Vicente Rocafuerte (parte 2)

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De allí en adelante estuvo en Colombia y hasta sostuvo una agria entrevista con Bolívar, “que ya era usurpador”, donde se lanzaron mutuas puyas y la despedida no pudo ser más fría. Bolívar escribió a Flores que se cuidara de Rocafuerte, a quien tenía por sujeto peligrosísimo, por ser antimilatarista rabioso y tener algo de mato, ya que no se le conocían aventuras galantes.En Febrero del 33 arribó Rocafuerte a las costas de Santa Elena, cuando el régimen presidencial de Flores comenzaba a ser combatido en Quito por el grupo liberal del Coronel Francisco Hall, que publicaba el periódico “El Quiteño libre”. Rocafuerte tenía cerca de cincuenta años y una vida agitada, de viajes y peripecias sin cuento. Era frugal, antialcohólico, vestía de manera simple pero elegante, no gustaba de la literatura ni la poesía, admiraba las virtudes de la antigüedad y sus hermosísimos ejemplos. Buscaba siempre la compañía de personas notables, aristócratas del saber o por sus costumbres, pues él mismo se sentía un Americano libre e independiente, tenía estilo, plantaje, valor, fondos económicos, conocimientos del mundo, dominaba algunos idiomas, era muy ilustrado y hábil en relaciones humanas y había dado muestras de talento diplomático”.El Partido Nacional le dio la bienvenida y saludó su arribo. Pronto asumió la defensa en un Jurado instaurado en contra de un anciano padre de familia que había protestado contra un militar por el abuso carnal que éste había cometido en contra de una de sus hijas y lo sacó libre. Poco después fue electo Diputado por el Pichincha al Congreso de 1833 donde mantuvo una crudísima polémica con el Ministro García del Río. Poco después el Congreso concedió las facultades extraordinarias a Flores .Rocafuerte no había podido asistir a esa reunión por encontrarse fuertemente resfriado, en cama y con fiebre, pero al día siguiente envió sus renuncia al Congreso en término altivos y llenos de dignidad. El Presidente Flores ordenó su prisión y destierro, pero al llegar con la escolta cerca de Guayaquil fue liberado y llevado en triunfo al puerto principal.El Comandante Pedro Mena se había sublevado contra Flores y dominaba militarmente la plaza. Rocafuerte fue proclamado Jefe Superior Provisorio del Departamento en memorable Asamblea Popular reunida en el Cabildo el 20 de Octubre de 1833. Mientras tanto Flores había abierto campaña y el día 21 de Noviembre acampó con su ejército en Mapasíngue. El 24 cruzó subrepticiamente el Salado. Rocafuerte estaba en casa del Cónsul americano asistiendo a un convite y a duras penas tuvo tiempo para escapar a media ría, siendo recibido en la corbeta “Fairfield” por su comandante Lavalette, que le ofreció hospitalidad y protección. De allí pasó a la “Colombia” y salió a la isla Puna donde estableció su gobierno, con oficina de Aduanas y todo lo demás.El 20 de Diciembre fue declarado pirata por Flores. Rocafuerte envió una Circular a todos los Cónsules informándoles de haber decretado el bloqueo de la plaza. El 18 de Enero de 1.834 incursionó con la “Colombia” y el Coronel Agustín Franco desembarcó en la planchada y luego de una hora de fuegos se reembarcaron. Entonces viajó a Lima donde adquirió una imprenta que sirvió para editar “El Chihuahua”, periódico que tomó el nombre de la revolución, que se extendía paulatinamente por los pueblos de la península y aún por Manabí.En Quito, José Félix Valdivieso, compadre de Flores, se había proclamado Jefe Supremo y organizaba un fuerte contingente armado que puso a las órdenes del General Isidoro Barriga; pero Flores, lejos de desesperarse, se valió del Coronel Padrón para seducir a Mena, quien convenció a Rocafuerte de expedicionar contra Machala con el secreto fin de que se quedara sólo en la isla Puna, lo que así ocurrió. Mientras tanto el Coronel Antonio Pío de Ponte había salido por el Salado y le atacó de sorpresa, haciéndole prisionero.
El 20 de Junio fue encerrado en un calabozo de Guayaquil pero la situación política era incierta y Vicente Ramón Roca, consejero político de Flores, le convenció de la utilidad de un pacto y valiéndose del médico francés Bernardo Daste, hizo lo mismo con Rocafuerte. Así pues, limadas las asperezas, Rocafuerte y Flores se unieron contra Valdivieso.
El 10 de Septiembre terminaba el período presidencial y Rocafuerte reunió en Guayaquil a los padres de familia y fue aclamado presidente de la República. Ya tenía un ejército que había puesto al mando de Flores y el 18 de Enero de 1835 vencieron a Barriga en las llanura de Miñarica cerca de Ambato.En Guayaquil había decretado la abolición de los tributos indígenas, la instalación de la corte de Apelaciones del Guayas, organizado las oficinas públicas, rebajado los derechos del puerto y anclaje, suprimido las doctrinas parroquiales y los priostazgos. Igualmente declaró la liberación de derechos para las importaciones de maquinarias e instrumentos destinados a la agricultura y a las industrias.
El 31 de Enero de 1835 fue proclamado Jefe Supremo del Estado en Quito y el 1o. de Febrero en Cuenca, consolidándose la unidad de la nación. El 18 de Febrero convocó a la Convención Nacional, excluyendo al clero de asistir a tal organismo. El Vicario Capitular de Cuenca prohibió la lectura de “El Ecuatoriano del Guayas” y mandó a fijar en las puertas de los templos de Guayaquil el Edicto de Excomunión contra todo aquel que leyere dicha hoja impresa, porque en los Nos. 70 y 71 habían aparecido dos artículos comentando tal exclusión. Después se supo que el segundo de esos artículos había sido escrito por el propio Rocafuerte.El Prefecto del Guayas, Vicente Ramón Roca, hizo recoger los Edictos y quitó el que se había fijado en la Merced. Rocafuerte expulsó al Perú al Vicario y a otros sacerdotes como el padre Vicente Solano, pues en materia religiosa jamás dejó de ser un regalista intransigente, que creía en la superioridad del estado moderno sobre la iglesia.El lo. de Junio fundó en Quito el colegio de “Santa Marta del Socorro” en el edificio del Beaterio y aunque protestaron algunos devotos, allí siguió.
Tenía por costumbre arengar a los soldados en los cuarteles, visitaba los hospitales, y conversaba con los enfermos. En los Hospicios hablaba con los ancianos. Era amigo de asistir a los exámenes finales y de tomar preguntas a los educandos, becaba a los más pobres si eran aprovechados y se entusiasmaba con los progresos de la juventud.
El 22 de Junio de 1835, al inaugurarse la Convención de Ambato, había sido electo Presidente Interino de la República hasta tanto se dictaminare la nueva constitución. El 20 de Agosto obtuvo mayoría y salió electo Presidente Constitucional.
Sus Ministros fueron escogidos y valiosos, en Hacienda Francisco Eugenio Tamariz, quien logró cubrir mensualmente la lista civil y militar, superando los déficits anteriores. En 1836 enfrentó la oposición en el norte de las guerrillas de Navas, y restableció en Yaruquíes las pirámides de Caraburo y Oyambaro construidas en 1746 por los Académicos franceses y ordenadas destruir por celos de las autoridades españolas.En 1837 reorganizó el Cuerpo de Bomberos de Guayaquil por Compañías y Columnas, obtuvo la concesión de privilegios a favor de William Wellwright para iniciar la navegación a vapor por el Pacífico y se estableció la compañía “Pacific Steam Ship Navegation Co.” que compró en Linhouse los vapores Perú y Chile que arribaron a Guayaquil entre 1840 y el 41 para la carrera del Pacífico. Igualmente formó la “Compañía Guayas” para la navegación por el Golfo hasta Pimocha y Babahoyo. En Quito fundó el Colegio Militar y el Instituto Agrario y terminó su mandato ante la admiración del país que no se cansaba de aplaudir su civilizadora labor.
En 1838 clausuró en Quito el Convictorio de San Fernando de los padres dominicanos porque aún enseñaban el sistema tolemaico, es decir, que la tierra era el centro del universo, ignorando a Copérnico y a otros científicos de Europa.
Gosselman, un viajero sueco, dijo lo siguiente: “Es una de las personalidades más excepcionales que he encontrado en Sudamérica y en pocas palabras, un hombre que hasta en sociedades más civilizadas se destacarla por sus sentimientos verdaderamente patrióticos. Es también notable por otras razones…”De la Presidencia bajó a Guayaquil a ocupar la Gobernación de la Provincia donde prosiguió su saludable labor administrativa construyendo el primer muelle de la ciudad, dotándole de un pequeño ferrocarril hasta el depósito de Aduana con sus grúas y todo lo demás, colocando un faro en la Isla del Muerto, las boyas en los bajos de Mala y Payana, adecuando el fortín de Punta de Piedra y ordenando la construcción del vapor Guayas. En el interim había contraído matrimonio con su sobrina segunda Baltazara Calderón y Garaycoa, con quien fue muy feliz, aunque sin hijos.
El 26 de Diciembre de 1841 creó el Colegio San Vicente del Guayas que entró en funcionamiento el 1o. de Febrero del año siguiente. Después se querelló con la Corte Superior. En Octubre comenzó a tomar medidas contra la epidemia de fiebre amarilla que asoló la ciudad y sus contornos. En 1843 cambió de asiento a Yaguachi, por haberse quemado el viejo poblado que estaba ubicado donde hoy es Cone, y estar muy decaído por el cambio del río.El 43 concurrió a la Convención de Quito que reformó la Constitución permitiendo la reelección y dio a Flores seis años más de poder. Rocafuerte protestó contra esa Carta de Esclavitud pero no fue escuchado y regresó a Guayaquil para embarcar a Lima donde comenzó a escribir contra el régimen sus famosas “Cartas al Ecuador”. Posteriormente, al estallar la revolución del 6 de Marzo de 1845, fue Encargado de Negocios en el Perú y envió al gobierno revolucionario varios cientos de fusiles y 20 toneladas de carbón de piedra.
Triunfante la revolución fue elegido Diputado por cuatro provincias y concurrió a la Convención Nacional reunida en Cuenca, pero llegó con retraso, cuando Vicente Ramón Roca tenía mayoría para la presidencia. Con todo, animoso como siempre había sido, presentó la candidatura del poeta José Joaquín de Olmedo y organizó un partido nacionalista, pero no triunfaron.
Despechado de los reveses de la política regresó a Lima y fue nuevamente Encargado de Negocios, representando al Ecuador como Delegado al Congreso Americano y Ministro Plenipotenciario ante el Perú, Bolivia y Chile con motivo de la anunciada expedición de Flores al continente.Sin embargo su salud se había debilitado y un cáncer al estómago le mantenía severamente indispuesto, falleciendo en Lima el 16 de Mayo de 1847, en el servicio diplomático activo del Ecuador. Andrés Bello escribió su epitafio: /”Tus cenizas Vicente Rocafuerte / aquí guardó la muerte; / pero queda tu nombre para gloria / del mundo americano y para ejemplo / de cívicas virtudes tu memoria”./
De estatura más bien baja, tez blanca, pelo negro y escaso, ojos cafés, gestos rápidos, nerviosos e impulsivos, carácter primario y de reacciones violentas, muy amigo de la justicia, civilizador por sobre todas las cosas, en religión regalista y no practicante, se hizo asistir en sus últimos momentos del Padre Francisco de P. Vigil que estaba excomulgado por sus libros. Antimilitarista por constituir esa clase un núcleo de opresión ciudadana. Su matrimonio tardío le salvó de la misoginia, pues fue muy feliz con su esposa, bien es verdad que ella era culta, inteligente y discreta. En sus bienes desprendido y generoso, muy amigo de hacer y crear, no conocía momento de reposo cuando se trataba de la administración pública; sin embargo, lo más interesante de su personalidad era el afán civilizador que sabía poner en todos sus actos, atacando al fanatismo, a la pereza y a la ignorancia donde las encontraba, siempre con bríos y como si se tratare de la más importante obra de su vida.Pedro Carbo en sus “Páginas de la Historia del Ecuador” dijo “Fue el ilustre presidente Rocafuerte el primero que en su Mensaje al Congreso de 1839 propuso la libertad de cultos en el Ecuador; pero los legisladores de entonces no dieron oídos a la proposición del patriota magistrado”.
Como orador brilló en su estilo cortado, lleno de lógica y apasionamiento, como en estallido. Pero Moncayo escribió en 1868 en Santiago de Chile:
Rocafuerte tenía una de esas fisonomías transparentes que revelan a primera vista el fuego de las pasiones y los combates interiores: la mirada resplandeciente, verdadera imagen de su genio, audaz, vigoroso, enérgico inflexible; el carácter del tribuno, fácil, popular, accesible y al alcance de todas las clases, sirviendo de eco a todas las necesidades públicas y a toda las reformas exigidas por el tiempo y las transformaciones sociales, la palabra pronta, rápida y algunas veces incisiva y casi siempre imponente. En su discursos tomaba el aire, el gesto, la manera del orador francés en los bueno tiempos de la tribuna cuando la tempestad tronaba y la tierra se estremecía con los rayos fulminantes que caían de la famosa montaña

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