Angel Felicísimo Rojas

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

 

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