Archive for the notas periodísticas Category

Gabriela Calvache (cineasta)

Posted in notas periodísticas with tags , on noviembre 19, 2008 by edmolin657

Calvache redescubre a Quito

Publicado el 29/Julio/2007 | 00:00

En el barrio Santa Clara, al lado de la iglesia de San Francisco de Quito (centro histórico), en 1671 se terminaba de construir una de las primeras viviendas de la época colonial, La casa del Alabado. Por aquel entonces debió sobresalir como un edificio único y cuya presencia hoy en día en las calles Cuenca y Bolívar da cuenta del tránsito que ha experimentado una ciudad que lucha por conservar sus tradiciones pese a la forzosa modernización.

Hace más de dos años, La casa del Alabado, como parte de sus procesos históricos, se convirtió en protagonista del primer largometraje documental de la directora ecuatoriana Gabriela Calvache, quien asumió el reto de capturar paredes, cornisas, columnas y patios, desde la óptica de los maestros albañiles que las refaccionan día a día.

La película, que lleva el título La labranza oculta, nace de una serie de inquietudes de la directora, quien recorre las calles del centro cada semana, desde hace dos años, junto a un equipo humano mínimo, que la asiste en la búsqueda de la esencia de la cultura popular detrás de los muros de La casa del Alabado, que está siendo recuperada para convertirse en un museo de arte precolombino.

La primera historia que motivó a Calvache a filmar esta película fue la labor de albañilería: un oficio sabio, con un amplio bagaje, mezcla de tradición y conocimiento arquitectónico.

La cineasta -realizadora de varios cortos y documentales como Alerta Naranja y El Espejo- confiesa que de estos años de ver a los obreros trabajar, le ha impresionado sobremanera su sensibilidad, sobre todo cuando se trata de materializar una obra con tanto peso histórico.

De la observación cotidiana, la ecuatoriana que en 2003 trabajó como coordinadora de producción en Crónicas, rescatará conversaciones, risas, anécdotas, aventuras con fantasmas y del barrio recupera los mil y un oficios que tienen raíces en la colonia, los negocios de velas, hierbas, estampas, santos, peluquerías que dan contexto, vida y color a una película sobre patrimonios imprescindibles: edificios, hombres y memorias.

Eso busca capturar Calvache en su documental: lo tangible de una casa y lo intangible del aroma del barrio y sus personajes.

La labranza oculta intenta ser una película histórica sobre el presente, es decir el contraste de la modernización: quienes se quedan luego de la remodelación y quienes no.

De aquí a cinco meses, cuando termine el proceso de posproducción, la directora espera presentar una obra que si bien muestra la reconstrucción de una casa, no busca analizar su estilo arquitectónico, sino a aquellos que la construyeron, en la cotidianidad de un barrio quiteño. (PST)

Cineasta ecuatoriana

“No es un documental que sataniza nada. Las cosas no son blanco y negro, hay muchos matices. El documental expone una problemática: la de la transformación del centro histórico de Quito, por un lado, la del oficio de la albañilería, por otro. No busca victimizar a ningún personaje sino demostrar lo valioso de cada uno de ellos. Con el filme, analizo cómo esos procesos de cambio pueden llegar a ser democráticos e incluyentes. Hay que proteger la arquitectura de Quito, pero también hay que darle voz a las personas que generalmente no se escuchan”. (PST)

Hora GMT: 29/Julio/2007 – 05:00

Fuente: Diario HOY

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El legado de Martínez Queirolo

Posted in notas periodísticas with tags , on octubre 12, 2008 by edmolin657

Cuatro voces hablan de la obra del dramaturgo guayaquileño que le fue fiel a una forma de hacer teatro.
El dramaturgo José Martínez Queirolo fue uno de los más productivos del país en el esquema del trabajo  apegado al texto que posteriormente  empezaba con el proceso de montaje que se hacía con la lectura de la obra a cargo de los actores. Marina Salvarezza, Antonio Santos, Virgilio Valero y Marcelo Leyton hablan del hombre de teatro y  cuatro de sus obras: “Réquiem por la lluvia”, “QEPD”, “Montesco y su señora” y “Los unos vs. los otros”.Santos fue en varias ocasiones el actor original de las obras de “Pipo”, porque las representó durante sus estrenos en los años 60. Sobre “Réquiem por la lluvia” recuerda que es un monólogo de alta calidad, cuyos derechos fueron adquiridos por los norteamericanos para el aprendizaje del idioma español.Originalmente el dramaturgo lo escenificó y luego fue llevado por todo el país por el quiteño Antonio Ordóñez. Santos lo escenificó en España durante una temporada. El personaje es la lavandera Jesusa, que tiene que vivir con el dinero que gana de su oficio y soportar a un marido borrachín, que no consigue trabajo por su edad y por ver que su mujer sí tiene una labor.“Es una obra de una denuncia maravillosa, además de una belleza literaria extraordinaria, mucha calidad y mucho amor… Se trata de un clásico en el teatro ecuatoriano, que se ha hecho en todo el país y por América Latina”, señala Santos.  “Réquiem por la lluvia” podía ser preparada para verse en las tablas entre uno y tres meses, dependiendo también de la disponibilidad de los actores que en los 60, así como ahora,  tenían otras actividades paralelas. “Pipo” es descrito por Santos como alguien que se deleitaba viendo sus obras en escena. Virgilio Valero recuerda con cariño la pieza “QEPD”, la más representada, por ser una de las más interesantes pues encierra una crítica, desde el humor negro, de los estamentos sociales. La pieza presenta a una sociedad en decadencia a través de una pareja de cadáveres que ya se descubren muertos en la misma vida, evidenciando la gradual degradación de la sociedad por la pérdida de sus propios valores. Valero reconoce que los personajes de Simón y Enriqueta solo descubren un viso de humanidad al reírse cuando los gusanos se los están comiendo.
“Pipo” es descrito por Santos como alguien que se deleitaba viendo susobras en escena …
El director del Teatro Ensayo Gestus admite que la obra ha marcado giros en su carrera al haberla escenificado en 1984 cuando estaba al frente del Teatro Universidad Católica, con el título Hasta que la muerte nos separe; cuando se fundó Gestus en 1988 la incluyó en el espectáculo Dos autores un público, junto Al más extraño Idilio de Tennesse Williams; en 2005, bajo la dirección de Bernardo Menéndez, se escenificó “QEPD” con la dramaturgia de “Pipo” y la inserción de elementos multimedia en el montaje.El dramaturgo fue consultado paso a paso para este proceso, que tardó cuatro meses en gestarse y cuyo resultado fue presentado en el Festival de Teatro de La Habana, por pedido de los organizadores.  A partir de ese montaje surgió el ensayo “Un féretro de lujo”, donde el crítico cubano Abel González Melo establece que “Queirolo representa en Ecuador lo que para nosotros pudieran ser Abelardo Estorino o Antón Arrufat, en sus búsquedas divergentes pero marcadas por un afán de cambio y vanguardia”. Así la dramaturgia de “Pipo” se abrió a la observación internacional, sin embargo faltaba el homenaje que se realizó en Guayaquil en 2006; fue entonces cuando el dramaturgo volvió a actuar junto a Marina Salvarezza en “Montesco y su señora”.Salvarezza, actriz y directora del Teatro Experimental Guayaquil, recuerda que ese montaje sirvió para llevar a las tablas la pieza que poseía una comicidad muy pegada a la realidad del matrimonio de cualquier época y lugar. “Fue producto del ingenio de José Martínez Queirolo, quien imaginó que Romeo y Julieta no mueren, sino que siguen viviendo como marido y mujer. La pareja tiene hijos, y su realidad ha sido reubicada en una época moderna, y ahora llegando a los 50 ó 55 años se echan en cara todo  lo que implica la vida en pareja. Salvarezza  considera que el equilibrio entre ambos personajes está bien logrado. Para la actriz la escritura de Martínez Queirolo era para los jóvenes ya que él creía que a las personas mayores era casi imposible cambiarlas para que transformen el mundo. Salvarezza, Santos y Valero concuerdan en que “Pipo” escribía textos para ser representados, donde se desnudan las almas de las clases sociales a través de un teatro muy local y a la vez universal.El actor Marcelo Leyton, del grupo Arawa, considera que Martínez Queirolo y su obra “siempre serán una referencia necesaria dentro de la historia del teatro nacional. Sin duda que el valor de su dramaturgia radica en la confección de personajes tipos, cuyo humor e ironía en el tratamiento de situaciones permiten una fácil empatía, de ahí la popularidad de algunas de sus obras, sobre todo La casa del qué dirán,  o Don Montesco y su señora. En Los unos vs. los otros, el compromiso y  la denuncia se hace mucho más evidente. Quizás por eso, es que su obra tiene mucha acogida y es una de las más representadas.  He ahí su legado”.
Antonio Saltos
Sobre “Réquiem por la lluvia”
“Es una denuncia de la gente humilde, porque ‘Pipo’ era un hombre de denuncia social, pero con calidad literaria”.
Virgilio Valero
Sobre “QEPD”
“Él utilizaba la farsa y por ello podía jugar con la ironía  de forma muy corrosiva y descarnada”.
Marina Salvarezza
Sobre “Montesco y su señora”
“Sus obras son farsas con un hondo pesimismo sobre la actual condición humana”. Walter Francowfranco@telegrafo.com.ecReportero – Cultura

Roy Rogers

Posted in notas periodísticas with tags , , , , , , on septiembre 28, 2008 by edmolin657

CINCINNATI, OHIO, USA, 5 DE NOVIEMBRE DE 1911
APPLE, VALLEY, CA., 6 DE JULIO DE 1998

  


[Leonard Franklin Slye
}

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Diario El Clarín
Argentina

Roy Rogers, el cowboy y cantante norteamericano más famoso, murió ayer, lunes, en su casa de Victorville (California). Tenía 86 años. Primero el cine y luego la televisión habían popularizado su figura hasta un punto que él mismo, de modestos orígenes, difícilmente haya imaginado.
Rogers, cuyo verdadero nombre era Leonard Slye, fue entre los años 30 y 50 uno de los rostros más famosos del espectáculo norteamericano, y su personaje -llevando siempre un sombrero blanco, muy compuesto incluso luego de violentas peleas o persecuciones y capaz de entonar una lánguida canción country tras ellas- se contó entre los preferidos de la juventud estadounidense.
Igualmente famoso era su caballo Trigger, un hermoso bayo que murió en 1965 y está embalsamado en el museo dedicado a Roy Rogers en la citada ciudad de Victorville, en medio del Apple Valley. En él se hacía presente a menudo para saludar a los visitantes y firmar autógrafos. Fue, también, uno de los precursores del merchandising, de los primeros en vender objetos vinculados con su imagen (desde pistolitas a cuadernos con su nombre, que también fue el de una cadena de restaurantes fast food.
Hizo alrededor de noventa películas, primero en blanco y negro y más tarde en color, y luego pasó a la televisión, donde su programa The Roy Rogers Show tuvo mucho éxito a partir de 1951, llegando a emitirse hasta 1957.El rey de los cowboys, como se lo llamaba, había nacido en Cincinnati el 5 de noviembre de 1911 y tenía sangre piel roja en sus venas.
Durante la Depresión era chofer de camiones y fue ese oficio el que lo llevó a Hollywood.Allí ganó un concurso en 1937 -influyeron en ello su apostura, sus condiciones vocales y sus aptitudes como jinete- y fue contratado por el mítico sello Republic con un sueldo de US$ 75 semanales. Fue dicha productora la que diseñó el personaje que habría de interpretar para siempre y que, entre otras características, incluía también la guitarra siempre a mano y otro animal, su perro Bullet. Además de la inevitable muchacha que debía terminar en sus brazos en el The End, tuvo fieles compañeros (en cine, el borrachín Gabby Hayes, y en televisión, Pat Brady).
Entre sus filmes se cuentan Bajo las estrellas del Oeste, Canción de Arizona y El cowboy y la señorita, en la que, en 1947, conoció a la actriz Dale Evans, quien tres años después, cuando Rogers enviudó de su primera mujer, se convirtió en su esposa y estuvo siempre con él, en la vida y en la pantalla, a partir de allí.
Cuando se pasó a la televisión, la Republic quiso impedírselo, por considerar que no podía usufructuar por su cuenta, y mucho menos en otro medio, ese personaje creado para la pantalla grande por la propia productora, lo cual dio lugar a un pleito que se resolvió en la Corte Suprema de los Estados Unidos.
Fue, el intérprete desaparecido, un cristiano practicante, en lo cual tal vez hayan influido algunos acontecimientos de su vida. Tuvo nueve hijos (cinco adoptados), de los cuales tres murieron trágicamente. Robin, la única hija que tuvo con Dale Evans, en 1952 -antes de cumplir 2 años- por complicaciones surgidas de paperas; Debbie, nacida en Corea y adoptada, en un accidente en un ómnibus escolar en 1964, y al año siguiente John, otro de sus hijos adoptivos, murió asfixiado haciendo el servicio militar en Alemania.
No hace mucho tiempo Roy Rogers había reflotado su carrera musical, con la aparición en 1991 de, Tribute, un álbum que, junto a alguna novedad, incluía varios de sus temas clásicos.

Víctor Arregui (entrevista)

Posted in entrevistas, notas periodísticas with tags , on septiembre 28, 2008 by edmolin657

De qué trata ‘Cuando me toque a mí’?

Es una historia de la vida. Sobre un  médico legista.  Alrededor de él pasan algunas historias.  Trata sobre la soledad, la impunidad, el racismo, la ciudad, la sociedad.  Tal vez se resume en lo que un personaje llega a decir: Hasta para llegar al cielo se necesitan palancas.

¿Para hacer cine se necesitan palancas?

Víctor  nació en Guaranda hace  44 años. Desde hace 31 reside en la capital. Se encarga de la realización del festival Cero Latitud.

Para todo. Claro que sientes, uno siente y a veces eres parte de eso. Inevitablemente tienes que ser el conocido de… para que te ayude a  llegar a… para que te escuche lo  que quieres. Peor si dices que quieres hacer una película. Aunque poco a poco ha ido  tomando importancia:  las personas  nos  oyen, la empresa privada o cuando hay que  pedir un permiso para filmar en las calles. Ahí  la gente se emociona, te dicen: ¡Ah! una película ecuatoriana. ¡Qué chévere! Luego  dicen ¡qué bonito hobbie! No, no es un hobbie es un trabajo serio. No, pero qué bonito… O sea sí es bonito, pero a veces no se puede vivir de esto porque sí  se necesitan palancas.

¿El  aumento  del  cine ecuatoriano se debe a que el cineasta descubrió que tiene algo para decir?

Yo creo que estaban bien reprimidas las ganas de contar las historias. El rato que nos decidimos  estaban listas para ser contadas. Hay una necesidad grande de decir cómo somos, qué oímos, cómo son nuestras calles,  nuestras ciudades, nuestros rostros. Aprender a identificarnos con nuestros elementos propios  que a veces los rechazamos por lo que nos venden. Siempre nos están diciendo que todos somos rubios. Nos viven diciendo que vivimos en  casas de 500 metros y no hay tanto. El 90% de la población no es parte de eso. O sea, nos gusta la fritada, nos gusta vivir en departamentos, nos cuesta cada dólar que ganamos, es difícil.

Cuando me toque a mí es un título muy amplio

Es su segunda película. La primera fue ‘Fuera de juego’ con la que ganó un importante premio en el Festival de San Sebastián.

Es para pensar mucho. Cuando me toque ser padre de familia, ama de casa. Cuando ya nos toque  morir. Te toca nacer, ser niño, las  responsabilidades, trabajar, hacer películas.  A mí me ha tocado eso junto con una relación cercana a la muerte que tuve hace años. Por eso, cuando leí el libro del Alfredo me provocó adaptarlo, especialmente cuando habla de la ciudad.

Pero es guarandeño

Sí, pero llegué  a Quito y me adoptó la ciudad, como chagra. Es una urbe a la que amo mucho. Te da unos paisajes espectaculares, te da gente y te quita muchas cosas… eso de ser víctimas y victimarios de la ciudad.De qué trata ‘Cuando me toque a mí’?

Es una historia de la vida. Sobre un  médico legista.  Alrededor de él pasan algunas historias.  Trata sobre la soledad, la impunidad, el racismo, la ciudad, la sociedad.  Tal vez se resume en lo que un personaje llega a decir: Hasta para llegar al cielo se necesitan palancas.

¿Para hacer cine se necesitan palancas?

Víctor  nació en Guaranda hace  44 años. Desde hace 31 reside en la capital. Se encarga de la realización del festival Cero Latitud.

Para todo. Claro que sientes, uno siente y a veces eres parte de eso. Inevitablemente tienes que ser el conocido de… para que te ayude a  llegar a… para que te escuche lo  que quieres. Peor si dices que quieres hacer una película. Aunque poco a poco ha ido  tomando importancia:  las personas  nos  oyen, la empresa privada o cuando hay que  pedir un permiso para filmar en las calles. Ahí  la gente se emociona, te dicen: ¡Ah! una película ecuatoriana. ¡Qué chévere! Luego  dicen ¡qué bonito hobbie! No, no es un hobbie es un trabajo serio. No, pero qué bonito… O sea sí es bonito, pero a veces no se puede vivir de esto porque sí  se necesitan palancas.

¿El  aumento  del  cine ecuatoriano se debe a que el cineasta descubrió que tiene algo para decir?

Yo creo que estaban bien reprimidas las ganas de contar las historias. El rato que nos decidimos  estaban listas para ser contadas. Hay una necesidad grande de decir cómo somos, qué oímos, cómo son nuestras calles,  nuestras ciudades, nuestros rostros. Aprender a identificarnos con nuestros elementos propios  que a veces los rechazamos por lo que nos venden. Siempre nos están diciendo que todos somos rubios. Nos viven diciendo que vivimos en  casas de 500 metros y no hay tanto. El 90% de la población no es parte de eso. O sea, nos gusta la fritada, nos gusta vivir en departamentos, nos cuesta cada dólar que ganamos, es difícil.

Cuando me toque a mí es un título muy amplio

Es su segunda película. La primera fue ‘Fuera de juego’ con la que ganó un importante premio en el Festival de San Sebastián.

Es para pensar mucho. Cuando me toque ser padre de familia, ama de casa. Cuando ya nos toque  morir. Te toca nacer, ser niño, las  responsabilidades, trabajar, hacer películas.  A mí me ha tocado eso junto con una relación cercana a la muerte que tuve hace años. Por eso, cuando leí el libro del Alfredo me provocó adaptarlo, especialmente cuando habla de la ciudad.

Pero es guarandeño

Sí, pero llegué  a Quito y me adoptó la ciudad, como chagra. Es una urbe a la que amo mucho. Te da unos paisajes espectaculares, te da gente y te quita muchas cosas… eso de ser víctimas y victimarios de la ciudad.De qué trata ‘Cuando me toque a mí’?

Es una historia de la vida. Sobre un  médico legista.  Alrededor de él pasan algunas historias.  Trata sobre la soledad, la impunidad, el racismo, la ciudad, la sociedad.  Tal vez se resume en lo que un personaje llega a decir: Hasta para llegar al cielo se necesitan palancas.

¿Para hacer cine se necesitan palancas?

Víctor  nació en Guaranda hace  44 años. Desde hace 31 reside en la capital. Se encarga de la realización del festival Cero Latitud.

Para todo. Claro que sientes, uno siente y a veces eres parte de eso. Inevitablemente tienes que ser el conocido de… para que te ayude a  llegar a… para que te escuche lo  que quieres. Peor si dices que quieres hacer una película. Aunque poco a poco ha ido  tomando importancia:  las personas  nos  oyen, la empresa privada o cuando hay que  pedir un permiso para filmar en las calles. Ahí  la gente se emociona, te dicen: ¡Ah! una película ecuatoriana. ¡Qué chévere! Luego  dicen ¡qué bonito hobbie! No, no es un hobbie es un trabajo serio. No, pero qué bonito… O sea sí es bonito, pero a veces no se puede vivir de esto porque sí  se necesitan palancas.

¿El  aumento  del  cine ecuatoriano se debe a que el cineasta descubrió que tiene algo para decir?

Yo creo que estaban bien reprimidas las ganas de contar las historias. El rato que nos decidimos  estaban listas para ser contadas. Hay una necesidad grande de decir cómo somos, qué oímos, cómo son nuestras calles,  nuestras ciudades, nuestros rostros. Aprender a identificarnos con nuestros elementos propios  que a veces los rechazamos por lo que nos venden. Siempre nos están diciendo que todos somos rubios. Nos viven diciendo que vivimos en  casas de 500 metros y no hay tanto. El 90% de la población no es parte de eso. O sea, nos gusta la fritada, nos gusta vivir en departamentos, nos cuesta cada dólar que ganamos, es difícil.

Cuando me toque a mí es un título muy amplio

Es su segunda película. La primera fue ‘Fuera de juego’ con la que ganó un importante premio en el Festival de San Sebastián.

Es para pensar mucho. Cuando me toque ser padre de familia, ama de casa. Cuando ya nos toque  morir. Te toca nacer, ser niño, las  responsabilidades, trabajar, hacer películas.  A mí me ha tocado eso junto con una relación cercana a la muerte que tuve hace años. Por eso, cuando leí el libro del Alfredo me provocó adaptarlo, especialmente cuando habla de la ciudad.

Pero es guarandeño

Sí, pero llegué  a Quito y me adoptó la ciudad, como chagra. Es una urbe a la que amo mucho. Te da unos paisajes espectaculares, te da gente y te quita muchas cosas… eso de ser víctimas y victimarios de la ciudad.De qué trata ‘Cuando me toque a mí’?

Es una historia de la vida. Sobre un  médico legista.  Alrededor de él pasan algunas historias.  Trata sobre la soledad, la impunidad, el racismo, la ciudad, la sociedad.  Tal vez se resume en lo que un personaje llega a decir: Hasta para llegar al cielo se necesitan palancas.

¿Para hacer cine se necesitan palancas?

Víctor  nació en Guaranda hace  44 años. Desde hace 31 reside en la capital. Se encarga de la realización del festival Cero Latitud.

Para todo. Claro que sientes, uno siente y a veces eres parte de eso. Inevitablemente tienes que ser el conocido de… para que te ayude a  llegar a… para que te escuche lo  que quieres. Peor si dices que quieres hacer una película. Aunque poco a poco ha ido  tomando importancia:  las personas  nos  oyen, la empresa privada o cuando hay que  pedir un permiso para filmar en las calles. Ahí  la gente se emociona, te dicen: ¡Ah! una película ecuatoriana. ¡Qué chévere! Luego  dicen ¡qué bonito hobbie! No, no es un hobbie es un trabajo serio. No, pero qué bonito… O sea sí es bonito, pero a veces no se puede vivir de esto porque sí  se necesitan palancas.

¿El  aumento  del  cine ecuatoriano se debe a que el cineasta descubrió que tiene algo para decir?

Yo creo que estaban bien reprimidas las ganas de contar las historias. El rato que nos decidimos  estaban listas para ser contadas. Hay una necesidad grande de decir cómo somos, qué oímos, cómo son nuestras calles,  nuestras ciudades, nuestros rostros. Aprender a identificarnos con nuestros elementos propios  que a veces los rechazamos por lo que nos venden. Siempre nos están diciendo que todos somos rubios. Nos viven diciendo que vivimos en  casas de 500 metros y no hay tanto. El 90% de la población no es parte de eso. O sea, nos gusta la fritada, nos gusta vivir en departamentos, nos cuesta cada dólar que ganamos, es difícil.

Cuando me toque a mí es un título muy amplio

Es su segunda película. La primera fue ‘Fuera de juego’ con la que ganó un importante premio en el Festival de San Sebastián.

Es para pensar mucho. Cuando me toque ser padre de familia, ama de casa. Cuando ya nos toque  morir. Te toca nacer, ser niño, las  responsabilidades, trabajar, hacer películas.  A mí me ha tocado eso junto con una relación cercana a la muerte que tuve hace años. Por eso, cuando leí el libro del Alfredo me provocó adaptarlo, especialmente cuando habla de la ciudad.

Pero es guarandeño

Sí, pero llegué  a Quito y me adoptó la ciudad, como chagra. Es una urbe a la que amo mucho. Te da unos paisajes espectaculares, te da gente y te quita muchas cosas… eso de ser víctimas y victimarios de la ciudad.De qué trata ‘Cuando me toque a mí’?

Es una historia de la vida. Sobre un  médico legista.  Alrededor de él pasan algunas historias.  Trata sobre la soledad, la impunidad, el racismo, la ciudad, la sociedad.  Tal vez se resume en lo que un personaje llega a decir: Hasta para llegar al cielo se necesitan palancas.

¿Para hacer cine se necesitan palancas?

Víctor  nació en Guaranda hace  44 años. Desde hace 31 reside en la capital. Se encarga de la realización del festival Cero Latitud.

Para todo. Claro que sientes, uno siente y a veces eres parte de eso. Inevitablemente tienes que ser el conocido de… para que te ayude a  llegar a… para que te escuche lo  que quieres. Peor si dices que quieres hacer una película. Aunque poco a poco ha ido  tomando importancia:  las personas  nos  oyen, la empresa privada o cuando hay que  pedir un permiso para filmar en las calles. Ahí  la gente se emociona, te dicen: ¡Ah! una película ecuatoriana. ¡Qué chévere! Luego  dicen ¡qué bonito hobbie! No, no es un hobbie es un trabajo serio. No, pero qué bonito… O sea sí es bonito, pero a veces no se puede vivir de esto porque sí  se necesitan palancas.

¿El  aumento  del  cine ecuatoriano se debe a que el cineasta descubrió que tiene algo para decir?

Yo creo que estaban bien reprimidas las ganas de contar las historias. El rato que nos decidimos  estaban listas para ser contadas. Hay una necesidad grande de decir cómo somos, qué oímos, cómo son nuestras calles,  nuestras ciudades, nuestros rostros. Aprender a identificarnos con nuestros elementos propios  que a veces los rechazamos por lo que nos venden. Siempre nos están diciendo que todos somos rubios. Nos viven diciendo que vivimos en  casas de 500 metros y no hay tanto. El 90% de la población no es parte de eso. O sea, nos gusta la fritada, nos gusta vivir en departamentos, nos cuesta cada dólar que ganamos, es difícil.

Cuando me toque a mí es un título muy amplio

Es su segunda película. La primera fue ‘Fuera de juego’ con la que ganó un importante premio en el Festival de San Sebastián.

Es para pensar mucho. Cuando me toque ser padre de familia, ama de casa. Cuando ya nos toque  morir. Te toca nacer, ser niño, las  responsabilidades, trabajar, hacer películas.  A mí me ha tocado eso junto con una relación cercana a la muerte que tuve hace años. Por eso, cuando leí el libro del Alfredo me provocó adaptarlo, especialmente cuando habla de la ciudad.

Pero es guarandeño

Sí, pero llegué  a Quito y me adoptó la ciudad, como chagra. Es una urbe a la que amo mucho. Te da unos paisajes espectaculares, te da gente y te quita muchas cosas… eso de ser víctimas y victimarios de la ciudad.

Los lagarteros

Posted in notas periodísticas, tradiciones on septiembre 25, 2008 by edmolin657

Julio 14, 2006

Jorge Martillo para EL UNIVERSO

Cae la noche sobre Guayaquil. La piel plateada de la luna cubre al puerto. Las esquinas son iluminadas por el alumbrado público y los letreros de neón.

Las aceras y los portales de Lorenzo de Garaycoa (conocida también como Santa Elena, su antiguo nombre) están invadidos por bohemios y noctámbulos porque esa calle, entre Luque y Colón, alberga a La Lagartera.

He retornado a los años. Antes los músicos se apostaban en los portales de almacén Tía y Diana, tienda que vendía cervezas y trago fuerte hasta la medianoche. Ahora, la mayoría de los músicos se sitúa al frente, hacia la esquina de Sucre, a un costado de los puestos que venden platos típicos hasta el amanecer.

El sereno en Guayaquil
A las ocho empiezan a llegar los músicos y después los clientes que vienen a contratarlos para serenatas, fiestas y otros eventos. El sereno es una de nuestras antiguas costumbres que aún se mantiene.

En 1936, el español F. Ferrándiz Alborz publicó 25 Estampas de Guayaquil, en la titulada ‘El sereno’  expresa: “Y uno de los aspectos populares de Guayaquil de mayor intensidad emotiva y popular es el sereno. (…) Quien haya oído a altas horas de la noche un sereno bajo los portales (…) y tenga sensibilidad de artista, indefectiblemente se queda en Guayaquil para siempre”.

Los músicos de La Lagartera, abrazados, casi atados a las cuerdas de sus guitarras y requintos. Agitando y haciendo sonar las semillas de las maracas. Arrullando a la noche con sus canciones. En medio de esos acordes, llegan los desesperados por conquistar a una mujer o por recuperar los favores de un amor que se va.

Esa noche, en la esquina de Sucre, converso con Washington Figueroa, más conocido como Wacho. Cuenta que La Lagartera nació en Av. Quito y Clemente Ballén. Luego se desplazó a Lorenzo de Garaycoa y Luque, extendiéndose hasta Colón. En esos portales cantaron Julio Jaramillo, Olimpo Cárdenas, Lucho Bowen y un sinnúmero de artistas.

Él llegó en 1967 y al poco tiempo formó el Trío Guayas. En esa época había pocos músicos, luego el número aumentó, pero había trabajo para todos porque antes hasta el pobre llevaba serenata. En esos tiempos una serenata costaba entre 30 y 45 sucres. Ahora no hay precio fijo, un trío por tres temas cobra entre $ 50 y $ 70.

Cuando un cliente le dice a Wacho Figueroa que el sereno es porque ha peleado con su novia, la primera canción que interpreta es: “Perdón, vida de mi vida”, y dos boleros más de reconciliación. Si la serenata es de despedida por el viaje de un emigrante, canta Malabu: “Adiós, ya me quedo sin ti”.

No olvida una noche que comenzaron a cantar: “Si tú sientes el aire que besa/ ese aire es mi aliento”, y en eso se asomó un hombre sin camisa y preguntó: ‘¿Bueno, y ustedes a quién carajo le traen serenata?’. Ellos contestaron: El señor es quien la trae. Entonces el ingeniero que los contrató dijo que era para la señorita fulana de tal. Y el otro furioso dijo que esa era su esposa.

El ingeniero comentó que eran compañeros de oficina y que había dicho que no tenía compromiso. Entonces, el marido bajó con un garrote, “nos embarcamos en el carro del ingeniero y hasta luego”.

En este oficio ocurren cosas insólitas: “Si me contratan para darle una serenata a una imagen o una estatua, le canto. Si están velando a un muerto, también porque los que me escuchan y quienes me pagan son los vivos”. Eso pasa cuando en el cementerio interpretan las canciones favoritas del difunto, cuenta Figueroa.

También llegan señoras a contratar serenatas para sus esposos, entonces el tema es: “Toda una vida me estaría contigo”. Cuando amenizan fiestas, les piden música alegre y al terminar alguien pregunta: “¿Y ya se van los artistas?”. Entonces negocian por una hora más y si el contrato se alarga interpretan unas canciones de yapita.

Figueroa dice que llega a las 20h00 y  por experiencia  sabe que la gente va a buscarlos entre las 23h00 y 24h00. Si no hay movimiento se retira  para no pasar mala noche, pero otros se amanecen.

Algunos se enfadan cuando los llaman lagarteros, pero el sitio se ha hecho tan popular que han llegado artistas de Puerto Rico, Chile, México, Colombia, Perú que dicen: “Vamos a visitar a los músicos de La Lagartera, porque el nombre es internacional como la Garibaldi de México”.

Ya en la medianoche llegan unos pocos clientes. Antes de partir pido la canción de siempre: “Hoy quiero recordarte/ en mi loca bohemia/ esta noche de insomnio/ que vivo por tu amor./ Todo se torna en sueños/ en un recuerdo añorado,/ por eso soy bohemio/ bohemio por tu amor”.

Algunos se enfadan cuando los llaman lagarteros, pero el sitio se ha hecho tan popular que han llegado artistas de Puerto Rico, Chile, México, Colombia, Perú…
Washington Figueroa
músico

Fresia Saavedra (nota periodística)

Posted in músicos ecuatorianos, notas periodísticas with tags , on septiembre 14, 2008 by edmolin657

Fuente: Diario El Universo

Septiembre 06, 2007
MÚSICA. Tiene casi 59 años de vida artística. Por más de 30 años fue profesora de música y canto. Ahora está jubilada y por insistencia percibe del Estado una pensión vitalicia.

Su vida es cantar. Por ello cuando Fresia Saavedra Gómez habla de su entorno familiar y de la próxima celebración de sus 74 años (que los cumplirá este sábado), le resulta inevitable mencionar el tiempo que lleva en los escenarios.

“Son casi 59”, dice invadida por los recuerdos. Y aunque no precisa el mes en que se convirtió en artista profesional, la Señora del Pasillo, como se la identifica, asegura que en la música despuntó a los 5 años.

“Nací en el corazón de Guayaquil y mis padres, Julio Fortunado y Susana, estaban involucrados en el arte. Él tocaba el violín y ella era una cantante amateur”, anota Saavedra.

Agrega que a finales de los años 20 radio Cenit tenía un programa dirigido a niños de 4 años en adelante. A ella le gustaba  cantar los temas que escuchaba. Su madre notó su afición y la llevó a participar.

El primer tema que cantó fue el bolero Estrellita mía y gustó tanto que la invitaron a volver la semana siguiente. Así lo hizo y compartió con los oyentes el tango Mañana zarpa un barco. “El programa se llamaba ‘La compañera Nelly’, y como gusté me fui quedando”, refiere.

Añade que cuando tenía 12 años su madre falleció y fue su padre quien la animó a continuar en el canto. Fue a esa edad que se convirtió en artista profesional porque radio Cóndor le pagaba 110 sucres por cantar los miércoles, jueves y domingos.

Cursaba el sexto grado y compartía el quehacer musical con Blanca Palomeque, con quien luego formó el dúo Las Porteñitas, del cual fue siempre la primera voz. “Duramos varios años y grabamos numerosos discos para el sello Cóndor”. Estos, agrega, eran de carbón “y se vendieron muchísimo”.

Saavedra dice haber perdido la cuenta de las producciones que grabó en las que intervino, pero comenta que tras la disolución de Las Porteñitas formó con Máxima Mejía el dueto Las Ecuatorianas. “También canté con Luisa Rojas Mendoza y grabé con Pepe Sánchez, Gonzalo Moncayo, Carlos Regalado, Pepe y Julio Jaramillo”.

Los temas que interpretaba eran inéditos “y varios de ellos escrito por mí”. En su reportorio hay pasillos, albazos, sanjuanitos y tropical, aunque es el primero de los géneros mencionados el que más disfruta.

“Tengo en mi mente el momento en que hice estas grabaciones, pero difícilmente recuerdo sus títulos”, anota Saavedra, que aclara tener buena memoria. Tanto, que recuerda como ayer las circunstancias en que se creó el porro El ladrón, popularizado en Ecuador, Colombia, Perú, Chile, Argentina y Bolivia. “Fue entre 1955 y 1956, y en México estuvo cuatro semanas en el Hit Parade”.

La letra surgió del auténtico robo de una cadena de oro del cual fue víctima cuando con su padre caminaba por Sucre y Seis de Marzo hasta radio Cristal. “Salí corriendo detrás del pillo y se lo comenté a Caballito Garcés, que estaba en la emisora. Él me animó a plasmar mi experiencia en una canción, así lo hicimos y nació El ladrón”.

Saavedra también prestó su voz para la novela Camay, que transmitía radio América. Las anécdotas abundan en su vida, anota la cantante, quien está de luto por la muerte de Francisco, un hermano menor al que crió como hijo y que días atrás murió en EE.UU., donde vivía.

Saavedra no menciona cómo celebrará su cumpleaños.
Solo dice agradecer a Dios por mantener su voz intacta y permitirle seguir en los escenarios.

Apelativos
En su juventud el público peruano le dio el apelativo de Jilguero de oro.Tras nacer su hija Hilda Murillo, quien también es cantante, y foguearse en la música nacional se ganó el título  de  Señora del Pasillo.

Discos
Sus producciones discográficas más recientes son Cantares ecuatorianos, Del Ecuador para el mundo y Canciones para mi tierra.

Marlon Brando en la Habana

Posted in notas periodísticas with tags on septiembre 12, 2008 by edmolin657

A La Habana me voy”, dijo una mañana de marzo de 1956, el famoso actor norteamericano Marlon Brando, quien sin más equipaje que  camisa,  pantalón y abultada billetera, tomó el avión rumbo a la capital cubana para comprar –según dijo– “una buena tumbadora, unos bongoes y aprender a bailar rumba”.

El modesto hotel Packard, situado en la esquina de Cárcel y Paseo del Prado, frente al Castillo del Morro, fue el lugar escogido por el astro cinematográfico para alojarse de incógnito durante su primera visita a La Habana.

Se registró en la carpeta como Mister Baker, pero como era de esperar, los periodistas, siempre a la caza de noticias, lo descubrieron, y desde entonces un tropel de admiradores y fotorreporteros le persiguieron a todas partes.

Por aquella época, Marlon Brando ya era arrastrado por el torbellino de la fama. Tenía 32 años y había ganado su primer Oscar con la cinta Nido de ratas.

Sin embargo, sus palabras de entonces pueden resultar acaso demasiado simples para quien se convertiría en uno de los más grandes actores de todos los tiempos.

“La tumbadora es una verdadera ganga. ¡Noventa pesos! Es cara para un cubano pero para un americano, siendo auténtica, es muy barata. Yo tengo seis como estas. I love tumbadoras.”

Un fotógrafo acciona la cámara repetidas veces y Marlon Brando pregunta, con cierta inquietud:

“¿Usted está seguro de que las fotos son para una revista cubana?

Está bien entonces. Lo digo porque si es para una revista de Norteamérica no me gustaría salir tocando la conga. Allá no lo interpretan como ustedes; es diferente.

Allá lo verán como una excentricidad exhibicionista más.”

La charla entre el periodista y la estrella fluye con naturalidad. El Stanley Kowalski, de Un tranvía llamado deseo, confiesa estar en Cuba por la música, para escucharla de viva fuente. Algunas palabras las pronuncia en español.

“¿Por qué no nos llegamos a los cabarets de la Playa?”, la pregunta parte sorpresivamente del propio Marlon Brando, quien comenta: “tengo ganas de oír música cubana, de la buena. Podríamos ir al Chori o algo así. No quiero ir a los cabarets elegantes porque no me sentiría cómodo”.

No es de extrañar que se le viera esa noche con sus amigos cubanos, de recorrido por los cabarets de La Habana, donde movió el cuerpo en un estallido de excitación y alegría, al ritmo de la rumba y el cha cha cha.

Como era de esperarse, los fotógrafos trataron de hacer la noche con el astro, pero este la emprendió a puñetazos contra unos cuantos, aunque la sangre no llegó al río. El actor pudo terminar con felicidad su noche habanera.

Del anecdotario de Marlon Brando en La Habana hay unos cuantos sucesos, poco conocidos, y que, casi medio siglo después, merecen recordarse.

Cuentan que en Tropicana, el actor trató de comprarle la tumbadora al instrumentista de la orquesta de Armando Romeu. El asunto no prosperó para contrariedad de Brando.

Entonces el otrora pelotero de las Grandes Ligas de Color, Sungo Carreras, que, por cierto, acompañó a Marlon en su periplo nocturno por La Habana, lo llevó a casa del fotógrafo Constantino Cala.

“Mira Constantino, este señor es Marlon Brando y quiere comprarle tu tumbadora -le dijo Sungo, y agregó.- Te dará todo el dinero que quieras.”

A lo que Constantino respondió: “Qué va hermano, esta tumbadora es un regalo de Chano Pozo, el más grande de todos los tiempos.” Y ahí terminó la conversación.

No se sabe si al fin Brando pudo hacerse de una tumbadora de la calidad de aquellas, pero se conoce que esa noche, junto a Sungo y Constantino, fue a ver al popular percusionista Chori en el Choricera Club.

Dicen que el célebre actor pudo hacer realidad en esa ocasión uno de sus sueños; nada menos que tocar junto al Chori, aunque este, al principio, puso reparos a actuar con un no profesional, así fuera el mismísimo Marlon Brando.

El asunto fue que, para sorpresa de muchos, el futuro Don Vito Corleone, resultó un buen percusionista, para asombro del Chori, que como buen profesional, no perdonaba una a la hora de enfrentarse a los “cueros”, ni siquiera a un mito de la talla de aquel.

Luego de aquellas horas de desenfreno, entrevistado por la revista Carteles en el lobby del hotel Packard, las respuestas del actor son espontáneas:”toco desde hace quince años la tumbadora…A mí me gusta extraordinariamente La Habana de noche…El mar es muy curioso. Es como el cielo. Uno puede ver las cosas que quiera imaginar…

Pasada la madrugada, Marlon Brando se encuentra en el cabaret

Sans Souci, con su amiga la cantante Dorothy Dandridge, quien le preguntó intrigada:” ¿Qué te ha traído por La Habana, Brando?

Y el astro respondió: “estaba en Miami por asuntos de negocios y de pronto… ¡se me ocurrió comprar una tumbadora!”.

Aquella primera estancia de Marlon Brando en La Habana duró tres intensas noches tras las cuales el actor norteamericano se volvió a los Estados Unidos con el mismo pantalón y camisa, dispuesto a repetir gustoso la experiencia de bailar rumba … en casa del trompo.

Dicen que años después, en una entrevista, el genial actor Marlon Brando, mencionó a La Habana como uno de los lugares más inolvidables de su vida.