por la Universidad Católica de Quito, cuyo original manuscrito se conserva en la Biblioteca de los Padre Jesuitas de Cotocollao, donde se aprecia sus dibujos explicativos, el tratamiento de novedosas cuestiones científicas como las manchas solares, los cometas, el fuego, la gravedad y ligereza de los elementos, la elasticidad del aire, la distancia entre la tierra y la luna…lo cual pone de manifiesto la erudicción y el nivel alcanzado por la Universidad, donde posiblemente se conservaban copias de los experimentos realizados por los Geodésicos franceses.

Por eso se ha dicho que fue Aguirre quien más cosas nuevas divulgó en la Audiencia y que sus Cursos eran verdaderas enciclopedias abiertas a los alumnos desde lo fundamental de su postura católica tratando de dar razón del mundo de la naturaleza, donde el hombre se ha encontrado finalmente a si mismo. Mas no todo eran triunfos del espíritu, porque muchas personas pacatas, la mayor parte religiosos antiguos, se asustaban y aturdían al oír tales desenfados y hasta se divertían, constituyendo sus clases verdaderas fiestas del espíritu, pues aplicaba la regla de oro de la divina eutrapelia griega, que consiste en enseñar y divertir.

En Marzo de 1.757 un terremoto asoló Latacunga y remeció Quito y con tal motivo compuso por mandato de su amigo el Obispo Juan Nieto y Polo del Águila, la Carta Pastoral que se leyó en todas las Iglesia.

El 15 de Agosto de 1.758, de 33 años, hizo profesión del Cuarto Voto jesuita y adoptó los nombres de Juan Bautista, que él mismo escogió. Desde entonces pasó a ser considerado entre los padres superiores con derecho a dirigir las Fundaciones, colegios, universidades y misiones de la Compañía de Jesús.

El 17 de Marzo de 1.760 predicó en la catedral la oración fúnebre por la muerte del Obispo Polo, que salió publicada.

En 1.763 fue electo Prefecto de la Congregación de San Javier y desde el 65 Socio Consultor del Padre Miguel Manosalvas, Provincial en Quito, “brillando en todos esos puestos por su ciencia tanto por su virtud”.

 

 

(1) Correspondió a su inmediato sucesor en la cátedra de Filosofía, Padre Juan Hospital, S. J. en 1.759 y el 62, introducir abiertamente los planteamientos de la astronomía de Isaac Newton y Nicolás Copérnico, como años después lo haría el Doctor José Celestino Mutis en la Universidad de Bogotá. En cuanto a la difusión del sistema Cartesiano (René Descartes) en Quito, le antecedieron a Aguirre los Padres Magnin en 1.736 y luego Tomás Larraín y Francisco Javier Aguilar, quienes trataron en lo posible de conciliar lo nuevo con lo antiguo, dándose el triste caso de oposición de la fé a la ciencia. Efectivamente, la posición irreductible de la Iglesia hizo que España se quedara rezagada en los siglos XVI y XVII, en relación a las naciones protestantes de Europa. Aguirre aceptaba el sistema de Brahe no por convicción sino por conveniencia, para evitarse conflictos religiosos como el suscitado en Italia a Galileo Galilei y esto ocurría veinte años después del arribo de la Misión Geodésica, en cuyo tiempo se la ignoró completamente en las Universidades, terminando por aceptarse sus experimentos y mediciones cuando ya los sabios franceses habían partido del país.
En 1.765 calmó los ánimos del populacho quiteño amotinado contra las nuevas modalidades de aduana y el precio del aguardiente que subía constantemente por el Monopolio de la Audiencia. Para el 20 de Agosto de 1.767 hallábase accidentalmente en Ambato cuando fue notificado con la orden de Extrañamiento junto a 67 jesuítas más fue llevado a Guayaquil donde debió entregar a su cuñado Jerónimo de Mendiola y Obregón el cuadernillo de poesías titulado “Versos castellanos, obras juveniles”, miscelánea que ha llegado hasta nosotros. Aquí valdría la pena preguntar ¿Qué se hicieron sus versos en latín? (2)

De Guayaquil siguió a Panamá casi enseguida, allí falleció el Padre Manosalvas y como no lo quisieron tocar a muerte, Aguirre escribió al Gobernador una carta muy discreta. Entonces los jesuítas de Quito eligieron nuevo provincial al Padre Tomás Nieto Polo del Águila y siguieron por Cartagena de Indias a Jamaica, donde soportaron recibieron un recio temporal que los arrojó a Batavanó en la isla de Cuba. Aguirre iba enfermo y se alojó en el palacio del Marqués de San Felipe hasta que pudo seguir a la Habana. (3)

A fines de Abril de 1.768 y luego de una larga espera, emprendieron la travesía del Atlántico con rumbo a Cádiz y a Faenza en los Estados Pontificios, donde finalmente pudieron encontrar descanso, atenciones y reposo. Allí quedaron algunos y entre ellos el Padre Juan de Velasco, pero Aguirre prefirió seguir a Ravena y a Ferraza, ciudad en la que el Padre Ricci le nombró Superior del convento jesuíta y el Arzobispo le llamó a Examinador Sinodal y como sol luciente se manifestó a todos su incomparable doctrina pues diariamente era buscado por las personas doctas, así eclesiásticas como seculares, para oír su dictamen sobre las

(2) El cuadernillo en castellano fue prestado en 1.843 por José María Avilés al crítico argentino Juan María Gutiérrez, exilado en Guayaquil de la dictadura del General Juan Manuel de Rosas. Años después, en 1.865, Gutiérrez lo publicó en Buenos Aires, aunque incompleto, en “ESTUDIOS BIOGRÁFICOS Y CRÍTICOS”, con un elogioso prólogo. Así se inició la fama de Aguirre como poeta.
dudas que existían en materias filosóficas, dogmáticas y morales pero al extinguir la Orden en 1.773 el Papa Clemente XIV con la Bula “Dominus ac Redentor” continuó su perenigraje por varias ciudades italianas hasta fijar su residencia en 1.776 en Roma bajo el Pontificado de Pío VI.

(3) La expulsión de los jesuitas se originó en el reino de Portugal gobernado por José I (1.750 – 1.773). Su Ministro el Marqués de Pombal quiso aplicar las nuevas ideas de la Enciclopedia con las medidas necesarias para modernizar tan atrasado país evitando la continuación de la decadencia. Los jesuítas detentaban casi todo el poder político y se opusieron a cualquier cambio por razones de simple egoísmo. Como mantenían a cinco confesores en la familia real intrigaron a través de ellos ante el monarca. Entonces Pombal eliminó a los jesuítas de la lista de predicadores en las Catedrales dejándoles sin esas tribunas públicas. Al poco tiempo estalló una revuelta campesina en el alto Duero y los jesuítas tomaron partido a favor de los campesinos para debilitar al gobierno, pero estos fueron derrotados. Otro asunto fue la llamada rebelión de los guardianíes, ya que por el Tratado de 1.754 entre España y Portugal, algunos de los territorios ocupados por las misiones jesuítas en el Paraguay pasarían a poder de los portugueses pero los indios fueron azuzados por los jesuítas que veían disminuir sus misiones y se rebelaron practicando la política de tierra quemada. Pombal recurrió a Benedicto XIV, quien designó al Cardenal Saldanha, Patriarca de Lisboa, para que realice una investigación de la que resultaron pruebas muy graves contra el comportamiento de los miembros de la Compañía de Jesús, que más que una Orden religiosa era una empresa comercial de descomunales proporciones que competía hasta con el Estado. El 19 de Enero de 1.759 el Rey firmó el decreto de incautación de sus cuantiosos bienes y el arresto de todos los individuos de la Orden, aduciéndose para el efecto, el haber participado en la conjura del Paraguay contra los intereses del monarca. El 1 de Diciembre de 1.764 el rey Luis XV de Francia disolvía a la Compañía de Jesús en su reino, permitiéndole a sus miembros permanecer en sus territorios como simples sacerdotes seglares, pero la mayor parte de ellos marchó al destierro. En España también existía un clima contrario a la Compañía de Jesús, sobre todo de parte de los Agustinos. El Conde de Campomanes consiguió el 29 de Febrero de 1.767 el decreto de expulsión de los jesuítas de todos los dominios españoles y la incautación de sus inmensos bienes representados por haciendas, colegios, telares, tiendas de comercio, etc. El Rey Carlos III confió la ejecución del decreto a su Ministro el Conde de Aranda. La orden llegó a la presidencia de Quito y fue cumplida por José Diguja. Los jesuítas tenían personalidad pero se habían convertido en el poder mayor de estos territorios, saliéndose de su misión específica que era netamente religiosa y compitiendo en asuntos mercantiles, agrícolas y hacendarios hasta con las autoridades, de suerte que su expulsión fue más bien una medida de corte político que religioso.
En la ciudad Eterna era buscado por los Cardenales que se servían de sus opiniones teológicas en las Congregaciones del Santo Oficio y de Propaganda Fide y para satisfacer a todos jamás salía de su casa por las mañanas.

Cinco años después enfermó y le aconsejaron cambiar de aires, viajando al Castillo de San Gregorio cercano a Tívoli. El Obispo de esa localidad Julián Mateu Natali lo tuvo por consultor afirmando que más aprendía discurriendo una hora con Aguirre que estudiando un mes.

Los jesuítas de otras naciones le miraban como a uno de los más doctos miembros de la Compañía de Jesús y en las disputas cedían a su parecer, pues resolvía los casos morales tan fácilmente que todos quedaban sorprendidos y maravillados.

Muerto el Obispo de Tivoli fue sucedido por Gregorio Barnaba Chiaramonti que luego reinó como Pío VII, quien le nombró su Teólogo Consultor, reteniéndole a menudo en su estancia y conversando ambos largamente, admirándole tanto que cuando hablaba Aguirre se dedicada a escucharlo. Años después, cuando ascendió a Cardenal, su sucesor en Tívoli Monseñor Manny le dio la cátedra de Moral en el Colegio Público, de suerte que Aguirre volvió en su vejez a enseñar y para uso de sus nuevos alumnos compuso un “Tratado Polémico Dogmático” hoy perdido.

Nuevamente famoso por su abierta conversación dispensadora de conocimientos, se le veía rodeado de alumnos, hermanos de Comunidad y hasta de gente curiosa que le llevaba consultas e inquietudes y pedía sus sabias orientaciones.
Cuando cumplió 60 años comenzó a aquejarle una dolencia que lo mantuvo seis meses en estado de postración y falleció en la Octava de Corpus Cristi, víspera de la fiesta del Corazón de Jesús, el 15 de Junio de 1.786; y aunque había expresado su deseo de ser enterrado sin pompa alguna, fue llevado por sus alumnos a la iglesia de los jesuítas. “Un tenaz cilicio se le encontró metido en su carne anciana”.

No fue un genio anticipador ni tampoco un creador pero viviendo permanentemente en ambigua tensión entre lo barroco y la ilustración, trató de llegar a la verdad.

Gonzalo Zaldumbide le ha calificado de desenfadado y ameno, audaz, feliz y brillante, que desplegaba con sagacidad el tesoro de su erudicción y conquistaba con su abundante facilidad a sus ilustres interlocutores, por la briosa naturaleza de aquella personal irradiación de convencimiento y simpatía, que en todas partes le hizo de los primeros.

Sus poesías aparecieron como ya se dijo en Buenos Aires pero correspondió a Zaldumbide la gloria de haberle restaurado su fama de poeta continental en hermoso y completo estudio que publicó en 1.917 en París, reproducido el 42 en el Volumen segundo de la Colección Clásicos Ecuatorianos del Ministerio de Educación. Posteriormente el Padre Julián Bravo S.A., descubrió en la Biblioteca de los Padres Carmelitas de Cuenca cinco poemas más de Aguirre que como sus anteriores revelan la inspiración gloriosa, el genio metafísico, el nervio saltante e imprevisto de la imagen de su poesía, así como en prosa escribiera piezas de singular estilo y aliento.

En cuanto a su aspecto pedagógico el Padre Aurelio Espinosa Pólit S.J. ha dicho que más inclinado se hallaba Aguirre al estudio de las cuestiones de Física que para la especulación, habiendo estudiado tan solo por simple curiosidad y gusto algo de Medicina, aunque llegó a saber tanto en esa materia, que el médico de Clemente XIV le consultaba a menudo.

 


A ZOILO
que viendo una poesía del autor,
dijo que eran ajenas
Liras.

Miraste mis poesías,
Y tu envidia mortal de ardores llena
dijo que no eran mías,
sino parto feliz de pluma ajena;
así lo dijo, pero no me admira
que la envidia dé cuerpo a la mentira.

Con ocultos esfuerzos
a algunos simples persuadir previenes
que han tenido mis versos
catorce padres como tú los tienen;
mas sabe que es, aunque tu poesía ladre,
mas honrada mi musa que tu madre.
¿Acaso no has sabido
de mis instrumentos la dulzura? Acaso
ignoras que yo he sido
de los aires dulcísimo embarazo,
adorando mis sienes oficiosa
de bella Dama la esquivez frondosa?

Dolores Sucre

Posted in poemas with tags , , on agosto 22, 2008 by edmolin657

LA POTISA DEL HABLAR DIFICIL
Era Dolores Sucre y Lavayen una hermosísima doncella que desde temprana edad había dado muestras de un talento nada vulgar, de su amor a la poesía y al culto de la belleza artística” cuando aun en Guayaquil, a las llamadas niñas bien, es decir, aquellas que se pertenecían a familias antiguas y conocidas, no se les dejaba aprender a leer y a escribir, por el prudente temor de sus padres a que se carteen con enamorados. Sólo las misas, rosarios, novenarios y demás prácticas religiosas les eran permitidas en sus casas y en iglesias, combinándolas con las granjerias de cocina, que consistían en la preparación y cocción de sabrosísimos platillos y dulces, que engolosinaban el paladar de los parientes y amigos.

¡Tal el estrecho mundo de la mujer hace cien años! Pero nuestra Dolores del cuento nacida en 1837 pobre y noble, esta antinominia a veces se dá en la realidad, sobrina lejana del Gran Mariscal de Ayacucho, se sentía atraída por los gloriosos hechos que oía relatar en su hogar y quiso emularlos conservando su sitial de mujer, por el atajo de la poesía, de las sonoras estrofas que escribía para distraerse “dejando adivinar que en su pecho se agitaba Minerva y presagiando para después una verdadera sacerdotisa consagrada al templo de la Diosa” como expresó un crítico ramplón.

Primero fue discípula del gran poeta español Fernando Velarde que recorrió el continente americano y le enseñó a expresarse en lenguaje castizo y brillante. Aquel bardo le dedicó esta hermosa poesía/ También padeces y también deliras/ sensiblemente, americana hermosa/y en tus insomnios lúgubres suspiras/ por la futura libertad gloriosa!/

Numa Pompilio Liona la quería con amor de hermano. Hermanos de letras eran ambos y cuando ella viajaba al Perú era acogida en los mejores círculos intelectuales con notorio entusiasmo. Ricardo Palma, Teobaldo Corpancho y Carlos Amézaga la cantaron. Clorinda Matto de Turner y Lastenia Larriba de Liona la tuvieron por sus iguales. Con el tiempo Dolores Sucre publicó varios poemarios, con tarjetas postales a amigos y parientes y versos de compromiso. Luego envejeció distinguida como una reliquia de tiempos mejores. Su ciudad la consideraba y apreciaba y los literatos porteños la querían por su don de gentes, por su natural emotividad. Habla colaborado en casi todos los periódicos y revistas de su época. En “La Esperanza” y en “Los Andes” tuvo columna propia dedicada a la mujer. Fue una avanzada del feminismo en el Ecuador.

Gustaba expresarse en difícil, como si con inútiles retruécanos obtuviera algún mágico efluvio que ella admiraba y perseguía. Para pedir un vaso de leche en el desayuno decía: “Mucama. Pasadme el líquido perlático que nos proporciona la consorte del toro”. Para que le den un vestido negro. “Mucama. Tomad el acero (la llave) hundidlo en el madero (la cerradura del ropero) y sacadme el de luto vestir”. Dicen que un día pasó un carbonero y lo llamó así: “Buen hombre. ¿Cuánto reporta actualmente un saquillo del producto del fuego sobre el madero?”. En otra ocasión pidió un huevo duro en el almuerzo con las palabras siguientes: “Por favor, deseo un ovólo gallináceo afectado por el fluído acuoso. Bueno, esto es lo que le sacaban los chuscos, hay que ver si era verdad.

Sus hermanas Carmen y Obdulia, que eran preceptoras y ya le conocían su forma de hablar, dizque le entendían todo, pero no ocurría lo mismo con el común de la gente, que a veces se quedaba en babia, sin saber que contestarle.

El 9 de Octubre de 1904 fue escogida para coronar al poeta Llona en el Teatro Olmedo y al año siguiente se formó un comité de jóvenes intelectuales redactores del “Guayaquil Artístico” que pidieron la apoteosis de la poetisa del hablar difícil” y le entregaron una Lira de Oro y brillantes en una ceremonia triunfal donde tomó la palabra Nicolás Augunto González Tola.

Años después moría en Guayaquil la “insigne poetisa de cabellos blancos. A las 5 y 20 minutos de la tarde del 5 de junio de 1917 y su sepelio fue numeroso, saliendo de la casa del duelo, ubicada en Vélez entre García Aviles y Boyacá, donde la Municipalidad mandó a poner Guardia de Honor. Así terminó la sobrina segunda de un gran hombre y ella misma, gran mujer, adelantada del feminismo guayaquileño de todos los tiempos.