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Marlon Brando en la Habana

Posted in notas periodísticas with tags on septiembre 12, 2008 by edmolin657

A La Habana me voy”, dijo una mañana de marzo de 1956, el famoso actor norteamericano Marlon Brando, quien sin más equipaje que  camisa,  pantalón y abultada billetera, tomó el avión rumbo a la capital cubana para comprar –según dijo– “una buena tumbadora, unos bongoes y aprender a bailar rumba”.

El modesto hotel Packard, situado en la esquina de Cárcel y Paseo del Prado, frente al Castillo del Morro, fue el lugar escogido por el astro cinematográfico para alojarse de incógnito durante su primera visita a La Habana.

Se registró en la carpeta como Mister Baker, pero como era de esperar, los periodistas, siempre a la caza de noticias, lo descubrieron, y desde entonces un tropel de admiradores y fotorreporteros le persiguieron a todas partes.

Por aquella época, Marlon Brando ya era arrastrado por el torbellino de la fama. Tenía 32 años y había ganado su primer Oscar con la cinta Nido de ratas.

Sin embargo, sus palabras de entonces pueden resultar acaso demasiado simples para quien se convertiría en uno de los más grandes actores de todos los tiempos.

“La tumbadora es una verdadera ganga. ¡Noventa pesos! Es cara para un cubano pero para un americano, siendo auténtica, es muy barata. Yo tengo seis como estas. I love tumbadoras.”

Un fotógrafo acciona la cámara repetidas veces y Marlon Brando pregunta, con cierta inquietud:

“¿Usted está seguro de que las fotos son para una revista cubana?

Está bien entonces. Lo digo porque si es para una revista de Norteamérica no me gustaría salir tocando la conga. Allá no lo interpretan como ustedes; es diferente.

Allá lo verán como una excentricidad exhibicionista más.”

La charla entre el periodista y la estrella fluye con naturalidad. El Stanley Kowalski, de Un tranvía llamado deseo, confiesa estar en Cuba por la música, para escucharla de viva fuente. Algunas palabras las pronuncia en español.

“¿Por qué no nos llegamos a los cabarets de la Playa?”, la pregunta parte sorpresivamente del propio Marlon Brando, quien comenta: “tengo ganas de oír música cubana, de la buena. Podríamos ir al Chori o algo así. No quiero ir a los cabarets elegantes porque no me sentiría cómodo”.

No es de extrañar que se le viera esa noche con sus amigos cubanos, de recorrido por los cabarets de La Habana, donde movió el cuerpo en un estallido de excitación y alegría, al ritmo de la rumba y el cha cha cha.

Como era de esperarse, los fotógrafos trataron de hacer la noche con el astro, pero este la emprendió a puñetazos contra unos cuantos, aunque la sangre no llegó al río. El actor pudo terminar con felicidad su noche habanera.

Del anecdotario de Marlon Brando en La Habana hay unos cuantos sucesos, poco conocidos, y que, casi medio siglo después, merecen recordarse.

Cuentan que en Tropicana, el actor trató de comprarle la tumbadora al instrumentista de la orquesta de Armando Romeu. El asunto no prosperó para contrariedad de Brando.

Entonces el otrora pelotero de las Grandes Ligas de Color, Sungo Carreras, que, por cierto, acompañó a Marlon en su periplo nocturno por La Habana, lo llevó a casa del fotógrafo Constantino Cala.

“Mira Constantino, este señor es Marlon Brando y quiere comprarle tu tumbadora -le dijo Sungo, y agregó.- Te dará todo el dinero que quieras.”

A lo que Constantino respondió: “Qué va hermano, esta tumbadora es un regalo de Chano Pozo, el más grande de todos los tiempos.” Y ahí terminó la conversación.

No se sabe si al fin Brando pudo hacerse de una tumbadora de la calidad de aquellas, pero se conoce que esa noche, junto a Sungo y Constantino, fue a ver al popular percusionista Chori en el Choricera Club.

Dicen que el célebre actor pudo hacer realidad en esa ocasión uno de sus sueños; nada menos que tocar junto al Chori, aunque este, al principio, puso reparos a actuar con un no profesional, así fuera el mismísimo Marlon Brando.

El asunto fue que, para sorpresa de muchos, el futuro Don Vito Corleone, resultó un buen percusionista, para asombro del Chori, que como buen profesional, no perdonaba una a la hora de enfrentarse a los “cueros”, ni siquiera a un mito de la talla de aquel.

Luego de aquellas horas de desenfreno, entrevistado por la revista Carteles en el lobby del hotel Packard, las respuestas del actor son espontáneas:”toco desde hace quince años la tumbadora…A mí me gusta extraordinariamente La Habana de noche…El mar es muy curioso. Es como el cielo. Uno puede ver las cosas que quiera imaginar…

Pasada la madrugada, Marlon Brando se encuentra en el cabaret

Sans Souci, con su amiga la cantante Dorothy Dandridge, quien le preguntó intrigada:” ¿Qué te ha traído por La Habana, Brando?

Y el astro respondió: “estaba en Miami por asuntos de negocios y de pronto… ¡se me ocurrió comprar una tumbadora!”.

Aquella primera estancia de Marlon Brando en La Habana duró tres intensas noches tras las cuales el actor norteamericano se volvió a los Estados Unidos con el mismo pantalón y camisa, dispuesto a repetir gustoso la experiencia de bailar rumba … en casa del trompo.

Dicen que años después, en una entrevista, el genial actor Marlon Brando, mencionó a La Habana como uno de los lugares más inolvidables de su vida.

 

Julio Jaramillo (anécdotas)

Posted in entrevistas, músicos ecuatorianos with tags on julio 24, 2008 by edmolin657

Julio Jaramillo y yo

Luis Malaver

hay quienes imaginan el olvido
como un depósito desierto / una

cosecha de la nada y sin embargo

el olvido está lleno de memoria

Mario Benedetti

 

A.R. Deffitt Martínez plena sus 86 años con mucha actividad. Sus sueños tienen la valentía de los próceres de la patria, de quienes escribe en pequeños libritos, en una imprenta de artesano. Tiene tiempo también para componer canciones, escribir poemas y cedernos recuerdos de la amistad y el trabajo que compartió con Julio Jaramillo.

 

 

Uno saluda desde la puerta y le sale un perrazo de aspecto fiero que pareciera resguardar un busto del compositor margariteño, detrás viene un roble de esta tierra, enérgico, entero, que le hace un gesto y el perro se disipa. Ahora estamos en un pequeño estudio confortable, atiborrado de discos de acetato, casetes y recuerdos. Le exponemos el motivo de la visita: su relación con el cantante del sentimiento, con el ídolo de generaciones, cuya muerte temprana le abrió las puertas del Olimpo Hispanoamericano, Julio Jaramillo. Trata de excusar a la memoria, dice que hay lagunas, pero la pasión por la música y el canto, por la amistad, abre agujeros en el olvido y entonces le basta con alargar una mano y tomar un libro o un disco y suena la rocola, mientras alguien exorcisa su despecho o se sitúa debajo de una ventana y la desgarradura, el canto al desamor de los boleros ambientan la conversación.

“Julio Jaramillo era un muchacho dado a dar, excelente amigo, muy humano, era bien parecido y afortunado con las mujeres, pero no era tanto por su aspecto físico, era por su carisma, por su gracia, por ese desprendimiento.. era un sentimental que nunca olvidó sus raíces humildes, su esencia de pueblo. En una oportunidad yo estaba en El Tirano, filmando para un programa televisivo. Entro al Quiosco de Dorina, ese restaurancito modesto que está ahí, y escucho una canción de Julio Jaramillo, luego otra y otra. Entonces le pregunto a la propietaria por qué escuchaba tanto a Julio Jaramillo y ella me responde porque me gusta y el compositor de él es hijo de Carmelita (Carmen Victoria Martínez) que es amiga mía. Antes de irme le digo quien soy y le prometo traerle a Julio Jaramillo. No me creyó, por supuesto, ese señor que estará tan ocupado, dijo. Tiempo más tarde me llamó Jaramillo de Brasil y me dice que va a pasar por Venezuela. Vente, le digo. Grabamos en Discomoda y después le digo, tenemos que ir a Margarita. Tomamos el avión. Al llegar al restorán le digo a Dorina, necesito una botella de Brandy Terry, Jaramillo tomaba Brandy, y una guitarra. Ella inquieta preguntaba la hora y yo le decía, tranquila, que a las siete lo tienes aquí. A las siete y media se lo presenté, casi le da un ataque. Entonces se llenó el restorán y la fiesta de los humildes pescadores desbordó los alrededores y él allí en el estrellato, sin poses, sin micrófonos, pero con el corazón en medio de una fiesta en la que cabían todos.

Este porlamarense arribó a este mundo el 29 de noviembre de 1915. Ejerció muchos oficios: marinero, oficial de zapatería, peón de albañilería, maestro de escuela… pero, su gloria está vinculada a la actividad radial, a los medios de comunicación, la composición, la música y a la producción de discos de desconocidos, Ruddy Hernández, César Caminero, entre otros, que su oído fino y su corazón pusieron en el camino del canto y, no pocas veces, de la fama. Otros, como Alfredo Sadel, ya con un nombre, cantaron sus canciones.

Brambila Musical México, S.A. difundió sus canciones. La Lupe y otros cantantes mejicanos cantaron sus temas alrededor del mundo, temas que han conocido traducciones al italiano y otros idiomas.

Aquí en Venezuela muchos cantantes salieron de su esfuerzo y dedicación, Tania, cuando era aún una niña grabó un standet play (cuatro canciones) con temas de Deffitt Martínez, a quien le agradece en la contratapa el haber compuesto esos temas para ella. “Una vez yo estaba esperando el ferry con mi esposa para venir para Margarita, entonces escucho una radio de Monagas y un niño con una voz bellísima; le digo a mi mujer, vámonos para Maturín. De ese encuentro salió un disco, el niño se llamaba Iván José y el tema Niño Campesino sonó mucho en las emisoras del país.

Pero con el cantante con quien Deffitt Martínez estableció una relación, no sólo de compositor a cantante, sino de amigo, de “hermano”, fue con Julio Jaramillo. Y no era para menos, Jaramillo afirmó en una entrevista a Alexander Freites Pulido, en Radio Rumbos, que el compositor de quien ha cantado más temas es su hermano Deffitt Martínez. Ambos compartían, la preocupación por el desarrollo de otras carreras musicales, sin mezquindades; así apadrinan a Daniel Domingo y a Gerardo Rivas.

“Jaramillo me contaba sus experiencias, él contaba conmigo para transmitir en canciones sus sentimientos.

En una oportunidad me dijo que traía motivos de México que le gustaría contármelos para que yo escribiera y así lo hice muchas veces. Jaramillo cantó 27 temas de mi autoría. Por qué lloran tus ojos le abrió las puertas de la fama. Fue un éxito rotundo en México y después en toda Latinoamérica. La productora de discos norteamericana, Met Raymont, hizo negociación por la grabación a través de mi representante en New York, Morro Music por esa canción.

Antes de partir para en una gira que incluía Colombia, Panamá, Perú, Ecuador y finalmente, México, Jaramillo le expresó a Deffitt su deseo de construir un chalet en Chichiriviche, frente al agua salada, su hermano, de quien había dicho que “se metía dentro de él y le arrancaba el sentimiento para darlo a sus canciones”, quedaría encargado de los trámites.

Fue la última vez que se vieron, el ídolo partió y un 20 de febrero, quien quería hacerse venezolano porque sentía, pensaba y amaba como uno de ellos, murió. Corría el año de 1978.

Cuarenta años después de haberse conocido, Deffitt Martínez editó un disco con 26 temas de su autoría cantados por Jaramillo. Fue un homenaje al amigo que había partido; nosotros hoy queremos rendirle con estas pocas palabras un homenaje a los dos. Pocas palabras que no llegan a compendiar toda la vida musical que compartieron, pero que bastan para dar a conocer a uno de los compositores más importantes de América Latina.

Hoy cuando aún Deffitt sueña y trabaja, escribe y compone aunque no tenga intérpretes, los recuerdos lo sostienen y las carátulas de los discos son espejos del ayer que, como los boleros, vienen cada cierto tiempo a estrujar el corazón.

Nos marchamos de su casa, de la amabilidad de su esposa. Prometimos volver y lo haremos porque es mucho lo que falta para reconstruir su vida de compositor.

Nos despidió con unos versos que son el arranque de ¿una canción?:

Yo hice del amor mi religión
Y de ti la imagen que adoré