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Gonzalo Zaldumbide

Posted in Author's name with tags on octubre 24, 2008 by edmolin657
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GONZALO ZALDUMBIDE GOMEZ DE LA TORRE
DIPLOMATICO Y ESCRITOR.- Nació en Quito el 25 de Diciembre de 1882. Hijo legítimo del ilustre poeta Julio Zaldumbide y Gangotena y de Rosario Gómez de la Torre Nájera, quiteños.Huérfano de padre, a los cinco años, viajó con los suyos a Ibarra y allí estudió la primaria, viviendo largas estancias en la idílica hacienda “Pimán”, que inmortalizaría en su novela “Égloga Trágica”.Después siguió la secundaria en el Teodoro Gómez de la Torre y de regreso a Quito entró al San Gabriel de los padres jesuitas hasta graduarse de Bachiller en Humanidades Clásicas. De 19 años pasó a estudiar derecho en la Universidad Central y se hizo notar por unas traducciones de los poetas franceses Leconte De L’lsle y Apeles Mestres. Por eso, cuando el 15 de Mayo de 1902 se fundó la Sociedad Jurídica Literaria al amparo de la Universidad Central y comenzó a publicar una Revista, publicó en el primer número de ella su poema “El anarquista”, habló de sus neurosis de fin de siglo y del papel que jugaban los jóvenes en la sociedad moderna y al inaugurarse el curso lectivo de 1902 al 3, fue escogido para leer el discurso de orden y aprovechó la oportunidad para comentar el Ariel de José Enrique Rodó, “dando un toque de rebato a los hombres de talento para que salvasen a América de las corrientes de morboso desaliento”. El presidente de la República, General Leónidas Plaza y su Canciller “premiaron la intervención del elegante y valiente joven” con una beca para que terminara sus estudios en París.

En 1903 escribió una elegía a la muerte de su amigo Rafael Rúales que ejercía la presidencia de la Sociedad Jurídico Literaria y un ensayo monográfico sobre la soberanía nacional, publicado en la revista de esa sociedad, en dos partes, que le mostró mas literato que jurista.

En 1904 aplaudió la aparición de la novela “A la Costa” de Luis A. Martínez y viajó a París, pleno de humanismo, residiendo entre los grandes de la literatura europea a los que trató muy cercanamente durante esos años, los mejores de la bella epoque.

 

El 5 pasó a recorrer España, luego siguió a Suiza y a Italia, bebiendo en las fuentes de la cultura europea. El 8 escribió “La Ilusión de viajar” a su amigo Luis Robalino Dávila y dio a la luz su primer estudio crítico de gran envergadura titulado “En Elogio de Henrie Barbusse” – autor de la novela El Fuego- que por entonces era casi un desconocido en el mundo de las letras hispanas. Igualmente publicó “La Evolución de Gabriel D’Annunzio”, el grande poeta del amore, así como el cuento “La parábola de la Virgen Loca y de la Virgen Prudente”.

El Elogio y la Evolución habían aparecido poco antes en París y le situaron entre los jóvenes críticos mas promisorios, al punto que Cansino Assens asegura que no se puede hacer – una crítica de la obra de Barbusse sin tener en consideración el estudio de Zaldumbide. Mas, intempestivamente en 1909 y cuando hubiera podido producir mucho en favor de las bellas letras, regresó al Ecuador, quemó papeles y se recluyó en Pimán a escribir una novela sobre el retorno, con exquisito y brillante estilo cuasi modernista, dentro de un ambiente romántico muy del siglo XIX que acababa de terminar, bordeando la prosa poética al describir morosamente las emociones de los personajes, el celaje de los paisajes y la majestad del entorno bucólico del campo de Imbabura. Novela al estilo de “María” de Jorge Isaac, que también acusa los síntomas de una desencantada desesperanza. Zaldumbide tituló a su obra “Égloga Trágica”, justamente por eso y porque además sus personajes actúan con un fatalismo trágico y piensan como refinados decadentistas. Por ello la Égloga constituye una hermosísima aberración en nuestra literatura, pues no solo inauguró otra etapa de relatística feudal sino porque a través de su publicación fragmentaria desde París en 1915 y bajo el seudónimo de R. de Arévalo, “influyó en buena proporción en el desvío de algunos modernistas de la generación decapitada”.

Sin embargo el retiro en el campo le duró poco, pues en 1911 inició su larga carrera diplomática al ser designado secretario, de la Misión ecuatoriana en Lima, donde permaneció hasta 1913. en que regresó a Francia como Primer Secretario; pero no se crea que olvidó a las bellas letras, pues el 13 prolongó las Anécdotas de mi vida de Miguel Valverde. el 19 el poemario Voces de Adolescencia de Gonzalo Cordero Dávila y también escribió sobre Manuel J. Calle.

Mientras tanto, al llegar los días de la Gran Guerra, se negó a abandonar París, que iba a ser bombardeada a distancia por los cañones Krupp y como además escribió un hermoso artículo sobre el heroísmo de los franceses, mereció el formal agradecimiento de parte del gobierno de esa nación.

Para entonces ya era considerado un escritor de poesía con textura y personalidad profunda, de prosa tersa, armónica, de estilo parco, moderno y penetrante, de equilibrio de lenguaje e ideas, de aristocrático buen gusto.

Para 1918 redescubrió en un artículo aparecido en la revista de la S.J.L. de Quito al gran poeta Juan Bautista Aguirre Carbo, autor de la “Carta a Lizardo”, al que había podido llegar a través de los estudios biográficos del crítico argentino Juan María Gutiérrez, pero “le quedaba como una fascinante empresa y como un verdadero reto, dar con aquel cuaderno de versos que recién llegó a localizar veinte años después, permitiéndole el estudio final sobre Aguirre y su definitiva restitución a las glorias de las letras en 1942.

En 1921 ingresó a la Academia ecuatoriana de la Lengua como el gran crítico nacional que nos representaba tan dignamente en París. Para entonces había terminado su enamoramiento a Merceditas Moría Flor, a quien estuvo a punto de pedir en matrimonio, y había contraído nupcias con la pianista igualmente guayaquileña Isabel Rosales Pareja, que le deslumhraba con su arte y belleza. De su matrimonio nacería únicamente su hija Celia, también notable pianista, quien vive en la actualidad en Quito.

En 1921 comentó el Diccionario inédito de Alcedo y el 22 introdujo un proyecto sobre reforma de la enseñanza, terminó sus gestiones en Francia y pasó de Encargado de Negocios a Roma, aunque por poco tiempo, pues el 23 regresó como Ministro plenipotenciario a Francia y allí quedó hasta el 27, que fue enviado a Washington, a negociar aunque infructuosamente un arreglo limítrofe que pusiera término a nuestras diferencias con el Perú dentro de la Fórmula Mixta.
Por esa época inició sus tres estudios críticos, que junto al del padre Aguirre, le han proporcionado fama internacional. Me refiero a los que compuso en honor de José Enrique Rodó, Juan Montalvo y Gaspar de Víllarroel, dentro de la corriente del pensamiento arielista de los años 20 al 30 los dos primeros y el último netamente erudito y fruto de sus investigaciones y pesquisas bibliográficas en España. Por ello vendría al caso dividir los estudios críticos en dos partes diferentes, Montalvo y Rodó como fruto de apetencias intelectuales vitalizadas con la lectura de libros sociales; Aguirre y Villarroel como cosecha del pasado, resurgimiento y reinvindícación de una escuela culterana que también floreció en América y que había sido mal comprendida y peor interpretada por los críticos del siglo XIX. En eso Zaldumbide fue un verdadero zahori para descubrir el oro de entre el polvo de siglos de olvido.

En 1926 había contribuido con sus propios medios a la edición de Páginas Selectas” del malogrado Medardo Ángel Silva que aparecieron en París bajo el título de “Cardiograma de una generación”. El 27 escribió sobre el crítico y poeta Remigio Crespo Toral. (1)

El 29 pronunció el Discurso de Orden en la Fiesta de la Lira de Cuenca, fue llamado a Quito a posesionarse como Ministro de Relaciones Exteriores y elaboró una nueva estrategia internacional con el Perú, a base de descubrir hasta donde podría ir el Ecuador en sus concesiones para un arreglo limítrofe definitivo.

El 30 viajó a Ginebra como Delegado Permanente del Ecuador en la Sociedad de las Naciones. El presidente Ayora quiso designarle su sucesor pero se cayó en 1931 aparatosamente.

 


(1) En una entrevista para “El Telégrafo” se declaró contrario al americanismo literario pues creía que el Ecuador y Latinoamérica era una continuidad de Europa. “Se quiere a todo trance vestirnos de plumas y taparrabos para hacernos aparecer más originales. Dígase lo que se quiera, nosotros tenemos más de Europeos que de Indios”.

El 33 pronunció en el Instituto de España en los Estados Unidos una conferencia sobre el “Significado de España en América” y también un cordial “Elogio de Bolívar”. Su esposa había regresado a París donde falleció a fines de esa década.

El 34 fue declarado Hijo adoptivo de Cuenca en una visita apoteósica que realizó a esa ciudad. La recopilación de sus discursos y otros artículos tales como: Un gran poeta ignorado. Regreso a Cuenca, Reminiscencias y Confidencias, aparecieron en “Zaldumbide en Cuenca de los Andes” en loo páginas. En 1937 regresó al Perú de Ministro Plenipotenciario y habiendo sido notificado de que el gobierno de esa nación estaba despachando armas a la frontera, para invadirnos, pidió una conferencia privada al presidente, quien le entregó una carta personal para el dictador Alberto Enríquez Gallo, proponiéndole abandonar la Fórmula Mixta en Washington y llegar a un acuerdo directo. Zaldumbide viajó a Quito y de común acuerdo con el Canciller Luis Bossano, obtuvo un telegrama de Enríquez para Frankiin Delano Rooseveit, renunciando a la mediación norteamericana.

Vuelto a Lima, poco después ocurrió un incidente fronterizo en las islas de Matapalo. El nuevo Presidente ecuatoriano Manuel María Borrero pido la intervención de Rooseveit y éste se excusó. Allí saltó la liebre, se hicieron las averiguaciones en Cancillería y no se encontró la copia del famoso telegrama. Zaldumbide fue llamado a Quito y se produjo la sesión reservada en la Asamblea Nacional Constituyente, donde tuvo que explicarse sólo, pues Bossano no pudo ser localizado por haber viajado a una hacienda de la provincia del Chimborazo. El asunto se hizo escandaloso por unos días. Vuelto a Pimán, no regresó a Lima, perdiendo su Misión; mas la política cambió y un año después Mosquera Nérvaez lo envió como primer Embajador a Colombia y allí se estuvo durante los aciagos días de la invasión en 1941.

El 40 pronunció en Bogotá una conferencia sobre el Prócer Antonio de Villavicencio. El 42, el nuevo Canciller Francisco Guarderas Pérez, su amigo desde la infancia, le envió con iguales funciones al Brasil y residió en Río de Janeiro hasta el 45.

Viudo prematuramente, vivió ilusionado de Teresa de la Parra Sojo, una de las más lindas mujeres escriores de América, que firmaba bajo el pseudónimo de “Ifigeria”.

En 1947 la Academia Argentina de las Letras editó “Cuatro Grandes Clásicos Americanos” con sus estudios sobre Rodó, Montalvo, Villaroel y Aguirre. Esa recopilación volvió a ser editada el 51 por el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid.

El 48 asistió a un Congreso del Comité Franco Americano con sede en París y siguió a España invitado por el gobierno de Franco al Congreso Hispanoamericano de Historia.

En 1950 su pariente político el presidente Galo Plaza lo nombró Embajador en Londres. El 51 pasó con igual rango a Chile. El 54 y estando nuevamente en Quito, el académico José Miguel Leoro anunció la novela secreta de Zaldumbide, que perurgido por numerosos amigos, se decidió a publicarla entera en 1956, en 336 páginas como “novela en cuatro actos”, con prólogo de Francisco Guarderas, bajo el título ya citado de “Égloga Trágica”.

Pronto la crítica conservadora la acogió con frenético entusiasmo. Una segunda edición data del 57 con estudio introductorio del Jesuita Miguel Sánchez Astudillo. Espinosa Pólit escribió un análisis de su estilo y lo tituló “Dieciocho clases de Literatura” y Tobar Donoso dividió al siglo XX de las letras ecuatorianas en antes y después de la publicación de “Égloga Trágica”. Empero otros autores como Juan Viteri Durand hicieron notar sus fallas estructurales —léase el Manto de Academus— y algunos amigos del propio Zaldumbide se la criticaron amistosamente. Por ello su autor acordó suprimir algunos capítulos innecesarios o que retardaba el desenlace, y así apareció en edición definitiva en Méjico, en 1968. De allí en adelante la novela dejó de agitar a la opinión y hoy se halla casi olvidada.

El 58 pronunció en Quito un discurso de “Homenaje a Carlos V en el cuarto centenario de su muerte” pues se vivían etapas conservadoras y el falangismo español se empeñaba en sostener un-imperialismo elitista y cultural alejado de la realidad hispanoamericana. El 59 escribió otro discurso: “Carlos Montúfar, mensajero de conciliación enviado tarde”. El 60 aparecieron las “Páginas .de Gonzalo Zaldumbide seleccionadas por el crítico Humberto Toscano, con erudita Introducción del padre Sánchez Astudillo, en dos tomos.

Por entonces solía reunir en la biblioteca de su casa, a un selecto comité de amigos literatos compuestos invariablemente del Padre Sánchez Astudillo, S.J. Humberto Toscano, Hugo Moncayo, Francisco Guarderas y algún otro amigo. A las dos pasaban a almorzar y a las 5 acababan la reunión. En ocasiones asistían otros escritores como Francisco Tobar y García, algún extranjero de paso por Quito, etc.

Ocupaba la presidencia de la Academia ecuatoriana de la Lengua y era considerado uno de los mejores estilistas de las letras patrias; sin embargo había cesado en su tarea de crítico, ejercida a conciencia desde sus primeros años hasta la década de los 40 y frente a nuevas figuras como Benjamín Carrión, cuyo pensamiento representaba el triunfo de la revolución populista de Mayo del 44, ya nada podía ofrecer, pues por su alejamiento del país había perdido el pulso de las nuevas generaciones y su figura venerable y señera solo era una sombra del pasado, que algunos puristas y eruditos trataban de mantener a toda costa, ignorando la realidad nacional.

De Zaldumbide quedan páginas de crítica antológica, su estudio sobre el Padre Aguirre indudablemente es lo mejor de todo lo suyo, pero no se quedan atrás en penetración psicológica, en madurez de juicio y en acierto estilístico, sus trabajos sobre Rodó, Villarroel y Montalvo, así como su Égloga, novelita, modernista, paisajista, trágica y al mismo tiempo bellísima.

Y el caballero español que siempre fue, de frases galanas y porte distinguido, que atraía con sus modales diplomáticos, murió en Quito en 1965, de casi 83 años de edad, de vejez que no da otra cosa, cerrando todo un ciclo de vida intelectual.

Era alto, delgado, tez muy blanca y pelo cano en su vejez. Hablar reposado y con parsimonia, siempre con las palabras debidas pues poseía un amplísimo léxico. Tuvo madera de crítico, prestancia internacional y sus múltiples viajes y cultura europea le convirtieron en un ecuatoriano de afuera, extraño en su propia casa. Égloga Trágica es la mejor prueba de ello, como novela escrita por un patrón extasiado frente al exotismo ecuatoriano representado por la tierra, el paisaje y su gente.

También es importante anotar su colaboración desde 1902 en la revista de la “Sociedad Jurídico-Literaria”. El 12 en “Letras” de Isacc J. Barrera y entre el 25 y el 29 en “América”, órgano mensual de la Sociedad Amigos de Montalvo.

Está considerado uno de los más ilustres estilistas ecuatorianos de todos los tiempos con Solano, Montalvo, Calle, etc.

G. Humberto Mata en su “Zaldumbide y Montalvo”. Cuenca, 1966, Pág. 62 dice: “Don Gonzalo esmeró en la elegancia de su prosa: por sibaritismo que adereza la pose de un auto retrato verbal. Muchas veces observé en Ud. posturas forzadas pero que Ud. suponía que eran selectas, para impresionar a sus circunstantes. Se advierte enseguida lo fingido, lo antinatural. Ud. mismo declaraba: No soy sino un escritor ocasional e intermitente, nunca aspiré a ejercer de escritor profesional, preciso es repetirlo. Tanta insistencia suya pudo provenirle de su subconsciencia que sabía que Ud. era escritor, insisto, de la aristocracia hacendada, cuya mejor nobiliatura cifraba en mandar sus hijos a educarse en Europa.

Frases de Benjamin Franklin

Posted in Author's name, celebridades, frases célebres en Inglés with tags on octubre 4, 2008 by edmolin657
  1. Wise men don’t need advice. Fools won’t take it. 
  2. Either write something worth reading or do something worth writing. 
  3. The world is full of fools and faint hearts; and yet everyone has courage enough to bear the misfortunes, and wisdom enough to manage the affairs, of his neighbor. 
  4. Any fool can criticize, condemn, and complain, and most fools do. 
  5. Beware of little expenses. A small leak will sink a big ship. 
  6. Blessed is he who expects nothing, for he will never be disappointed. 
  7. Wealth is not his who has it but his who enjoys it. 
  8. Creditors have better memories than debtors. 
  9. He was so learned that he could name a horse in nine languages; so ignorant that he bought a cow to ride on. 
  10. If a man could have half his wishes he could double his troubles. 
  11. Guests, like fish, begin to smell after three days. 
  12. Who is wise? He that learns from everyone. Who is powerful? He that governs his passions. Who is rich? He who is content. Who is that? Nobody. 
  13. He that is of the opinion money will do everything may well be suspected of doing everything for money

Demetrio Aguilera Malta

Posted in Author's name with tags on septiembre 28, 2008 by edmolin657

DEMETRIO AGUILERA MALTA
ESCRITOR.- Nació en Guayaquil el miércoles 24 de Mayo de 1.909, a las seis de la mañana, en una casa que había sido de propiedad del Dr. Ramón Flores Ontaneda que alquilaban sus padres en la esquina de Industrias (Eloy Alfaro) y Manabí y que años después fue adquirida por el Dr. Julián Lara Calderón quien construyó otra para habitarla con sus hijos, hermanas y con su sobrino Joaquín Gallegos Lara.

Fue bautizado con los nombres de Raúl Demetrio, hijo legítimo de Demetrio Aguilera Sánchez, natural de Montecristi en Manabí, liberal que había peleado en Gatazo, luego fue Tenedor de libros donde “L. Tous y Cia.” y propietario de la fábrica de tejidos de punto “Aguilera Hnos”. Que en 1. 914 importó varias maquinarias de Europa, pero el vapor fue hundido y perdió mucho dinero por esa causa. Entonces viajó con el pequeño Demetrio a Chicago a fin de adquirir otras y regresaron a los cinco meses; pero en 1.918 vendió todo a Jacinto Jijón y Caamaño para adquirir la isla San Ignacio en el golfo de Guayaquil, donde sembró algodón, maíz y frutales hasta 1.927 que regresó a vivir al puerto y fundó la fábrica de fideos y galletas Aguilera; y de Teresa Malta y Franco, buena conversadora, que había sido alumna de la señorita Débora Lamota y luego preceptora en Naranjal y en Guayaquil.

Recibió las primeras letras de una profesora particular y posteriormente frecuentó la escuela de los Hermanos Cristianos. Desde 1.918 al 22 vivió en la isla con su familia, haciendo vida de campo, recorriendo los manantiales y sembríos y navegando por los canales del intrincado sistema de islas del golfo en las balandras de su padre llamadas San Ignacio y Mercedes Orgelina. Por las tardes recibía clases de su madre y leía viejos libros de la biblioteca de su abuelo materno donde encontró un ejemplar de “El Gran Caballero”, obra de teatro editada y representada en Madrid por su bisabuelo Juan José de Malta y Salcedo, quien había sido dramaturgo y periodista.

Un día su padre decidió que debía regresar a la ciudad a seguir estudios en serio y puso término a las vacaciones. Demetrio recibió alojamiento en casa de su tío León S. Aguilera Sánchez, entró al colegio del Profesor Nelson Matheus y casi enseguida al “Vicente Rocafuerte” que era mixto, donde tuvo de profesor de Literatura al Dr. José de la Cuadra y de Dibujo a José María Roura Oxandaberro.

Entonces dibujaba y pintaba, hacía xilograbado en madera y con su abuela Teresa Franco de Malta tocaba al piano. Era un muchacho sano e inquieto, le agradaban los ejercicios y las peleas y por eso lo apodaban “Pescozón Aguilera”; sin embargo, ha contado el propio Aguilera “Cuando conocí a Joaquín Gallegos Lara fue un verdadero deslumbramiento, era de las personalidades más fuertes y más interesantes que yo he conocido y su buhardilla era el centro de reunión de los jóvenes que se interesaban en la literatura y la política. Un día, Gallegos Lara le dijo: Quítese el nombre de Raúl y quédate como Demetrio que es un buen nombre y muy popular en Rusia”.

En 1.924 publicó sus primeros poemas en la revista “Cromos” y en el vespertino “La Prensa” dirigió junto con Vicente Arenas C., la revista literaria “Ideal”, donde apareció su primer cuento titulado “Estrella”. Al año siguiente tentó por primera ocasión un cuento de ambiente cholo “La maldita canoa” y con su amigo Jorge Pérez Concha publicaron en 1.927 un librito de versos y en prosa llamado “Primavera Interior” en 76 pags. La prosa corrió a cargo de Aguilera excepto su poesía “En pos de lo inefable”, con 21 poemas suyos.

Ese año dirigió la parte artística de la revista “Voluntad” y fue designado Bibliotecario del Vicente Rocafuerte con S./ 250 sucres mensuales de sueldo; mas, por robarle un inocente beso en uno de los corredores, a su compañera Argentina Palacios, resultó expulsado, aunque luego fue perdonado por el rector. A ella sólo le mandaron a llamar al representante.

En 1.929 se graduó de Bachiller e inició estudios de Derecho que truncó casi dos años después, editó en mimeógrafo “El libro de los Manglares” en 38 pags. con algunos poemas sobre los cholos, decorado por él mismo con dibujos punaes.

En el Salón anual de Arte triunfó en caricatura con su montuvio “Como lo vé Triana, como lo vé el Patrón”. También presentó un lienzo al óleo “Cuenta Arriba” y ganó un premio especial por sus trabajos en madera al pirograbado. Ese año nació su hijo Ciro Aguilera López en Milagro.

En 1.930 viajó a Panamá en el motovelero “Cinco de Abril” con varios amigos, entre los cuales estaba Ernesto Sáenz de Viteri Illescas y tres cantantes argentinos. Llegaron casi para los carnavales y empezó a ganar dinero haciendo letreros, después se dio a conocer pintando catorce aguafuertes de las ruinas de Panamá antigua, que vendió al “Panamá Herald”. También fue cronista de “El Diario de Panamá”, “El Gráfico” y “La Estrella de Panamá” y contrajo matrimonio con la joven itsmeña Ana Rosa Endara del Castillo.

Mientras tanto, el día 5 de Noviembre, había circulado en Guayaquil “Los que se van” con 24 cuentos del cholo y del montubio, recopilados por Joaquín Gallegos Lara de entre su producción y las de sus amigos Enrique Gil Gilbert y Demetrio Aguilera Malta. El libro fue ignorado en un comienzo a pesar que el crítico español Francisco Ferrandis Albors lo comentó muy favorablemente en su columna de “El Telégrafo” y marcó definitivamente al movimiento literario de protesta, de realismo social en el Ecuador, comprometido con las izquierdas. Aguilera era socialista, Gallegos y Gil comunistas.

En 1.931 regresó a Guayaquil con su esposa, mantuvo una sección titulada “Savia” en el diario El Universo, fue designado Secretario del Vicente Rocafuerte. El 32 editó “Leticia”, crónica en 148 pags, tratando sobre dicho conflicto internacional. El 33 salió en Madrid “Don Goyo” en 206 pags. bajo el subtítulo de “Novela Americana”, con la historia de Don Goyo Quimí, cholo natural del Morro, fundador de la Comunidad del cerro de los morreños en la isla San Ignacio. Esa fue su primera gran obra, calificada de la expresión más alta de su arte total. (1)

En Octubre intervino en la I Exhibición del Poema Ecuatoriano y en la V Exposición artística de “Allere Flamma” con 8 grabados. En Noviembre comenzó a trabajar como Cronista de “El Universo”.

El 35 viajó a Chile y publicó en la “Editorial Ercilla” de Santiago su obra “Canal Zone” en 154 pags. testimonio de una Panamá colonizada por los yanquis a través de numerosas transnacionales, mundo de marineros, sexo y alcohol, donde la mayoría negra vivía inmisericordiamente explotada, obra que le acarreó numerosos tropiezos pues durante muchos años le fue prohibido el ingreso a los Estados Unidos.

Nuevamente en Guayaquil, pasó a colaborar en “La Prensa” y “El Telégrafo” y empezó a figurar entre los principales políticos socialistas del país. Quizá por eso, el Ministro de Educación, Dr. Carlos Zambrano Orejuela, le becó para que estudiara literatura en Madrid, a donde arribó tres días antes de que estallara la Guerra Civil. Entonces comenzó a servir de Cronista en el frente de batalla, asistió al Congreso de escritores republicanos celebrado en Valencia y finalmente dio a la luz en la editorial “Orion” de Barcelona: “Madrid, reportaje novelado de una retaguardia heroica”.


(1) La segunda edición de “Don Goyo” apareció en Quito en 1.938, Ediciones Antorcha, Imprenta Ecuador, en 112 pags.
En 1.937 regresó al Ecuador y al producirse la dictadura del General Enríquez Gallo, quien llamó a colaborar a los socialistas, ocupó la Dirección del Archivo Nacional de Historia y allí editó con Rafael Euclides Silva, una revista de Arte, Literatura e Historia denominada “Trópicos”. Luego fue ascendido a la Subsecretaría de Educación, publicó “La revolución española a través de dos estampas de Antohny Edén” y llevó a escena su tragedia “España Leal”, escrita en prosa y en versos romances, en tres Actos, prólogo y dos cuadros, estrenada por la compañía de Eduardo Albornoz en Guayaquil y editada el 38 en los talleres Gráficos de Educación.

“Por su verosimilitud la obra es fiel reflejo de una realidad sin mixtificación, con diálogos dinámicos tomados del pueblo madrileño. El transcurrir de los hechos se detiene para darle sabor poético a la gesta, con trasmutaciones de una voz que resume en romance el momento patriótico, dando realismo a la inmobilización de la escena.”

El éxito alcanzado le decidió a dedicarse al teatro a tiempo completo y con verdadero ahínco, “exponiendo sus tesis con limpidez, expresando la denuncia obligada, dado su temperamento, su amor por la verdad y su condición de escritor de denuncia”.

En 1.939 estrenó en el teatro Colón de Guayaquil su obra “Sátiro encadenado”. El 41 apareció “Lázaro” también para teatro, en veintiocho pags, caricatura escénica con la tragedia del Profesor Lázaro Ronquillo y Chancleta que pasaba necesidades por su escaso sueldo. “Lázaro” fue llevado a escena por un grupo de sus alumnos en el Rocafuerte bajo la dirección del popular artista Paco Villar, en tres estampas y un prólogo. Luego fue representada varias veces y con gran éxito por Ernesto Albán y su Compañía “Gómez Albán” en el teatro Olmedo, pero su mejor reconocimiento le vino del exterior donde se ha escenificado más de un millar de veces. Por eso se ha dicho que Demetrio Aguilera Malta, Jorge Ycaza, Augusto Sacoto Arias, Ricardo Descalzi y Paco Tobar García constituyen los más altos valores del teatro ecuatoriano en las décadas que van de 1.930 al 60.

En 1.942 la editorial “Vera y Cia.” imprimió su novela “La Isla Virgen” en 313 pags. donde se narran las aventuras de su tío Héctor Malta, quien después de visitar París con el producto de las cosechas de unas huertas de cacao en Vinces, regresó a los pocos años para encontrar que las dichosas huertas habían enfermado y resolvió vivir en la isla para trabajarla, produciéndose la simbiosis del hombre en la naturaleza. Esa fue su segunda obra maestra. En 1.946 editó el drama para teatro “Sangre Azul” que se estrenó en el teatro “Gloria” de Santiago de Chile y su amigo el profesor Willis Knappe Jones lo tradujo al inglés. “Sangre Azul” se publicó en 1.948 en Washington en tres actos, pero existen varias versiones en inglés y en portugués. (2)

En 1.947 fue designado Encargado de Negocios del Ecuador en Chile por el Gobierno del Presidente Carlos Julio Arosemena Tola. El 49 rodó la película “La Cadena Infinita” con libreto basado en su novela “Tierra de Esperanza” que aún permanece lamentablemente inédita y cuyo argumento trata sobre los españoles que salieron de su Patria a causa de la Guerra Civil, llevando sus problemas íntimos, que trasladaron a América. La película fue distribuida por “Plaza Film” de México y aún se pasa en cines de pueblo, pues las copias originales no han dejado de circular. El papel protagónico fue representado por el actor José Borh pero la película constituyó un completo fracaso económico y Aguilera perdió todo su capital.

 


(2) Se ha dicho, sin confirmación que “Sangre Azul” fue escrita a medias con Willis Knappe Jones, quien era por entonces profesor de Literatura Teatral de la Universidad de Oxford en Ohio.
Ese año fue cambiado a Río de Janeiro como Adjunto Cultural. Estaba separado de su esposa, quien retuvo a sus dos hijas: Ada Teresa y Marlene, pero le acompañó a Río la escritora Velia Márquez, secretaria de la Embajada de México, quien renunció a sus funciones por seguirle. En el Brasil fundó la compañía la “Arco Iris Film” que rodó la primer película a colores producida en dicho país: “Entre dos Carnavales”, también un fracaso económico; pues, según dijeron los críticos con verdadero racismo, denigraba, al país porque en ella aparecerían muchos negros (3).

En 1.950 escribió “Dos Comedias Fáciles”. El 53 regresó con Velia al Ecuador y contrajeron matrimonio. El 54 sus cuentos figuraron en la Antología francesa “Gens de 1’Equateur” y mediante contrato con el Ingeniero Pedro Carbo Medina, Ministro de Obras Públicas, filmó los iguientes documentales: 1) “El transporte de banano”, 2) “Los Salasacas”, 3) “Los Colorados” y 4) “Las Iglesias de Quito” que se procesaban en Colombia y sirvieron para dar a conocer aspectos importantes del comercio y la antropología nacional. También obligó a su amigo Francisco Tobar García a fundar el grupo “Teatro Independiente del Ecuador” que con altas y bajas duró hasta 1.970 con el uruguayo Arístides Meneguetti.

El 55 la Casa de la Cultura publicó en Quito su comedia en prosa, tres actos y diez cuadros titulada “No bastan los átomos”, cuyo contenido enigmático transcurre en una isla, mundo extraño y fantástico donde tres personajes juegan sus papeles simbólicos; y su comedia en prosa y en un acto “Dientes Blancos”, cuya acción se desarrolla en una ciudad de los Estados Unidos. “Estupendo resumen de un drama sin tragedia: la discriminación racial, donde el negro con sus dientes blancos raya de alegría la noche. Todo está comprimido pero suficiente para producir la impresión. El diálogo es breve, sustancial, se acopla a la acción continua,

(3) “La Cadena Infinita” y “Entre dos Carnavales” se rodaron con sus libretos y bajo la supervisión y ayuda de Velia Márquez, quien solo era por entonces su competentísima Secretaría. Después vendría el matrimonio.
agitaba, como corresponde al deseo planeado. Esta obra se estrenó en Quito bajo la Dirección del profesor alemán Lowenberg, en el local conocido como “La Cueva del Buho”, con notable éxito.

A fines del 55 radicó definitivamente en México. Vivía en una villa de su esposa, ubicada en Pozito No. 32, Colonia Popoctla, Distrito Federal, y se ganaba la vida dictando clases en la Universidad Latinoamericana de escritores, igualmente en el Distrito Federal, como Vocal representante de Sudamérica y publicó “Teatro”.

En 1.956 apareció “Tigre” también para teatro en un acto y tres cuadros, tragedia en prosa sobre la psicosis del miedo alimentada por la psicosis campesina sobre la astucia del tigre. Obra fatalista e intensamente dramática, con alucinaciones concordantes y diálogos libres y sencillos como corresponde al habla del cholo, lo cual dá veracidad a la obra y un cierto acento dramático y de angustia.

En 1.960 dio a la luz en Buenos Aires sus relatos titulados “Una Cruz en Sierra Maestra”, tema adaptado de España pero trasladado a un ambiente cubano del tiempo, pues acababa de triunfar un año atrás la célebre revolución cubana que derrocó al dictador Fulgencio Batista.
El 63 salió a la luz la segunda edición de su obra para teatro “Dientes Blancos” que se tradujo al inglés. El 64 escribió en Quito su ensayo “El Cuento Hispanoamericano”.

Entre el 64 y el 65 editó en Madrid “El Quijote del Dorado”, “La Caballeresa del Sol”, “Un nuevo Mar para el Rey” y “Los Generales de Bolívar” con episodios americanos sobre las vidas de Gonzalo Pizarro, Manuela Sáenz, Vasco Núñez de Balboa y Simón Bolívar y sus tenientes respectivamente. El 67 salió su relato “Infierno Negro” sobre los abusos de los blancos contra los negros de los Estados Unidos.

En 1.970 apareció su tercera gran obra “Siete lunas y siete serpientes” de ambientación chola y dentro del realismo mágico y alucinante, en la misma línea ascendente de Don Goyo e Isla Virgen, que lo situó entre los escritores del boom literario. En “Siete lunas y siete serpientes” tentó las formas nuevas que recién estaban experimentando los jóvenes escritores de Latinoamérica, antecediendo en tres años a La aparición de “Cien Años de Soledad” de Gabriel García Márquez.

Casi enseguida salió a la luz su “Teatro Completo” y “Guayaquil 70”, vademécum de la historia de nuestra urbe con motivo del sesquicentenario de la independencia, que editó en colaboración con su hermano Fausto y varios escritores entre los que me encuentro yo.

En 1.971 recibió el homenaje del Cabildo Guayaquileño, se le impuso una medalla de Oro durante el Encuentro de Escritores Latinoamericanos que se llevó a cabo en la urbe.

En 73 dio a luz “El Secuestro del General”, novela absurda por esperpéntica, sobre la dura realidad política de Hispanoamericana. El 77 editó “Jaguar” y dictó un curso de español sobre Literatura Hispanoamericana en “The Clermont University” de los Angeles.

En 1.978 publicó “Réquiem para el diablo”, novela calificada de extraña y profunda, de prosa espléndida e imaginación desbordada, cuyo argumento se repite, pues trata de transnacionales y negros explotados.

Estaba produciendo obras prodigiosas y aceleradamente, como si los años no le pesaran, milagro que realizaba por haber aprendido taquigrafía sin profesores, ayudándose únicamente de un texto.

El 79 celebró sus cincuenta años como escritor y ese parece que fue su mejor momento, pues estaba en la cumbre de su carrera internacional. Entonces fue invitado a dictar un Cursillo de Literatura en “The Irving University” de Los Angeles y el Gobierno de su sobrino segundo el Presidente Jaime Rodós Aguilera le designó Embajador del Ecuador en México, altísima función que desempeñó con su acostumbrada sencillez, pues ni siquiera quiso cambiarse de casa y hasta siguió escribiendo y pintando.

En 1.981 viajó por España especialmente invitado por la Editorial Guadarrama y el día 7 de Agosto recibió en Quito el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo que le confirió el gobierno del presidente Hurtado Larrea.

Estaba diabético y había perdido gran parte de su visión. De retorno a México se sintió con la salud abatida pero mejoró hasta que a mediados de Diciembre sufrió un resbalón en el cuarto de baño y se partió la ceja con una saliente de la pared de su dormitorio, debiendo ser hospitalizado para cogerle varios puntos.

Al día siguiente amaneció con principio de derrame cerebral y falleció tranquilamente, sin haber recobrado el conocimiento en ningún momento, el 28 de ese mes.

El 30 fue incinerado en el panteón de Dolores en ciudad México donde quedó su corazón, pero las cenizas fueron traídas a su Patria y arrojadas con una concha spondilius a las aguas del golfo el 7 de enero de 1.982, según habían sido sus deseos, “para que flote mi sombra como Don Goyo…..”

Hablaba y escribía en inglés y en francés. Dejó escritos varios relatos sobre un jugador de fútbol, que iba a publicar con el título de “Las pelotas de Píndaro”, aparecido en Marzo del 90 como “Una pelota, un sueño y diez centavos” terminado por su esposa.

Como escritor “Aguilera Malta representó la grandeza de la sencillez, el señorial trato amable, el genuino y magnánimo interés por el prójimo que merecía toda su atención”. Fue admirado, querido y dejó amigos.

De estatura mediana, contextura gruesa, ojos glaucos, piel trigueña, pelo negro y ensortijado en bucles. Era un excelente conversador que sabía matizar sus historias y aún así, dicen los que le trataron profundamente, que era mejor como amigo.

 

Aurora Estrada

Posted in Author's name, poemas with tags , on septiembre 28, 2008 by edmolin657

AURORA ESTRADA Y AYALA DE RAMÍREZ
POETA.- Nació en la casa de la hacienda “Juana de Oro” vecina al pueblo de San Juan, Cantón Puebloviejo, Provincia de los Ríos, el 17 de Noviembre de 1.901. Hija legítima de Rodolfo Estrada Ampuero, Corredor de bienes raíces y de Natalia Ayala de la Guerra, tierna y bondadosa dama, ambos guayaquileños.

La zona era por esos años un grandioso emporio de riqueza: un millón de árboles de cacao “de arriba, que era el mejor- miles de cafetos, frutales y enormes potreros que reflejaban su potente vida vegetal en el río.”

Su padre leía mucho y tenía por costumbre ingerir una poma de esencia de café todas las noches, que bebía por copitas como si fuera licor. Era inseparable compañero de Aurora, a la que mimaba porque sus primeros cinco hijos habían muerto con diversas enfermedades infantiles. Una tarde, en la que habían salido a pasear por los alrededores, encontraron un tronco caído y el grabó con su navaja las siguientes palabras “Ego sum” que en latín significa yo soy. Aurora preguntó el significado y el le contestó Algún día lo sabrás !Así modelaba su carácter! I tuvo una niñez feliz, rica en experiencias. Diariamente concurría del brazo de su madre a la escuelita de San Juan, de cinco años había aprendido a leer y a escribir así como las cuatro reglas y desde entonces su padre le obsequiaba libros infantiles y la incitaba a leer. En cierta ocasión le regaló un espejito adornado con flores, ella se emocionó, buscó un papel y escribió con mano aún temblorosa su primer poema que dedicó a las rosas. “No sé donde encontré la poesía” diría, porque la llevaba dentro.

En 1.911 regresaron a Guayaquil e ingresó a una escuela pública con su hermana Haydeé Su padre había enfermado del corazón y comenzaba a asfixiarse. Al poco tiempo murió y Aurora se hizo triste y vagarosa, leía mucho, hablaba poco, siempre con voz dulce y delicada. Entonces terminó la primaria donde la Srta. Rita Lecumberry y su madre adquirió una casita de madera en Vélez entre 6 de Marzo y Pedro Moncayo, subsistiendo con bordados y costuras y merced a la ayuda de su hermano Octavio Avala de la Guerra, que administraba en Puebloviejo la hacienda “La Cordero”.

Entonces ingresó a la sección femenina del colegio Vicente Rocafuerte Aurora seguía siendo una niña especial. Rara por su modestia, invisible por su timidez, frágil por su bulto, mejorando sus poemitas iniciales con otros más elaborados hasta que el verso se le hizo algo natural.

Cuando tenia quince años enseñó su producción al gran poeta Francisco J. Falques Ampuero, primo hermano de su padre, que se deleito con ella. Esa madrugada, a las dos de la mañana, alguien tocó a la puerta. Su madre se despertó sobresaltada y abrió la ventana para inquirir qué pasaba Era el poeta que había regresado y pedía unas tijeras. Con ellas en mano cruzó la calle, cortó en el recién inaugurado parque del Centenario unas rosas y regresando dijo: “Déjame subir, quiero ser el primero en coronar a Aurora”. La buena señora siguió la chanza y lo invitó a pasar Falques trenzó los tallos, sacó las espinas, confeccionó su corona y despertando a Aurora musitó ‘Te corono primero pero después lo harán otros” y se fue como había venido dejando a todos emocionados. Ese bello gesto le auguraba triunfos a la joven poetisa.

A los pocos meses ocurrió el suicidio del joven Medardo Ángel Silva y Guayaquil se interesó en conocer la producción de los poetas modernistas; sin embargo, ya existían otros valores una generación nueva que empezó a reunirse en casa de Aurora a leer y a conversar. “Cenáculo de almas tristes y locas que tomó el nombre de los Kermes y dieron vida en Octubre de 1 920 a una revista” del mismo nombre, que lamentablemente duró solo tres números. Allí se identificaron con sus producciones Sergio Núñez, José Joaquín Pino de Ycaza, Miguel Augusto Egas, Enrique Segovia Antepara, Rubén Irigoyen, Luis Albizuri, Leopoldo Benites Vinueza, Zaida Letty Castillo Pérez, Antonio del Campo, Solón y Gustavo Ramírez Olmedo del Pozo, Miguel Ángel Granado y Guarnizo, Miguel Ángel Barona, Rafael Coronel, Luis Aníbal Sánchez y Jorge Carrera Andrade que estaba de paso por Guayaquil.

Desaparecida la revista el grupo no se dispersó y después de las veladas en la casa de Aurora se iban al salón “El Búho”, situado al lado de “El Telégrafo”, donde formaban una peña literaria o recitaban en el cementerio frente a la tumba de Silva en noctámbulas sesiones que dieron mucho que decir. En 1.921 Miguel Augusto Egas y Rubén Irigoyen fundaron “Singulus” -uno solo- que también tuvo corta duración.

En Enero del 22 fundó y dirigió la revista mensual de artes y letras “Proteo”, cuyo solo nombre acusa una decisiva influencia del uruguayo José Enrique Rodó autor de “Ariel” y de “Los motivos de Proteo”. Dicha publicación no tuvo larga vida y su último número, el tercero, apareció en Julio de ese año; pero como circuló por el continente, abrióle fraternales horizontes. Ella diría después “El paso de nuestra promoción por las letras patrias significó el cumplimiento de una misión dentro del destino del arte nacional” y es que “Los Kermes” se habían propuesto como lema renovarse o morir, frase de Gabriel D’Anuncio que todos cumplieron. Más, no se crea que la lucha filé fácil. Numerosos excéticos lanzaron sus dardos azaetados y hubo uno que bajo el pseudónimo de “Mac” pidió desde diario “El Universo” el linchamiento de “Los Hermes”, que respondieron con una famosa “Epístola al idiota” escrita por Remigio Romero y Cordero.


En Marzo del 22 comenzó a colaborar en “Philelia” revista mensual literaria cuencana dirigida por Rafael Romero y Cordero a) Rapha. Ese año fue presentada en “El Guante” con un artículo elogioso firmado por un escritor amigo, entonces contrajo matrimonio con Gustavo Ramírez Pérez, su compañero generacional, izquierdista sincero que estudiaba leyes en la Universidad de Guayaquil.

En 1.923 escribió para la revista “Orientación” de Buenos Aires de la que era representante y alcanzó la fama literaria en los Juegos Florales auspiciados por Federación Universitaria de Quito con sus poemas “Cuando vuelvas sin mi” y “Poema de la Casa en ruinas” que obtuvieron dos primeros premios y desde ese instante fue saludado el nacimiento de una gran poetisa.

En 1.924 ganó el Premio Único en el Concurso auspiciado por la Municipalidad de Guayaquil para el mejor articulo sobre las efemérides de Octubre Entre 1.924 y el 26, año en que fue clausurado el Diario “El Guante”, dirigió su sección literaria.

En 1.925 editó el periódico semanal y universitario “La Idea” con Antonio Parra Velasco. Colón Serrano Murillo y Teodoro Alvarado Olea. Parra llegó a ocupar una concejalía del Cantón y le pidió sus poesías pata hacerlas publicar de la Municipalidad Así nació “Como el lncieso”.’fiño poemano lírico de 78 págs. aparecido a fines de ese año que le valió sinceros elogios. María Piedad Castillo de Levi dijo: “Ame esta nueva poetisa las demás cedemos el paso” y generosa como era la visitó y desde entonces fueron grandes amigas, pero no faltó la critica absurda Un periodista escribió que el poemario era “un e sean da I o social porque había tratado lemas velados al buen gusto del bello sexo.”


“Como el Incieso” consta de numerosos poemas, algunos de antología “El hombre que pasa”, “el divino Cáliz”. “El poema de la casa en minas”. “El poema del árbol” y “Yo tengo un poema pálido” de su primera producción lírica rubendariana y modernista, cantos a las fuerzas biológicas de la especie que iban contra los convencionalismo Victorianos y hasta rompían tabúes sexuales y todo eso lo hacía su autora “con la timidez propia de una adolescente modesta que odiaba la publicidad, que por su temperamento se mantenía apartada del ruido y que vivía suave, silenciosa, serenamente el matrimonio y la maternidad, además era una poetisa espiritualmente bella -su cuerpo fino lánguido, de proporciones perfectas, gustaba de la caricia del llanto de la lluvia ” Era, según ella misma, una mujer y nada más Por eso se ha dicho que 1 925 fue el año de su consagración definitiva.

Entre el 25 y el 27 colaboró en la revista ilustrada “Savia” de Guayaquil. Donde escribió // Siempre fui triste/ y me senti extranjera en todas panes./ / “I vino el nuevo tiempo en que espiritual mente tenía que avanzar Su convicción artística verifica el empalme entre dos generaciones literarias, porque un día en el Ecuador los espíritus superiores tuvieron que completar su soledad y su dolor con los demás y comprender la angustia de las colectividades menesterosas.”

Ya por esas épocas había comenzado su poesía social, apartada del arielismo de sus inicios y más compenetrada con la realidad nacional, por eso Hugo Alemán ha dicho que “Su arte desembocó en el encrespado océano del canto revolucionario. Alzó la cruz de la fatalidad en su verso y la mostró sangrante y pavorosa -como un símbolo de inútil sacrificio- a las atónitas miradas de los hombres.” Aurora mujer solidaria con los sufrimientos de su pueblo, desde la década de los veinte cuando solamente tenía 17 años de edad y aún no se había realizado la matanza del 15 de Noviembre, gemía dolida. Su “Canto de las trabajadoras Navidad”, punto de partida de su adhesión al proletariado, dio paso a otros más del mismo género como “J. White y Co” (1933), y “Chaco” (1937) que corresponden a su segunda época “y encierran un hondo mensaje de transformación social. Su voz rebasaba la línea de sectarismos y mediocridades y entonó el canto de la confraternidad y de la paz.”

En 1.928 obtuvo el Primer Premio en el Concurso en homenaje a la Fiesta de la Raza con su poema “España y el Ecuador” y fue coronada el 12 de Octubre en el paraninfo de la Universidad de Guayaquil como reina de la poesía por el Dr. Modesto Chávez Franco, cumpliéndose lo profetizado por Falques Ampuero. Con tal motivo “El Universo” la designó redactora de honor y colocó su retrato.

En 1.929 fue asesinado en Cuba su amigo el exiliado venezolano Francis Laguado Jaime quien tenía ocho años viviendo en la Habana, víctima de la dictadura del General Juan Vicente Gómez. Laguado y dos amigos más fueron arrojados desde lo alto de un fuerte al mar donde sirvieron de pasto a los tiburones.

Aurora estaba reponiéndose de una grave enfermedad que la tuvo tres meses en cama, escribió el poema “A Francis Laguado” y lanzó su promesa que consta en su poemario “Nuevo Canto”, de luchar por la justicia y la igualdad. Entonces ocurrió que su esposo al cursar el cuarto año de Derecho fue expulsado de la Universidad de Guayaquil por su activa militancia comunista en la “fracción universitaria de Izquierda” y su participación en la “Liga Antibélica”, la familia tuvo que trasladarse a Quito, donde él completó sus estudios de Jurisprudencia y trabajo en la Caja de Pensiones. Aurora dejó en Guayaquil la estela cristalina de sus mejores años, entró de profesora al “Liceo Bolívar” y comenzó a estudiar en la Facultad de Letras de la Universidad Central.

En 1.930 triunfó en el Concurso pedagógico promovido por el Día del Maestro. El 32 ganó el Concurso organizado por el Círculo “La Atalaya” de Ambato con su poema “A Montalvo”. Ese año pasó al Normal “Manuela Cañizares” llamada por su amiga la Rectora María Angélica Idrovo, colaborando en las veladas artísticas con poemas recogidos en el folleto titulado “Justicia a una labor: 1.933-34” en 7 págs. El 35 compuso “Para Adolfo, en la plenitud de su recuerdo” con motivo del suicidio de su amigo Adolfo Hidalgo Nevárez.

En 1.936 escribió su tesis doctoral denominada “Veinte Gobelinos de Gabriela Mistral” pero fue cerrada la Facultad y reabierta como simple Instituto Pedagógico, por eso egresó con el título de Profesora de Lengua y Literatura, y Licenciada en Ciencias de la Educación. De esa época fue su poemario infantil “Cometas al viento”, la novela “Puente”, el poemario coreográfico “Evocación Shiri” cuya música se ha perdido, el libro en prosa “Retrato de Mujeres” y varios poemas sociales, todo lo cual se ha perdido.

En 1.938 regresó a Guayaquil a despedirse de su madre, gravemente enferma con arterieesclerosis. Gabriela Mistral pasó por el puerto y vivió los meses de Agosto a Octubre en casa de su amiga Adelaida Velasco Caldos. Fue a visitar a Aurora, se encontraron y de rodillas se pusieron a llorar ¡Es el retrato de mi madre cuando estaba con la misma enfermedad! – dijo Gabriela. Dña. Natalia de Estrada falleció meses después en casa de su hija Haideé.

En 1.943, tras largo madurar, pensar y escribir, publicó “Tiniebla, veinte trenos y una Canción de Cuna, poemas a mi madre que duerme en el lecho No. 1.551 del Cementerio de Guayaquil” calificado de “romancero empapado de ausencia, de gratitud y de lágrimas, dedicado en lo absoluto a la evoca0ción de las diferentes etapas de la vida. Oblación lírica un poco sagrada, entregado a las intimidades del sepulcro.”
En 1.944 leyó su poema “Canto al Veintiocho de Mayo” en el Congreso de Trabajadores en Quito al que asistió como Delegada, entre Septiembre y Noviembre realizó una gira periodística por los Estados Unidos, invitada por la oficina de Coordinación Intramericana y por la primera dama Eleanor Rooselvelt y en una velada artística por el cincuentenario de la creación de los Normales se dramatizó su poema “El Grito”.

De esta época son sus composiciones líricas “Hora Cero” y “Fatum”.

En 1.950 regresó a Guayaquil con sus hijos y adquirió una casa en Avenida del Ejército y Urdaneta. El Ministerio de Educación le extendió su pase al Colegio Nacional “Aguirre Abad” y allí se mantuvo enseñando literatura por muchos años. El 51 se le unió su esposo que viajó a Guayaquil de Subgerente de la Caja de Pensiones.

Para entonces Aurora seguía siendo más que una simpatizante comunista, era lo que se dice una activista, luego se afilió y realizó una gran labor proseletista concurriendo a Sindicatos y a Congresos y dando su voz de aliento a las masas de trabajadores.

En 1.952 ingresó como profesora a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guayaquil y fundo la “Unión de Mujeres del Guayas” para defender los derechos de la mujer, el niño y la paz. El 53 viajó como Delegada a la Conferencia Latinoamericana de Mujeres celebrada en Río de Janeiro, donde resultó electa para una de las Vicepresidencias; el 55 al I Congreso Mundial de Madres en Lausana, Suiza. Ese año la Municipalidad de Puebloviejo la declaró su Hija Predilecta. El 62 recibió el homenaje de la Asociación Escuela de la Facultad de Filosofía.

En 1.963 la dictadura de Castro Jijón le arrebató su cátedra universitaria. El 64 la intelectualidad guayaquileña le ofreció “La Lira Poética” en desagravio. Leopoldo Benites Vinueza dijo entonces: “Raro temperamento el de esta mujer, tan poeta, tan artista y tan humana”. Raro por sus multicidad, raro por su inquietud, raro en fin por la sensibilidad exquisita con que pule los contornos ásperos de la vida. Sufre, ama, piensa.- Ella es así, su obra es como su espíritu, múltiple, proteiforme e ilimitado. El 66 le fue devuelta la cátedra.

El 9 de Marzo de 1.967 y mientras dictaba una/Conferencia en el Café Concierto 9 de Octubre entre García Avilés y Boyacá sobre el Día Internacional de la Mujer, sufrió un derrame cerebral y perdió el conocimiento. Llevada de urgencia a la Clínica Crespo, que era la más cercana, no se recuperó y falleció el día 12. Su viejo amigo, el poeta Hugo Mayo le dedicó su “Réquiem por Aurora”, bellísima despedida, canto a su dolorosa ausencia.

Tuvo una vida plena y “Cuesta trabajo comprender cómo pudo tener tanta fuerza y pasión democrática y tanta voluntad de servir. Cómo se dio tiempo para luchar donde fuere necesario defender a los golpeados por la injusticia. Benjamín Camón ha dicho “Hay en su poesía una honda preocupación por las fuerzas esenciales del hombre y de la especie y al mismo tiempo una ternura cálida y fecunda, que le ha dado la mano y le ha enseñado los caminos de la revolución, a la que ha ido primeramente sentimental, femenina, maternal, para luego enardecer el tono del campo proletario y darle médula de lucha y sonar de batalla.”

En “Yo soy” escribió”// Soy fina y pequeña tu mismo lo dijiste/ -ella es pequeña y fina como una ala en tensión-/y son mis ojos suaves, bajo mi frente triste,/ a mis labios ardientes, una contradicción.//

Eminentemente religiosa aunque sin practicar religión alguna canela, sensible, espiritual, dulce, femenina, y delicada. Pelo negro, ojos melados y boca fina; sin embargo, vivía como en guardia, pues se sentí a débil y profundamente pesimista. Se la conoce más eximo poetisa que como mujer de pensamiento y acción, de avanzada social, y fue ambas cosas al mismo tiempo, por eso Ezequiel González Más opinó de ella Pocas veces hemos visto su rostro en las veladas multicolores del arte, en la exhibiciones sonambúlicas del verso; mujer humilde y apartadiza, desdeñó la publicidad sonora del Guacamayo y los contoneos absurdos del mandril, pero ilustró la condición latente del poeta: testigo de cargo, defensor de oficio, error de la naturaleza y apunte supremo de la humanidad futura.

EL HOMBRE QUE PASA.- Es como un joven Dios de la selva fragante/ este hombre hermoso y rudo que va por el sendero; / en su carne morena se adivina pujante/ de fuerza y alegría un mágico venero,// Por entre los andrajos su recio pecho miro: /tiene labios hambrientos y brazos musculosos/ y mientras extasiada su bello cuerpo admiro/ todo el campo se llena de trinos armoniosos .// Yo, tan pálida y débil sobre el musgo tendida, /he sentido a) mirarlo una eclosión de vida/ i mi anémica sangre parece que va ahogarme. .. // Formaríamos el tronco de inextinguible casa/ si a mi raza caduca se juntara su raza, / pero el hombre se aleja sin siquiera mirarme.//

POEMA DE LA CASA EN RUINAS.- La casa en ruinas, blanca como una niña anciana/ que saliera a tomar el sol de esta mañana, /sobre el camino lacio, tristemente curvada, / se halla como de algún largo viaje cansada.// Sobre el tejado rojo inquieta enredadera/ se extiende como un verde manto de primavera/ y en la ventana un trozo de tela desteñida/ finge una mano trémula en larga despedida. //Cuelga un nido vacío de errante golondrina/ en el alero roto que a la tierra se inclina,/ i entre los corredores las pacientes arañas/ con seda fina y suave tejieron sus marañas.// En el umbral soleado sigue la negra puerta/ como pupila fija y enigmática abierta… / ascendamos, hermana, por la escala de piedra,/ por la escala que adorna, ya marchita la yedra.// Semejando el lamento del que se encuentra herido, / Cómo cruje doliente el piso carcomido// Escucha unciosamente. Como que huyeran alas/ nuestros pasos leves por las desiertas salas.// I ríes de mis palabras i el surtidor sonoro/ de tu garganta perla como fuente de oro. //La casa en ruinas, blanca como una niña anciana,/ mi sueño sin aurora, bien cobijara hermana./ /1 nos vamos al fin por la senda florida,// tú alegre y sonrosada en plenitud de vida,/ yo pálida, llevando mi primavera muerta/ como si fuera el alma de la casa desierta.//

CANTO DE LAS TABAJADORAS.- Navidad.- Vengo de las calles donde la alegría de los felices florece como un rosal de oro. / Por las calles limpias como sendas de raso, / donde las sedas y las pieles avergüenzan los harapos de los pobres./ Donde son una ironía nuestros vestidos raídos,/ nuestros rostros pálidos y el ansia de nuestras miradas./ De las calles donde todo brilla,/ donde todo canta/ donde todo ríe,/ vengo henchida de llanto como un amargo fruto.// Hija mía, Flor de carne que dejo en mis brazos el triste amor de los desheredados./ Amor hecho de rabia y de hambre: tan hondo y tan amargo, /Estrella tibia y dulce,/ lirio que palideces en el tugurio nuestro/duermes, duermes el sueño lento de los que nada esperan. /Y habrá algo más triste que un niño que no espera?…… ./Ni una muñeca rubia/ ni un trompo de colores/ni un oriental camello, cargado de presentes?/ Que no mande a los ángeles sus mensajes ingenuos?// Esta tristeza existe y no se ha escrito en versos…/ Mirándote la sien crecer en mi alma,/ Como crecen los trigos…./ Los hijos de los pobres ya no sueñan en ángeles…../ tienen solo hambre y frío y se duermen ceñudos…./ Tienen cual tú, un gesto vago en la carita pálida. /Sólo esperan el pan de las madres ausentes,/ ausentes casi siempre de sus hogares fríos.// Duerme….duerme tesoro mío…../ Traigo vacías las manos y el alma en cruz . ./Sin que ronde tus sueños ni el ala de un ensueño // No sé echar de mis ojos el llanto que me quema, /del que mi alma está llena como un amargo fruto./ Aqui en el cuarto negro donde tú eres la única blancura, /pienso en las calles claras, como un mágico día./ Y tiemblo…..Tiemblo…..Tiemblo/ Soy como un árbol bajó la tempestad. / No es el frió nocturno…./ No es el hambre trágica que roe mis entrañas…./ No es la miseria de mis ropas humildes…../ Es un recuerdo cruel como un clavo de hierro…/que se engarfia en mi carne.// Pienso en las calles claras como un mágico día,/ Lejanas como el cielo de los suburbios, donde/ los pobres nos hacíamos en racimos sufrientes…./ En tas vitrinas bellas, donde brillan tesoros/ de maravillas como de Mil y una Noches…./ Allí hay joyas de ensueño,/ cosas irreales, dignas del País de las Hadas…/ Cosas que harán trizas los niños más felices,/ esos que nada saben de las noches con hambre,/ y las manos tendidas acosas imposibles.// Duerme…. Duerme mi niña rubia,/ duerme con las manos vacías / Mientras afuera canta la navidad/ y hay rondas de alegres niños/ frente a las vitrinas claras.//

INSOMNIO- //Cuántas cosas sin nombre flotan en la tiniebla/ y qué leves rumores llenos de vaguedad. /Mis sentidos se hunden en una espesa niebla/ y sin embargo siento con mayor claridad // No sé si se proyecta -sensación indecible- / dentro de mi conciencia, la sombra inquietadora/ o es que mi ser irradia como llama imposible/ en el enigma mudo con ansia escrutadora.// Adormecen mi carne aladas ideaciones/ y en éxtasis espero el formidable grito…/ Del abismo recojo las hondas vibraciones/ como una sensitiva abierta al infinito.// Estoy lejos del mundo en un círculo extraño/ entre rostros amigos aunque nunca los vi./ Mi Psiquis está hundida en los siglos de antaño/ en esos siglos bellos en que quizá viví.// La eternidad me cerca, el tiempo no prosigue, /Sobrecoge mi espíritu un helado temor /Un esfuerzo y acaso del barróse desligue/y en (adivina Fuente apague su dolor./

 

Jorge Carrera Andrade

Posted in Author's name, poetas ecuatorianos with tags on septiembre 27, 2008 by edmolin657

Fuente: Biblioteca Rodolfo Pérez Pimentel
POETA.- Nació en Quito el 18 de Septiembre de 1.903 en la casa de la García Moreno y Morales, barrio de la Ronda. Hijo legítimo de Dr. Abelardo Carrera Andrade, político liberal en sus años mozos y abogado que siguió la carrera judicial hasta llegar a Ministro de la Corte Suprema de Justicia jubilándose en 1.942, y de Carmen Amelia Baca Andrade, “mujer admirable y bella”, dueña de una magnífica biblioteca, que dominaba el francés, tocaba el arpa, dibujaba y ejercía profunda influencia sobre sus hijos. 

“Vivió una infancia armoniosa y feliz embellecida entre la ciudad y el campo por la ternura de su madre”. En 1.908 fue matriculado en la escuela del Carmen Bajo frente al hospital San Juan de Dios, estudió en el pensionado Borja, la primaria, leía a los simbolistas franceses entre los eucaliptos de la cordillera, aprendiendo dulzura, levedad y transparencia. En 1.911 se cambiaron a una casa mayor en la García Moreno entre Loja y Ambato. 

El 14 ingresó al Normal de Juan Montalvo, pronto descubrió que “el camino de la pedagogía no era el que más se acercaba a sus tendencias y aptitudes” y salió. Su madre lo llevó a la escuela de los Padres Mercedarios donde no duró mucho. El 15 pasó al Mejía y tuvo por compañeros a Gonzalo Escudero y a Augusto Arias y de profesor de Literatura a Alejandro Andrade Coello. Frecuentaba la librería “Sucre” de Bonifacio Muñoz, leía a Montalvo y a los clásicos castellanos, aunque siempre fiel a un romanticismo tardío. En Junio del 16 fue cofundador y director de la revista romántica “El Crepúsculo”, que fue una travesura literaria de colegiales adolescentes que solo salió en dos números, escribiendo ensayos líricos y versos melancólicos bajo los seudónimos de “Ortos” y “Jean Valjean”. Por eso en Enero del 17 con Luis Aníbal Sanchez y César Ariosto Orellana fundaron la “Sociedad Literaria César Borja” que en Abril publicó la revista “La Idea”, sumándose a ellos Luis Aníbal Sänchez y Gonzalo Pozo.

A raíz de un Concurso Infantil fue premiado con un volumen de Rubén Darío y su lectura le despertó el deseo de escribir, pero como no sabía el mecanismo de la versificación, sus primeras páginas fueron poemas en prosa. Con “La Antología de la poesía francesa moderna” en traducción de Diaz Canedo y Fernán Fortún y con la revista “Letras” de Quito entró al modernismo. Para 1918 aún rimaba como Darío, por ese año percibió las nuevas tendencias naturalistas a lo Walt Whitman y renunció a la idea de la muerte y los paraísos artificiales por la fresca sensualidad de las cosas cotidianas. Posteriormente las lecturas de Andrés Gide y Francis Jammes le insinuaron aún más la importancia de dicha tendencia naturista. Era una joven poeta vital, virilmente rebelde y armoniosamente delicado, que colaboraba en la revista anual estudiantil del Mejía titulada “Vida Intelectual y en el Semanario humorístico “Caricatura”. En 1.919 en la revista “Juventud Estudiosa” de Guayaquil y el 20 en “Los Hermes”, también del puerto principal, dentro de una bohemia alegre, inquieta y febril y cuyos versos comenzaban a ser publicados en el exterior. En 1.921 editó una selección bajo el titulo de “Resumen Antológico de la moderna lírica ecuatoriana” con líneas introductorias, se graduó de bachiller, comenzó a estudiar Derecho pero pronto abandonó esta carrera. Ese año formó parte de un grupo de intelectuales denominados, “Renovación” con Benjamín Carrión, Pío Jaramillo, Antonio J. Quevedo, Jorge Eguez, Carlos Zambrano Orejuela, Miguel Angel Zambrano y otros más. 

Entonces le dio por escribir una novela que tituló “Cordillera”, hizo el plan, comenzó algunas páginas que publicó en una revista estudiantil, pero no siguió porque se le hacían muy difíciles los diálogos. Ese año colaboró en la revista “Proteo”. En Julio del 22 publicó “Estanque Inefable” con 27 poesías escritas a partir del año 20, algunas en verso corto, que le mereció una generosa crítica de Isaac J. Barrera . También publicó en “Incienso” de Rafael Coronel. Acababa por esos días de arribar de Madrid el poeta César E. Arroyo, trayendo las nuevas ideas y metáforas del creacionismo y ultraísmo poético, que entusiasmaron a Carrera Andrade, motivándole un viaje a Guayaquil en plan transhumante y colaboró en la revista modernista cuencana “América Latina” que dirigía Manuel Moreno Mora. 

En el puerto formó parte del grupo “Los Hermes”, se ganó la vida como periodista en “El Telégrafo” y presenció la matanza del 15 de Noviembre del 22; al año siguiente regresó a Quito y pasó de Jefe de Redacción del periódico “Humanidad” que auspiciaba la candidatura del Cor. Juan Manuel Lasso a la presidencia de la República. Ese año asistió al Congreso del partido Liberal, se separó y empezó a formar filas en el socialismo. Para el primer aniversario del 15 de Noviembre los de “Humanidad” hicieron circular una violentísima edición impresa en tinta roja contra el Presidente Tamayo y la prisión no se hizo esperar, permaneciendo varios días incomunicado. 

En 1.924 editó por entregas una “Selección de los modernos poetas y prosistas ecuatorianos” y aparecieron nuevamente sus poemas en la revista “Lírica Hispana”. EL 25 pasó de redactor a “La Antorcha”, primer semanario quiteño de clara tendencia socialista, que combatió al régimen del Presidente Córdova hasta su caída el 9 de Julio. Entre el 25 y el 27 colaboró en la revista guayaquileña “Savia. El 25 formó parte de la Comisión directiva de la Sociedad de Amigos de Montalvo que editó la revista mensual “América” hasta 1.929 y también colaboró en la revista mensual quiteña de arte y literatura “Esfinge” dirigida por Hugo Alemán. 

Su vida era errática, desaparecía por días de la redacción del periódico y nadie sabía donde estaba. Un día escribió el siguiente telegrama “Encuentrome Pomasqui. Sigo al norte con fines políticos manden plata”. 

El 26 intervino activamente en la celebración en Quito del I Congreso Socialista Ecuatoriano y fue electo secretario de ese nuevo partido político. Su amigo Cristóbal de Gangotena le editó su segundo poemario “Guirnalda del Silencio” con 38 composiciones a exaltar la tierra, los seres pequeños y la vida doméstica, aunque algunas de ellas ya habían aparecido en “Estanque Inefable”. Durante esa parte de su existencia gustaba recitar versos revolucionarios como su “Canto a Rusia” y en él su poema “Lenín ha muerto” 

Amaba el maligno deleite de la morfina y abusaba del alcohol, imitando a Baudelaire hasta en el sensualismo enervante de sus poemas malditos. 

El 27 se dio un mayúsculo escándalo cuando apareció su poema “Mademoiselle Satán” en la revista “Figaro” de Carlos H. Endara (1), conteniendo pasajes de sexo explícito. Su padre lo sacó de la casa y tuvo que disculparse ante la opinión pública mediante carta en “El Comercio”. Entre el 27 y el 30 colaboró para la revista modernista quiteña “Espirales” que dirigía Pedro Gómez. 

En 1.928 editó “Cuadernos de Poemas Indios” con ocho poemas que incluyó dos años después como parte primera de “Boletines de Mar y Tierra”, mostrándose primitivo e ingenuo por la visión de las cosas y refinado por el arte interpretativo, siendo de los primeros en componer poesía social en América. 

Después escribió “Microgramas”, que son breves poemas de una realidad y que cierran la etapa juvenil de su obra, unos cuantos capítulos de la novela “Cordillera”, de tema indígena, que jamás concluyó pues los originales se perdieron en su primer viaje a Europa y fue activo opositor al gobierno duro de Isidro Ayora, que clausuraba diarios y desterraba escritores. 

(1) Lola Vinueza o Madenoiselle Satán que es lo mismo, vivvía en la casa esquinera de la Guayaquil y Caldas (Barrio de San blas). Era exótica, bellísima, impulsiva, gustaba recitar poemas sentimentales, leer libros prestados que luego destruía sin acordarse de que eran ajenos y debía devolverlos. Una vez “flagelo” diabólicamente al joven y largirucho poeta Carrera Andrade.En Mayo de ese año 28 fue designado representante del partido Socialista al V Congreso Internacional a celebrarse en Moscú. Con tal motivo viajó a Panamá, donde subsistió tres meses dictando conferencia, luego cruzó al Caribe y arribó a Holanda y Alemania, en Berlín hizo amistad con Víctor Raul Haya de la Torre, en París con César Vallejo y Gabriela Mistral. Comenzaba su vida internacional, pero en Hamburgo le fue negada la visa y tuvo que regresar por París. En dicha capital entró en contacto con numerosos poetas hispanoaméricanos y recién en Diciembre del 29 pudo llegar al Mediterráneo donde escribió “Estampas de Marsella”, relatos de prosa exquisita que revelan su madurez. Después siguió a Barcelona y fue contratado por el editor Vicente Clavel que lanzó sus “Boletines de Mar y Tierra”, cuarenta poemas de luz, gozosos de sentimiento y del placer de viajar por la geografía moderna donde aparecen superados sus pasados vicios; entonces comenzó a asistir a los cursos de Diplomacia de la Facultad de Filosofía, le nombraron Secretario de la Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos, escribió para diferentes revistas y periódicos, fundó la “Hoja Literaria” y hasta tradujo dos novelas en medio de un clima de agitación política que presagiaba el fin de esa monarquía. Estaba en una etapa más profunda, tratando de presentar el mundo tal como es, conciente de los problemas contemporáneos.

 

En 1.931 escribió para la revista “Hontanar” de Loja sobre el “Esquema de la poesía de vanguardia” y en España asistió al nacimiento de la República. 

En Julio del 33 regresó al Ecuador tras cinco años de ausencia, recibiendo un homenaje inusitado en Quito, pues no faltó poeta ni intelectual que dejara de visitarlo. El 10 de Agosto se reunió el Congreso y fue designado Prosecretario, después dio a luz “Cartas de un Emigrado” en prosa reflexiva y de interés social, dictó clases en el Mejía y fundó el “Grupo Social Agrario”, especie de partido político que tuvo corta duración.

En 1.934 fue designado Cónsul en Paita y compuso “Latitudes” con ensayos sobre diversos escritores. Habíase iniciado en la diplomacia, carrera que le duraría 34 años. 

En Agosto estaba nuevamente en Quito participando en un Concurso Nacional para el servicio diplomático y pasó de Cónsul a El Harvre. Allí aprovechó para editar el 35 sus poemarios “Rol de la Manzana” con 51 poemas 24 Microgramas sobre todas las cosas que integra el coro vital de la tierra y “El Tiempo Manual”. “Ambos salieron en Barcelona y el último fue traducido al francés por Adolphe de Falgairolle. Ese año contrajo matrimonio” con Paulette Colin Lebas. El 36 terminó la “Antología poética de Pierre Reverdy”. El 37 otro poemario aparecido con el nombre de “Biografía para el uso de los pájaros” con 17 composiciones con evocaciones a las cosas simples, enriqueciendo los temas del hombre. “Su aguda sensibilidad de primitivo americano percibía la paulatina decadencia del humanismo y sus ideales de perfección individual y atestiguó el advenimiento del existencialismo y su secuela de zozobra, desilución y angustia ante la muerte”. 

En 1.938 fue cambiado a Yokohama y viajó a través de los Estados Unidos. En el Japón se interesó por la cultura oriental y sus principales manifestaciones. El 39 dio a la luz su “Guía de la joven poesía ecuatoriana”, en Agosto de 1.940 editó en Tokio sus “Microgramas”, poemas que se parecían a los haikai de ese país y regresó apuradamente al Ecuador. Al poco tiempo se declaró la guerra en el Pacífico y las fronteras fueron cerradas. 

En Quito recibió el nombramiento interino de Director General de la Sección Consular y dio a la luz “Registro del Mundo” con la casi totalidad de su obra poética. En Diciembre del 40 pasó a San Francisco a ejercer el consulado General y luego de perfeccionar su inglés pudo leer a los clásicos norteamericanos. El 41 publicó en inglés una defensa de los derechos territoriales del Ecuador con motivo de la invasión peruana. En 1.942 intervino en varios actos organizados por el congreso latinoamericano de “Free Word Association”, trató a numerosos eruditos hispanistas y figuró en diversas Antologías en inglés. Su nombre era ampliamente conocido en Europa, comenzaba a interesar en los Estados Unidos.

Angel Felicísimo Rojas

Posted in Author's name with tags on septiembre 25, 2008 by edmolin657

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

 

Benjamín Carrión Mora

Posted in Author's name with tags , , on septiembre 25, 2008 by edmolin657

BENJAMIN CARRION MORA
PROMOTOR CULTURAL.- Nació en Loja “el último rincón del mundo y al mismo tiempo el sitio más bello del universo” según propia confesion, el 20 de Abril de 1.897. Hijo legítimo de Manuel Carrión Riofrio, profesor de literatura y poeta fallecido en 1.903 y de Filomena Mora Bermeo, lojanos.

Infancia plenamente feliz y el último de diez hermanos, fue bautizado como Manuel en honor a su padre y después le agregaron Benjamín por ser el menor de la familia. Huérfano de seis años. No tuvo instrucción primaria pero su madre le enseñó las primeras letras y un poco de francés aprendido por ella de las monjas belgas de Cuenca. Mas tarde realizó la secundaria en el “Bernardo Valdivieso” donde su profesor de matemáticas Adolfo Valarezo lo orientó hacia la cultura mientras su hermano Héctor Manuel le enseñaba literatura francesa y especialmente a los poetas modernistas Baudelaire y Rimbaud. En 1.910 pretendió enrolarse durante la movilización general decretada contra el Perú pero fue rechazado “por mocoso novelero”, de suerte que siguió leyendo los libros de su hermano. El 13, en el cuarto curso, descolló en Algebra, Trigonometría, Cálculo Diferencia e Infinitesimal.

En 1.914 comenzó a frecuentar las reuniones literarias que celebraba en su casa el Gobernador Pío Jaramillo Alvarado; con gente de su generación colaboró en el periódico “Vida Nueva” que dirigía Clodoveo Jaramillo Alvarado y tenía un marcado tinte modernista. De esa época es su poema “Libertad y Civilización”

En 1.916 se graduó de Bachiller y viajó a Quito a estudiar en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central, empezó a reunirse con otros jóvenes y en los café de la plaza del Teatro hacían recitar a Ernesto Noboa y Caamaño y a Humberto Fierro, fue electo presidente de la Escuela de Derecho, colaboró en la “Revista de Estudio Jurídicos” y en el diario “El Día” de Ricardo Jaramillo donde trabajó seis años. En 1.918 dirigió “La Revista” denunciando el anquilosamiento de la Universidad ecuatoriana y colaboró en el semanario humorístico “Caricatura”. En 1.919 escribía versos sentimentales como “Romance antiguo” el cuento “Mariana” que nunca publicó, y figuró entre los Directores de la Revista Literaria mensual lojana “Nuevos Perfiles”.

En 1.920 fue designado miembro de la “Sociedad Jurídico Literaria”, estuvo entre los fundadores de la “Federación de Estudiantes del Ecuador” FEUE. y el profesor Humberto Albornoz amplió sus horizontes de lectura prestándole libros de autores españoles recientes. Ese año colaboró en la revista guayaquileña “Juventud Estudiosa” de Teodoro Alvarado Olea.

En 1.922 se graduó de Abogado, regresó a Loja, triunfando en los Juegos Florales y contrajo matrimonio con su prima segunda Agueda Eguiguren Riofrío, de 16 años, a quien había conocido tiempo atrás en una fiesta de Navidad. Tuvieron dos hijos y una vida plena y feliz.

En 1.923 desempeñó la prosecretaría de la Cámara de Diputados. En 1.924 la dirección de la Gaceta Judicial órgano de la Corte Suprema. En 1.925 el Presidente Gonzalo S. Córdoba, muy amigo de su familia, lo envió de Cónsul del Ecuador a El Havre.

En Europa se dio tiempo para estudiar en la “Ecole de Hautes Etudes” de París y asistía a las tertulias de Gabriela Mistral en el hotel de Montpassie; allí nació la idea de fundar la editorial “París América” para publicar libros hispanoamericanos. También visitaba al maestro Miguel de Unamuno y conoció a José Vasconcelos, Francisco García Calderón, Manuel Ugarte, Alfonso Reyes y José María Arguedas entre los hispanoamericanos y a Roman Rolland, Georges Duhamel y Herman Keyserling entre los europeos.

En 1.928 editó en Madrid “Algunas opiniones sobre los creadores de la nueva América” en 18 págs. con prólogo de su amiga Gabriela Mistral donde estudió a Vasconcelos, Manuel Ugarte, Francisco García Calderón y Alcides Arguedas. Este primer ensayo le granjeó el respeto y la simpatía de la crítica.

En 1.929 apareció “El desencanto de Miguel García” novela de costumbres políticas ecuatorianas, en 219 págs. que después juzgó un “pecadillo de juventud”.

En 1.930 frecuentaba las tertulias del café de Madeleine y discutiendo sobre la producción hispanoamericana presentó en Diciembre a Teresa de la Parra, Adolfo Costa Durels, Lascone Tegui, Miguel Angel Asturias, Tonio Salazar, Cesar Vallejo, Carlos Días, al grupo de Guayaquil, recién formado por Gallegos Lara, Gil Gilbert y Aguilera Malta, dándole el espaldarazo consagratorio. A pesar de la pésima impresión y cortedad del libro, Carrión habló de ellos dándole el respaldo crítico que requería el realismo social para imponerse definitivamente, pues Francisco Ferrandis Albors ya lo había presentado como algo excepcional en las páginas de “El Telégrafo” de Guayaquil.

En 1.931 publicó “Mapa de América” en 135 págs. dentro de la misma línea de crítica que iniciara tres años atrás, con estudios de Teresa de la Parra, Pablo Palacios, Jaime Torres Bodet, el vizconde de Lascone Tegui, Carlos Sabat Ercasty y José Carlos Mariategui, pues el crítico anterior había sido Gonzalo Zaldumbide. Con esta nueva obra se consagró “el crítico de su generación y la siguiente”. Este fue el libro que más trabajo le costó y al que más cariño le tuvo.

Ese año pasó al Consulado General en Lima y el Callao y casi enseguida fue ascendido a secretario de la Legación del Ecuador, pero prefirió regresar a Quito tras seis años de ausencia interviniendo activamente en política como miembro del reciente creado partido Socialista, poco después sería nombrado Secretario General de ese partido.

El encargado del poder ejecutivo Dr. Alfredo Baquerizo Moreno lo nombró en Octubre del 31 Ministro de Gobierno, pero Carrión no aceptó en solidaridad con los universitarios apaleados en las calles. Entonces volvió a escribir en “El Día” y empezó a dictar la cátedra de sociología en la Universidad Central.

Tras la descalificación de Bonifaz intervino en los sucesos relacionados con la batalla de los cuatro días, que permitió la subida de Alberto Guerrero Martínez, quien lo designó Ministro de Educación en Septiembre de 1.932. Entonces publicó un Plan de Labores, programa extraordinario que algunos calificaron de utópico. La gente se emocionó ante el milagro que ofrecía el flamante Ministro pero éste no se produjo.

Al ascenso de Martínez Mera en Diciembre de ese año, Carrión volvió a la vida privada. Su gestión ministerial solo había durado tres meses. Mientras tanto al partido Socialista había declarado la oposición al gobierno y en la casa de Carrión, su Secretario General, se organizaba el Congreso del Partido. En tales circunstancias a principios del 33, su amigo el Canciller Dr. Antonio Quevedo le propuso la Embajada en México y aceptó, desencadenado el derrumbe de sus coidearios que en desquite decretaron su expulsión.

Su misión duró dos años, tiempo que aprovechó para escribir y publicar “Atahualpa” en 315 pags. el mejor de sus libros según criterio generalizado, “obra de pasión creadora y biografía de la conquista bellamente escrita” que ha conocido varias ediciones en 1.939 y en 1.970 en el No. 38 de Clásicos Ariel y ha sido traducida al inglés y al francés. Libro que gira alrededor del choque de dos culturas la Española y la Americana.

A su regreso en 1.935 ocupó la cátedra de Literatura en la Escuela Superior de Pedagogía de la Universidad Central, y anunció el nacimiento de un gran pintor, que acababa de ser rechazado del Salón “Mariano Aguilera”, Eduardo Kingman Riofrío. Al año siguiente ejerció la presidencia de la “Sociedad Jurídico Literaria”.

Entonces la editorial Ercilla de Chile le solicitó un volumen antológico que salió a la Luz en 1.937 con el título de “índice de la poesía ecuatoriana contemporánea” en 169 págs. y que causó escándalo nacionalidad porque se burló de la poesía Mariana y de los Poetas cuencanos. El asunto trajo cola y Francisco Ferrandis Albors agregó que Remigio Crespo Toral era un carpintero del verso. Mientras tanto la dictadura del Ing. Federico Paez había iniciado en 1.936 un vuelco a la derecha y comenzó la represión de las izquierdas a escala nacional. Carrión fue encarcelado y sufrió destierro a Ipiales con su esposa y Gonzalo Escudero, hasta que Antonio Quevedo les consiguió el permiso para que pudieran regresar. Después surgió el grupo “Inquietudes Nuevas” con Angel Modesto Paredes y Gonzalo Escudero.

En 1.937 fue designado por el canciller Luis Bossano, de la dictadura de Enríquez Gallo, para Ministro Plenipotenciario en Bogotá y allí permaneció dos años, colaborando en varias publicaciones y tratando a la intelectualidad de ese país.

A fines del 38, enterado de la elección presidencial de Mosquera Narvaéz, regresó a Quito con un mes de permiso. En el interim fue reemplazado por Gonzalo Zaldumbide y entonces Carrión telegrafíó a su familia y se reunieron en Quito. De allí en adelante escribió en diarios y revistas del país y del exterior, dictó su cátedra en la Universidad Central y dirigió “Nuestra España” en 79 pags. homenaje de los poetas y artistas Ecuatorianos a la República española, atacada por el falangismo.

Entre 1.941 y el 43 aparecieron en “El Día” una serie de artículos titulados “Cartas al Ecuador”, al estilo de las escritas por Rocafuerte en 1.843 en Lima. En ellas estudiaba Carrión la problemática del Ecuador y América manifestando que había llegado la hora de indohispania. Esta primera Serie fue editada en 1.943, en 149 pags. como un ensayo de interpretación socio-histórica, en la que Carrión luchó por dar a conocer lo ecuatoriano y sentó las bases de su teoría de la pequeña gran nación por la cultura, a través de la búsqueda de nuestra identidad, en esto, como en muchos otros aspectos de su vida, se motivó a través de una instuición genial. Entonces Arroyo del Río vetó su candidatura al rectorado de la Universidad Central y Carrión escribió “El Pensamiento vivo de Montalvo”, ensayo.

Entre el 43 y el 44 conspiró con Jacinto Jijón, Camilo Ponce, José María Plaza Lasso. Después de la revolución del 28 de mayo de 1.944, gestionó la creación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, fue su primer presidente y fundó la revista “Letras del Ecuador” que devino en órganos casi oficial de dicha institución. Carrión fue el alma de la Casa, laboraba casi a tiempo completo y sin sueldo, promocionando la plástica, fomentando el teatro, publicando lo mejor de la producción Literaria, invitando a primeras figuras internacionales y fundó el Instituto Ecuatoriano del Folklore. En 1.946 presentó una Memoria sobre la vida y actividades de la Casa, titulándola “Un año de labores”, en 35 pags.

En 1.945 presidió el Instituto, escribió sus ensayos “San Miguel de Unamuno” y “Santa Gabriela Mistral”. En 1.947 fue electo Diputado al Congreso extraordinario y luego miembro del Consejo Ejecutivo de la Unesco con sede en París. En 1.948 pasó de Embajador en Chile pero renunció al año siguiente y a su regreso a Quito el Congreso lo nombró Vocal principal del Consejo de Estado.

En 1.950 fue director general del Diario “El Sol”. En 1.951 apareció “El nuevo Relato ecuatoriano”, crítica y antología en dos tomos, de 408 y 541 págs. respectivamente, del que Rodríguez Castelo ha opinado: “Carrión precisa el sentido y valora el aporte de los hombres del 30 en la línea que fueron más potentes, el relato, pero la voluminosa obra nunca nos da todo lo que acudimos a pedirle lo cual no impide que tenga lugares de crítica agudísima, luminosa, suscitadora, casi profética”.

En 1.952 editó “Puerto Rico, un pueblo manos a la obra” y fue designado Presidente de Honor de “Alianza Democrática Nacional”. En 1.954 apareció “San Miguel de Unamuno”, con selección de ensayos, en 327 págs. defendiendo al gran escritor y maestro español, pero tan inofensiva obrita en 1.957 fue puesta en el índice de los libros prohibidos por el Vaticano, lo que ocasionó la burla de los ecuatorianos cultos.

En 1.955 prologó bellísimamente en 32 págs. la “Historia de Loja y su Provincia” de Pío Jaramillo Alvarado, su antiguo maestro y amigo el más admirado. En 1.956 apareció “Santa Gabriela Mistral” en 339 págs. con nuevos ensayos.

Entre 1.955 y el 56 volvió a la presidencia de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Su nombre había alcanzado preeminencia internacional y la Universidad de México lo contrató de profesor de Historia de la Literatura Hispanoamericana, ejerciendo dicha cátedra entre 1.956 y el 58 que por la rotura de una pierna en accidente, regresó a operarse en Quito. Entonces apareció en la revista política “La Calle” sus “Nuevas Cartas al Ecuador” que recogió en un volumen de 202 págs.

En 1.959 editó “García Moreno, el santo del patíbulo” en 746 págs. libro extraordinario por el enfoque psicológico del personaje, que la pudibundez de la seudo critica ha calificado de mediocre, sin darse cuenta que es el estudio de toda una época. Ese año fue condecorado “Al mérito Docente” por la Universidad Central, por cumplir 25 años de labores.

En 1.960 fue candidatizado por los estudiantes de país para Vicepresidente de la república en binomio con el Dr. Antonio Parra Velasco, ex rector de la Universidad de Guayaquil, y aunque la campaña fue muy irregular, Carrión se separó de ella un mes antes con una fracción del socialismo y la CFP. retiró su apoyo a última hora y el resultado de las votaciones arrojó un triunfo para Velasco Ibarra, el slogan “Parra – Carrión, revolución”, aún se recuerda con patriótica emoción no exenta de una sutil melancolía. En esa oportunidad Carrión esgrimió la idea de la segunda independencia.

En 1.961 salió en Buenos Aires “El Pensamiento vivo de Montalvo”. En 1.963 la estulta dictadura de Castro Jijón lo encarceló varios días en el Panóptico, de donde partió a dictar su cátedra en la Universidad de México. Entonces publicó “Porque Jesús no vuelve” en 396 págs. El 64 asistió en Génova a una invitación del Padre Angel Arpa, director del “Columbianum Institución Cultural para América Latina”, presidió la II comisión, la ideológica. El 65 firmó el Acta de constitución de la “Comunidad Latinoamericana de Escritores” con sede en México.

En 1.966 defendió a su amigo el crítico y novelista G. Humberto Mata en su ensayo titulado: “El Comprendedor y Montalvo”, sobre dicho escritor. Ese año volvió a la presidencia de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. En 1.967 fue electo presidente del Tribunal Supremo Electoral, pero a las pocas semanas un corrupto entente político de los conservadores lo depuso del cargo. Por esos días apareció su obra de relatos titulada “El cuento de la Patria”, escrita para formar el criterio de la juventud ecuatoriana, en 236 págs. Durante la presidencia de Otto Arosemena Gómez, la Casa de la Cultura y Carrión le ofrecieron un banquete del que salió la Embajada en México para Carrión, quien viajó a ese país bajo las severas protestas de sus codearios comunistas, especialmente Manuel Agustín Aguirre, que no aceptaba ninguna clase de entendimientos.

En 1.968 México le otorgó el premio “Benito Juárez”. En 1.970 presidió el Jurado del premio “Rómulo Gallegos” y dio a la luz “Raíz y camino de nuestra cultura”•con 8 ensayos de gran claridad mental, en 133 págs. el 71 presidió el V Consejo de Honor Editorial de la Biblioteca “Clásicos Ariel”.

En 1.975 se creó en el Ecuador el premio de cultura “Eugenio Espejo” para serle conferido a Carrión. En 1.977 editó “Plan del Ecuador” en el No. 45 de la Colección Letras del Ecuador, con sugestivos ensayos culturales.

En 1.978 fue designado Presidente del Tribunal Supremo Electoral, cargo clave en el Plan de Retorno Constitucional ideado por la dictadura de los triunviros, que poco después iniciaron una maquiavélica política para prolongarse en el gobierno. Carrión renunció a sus funciones alegando avanzada edad y mala salud. Tenía 81 años y venía sufriendo hacía 4 ó 5 años de pequeñas hemorragias por la orina. El Ministro de Gobierno Gen. Bolívar Jarrín Cahueñas, le pidió que continuara pero se negó.

En los siguientes meses fue agravandose e internado en la Clínica Pasteur falleció tranquilamente y de cáncer a la vejiga, sin perder la conciencia ni conocer de su enfermedad, el 9 de marzo de 1.979. Su sepelio demostró cuanto lo quería el país.

Escribía a mano en cuadernos de cubierta rígida y le gustaba hacerlo en el campo, luego le fue ganando la civilización y lo hacía a máquina. Una secretaria le transcribía todo después, pero lo primero en su vida era conversar con cualquier persona que estuviera cerca de él, sin que le importara el nivel cultural o la edad.

Maestro cuya “magnanimidad llegaba a exceso en lo referente a estimular las nuevas vocaciones. De conversación erudita y fina, sin petulancia ni insolencia, respetuoso e inacabable, sabía de libros y en hechos”.

Tuvo una memoria privilegiada y no se le escapaba el menor detalle. “No fue amigo de los norteamericanos pero respetaba a sus escritores considerándoles superiores a los europeos”. Su tendencia, la marxista-leninista.
Su palabra era buscada por los más representativos organismos culturales y educativos de los Estados Unidos, Europa e Hispanoamérica.

“Vida dedicada por completo al cultivo de la Inteligencia”, generoso, amplio y sin egoísmo, más de una vez pidió que sobre su sepultura se escribiera “Aquí yace un hombre bueno”; en síntesis, un gran ecuatoriano, de los mejores de este siglo.

Después de su muerte se editó “El Libro de los Prólogos” con 23 de ellos que su viuda y su nieto Andrés encontraron entre sus papeles bajo el título de “Los prólogos que he preferido”. En 1.981 apareció “América dada al Diablo”, cuyos originales sacó en limpio en Caracas la escritora Alba Luz Mora, cumpliendo un gratísimo encargo del autor. Las “Obras Completas” han comenzado a aparecer en un tomo papel Biblia, en 610 págs.

Para el Ecuador del siglo XX Carrión ha sido el gran suscitador, el gran promotor, mezcla de vigía cultural y espiritual y a pesar que Hernán Rodríguez Castelo, Michael Haudelsman, Fernando Tinajero y Alejandro Moreano han estudiado su pensamiento, aún sigue siendo casi un desconocido entre nosotros porque las nuevas generaciones no le recuerdan aunque amó mucho al Ecuador. Jorge Enrique Adoum le ha cantado así “El hizo más grande nuestra patria / la llevaba orgulloso como una flor en el ojal a donde iba / y de donde iba volvía dejando amigos que la querían por contagio…// Luchó por una América unida/ y por un gigantesco movimiento de masas para cambiar el presente//