Los chagras

 

Raúl Guarderas
REVISTA TERRA INCÓGNITA

Reconozco la suerte de recibir mis herencias, las considero portadoras de una cualidad similar a aquella que fecundó los campos andinos; por eso valoro el privilegio de nuestra Sierra ecuatoriana cuando verifico la presencia de sus hoyas rodeadas de cerros y enriquecidas por los sistemas fluviales que vivifican su fertilidad. Algo me induce a encontrar, en este prodigio, cierta similitud a lo ocurrido con mis ancestros; con gusto acepto estas raíces al sentirlas correr por mi sangre.¡Cuan feliz me siento al percibir las aportaciones genéticas recibidas de los quitu-caranquis y de los incas! Aprecio, al mismo tiempo, el efecto múltiple de las razas llegadas de España y sostenidas por troncos familiares nacidos de los viejos abolengos celtas, berberiscos, moros y demás generaciones latinas prestas a integrar este cuadro multiétnico.

 


CHAGRA MACHACHI

Toda la fantasía de estos fenómenos fundidos con la realidad andina dio a estos parajes cierta vivencia mística, mítica y mágica; tres virtudes telúricas a las que se sumó la realidad equinoccial que, como un milagro, introducía la perpendicularidad de los rayos solares en el vientre mismo de la tierra. Esta variedad de incidencias reales e imaginarias dieron paso al establecimiento de la cultura ‘chagra’, palabra que se presume que viene de chacra (terreno donde se cultiva maíz). Se añade a esto la definición de ‘campesino rústico del altiplano del Ecuador’, presentada por Luis Codero en su diccionario de términos quichuas.

Mis primeros contactos con las costumbres chacareras los tuve con Luis Yánez Reinoso. El era conocido popularmente como el ‘Sordo’ Yánez, quien aparte de ser un buen chalán, usaba la huasca con extraordinaria habilidad. En suma, este personaje se destacó mucho más por sus labores vaqueras que por sus labores agrícolas. Ahora el Sordo Yánez usa un aparatito que le sirve para corregir su sordera, pero hace de éste un uso muy cómico, pues lo conecta y desconecta de acuerdo a lo que quiere escuchar.

‘Cuando presiento que hablan boberías, yo me saco la cornetita’. Es así como un día apareció un desconocido que se unió a nuestro grupo y se presentó, mas el sordito no escuchó su nombre y le pidió que lo repitiera: ‘Yo soy Casimiro -le grito el recién llegado’. Jo, jo, jo -se río Lucho- usted es casi-miro, en cambio yo soy casi-sordo’. Continúa este maestro con la calidad ejemplar que caracteriza al chagra legítimo: enamorador, contador de anécdotas, curioso, preocupado…

Lucho me acompañó siempre en el “Paseo Procesional del Chagra”, auténtico espectáculo criollo que tuvo su origen en Machachi como remembranza de la erupción del volcán Cotopaxi, ocurrida en el año 1877. por ventura, de un modo milagroso, el gran Pasochoa y el Rumiñahui salvaron a los pobladores de Tambillo y Machachi de sufrir los terribles efectos de dicho acontecimiento, producto de los enojos de la naturaleza. Los pobladores esperaron pacientemente a que la cúspide del volcán Cotopaxi se cubriera nuevamente de nieve y, cuando esto aconteció, optaron por realizar una minga ganadera, cuya misión era recoger, corralear y conducir a los lugares de origen a las reses, equinos y otros animales domésticos que se desperdigaron con el suceso.

Para la ejecución de dicha labor se formaron tres grupos importantes: el primero se responsabilizó de conducir los animales hacia los sectores aledaños a Latacunga, el segundo a Los Chillos y el tercero se encargó de subirlos al Pedregal. Las anécdotas y peripecias que pasaron en aquellos viajes hicieron que durante tres años se reuniesen los protagonistas a comentar lo ocurrido en esas jornadas. Luego de un tiempo, empezaron a producirse problemas políticos que terminaron con la guerra civil, de la cual el general Eloy Alfaro fue el triunfador.

Casi un siglo más tarde, mentalizamos y ejecutamos el primer “Paseo Procesional del Chagra” para conmemorar el centenario de la cantonización de Mejía. Hubo la necesidad de organizar una institución responsable de mantener la integridad y pureza de este espectáculo, para lo cual se conformó la Asociación Cofradía del Chagra (ACOCHA). Es importante señalar que coincidieron tres fechas: las festividades d Santiago Apóstol, santo patrono de Machachi; la erupción del Cotopaxi, y el ya indicado centenario de la nueva jerarquía del cantón Mejía.

La fiesta iniciaba con la publicación del programa, el cual era elaborado por el “Comité de Fiestas;” empezaba con el pregón, que mostraba la figura del chagra y sus caballos vaqueros. Días después varios carteles anunciaban las presentaciones teatrales de la Asociación de Teatreros del Cantón Mejía; sus comedias siempre trataban temas chacareros: “El chagra que casó warmi mala”, “Un chagra curniado y feliz”, “La importancia de llamarse compadre Honorio” y “Entre chalinas y ponchos”. Esta última obra tuvo tanto éxito que el Club Rotario auspició su presentación en el teatro Sucre de la ciudad de Quito.

Como parte de esta fiesta popular y con la debida anticipación, se convocaba a las candidatas a “chagra linda”, concurso galante en el que participaban la chagra del páramo y la chagra del valle. Además se nombraba “chagra del año” a quien hubiese demostrado una gran afición por la vaquería y calidad en su desempeño como ciudadano correcto. El paseo se desarrollaba de tal modo que resaltaba el amor de la ciudadanía hacia el propio espectáculo y concurrir con el atuendo clásico era un orgullo.

Un personaje recordado con cariño fue Segundo Moreta, quien preparaba una carreta halada por bueyes, en donde construía un altar muy solemne; desde allí presidía el paseo “Nuestro Señor de la Santa Escuela”. Se merecía tal reconocimiento por la historia de su misteriosa llegada a Machachi y la creciente devoción de la feligresía machacheña.

Después de aplaudir al “Señor de la Santa Escuela”, la concurrencia se motivaba con la presencia del toro pregonero, un bravío halado por chagras expertos que lo sostenían con sendas huascas para moderar su furia. De inmediato, al paso, al trote o al galope enseñoreaban su porte los caballeros de ACOCHA, elegantes con su vestimenta y en su manera de lucir sus cabalgaduras: caballos criollos y parameros, ensillados con la montura de vaquería, petral, arretranca y grupera, cincha cerda, e incrustado sobre la copa, el clásico pellón que en muchos casos era de doble faz.

Al presenciar este imponente acto procesional, entendí el significado emocional de cumplir con un sueño tendiente a recuperar la imagen del popular chagra como esencia misma de nuestra tradicionalidad mestiza. Dicen que a fuerza de presentar un acto, éste se deteriora y opaca. En nuestro caso se descuidó el atuendo y se abusó del licor. Pero en Machachi existen corazones optimistas que no pierden la fe en que se autentice y rescate el desempeño de los participantes. ” Qué calidad” , decía Javier Fajardo mientras añoraba el porte y la prosa con que desfilaban los que llevaban riendas, bozalillos y martingalas tejidas. ¡Época gloriosa del paseo procesional!

GLOSARIO:

Arretranca: freno
Bozadillos: adorno que se pone a los caballos en el bozo.
Chacarero: dueño de una chacra, relativo a chagra.
Chalán: picador, domador de caballos.
Cincha: banda de cuero que se sujeta a la silla por debajo del vientre de la caballería.
Grupera: almohadilla que se pone en las sillas de montar.
Huasca: ramal que sirve de rienda o látigo.
Martingalas: calzas que llevaban los hombres de armas.
Pellón: palleja curtida que forma parte de la montura.
Warmi: mujer en quichua.

No se si soy parte de ti,
sombrerito chacarero,
alita, cinta y cordón,
con aires de aventurero;
tu ala gacha al viento cortas,
das sombra hasta el corazón,
alegre y conquistador
queda el buen chagra al lucir
tu garbo a la bandolera.

Y tu bufandita al viento,
embozado protector,
del páramo compañera,
dejas caliente mi aliento
y mi lágrima postrera.
Ponchito, coloradito,
Como toditos tenemos,
Antigua y querida prenda de castilla y Huayra-Pungo
¡rico porte de varón!,
grato ponchito que otorgas
tu calor aquí en mi pecho,
no siento hálitos del cerro,
cuando en mis hombros te montas,
me contagias tu amor.

 

 

Chagra zamarro rondero,
Laceador corte rodeante,
Machacheño, cayambeño,
Coraza del buen andante:
Chivo, puma, o cimarrón.
Bota y espuela sonora,
Rasga tiesa y disciplina,
La montura se reanima,
Contacto con la rodaja,
Que va gimiendo cual paja
Que el viento tuerce en la loma….

Tomado de la Revista Terra Incógnita No.18 julio 2002. Si desea conocer más de la revista le invitamos a hacer un click en el siguiente link:

Revista Terra Incognita
 

Raúl Guarderas
REVISTA TERRA INCÓGNITA

Reconozco la suerte de recibir mis herencias, las considero portadoras de una cualidad similar a aquella que fecundó los campos andinos; por eso valoro el privilegio de nuestra Sierra ecuatoriana cuando verifico la presencia de sus hoyas rodeadas de cerros y enriquecidas por los sistemas fluviales que vivifican su fertilidad. Algo me induce a encontrar, en este prodigio, cierta similitud a lo ocurrido con mis ancestros; con gusto acepto estas raíces al sentirlas correr por mi sangre.¡Cuan feliz me siento al percibir las aportaciones genéticas recibidas de los quitu-caranquis y de los incas! Aprecio, al mismo tiempo, el efecto múltiple de las razas llegadas de España y sostenidas por troncos familiares nacidos de los viejos abolengos celtas, berberiscos, moros y demás generaciones latinas prestas a integrar este cuadro multiétnico.

EL SOMBRERO, EL PONCHO Y LOS ZAMARROS SON LAS PRENDAS QUE ACOMPAÑAN DIARIAMENTE A LOS CHAGRAS DE MACHACHI.


CHAGRA MACHACHI

Toda la fantasía de estos fenómenos fundidos con la realidad andina dio a estos parajes cierta vivencia mística, mítica y mágica; tres virtudes telúricas a las que se sumó la realidad equinoccial que, como un milagro, introducía la perpendicularidad de los rayos solares en el vientre mismo de la tierra. Esta variedad de incidencias reales e imaginarias dieron paso al establecimiento de la cultura ‘chagra’, palabra que se presume que viene de chacra (terreno donde se cultiva maíz). Se añade a esto la definición de ‘campesino rústico del altiplano del Ecuador’, presentada por Luis Codero en su diccionario de términos quichuas.

Mis primeros contactos con las costumbres chacareras los tuve con Luis Yánez Reinoso. El era conocido popularmente como el ‘Sordo’ Yánez, quien aparte de ser un buen chalán, usaba la huasca con extraordinaria habilidad. En suma, este personaje se destacó mucho más por sus labores vaqueras que por sus labores agrícolas. Ahora el Sordo Yánez usa un aparatito que le sirve para corregir su sordera, pero hace de éste un uso muy cómico, pues lo conecta y desconecta de acuerdo a lo que quiere escuchar.

‘Cuando presiento que hablan boberías, yo me saco la cornetita’. Es así como un día apareció un desconocido que se unió a nuestro grupo y se presentó, mas el sordito no escuchó su nombre y le pidió que lo repitiera: ‘Yo soy Casimiro -le grito el recién llegado’. Jo, jo, jo -se río Lucho- usted es casi-miro, en cambio yo soy casi-sordo’. Continúa este maestro con la calidad ejemplar que caracteriza al chagra legítimo: enamorador, contador de anécdotas, curioso, preocupado…

Lucho me acompañó siempre en el “Paseo Procesional del Chagra”, auténtico espectáculo criollo que tuvo su origen en Machachi como remembranza de la erupción del volcán Cotopaxi, ocurrida en el año 1877. por ventura, de un modo milagroso, el gran Pasochoa y el Rumiñahui salvaron a los pobladores de Tambillo y Machachi de sufrir los terribles efectos de dicho acontecimiento, producto de los enojos de la naturaleza. Los pobladores esperaron pacientemente a que la cúspide del volcán Cotopaxi se cubriera nuevamente de nieve y, cuando esto aconteció, optaron por realizar una minga ganadera, cuya misión era recoger, corralear y conducir a los lugares de origen a las reses, equinos y otros animales domésticos que se desperdigaron con el suceso.

Para la ejecución de dicha labor se formaron tres grupos importantes: el primero se responsabilizó de conducir los animales hacia los sectores aledaños a Latacunga, el segundo a Los Chillos y el tercero se encargó de subirlos al Pedregal. Las anécdotas y peripecias que pasaron en aquellos viajes hicieron que durante tres años se reuniesen los protagonistas a comentar lo ocurrido en esas jornadas. Luego de un tiempo, empezaron a producirse problemas políticos que terminaron con la guerra civil, de la cual el general Eloy Alfaro fue el triunfador.

Casi un siglo más tarde, mentalizamos y ejecutamos el primer “Paseo Procesional del Chagra” para conmemorar el centenario de la cantonización de Mejía. Hubo la necesidad de organizar una institución responsable de mantener la integridad y pureza de este espectáculo, para lo cual se conformó la Asociación Cofradía del Chagra (ACOCHA). Es importante señalar que coincidieron tres fechas: las festividades d Santiago Apóstol, santo patrono de Machachi; la erupción del Cotopaxi, y el ya indicado centenario de la nueva jerarquía del cantón Mejía.

La fiesta iniciaba con la publicación del programa, el cual era elaborado por el “Comité de Fiestas;” empezaba con el pregón, que mostraba la figura del chagra y sus caballos vaqueros. Días después varios carteles anunciaban las presentaciones teatrales de la Asociación de Teatreros del Cantón Mejía; sus comedias siempre trataban temas chacareros: “El chagra que casó warmi mala”, “Un chagra curniado y feliz”, “La importancia de llamarse compadre Honorio” y “Entre chalinas y ponchos”. Esta última obra tuvo tanto éxito que el Club Rotario auspició su presentación en el teatro Sucre de la ciudad de Quito.

Como parte de esta fiesta popular y con la debida anticipación, se convocaba a las candidatas a “chagra linda”, concurso galante en el que participaban la chagra del páramo y la chagra del valle. Además se nombraba “chagra del año” a quien hubiese demostrado una gran afición por la vaquería y calidad en su desempeño como ciudadano correcto. El paseo se desarrollaba de tal modo que resaltaba el amor de la ciudadanía hacia el propio espectáculo y concurrir con el atuendo clásico era un orgullo.

Un personaje recordado con cariño fue Segundo Moreta, quien preparaba una carreta halada por bueyes, en donde construía un altar muy solemne; desde allí presidía el paseo “Nuestro Señor de la Santa Escuela”. Se merecía tal reconocimiento por la historia de su misteriosa llegada a Machachi y la creciente devoción de la feligresía machacheña.

Después de aplaudir al “Señor de la Santa Escuela”, la concurrencia se motivaba con la presencia del toro pregonero, un bravío halado por chagras expertos que lo sostenían con sendas huascas para moderar su furia. De inmediato, al paso, al trote o al galope enseñoreaban su porte los caballeros de ACOCHA, elegantes con su vestimenta y en su manera de lucir sus cabalgaduras: caballos criollos y parameros, ensillados con la montura de vaquería, petral, arretranca y grupera, cincha cerda, e incrustado sobre la copa, el clásico pellón que en muchos casos era de doble faz.

Al presenciar este imponente acto procesional, entendí el significado emocional de cumplir con un sueño tendiente a recuperar la imagen del popular chagra como esencia misma de nuestra tradicionalidad mestiza. Dicen que a fuerza de presentar un acto, éste se deteriora y opaca. En nuestro caso se descuidó el atuendo y se abusó del licor. Pero en Machachi existen corazones optimistas que no pierden la fe en que se autentice y rescate el desempeño de los participantes. ” Qué calidad” , decía Javier Fajardo mientras añoraba el porte y la prosa con que desfilaban los que llevaban riendas, bozalillos y martingalas tejidas. ¡Época gloriosa del paseo procesional!

GLOSARIO:

Arretranca: freno
Bozadillos: adorno que se pone a los caballos en el bozo.
Chacarero: dueño de una chacra, relativo a chagra.
Chalán: picador, domador de caballos.
Cincha: banda de cuero que se sujeta a la silla por debajo del vientre de la caballería.
Grupera: almohadilla que se pone en las sillas de montar.
Huasca: ramal que sirve de rienda o látigo.
Martingalas: calzas que llevaban los hombres de armas.
Pellón: palleja curtida que forma parte de la montura.
Warmi: mujer en quichua.

No se si soy parte de ti,
sombrerito chacarero,
alita, cinta y cordón,
con aires de aventurero;
tu ala gacha al viento cortas,
das sombra hasta el corazón,
alegre y conquistador
queda el buen chagra al lucir
tu garbo a la bandolera.

Y tu bufandita al viento,
embozado protector,
del páramo compañera,
dejas caliente mi aliento
y mi lágrima postrera.
Ponchito, coloradito,
Como toditos tenemos,
Antigua y querida prenda de castilla y Huayra-Pungo
¡rico porte de varón!,
grato ponchito que otorgas
tu calor aquí en mi pecho,
no siento hálitos del cerro,
cuando en mis hombros te montas,
me contagias tu amor.

 

 

Chagra zamarro rondero,
Laceador corte rodeante,
Machacheño, cayambeño,
Coraza del buen andante:
Chivo, puma, o cimarrón.
Bota y espuela sonora,
Rasga tiesa y disciplina,
La montura se reanima,
Contacto con la rodaja,
Que va gimiendo cual paja
Que el viento tuerce en la loma….

Tomado de la Revista Terra Incógnita No.18 julio 2002. Si desea conocer más de la revista le invitamos a hacer un click en el siguiente link:

Revista Terra Incognita
 

Raúl Guarderas
REVISTA TERRA INCÓGNITA

Reconozco la suerte de recibir mis herencias, las considero portadoras de una cualidad similar a aquella que fecundó los campos andinos; por eso valoro el privilegio de nuestra Sierra ecuatoriana cuando verifico la presencia de sus hoyas rodeadas de cerros y enriquecidas por los sistemas fluviales que vivifican su fertilidad. Algo me induce a encontrar, en este prodigio, cierta similitud a lo ocurrido con mis ancestros; con gusto acepto estas raíces al sentirlas correr por mi sangre.¡Cuan feliz me siento al percibir las aportaciones genéticas recibidas de los quitu-caranquis y de los incas! Aprecio, al mismo tiempo, el efecto múltiple de las razas llegadas de España y sostenidas por troncos familiares nacidos de los viejos abolengos celtas, berberiscos, moros y demás generaciones latinas prestas a integrar este cuadro multiétnico.

EL SOMBRERO, EL PONCHO Y LOS ZAMARROS SON LAS PRENDAS QUE ACOMPAÑAN DIARIAMENTE A LOS CHAGRAS DE MACHACHI.


CHAGRA MACHACHI

Toda la fantasía de estos fenómenos fundidos con la realidad andina dio a estos parajes cierta vivencia mística, mítica y mágica; tres virtudes telúricas a las que se sumó la realidad equinoccial que, como un milagro, introducía la perpendicularidad de los rayos solares en el vientre mismo de la tierra. Esta variedad de incidencias reales e imaginarias dieron paso al establecimiento de la cultura ‘chagra’, palabra que se presume que viene de chacra (terreno donde se cultiva maíz). Se añade a esto la definición de ‘campesino rústico del altiplano del Ecuador’, presentada por Luis Codero en su diccionario de términos quichuas.

Mis primeros contactos con las costumbres chacareras los tuve con Luis Yánez Reinoso. El era conocido popularmente como el ‘Sordo’ Yánez, quien aparte de ser un buen chalán, usaba la huasca con extraordinaria habilidad. En suma, este personaje se destacó mucho más por sus labores vaqueras que por sus labores agrícolas. Ahora el Sordo Yánez usa un aparatito que le sirve para corregir su sordera, pero hace de éste un uso muy cómico, pues lo conecta y desconecta de acuerdo a lo que quiere escuchar.

‘Cuando presiento que hablan boberías, yo me saco la cornetita’. Es así como un día apareció un desconocido que se unió a nuestro grupo y se presentó, mas el sordito no escuchó su nombre y le pidió que lo repitiera: ‘Yo soy Casimiro -le grito el recién llegado’. Jo, jo, jo -se río Lucho- usted es casi-miro, en cambio yo soy casi-sordo’. Continúa este maestro con la calidad ejemplar que caracteriza al chagra legítimo: enamorador, contador de anécdotas, curioso, preocupado…

Lucho me acompañó siempre en el “Paseo Procesional del Chagra”, auténtico espectáculo criollo que tuvo su origen en Machachi como remembranza de la erupción del volcán Cotopaxi, ocurrida en el año 1877. por ventura, de un modo milagroso, el gran Pasochoa y el Rumiñahui salvaron a los pobladores de Tambillo y Machachi de sufrir los terribles efectos de dicho acontecimiento, producto de los enojos de la naturaleza. Los pobladores esperaron pacientemente a que la cúspide del volcán Cotopaxi se cubriera nuevamente de nieve y, cuando esto aconteció, optaron por realizar una minga ganadera, cuya misión era recoger, corralear y conducir a los lugares de origen a las reses, equinos y otros animales domésticos que se desperdigaron con el suceso.

Para la ejecución de dicha labor se formaron tres grupos importantes: el primero se responsabilizó de conducir los animales hacia los sectores aledaños a Latacunga, el segundo a Los Chillos y el tercero se encargó de subirlos al Pedregal. Las anécdotas y peripecias que pasaron en aquellos viajes hicieron que durante tres años se reuniesen los protagonistas a comentar lo ocurrido en esas jornadas. Luego de un tiempo, empezaron a producirse problemas políticos que terminaron con la guerra civil, de la cual el general Eloy Alfaro fue el triunfador.

Casi un siglo más tarde, mentalizamos y ejecutamos el primer “Paseo Procesional del Chagra” para conmemorar el centenario de la cantonización de Mejía. Hubo la necesidad de organizar una institución responsable de mantener la integridad y pureza de este espectáculo, para lo cual se conformó la Asociación Cofradía del Chagra (ACOCHA). Es importante señalar que coincidieron tres fechas: las festividades d Santiago Apóstol, santo patrono de Machachi; la erupción del Cotopaxi, y el ya indicado centenario de la nueva jerarquía del cantón Mejía.

La fiesta iniciaba con la publicación del programa, el cual era elaborado por el “Comité de Fiestas;” empezaba con el pregón, que mostraba la figura del chagra y sus caballos vaqueros. Días después varios carteles anunciaban las presentaciones teatrales de la Asociación de Teatreros del Cantón Mejía; sus comedias siempre trataban temas chacareros: “El chagra que casó warmi mala”, “Un chagra curniado y feliz”, “La importancia de llamarse compadre Honorio” y “Entre chalinas y ponchos”. Esta última obra tuvo tanto éxito que el Club Rotario auspició su presentación en el teatro Sucre de la ciudad de Quito.

Como parte de esta fiesta popular y con la debida anticipación, se convocaba a las candidatas a “chagra linda”, concurso galante en el que participaban la chagra del páramo y la chagra del valle. Además se nombraba “chagra del año” a quien hubiese demostrado una gran afición por la vaquería y calidad en su desempeño como ciudadano correcto. El paseo se desarrollaba de tal modo que resaltaba el amor de la ciudadanía hacia el propio espectáculo y concurrir con el atuendo clásico era un orgullo.

Un personaje recordado con cariño fue Segundo Moreta, quien preparaba una carreta halada por bueyes, en donde construía un altar muy solemne; desde allí presidía el paseo “Nuestro Señor de la Santa Escuela”. Se merecía tal reconocimiento por la historia de su misteriosa llegada a Machachi y la creciente devoción de la feligresía machacheña.

Después de aplaudir al “Señor de la Santa Escuela”, la concurrencia se motivaba con la presencia del toro pregonero, un bravío halado por chagras expertos que lo sostenían con sendas huascas para moderar su furia. De inmediato, al paso, al trote o al galope enseñoreaban su porte los caballeros de ACOCHA, elegantes con su vestimenta y en su manera de lucir sus cabalgaduras: caballos criollos y parameros, ensillados con la montura de vaquería, petral, arretranca y grupera, cincha cerda, e incrustado sobre la copa, el clásico pellón que en muchos casos era de doble faz.

Al presenciar este imponente acto procesional, entendí el significado emocional de cumplir con un sueño tendiente a recuperar la imagen del popular chagra como esencia misma de nuestra tradicionalidad mestiza. Dicen que a fuerza de presentar un acto, éste se deteriora y opaca. En nuestro caso se descuidó el atuendo y se abusó del licor. Pero en Machachi existen corazones optimistas que no pierden la fe en que se autentice y rescate el desempeño de los participantes. ” Qué calidad” , decía Javier Fajardo mientras añoraba el porte y la prosa con que desfilaban los que llevaban riendas, bozalillos y martingalas tejidas. ¡Época gloriosa del paseo procesional!

GLOSARIO:

Arretranca: freno
Bozadillos: adorno que se pone a los caballos en el bozo.
Chacarero: dueño de una chacra, relativo a chagra.
Chalán: picador, domador de caballos.
Cincha: banda de cuero que se sujeta a la silla por debajo del vientre de la caballería.
Grupera: almohadilla que se pone en las sillas de montar.
Huasca: ramal que sirve de rienda o látigo.
Martingalas: calzas que llevaban los hombres de armas.
Pellón: palleja curtida que forma parte de la montura.
Warmi: mujer en quichua.

No se si soy parte de ti,
sombrerito chacarero,
alita, cinta y cordón,
con aires de aventurero;
tu ala gacha al viento cortas,
das sombra hasta el corazón,
alegre y conquistador
queda el buen chagra al lucir
tu garbo a la bandolera.

Y tu bufandita al viento,
embozado protector,
del páramo compañera,
dejas caliente mi aliento
y mi lágrima postrera.
Ponchito, coloradito,
Como toditos tenemos,
Antigua y querida prenda de castilla y Huayra-Pungo
¡rico porte de varón!,
grato ponchito que otorgas
tu calor aquí en mi pecho,
no siento hálitos del cerro,
cuando en mis hombros te montas,
me contagias tu amor.

 

 

Chagra zamarro rondero,
Laceador corte rodeante,
Machacheño, cayambeño,
Coraza del buen andante:
Chivo, puma, o cimarrón.
Bota y espuela sonora,
Rasga tiesa y disciplina,
La montura se reanima,
Contacto con la rodaja,
Que va gimiendo cual paja
Que el viento tuerce en la loma….

Tomado de la Revista Terra Incógnita No.18 julio 2002. Si desea conocer más de la revista le invitamos a hacer un click en el siguiente link:

Revista Terra Incognita
 

Raúl Guarderas
REVISTA TERRA INCÓGNITA

Reconozco la suerte de recibir mis herencias, las considero portadoras de una cualidad similar a aquella que fecundó los campos andinos; por eso valoro el privilegio de nuestra Sierra ecuatoriana cuando verifico la presencia de sus hoyas rodeadas de cerros y enriquecidas por los sistemas fluviales que vivifican su fertilidad. Algo me induce a encontrar, en este prodigio, cierta similitud a lo ocurrido con mis ancestros; con gusto acepto estas raíces al sentirlas correr por mi sangre.¡Cuan feliz me siento al percibir las aportaciones genéticas recibidas de los quitu-caranquis y de los incas! Aprecio, al mismo tiempo, el efecto múltiple de las razas llegadas de España y sostenidas por troncos familiares nacidos de los viejos abolengos celtas, berberiscos, moros y demás generaciones latinas prestas a integrar este cuadro multiétnico.

EL SOMBRERO, EL PONCHO Y LOS ZAMARROS SON LAS PRENDAS QUE ACOMPAÑAN DIARIAMENTE A LOS CHAGRAS DE MACHACHI.


CHAGRA MACHACHI

Toda la fantasía de estos fenómenos fundidos con la realidad andina dio a estos parajes cierta vivencia mística, mítica y mágica; tres virtudes telúricas a las que se sumó la realidad equinoccial que, como un milagro, introducía la perpendicularidad de los rayos solares en el vientre mismo de la tierra. Esta variedad de incidencias reales e imaginarias dieron paso al establecimiento de la cultura ‘chagra’, palabra que se presume que viene de chacra (terreno donde se cultiva maíz). Se añade a esto la definición de ‘campesino rústico del altiplano del Ecuador’, presentada por Luis Codero en su diccionario de términos quichuas.

Mis primeros contactos con las costumbres chacareras los tuve con Luis Yánez Reinoso. El era conocido popularmente como el ‘Sordo’ Yánez, quien aparte de ser un buen chalán, usaba la huasca con extraordinaria habilidad. En suma, este personaje se destacó mucho más por sus labores vaqueras que por sus labores agrícolas. Ahora el Sordo Yánez usa un aparatito que le sirve para corregir su sordera, pero hace de éste un uso muy cómico, pues lo conecta y desconecta de acuerdo a lo que quiere escuchar.

‘Cuando presiento que hablan boberías, yo me saco la cornetita’. Es así como un día apareció un desconocido que se unió a nuestro grupo y se presentó, mas el sordito no escuchó su nombre y le pidió que lo repitiera: ‘Yo soy Casimiro -le grito el recién llegado’. Jo, jo, jo -se río Lucho- usted es casi-miro, en cambio yo soy casi-sordo’. Continúa este maestro con la calidad ejemplar que caracteriza al chagra legítimo: enamorador, contador de anécdotas, curioso, preocupado…

Lucho me acompañó siempre en el “Paseo Procesional del Chagra”, auténtico espectáculo criollo que tuvo su origen en Machachi como remembranza de la erupción del volcán Cotopaxi, ocurrida en el año 1877. por ventura, de un modo milagroso, el gran Pasochoa y el Rumiñahui salvaron a los pobladores de Tambillo y Machachi de sufrir los terribles efectos de dicho acontecimiento, producto de los enojos de la naturaleza. Los pobladores esperaron pacientemente a que la cúspide del volcán Cotopaxi se cubriera nuevamente de nieve y, cuando esto aconteció, optaron por realizar una minga ganadera, cuya misión era recoger, corralear y conducir a los lugares de origen a las reses, equinos y otros animales domésticos que se desperdigaron con el suceso.

Para la ejecución de dicha labor se formaron tres grupos importantes: el primero se responsabilizó de conducir los animales hacia los sectores aledaños a Latacunga, el segundo a Los Chillos y el tercero se encargó de subirlos al Pedregal. Las anécdotas y peripecias que pasaron en aquellos viajes hicieron que durante tres años se reuniesen los protagonistas a comentar lo ocurrido en esas jornadas. Luego de un tiempo, empezaron a producirse problemas políticos que terminaron con la guerra civil, de la cual el general Eloy Alfaro fue el triunfador.

Casi un siglo más tarde, mentalizamos y ejecutamos el primer “Paseo Procesional del Chagra” para conmemorar el centenario de la cantonización de Mejía. Hubo la necesidad de organizar una institución responsable de mantener la integridad y pureza de este espectáculo, para lo cual se conformó la Asociación Cofradía del Chagra (ACOCHA). Es importante señalar que coincidieron tres fechas: las festividades d Santiago Apóstol, santo patrono de Machachi; la erupción del Cotopaxi, y el ya indicado centenario de la nueva jerarquía del cantón Mejía.

La fiesta iniciaba con la publicación del programa, el cual era elaborado por el “Comité de Fiestas;” empezaba con el pregón, que mostraba la figura del chagra y sus caballos vaqueros. Días después varios carteles anunciaban las presentaciones teatrales de la Asociación de Teatreros del Cantón Mejía; sus comedias siempre trataban temas chacareros: “El chagra que casó warmi mala”, “Un chagra curniado y feliz”, “La importancia de llamarse compadre Honorio” y “Entre chalinas y ponchos”. Esta última obra tuvo tanto éxito que el Club Rotario auspició su presentación en el teatro Sucre de la ciudad de Quito.

Como parte de esta fiesta popular y con la debida anticipación, se convocaba a las candidatas a “chagra linda”, concurso galante en el que participaban la chagra del páramo y la chagra del valle. Además se nombraba “chagra del año” a quien hubiese demostrado una gran afición por la vaquería y calidad en su desempeño como ciudadano correcto. El paseo se desarrollaba de tal modo que resaltaba el amor de la ciudadanía hacia el propio espectáculo y concurrir con el atuendo clásico era un orgullo.

Un personaje recordado con cariño fue Segundo Moreta, quien preparaba una carreta halada por bueyes, en donde construía un altar muy solemne; desde allí presidía el paseo “Nuestro Señor de la Santa Escuela”. Se merecía tal reconocimiento por la historia de su misteriosa llegada a Machachi y la creciente devoción de la feligresía machacheña.

Después de aplaudir al “Señor de la Santa Escuela”, la concurrencia se motivaba con la presencia del toro pregonero, un bravío halado por chagras expertos que lo sostenían con sendas huascas para moderar su furia. De inmediato, al paso, al trote o al galope enseñoreaban su porte los caballeros de ACOCHA, elegantes con su vestimenta y en su manera de lucir sus cabalgaduras: caballos criollos y parameros, ensillados con la montura de vaquería, petral, arretranca y grupera, cincha cerda, e incrustado sobre la copa, el clásico pellón que en muchos casos era de doble faz.

Al presenciar este imponente acto procesional, entendí el significado emocional de cumplir con un sueño tendiente a recuperar la imagen del popular chagra como esencia misma de nuestra tradicionalidad mestiza. Dicen que a fuerza de presentar un acto, éste se deteriora y opaca. En nuestro caso se descuidó el atuendo y se abusó del licor. Pero en Machachi existen corazones optimistas que no pierden la fe en que se autentice y rescate el desempeño de los participantes. ” Qué calidad” , decía Javier Fajardo mientras añoraba el porte y la prosa con que desfilaban los que llevaban riendas, bozalillos y martingalas tejidas. ¡Época gloriosa del paseo procesional!

GLOSARIO:

Arretranca: freno
Bozadillos: adorno que se pone a los caballos en el bozo.
Chacarero: dueño de una chacra, relativo a chagra.
Chalán: picador, domador de caballos.
Cincha: banda de cuero que se sujeta a la silla por debajo del vientre de la caballería.
Grupera: almohadilla que se pone en las sillas de montar.
Huasca: ramal que sirve de rienda o látigo.
Martingalas: calzas que llevaban los hombres de armas.
Pellón: palleja curtida que forma parte de la montura.
Warmi: mujer en quichua.

No se si soy parte de ti,
sombrerito chacarero,
alita, cinta y cordón,
con aires de aventurero;
tu ala gacha al viento cortas,
das sombra hasta el corazón,
alegre y conquistador
queda el buen chagra al lucir
tu garbo a la bandolera.

Y tu bufandita al viento,
embozado protector,
del páramo compañera,
dejas caliente mi aliento
y mi lágrima postrera.
Ponchito, coloradito,
Como toditos tenemos,
Antigua y querida prenda de castilla y Huayra-Pungo
¡rico porte de varón!,
grato ponchito que otorgas
tu calor aquí en mi pecho,
no siento hálitos del cerro,
cuando en mis hombros te montas,
me contagias tu amor.

 

 

Chagra zamarro rondero,
Laceador corte rodeante,
Machacheño, cayambeño,
Coraza del buen andante:
Chivo, puma, o cimarrón.
Bota y espuela sonora,
Rasga tiesa y disciplina,
La montura se reanima,
Contacto con la rodaja,
Que va gimiendo cual paja
Que el viento tuerce en la loma….

Tomado de la Revista Terra Incógnita No.18 julio 2002. Si desea conocer más de la revista le invitamos a hacer un click en el siguiente link:

Revista Terra Incognita
 

Raúl Guarderas
REVISTA TERRA INCÓGNITA

Reconozco la suerte de recibir mis herencias, las considero portadoras de una cualidad similar a aquella que fecundó los campos andinos; por eso valoro el privilegio de nuestra Sierra ecuatoriana cuando verifico la presencia de sus hoyas rodeadas de cerros y enriquecidas por los sistemas fluviales que vivifican su fertilidad. Algo me induce a encontrar, en este prodigio, cierta similitud a lo ocurrido con mis ancestros; con gusto acepto estas raíces al sentirlas correr por mi sangre.¡Cuan feliz me siento al percibir las aportaciones genéticas recibidas de los quitu-caranquis y de los incas! Aprecio, al mismo tiempo, el efecto múltiple de las razas llegadas de España y sostenidas por troncos familiares nacidos de los viejos abolengos celtas, berberiscos, moros y demás generaciones latinas prestas a integrar este cuadro multiétnico.

EL SOMBRERO, EL PONCHO Y LOS ZAMARROS SON LAS PRENDAS QUE ACOMPAÑAN DIARIAMENTE A LOS CHAGRAS DE MACHACHI.


CHAGRA MACHACHI

Toda la fantasía de estos fenómenos fundidos con la realidad andina dio a estos parajes cierta vivencia mística, mítica y mágica; tres virtudes telúricas a las que se sumó la realidad equinoccial que, como un milagro, introducía la perpendicularidad de los rayos solares en el vientre mismo de la tierra. Esta variedad de incidencias reales e imaginarias dieron paso al establecimiento de la cultura ‘chagra’, palabra que se presume que viene de chacra (terreno donde se cultiva maíz). Se añade a esto la definición de ‘campesino rústico del altiplano del Ecuador’, presentada por Luis Codero en su diccionario de términos quichuas.

Mis primeros contactos con las costumbres chacareras los tuve con Luis Yánez Reinoso. El era conocido popularmente como el ‘Sordo’ Yánez, quien aparte de ser un buen chalán, usaba la huasca con extraordinaria habilidad. En suma, este personaje se destacó mucho más por sus labores vaqueras que por sus labores agrícolas. Ahora el Sordo Yánez usa un aparatito que le sirve para corregir su sordera, pero hace de éste un uso muy cómico, pues lo conecta y desconecta de acuerdo a lo que quiere escuchar.

‘Cuando presiento que hablan boberías, yo me saco la cornetita’. Es así como un día apareció un desconocido que se unió a nuestro grupo y se presentó, mas el sordito no escuchó su nombre y le pidió que lo repitiera: ‘Yo soy Casimiro -le grito el recién llegado’. Jo, jo, jo -se río Lucho- usted es casi-miro, en cambio yo soy casi-sordo’. Continúa este maestro con la calidad ejemplar que caracteriza al chagra legítimo: enamorador, contador de anécdotas, curioso, preocupado…

Lucho me acompañó siempre en el “Paseo Procesional del Chagra”, auténtico espectáculo criollo que tuvo su origen en Machachi como remembranza de la erupción del volcán Cotopaxi, ocurrida en el año 1877. por ventura, de un modo milagroso, el gran Pasochoa y el Rumiñahui salvaron a los pobladores de Tambillo y Machachi de sufrir los terribles efectos de dicho acontecimiento, producto de los enojos de la naturaleza. Los pobladores esperaron pacientemente a que la cúspide del volcán Cotopaxi se cubriera nuevamente de nieve y, cuando esto aconteció, optaron por realizar una minga ganadera, cuya misión era recoger, corralear y conducir a los lugares de origen a las reses, equinos y otros animales domésticos que se desperdigaron con el suceso.

Para la ejecución de dicha labor se formaron tres grupos importantes: el primero se responsabilizó de conducir los animales hacia los sectores aledaños a Latacunga, el segundo a Los Chillos y el tercero se encargó de subirlos al Pedregal. Las anécdotas y peripecias que pasaron en aquellos viajes hicieron que durante tres años se reuniesen los protagonistas a comentar lo ocurrido en esas jornadas. Luego de un tiempo, empezaron a producirse problemas políticos que terminaron con la guerra civil, de la cual el general Eloy Alfaro fue el triunfador.

Casi un siglo más tarde, mentalizamos y ejecutamos el primer “Paseo Procesional del Chagra” para conmemorar el centenario de la cantonización de Mejía. Hubo la necesidad de organizar una institución responsable de mantener la integridad y pureza de este espectáculo, para lo cual se conformó la Asociación Cofradía del Chagra (ACOCHA). Es importante señalar que coincidieron tres fechas: las festividades d Santiago Apóstol, santo patrono de Machachi; la erupción del Cotopaxi, y el ya indicado centenario de la nueva jerarquía del cantón Mejía.

La fiesta iniciaba con la publicación del programa, el cual era elaborado por el “Comité de Fiestas;” empezaba con el pregón, que mostraba la figura del chagra y sus caballos vaqueros. Días después varios carteles anunciaban las presentaciones teatrales de la Asociación de Teatreros del Cantón Mejía; sus comedias siempre trataban temas chacareros: “El chagra que casó warmi mala”, “Un chagra curniado y feliz”, “La importancia de llamarse compadre Honorio” y “Entre chalinas y ponchos”. Esta última obra tuvo tanto éxito que el Club Rotario auspició su presentación en el teatro Sucre de la ciudad de Quito.

Como parte de esta fiesta popular y con la debida anticipación, se convocaba a las candidatas a “chagra linda”, concurso galante en el que participaban la chagra del páramo y la chagra del valle. Además se nombraba “chagra del año” a quien hubiese demostrado una gran afición por la vaquería y calidad en su desempeño como ciudadano correcto. El paseo se desarrollaba de tal modo que resaltaba el amor de la ciudadanía hacia el propio espectáculo y concurrir con el atuendo clásico era un orgullo.

Un personaje recordado con cariño fue Segundo Moreta, quien preparaba una carreta halada por bueyes, en donde construía un altar muy solemne; desde allí presidía el paseo “Nuestro Señor de la Santa Escuela”. Se merecía tal reconocimiento por la historia de su misteriosa llegada a Machachi y la creciente devoción de la feligresía machacheña.

Después de aplaudir al “Señor de la Santa Escuela”, la concurrencia se motivaba con la presencia del toro pregonero, un bravío halado por chagras expertos que lo sostenían con sendas huascas para moderar su furia. De inmediato, al paso, al trote o al galope enseñoreaban su porte los caballeros de ACOCHA, elegantes con su vestimenta y en su manera de lucir sus cabalgaduras: caballos criollos y parameros, ensillados con la montura de vaquería, petral, arretranca y grupera, cincha cerda, e incrustado sobre la copa, el clásico pellón que en muchos casos era de doble faz.

Al presenciar este imponente acto procesional, entendí el significado emocional de cumplir con un sueño tendiente a recuperar la imagen del popular chagra como esencia misma de nuestra tradicionalidad mestiza. Dicen que a fuerza de presentar un acto, éste se deteriora y opaca. En nuestro caso se descuidó el atuendo y se abusó del licor. Pero en Machachi existen corazones optimistas que no pierden la fe en que se autentice y rescate el desempeño de los participantes. ” Qué calidad” , decía Javier Fajardo mientras añoraba el porte y la prosa con que desfilaban los que llevaban riendas, bozalillos y martingalas tejidas. ¡Época gloriosa del paseo procesional!

GLOSARIO:

Arretranca: freno
Bozadillos: adorno que se pone a los caballos en el bozo.
Chacarero: dueño de una chacra, relativo a chagra.
Chalán: picador, domador de caballos.
Cincha: banda de cuero que se sujeta a la silla por debajo del vientre de la caballería.
Grupera: almohadilla que se pone en las sillas de montar.
Huasca: ramal que sirve de rienda o látigo.
Martingalas: calzas que llevaban los hombres de armas.
Pellón: palleja curtida que forma parte de la montura.
Warmi: mujer en quichua.

No se si soy parte de ti,
sombrerito chacarero,
alita, cinta y cordón,
con aires de aventurero;
tu ala gacha al viento cortas,
das sombra hasta el corazón,
alegre y conquistador
queda el buen chagra al lucir
tu garbo a la bandolera.

Y tu bufandita al viento,
embozado protector,
del páramo compañera,
dejas caliente mi aliento
y mi lágrima postrera.
Ponchito, coloradito,
Como toditos tenemos,
Antigua y querida prenda de castilla y Huayra-Pungo
¡rico porte de varón!,
grato ponchito que otorgas
tu calor aquí en mi pecho,
no siento hálitos del cerro,
cuando en mis hombros te montas,
me contagias tu amor.

 

 

Chagra zamarro rondero,
Laceador corte rodeante,
Machacheño, cayambeño,
Coraza del buen andante:
Chivo, puma, o cimarrón.
Bota y espuela sonora,
Rasga tiesa y disciplina,
La montura se reanima,
Contacto con la rodaja,
Que va gimiendo cual paja
Que el viento tuerce en la loma….

Tomado de la Revista Terra Incógnita No.18 julio 2002. Si desea conocer más de la revista le invitamos a hacer un click en el siguiente link:

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