Antonio Ante (Parte2)

En su casa y dentro del seno familiar encontró que el Presidente de la Audiencia Toribio Montes ejercía una política respetuosa y conciliatoria y se le presentó en diciembre de ese año 12, recibiendo en Enero siguiente un Pasaporte para el destierro a Lima, vía Ambato y Guayaquil, y como estaba dolorosamente enfermo a causa de tantos desastres físicos y morales, le permitía reponerse un mes en la primera de ambas ciudades, donde tenía numerosos parientes en buena situación económica, especialmente su primo hermano el Coronel Francisco Flor; pero sucedió coincidencialmente que en Ambato el joven Ignacio Hidalgo comenzó a reunir armas para llevarlas a un paraje cercano, donde esperaba formar una falange de guerrilleros patriotas y al ser descubierta esta conjura, el Presidente de la Audiencia ordenó su inmediato fusilamiento y que se sacara cuanto antes al desterrado Dr. Ante, pues se le suponía complicado en esas gestiones. 

Ante sufría de continuos dolores de cabeza y debilitamiento general o lo que es lo mismo, de cansancio o surmenage, por el intenso esfuerzo físico desplegado y por la pena de sentirse sin sus amigos asesinados en Agosto del año 10. Además sufría también por el abandono en que dejaba a su tierna familia. 

Entonces llegó a su conocimiento que los astutos españoles pensaban embarcarlo en Guayaquil con destino a Manila y decidió ocultarse en la hacienda del Conde de Puñoenrostro, de allí pasó varias semanas después a Guaranda y se acogió a la protección de la esposa del Gobernador Falcón, quien intercedió para remitirle a Quito sin peligro. 

Mientras tanto en esa ciudad andaban las autoridades muy recelosas por el levantamiento en armas del General Antonio Nariño en la comarca de Pasto y volvieron a ordenar el arresto de Ante, quien fue avisado oportunamente por el Corregidor de Ambato Ignacio Arteta, que era su amigo de muchos años, para que se escondiera en los montes cercanos al pueblo de Patate, donde se estuvo hasta que su amigo el Magistral Soto interpuso sus buenos oficios y el 30 de Diciembre de 1814 consiguió que pudiese regresar a Quito; sin embargo, su vuelta coincidió con la llegada del sanguinario General Sámano, quien iba a levantar ejércitos y Ante se vio precisado a alejarse al norte con su amigo Eusebio Borrero, donde promovieron revoluciones en los Cantones Otavalo e Ibarra con el Teniente Coronel Pineda y trataron de conseguir el desconcierto de las defensas de Pasto. Y como todo se llegó a saber, fueron denunciados los tres y sus cabezas puestas a precio, por lo que pasaron a ocultarse a los bosques cercanos a Pichincha y “desde aquellos bosques saltamos a buscar ocasiones de obrar contra el enemigo”. Tal su empecinamiento! 

En 1817 el Magistrado de Popayán Dr. Urrutia se atrevió a insinuarle a Montes que antes de ser reemplazado por el General Juan Ramírez en la presidencia de Quito, diera una última muestra de generosidad permitiendo el regreso del Dr. Ante a su casa, como efectivamente ocurrió. Semanas después, Ramírez entraba en esa capital y pronto se hizo odiar por su despotismo, al punto que fue apodado como “el bárbaro Ramírez”. 

Ante no necesitaba de mucho para volver a las andadas y aunque no salía de su casa ni se dejaba ver en las ventanas, pudo conseguir numerosas conexiones patriotas con su amigo Eusebio Borrero y juntos planearon unas “Vísperas Sicilianas” en que los habitantes de Ibarra, Otavalo, Latacunga y Ambato así como los de los pueblos comarcanos a Quito en un radio de no más de cinco leguas, asesinarían a todos los vecinos de nacionalidad española en Febrero de 1818, justamente el Jueves Santo, con oportunidad de tomarlos desprevenidos en las visitas a los monumentos de los numerosos templos de esa capital; pero el mismo Ignacio Hidalgo cometió la imprudencia de hablar del asunto aunque en forma incompleta a una dama peruana, amiga y probablemente algo más de Ignacio Arteta, Corregidor de Ambato, y posiblemente amante del español Pérez Saravia. El primero denunció el asunto al Presidente de la Audiencia y éste, habiendo recibido un pasquín anónimo en el mismo sentido, le dio entero crédito, se propuso tomar la delantera asesinando al Dr. Ante en su casa ubicada donde hoy se levanta el Colegio de Señoritas “Simón Bolívar”, pues allí se le suponía que pasaba escondido. 

Para el efecto se disfrazó a un soldado de campesino y lo mandaron a la casa de Ante a entregar un oficio dizque enviado por su patrón Juan Ponce desde la hacienda Chillo. Se le dijo que el Dr. Ante no estaba, pero fue tal la insistencia del seudo campesino que al final el joven José María Ante, de sólo catorce años de edad, le dejó entrar a un cuarto retirado y ya en la presencia del prócer, el disfrazado le entregó la misiva, que éste quizo abrir, para lo cual se volteó, momento que el criminal aprovechó para sacar un puñal y tomándole enteramente desprevenido se lo clavó varias veces al pecho, pero la víctima logró asirle vigorosamente el puño y gritó, atrayendo a sus familiares y servidumbre y también a dos oficiales realistas que con veinte soldados habían estado apostados en las cercanías y que tomaron el cuerpo exánime y lo llevaron al cuartel. “Las calles por donde pasó el agonizante quedaron manchadas con la sangre que en gruesos penachos continuaba arrojando por la boca”. 

“Un minucioso registro de la habitación privó a las autoridades de los argumentos con que hubieran podido eludir las responsabilidades del crimen. Ni siquiera dieron con la nómina de los conjurados, colocada en uno de los bolsillos de una levita horas antes, descuidadamente, en la cabecera de la cama. Para colmos, le aherrojaron con un par de grillos en estrecha prisión y privado de toda comunicación con sus familiares y solo después de treintiséis días, el Sábado Santo, a la una de la mañana, “mal sanas las heridas que no habían llegado a ser profundas por la rápida reacción y la fuerza del brazo del Dr. Antonio Ante, cuando aún se hallaba gravemente adolorido del pecho y arrojando sangre de vez en cuando por la boca, fue conducido en una bestia a Bogotá, sin siquiera un sombrero qué ponerse, donde gobernaba el criminal Sámano, quien le destinó a diez años de trabajos forzados en el presidio de Ceuta y a destierro perpetuo de América. Así comenzó otra etapa de su vida, pues tuvo una larga erranza por las prisiones de Santa Martha, La Habana y Cádiz, en unión de su hijo José María, que había obtenido permiso para acompañar a su padre, dada su postración y enfermedad. 

Y en Ceuta el hijo tuvo que aprender los oficios de sastrería y zapatería para subsistir y ayudar a su padre durante más de un año, pues en 1.820 se produjo el alzamiento liberal de Riego y pasaron libres a Cádiz, donde el prócer imprimió con otros americanos una protesta de tres páginas, ante las medidas adoptadas por las Cortes, de enviar tropas a América. 

En Noviembre obtuvieron pasaporte y viajaron a La Guayra y de allí a Caracas y a Bogotá, observando a las fuerzas españolas que aún ocupaban ciertos territorios. En la frontera de Cundinamarca dieron informes, pero no pudieron seguir hacia el sur por la guerra que asolaba esos territorios. Un año y nueve meses se mantuvieron en esas aventuras y finalmente el 27 de Mayo de 1822 se enteraron del triunfo de las armas patriotas en Pichincha, que sellaba tantos años de sufrimientos y persecuciones, con la libertad y la felicidad. 

Cuando en Atuntaqui los Ante, padre e hijo, se volvieron a ver con los suyos, encontraron a María Mercedes, la mayor de las hijas, felizmente casada con su deudo Juan Donoso y Chiriboga, que se había convertido en un padre para todos. 

Reinstalado en su hogar, el prócer recibió la bienvenida de la mayor parte de la gente de viso de la ciudad y en Marzo de 1823 fue designado provisionalmente Auditor de Guerra del Departamento del Sur con 500 pesos de sueldo, después le encargaron la Asesoría de la Intendencia del Departamento; en 1825 recogió varios testimonios sobre su Conducta. En 1828 fue Representante a la Convención de Ocaña. En 1830 firmó el Acta de Separación del Departamento del Sur de la Gran Colombia. Fue electo Diputado por el Pichincha, asistió al Congreso Constituyente de Riobamba de ese año y durante sus sesiones fue soezmente insultado por el Coronel venezolano León Febres Cordero pero recibió el respaldo unánime de los Diputados, al punto que su contrincante tuvo que abandonar el país. El 33 regresó al Congreso. 

Vivía viudo, sólo y en grave pobreza y por ello tuvo que ausentarse a una hacienda cercana a Otavalo, donde se dedicó a las faenas agrícolas. Por esa fecha se le recrudecieron sus padecientos físicos y mentales, comenzó a volverse irascible y neurótico y falleció posiblemente con las facultades mentales alteradas, el 18 de Octubre de 1836, de sólo 65 años. quien había sido el más perseguido prócer del 10 de Agosto. 

Meses después, en marzo del 37, circuló una hojita que dice sobre su muerte, lo siguiente: “En contraste patético de acabar sus días en la obscuridad de la pobreza mientras que la Patria, el Ecuador, es deudora de los más esforzados sacrificios que hizo por la causa de los pueblos”.

Fue un caballero animoso y de fino y urbano trato, su alma grande para el sacrificio se entregó por entera al ideal de Patria y su carácter inquieto y nervioso, unido a una constancia heroica poco común, le distinguieron entre todos, como el mejor. 

Su porte alto, sus ojos pardos, el pelo castaño, la tez trigueña clara obscurecida por los soles del desierto de Ceuta y una corpulencia ágil, le predisponían a todo tipo de aventuras. Fue romántico en su juventud y brioso para todas sus iniciativas, que acometía con pasión digna de figurar en los tiempos romanos. 

Dejó un escrito con los hechos más sobresalientes de su vida, titulado: “El ciudadano Antonio Ante manifiesta a la República de Colombia la conducta política que ha observado desde el año nueve, que su Patria suelo, Quito, proclamó su independencia, hasta el año veintidós en que fue restituido a él del presidio de Ceuta”, cuyos originales se guardan en la Biblioteca de los Jesuitas de Cotocollao y que por la mención de Colombia, debieron ser redactados a raíz de 1825, fecha en que recogió varias informaciones sobre su conducta.

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