José María de Antepara y Arenaza


PROCER.- Nació en Guayaquil el 2 de Marzo de 1.770 y fue bautizado en la iglesia Matriz, de un mes de nacido, el 2 de Abril. Hijo legitimo y póstumo de Juan Lorenzo de Antepara Zambrano, comerciante, natural de Guayaquil y Vicente de Arenaza, nacida en Daule, que muy joven quedó viuda y con cinco hijos.

Dedicado al comercio y a la atención de los bienes maternos, viajó a México 1.801 y en esa ciudad contrajo matrimonio con María Ignacia de Escurra y Pastoriza, de cuyo matrimonio solo se conoce a José María de Antepara y Escurra, nacido en México el 19 de Febrero de 1.803 y bautizado de cuatro días de nacido, que con el andar de los años radicó en Guayaquil y luego en Santa Elena, dedicado a la exportación de orchilla a México, casado con María de Jesús Marín y Rodrigo, con sucesión.

En 1.809 de México viajó a Londres a fin de adquirir un trapiche para el ingenio de propiedad de su suegro, pero sucedió que entró en contacto con el Precursor de la Independencia americana General Francisco de Miranda a través de un artículo en la Edinburgh Review. “Al llegar a Inglaterra le mostraron el articulo. Juzgó que contenía declaraciones y conjeturas sumamente interesantes acerca de su país natal y con respecto a Miranda añadió; entre estos importantes materiales habían muchos hechos referentes a un compatriota de quien había oído hablar vagamente. Pasó a ser mi natural deseo conocerle y por intervención de amigos comunes, especialmente el Canónigo José Domingo Cortés, lo conseguí….”

Entre ambos surgió una hermosa amistad. Miranda le comenzó a tener en el grupo de sus Íntimos colaboradores tratándole de su amigo mexicano vinculado a los jefes de ese país que estaban descontentos con el régimen español y le contagió su amor a la independencia americana. A este ideal Antepara dedicará desde entonces vida y fortuna, instalándose en Londres a trabajar con él en la Logia Americana de Caballeros Racionales cuyo Gran Maestre y fundador era el propio Miranda, así como en su casa situada en Grafton Street.

A principios de 1.810, ante la critica situación de los asuntos españoles, habiéndose entronizado José Bonaparte en de Madrid, formó con Miranda el proyecto de publicar un periódico para hacerlo circular en el nuevo mundo con información critica. Antepara contó con la ayuda de varios “Compatriotas” y el 15 de Marzo apareció en la imprenta de R, Juiné de Margareth Street 17, Cavendish Square, el primer número de “El Colombiano”, gaceta de dos columnas en idioma español. En la parte superior de la primera plana figura un lema tomado del De Finibus de Cicerón. Antepara figuró como Editor responsable y se sabe que le ayudaba su amigo José Domingo Cortés. En su número inicial El Colombiano manifestó que se proponía guiar a los habitantes del continente colombiano, para ponerlos en estado de juzgar con rectitud y obrar con acierto en una materia que tanto les interesa, pues debe ser el orígen de su futura felicidad….La materia es la emancipación, la felicidad es la libertad. Los textos de El Colombiano fueron extractados y reproducidos en las Gacetas de Buenos Aires y Caracas principalmente.

Por esos días también dio a la luz un volumen donde recopiló documentos históricos y explicativos que muestran los propósitos en curso y los esfuerzos hechos por el General Miranda para conseguir la Independencia durante los últimos veinticinco años, aparecido bajo el titulo de “South American Emancipation” by José de Antepara, a native of Guayaquil, escrito en inglés idioma, que ya dominaba – 229 págs. e ilustraciones.

“El Colombiano” realmente no estaba destinado a la venta sino a la circulación subversiva. Miranda anunció proféticamente: La Independencia del continente es un evento previsto después de largo tiempo y todas las naciones tienen fijados los ojos sobre el nuevo mundo, para ver qué partido tomaren en la crisis actual en que se halla la monarquía española. El segundo número se refirió a la invasión napoleónica a España. Ambos números circularon en los Ministerios y pasaron a América, como ya se indicó.

Mientras tanto el Embajador español Duque de Alburquerque intentaba por todos los medios frenar la publicación, destinada según él, a revolucionar a los americanos, por su carácter incendiario, subversivo y contrario al buen orden, la tranquilidad y la unión que debía reinar en las Américas, por eso se prohibió terminantemente su circulación en las colonias. El colombiano salió hasta el quinto número y dejó de aparecer por prudencia, para evitar las retaliaciones que pudieren surgir del Ministerio de Asuntos Exteriores de Inglaterra ante las continuas reclamaciones del diplomático español en Londres.

Poco después acompañó a Miranda, Bolívar, Bello y López- Méndez -comisionados por la Junta de Caracas -a la recepción diplomática que les brindó en el Foreing Office el Ministro Wellesley a nombre del gobierno de su Magestad británica. Esta comisión fue aclamada por la prensa inglesa con el titulo de Embajadores de la América del sur y obtuvo el ofrecimiento de un respaldo de la flota británica en caso de que Francia atacara a las costas de Venezuela, en apoyo al régimen español, cuyo embajador en Londres volvió a protestar por el tratamiento altamente honroso dado a “Los insurgentes”.

En 1.812 arribó con Miranda a Venezuela, en compañía de Bolívar y Pedro Leleux, llevando consigo el archivo del Precursor y tras una desastrosa campaña militar pudo Antepara embarcarse y huir, no así el Precursor que fue entregado por algunos oficiales patriotas al realista Monteverde, quien le puso con grillos en prisión. Miranda moriría años después, el 14 de Julio de 1.816, en las carracas de Cádiz.

Antepara, en cambio, salvó el archivo que pasó a Inglaterra donde permaneció más de un siglo hasta que el III Lord Barthust lo puso en las manos del ilustre historiador William Spencer Robertson, quien lo publicó en su magistral obra titulada “Life of Miranda” editada en Chapel Hill, USA, en 1.929 y que traducida al español por Julio E. Payró ha visto sucesivas ediciones mientras el gobierno de Venezuela adquiría los 63 volúmenes del archivo, dándolos a la publicidad en 24 tomos.

Hacia 1.814 Antepara regresó subrepticiamente a Guayaquil pues no lo podía hacer a México. En Febrero del 16 defendió a Guayaquil del ataque de la flotilla del Almirante Guillermo Brown, corsario al servicio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Aprendía francés en casa de Vicente Rocafuerte que acababa de arribar de Europa y practicaba en el “Emilio” de Juan Jacobo Rousseau, libro que entonces era considerado revolucionario y estaba prohibido en España y América. El 18 mortificó al Gobernador Juan Manuel de Mendiburu con unos versitos anónimos que le hacia llegar por diversos medios y hasta la propia mesa de comer de su domicilio. A estas composiciones llamaba Antepara sus Rataplanes y eran partes rimados graciosamente. //Tenga cuidado don Juan/porque este pueblo insurgente/ le ha de jugar de repente/ alguna de rataplán.// Cuidado señor don Juan/ se caiga de la maroma/ le aseguro que no es broma/ lo que preparando están./ / Señor Mendiburo alerta/ alerta, señor don Juan/ porque una cosa es muy cierta/ y un bromazo le darán.//

En su Bosquejo el historiador Aguirre Abad ha escrito que la juventud sobre todo, que mal educada, casi sin ocupación conocida, malgastando los años en diversas frivolidades, tuvo por ese tiempo materia seria en qué ejercitar su espíritu generalmente novelero e inquieto. En ella se contaban unos pocos jóvenes de talento y de mediana instrucción, aleccionados en los principios liberales por el Padre Mercedario Fray Miguel Cumplido natural de Chile, que los había reunido como su Maestro de Latinidad. El Presbítero Marticorena, amigo de Cumplido, le ayudaba en esas tareas. Se distinguían entre estos jóvenes José de Antepara y Cruz Correa… Y es que nuestro biografiado, pasaba casi desapercibido en su ciudad y en la memoria de Aguirre Abad figuraba como alumno, cuando en realidad era el alma de toda conspiración, siendo el alumno su sobrino Juan José Antepara y Bejarano, hijo de su hermana Barbara en el Coronel Jacinto Bejarano.

El lo de Octubre de 1.820 su amigo José de Villamil visitó la casa de Pedro Morlás, Tesorero de las Reales Cajas de Guayaquil y con el pretexto de distraer a su joven hija Isabelita Morías que se quejó de no tener qué hacer, organizo un baile, de común acuerdo con Antepara, a fin de reunir para que se conocieran y juramentaran los posibles conjurados, a quienes Villamil y Antepara habían preparado.

Con tal finalidad invitó a tres jóvenes oficiales del batallón Numancia que volvían de Lima a Caracas por ser sospechosos de insurgentes (León de Febres Cordero, Luis Urdaneta y Miguel de Letamendi) a los oficiales del batallón de Granaderos (Gregorio Escobedo, el Cacique Alvarez y el Sargento Vargas) acantonados en el puerto y otras muchas personas.

En una salita especial ubicada en el cañón de la casa de Villamil, situada en el boulevard, donde hoy se levanta el edificio del Banco Internacional casi frente a la Previsora, Antepara arregló una mesita con licores -bebidas excitantes- y dijo: esto se convertirá esta noche en la Fragua de Vulcano, nombre con el que ha pasado a los anales de la historia patria tan significativa reunión.

En la madrugada del lunes 9 de Octubre acompañó a Urdaneta a la rendición del cuartel del Batallón Daule, luego estuvo en la toma de las baterías del fortín de las Cruces y también se contó entre los nueve valientes que efectuaron el ataque al Cuartel de Artilleria. Al declararse la independencia esa mañana fue designado miembro de la Junta de Vigilancia y Fiscal del Consejo de Guerra Permanente.

Nuevamente siguió como alma del gobierno y primer colaborador de Olmedo y con este decidió la convocatoria del colegio electoral como medida democrática para hacer la frente al militarismo prepotente de Gregorio Escobedo.

En Noviembre redactó con Olmedo el anteproyecto del “Reglamento provisorio Constitucional de Gobierno” y el 11 concurrió al Colegio Electoral de la Provincia Libre de Guayaquil, fue designado Secretario del Colegio y también de la Comandancia General de Guayaquil. Entonces obtuvo la aprobación de su proyecto que pasó a ser la primera y única Constitución Política que ha tenido el litoral ecuatoriano y recibió una de las Medallas destinadas a los que hicieron la revolución.

Sus pasadas actuaciones en Venezuela y su amistad con Simón Bolívar fueron decisivas para que Olmedo se resolviera a pedir la colaboración de las fuerzas auxiliares colombianas, como un mal necesario para la supervivencia de la revolución.

A la llegada de las tropas colombianas, llamadas Fuerzas Auxiliares porque venían a luchar contra los realistas, fue designado Ayudante de Campo y Edecán del General Antonio José de Sucre, sirviendo de enlace entre este y Olmedo y peleó con éxito en la Batalla de Cone el 19 de Agosto de 1.821 donde triunfaron las armas patriotas. Dicha victoria permitió el libre acceso de los ejércitos guayaquileño y colombiano unidos hacia la sierra.

Iniciadas las nuevas operaciones “marchó bastante enfermo a la campaña de Huachi, donde un cúmulo de asesinos le arrancaron la vida después de la acción”, según dice la Necrología publicada en El Patriota de Guayaquil el 22 de Diciembre de ese año.

De dicha información se desprende que Antepara fue asesinado ya rendido y no como lo aseguró su amigo Villamil en la Reseña, que murió a balazos, al transmitir una orden de Sucre a la extrema izquierda de la línea, por lanzarse a caballo entre los combatientes, cayendo en mitad del camino.

Sus solemnes honras fúnebres se celebraron el día 20 en la Iglesia de La Merced, posiblemente oficiadas por su amigo el Padre Cumplido. “Un túmulo sencillo y decente como fue su vida ocupaba el fondo del templo; las columnas y el pavimento estaban enlutados y cubierto éste de blandones y hacheros; encima del túmulo se hallaba colocado un sepulcro y en su pedestal se leía esta inscripción: Al Dios de los Ejércitos, aquí yace don José de Antepara, condecorado con la Medalla de los Libertadores de su Patria. Murió combatiendo por la libertad en los campos de Huachi, a los treinta y tres años de edad” (1)

La Necrología termina expresando: en el transcurso de una vida había desplegado los talentos del hombre de estado, las virtudes de un

(1) Su edad aparece equivocada pues tenia 51 años, pero esta desinformación arrastró al gran historiador guayaquileño Camilo Destruge a confundir a Antepara con su sobrino Juan José de Antepara, hijo de su hermana Bárbara de Antepara y Arenaza y joven de solo 22 años en 1.821.
Senador romano y el alma del héroe. Murió el filósofo, la humanidad llora su muerte y su sangre inocente, que ha caído sobre nuestros enemigos, será el baldón de los españoles que lo asesinaron rendido.

Antepara es el máximo gestor de la Independencia de Guayaquil y uno de los más importantes próceres de la Independencia Americana. Su estatua en bronce es una de las cuatro que adornan la columna del Centenario en Guayaquil, figurando allí con Olmedo, Villamil y Febres-Cordero.

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