Pedro Jorge Vera

PEDRO JORGE VERA
NOVELISTA.- Nació en Guayaquil el 16 de Junio de 1.914, hijo legítimo del Sr. Alfredo R. Vera Benavídes, natural de Naranjal, Provincia del Guayas, abogado con casa propia en la calle Mascote en los extramuros de la ciudad. Luego construyó otra más céntrica en la esquina de Vélez y Santa Elena. Fiscal de la Corte Superior y defensor de la honra del pueblo de Guayaquil en el juicio instaurado por los sucesos del 15 de Noviembre de 1.922 y de Leonor Vera Almendares, guayaquileña, hija del Dr. Pedro José Vera, Comisario de Guerra en Gatazo en 1.895 y Diputado por los Ríos a la Convención Nacional de Guayaquil del 96 y nieta del erudito anticuario y bibliógrafo Dr. José Plutarco Vera, primer director de la Biblioteca Municipal de Guayaquil, “donante de cuatro colecciones de periódicos importantes y algunos cuadernos interesantes en 1.860” y cuyo retrato al óleo se conserva en el Salón de Honor de dicha institución.

Inició su educación primaria en el Colegio Tomás Martínez dirigido por el prof. José Elías Altamirano y la prosiguió en el Colegio Guayaquil de Rigoberto Ortíz Bermeo que funcionaba en la Sociedad Hijos del Trabajo, terminando en el Pensionado del prof. Nicolás Segovia. En 1.926 ingresó al Colegio Vicente Rocafuerte.

Debido a la influencia de su abuela materna “era un niño santurrón y tragahostias”; pero a través de sus lecturas, comenzó a transformarse intelectualmente en un muchacho inquieto, vivaz, locuaz y curioso.

En 1.930, figuró entre los huelguistas que pedían la renuncia del Rector Abel Gilbert Pontón y aunque triunfó el movimiento, al formar con otros revoltosos estudiantes universitarios mayores de edad, el grupo marxista “Grumarxad” y sacar un periódico mural, fueron expulsados bajo el inri de alborotadores. Entonces, para disipar el mal ambiente que le hacían sus amistades en Guayaquil, viajaron a Milagro, aprovechando la invitación de la familia de un amigo.

En las instalaciones del ingenio Valdés les negaron trabajo por aniñados. En esa población representó el papel protágonico en “La Carcajada”, drama de Joaquín Dicenta. De vuelta al puerto principal le apresaron por andar vendiendo en las calles el quincenario comunista “Bandera Roja”.

Leía mucho y desordenadamente pero se iba especializando en temática política y social. Varios amigos lo llevaron a la buhardilla de Joaquín Gallegos Lara quien le introdujo en el comunismo científico y las letras y dijo: “Tienes que escribir” y por obedecer, compuso pequeñas poesías que empezaron a salir rubricadas en la revista “Estudiantil” hasta que lo volvieron a expulsar del Vicente Rocafuerte y solo en 1.932 pudo graduarse de Bachiller, entrando de marinero segundo a la Capitanía del Puerto, mas no por ello dejaba de asistir a las manifestaciones políticas y varias veces hasta lanzó piedras en protesta contra el presidente electo Neptalí Bonifáz Ascásubi.

En 1.934 viajó a la capital donde su hermano mayor Alfredo estaba de taquígrafo del Congreso y le consiguió empleo como meritorio en la Dirección General de Estancos; luego pasó a Secretario particular del Ministro de Educación Dr. Antonio Parra Velasco en el primer velasquismo y entró a la facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central.

Allí formó parte del Frente de Defensa, publicó poesías de ingenuo entusiasmo que llamaba “Carteles” en el diario socialista “La Tierra” de Quito y en “Bandera Roja” de Guayaquil y hasta pensó recopilarlas en un libro que llamaría “Carteles para las paredes hambrientas” que nunca salió. Benjamín Carrión calificó a esos versos de desesperados y penetrantes gritos proletarios nacidos de la inquietud social y de la angustia interior injusticia internos corroboró Hernán Rodríguez Castelo.
Mientras tanto se había relacionado con algunos literatos de su generación: Alejandro Carrión, Augusto Sacoto, Ignacio Lasso y publicaban la revista “Elan” bajo la dirección de Lasso, agrupados en el “Sindicato de Escritores y Artistas”, tal encuentro influyó notablemente en Vera y desde entonces comenzó a crear con mano segura.

Por esos días participó en la toma del edificio de la Universidad Central para impedir su reorganización, decretada por el Ministro de Educación velasquista, Rosendo Santos y al saber que iban a ser apresados por la policía, escaparon por una cloaca, dejándolos burlados. La hazaña fue comentaba por la prensa, causó grave escándalo al gobierno y le acarreó estar entre los numerosos estudiantes que fueron expulsados, truncando su carrera. También le despidieron del trabajo pues el nuevo Ministro Carlos Arízaga Toral le tenía entre cejas por peligroso.

En 1.935, nuevamente en Guayaquil, consiguió empleo como traductor de telegramas en “El Universo” haciendo turnos hasta las tres de la mañana y aunque reingresó al primer curso de Derecho no lo terminó. Ya era corresponsal y agente del semanario humorístico y político “Zumbambico” editado en Quito por José Joaquín Silva en colaboración con Raúl Andrade Moscoso y tuvo la columna “Sketchs del Puerto”.

En 1.936 su exprofesor Rigoberto Ortíz Bermeo fue designado rector del Colegio Vicente Rocafuerte y le llevó de profesor. Pocas semanas después estalló en el plantel una huelga antisocialista y Vera, miembro activo de la Juventud Comunista, sintió que era necesario luchar contra ella y así lo hizo.

La huelga fracasó y fue expulsado del Partido porque los comunistas no se llevaban con los socialistas mas bien se odiaban por ridículas nimiedades y desde entonces no ha vuelto a afiliarse, aunque ha seguido siendo un fiel seguidor de esa doctrina.

Con Alfredo Pareja Diez-Canseco comenzó a editar el semanario “España Leal” en apoyo a la República pero solo alcanzaron a aparecer los dos primeros números porque los pesquisas del nuevo dictador Federico Páez, lo esperaron a la salida de la oficina comercial de Pareja en P. Ycaza y Córdova, se lo llevaron preso.

Al mismo tiempo el nuevo Rector del Vicente, Teodoro Alvarado Olea, le cesó en su cátedra y. como algunos de los profesores eran apresados y desterrados, prefirió volver a Quito y su hermano Alfredo le consiguió empleo en una organización mutualista denominada la Confederación Hacendaria, aunque al mes fue detenido Alfredo y tuvo que expatriarse.

En 1.937 dio a la Luz el poemario “Nuevo Itinerario” en Noviembre ocurrió la llamada “Guerra de la Cuatro horas” donde murió valientemente el Joven Jaime Zambrano, a) El Guambra, luchando contra la policía. Vera le dedicó un hermoso romance con reminiscencias lorquianas.

Otra vez en Guayaquil ingresó al grupo cultural “Allere Flamma” del escultor italiano Enrico Pacciani, dedicado a la realización de actos culturales; mas, a causas de una importuna visita del dictador a la Exposición de Arte inaugurada el 9 de Octubre y de la tenaz persecución a las izquierdas, los jóvenes de esa ideología se pasaron a la “Sociedad de Escritores y Artistas independientes”.

Se ganaba la vida en labores de corretaje de bienes raíces y produjo su primer cuento “Hacia la escuela”, historia de un niño que al caer preso inicia su aprendizaje del delito y que gustó mucho a José de la Cuadra, quien lo hizo publicar en una revista.

En Octubre del 37, con el golpe militar del General Alberto Enríquez Gallo volvió la paz a la República y regresaron los exilados. El 38 instaló la librería “Vera y Cía.” a medias con su hermano Alfredo. Pronto se les unió Enrique Barrezueta en Pedro Carbo entre 9 de Octubre y P. Ycaza y los negocios fueron bien. Compraron las existencias de la antigua librería Janer y se inició la importación de libros, pero a instancias de Manuel Cazón Arríbar adquirieron una maquinaria muy vieja a Pompilio Ullos Reyes, que nunca funcionó bien, donde imprimieron algunos libros nacionales.

En 1.938 viajó a Quito e instaló la “Agencia General de Publicaciones” con sus amigos Jorge Icaza y Genaro Carnero Checa, peruano exilado en el Ecuador. Entonces publicó su poemario “Nuevo Itinerario” en 60 pags. y 5 ilustraciones de Eduardo Kingman, con poesías escritas entre el 34 y el 36 y llenas de novedades formales que iban del cubismo al superrealismo”.

Como el negocio no daba para tres, regresó a fines del 38 a Guayaquil y sacó el semanario “Noticia” que no fue productivo por culpa de la mala maquinaria. Allí editó su poemario “Romances madrugadores” en 78 pags. con prólogo de Pareja Diez Canseco, cuya segunda edición data de 1.944, en 83 pags.

En 1.940 viajó a Santiago de Chile en plan trashumante y mas que nada por la ilusión que le producía el triunfo del Frente Popular del radical Aguirre Cerda. Fue amigo de numeroso intelectuales como Juvencio Valle y Raúl González Tuñon y al año siguiente contrajo matrimonio con Ena Alarcon Diez, natural de Ancud, a quien conoció en la Biblioteca Nacional donde ella trabajaba y quien le dio “Tres hijos y muchos años de felicidad” siendo su padrino de matrimonio del Dr. José María Velasco Ibarra, que por ese tiempo vivía exilado en esa capital.

De esa época son unos versos de admirable plenitud, ritmo, contenido, imágenes y metáforas que aparecerían bajo el título de “Túnel iluminado” que marcarían sus momentos de mayor madurez, por hermosos e intimistas y siempre contra fondos políticos como sus “Cantos de Rusia a Chile”. También estrenó al 41 “El Dios de la Selva” considerada su pieza teatral más libre y potente que había escrito en Guayaquil en 1.939 y publicó en Quito el 43 también ayudaba a Velasco Ibarra en labores de secretaría, en el despacho de su correspondencia.

De regreso el 42 portó una carta de Velasco a Francisco Arízaga Luque, Máximo dirigente de “Alianza Democrática Ecuatoriana” ADE. que el 43 lanzó la candidatura presidencial velasquista. Para entonces Vera era Secretario de ADE. y con tal calidad viajó a Cuenca y Loja, tomó contactos y organizó esos núcleos políticos.

Después del triunfo del 28 de mayo de 1.944 dirigió la página literaria de “El Telégrafo” por algunos meses y fue electo Secretario de la Asamblea Nacional Constituyente del 45.

Para el golpe dictatorial de Velasco Ibarra del 30 de marzo de 1.946 tuvo que esconderse para no caer preso. Fueron meses de gran pobreza que superó con la ayuda de algunos amigos. Ya tenía finalizada su novela de densidad intelectual, iniciada en Chile, que mandó a la Editorial Futuro de Buenos Aires con el título de “Los animales puros” en 239 pags. y circuló en plena frustración revolucionaria. En esa obra expresó “los ideales y las perplejidades de las generaciones a la hora de la irrupción política a través de personajes agónicos, héroes y antihéroes todos ellos”.

El éxito fue sorprendente y su lectura no ha decaído hasta la presente pues se han sucedido ocho ediciones, cuando yo la léi en mi época de universitario, me causó tal impacto emocional que la hice mi libro de cabecera durante muchos meses y me iba a la Facultad con varios ejemplares que regalaba a los compañeros más sensibles, igualmente apareció en México, en el No. 23 de la Colección Lunes, su novela corta “La Guamoteña”.

En 1.947 despidió el cadáver de un entrañable amigo y maestro Joaquín Gallegos Lara con un hermosísimo soneto, Leonardo Espinel, Secretario General de la Administración del presidente Carlos Julio Arosemena Tola, le ofreció un empleo diplomático que no aceptó, como tampoco se afilió al partido Comunista cuando se lo propuso Pedro Saad pues aunque su cosmovisión se fundamenta en el marxismo nunca ha sido suficientemente disciplinado como para formar parte de un partido político; sin embargo, en la revista cefepista “Momento” se le insultó por casi dos años, dura y soezmente, por comunista.

En 1.949 concluyó su carrera poética con la aparición de “Túnel Iluminado” en 83 pags. donde emerge “más bien como poeta total e intimista más que como poeta de compromiso Político”, por eso su libro marcó “la entrada de un poeta en el misterio, en el grave y solemne misterio de si mismo”, por entonces escribía para “El Universo” con el pseudónimo de “Fadrique Méndez”. Ya para entonces residía con los suyos en Quito.

En 1.952 publicó la pieza de teatro “Hamlet resuelve su duda” que lograría su versión definitivamente como “Los ardientes caminos” y escribió los quince relatos que luego aparecieron bajo el título de “Luto eterno”, con el cual logró el Premio José de la Cuadra y se editaron con gran éxito al punto que se han republicado varias veces, traducidos a otros idiomas, asombroso documento de nuestra época aunque solo es una farsa grotesca o mejor dicho una caricatura social. El Libro apareció el 53 y existe una segunda edición.

En 1.954 escribió en Quito varias de las sabrosas y picantes estampas quiteñas que presentó Ernesto Albán en numerosos teatros del país e inició una actividad escénica importante formando la “Compañía de Teatro Intimo” con actores profesionales que montaron sus piezas “Luto Eterno” y “La Mano de Dios” en el teatro Sucre y en las reuniones que sostenían los poetas y literatos en el Café “La Cueva del buho” en el antiguo edificio de la Universidad Central.
En 1.956 apareció en la editorial de la CCE un volúmen de teatro con sus obras (La mano de Dios, ya editada en los Anales de la U. Central, Luto eterno, Los Ardientes Caminos y El Dios de la Selva) con esta publicación cerró su trayectoria de hombre de teatro para dar paso al periodismo político. El 57 reeditó “Los Animales Puros”.

En 1.958 fundó con Alejandro Carrión la revista “La Calle” que llegó a los veinte mil ejemplares por su oposición al régimen social cristiano del Presidente Camilo Ponce Enríquez y a las oligarquías. Mientras en “El Diario del Ecuador” hacía popularizado su pseudónimo “Diablo Cojuelo”.

Para las elecciones presidenciales de 1.960 disolvió su sociedad con Carrión cuando éste apoyó a Galo Plaza mientras Vera tomaba partido con el binomio Parra-Carrión, posiciones políticas contrarias, incompatibles y antagónicas.

En 1.959 había asistido a la operación Verdad en La Habana con otros mil periodistas del mundo. El 60 volvió a Cuba para el Congreso de la Cotal y fue recibido por el Che Guevara con quien dialogó en privado, convirtiéndose desde entonces en el mayor defensor de la revolución cubana en el Ecuador, fundando en Quito la revista semanal “Mañana” con la ayuda de Benjamín Carrión y de Rodrigo Cabezas. El capital inicial fue de cinco mil sucres y los primeros números salieron impresos en los talleres del Partido Comunista. Sus principales redactores fueron Germán Carrión, Méntor Mera, Alfredo Vera, Patricio Cueva. Después ingresaron Hugo Larrea Benalcázar, Fernando Cazón Vera, el Cap. Antonio Flores, Jaime Galarza Zavala, José Félix Silva, Rafael Galarza Arízaga, Agustín Cueva, Alfredo Vera Arrata, Luis Maldonado Estrada.

Ese año viajó con Jorge Ycaza, Oswaldo Guayasamín, Nelson Estupiñan, Diógenes Paredes y Julio Enrique Paredes a Pekin y Moscú, siendo recibidos por Mao Tse Tung y Nikita Krusshev, a quienes entrevistó para la prensa mundial. De regreso siguió a Praga, París y otras capitales.

En 1.961 el Presidente Carlos Julio Arosemena Monroy le nombró Vocal del consejo de Administración del Seguro social. El 62 publicó su novela “La Semilla estéril” trabajada a lo largo de diez años y que trata sobre la burguesía “que solo siembra dinero que es estéril por toda la eternidad” y fue designado profesor de Práctica periodística de la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Central. Había radicalizado su posición hacia una línea abiertamente Marxista.

En 1.963 viajó a Moscú, vía París, pues no se podía hacer el vuelo directo, llevando a su esposa gravemente enferma de cáncer al útero con metástasis a la columna. A su regreso el 12 de Julio fue recibido en forma dramática y grotesca en el aeropuerto de Quito. A su esposa la tendieron en una camilla en el suelo y a él lo trasladaron al penal García Moreno por orden de la dictadura nacida el día anterior, de la Junta Militar de Gobierno presidida por Ramón Castro Jijón. “Mañana” dejó de salir. (1)

Sometido a ridículos interrogatorios y sin haber cometido ningún delito, solo por su ideología marxista, le dejaron salir bajo estricta vigilancia a su casa de la calle Guipúzcoa, en la Floresta, solamente porque tenía que atender a su esposa que seguía agravándose y de allí partieron a Chile, donde ella falleció casi enseguida, rodeada de los suyos.

 

 

(1) La dictadura de la Junta Militar de Gobierno persiguió en Julio de 1.963 a los principales personeros y colaboradores de “Mañana”. Edmundo Rivadeneyra y Fausto Falconí fueron al Panóptico. Alfredo Vera Arrata y Jaime Galarza Zavala tuvieron que asilarse en la Embajada de Bolivia. Pedro Jorge Vera cayó preso como ya se ha visto y salió al exterior.

En situación de apremio económico solía reunirse en Santiago con otros exilados políticos: Manuel Araujo Hidalgo, Fausto Falconí, Manuel Medina Castro, Napoleón Zavala, Edmundo Rivadeneira y editó “Mañana en el exilio”, revista que solo circuló clandestinamente en el Ecuador en sus dos primeros números, porque el dócil gobierno de Alessandri, para agradar al dictador ecuatoriano Ramón a Castro Jijón, la prohibió.

En. 1.964 contrajo matrimonio en Santiago con la escritora guayaquileña Eugenia Viteri Segura en quien tiene una hija y fueron invitados con Alba Calderón de Gil, por Pablo Neruda, a su casa en la isla Negra y con Manuel Araujo Hidalgo, por Salvador Allende, a su casa en Guardia vieja.

Al poco tiempo viajó a Cuba con su familia pues su estadía en Chile se le hacía insostenible. En La Habana se incorporó a la vida revolucionaria como simple miembro del Comité de Defensa de la Revolución de su barrio y trabajó de redactor en el periódico “El Mundo” escribiendo diariamente.

En 1.966 publicó un importante ensayo político sobre la situación de Chile y al año siguiente otro sobre Haití.

Ese año pudo retornar a su Patria con pasajes cedidos por el gobierno ecuatoriano pues la dictadura militar había caído ignominiosamente y volvió a la cátedra universitaria y a publicar “Mañana” bajo el lema ideado por Enrique Wilford de Ruiz “Del destierro a las calles de la Patria” con la colaboración de la Nela Martínez, Agustín Cueva, Alfredo Vera Arrata, Jaime Galarza Zavala, Germán Carrión hasta que en 1.970 la nueva dictadura civil del Presidente Velasco Ibarra la volvió a hacer desaparecer.

“Mañana” le quitaba casi todo su tiempo, mucho de su energía pues no conseguía anuncios publicitarios debido a su matiz político, así y todos no desmayó y la revista salió tres años con gran aceptación popular, pues la gente veía en ella la única opción de verdad popular en el país.

En 1.968 recogió catorce cuentos de todas sus épocas en “Un ataúd abandonado en 115 pags. el 69 viajó con su esposa a Corea del Norte y pasó de regreso por Europa.

En 1.970, con la dictadura velasquista, estuvo tres meses detenido en el Panóptico. Al salir en libertad fundó la revista “Ecuador 70” que solo duró dos años (2).

En 1.971 editó “Tiempo de Muñecos”, novela escrita años atrás con técnica y lenguaje ya superados, pues la había comenzado en enero del 66 en La Habana y terminado en Junio del 68 en Quito. Con ella ganó una Mención en la Bienal de Literatura y trata sobre un recuerdo de infancia, la rebelión indígena que encabezó un muchacho al que había conocido. Vera quiso mostrar al indio de la ciudad representado por ese muchacho indígena que está convencido que su obligación es ponerse al servicio de la gente de su raza convirtiéndose antes en un hombre de ciudad a fin de enchufar en el sistema pero fracasa al final. La segunda edición es de la Editorial Seix Barral de Barcelona y le hizo conocido internacionalmente como escritor.

 


(2) El nuevo Ministro de Defensa Nacional de la dictadura velasquista, Jorge Acosta Velasco, sobrino del dictador, tenía tal odiosidad contra Vera, que decretó su muerte; pero ante la intervención de los ministros Luis Robles Plaza y Galo Martínez Merchán le perdonó la vida, a condición de que le castraría y la persecución solo cesó cuando Eugenia Viteri consiguió un artículo del columnista Milton Alava Hormaza de El Universo, que motivó al dictador a intervenir ante su sobrino. I todo porque Vera en “mañana había denunciado varios negociados del quisquilloso Ministro Acosta, típico fascista criollo y a quien no se le ha vuelto a oír desde el 72 que cayó aparatosamente arrastrando al tío.
En 1.972 renunció a su cátedra por desacuerdo con las autoridades docentes y a fines de año apareció un tercer volumen de cuentos, dividido en diez parcelas, con el título de “Los Mandamientos de la Ley de Dios” en 239 pags. y una recopilación de cuatro libros de cuentos suyos “Nada más que cuentos”.

En 1.977 lanzó en Seix Barral “El Pueblo soy yo” en 289 pags. novela que resume los años velasquista vivido por el autor en toda su intensidad, sin embargo la vida privada del dictador fue de su invensión. De esa época es su poema “Recado al Gran Viejo” (Eloy Alfaro) que cocluye con un grito subversivo, del que tomaron su nombre los jóvenes sudversivos de “Alfaro Vive Carajo”.

En 1.979 editó un volumen de cuentos “Jesús ha vuelto” y el Núcleo del Guayas de la CCE. la imprimieron una Antología de versos titulada “Versos de Ayer y Hoy”.

En 1.982 dio a la luz pública la novela “La familia y los años” que alcanzó tres ediciones en solo catorce meses. Su argumento traspasa el ámbito simplemente ecuatoriano para situarse en la América Latina en su conjunto, de allí que no se menciona un país determinado y que se presentan hechos y anécdotas de todos ellos. Su acción es intrincada, tiene calidad artística y consistencia de estilo, según opinó el crítico español Caballero Bonald. Ese año presidió el Comité ecuatoriano de la celebración de los treinta años de creación de la República Democrática Alemana y dirigió la revista “Espejo” de la Corporación Estatal Petrolera Ecuatoriana CEPE.

En 1.984 se reintegró nuevamente a la docencia, celebró sus setenta años de edad y recibió el homenaje que la Unión Nacional de Periodistas le tributó en reconocimiento a sus méritos. También editó su novela corta “El Destino” en El Conejo de Quito.

Colaboraba para el diario “El Meridiano” de Guayaquil y habiendo sido candidatizado para la presidencia de la Casa de la Cultura en 1.985, aceptó en principio, pero como se dio cuenta que existía una trinca en el interior de dicha institución y que sería derrotado a pesar que el candidato contrario era un sujeto insignificante, se retiró a tiempo. Ese año editó un volumen de cuentos bajo el festivo título de “Ah, los militares”.

En 1.987 sacó la novela “Por la Plata baila el perro” en la Editorial Planeta que alcanzó un sonado éxito pues en solo un año alcanzó ocho ediciones. Fue traducida al francés y el Embajador ruso en el Ecuador, Nina Cherjakov realizó la versión a ese idioma, Alvaro San Félix escribió una magnífica adaptación teatral que aún no sube a escena.

En 1.988 fue Jurado del concurso Casa de las Américas de La Habana. El 89 sacó “Los Sonetos” en la Universidad Central con veinticuatro sonetos que hablan del hombre y del amor. El 90 aparecieron sus “Cuentos Duros”.

En 1.991 produjo la novela “Este furioso mundo” en Planeta. Existe el rechazo al dinero como medida de todas las cosas pero en escala universal y su trama se desarrolla en Guayaquil, Quito y varias ciudades del exterior. Contiene ciertos recursos, homilías intercaladas y fue traducida al italiano por el crítico Roberto Bugliani. También fue Jurado del Premio José Martín de Prensa Latina de la Habana.

En 1.993 dio da la Luz sus Memorias “Gracias a la Vida” en 279 pags, con detalles de su vida, sus viajes y participaciones en Congresos Internacionales o como Juez de Concursos Literarios.

De estatura mediana, piel trigueña clara, ojos negros, amplia sonrisa y gran melena blanca. Estaba considerado un maestro de la narrativa ecuatoriana y uno de los más importantes hombres de letras del Ecuador en este siglo.
“Cuentista nato aunque también ardoroso novelista, poeta, dramaturgo y periodista”. Dueño de una versatilidad sorprendente. En enero del 98 viajó con en pintor Oswaldo Guayasamín a La Habana a hacerse un examen médico pues un cáncer le iba quitando las fuerzas. De vuelta a Quito siguió desmejorando y el 5 de marzo de 1.999 falleció. Sus cenizas fueron arrojadas al volcán Pichincha y al río Guayas. Tenía 84 años de edad.

Fue un ejemplo de hombría de bien, de ideales al servicio de sus semejantes en un país donde el transfugio político y el arribismo se practican a diario y en forma por demás canallesca.

La Sociedad fue su preocupación principal por medio de su indagación en los males sistémicos y síquicos de su patria se estableció como un escritor de plena conciencia social. El origen de su actitud y dedicación hay que rastrearlo en parte, en la concepción del papel del arte, auspiciado por los escritores de orientación izquierdistas que influyeron sobre él durante el periodo de su formación literaria en los años 20. Vera continúa en forma refinada la trayectoria del Grupo de Guayaquil, que creó una literatura de “denuncia y protesta” contra el apoliticismo de los modernistas y la ignorancia complacida de la burguesía hacia el sufrimiento de la clase baja.

Apoyándose en su formación marxista se dedicó a exponer la situación socio- política de sus Patria y a examinar los impedimentos del progreso del Ecuador y por contigüidad de Hispanoamérica. La verdad que expuso, es la de una amalgama sobre la cual se han superimpuesto filosofías políticas y sociales de adquisición foránea. La verdad que ofrece es la de un país donde la fragmentación geográfica y política, las rivalidades regionales y la estructura jerárquica de la sociedad, imposibilitan la solidaridad nacional requerida para el bienestar y el mejoramiento del pueblo. Sobre todo, lo que la novelística de Vera censura, es la condición mítica del progreso, de la democracia y de la libertad en el Ecuador. La realidad que revela en sus obras es la de un estado político social en que, como en la mayor parte del mundo, la ciencia y la tecnología moderna han fracasado como redentores de la libertad y la democracia, que son solo ilusiones.

La primera novela de Vera, “Los animales puros” sirve de interpretación de los años 30 y como tal es un diagnóstico del fracaso de toda una época. Por bien intencionada que sea la inspiración de los universitarios izquierdistas, sus impulsos revolucionarios se estancan y buena parte de los obstáculos que tienen que hacer frente, derivan de su inseguridad respecto a su función.

El egoísmo hace un papel total en “La semilla estéril”. En esta novela se ofrece un lamentable cuadro de la vida nacional ecuatoriana en tanto revela que lo único que une a los niveles estratificados de la sociedad es su preocupación por la posición social y el consumo materialista. El objetivo de Vera es poner de manifiesto esa lacra social corno una de las consecuencias de la revolución liberal de 1.895.

El espíritu capitalista que Vera critica aparece ilustrado por medio del conflicto entre la sed de lujo y los sentimientos espirituales de sus personajes. Vera desacredita al capitalismo haciendo ver que en este sistema hasta las emociones más íntimas se convierten en artículo de comercio y consumo. Esta conversión cualitativa es el resultado social de la situación económica. O sea, que el hecho económico de la enajenación del hombre de su labor, tiene como consecuencia directa la enajenación, de otros hombres y de sí mismo.

La visión transmitida en “La semilla estéril” es la de una sociedad basada completamente en el fetichismo del lucro, en que la mayoría de sus miembros se revelan motivados por la ganancia personal y son indiferentes al destino del país como entidad. Esta falta colectiva de previsión caracteriza también a “Tiempo de muñecos”, en que se planea la problemática indígena como uno de los problemas políticos y económicos que tiene que resolver el Ecuador en su búsqueda de identidad cultural y de bienestar social. Vera llega a la observación de que los medios legales al alcance de los indios no han de resolver la cuestión. La transformación al “verdadero socialismo” que los liberales tradicionales proponen, es un cambio sin violencia, más cosmético que sistemático, que no interrumpen el funcionamiento del país. Vera critica así mismo la postura del revolucionario farsante, incapaz de identificarse con la realidad ecuatoriana. Martín Romero, personaje que se adhiere a una filosofía revolucionaria, es ilustrativo al respecto. Romero, al igual que muchos de los intelectuales ecuatorianos que interpreta Vera, ve al Ecuador con una actitud de desprecio, como un país que no merece la intención de un revolucionario “Serio”. A su entender, las condiciones dentro del país destinan revolucionarios a la mezquindad y al fracaso. Lo que esta conveniente postura oculta es una ideología racista, reaccionaria y hasta fascista en Romero. Para otros “revolucionarios”, sin embargo, la docilidad de las masas ecuatorianas invita a la dominación. Este es el objetivo de hombres codiciosos de poder como Alberto Velásquez, que cuenta con la demagogia para promover carreras políticas y profesionales. Con este personaje Vera critica obviamente al líder populista de los años 40 y 50 Carlos Guevara Moreno, que abandonó las filas de la izquierda y que, como Velásquez, se aprovechó de su mínima experiencia en las trincheras de España para crearse un aura de héroe.

Un impedimento significativo para una verdadera confrontación de clases en el Ecuador ha sido el populismo y el resultante simulacro de un estado democrático. La novela “El pueblo soy yo” esta inspirada en la vida del presidente populista José María Velasco Ibarra, cuya carrera, en virtud de la longevidad (fue cinco veces presidente del Ecuador), ejemplifica a la perfección el carácter cíclico y sin cambio de la historia ecuatoriana. La novela presenta asimismo una disección de la presencia del populismo como elemento constitutivo de la realidad sociopolítica ecuatoriana y como uno de los males que afligen a dicha sociedad.

Las características de la política ecuatoriana se han afirmado como personalismo, paternalismo y oportunismo, el oportunismo imperante en el sistema político que Vera propone en “El Pueblo soy yo” es una especie de simbiosis en que González Tejada en tanto es un manipulado como un manipulador, un fantoche utilizado y descartado cuando ya no sirve a los propósitos de los que verdaderamente poseen el poder. En efecto, en los distintos regímenes de González Tejada figuran otros grupos de “gonzalistas” que acuden a él solo porque les ofrece medios para consolidar su control del país.

El oportunismo de los grupos oligárquicos constituye la base de “Las familias y los años”, y Vera lo identifica como otro de los grandes males que afligen a la situación socio política ecuatoriana. En esta obra Vera expone la manera en que la estructura de clases en el Ecuador otorga a una minoría una influencia desproporcionada sobre la vida nacional. La cosmovisión de los privilegiados en esta sociedad la representa en la novela la actitud de dos familias ricas e influyentes. La ambición aprovechadora de estos clanes se intensifica hasta convertir al país entero en un mundo hermético dirigido por las grandes familias en perenne lucha por la supremacía. Con la política nacional en manos de reducidas y exclusivas facciones que perciben la nación como su patrimonio, la democracia moderna no puede ser más que una ilusión y una fachada para un sistema oligárquico.

El establecimiento social y político del pueblo en “Las familia y los años” conduce a la general carencia de verdadero progreso en el mundo hispánico. Se ha evidenciado que la pura teoría marxista no ha podido traducirse en praxis. Y así como la historia como fuerza dinámica no ha funcionado según la formula marxista, y la conciencia histórica y de clases no ha producido más que ilusiones de progreso social, parece que el arte también ha fallado como impulso a la revolución. Pero el fracaso del arte en promover genuinos cambios en la infraestructura socio. Económica y política lleva al papel del artista en este cometido, o sea a la cuestión de si la culpa yace en la exposición artística del mensaje o con el escritor mismo, en su carencia de verdadero compromiso con la causa que ha de fomentar.

El objetivo de Vera de contribuir a la redención de la humanidad es socavado por la sensación de fracaso que se aspira en sus novelas, cesación que es sintomática de su frustración por no haber encontrado la solución a los males del Ecuador ni en la política ni en el arte. Por medio de sus cinco novelas en conjunto, Vera propone que las teorías materialista e histórica no son suficientes y no obstante, más pueden la psiquis humana y la fuerza del yo. Esto es, que en formular afirmaciones a cerca de la evolución social y política del hombre no se ha estimado suficientemente la porfía del individuo como componente elemental de la sociedad. Por ende, Vera concluye, que la historia y el futuro del hombre puedan quedar inextricablemente ligados a la dialéctica irresoluble entre el egoísmo y el bien colectivo.

En su poesía “Recado al Gran viejo” acuño la frase Viva Alfaro Carajo, tomada por el grupo juvenil guerrillero de los años 70 que formó Arturo Jarrín en el país.

 

Recado al Gran viejo

Eloy Alfaro, mi viejo
manabita duro y claro
viento grande montonero
de nuestro Ecuador amargo,
fulgor en Jaramijó
y llamarada en Gatazo,
vuelve para rescatar
la flor, el aire, el arado.

¡Ah estas ganas de gritar
que viva Alfaro carajo!Te han convertido en estatua
para tenerte amarrado.
Te escarnece y ningunea
audaz cualquier pobre diablo.
Te incineran diariamente
llena la boca de Alfaro
y mancillan tus cenizas
payasos de tres al cuarto.

 

Tu corazón indomable
de guerrillero templado
latina en el vendaval
del color americano
y ofreciste tu palabra
y el empuje de tu brazo
sin vainas ni vuelva luego
al Martí de los cubanos.

En tu alma estaba el pobre
y el pobre sigue de esclavo.
Niños de huesos desfilan,
los pulmones en la mano.
El indio riega la tierra
con sus lágrimas de espanto.
Esta es la patria, mi viejo
que los buitres han dejado.

Montuvio de siete suelas,
eras del indio el hermano.
General de hacha y machete
nunca fuiste derrotado.
Ah mi viejo luchador
costeño como serrano,
ven dáñales el pastel
que los vivos amasaron.

¡Estas ganas de gritar
que viva Alfaro carajo!

Fuente: Biblioteca Rodolfo Pérez Pimentel

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