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Los lagarteros

Posted in notas periodísticas, tradiciones on septiembre 25, 2008 by edmolin657

Julio 14, 2006

Jorge Martillo para EL UNIVERSO

Cae la noche sobre Guayaquil. La piel plateada de la luna cubre al puerto. Las esquinas son iluminadas por el alumbrado público y los letreros de neón.

Las aceras y los portales de Lorenzo de Garaycoa (conocida también como Santa Elena, su antiguo nombre) están invadidos por bohemios y noctámbulos porque esa calle, entre Luque y Colón, alberga a La Lagartera.

He retornado a los años. Antes los músicos se apostaban en los portales de almacén Tía y Diana, tienda que vendía cervezas y trago fuerte hasta la medianoche. Ahora, la mayoría de los músicos se sitúa al frente, hacia la esquina de Sucre, a un costado de los puestos que venden platos típicos hasta el amanecer.

El sereno en Guayaquil
A las ocho empiezan a llegar los músicos y después los clientes que vienen a contratarlos para serenatas, fiestas y otros eventos. El sereno es una de nuestras antiguas costumbres que aún se mantiene.

En 1936, el español F. Ferrándiz Alborz publicó 25 Estampas de Guayaquil, en la titulada ‘El sereno’  expresa: “Y uno de los aspectos populares de Guayaquil de mayor intensidad emotiva y popular es el sereno. (…) Quien haya oído a altas horas de la noche un sereno bajo los portales (…) y tenga sensibilidad de artista, indefectiblemente se queda en Guayaquil para siempre”.

Los músicos de La Lagartera, abrazados, casi atados a las cuerdas de sus guitarras y requintos. Agitando y haciendo sonar las semillas de las maracas. Arrullando a la noche con sus canciones. En medio de esos acordes, llegan los desesperados por conquistar a una mujer o por recuperar los favores de un amor que se va.

Esa noche, en la esquina de Sucre, converso con Washington Figueroa, más conocido como Wacho. Cuenta que La Lagartera nació en Av. Quito y Clemente Ballén. Luego se desplazó a Lorenzo de Garaycoa y Luque, extendiéndose hasta Colón. En esos portales cantaron Julio Jaramillo, Olimpo Cárdenas, Lucho Bowen y un sinnúmero de artistas.

Él llegó en 1967 y al poco tiempo formó el Trío Guayas. En esa época había pocos músicos, luego el número aumentó, pero había trabajo para todos porque antes hasta el pobre llevaba serenata. En esos tiempos una serenata costaba entre 30 y 45 sucres. Ahora no hay precio fijo, un trío por tres temas cobra entre $ 50 y $ 70.

Cuando un cliente le dice a Wacho Figueroa que el sereno es porque ha peleado con su novia, la primera canción que interpreta es: “Perdón, vida de mi vida”, y dos boleros más de reconciliación. Si la serenata es de despedida por el viaje de un emigrante, canta Malabu: “Adiós, ya me quedo sin ti”.

No olvida una noche que comenzaron a cantar: “Si tú sientes el aire que besa/ ese aire es mi aliento”, y en eso se asomó un hombre sin camisa y preguntó: ‘¿Bueno, y ustedes a quién carajo le traen serenata?’. Ellos contestaron: El señor es quien la trae. Entonces el ingeniero que los contrató dijo que era para la señorita fulana de tal. Y el otro furioso dijo que esa era su esposa.

El ingeniero comentó que eran compañeros de oficina y que había dicho que no tenía compromiso. Entonces, el marido bajó con un garrote, “nos embarcamos en el carro del ingeniero y hasta luego”.

En este oficio ocurren cosas insólitas: “Si me contratan para darle una serenata a una imagen o una estatua, le canto. Si están velando a un muerto, también porque los que me escuchan y quienes me pagan son los vivos”. Eso pasa cuando en el cementerio interpretan las canciones favoritas del difunto, cuenta Figueroa.

También llegan señoras a contratar serenatas para sus esposos, entonces el tema es: “Toda una vida me estaría contigo”. Cuando amenizan fiestas, les piden música alegre y al terminar alguien pregunta: “¿Y ya se van los artistas?”. Entonces negocian por una hora más y si el contrato se alarga interpretan unas canciones de yapita.

Figueroa dice que llega a las 20h00 y  por experiencia  sabe que la gente va a buscarlos entre las 23h00 y 24h00. Si no hay movimiento se retira  para no pasar mala noche, pero otros se amanecen.

Algunos se enfadan cuando los llaman lagarteros, pero el sitio se ha hecho tan popular que han llegado artistas de Puerto Rico, Chile, México, Colombia, Perú que dicen: “Vamos a visitar a los músicos de La Lagartera, porque el nombre es internacional como la Garibaldi de México”.

Ya en la medianoche llegan unos pocos clientes. Antes de partir pido la canción de siempre: “Hoy quiero recordarte/ en mi loca bohemia/ esta noche de insomnio/ que vivo por tu amor./ Todo se torna en sueños/ en un recuerdo añorado,/ por eso soy bohemio/ bohemio por tu amor”.

Algunos se enfadan cuando los llaman lagarteros, pero el sitio se ha hecho tan popular que han llegado artistas de Puerto Rico, Chile, México, Colombia, Perú…
Washington Figueroa
músico

La poesía de Gabriel García Moreno

Posted in historia, poemas, presidentes ecuatorianos, tradiciones with tags , on septiembre 20, 2008 by edmolin657

POESIA DE GABRIEL GARCIA MORENO
El estudio de los personajes históricos depara muchas sorpresas. Gabriel García Moreno es poco conocido como poeta para los no estudiosos de la literatura, a pesar de que en el manejo de la lira fue un estilista que lanzaba los más hirientes dardos de su talento contra quienes no compartían sus ideas: Montalvo, Flores y Urbina, sus más zaheridos contricantes, Montalvo fue bautizado de “Cosmopollino” en divertida alusión a su obra “El Cosmopolita”; Flores y Urbina llevaron peores partes. Al primero dijo: “Vil tirano del crimen nacido” y al segundo: “Monstruo que hasta el patíbulo infamara”.

DONDE GARCIA MORENO
INICIA SU VOCACION POETICA
El futuro presidente tenía su corazoncito romántico cuando frisaba los 18 años. Era apuesto y gallardo como joven tropical. Algo pulido, delgado y con ligero esbozo de bigote, era no mal bocado para las chicas del Quito colonial todavía en 1841, época en que frecuentaba los salones capitalinos debido a la protección que le dispensaba el obispo, a quien había sido recomendado. Este nexo le sirvió al joven estudiante del Real Convictorio de San Fernando para cobijarse en la generosidad de Monseñor Arteta y Calisto, que informado que deseaba tomar los hábitos en una orden religiosa cualquiera, lo apoyó incondicionalmente, exigiéndole eso sí, que terminara los cursos regulares del Bachillerato y después… “Ya veremos, la vocación no era cosa de prometer como manda cualquiera, porque había que sentirla de veras para no engañarse a sí mismo y tomar el camino equivocado, del que habrá que retroceder después con muchas penas; así es que, jovencito García Moreno, siga con la Gramática, Retórica y Matemáticas Generales en las que está muy bien y luego si Dios quiere. El dirá. No olvidemos que esta sede ha sido ocupada por guayaquileños de nacimiento o familia. Yo soy hijo de un caballero de allá, quizá usted…”

EL SALON DE RECIBO DE LA PRIMERA DAMA
Y como del dicho al hecho hay poco trecho, nuestro futuro poeta siguió estudiando y visitando, siendo recibido cariñosamente porque los afuereños son siempre bien atendidos en cualquier lugar, quizá por la novedad. Un día concurrió a la casa de la primera dama de la nación Mercedes Jijón de Flores, alternó con jovencitas muy hermosas y puso especial atención en una que es:

inocente y bella
como una flor. …

Juanita Jijón y Vivanco se llamaba la hermosa “serafín de amor” y parece que no fue indolente a los requiebros garcianos por las atenciones que éste recibió: risitas, zalemas, lánguidas miradas y en suma mil y una coqueterías entre las que podríamos pensar que hubo uno que otro inocente beso.

Y el joven estudiante porteño halagado por tan fácil conquista, la primera que realizaba en su vida, corrió a contarlo en el Real Convictorio a sus compañeros de aulas, donde esperaba recibir palmas por tan grande hazaña y efectivamente que lo era, porque para un simple muchacho que estudiaba becado, sin riquezas y en medio extraño, recibir un beso de la cuñada del Presidente de la República era cosa grande.

Pero nuestro héroe ignoraba que entre sus compañeros había uno medio hablador, Martín de Icaza Paredes, que voló a Palacio a contarlo todo.

EL PESO DE FLORES CASI LO ANIQUILA
Ah, jovencito pretencioso, con que le ha robado un beso a Juanita. La muy boba. Dar besos a pobretes. Pero ya verá el atrevido, déjenlo que regrese para que se tope conmigo. El irritado Flores tramó su venganza y esperó que Gabriel García Moreno volviera a visitar su casa, para espantarlo a patadas y así efectivamente ocurrió, para desgracia de nuestro paisano, que tuvo que salir a escape, mohíno y cabizbajo.

Además, el ofendido Flores solicitó al Convictorio el retiro de la matrícula de estudiante de García Moreno y a no ser por la pronta intervención del doctor Benigno Malo, Ministro del Interior, que se prestó a intermediario para componer la diferencia y aplacar los caldeados ánimos presidenciales, duro castigo hubiera recibido el avergonzado García Moreno. Oh tiempo engañoso, Oh ¿quién te cambió?

Entonces y como primera providencia, se encerró en un altillo al que nadie podía llegar porque la escalera de mano fue retirada y subida por él mismo. Allí permaneció cuarenta días estudiando hasta por las noches, a veces metiendo los pies en una lavacara de agua para no dormirse y con el cuero cabelludo rapado, sin un solo pelo en señal de rebeldía. Hecho un hippie al revés, para impedir que las tentaciones del mundo exterior le animaran a salir.

De esta época es la siguiente letrilla, famosa por su belleza, que Manuel María Pólit Lazo, Arzobispo de Quito, autor de las obras completas de García Moreno, hizo constar como puesta en el abanico de Juanita Jijón.

LETRILLA (FRAGMENTOS)
Mientras sin amores
mi pecho existió
feliz y contento
el mundo me vio
Hoy desventurado
gime de dolor, .
que ha querido el cielo
que muera de amor.
Mi rápida dicha
se desvaneció
como leve niebla
que disipa el sol,
Si ya no me quiere

la que me adoró
decidme; ¿no es justo
que muera de amor?

OPOSITOR DE PRIMERA LINEA CONTRA EL REGIMEN
A los pocos meses de este desgraciado incidente se inscribió como miembro de la sociedad Filantrópica Literaria, sitio de reunión de los más ardorosos conspiradores contra la tiranía floreana entronizada con la República y ensoberbecida con los dictados de la Constitución vigente en 1843, llamada y con sobrada razón: “Carta de Esclavitud”.

Allí leyó a los presentes numerosos capítulos de “La Linterna Mágica” que editaba Pedro Moncayo y donde escribía García Moreno de vez en cuando.

En 1844 logró el título doctoral en Jurisprudencia y adquirió la tan ansiada independencia porque ya nada podía temer de Flores. Los tiempos en que se le podía expulsar habían pasado y la hora de la venganza comenzaba a vislumbrarse.

Pedro Moncayo refiere con fruición que habiendo manifestado a los asistentes a una velada literaria en la Sociedad Filantrópica que “sólo el puñal salvaría a la República”, recibió de inmediato la oferta garciana de ayuda y ambos se apostaran en la obscuridad de una esquina de la Plaza de San Francisco, cerca de la casa donde vivía una conocida del Presidente a la que éste visitaba todas las semanas, dispuestos a asesinarlo, sin conseguirlo porque esa noche Flores y su edecán Espinosa y a las once salió Espinosa, no así el General que durmió fuera de palacio porque andaba de picos pardos. No pudiendo herirlo. García Moreno le dedica una poesía:

Cruel tirano del crimen nacido
esclaviza a la Patria adorada;
quien lo sufre es un vil fementido,
quien lo sigue, traidor se degrada.

Al principio Flores no hizo caso, estaba por encima de cualquier periódico como “La Linterna mágica” y de abogados jóvenes; no tiene tiempo para casos de ínfima cuantía, pero como le siguieron los ataques, ordenó la prisión del grupo y allí cayó García Moreno, Rafael García, Antonio Manrique, Manuel Alvarez y Rafael Pólit entre otros. Se les trasladó a la Provincia Flores (entiéndase Loja, que ha cambiado su nombre epónimo por el apellido del Presidente) pero la pena no llegó a cumplirse con García Moreno porque el General Vicente Aguirre Mendoza depositó en su favor 2.000 pesos de fianza, consiguiendo su traslado al valle de los Chillos, donde estuvo en una de sus haciendas hasta que triunfó la revolución del 6 de Marzo en Guayaquil y el dictador salió del país con rumbo al exterior.

EL POLITICO Y SU POESIA BURLONA
La producción poética posterior fue casi siempre un arma política. En 1845 y con motivo de la Convención Nacional insultó a los diputados que votaron por Roca para Presidente de la República, posponiendo al excelso poeta José Joaquín de Olmedo. En otras ocasiones utilizó la sátira y para ejemplo va el dedicado a una dama que no quiso corresponder sus amores.

A AURELIA (EPIGRAMA)
Si en sátira maligna revelara
los misterios, Aurelia, de tu vida;
si yo dijera que tu linda cara
solo es una pintura deslucida
si en tu alquilado pelo no alcanzara
a contar tus adonis, mi querida,
me odiarías con razón, como a enemigo
mas, ¿porqué odiarme, cuando nada digo?

A los abogados quiteños en 1846 endilgó otro poema, imitativo de la canción del pirata, con música del maestro Elías Espinosa y letra del insigne poeta español Espronceda, que tanto daba que hablar en esos tiempos.

EL ABOGADO PIRATA
(FRAGMENTO)
Con diez códigos por banda
pluma en mano, a toda vela,
no surca el mar, sino vuela
un letrado parlanchín.
Doctor-pirata llamado
por tanto pleito “el temido”,
en mi tierra conocido
del uno al otro confín.
Derrama leve arenilla
y al silbar, súbito el viento
con trémulo movimiento
desata un talego azul.
Y después de muchas veces
cuenta alegre su dinero
así canta placentero
sentándose en un baúl….

Así era García Moreno al natural, a veces festivo y caprichoso, insultador con sus enemigos y furibundo en el desquite.

VINCES EN LA ANTIGUEDAD

Posted in historia, tradiciones with tags , , on septiembre 17, 2008 by edmolin657

EL ENCANTO DE VINCES ANTIGUO
Yo no soy de por aquí,
yo soy de barranco blanco;
enciendo la tierra buena,
la misma yuca arranco…

El Licenciado Isidro de Veinza y Mora, Clérigo de Ordenes Menores, era muy afecto a predicar la doctrina cristiana entre los indígenas de la cuenca del Guayas allá por los lejanos días de 1694, cuando la Provincia de Guayaquil contaba con doctrinas y parcialidades. El Licenciado estuvo entre los propietarios agrícolas que desviaron el cauce del Río Baba para formar el Estero que llamó de San Lorenzo, donde se inició un pueblo conocido como VINCES, por deformación del apellido Veinza.

Del Padre Veinza se cuenta que habiendo enceguecido a causa de una nube que le impedía captar la luz, se hacía conducir de pueblo en pueblo, por un lazarillo, dando sermones y confesando a todo pecador arrepentido. Eran los días en que los sacerdotes andaban tan escasos que la llegada de uno era motivo de bautizos, comuniones, confesiones y confirmaciones sin cuento. Y qué decir de las misas de difunto, letanías y rosarios. Hasta las cuarenta horas que hoy nos parecen tan comunes eran materia de privilegio para determinadas ciudades, por lo que en materia de ritos mucho hemos ganado con el paso de los siglos.

Un buen día llegó a Daule nuestro buen padre y allí quedó algún tiempo; mas, una mañana, cuando recitaba sus oraciones en la sacristía de la Iglesia, fue informado de la existencia de unos restos apolillados del que había sido un hermosísimo «Cristo del Descendimiento» y que para evitar la profanación yacían quemados y tirados en una trastienda, entonces sintió de pronto una súbita inspiración y pidió que lo llevaran al sitio, agachándose á tocar los restos del Cristo chamuscado y fue tal el empeño que puso que sintió que sus ojos quedaban libres de las nubes que los empañaban, que se desprendieron de golpe, permitiéndole recobrar la vista.

Imaginen la alegría del buen predicador al poder contemplar de nuevo las cosas de la vida y cuánta no sería su gratitud para con imágen tan milagrosa, que mandó a Guayaquil a restaurar, instalándola en Daule con gran aparato y lujo … ¡Que teniendo cuello y mangas, todo trapito es camisa! Como dice el poeta. Ese es el origen histórico del Cristo Negro o Señor de los Milagros, que hasta hoy se venera en la tierra del tabaco, los mangos y las naranjas.

VINCES
Cabalgando entre huertas todo un día
llegué. Vinces famosa, a tu ribera
y al verla tan florida y hechicera
dejé escapar un grito de alegría.

Lozana, cual la gaya primavera
y era entonces lozana la edad mía,
brillabas cautivante, parecía
que un paraíso, tu áureo suelo fuera.

Juré bajo tus palmas, dulce ensueño,
en otras tierras divulgar tu encanto
con patrio amor y júbilo infinito;
y al cumplir, tarde, el juvenil empeño
diciendo voy que no ponderan tanto
los que te dicen un edén chiquito.

Víctor Manuel Rendón
Vinces, febrero 22 de 1928

CUANDO FUE «PARÍS CHIQUITO»
A principios de siglo y en la época de la pepa de oro, cuando los agricultores de la costa ni siquiera tenían que darse el trabajo de sembrar el cacao, sino únicamente cosecharlo. Vinces era el centro de una extensa zona, emporio de riquezas de nuestro litoral.

Mas, como todo pasa, vino por la década de los años 10 el hongo de la monilla y la peste de la Escoba de la Bruja que acabó con las huertas de toda la comarca, finalizando una época de esplendor y derroche que aún se observa en los artesonados techos de sus casas antiguas y en las molduras de puertas y ventanas, todas finamente talladas, con cielos falsos de aluminio pintado, que simulan complicados arabescos de colores.

En las calles vinceñas se andaba de saco y pantalón de fino dril blanco, la tostada y el bastón eran infaltables y cuando los vecinos se saludaban lo hacían en francés y con modales muy aseñorados. Aún se conservan en la Biblioteca Municipal de Vinces numerosos tomos de fina encuademación, de ediciones francesas famosas, producto de generosas donaciones. Incluso los amorfinos montubios eran delicados y sutiles; todo el embrujo del campo vinceño se reflejaba en ellos. Aquí van algunos:

Fragantísimo alelí
le cuento lo que me pasa;
el día que vaya a su casa
no haga desprecio de mí.

San Jacinto de Balzar,
San Lorenzo del Estero,
mi zamba tiene un lunar,
en los dientes delanteros

Ya mi sombrero está viejo
ya no puedo enamorar,
porque las muchachas dicen;
este mozo, ¿qué va a dar?

Por esta calle me voy
Y por la otra doy la vuelta
la muchacha que me quiere
me tenga la puerta abierta

Nunca en mi vida había visto
lo que vi esta mañana;
un gallinazo en la torre
repicando las campanas.

Malhaya quien dijo amor
pudiendo decir veneno;
malhaya quien se enamora
de prenda que tenga dueño.

Que oscura que está la noche
qué lejos está el camino,
y como te quiero tanto,
a todo me determino.

EL CONDE MENDOZA
El más famoso vinceño de esa época y uno de los personajes célebres del folclore costeño, Felipe Mendoza Coello, vivió a lo grande en Guayaquil y Europa.

En realidad el título de Conde no le pertenecía por abolengo, pero los millones que tenía y gastaba, pronto le dieron la fama de tal

¡Vaya una bicoca
para hacer boca!

Tenía dos canoas inmensas con capacidad para cargar 1.000 quintales de cacao y lo hacían cada 15 días. «Angelina» y «Canoa Grande» no se cansaban de venir al puerto cargaditas hasta el tope desde las haciendas «San José» y «Cañafístula». Canoa Grande se hundió un día en Samborondón porque el piloto Merchán la metió en una revesa haciendo que perdiera algunos cientos de quintales. El pobre salió mal parado del asunto, porque habiendo caído al agua por un golpe de timón, como estaba sudado le dio congestión; que generó en tisis galopante y él también se «hundió».

LOS CARNAVALES DEL «OLMEDO»
Era costumbre que el ultimo día de carnaval se retiraran los asientos de la platea del antiguo teatro «Olmedo» quedando una pista de baile magnífica. Las más adineradas familias compraban los palcos y se bailaba tango a la moda de París y de Hollywood.

El más diestro bailarín era Germán Lince Sotomayor que sabía pasos de fantasía; inaugurando el baile del «Olmedo» como pareja de Rachel de Mendoza, que toda alhajada lucía garbo y apostura.

Mas, las épocas cambiaron y un luctuoso suceso transformó la vida del Conde amargando sus últimos días. El caso fue como sigue: Su sobrino carnal Enrique Mendoza Lassavajeau, hijo de Carlos Alberto (su hermano) y de Leontina Lassavajeau Mendoza, su prima hermana nacida en Burdeos, fue asesinado a la salida del Teatro Olmedo por un peón de la hacienda del Conde, llamado Jacinto Carriel Pincay, que le asestó una soberana puñalada en el corazón, matándole de contado. Dicen que el asesino fue tomado prisionero porque no pudo correr, debido a que era la primera vez que usaba zapatos en su vida. Lo cierto fue que desde este incidente el Conde tuvo que defenderse en el juicio, enfermó y murió a poco.

PRIMER BALNEARIO DE AGUA DULCE
Hoy Vinces se distingue por su sabor antiguo, su regata anual y su río que propiamente es estero y que cuando llegan los meses de invierno se hincha con barriga hidrópica ofreciendo el más gallardo espectáculo que se puede imaginar. Sus riberas son de fina grava y arena las únicas del país y la ciudad tiene a su disposición un balneario de agua dulce con todas las comodidades del caso.

El Concejo Cantonal se ha preocupado de colocar paraguas y sombrillas y muchos puestos de bebidas y comidas típicas hacen las delicias de los concurrentes, bailándose por la tarde del domingo en una glorieta de estilo francés que existe en el malecón, bajo el egregio busto de Lorenzo Rufo Peña, que mira complacido como crece y prospera su población. Porque has de saber, caro lector, que el precio del cacao está subiendo de nuevo y se vienen mejores tiempos para San Lorenzo de Vinces, donde todavía se canta a lo antiguo el siguiente estribillo:

Permita Dios que reviente
Antes que cerveza beba.
Año nuevo, vida nueva
desde mañana… aguardiente.

Fuente: Biblioteca Rodolfo Pérez Pimentel

Bandas de pueblo

Posted in historia, músicos ecuatorianos, tradiciones with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , on septiembre 15, 2008 by edmolin657

BREVE HISTORIA DE LAS BANDAS DE PUEBLO

Por: Manuel Espinosa Apolo

Las llamadas “bandas de pueblo” constituyen expresiones vigorosas de la cultura popular andina, y en su constitución y desarrollo es posible descubrir también, como en otras manifestaciones culturales de nuestro país, la concurrencia de tradiciones propias de los Andes y del Mediterráneo. Pues, si por un lado las bandas de pueblo constituyen agrupaciones musicales que reúnen instrumentos de procedencia sur-europea, ya sea porque fueron inventados o perfeccionados en aquella región, la música que producen, el modo de hacerlo y su función básica, son propias de las regiones altas de Sudamérica: melodías pentafónicas en las que predomina el aspecto monódico por sobre el armónico, ya que casi todos los instrumentos entonan la misma melodía, amén de su íntima vinculación a la fiesta religiosa, es decir, al tiempo sacro.La afición andina prehispánica por los instrumentos de vientoLos antecedentes más remotos de las bandas de pueblo pueden ser rastreados a un lado y otro del océano.En los Andes antes de la llegada de los españoles, casi todos los instrumentos eran de viento (aerófonos), excepto unos pocos de percusión. Los de alta resonancia y sonoridad (trompetas), nacieron en las actividades cinegéticas o de caza y se perfeccionaron al interior de las actividades bélicas. Entre los ejércitos andinos la presencia de caracolas marinas, trompetas de arcilla o piedra, llamadas kipas y pututus en tiempo de los incas, eran fundamentales, ya que servían para anticipar la presencia de los ejércitos a su paso por una u otra llacta, además de servir para comunicar a los soldados determinadas órdenes en el campo de lucha, convocar a las batallas o celebrar las victorias.
Los instrumentos de entonación más dulces como las flautas, hechas de caña, hueso, plumas, arcilla y metal, sean globulares (ocarinas), tubulares horizontes y verticales (pingullo, quena, piroró); flautas de pan (huaira-pura, payas y antaras), en cambio fueron inventos de los campesinos y los pastores, razón por la cual se utilizaron para menesteres más cotidianos y básicos, sobre todo para el enamoramiento, así como para celebrar la vida o llorar su ausencia, de ahí que fuesen los instrumentos prevalecientes a la hora de amenizar las francachelas de las cosechas o acompañar las ceremonias de sacrificios y duelos.En los Andes, no obstante, no han quedado evidencia de agrupaciones musicales que reunieran instrumentos de diversa índole, pero si de grandes conjuntos que se reunían para tocar un mismo tipo de instrumentos. Es el caso de las llamadas sicuriadas de Bolivia en las cuales grupos de hasta 30 individuos tocan una misma melodía con sicus o sicuris de diferentes tamaño, o de las llamadas payadas de Imbabura, en las cuales algunos músicos entonan ritmos de la localidad en sus pequeñas zampoñas llamadas “payas”.Esta clase de agrupaciones musicales debieron ser comunes en los Andes antes de la llegada de los españoles, y su repertorio debió incluir los mismos ritmos que aun hoy día siguen tocando con ciertas variaciones las bandas de ciertos pueblitos de la sierra. No hay duda que la vocación y pasión por los instrumentos de viento es una vieja afición andina. De ahí que los instrumentos de viento europeos hayan sido acogidos con gran entusiasmo por las gentes andinas, al punto que las viejas ocarinas, pingullos, quenas, piroros, pututus, kipas, antaras y payas fueron substituidos por los saxofones, clarinetes, trompetas, armónicas, acordeones y órganos.

El legado de los ministriles

En el mediterráneo occidental, los instrumentos de soplo y entonación fuerte como cornetas, cornetines y cornos provienen también de los ejércitos, de ahí que hayan formado parte fundamental del equipaje que trajeron los conquistadores al Nuevo Mundo. En las crónicas de Indias, como aquéllas que narran la conquista del Perú, se hace clara referencia al llamado “corneta”, un soldado encargado de tocar el ataque y la retirada, en las múltiples refriegas y batallas sucedidas entre los invasores y los indios. Por el Inca Garcilaso sabemos que los ejércitos conquistadores como el de Gonzalo Pizarro, incluían en sus filas no solo a un “corneta” si no a toda una banda de guerra conformada por cornetas y tambores.En el transcurso de los siglos XIV y XV los instrumentos aerófonos de guerra dieron lugar a otros instrumentos no militares como los sacabuches y trompetas, que junto a otros instrumentos antiguos como chirimias y oboes pasaron a incrementar el arsenal musical europeo.Documentos del s. XV señalan la existencia de ensambles de oboes y “sacabuches” (antiguos trombones) en Italia. Estas agrupaciones musicales solían escucharse en las ciudades durante las fiestas religiosas, sobre todo en aquellas ceremonias solemnes y fastuosas, dentro de las capillas y catedrales, ya que constituían el marco musical de la polifonía sacra. Sin embargo fue en el s. XVI, en España, en donde este tipo de ensambles se propagaron exitosamente. Sus integrantes fueron conocidos como “ministriles”.
Sucedió para entonces que todas las iglesias de España, siguiendo el ejemplo de la Catedral de Sevilla que conformó su conjunto musical en 1526, empezaron a contratar músicos instrumentistas para reforzar sus coros y aportar música puramente instrumental en momentos determinados de la liturgia. De esta manera, en ningún otro país europeo llegó a existir tantos grupos instrumentales de este tipo.Estas agrupaciones musicales tocaban motetes, villancicos, himnos y antífonas marianas utilizadas en procesiones; salmos escritos en fabordón y ocasionalmente Magnificats y secciones del Ordinario de la Misa .Los ministriles tocaban tanto instrumentos de cuerda como de viento. Entre los primeros destacaban los de cuerdas frotadas: violines, violas de gamba; de cuerdas pulsadas: laudes y vihuelas. Entre los de viento habían grupos de flautas dulces pequeñas y grandes; instrumentos de doble lengüeta como los orlos de Alemania (una especie de oboe) y chirimias de todos los tamaños (de la soprano a la bajo). Asimismo tocaban cornetti tanto pequeñas como grandes y sacabuches ya sean de latón o de plata.Los ministriles dominaban la ejecución y sus técnicas de ejecución solían pasar de padres a hijos. En el Nuevo Mundo hubieron también ministriles. Estos eran indios dirigidos por maestros españoles.
En los primeros colegios que fundaron los padres franciscanos en Quito para la educación de indios, mestizos pobres y españoles huérfanos: San Juan Bautista (1552) y San Andrés (1558), se enseñó junto a la lectura y la aritmética, el uso de instrumentos y canto. Fray Jodoco Ricke al hacerse cargo de la dirección del Colegio de San Andrés junto con Andrés Lazo, enseñó a los indios a tañer instrumentos de tecla, cuerda y viento. Entre estos últimos se destacaban: sacabuches, chirimias, flautas, trompetas y cornetas, además el canto de órgano y llano . Después de 10 años de vida del Colegio San Andrés, ya existían en su cuerpo docente profesores indígenas de instrumentos de viento. Fue el caso de Diego Gutiérrez indio natural de Quito, de Pedro Días nativo de Tanta y Juan Mitima indio de Latacunga. A partir de 1550 el obispo de Quito Bachiller Don Garci Díaz Arias trajo para la catedral de Quito músicos españoles a quienes encargó la enseñanza de violín, flauta y oboe . No cabe duda entonces que, en el Quito del s. XVI, existieron orquestas de instrumentos de vientos cuyos ejecutantes eran indígenas, mestizos y españoles pobres; orquestas formadas para tocar al interior de las iglesias y acompañar la liturgia.1 Douglas Kirk, “Los ministriles españoles”, en el CD: Los Ministriles. Spanisch Renaissabce wind music, Piffaro. The renaissance band, Archiv Produktion, Alemania, 1997.
2 José María Vargas, Historia de la Cultura Ecuatoriana, T. I, Clásicos Ariel, Guayaquil, s.f., p. 22
3 Segundo Luis, Moreno La Música en el Ecuador, Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, Departamento de Desarrollo y Difusión Musical, Quito, 1996: 48.

El nacimiento de las “bandas”

Sin embargo estos conjuntos musicales tuvieron una existencia corta. El éxito del órgano y los instrumentos de cuerda terminaron acallando a los viejos sacabuches, chirimias, cornetas y trompetas. Al transcurrir la Colonia, solo el órgano y el violín fueron permitidos dentro de la iglesia y excepcionalmente el laúd. Otros instrumentos como la vihuela, la guitarra o el arpa fueron considerados instrumentos sensuales y por ende expulsados de los templos.Fuera de las iglesias sin embargo, éstos instrumentos fueron rápidamente acogidos por las gentes del pueblo, y los indios que habían aprendido a tañerlos en los Colegios religiosos se constituyeron en sus propagadores. Fue así como junto a las flautas indígenas empezaron a sonar en las festividades andinas, las arpas, vihuelas, violines y tambores. En el s. XVIII, no había parcialidad, comunidad o reducción de indios que no tuviese su propio conjunto musical, elemento básico de todas las celebraciones religiosas que incluían procesiones, danzas y francachelas. Si no había un conjunto propiamente dicho había por lo menos un tamborilero que tocaba el pingullo y la caja, convocando a las fiestas y animando el baile de los danzantes. A este dúo de instrumentos igual que a las agrupaciones de más de dos músicos, se empezó desde entonces hasta la actualidad a llamarlos “banda”. Palabra de origen gótico (bandwo = signo, bandera), que se utilizó en la Europa medieval para denominar a una parcialidad o cuerpo de músicos de a pie que formaba parte de los ejércitos.
El nacimiento de las bandas de pueblo en nuestro país se remite por tanto a la formación de estas agrupaciones indígenas en la colonia, las mismas que aparecían en las diversas fiestas del calendario religioso, tocando viejas melodías andinas, al aire libre, en plazas, patios y atrios, sin sobrepasar, eso si, los umbrales de las grandes puertas de iglesias y basílicas.

La súbita aparición de las bandas militares.

En el periodo independentista las bandas militares hicieron una súbita presencia en el territorio ecuatoriano. En 1818 con la llegada del batallón Numancia, se oyó en Quito y otras ciudades y pueblos de la sierra tocar por primera vez a una banda militar. El Numancia había sido enviado de Bogotá a Lima por el virrey de Santa Fe Juan de Samano, se trataba por tanto de un batallón realista que poseía una excelente banda de músicos. En su paso por el Ecuador la banda del Numancia actuó en casi todas las ciudades de la sierra, realizando innumerables presentaciones. Sin duda constituyó un verdadero acontecimiento; pues, sólo entonces se conocieron ciertos instrumentos cuya existencia ni siquiera se había sospechado: picolos, cornos, oficleides (tubas antiguas), serpentones (bombardón antiguo); todos ellos instrumentos de viento confeccionados en bronce; a más de clarinetes, liras, bombos, redoblantes y platillos. Ya la combinación instrumental misma de la banda y su efecto atronador, fueron -al decir de Segundo Moreno- novedades que tenían embelesados tanto a los muchachos como a las personas mayores. Después de la Batalla de Pichincha (24 de mayo de 1822) la música militar se hizo más frecuente en las ciudades, gracias a la presencia de los diversos batallones del ejército libertador. Sin duda estas bandas despertaron el gusto por esta clase de música, motivando en el pueblo la formación de agrupaciones musicales que intentaban imitarlas. Con ellas nació además un nuevo rito social: “la retreta”. Se trataba de una función de música al aire libre realizada por las bandas militares, a las tardes y noches en las plazas principales de las ciudades. Mientras las bandas tocaban, las familias acomodadas paseaban, los niños jugaban y las gentes del pueblo las escuchaban y miraban asombrados.
Una vez que terminaron las batallas de la independencia muchos de los músicos de las bandas militares se quedaron sin ocupación pero no necesariamente sin sus instrumentos; por esta razón la mayoría de los músicos licenciados pasaron a formar parte de las agrupaciones musicales de las ciudades y pueblos, transmitiendo sus conocimientos a sus compañeros, al mismo tiempo que motivaron e impulsaron la formación de agrupaciones musicales del tipo banda. Igual papel cumplieron algunos directores de las bandas militares, quienes contribuyeron al desarrollo profesional de las bandas civiles .De esta manera, en el ultimo tercio del s. XIX, las bandas de tipo militar se hicieron frecuentes en las ciudades y su calidad musical mejoró con la introducción de nuevos instrumentos de viento y bronce inventados en Europa en la segunda mitad del dicho siglo: saxofones, tubas, bombardones. No sólo los batallones militares y policiales tenían sus respectivas bandas sino también los municipios, las sociedades obreras o las cofradías, cuyos integrantes llevaban uniformes de tipo militar a juzgar por las gorras adornadas con insignias, el tipo de chaquetas o el color de los uniformes, por lo general azul, café o plomo. Vestimenta que hasta el día de hoy se destaca en las bandas de los municipios serranos y costeños.
En el ámbito rural, la moda de las bandas militares también llegó a finales del s. XIX e inicios del s. XX. De esta manera, muchas de las antiguas agrupaciones musicales campesinas e indígenas cambiaron los viejos instrumentos nativos y europeos por los instrumentos introducidos por las bandas militares. Sin embargo este cambio no se hizo de golpe y porrazo si no paulatinamente. En un primer momento, dentro de una misma agrupación musical los instrumentos antiguos como flautas, violines y guitarras convivieron con los clarinetes, trombones, saxos o tubas. De ahí que en el cuento “Banda de Pueblo”, José de la Cuadra nos presenta a una agrupación musical montubia que a inicios del s. XX combina instrumentos tradicionales como la flauta y el requinto, con los nuevos instrumentos: trompeta, trombón, barítono y bajo . No obstante a medida que va avanzando el s. XX, estos irán desplazando totalmente a los primeros. En un comienzo los principales proveedores de los instrumentos provenientes de las bandas militares fueron los antiguos reclutas y desertores parroquianos que habían aprendido en el ejército a tocarlos, al mismo tiempo que los más decididos, ya sea una vez licenciados o antes de que ello suceda, se atrevieron a fugar con sus instrumentos de vuelta a sus pueblos .4 Marco Godoy, Las bandas de pueblo, , Promuart, Quito, 1993, p. 10
5 José de la Cuadra, “Banda de pueblo”, en: : Hornos y Repisas, La Gran Literatura de los 30, Vol. 2, Editorial El Conejo, Quito, 1985, pp.66

Consolidación y desarrollo de las bandas de pueblo

A la primera mitad del s. XX corresponde la etapa de consolidación y expansión de las bandas de pueblo. En esta época las bandas empezaron a proliferar en los pueblos y anejos de la sierra y la costa, y fue a inicios del s. XX que la denominación “banda de pueblo” se empezó a aplicar a las agrupaciones musicales pueblerinas que tratando de imitar a las bandas militares de los regimientos urbanos habían incorporado algunos de sus instrumentos de bronce. En dicha denominación había algo de desprecio citadino, ya que era evidente en los músicos rurales la precariedad de sus instrumentos y técnicas de interpretación. Pues a las bandas de pueblo iban a parar los instrumentos desgastados y desechados por las bandas militares, al mismo tiempo que sus ejecutantes tocaba al oído -incluso hasta hoy día muchos de ellos se resisten a aprender nota. Por otra parte no llevaban uniformes, por lo que su aspecto evidenciaba el origen humilde de los mismos, la mayoría campesinos o artesanos pueblerinos: carpinteros, herreros, zapateros etc., de condición mestiza e indígena. A los ojos de las clases altas urbanas, estas bandas debió parecerles una reunión ruidosa de palurdos campesinos, es decir, una caricatura grotesca de las bandas militares a las que estaban acostumbrados escuchar en la ciudad.
Esta apreciación era hasta cierto punto justificable, ya que hasta bien entrado el s. XX, ciertas bandas de pueblo no incluían más de 3 miembros, que podían incluir instrumentos como un saxofón, un bajo y un redoblante, algunas de las cuales producían unas “tocatas infames” -al decir de José de la Cuadra- al extremo que las personas entendidas podían haber pensado que se “había desatado en la tierra los ruidos espantosos del infierno o una abierta tempestad de mar de altura”, pero igual la gente de los pueblos bailaba y se regocijaba . Las bandas que lograba agrupar a más de 8 miembros, eran escasas y se consideraban agrupaciones grandes, por lo que su prestigio era considerable.

La secularización de las bandas de pueblo.

Ya en la primera mitad del s. XX, particularmente en la costa, las bandas de pueblo dejaron de aparecer solamente en las fiestas religiosas. En esta región, antes que en la sierra, las bandas de pueblo se convirtieron en agrupaciones semiprofesionales que tocaban por contrato tanto para participar en fiestas religiosas, en serenos, entierros o bailes organizados por los campesino ricos.De esta manera, las bandas de pueblo se convirtieron en agrupaciones itinerantes o trashumantes que recorrían, en temporada de verano, infinidad de pueblos y caseríos. En la época de lluvias sus integrantes volvía a sus tareas en el campo. Las agrupaciones no tenían nombre propios, solamente eran conocidas por el nombre del director o jefe del grupo. Así una banda de pueblo -como en el caso del cuento de José de la Cuadra- podía ser conocida como la “banda de Nazario Moncada”.6 José de la Cuadra, op., cit., p. 69.
La bandas de pueblo, desde entonces, constituyen grupos firmemente cohesionados; pues sus miembros están unidos por lazos de parentesco y compadrazgo. La banda misma representa una escuela en sí, pues la mayoría de sus integrantes se forman musicalmente dentro de ella, ya que su ingreso a las agrupaciones empieza desde niños. De ahí que muchas bandas tengan entre sus miembros chicos de 5 años, quienes por lo general tocan instrumentos de percusión como güiros o redoblantes. Cuando sean jóvenes o adultos terminaran tocando algún instrumento de bronce.Es frecuente que los mismos músicos padres sean quienes introduzcan a sus hijos en las agrupaciones, pues en muchos casos, éstos terminan remplazando a sus progenitores cuando por su edad ya no pueden tocar o después que han fallecido. Al interior, todos comparten los conocimientos y experiencias musicales, quien más sabe enseña a los demás, y más que criterios musicales propiamente dichos prima una sabiduría básica para repartirse los instrumentos. Los jóvenes tocan los instrumentos que exigen mayor soplido: trompetas, trombones, bombardones y tubas, o ese instrumento que exige cierta contextura física: el bombo. A los viejos se les encargan los instrumentos que exigen menor soplo: saxos y clarinetes. A los niños los instrumentos de percusión livianos: güiros, redoblantes y platillos.
Anteriormente, las bandas de pueblo como cualquier agrupación, contaba con un jefe que no necesariamente era el que más sabía de música si no el de mayor respetabilidad entre los integrantes. Últimamente este lugar ha sido ocupado por el músico más experimentado, el que hace las veces de director y al cual suele llamársele “músico mayor”. Además del jefe o director, hay un encargado de realizar los contratos. En el centro de la sierra se le llama “guashayo” .Esta fuerte cohesión, sumado al hecho de que los músicos son hombres forjados en las duras faenas del campo, explica por qué las bandas de pueblo son capaces de tocar en las condiciones y circunstancias mas adversas sin doblegarse: caminando por caminos culebreros o subiendo escalinatas agobiantes; arrimados en rincones húmedos o soportando las arremetidas del viento en los descampados; hasta altas horas de la noche y en las frías madrugadas; aguantando la inclemencias del clima, garúas, soles caniculares y heladas que a veces cubren de escarcha a los instrumentos; en los cajones de camiones ganaderos o en los techos de buses y “chivas”.7 Pablo Narváez, la vuelta del músico, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Chimborazo, Riobamba, 1997, p. 49-50.
Para soportar las duras jornadas, el aguardiente se ha convertido en fiel aliado de sus integrantes; “mientras más se bebe más se sopla con ganas” comentaba un viejo músico, ya que sin duda el alcohol a más de estimulante constituye una importante fuente de provisión de calorías. Pero al mismo tiempo, el aguardiente es un enemigo declarado de los instrumentos, pues cuando la borrachera llega, no falta alguien quien infrinja un golpee mortal a su herramienta de trabajo o simplemente la pierda, lo que constituye una verdadera tragedia puesto que para obtener los instrumentos sus ejecutantes han tenido que vender un terreno, alguna cabeza de ganado o endeudarse con el chulquero durante un buen tiempo de su vida. De todas maneras y al fin de cuentas, el aguardiente hace más sobrellevadera la vida del músico, sobre todo su “vuelta”, cuando terminadas las atenciones y olvidados por priostes o contratistas, los integrantes de la banda quedan abandonados a su suerte, teniendo que regresar a sus casas como sea. Peripecia que se conoce como “la vuelta del músico”.

Urbanización y orquestación

Desde la segunda mitad del s. XX, una nueva etapa marca la historia de las bandas de pueblo: su orquestación. Hondamente afectadas por la urbanización, las bandas de pueblo han modificado su rostro, obligadas a actualizarse o adaptarse a la vida moderna, lo que ha supuesto no obstante su resurgimiento y por tanto una suerte de apogeo.El avance incontenible de las urbes a los pequeños pueblos de indios y parroquias rurales ubicadas en los márgenes de las ciudades serranas, ha convertido a las bandas de pueblo en agrupaciones profesionales plenamente integradas a las necesidades del mercado. Es por esta razón que las bandas de pueblo ya no están presentes solo en las diversas fiestas de sus pueblos, parroquias o barrios sino también en diversos espacios de la ciudad, ya sea en fiestas particulares, inauguraciones de locales comerciales o animando y decorando una chiva turística.
Para volverse más competitivas algunas de estas agrupaciones musicales han adoptado como modelo a seguir el de las orquestas de música tropical, aunque al hacerlo han perdido interés para la industria turística que, deseosa de resaltar el folklore local, se interesa más bien por aquellas bandas “más rústicas” o de fisonomía rural. Es así como ciertas bandas de pueblo han adoptado uniformes de colores vivos; han introducido instrumentos eléctricos como bajos y sistemas de amplificación; algunas incluso cuentan con vocalistas y sus integrantes bailan mientras interpretan las melodías. Asimismo en su repertorio han incluido ritmos extranjeros tropicales, sin embargo y a pesar de todo ello, siguen sonando como bandas de pueblo, al mismo tiempo que el vinculo con una determinada localidad, parroquia o barrio sigue incólume. Porque sobre todo las bandas de pueblo se deben a un determinado sitio, lo que queda claramente evidenciado en sus denominaciones. Así por ejemplo en Quito son famosas: “La banda de Cotocollao”; “La Banda de la Magdalena”, “La banda juvenil de Santa Clara de San Millán”; “La Banda de Cotocog”, “La banda de Llano Chico” etc. etc. En fin, las bandas de pueblo siguen estando muy ligadas a sus lugares de origen, de ahí que participan casi siempre en las festividades religiosas, sociales, civiles y oficiales de la localidad a la que se deben. Es más, cuando ciertas fiestas religiosas convocan a diversas bandas de pueblo, éstas van allí en representación de sus respectivos barrios, parroquias o comunas, estableciéndose una especie de competencia. Es entonces cuando la otra acepción de “banda”, esto es, insignia, bandera o emblema puede también aplicarse a estas agrupaciones musicales.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Llanganati

Posted in historia, tradiciones with tags , , , , , , , , on septiembre 12, 2008 by edmolin657

 
   
La sola palabra Llanganati es ya sensacionalismo, siendo como es, sin embargo, no más que un lugar geográfico, un paraje en medio de los Andes, en el centro mismo de la República del Ecuador. A pesar de tratarse de un nombre propio, este nombre es una denominación conceptual, como muchas de las palabras de las lenguas indígenas que se han incorporado a los idiomas de las naciones americanas actuales. Llanganati es una palabra compuesta de dos palabras quichuas, el quechua del Ecuador: llangana y ati. Es un nombre indio, leyenda india, reserva india, misterio indio, que ha magnetizado durante siglos la codicia de los extranjeros en este país.

Llanganati en su forma ortográfica es ya un laberinto misterioso y mágico, un jeroglífico que una vez descifrado convierte el misterio presentido en un misterio cierto, en un enigma declarado, y que cuanto más en él penetras más escandaloso se te revela.

La prodigiosa ciencia de los incas lo era más aún porque no estaba escrita en ninguna parte, porque no se almacenaba en documentos que unos sabios transmitieran a otros sabios y unas generaciones a otras; los incas no escribían caracteres que podamos leer; escribían figuras, símbolos, a veces tan grandes que eran gigantescos e imposibles de leer desde su entorno. Los incas no leían sino el pensamiento, la Naturaleza, el Cosmos y el Microcosmos; su lengua no comenzó a escribirse más que tardíamente, cuando su cultura era ya todo un imperio decadente. Por este motivo las interpretaciones modernas del quichua han sido muchas veces parciales e incompletas.

El total del tesoro que el emperador inca Atahualpa pagó al conquistador Francisco Pizarro por su liberación era de un monto de 40.860 marcos de plata y 1.014.126 pesos de oro, que los indios dijeron que era un bohío lleno entero y mucho más, que el emperador había mandado traer mucho más y más que llevaban sus súbditos los indios de sus dominios, y que Pizarro no llegó a cobrar. Tampoco llegó a liberar a Atahualpa, habiendo cobrado del rescate lo que cobró, y le dio muerte. Por la cotización del oro y plata de hoy en día el tesoro entregado por el rescate de Atahualpa valdría unos cuarenta millones de dólares.

En el Libro Primero de los Cabildos de Lima, Volumen Tercero, año de 1888, páginas de 121 126, consta el Testimonio de la Acta de Repartición del rescate de Atahualpa, otorgada por el Escribano Pedro Sancho. La lista entre quienes se repartía el tesoro, aparte de los quintos reales, comprende a 146 personas y a cuatro entidades, a la Iglesia, al hospital de enfermos en Piura, a la expedición de Hernando de Pizarro en pos del otro emperador inca contemporáneo de Atahualpa, y otra cuarta para las deudas y los fletes de Almagro.

Francisco Pizarro y Sebastián de Benalcázar salieron millonarios en dólares actuales con el cobro de aquel rescate del Año 1533 en Cajamarca.

Pero allí, en su desdichada prisión, se le escapó a Atahualpa decir que Quito era el lugar donde él más oro había visto; al oírlo, sus conquistadores buscadores se quedaron con la historia.

Bien sabían los indios que la codicia de estos extranjeros por el oro no tenía límites y que no se contentarían con el bohío lleno en Cajamarca, … y mucho más…, para soltar al emperador prisionero. Por eso, y anhelando la forma de hartarlos, del viejo reino quiteño comenzaron a acarrear oro hacia el lugar en que estaba encarcelado su señor; más no llegó el oro a tiempo porque la impaciencia de los carceleros era desmedida, igual que su codicia.

Los cronistas oficiales de Indias suelen manejar cifras que para nosotros son inverosímiles. Tienen fama los andaluces y los extremeños de ser exagerados; pero a quien estamos refiriéndonos ahora no era andaluz sino madrileño y, en todo caso, fue enviado a la conquista, como todos los cronistas, de parte del Rey, para dar fe de todo cuanto acontecía por medio de escritos hechos de su puño y letra. El cronista en cuestión es Fernández de Oviedo, nacido en Madrid, persona culta y, en principio, fiable; pero sepamos lo que cuenta: …Sabida la muerte de Atahualpa y partido el Gobernador (Pizarro) de Cajamarca para El Cuzco, vinieron muchos indios y arrasaron el pueblo y no dejaron en él piedra sobre piedra, desenterraron el cuerpo de Atahualpa y se lo llevaron y no se supo dónde lo pusieron. Se supo y se dijo que el capitán Rumiñahui se fue con doce o quince mil hombres de guerra y que llevó sesentamil cargas de oro a Quito y a otras partes donde pareció mejor encubrirlo, que no se ha hallado ni habido de todo ello sino muy poca cantidad.

Es necesario un gran esfuerzo investigador para evaluar con exactitud la equivalencia de estas sesentamil cargas de oro. Si echamos la carga a cuatro arrobas (aproximadamente a esto por entonces en España y según regiones) y estas a once kilogramos, el monto resultante es desorbitado. Haremos otra estimación más prudente, no por desconfiar de Oviedo sino por calcular a la baja, empleando otro método. Si de esos doce o quincemil indios súbditos del Emperador, al menos diezmil cargaban oro y se cargaban a sus espaldas como hoy lo siguen haciendo sus descendientes, es probable que cada indígena transportara cuarenta kilogramos; resultaría de ello un total de cuatrocientos mil kilogramos de oro transportados. Cuatrocientas toneladas de oro. Al tener en cuenta la pureza de ese oro como en un cincuenta por ciento de la del oro actual de 18 quilates y al precio mundial del oro hoy, tal monstruosidad de riqueza alcanza la cifra de tres mil quinientos millones de dólares. ¿Sería posible una acumulación de oro como esta? Si lo fue, ¿esa era la parte del rescate de Atahualpa que Pizarro pudo cobrar y no cobró?

Los rumores de esta huida del rescate se hacen creíbles por lo que sabemos de las muertes que Sebastián de Benalcázar dio a unos cuantos indígenas para hacerles confesar; … ¡y no confesaron ni vivos ni muertos!

Oviedo da noticia de otros hechos tan explicativos e incluso más creíbles que su propio cálculo numérico: ….Se sabe de indios principales que preguntándoles si le quedaba a Atahualpa más oro del que había dado a los cristianos, tomaban un celemín o más de maíz y hacían un montón de ello y de aquel sacaban un grano y decían: Este grano es lo que ha dado Atahualpa de sus tesoros y lo que queda es eso otro, señalando el montón con el dedo. Los americanos indígenas también son dados a exagerar. Pero aquellas palabras del Emperador preso eran bien claras: …. En Quito hay la mejor mina de plata, porque sacan de ella más cantidad que en ninguna otra parte. Escribientes de Pizarro tomaron buena nota de ello.

¿Dónde pudieron esconder los indios súbditos de Atahualpa, con su capitán Rumiñahui al frente, tal cantidad de oro?

—En algún abismo, sin duda.

Sin pretenderlo, y sin darme cuenta siquiera, estaba encontrándome con que el día y la noche de mi viaje se parecían tan poco que me producían una extraña sensación de estar haciendo dos viajes distintos. Ocupado en uno, que era mi trabajo, no podía sustraerme al otro, ni por mi propia voluntad ni por la de los demás del equipo que cada noche me incluían en la audición de los relatos.

Al día siguiente, después de que las manos de Galina por segunda vez habían pasado sobre mí, dejé de tomar las pastillas de vitaminas y las vacunas contra peligros de la selva; era superfluo ponerme más defensas de las que ya tenía. Los envases de comprimidos quedaron llenos encima del lavabo y en su lugar, en el equipaje para el Oriente, metí el gel de baño de Rochas para ducharme bajo la lluvia, en el campamento, si llegaba el caso.

Son muchos los quiteños a quienes les suena la leyenda de Llanganati.

—¿Van por los tesoros del Inca?  Nos preguntaban.

Ya sabían que el equipo español de televisión iría a la selva en el oriente. Ahora, en broma, hablábamos de otra expedición a las montañas de Llanganati. Nunca los comentarios que nos hacían sobre estas segundas intenciones fueron faltos de ironía, porque es difícil saber hasta qué punto creen y no creen en lo del tesoro escondido. Desde luego se tiene noticia de los extranjeros que dejan sus huesos en las misteriosas montañas, pero de los nativos, si desaparecen en ellas o no, no trascienden las noticias.

Esta leyenda como otras, y más siendo antigua, de siglos, de tiempos de conquista, está entremezclada con muchas más; la de la iglesia de San Francisco, por ejemplo, la del indiano Cantuña, la del tesoro en el Banco de Escocia,… Hay varias que tienen un tronco misterioso común. Parte del laberinto creado ha sido la lengua quechua – quichua en el Ecuador-, que ha pasado a nosotros con su terminología, su nomenclatura y su toponimia sin traducir, y los nombres que en quechua eran comunes han quedado en el castellano como propios para quienes desconocemos su etimología; la otra parte del laberinto legendario viene creado por la tendencia que las creencias religiosas tienen a mitificar historias basándose en intervenciones milagrosas o satánicas.

Los chagras

Posted in historia, poemas, tradiciones with tags , , , , , , , , , , , , on septiembre 6, 2008 by edmolin657
 

Raúl Guarderas
REVISTA TERRA INCÓGNITA

Reconozco la suerte de recibir mis herencias, las considero portadoras de una cualidad similar a aquella que fecundó los campos andinos; por eso valoro el privilegio de nuestra Sierra ecuatoriana cuando verifico la presencia de sus hoyas rodeadas de cerros y enriquecidas por los sistemas fluviales que vivifican su fertilidad. Algo me induce a encontrar, en este prodigio, cierta similitud a lo ocurrido con mis ancestros; con gusto acepto estas raíces al sentirlas correr por mi sangre.¡Cuan feliz me siento al percibir las aportaciones genéticas recibidas de los quitu-caranquis y de los incas! Aprecio, al mismo tiempo, el efecto múltiple de las razas llegadas de España y sostenidas por troncos familiares nacidos de los viejos abolengos celtas, berberiscos, moros y demás generaciones latinas prestas a integrar este cuadro multiétnico.

 


CHAGRA MACHACHI

Toda la fantasía de estos fenómenos fundidos con la realidad andina dio a estos parajes cierta vivencia mística, mítica y mágica; tres virtudes telúricas a las que se sumó la realidad equinoccial que, como un milagro, introducía la perpendicularidad de los rayos solares en el vientre mismo de la tierra. Esta variedad de incidencias reales e imaginarias dieron paso al establecimiento de la cultura ‘chagra’, palabra que se presume que viene de chacra (terreno donde se cultiva maíz). Se añade a esto la definición de ‘campesino rústico del altiplano del Ecuador’, presentada por Luis Codero en su diccionario de términos quichuas.

Mis primeros contactos con las costumbres chacareras los tuve con Luis Yánez Reinoso. El era conocido popularmente como el ‘Sordo’ Yánez, quien aparte de ser un buen chalán, usaba la huasca con extraordinaria habilidad. En suma, este personaje se destacó mucho más por sus labores vaqueras que por sus labores agrícolas. Ahora el Sordo Yánez usa un aparatito que le sirve para corregir su sordera, pero hace de éste un uso muy cómico, pues lo conecta y desconecta de acuerdo a lo que quiere escuchar.

‘Cuando presiento que hablan boberías, yo me saco la cornetita’. Es así como un día apareció un desconocido que se unió a nuestro grupo y se presentó, mas el sordito no escuchó su nombre y le pidió que lo repitiera: ‘Yo soy Casimiro -le grito el recién llegado’. Jo, jo, jo -se río Lucho- usted es casi-miro, en cambio yo soy casi-sordo’. Continúa este maestro con la calidad ejemplar que caracteriza al chagra legítimo: enamorador, contador de anécdotas, curioso, preocupado…

Lucho me acompañó siempre en el “Paseo Procesional del Chagra”, auténtico espectáculo criollo que tuvo su origen en Machachi como remembranza de la erupción del volcán Cotopaxi, ocurrida en el año 1877. por ventura, de un modo milagroso, el gran Pasochoa y el Rumiñahui salvaron a los pobladores de Tambillo y Machachi de sufrir los terribles efectos de dicho acontecimiento, producto de los enojos de la naturaleza. Los pobladores esperaron pacientemente a que la cúspide del volcán Cotopaxi se cubriera nuevamente de nieve y, cuando esto aconteció, optaron por realizar una minga ganadera, cuya misión era recoger, corralear y conducir a los lugares de origen a las reses, equinos y otros animales domésticos que se desperdigaron con el suceso.

Para la ejecución de dicha labor se formaron tres grupos importantes: el primero se responsabilizó de conducir los animales hacia los sectores aledaños a Latacunga, el segundo a Los Chillos y el tercero se encargó de subirlos al Pedregal. Las anécdotas y peripecias que pasaron en aquellos viajes hicieron que durante tres años se reuniesen los protagonistas a comentar lo ocurrido en esas jornadas. Luego de un tiempo, empezaron a producirse problemas políticos que terminaron con la guerra civil, de la cual el general Eloy Alfaro fue el triunfador.

Casi un siglo más tarde, mentalizamos y ejecutamos el primer “Paseo Procesional del Chagra” para conmemorar el centenario de la cantonización de Mejía. Hubo la necesidad de organizar una institución responsable de mantener la integridad y pureza de este espectáculo, para lo cual se conformó la Asociación Cofradía del Chagra (ACOCHA). Es importante señalar que coincidieron tres fechas: las festividades d Santiago Apóstol, santo patrono de Machachi; la erupción del Cotopaxi, y el ya indicado centenario de la nueva jerarquía del cantón Mejía.

La fiesta iniciaba con la publicación del programa, el cual era elaborado por el “Comité de Fiestas;” empezaba con el pregón, que mostraba la figura del chagra y sus caballos vaqueros. Días después varios carteles anunciaban las presentaciones teatrales de la Asociación de Teatreros del Cantón Mejía; sus comedias siempre trataban temas chacareros: “El chagra que casó warmi mala”, “Un chagra curniado y feliz”, “La importancia de llamarse compadre Honorio” y “Entre chalinas y ponchos”. Esta última obra tuvo tanto éxito que el Club Rotario auspició su presentación en el teatro Sucre de la ciudad de Quito.

Como parte de esta fiesta popular y con la debida anticipación, se convocaba a las candidatas a “chagra linda”, concurso galante en el que participaban la chagra del páramo y la chagra del valle. Además se nombraba “chagra del año” a quien hubiese demostrado una gran afición por la vaquería y calidad en su desempeño como ciudadano correcto. El paseo se desarrollaba de tal modo que resaltaba el amor de la ciudadanía hacia el propio espectáculo y concurrir con el atuendo clásico era un orgullo.

Un personaje recordado con cariño fue Segundo Moreta, quien preparaba una carreta halada por bueyes, en donde construía un altar muy solemne; desde allí presidía el paseo “Nuestro Señor de la Santa Escuela”. Se merecía tal reconocimiento por la historia de su misteriosa llegada a Machachi y la creciente devoción de la feligresía machacheña.

Después de aplaudir al “Señor de la Santa Escuela”, la concurrencia se motivaba con la presencia del toro pregonero, un bravío halado por chagras expertos que lo sostenían con sendas huascas para moderar su furia. De inmediato, al paso, al trote o al galope enseñoreaban su porte los caballeros de ACOCHA, elegantes con su vestimenta y en su manera de lucir sus cabalgaduras: caballos criollos y parameros, ensillados con la montura de vaquería, petral, arretranca y grupera, cincha cerda, e incrustado sobre la copa, el clásico pellón que en muchos casos era de doble faz.

Al presenciar este imponente acto procesional, entendí el significado emocional de cumplir con un sueño tendiente a recuperar la imagen del popular chagra como esencia misma de nuestra tradicionalidad mestiza. Dicen que a fuerza de presentar un acto, éste se deteriora y opaca. En nuestro caso se descuidó el atuendo y se abusó del licor. Pero en Machachi existen corazones optimistas que no pierden la fe en que se autentice y rescate el desempeño de los participantes. ” Qué calidad” , decía Javier Fajardo mientras añoraba el porte y la prosa con que desfilaban los que llevaban riendas, bozalillos y martingalas tejidas. ¡Época gloriosa del paseo procesional!

GLOSARIO:

Arretranca: freno
Bozadillos: adorno que se pone a los caballos en el bozo.
Chacarero: dueño de una chacra, relativo a chagra.
Chalán: picador, domador de caballos.
Cincha: banda de cuero que se sujeta a la silla por debajo del vientre de la caballería.
Grupera: almohadilla que se pone en las sillas de montar.
Huasca: ramal que sirve de rienda o látigo.
Martingalas: calzas que llevaban los hombres de armas.
Pellón: palleja curtida que forma parte de la montura.
Warmi: mujer en quichua.

No se si soy parte de ti,
sombrerito chacarero,
alita, cinta y cordón,
con aires de aventurero;
tu ala gacha al viento cortas,
das sombra hasta el corazón,
alegre y conquistador
queda el buen chagra al lucir
tu garbo a la bandolera.

Y tu bufandita al viento,
embozado protector,
del páramo compañera,
dejas caliente mi aliento
y mi lágrima postrera.
Ponchito, coloradito,
Como toditos tenemos,
Antigua y querida prenda de castilla y Huayra-Pungo
¡rico porte de varón!,
grato ponchito que otorgas
tu calor aquí en mi pecho,
no siento hálitos del cerro,
cuando en mis hombros te montas,
me contagias tu amor.

 

 

Chagra zamarro rondero,
Laceador corte rodeante,
Machacheño, cayambeño,
Coraza del buen andante:
Chivo, puma, o cimarrón.
Bota y espuela sonora,
Rasga tiesa y disciplina,
La montura se reanima,
Contacto con la rodaja,
Que va gimiendo cual paja
Que el viento tuerce en la loma….

Tomado de la Revista Terra Incógnita No.18 julio 2002. Si desea conocer más de la revista le invitamos a hacer un click en el siguiente link:

Revista Terra Incognita
 

Raúl Guarderas
REVISTA TERRA INCÓGNITA

Reconozco la suerte de recibir mis herencias, las considero portadoras de una cualidad similar a aquella que fecundó los campos andinos; por eso valoro el privilegio de nuestra Sierra ecuatoriana cuando verifico la presencia de sus hoyas rodeadas de cerros y enriquecidas por los sistemas fluviales que vivifican su fertilidad. Algo me induce a encontrar, en este prodigio, cierta similitud a lo ocurrido con mis ancestros; con gusto acepto estas raíces al sentirlas correr por mi sangre.¡Cuan feliz me siento al percibir las aportaciones genéticas recibidas de los quitu-caranquis y de los incas! Aprecio, al mismo tiempo, el efecto múltiple de las razas llegadas de España y sostenidas por troncos familiares nacidos de los viejos abolengos celtas, berberiscos, moros y demás generaciones latinas prestas a integrar este cuadro multiétnico.

EL SOMBRERO, EL PONCHO Y LOS ZAMARROS SON LAS PRENDAS QUE ACOMPAÑAN DIARIAMENTE A LOS CHAGRAS DE MACHACHI.


CHAGRA MACHACHI

Toda la fantasía de estos fenómenos fundidos con la realidad andina dio a estos parajes cierta vivencia mística, mítica y mágica; tres virtudes telúricas a las que se sumó la realidad equinoccial que, como un milagro, introducía la perpendicularidad de los rayos solares en el vientre mismo de la tierra. Esta variedad de incidencias reales e imaginarias dieron paso al establecimiento de la cultura ‘chagra’, palabra que se presume que viene de chacra (terreno donde se cultiva maíz). Se añade a esto la definición de ‘campesino rústico del altiplano del Ecuador’, presentada por Luis Codero en su diccionario de términos quichuas.

Mis primeros contactos con las costumbres chacareras los tuve con Luis Yánez Reinoso. El era conocido popularmente como el ‘Sordo’ Yánez, quien aparte de ser un buen chalán, usaba la huasca con extraordinaria habilidad. En suma, este personaje se destacó mucho más por sus labores vaqueras que por sus labores agrícolas. Ahora el Sordo Yánez usa un aparatito que le sirve para corregir su sordera, pero hace de éste un uso muy cómico, pues lo conecta y desconecta de acuerdo a lo que quiere escuchar.

‘Cuando presiento que hablan boberías, yo me saco la cornetita’. Es así como un día apareció un desconocido que se unió a nuestro grupo y se presentó, mas el sordito no escuchó su nombre y le pidió que lo repitiera: ‘Yo soy Casimiro -le grito el recién llegado’. Jo, jo, jo -se río Lucho- usted es casi-miro, en cambio yo soy casi-sordo’. Continúa este maestro con la calidad ejemplar que caracteriza al chagra legítimo: enamorador, contador de anécdotas, curioso, preocupado…

Lucho me acompañó siempre en el “Paseo Procesional del Chagra”, auténtico espectáculo criollo que tuvo su origen en Machachi como remembranza de la erupción del volcán Cotopaxi, ocurrida en el año 1877. por ventura, de un modo milagroso, el gran Pasochoa y el Rumiñahui salvaron a los pobladores de Tambillo y Machachi de sufrir los terribles efectos de dicho acontecimiento, producto de los enojos de la naturaleza. Los pobladores esperaron pacientemente a que la cúspide del volcán Cotopaxi se cubriera nuevamente de nieve y, cuando esto aconteció, optaron por realizar una minga ganadera, cuya misión era recoger, corralear y conducir a los lugares de origen a las reses, equinos y otros animales domésticos que se desperdigaron con el suceso.

Para la ejecución de dicha labor se formaron tres grupos importantes: el primero se responsabilizó de conducir los animales hacia los sectores aledaños a Latacunga, el segundo a Los Chillos y el tercero se encargó de subirlos al Pedregal. Las anécdotas y peripecias que pasaron en aquellos viajes hicieron que durante tres años se reuniesen los protagonistas a comentar lo ocurrido en esas jornadas. Luego de un tiempo, empezaron a producirse problemas políticos que terminaron con la guerra civil, de la cual el general Eloy Alfaro fue el triunfador.

Casi un siglo más tarde, mentalizamos y ejecutamos el primer “Paseo Procesional del Chagra” para conmemorar el centenario de la cantonización de Mejía. Hubo la necesidad de organizar una institución responsable de mantener la integridad y pureza de este espectáculo, para lo cual se conformó la Asociación Cofradía del Chagra (ACOCHA). Es importante señalar que coincidieron tres fechas: las festividades d Santiago Apóstol, santo patrono de Machachi; la erupción del Cotopaxi, y el ya indicado centenario de la nueva jerarquía del cantón Mejía.

La fiesta iniciaba con la publicación del programa, el cual era elaborado por el “Comité de Fiestas;” empezaba con el pregón, que mostraba la figura del chagra y sus caballos vaqueros. Días después varios carteles anunciaban las presentaciones teatrales de la Asociación de Teatreros del Cantón Mejía; sus comedias siempre trataban temas chacareros: “El chagra que casó warmi mala”, “Un chagra curniado y feliz”, “La importancia de llamarse compadre Honorio” y “Entre chalinas y ponchos”. Esta última obra tuvo tanto éxito que el Club Rotario auspició su presentación en el teatro Sucre de la ciudad de Quito.

Como parte de esta fiesta popular y con la debida anticipación, se convocaba a las candidatas a “chagra linda”, concurso galante en el que participaban la chagra del páramo y la chagra del valle. Además se nombraba “chagra del año” a quien hubiese demostrado una gran afición por la vaquería y calidad en su desempeño como ciudadano correcto. El paseo se desarrollaba de tal modo que resaltaba el amor de la ciudadanía hacia el propio espectáculo y concurrir con el atuendo clásico era un orgullo.

Un personaje recordado con cariño fue Segundo Moreta, quien preparaba una carreta halada por bueyes, en donde construía un altar muy solemne; desde allí presidía el paseo “Nuestro Señor de la Santa Escuela”. Se merecía tal reconocimiento por la historia de su misteriosa llegada a Machachi y la creciente devoción de la feligresía machacheña.

Después de aplaudir al “Señor de la Santa Escuela”, la concurrencia se motivaba con la presencia del toro pregonero, un bravío halado por chagras expertos que lo sostenían con sendas huascas para moderar su furia. De inmediato, al paso, al trote o al galope enseñoreaban su porte los caballeros de ACOCHA, elegantes con su vestimenta y en su manera de lucir sus cabalgaduras: caballos criollos y parameros, ensillados con la montura de vaquería, petral, arretranca y grupera, cincha cerda, e incrustado sobre la copa, el clásico pellón que en muchos casos era de doble faz.

Al presenciar este imponente acto procesional, entendí el significado emocional de cumplir con un sueño tendiente a recuperar la imagen del popular chagra como esencia misma de nuestra tradicionalidad mestiza. Dicen que a fuerza de presentar un acto, éste se deteriora y opaca. En nuestro caso se descuidó el atuendo y se abusó del licor. Pero en Machachi existen corazones optimistas que no pierden la fe en que se autentice y rescate el desempeño de los participantes. ” Qué calidad” , decía Javier Fajardo mientras añoraba el porte y la prosa con que desfilaban los que llevaban riendas, bozalillos y martingalas tejidas. ¡Época gloriosa del paseo procesional!

GLOSARIO:

Arretranca: freno
Bozadillos: adorno que se pone a los caballos en el bozo.
Chacarero: dueño de una chacra, relativo a chagra.
Chalán: picador, domador de caballos.
Cincha: banda de cuero que se sujeta a la silla por debajo del vientre de la caballería.
Grupera: almohadilla que se pone en las sillas de montar.
Huasca: ramal que sirve de rienda o látigo.
Martingalas: calzas que llevaban los hombres de armas.
Pellón: palleja curtida que forma parte de la montura.
Warmi: mujer en quichua.

No se si soy parte de ti,
sombrerito chacarero,
alita, cinta y cordón,
con aires de aventurero;
tu ala gacha al viento cortas,
das sombra hasta el corazón,
alegre y conquistador
queda el buen chagra al lucir
tu garbo a la bandolera.

Y tu bufandita al viento,
embozado protector,
del páramo compañera,
dejas caliente mi aliento
y mi lágrima postrera.
Ponchito, coloradito,
Como toditos tenemos,
Antigua y querida prenda de castilla y Huayra-Pungo
¡rico porte de varón!,
grato ponchito que otorgas
tu calor aquí en mi pecho,
no siento hálitos del cerro,
cuando en mis hombros te montas,
me contagias tu amor.

 

 

Chagra zamarro rondero,
Laceador corte rodeante,
Machacheño, cayambeño,
Coraza del buen andante:
Chivo, puma, o cimarrón.
Bota y espuela sonora,
Rasga tiesa y disciplina,
La montura se reanima,
Contacto con la rodaja,
Que va gimiendo cual paja
Que el viento tuerce en la loma….

Tomado de la Revista Terra Incógnita No.18 julio 2002. Si desea conocer más de la revista le invitamos a hacer un click en el siguiente link:

Revista Terra Incognita
 

Raúl Guarderas
REVISTA TERRA INCÓGNITA

Reconozco la suerte de recibir mis herencias, las considero portadoras de una cualidad similar a aquella que fecundó los campos andinos; por eso valoro el privilegio de nuestra Sierra ecuatoriana cuando verifico la presencia de sus hoyas rodeadas de cerros y enriquecidas por los sistemas fluviales que vivifican su fertilidad. Algo me induce a encontrar, en este prodigio, cierta similitud a lo ocurrido con mis ancestros; con gusto acepto estas raíces al sentirlas correr por mi sangre.¡Cuan feliz me siento al percibir las aportaciones genéticas recibidas de los quitu-caranquis y de los incas! Aprecio, al mismo tiempo, el efecto múltiple de las razas llegadas de España y sostenidas por troncos familiares nacidos de los viejos abolengos celtas, berberiscos, moros y demás generaciones latinas prestas a integrar este cuadro multiétnico.

EL SOMBRERO, EL PONCHO Y LOS ZAMARROS SON LAS PRENDAS QUE ACOMPAÑAN DIARIAMENTE A LOS CHAGRAS DE MACHACHI.


CHAGRA MACHACHI

Toda la fantasía de estos fenómenos fundidos con la realidad andina dio a estos parajes cierta vivencia mística, mítica y mágica; tres virtudes telúricas a las que se sumó la realidad equinoccial que, como un milagro, introducía la perpendicularidad de los rayos solares en el vientre mismo de la tierra. Esta variedad de incidencias reales e imaginarias dieron paso al establecimiento de la cultura ‘chagra’, palabra que se presume que viene de chacra (terreno donde se cultiva maíz). Se añade a esto la definición de ‘campesino rústico del altiplano del Ecuador’, presentada por Luis Codero en su diccionario de términos quichuas.

Mis primeros contactos con las costumbres chacareras los tuve con Luis Yánez Reinoso. El era conocido popularmente como el ‘Sordo’ Yánez, quien aparte de ser un buen chalán, usaba la huasca con extraordinaria habilidad. En suma, este personaje se destacó mucho más por sus labores vaqueras que por sus labores agrícolas. Ahora el Sordo Yánez usa un aparatito que le sirve para corregir su sordera, pero hace de éste un uso muy cómico, pues lo conecta y desconecta de acuerdo a lo que quiere escuchar.

‘Cuando presiento que hablan boberías, yo me saco la cornetita’. Es así como un día apareció un desconocido que se unió a nuestro grupo y se presentó, mas el sordito no escuchó su nombre y le pidió que lo repitiera: ‘Yo soy Casimiro -le grito el recién llegado’. Jo, jo, jo -se río Lucho- usted es casi-miro, en cambio yo soy casi-sordo’. Continúa este maestro con la calidad ejemplar que caracteriza al chagra legítimo: enamorador, contador de anécdotas, curioso, preocupado…

Lucho me acompañó siempre en el “Paseo Procesional del Chagra”, auténtico espectáculo criollo que tuvo su origen en Machachi como remembranza de la erupción del volcán Cotopaxi, ocurrida en el año 1877. por ventura, de un modo milagroso, el gran Pasochoa y el Rumiñahui salvaron a los pobladores de Tambillo y Machachi de sufrir los terribles efectos de dicho acontecimiento, producto de los enojos de la naturaleza. Los pobladores esperaron pacientemente a que la cúspide del volcán Cotopaxi se cubriera nuevamente de nieve y, cuando esto aconteció, optaron por realizar una minga ganadera, cuya misión era recoger, corralear y conducir a los lugares de origen a las reses, equinos y otros animales domésticos que se desperdigaron con el suceso.

Para la ejecución de dicha labor se formaron tres grupos importantes: el primero se responsabilizó de conducir los animales hacia los sectores aledaños a Latacunga, el segundo a Los Chillos y el tercero se encargó de subirlos al Pedregal. Las anécdotas y peripecias que pasaron en aquellos viajes hicieron que durante tres años se reuniesen los protagonistas a comentar lo ocurrido en esas jornadas. Luego de un tiempo, empezaron a producirse problemas políticos que terminaron con la guerra civil, de la cual el general Eloy Alfaro fue el triunfador.

Casi un siglo más tarde, mentalizamos y ejecutamos el primer “Paseo Procesional del Chagra” para conmemorar el centenario de la cantonización de Mejía. Hubo la necesidad de organizar una institución responsable de mantener la integridad y pureza de este espectáculo, para lo cual se conformó la Asociación Cofradía del Chagra (ACOCHA). Es importante señalar que coincidieron tres fechas: las festividades d Santiago Apóstol, santo patrono de Machachi; la erupción del Cotopaxi, y el ya indicado centenario de la nueva jerarquía del cantón Mejía.

La fiesta iniciaba con la publicación del programa, el cual era elaborado por el “Comité de Fiestas;” empezaba con el pregón, que mostraba la figura del chagra y sus caballos vaqueros. Días después varios carteles anunciaban las presentaciones teatrales de la Asociación de Teatreros del Cantón Mejía; sus comedias siempre trataban temas chacareros: “El chagra que casó warmi mala”, “Un chagra curniado y feliz”, “La importancia de llamarse compadre Honorio” y “Entre chalinas y ponchos”. Esta última obra tuvo tanto éxito que el Club Rotario auspició su presentación en el teatro Sucre de la ciudad de Quito.

Como parte de esta fiesta popular y con la debida anticipación, se convocaba a las candidatas a “chagra linda”, concurso galante en el que participaban la chagra del páramo y la chagra del valle. Además se nombraba “chagra del año” a quien hubiese demostrado una gran afición por la vaquería y calidad en su desempeño como ciudadano correcto. El paseo se desarrollaba de tal modo que resaltaba el amor de la ciudadanía hacia el propio espectáculo y concurrir con el atuendo clásico era un orgullo.

Un personaje recordado con cariño fue Segundo Moreta, quien preparaba una carreta halada por bueyes, en donde construía un altar muy solemne; desde allí presidía el paseo “Nuestro Señor de la Santa Escuela”. Se merecía tal reconocimiento por la historia de su misteriosa llegada a Machachi y la creciente devoción de la feligresía machacheña.

Después de aplaudir al “Señor de la Santa Escuela”, la concurrencia se motivaba con la presencia del toro pregonero, un bravío halado por chagras expertos que lo sostenían con sendas huascas para moderar su furia. De inmediato, al paso, al trote o al galope enseñoreaban su porte los caballeros de ACOCHA, elegantes con su vestimenta y en su manera de lucir sus cabalgaduras: caballos criollos y parameros, ensillados con la montura de vaquería, petral, arretranca y grupera, cincha cerda, e incrustado sobre la copa, el clásico pellón que en muchos casos era de doble faz.

Al presenciar este imponente acto procesional, entendí el significado emocional de cumplir con un sueño tendiente a recuperar la imagen del popular chagra como esencia misma de nuestra tradicionalidad mestiza. Dicen que a fuerza de presentar un acto, éste se deteriora y opaca. En nuestro caso se descuidó el atuendo y se abusó del licor. Pero en Machachi existen corazones optimistas que no pierden la fe en que se autentice y rescate el desempeño de los participantes. ” Qué calidad” , decía Javier Fajardo mientras añoraba el porte y la prosa con que desfilaban los que llevaban riendas, bozalillos y martingalas tejidas. ¡Época gloriosa del paseo procesional!

GLOSARIO:

Arretranca: freno
Bozadillos: adorno que se pone a los caballos en el bozo.
Chacarero: dueño de una chacra, relativo a chagra.
Chalán: picador, domador de caballos.
Cincha: banda de cuero que se sujeta a la silla por debajo del vientre de la caballería.
Grupera: almohadilla que se pone en las sillas de montar.
Huasca: ramal que sirve de rienda o látigo.
Martingalas: calzas que llevaban los hombres de armas.
Pellón: palleja curtida que forma parte de la montura.
Warmi: mujer en quichua.

No se si soy parte de ti,
sombrerito chacarero,
alita, cinta y cordón,
con aires de aventurero;
tu ala gacha al viento cortas,
das sombra hasta el corazón,
alegre y conquistador
queda el buen chagra al lucir
tu garbo a la bandolera.

Y tu bufandita al viento,
embozado protector,
del páramo compañera,
dejas caliente mi aliento
y mi lágrima postrera.
Ponchito, coloradito,
Como toditos tenemos,
Antigua y querida prenda de castilla y Huayra-Pungo
¡rico porte de varón!,
grato ponchito que otorgas
tu calor aquí en mi pecho,
no siento hálitos del cerro,
cuando en mis hombros te montas,
me contagias tu amor.

 

 

Chagra zamarro rondero,
Laceador corte rodeante,
Machacheño, cayambeño,
Coraza del buen andante:
Chivo, puma, o cimarrón.
Bota y espuela sonora,
Rasga tiesa y disciplina,
La montura se reanima,
Contacto con la rodaja,
Que va gimiendo cual paja
Que el viento tuerce en la loma….

Tomado de la Revista Terra Incógnita No.18 julio 2002. Si desea conocer más de la revista le invitamos a hacer un click en el siguiente link:

Revista Terra Incognita
 

Raúl Guarderas
REVISTA TERRA INCÓGNITA

Reconozco la suerte de recibir mis herencias, las considero portadoras de una cualidad similar a aquella que fecundó los campos andinos; por eso valoro el privilegio de nuestra Sierra ecuatoriana cuando verifico la presencia de sus hoyas rodeadas de cerros y enriquecidas por los sistemas fluviales que vivifican su fertilidad. Algo me induce a encontrar, en este prodigio, cierta similitud a lo ocurrido con mis ancestros; con gusto acepto estas raíces al sentirlas correr por mi sangre.¡Cuan feliz me siento al percibir las aportaciones genéticas recibidas de los quitu-caranquis y de los incas! Aprecio, al mismo tiempo, el efecto múltiple de las razas llegadas de España y sostenidas por troncos familiares nacidos de los viejos abolengos celtas, berberiscos, moros y demás generaciones latinas prestas a integrar este cuadro multiétnico.

EL SOMBRERO, EL PONCHO Y LOS ZAMARROS SON LAS PRENDAS QUE ACOMPAÑAN DIARIAMENTE A LOS CHAGRAS DE MACHACHI.


CHAGRA MACHACHI

Toda la fantasía de estos fenómenos fundidos con la realidad andina dio a estos parajes cierta vivencia mística, mítica y mágica; tres virtudes telúricas a las que se sumó la realidad equinoccial que, como un milagro, introducía la perpendicularidad de los rayos solares en el vientre mismo de la tierra. Esta variedad de incidencias reales e imaginarias dieron paso al establecimiento de la cultura ‘chagra’, palabra que se presume que viene de chacra (terreno donde se cultiva maíz). Se añade a esto la definición de ‘campesino rústico del altiplano del Ecuador’, presentada por Luis Codero en su diccionario de términos quichuas.

Mis primeros contactos con las costumbres chacareras los tuve con Luis Yánez Reinoso. El era conocido popularmente como el ‘Sordo’ Yánez, quien aparte de ser un buen chalán, usaba la huasca con extraordinaria habilidad. En suma, este personaje se destacó mucho más por sus labores vaqueras que por sus labores agrícolas. Ahora el Sordo Yánez usa un aparatito que le sirve para corregir su sordera, pero hace de éste un uso muy cómico, pues lo conecta y desconecta de acuerdo a lo que quiere escuchar.

‘Cuando presiento que hablan boberías, yo me saco la cornetita’. Es así como un día apareció un desconocido que se unió a nuestro grupo y se presentó, mas el sordito no escuchó su nombre y le pidió que lo repitiera: ‘Yo soy Casimiro -le grito el recién llegado’. Jo, jo, jo -se río Lucho- usted es casi-miro, en cambio yo soy casi-sordo’. Continúa este maestro con la calidad ejemplar que caracteriza al chagra legítimo: enamorador, contador de anécdotas, curioso, preocupado…

Lucho me acompañó siempre en el “Paseo Procesional del Chagra”, auténtico espectáculo criollo que tuvo su origen en Machachi como remembranza de la erupción del volcán Cotopaxi, ocurrida en el año 1877. por ventura, de un modo milagroso, el gran Pasochoa y el Rumiñahui salvaron a los pobladores de Tambillo y Machachi de sufrir los terribles efectos de dicho acontecimiento, producto de los enojos de la naturaleza. Los pobladores esperaron pacientemente a que la cúspide del volcán Cotopaxi se cubriera nuevamente de nieve y, cuando esto aconteció, optaron por realizar una minga ganadera, cuya misión era recoger, corralear y conducir a los lugares de origen a las reses, equinos y otros animales domésticos que se desperdigaron con el suceso.

Para la ejecución de dicha labor se formaron tres grupos importantes: el primero se responsabilizó de conducir los animales hacia los sectores aledaños a Latacunga, el segundo a Los Chillos y el tercero se encargó de subirlos al Pedregal. Las anécdotas y peripecias que pasaron en aquellos viajes hicieron que durante tres años se reuniesen los protagonistas a comentar lo ocurrido en esas jornadas. Luego de un tiempo, empezaron a producirse problemas políticos que terminaron con la guerra civil, de la cual el general Eloy Alfaro fue el triunfador.

Casi un siglo más tarde, mentalizamos y ejecutamos el primer “Paseo Procesional del Chagra” para conmemorar el centenario de la cantonización de Mejía. Hubo la necesidad de organizar una institución responsable de mantener la integridad y pureza de este espectáculo, para lo cual se conformó la Asociación Cofradía del Chagra (ACOCHA). Es importante señalar que coincidieron tres fechas: las festividades d Santiago Apóstol, santo patrono de Machachi; la erupción del Cotopaxi, y el ya indicado centenario de la nueva jerarquía del cantón Mejía.

La fiesta iniciaba con la publicación del programa, el cual era elaborado por el “Comité de Fiestas;” empezaba con el pregón, que mostraba la figura del chagra y sus caballos vaqueros. Días después varios carteles anunciaban las presentaciones teatrales de la Asociación de Teatreros del Cantón Mejía; sus comedias siempre trataban temas chacareros: “El chagra que casó warmi mala”, “Un chagra curniado y feliz”, “La importancia de llamarse compadre Honorio” y “Entre chalinas y ponchos”. Esta última obra tuvo tanto éxito que el Club Rotario auspició su presentación en el teatro Sucre de la ciudad de Quito.

Como parte de esta fiesta popular y con la debida anticipación, se convocaba a las candidatas a “chagra linda”, concurso galante en el que participaban la chagra del páramo y la chagra del valle. Además se nombraba “chagra del año” a quien hubiese demostrado una gran afición por la vaquería y calidad en su desempeño como ciudadano correcto. El paseo se desarrollaba de tal modo que resaltaba el amor de la ciudadanía hacia el propio espectáculo y concurrir con el atuendo clásico era un orgullo.

Un personaje recordado con cariño fue Segundo Moreta, quien preparaba una carreta halada por bueyes, en donde construía un altar muy solemne; desde allí presidía el paseo “Nuestro Señor de la Santa Escuela”. Se merecía tal reconocimiento por la historia de su misteriosa llegada a Machachi y la creciente devoción de la feligresía machacheña.

Después de aplaudir al “Señor de la Santa Escuela”, la concurrencia se motivaba con la presencia del toro pregonero, un bravío halado por chagras expertos que lo sostenían con sendas huascas para moderar su furia. De inmediato, al paso, al trote o al galope enseñoreaban su porte los caballeros de ACOCHA, elegantes con su vestimenta y en su manera de lucir sus cabalgaduras: caballos criollos y parameros, ensillados con la montura de vaquería, petral, arretranca y grupera, cincha cerda, e incrustado sobre la copa, el clásico pellón que en muchos casos era de doble faz.

Al presenciar este imponente acto procesional, entendí el significado emocional de cumplir con un sueño tendiente a recuperar la imagen del popular chagra como esencia misma de nuestra tradicionalidad mestiza. Dicen que a fuerza de presentar un acto, éste se deteriora y opaca. En nuestro caso se descuidó el atuendo y se abusó del licor. Pero en Machachi existen corazones optimistas que no pierden la fe en que se autentice y rescate el desempeño de los participantes. ” Qué calidad” , decía Javier Fajardo mientras añoraba el porte y la prosa con que desfilaban los que llevaban riendas, bozalillos y martingalas tejidas. ¡Época gloriosa del paseo procesional!

GLOSARIO:

Arretranca: freno
Bozadillos: adorno que se pone a los caballos en el bozo.
Chacarero: dueño de una chacra, relativo a chagra.
Chalán: picador, domador de caballos.
Cincha: banda de cuero que se sujeta a la silla por debajo del vientre de la caballería.
Grupera: almohadilla que se pone en las sillas de montar.
Huasca: ramal que sirve de rienda o látigo.
Martingalas: calzas que llevaban los hombres de armas.
Pellón: palleja curtida que forma parte de la montura.
Warmi: mujer en quichua.

No se si soy parte de ti,
sombrerito chacarero,
alita, cinta y cordón,
con aires de aventurero;
tu ala gacha al viento cortas,
das sombra hasta el corazón,
alegre y conquistador
queda el buen chagra al lucir
tu garbo a la bandolera.

Y tu bufandita al viento,
embozado protector,
del páramo compañera,
dejas caliente mi aliento
y mi lágrima postrera.
Ponchito, coloradito,
Como toditos tenemos,
Antigua y querida prenda de castilla y Huayra-Pungo
¡rico porte de varón!,
grato ponchito que otorgas
tu calor aquí en mi pecho,
no siento hálitos del cerro,
cuando en mis hombros te montas,
me contagias tu amor.

 

 

Chagra zamarro rondero,
Laceador corte rodeante,
Machacheño, cayambeño,
Coraza del buen andante:
Chivo, puma, o cimarrón.
Bota y espuela sonora,
Rasga tiesa y disciplina,
La montura se reanima,
Contacto con la rodaja,
Que va gimiendo cual paja
Que el viento tuerce en la loma….

Tomado de la Revista Terra Incógnita No.18 julio 2002. Si desea conocer más de la revista le invitamos a hacer un click en el siguiente link:

Revista Terra Incognita
 

Raúl Guarderas
REVISTA TERRA INCÓGNITA

Reconozco la suerte de recibir mis herencias, las considero portadoras de una cualidad similar a aquella que fecundó los campos andinos; por eso valoro el privilegio de nuestra Sierra ecuatoriana cuando verifico la presencia de sus hoyas rodeadas de cerros y enriquecidas por los sistemas fluviales que vivifican su fertilidad. Algo me induce a encontrar, en este prodigio, cierta similitud a lo ocurrido con mis ancestros; con gusto acepto estas raíces al sentirlas correr por mi sangre.¡Cuan feliz me siento al percibir las aportaciones genéticas recibidas de los quitu-caranquis y de los incas! Aprecio, al mismo tiempo, el efecto múltiple de las razas llegadas de España y sostenidas por troncos familiares nacidos de los viejos abolengos celtas, berberiscos, moros y demás generaciones latinas prestas a integrar este cuadro multiétnico.

EL SOMBRERO, EL PONCHO Y LOS ZAMARROS SON LAS PRENDAS QUE ACOMPAÑAN DIARIAMENTE A LOS CHAGRAS DE MACHACHI.


CHAGRA MACHACHI

Toda la fantasía de estos fenómenos fundidos con la realidad andina dio a estos parajes cierta vivencia mística, mítica y mágica; tres virtudes telúricas a las que se sumó la realidad equinoccial que, como un milagro, introducía la perpendicularidad de los rayos solares en el vientre mismo de la tierra. Esta variedad de incidencias reales e imaginarias dieron paso al establecimiento de la cultura ‘chagra’, palabra que se presume que viene de chacra (terreno donde se cultiva maíz). Se añade a esto la definición de ‘campesino rústico del altiplano del Ecuador’, presentada por Luis Codero en su diccionario de términos quichuas.

Mis primeros contactos con las costumbres chacareras los tuve con Luis Yánez Reinoso. El era conocido popularmente como el ‘Sordo’ Yánez, quien aparte de ser un buen chalán, usaba la huasca con extraordinaria habilidad. En suma, este personaje se destacó mucho más por sus labores vaqueras que por sus labores agrícolas. Ahora el Sordo Yánez usa un aparatito que le sirve para corregir su sordera, pero hace de éste un uso muy cómico, pues lo conecta y desconecta de acuerdo a lo que quiere escuchar.

‘Cuando presiento que hablan boberías, yo me saco la cornetita’. Es así como un día apareció un desconocido que se unió a nuestro grupo y se presentó, mas el sordito no escuchó su nombre y le pidió que lo repitiera: ‘Yo soy Casimiro -le grito el recién llegado’. Jo, jo, jo -se río Lucho- usted es casi-miro, en cambio yo soy casi-sordo’. Continúa este maestro con la calidad ejemplar que caracteriza al chagra legítimo: enamorador, contador de anécdotas, curioso, preocupado…

Lucho me acompañó siempre en el “Paseo Procesional del Chagra”, auténtico espectáculo criollo que tuvo su origen en Machachi como remembranza de la erupción del volcán Cotopaxi, ocurrida en el año 1877. por ventura, de un modo milagroso, el gran Pasochoa y el Rumiñahui salvaron a los pobladores de Tambillo y Machachi de sufrir los terribles efectos de dicho acontecimiento, producto de los enojos de la naturaleza. Los pobladores esperaron pacientemente a que la cúspide del volcán Cotopaxi se cubriera nuevamente de nieve y, cuando esto aconteció, optaron por realizar una minga ganadera, cuya misión era recoger, corralear y conducir a los lugares de origen a las reses, equinos y otros animales domésticos que se desperdigaron con el suceso.

Para la ejecución de dicha labor se formaron tres grupos importantes: el primero se responsabilizó de conducir los animales hacia los sectores aledaños a Latacunga, el segundo a Los Chillos y el tercero se encargó de subirlos al Pedregal. Las anécdotas y peripecias que pasaron en aquellos viajes hicieron que durante tres años se reuniesen los protagonistas a comentar lo ocurrido en esas jornadas. Luego de un tiempo, empezaron a producirse problemas políticos que terminaron con la guerra civil, de la cual el general Eloy Alfaro fue el triunfador.

Casi un siglo más tarde, mentalizamos y ejecutamos el primer “Paseo Procesional del Chagra” para conmemorar el centenario de la cantonización de Mejía. Hubo la necesidad de organizar una institución responsable de mantener la integridad y pureza de este espectáculo, para lo cual se conformó la Asociación Cofradía del Chagra (ACOCHA). Es importante señalar que coincidieron tres fechas: las festividades d Santiago Apóstol, santo patrono de Machachi; la erupción del Cotopaxi, y el ya indicado centenario de la nueva jerarquía del cantón Mejía.

La fiesta iniciaba con la publicación del programa, el cual era elaborado por el “Comité de Fiestas;” empezaba con el pregón, que mostraba la figura del chagra y sus caballos vaqueros. Días después varios carteles anunciaban las presentaciones teatrales de la Asociación de Teatreros del Cantón Mejía; sus comedias siempre trataban temas chacareros: “El chagra que casó warmi mala”, “Un chagra curniado y feliz”, “La importancia de llamarse compadre Honorio” y “Entre chalinas y ponchos”. Esta última obra tuvo tanto éxito que el Club Rotario auspició su presentación en el teatro Sucre de la ciudad de Quito.

Como parte de esta fiesta popular y con la debida anticipación, se convocaba a las candidatas a “chagra linda”, concurso galante en el que participaban la chagra del páramo y la chagra del valle. Además se nombraba “chagra del año” a quien hubiese demostrado una gran afición por la vaquería y calidad en su desempeño como ciudadano correcto. El paseo se desarrollaba de tal modo que resaltaba el amor de la ciudadanía hacia el propio espectáculo y concurrir con el atuendo clásico era un orgullo.

Un personaje recordado con cariño fue Segundo Moreta, quien preparaba una carreta halada por bueyes, en donde construía un altar muy solemne; desde allí presidía el paseo “Nuestro Señor de la Santa Escuela”. Se merecía tal reconocimiento por la historia de su misteriosa llegada a Machachi y la creciente devoción de la feligresía machacheña.

Después de aplaudir al “Señor de la Santa Escuela”, la concurrencia se motivaba con la presencia del toro pregonero, un bravío halado por chagras expertos que lo sostenían con sendas huascas para moderar su furia. De inmediato, al paso, al trote o al galope enseñoreaban su porte los caballeros de ACOCHA, elegantes con su vestimenta y en su manera de lucir sus cabalgaduras: caballos criollos y parameros, ensillados con la montura de vaquería, petral, arretranca y grupera, cincha cerda, e incrustado sobre la copa, el clásico pellón que en muchos casos era de doble faz.

Al presenciar este imponente acto procesional, entendí el significado emocional de cumplir con un sueño tendiente a recuperar la imagen del popular chagra como esencia misma de nuestra tradicionalidad mestiza. Dicen que a fuerza de presentar un acto, éste se deteriora y opaca. En nuestro caso se descuidó el atuendo y se abusó del licor. Pero en Machachi existen corazones optimistas que no pierden la fe en que se autentice y rescate el desempeño de los participantes. ” Qué calidad” , decía Javier Fajardo mientras añoraba el porte y la prosa con que desfilaban los que llevaban riendas, bozalillos y martingalas tejidas. ¡Época gloriosa del paseo procesional!

GLOSARIO:

Arretranca: freno
Bozadillos: adorno que se pone a los caballos en el bozo.
Chacarero: dueño de una chacra, relativo a chagra.
Chalán: picador, domador de caballos.
Cincha: banda de cuero que se sujeta a la silla por debajo del vientre de la caballería.
Grupera: almohadilla que se pone en las sillas de montar.
Huasca: ramal que sirve de rienda o látigo.
Martingalas: calzas que llevaban los hombres de armas.
Pellón: palleja curtida que forma parte de la montura.
Warmi: mujer en quichua.

No se si soy parte de ti,
sombrerito chacarero,
alita, cinta y cordón,
con aires de aventurero;
tu ala gacha al viento cortas,
das sombra hasta el corazón,
alegre y conquistador
queda el buen chagra al lucir
tu garbo a la bandolera.

Y tu bufandita al viento,
embozado protector,
del páramo compañera,
dejas caliente mi aliento
y mi lágrima postrera.
Ponchito, coloradito,
Como toditos tenemos,
Antigua y querida prenda de castilla y Huayra-Pungo
¡rico porte de varón!,
grato ponchito que otorgas
tu calor aquí en mi pecho,
no siento hálitos del cerro,
cuando en mis hombros te montas,
me contagias tu amor.

 

 

Chagra zamarro rondero,
Laceador corte rodeante,
Machacheño, cayambeño,
Coraza del buen andante:
Chivo, puma, o cimarrón.
Bota y espuela sonora,
Rasga tiesa y disciplina,
La montura se reanima,
Contacto con la rodaja,
Que va gimiendo cual paja
Que el viento tuerce en la loma….

Tomado de la Revista Terra Incógnita No.18 julio 2002. Si desea conocer más de la revista le invitamos a hacer un click en el siguiente link:

Revista Terra Incognita

Felipillo

Posted in historia, notas periodísticas, tradiciones with tags , , on septiembre 6, 2008 by edmolin657

FELIPILLO
TRADUCTOR.- El Felipillo famoso de la conquista, tan vituperado por tirios y troyanos, es un hombre importantísimo en el drama del asesinato de Atahualpa en Cajamarca y bien merece ser estudiada su vida en detalle.

Comencemos por decir que es nuestro paisano pues nació en la isla Puná hacia 1.510 y que de niño debió aprender en las vecinas costas de Tumbes un quechua bastante malo, pero suficiente para hacerse entender y comprender a medias y nada más. Pizarro lo apresó en su segundo viaje y le tomó afecto, llevándole a Panamá donde lo hizo su “trujamán” u hombre de confianza, bueno para todo trabajo, desde Mercurio de amor hasta limpiador de bacinicas; lo tenía viviendo en su casa y hasta lo vistió con sedas, que debía aparentar bastante por ser criado de un caballero. También le dio caballo y hasta lo hizo bautizar, honor grande para un indio porque equivalía a igualarse como hermano de sus amos, según la mentalidad imperante en esas épocas.

En 1.528 lo llevó a España “pues era gracioso, sabia ganar las voluntades a cuantos comunicaba y era pies y manos en el servicio de su amo” como lo afirma Gonzalo Fernández de Oviedo. Después de las Capitulaciones de Toledo de 1.529 volvió a América y avanzó con Pizarro hasta la Puná y Tumbes donde se enteraron de la presencia de Atahualpa en Cajamarca, para tomar baños y curarse de una herida de flecha recibida en la pierna. Entonces Pizarro comisionó a su hermano Hernando, que en compañía de Hernando de Soto y Felipillo fue a buscar al Inca en Cajamarca y le transmitieron sus saludos.

Felipillo parece que por la confusión del momento o por algún lapsus gramatical, al verse en presencia del Inca, confundió las palabras y casi produjo una ruptura de relaciones entre Atahualpa y los comisionados, que hubiera sido de fatales consecuencias para estos últimos.

Después de su captura volvió a ver a Atahualpa y se convirtió en uno de sus peores enemigos, dando a los españoles noticias alarmantes sobre supuestos preparativos bélicos, cuando lo que deseaba era que mataran al Inca para quedarse con una de sus numerosas mujeres, de la que se había enamorado.

Ajusticiado el Inca, Felipillo reclamó su parte de la herencia y se acostó con la Colla, honor sublime dada su triste condición de plebeyo y provinciano, pero todo se puede en esta vida con tesón y suerte, así es que nuestro paisano se refociló algunas semanas en lecho de rey y colchas de lana, siguiendo hacia el Cusco y entrando entre los vencedores.

En 1.534 partió con Almagro hacia el norte para impedir que Benalcázar se alzara con el santo y la limosna. Después se unieron ambos capitanes para hacer frente común a Pedro de Alvarado que llegaba desde las lejanas costas de Centroamérica a disputarles el botín. En tal trance Felipillo se pasó al bando de Alvarado creyendo que éste ganaría y hasta insinuó la muerte de Almagro, que en esto de muertos Felipillo nunca se quedaba corto; sin embargo aquí le falló la suerte y hechas las paces tuvo que achicarse ante Almagro y pedirle perdón y sólo se salvó merced a la intercepción amistosa de Alvarado, pero de todas maneras quedó en desgracia. Ya no volvería a ser como antes, el niño consentido de los conquistadores y pieza clave en el dominio de estos territorios.

Nuevamente en el Perú, aceptó a su amo Pizarro que lo enviara con Almagro, esta vez a la conquista de Chile, con la secreta consigna de que viera todo y luego se lo contara. En Chile Felipillo volvió a intrigar contra Almagro metiendo chismes entre los indios para que estos se sublevaran; algunos le hicieron caso y los españoles pasaron numerosas penurias y tantas, que Almagro malició algo y forzó a Felipillo a confesarse culpable, de donde le hizo dar muerte sin más ni más, como a un traidor cualquiera.

Así terminó sus correrías en este mundo quien fuera “trujamán y Faraute” dejando a la posteridad su nombre para calificativo de traidores y felones.

Garcilaso de la Vega no lo quiso y en los “Comentarios Reales” se expresó muy mal de él. Otros autores siguieron esta línea y también han denigrado su memoria; pero, a decir verdad, Felipillo no fue ni bueno ni malo, Simplemente siguió el ejemplo de sus amos los conquistadores que sin ningún derecho ni recato vinieron a tomar lo ajeno como propio y encima bravos.

Fue sólo un pícaro más de los muchos que vivieron por esos días en América y que dieron tanto que hablar a la novela española del siglo de oro, poblada de Gil Blas de Santillana y otros de igual ralea, tan abominables como simpáticos, inteligentes y peligrosos. Lo que llama la atención en Felipillo no es su escasa moral sino sus agallas para tratar de engañar a los españoles con chismes y cuentecillos del Inca, con el secreto propósito de amar a una de sus mujeres, que de fijo también lo ha de haber querido por igual, hambreada como estaba de sexo por la continencia forzosa a las que las sometía el Inca, que según se conoce era marido oficial de más de trescientas, muchas de las cuales ni siquiera había tocado una sola vez en su vida y a todas tenía solo por lujo y como obsequio que le hacían los Caciques del Imperio; simples objetos políticos que no de placer. Estimo que Felipillo por lo menos puso al día a una de esas desventuradas…! con el fuego propio de sus años juveniles y con las ansias de todo plebeyo que alcanza una pieza de caza mayor.