Entrevista con Rosalino Quintero

Rosalino Quintero no parece que tuviera 76 años. Parece  el niño entusiasta a quien  le fascinó la guitarra y nunca la dejó.  Ya lleva más de medio siglo en la música y acompañó a las grandes figuras como Julio Jaramillo, los  Miño Naranjo, el dúo Benítez y Valencia y otros.

Jovial y tranquilo, Rosalino, uno de los mejores exponentes del requinto de Ecuador y América, está feliz en su oficio: dirigir la Rondalla de la Espol, ayudar a que los jóvenes amen nuestros ritmos y guiarlos con la sapiencia de los años.  “Para qué soy bueno”, dice.

¿Cómo llegó a la guitarra?

Soy cuencano. A la edad de seis años ya tuve afición por la guitarra. A los 12    trabajaba como profesional, con mi hermano cantaba  música nacional. Desde niño me fascinaba la guitarra. A mi padre, Eloy Quintero, no le gustaba, pero yo insistí y aceptó.

Mi tesis
“Difundir la música nacional siempre.  Quiero pasar muchos años en la música y enseñar a los jóvenes”.

Mi lugar
“Me encantan los paisajes  de la  Sierra, Cuenca. Disfruto mucho en Quito y, claro, en Guayaquil”.

Mi credo
“Enseñar a los jóvenes a que amen nuestra música. Con los chicos de la Espol ya grabamos un CD.  ”

Mi pasión
“La música. Me siento varias horas a tocar mi requinto y  a escuchar música; soy feliz interpretando”.

Su vida en 15 líneas
Tiene 76 años.    Conoció a Julio Jaramillo en 1955 y lo acompañó hasta su muerte, en 1978. Toda una vida dedicada al requinto y a la guitarra. Ha grabado cientos de discos junto a reconocidos artistas. No olvida que en los restaurantes Costa, de Nilo Blacio, y Flamingo se reunían los artistas a charlar y a firmar contratos. Allá iban: Walter Calero, Pepe Salcedo, JJ, Toño Cajamarca. Con la Rondalla de la Espol grabó un disco.

Decía que era una profesión de bohemios. No era eso, a mí me gustaba mucho la guitarra.

¿Por qué le picó el gusto a los seis años?

Bueno, mi padre tocaba guitarra, piano, bandoneón y acordeón. Había una raíz musical. Mi hermano de madre, Joel Alvarado, ya tocaba y cantaba. A los 12 años me arrimé a él para seguir dando mis pasos profesionales.

¿Joel tenía un grupo?

Sí, nos dirigía un alemán, de apellido Lichtenstein. Con los dos trabajé tres años. Ahí me inicié.

¿No pasó por ninguna  academia o escuela de música?

No. Solo miraba al uno y al otro. Ahí aprendí.

¿Qué música interpretaba en 1942?

Los boleros, las congas, las guarachas, la música americana y brasileña. A los 14 años me incorporé a un trío, Los Campiranos, de Cuenca. Uno de los más animados era Luis Chalco, quien aún canta en los Locos del ritmo. Y con José Molina, quien falleció. En 1946 y 1947 imitábamos a Los Panchos y a los Tres Calaveras.

¿Cuándo desembarcó en Guayaquil?

Al Puerto llegué en 1 950. Yo tenía 20 años. Fue mi destino. Aquí vivía mi suegro, Enrique Sanmartín. Me ayudó durante tres meses.

No conseguía trabajo. Por fin encontré a un amigo, Fernando Maridueña, quien me hizo contactos con músicos.  Maridueña era la primera voz del trío Del Caribe de Guayaquil. Nos conocimos en 1949, cuando se inauguró la fiesta de la fruta en Ambato. Yo actuaba con Los Campiranos.

Aprendió joyería, ¿por qué dejó el oficio?

Así es. En Cuenca trabajé cuatro años de joyero. Mi madre, Dolores Castro, dijo que aprendiera un oficio; “de la música no vas a vivir”, aconsejaba.

¿La guitarra pudo más?

La joyería me gustaba, seguía la tradición de Cuenca, pero la música fue mi pasión, me cautivó.

¿Guayaquil se convirtió en su otra pasión?

Sí. Aquí formé el trío Los Latinos con Jorge González, quien trabajaba en el Agua Potable, y Eduardo Elizalde, ex empleado del Banco Central. Fernando Maridueña me llevó a ellos. El primer día que toqué aquí me aplaudieron mucho. Fue en Radio Atalaya. Es un recuerdo muy lindo. Pensé: esta es mi casa. La gente me  trata con mucho cariño. Me siento feliz aquí.

¿Cuáles son los secretos para dominar al requinto?

La persona que quiere interpretar requinto, primero debe aprender guitarra.

¿Por qué?

Porque si domina los acordes de la guitarra domina el requinto y saca melodías. El requinto tiene dos tonos y medio más altos que la guitarra. Por eso el sonido es más agudo. Es un instrumento más pequeño. Suena distinto a la guitarra (es grave), el requinto es agudo. Ahí se complementan los dos.

¿Cuáles son sus  referentes?

Mantuve una gran amistad con Alfredo Gil del trío Los Panchos. Trabajamos juntos en el teatro Olmedo. Saulo Sedano del trío Los Diamantes es un gran requintista. Sí lo conocí. Del país: Homero Hidrovo, fantástico; Guillermo Rodríguez es otro gran requintista, lo admiré siempre. A Segundo Bautista también.

¿Con quiénes empezó a grabar en 1951?

En los comienzos con el dúo Bowen-Villafuerte, el dúo de Olimpo Cárdenas – Carlos Rubira Infante; con Fresia Saavedra; Las Ecuatorianitas –Máxima Mejía y Blanca Palomeque -, las hermanas Mendoza- Sangurima; de Quito llegaron las hermanas Mendoza-Suasti.

¿Dónde grababan?

En Ifesa. El señor Feraud de la casa Ónix me llamó. Tuve suerte porque en 1955 me nombró director artístico de Ónix. Y mi vida dio un ritmo más interesante. Ya podía ayudar a mis colegas desde un estudio de grabación.

¿Recuerda la primera grabación?

Fue el pasillo Esposa que también cantaban Julio Jaramillo y Carlos Rubira Infante.

¿Y el primero que grabó con Julio Jaramillo?

El vals Fatalidad. En 1955 nació mi vinculación con Julio; el año siguiente se consolidó la amistad y el profesionalismo. Nombro a otros artistas que nos acompañaban: Sergio Bedoya, guitarrista; Juan Ruiz, guitarra, y Carlos Silva Pareja, contrabajo; continuó el paraguayo Ramón Alarcón.

¿Cómo  conoció a Julio Jaramillo?

En Radio Cóndor, la cual tenía el programa ‘Cantantes ecuatorianos’, de 13:00 a 15:00. Julio tenía 16 años, yo 22.

¿Cómo fue esa amistad?

Muy bonita. En 1956 comenzó como solista.

¿Desde un principio Julio era bohemio?

No, más bien era tranquilo. Eso sí, siempre fue pegado a la música, hasta que llegó  su hora. Primero grabó Esposa con Rubira. Luego se inició como solista (Fatalidad). Siguieron los éxitos: Náufrago de amor, Amada mía, Carnaval de la vida, Nuestro Juramento, Rondando tu esquina, Miedo de hablarte, Pasión, Para ti madrecita.

¿Cuántos temas grabó con Jaramillo?

Más de 100.

¿A usted también le sedujo la bohemia?

A mí no. No había tiempo. Las grabaciones llevaban mucho tiempo. Julio tenía muchos contratos (Uruguay, Colombia, Argentina, Nicaragua, Venezuela, EE.UU.). Cuando volvía, él siempre grababa.

¿Las mujeres fueron la debilidad de Julio?

Bueno, esa fue la debilidad más fuerte. El amor de su vida fue Blanca Garzón. La conocimos cuando actuábamos en el teatro Guayas. Ella tenía 14 años. Él, 20.

¿Se casó con Blanquita?

No. Primero se casó con Maruja Rivera, yo fui padrino de matrimonio, cuatro meses antes de que saliera Fatalidad, un disco que causó mucho furor.

Rosalino Quintero, considerado uno de los mejores  requintistas del país, confiesa en este diálogo su intensa  travesía musical.

Rosalino Quintero no parece que tuviera 76 años. Parece  el niño entusiasta a quien  le fascinó la guitarra y nunca la dejó.  Ya lleva más de medio siglo en la música y acompañó a las grandes figuras como Julio Jaramillo, los  Miño Naranjo, el dúo Benítez y Valencia y otros.

Jovial y tranquilo, Rosalino, uno de los mejores exponentes del requinto de Ecuador y América, está feliz en su oficio: dirigir la Rondalla de la Espol, ayudar a que los jóvenes amen nuestros ritmos y guiarlos con la sapiencia de los años.  “Para qué soy bueno”, dice.

¿Cómo llegó a la guitarra?

Soy cuencano. A la edad de seis años ya tuve afición por la guitarra. A los 12    trabajaba como profesional, con mi hermano cantaba  música nacional. Desde niño me fascinaba la guitarra. A mi padre, Eloy Quintero, no le gustaba, pero yo insistí y aceptó.

Mi tesis
“Difundir la música nacional siempre.  Quiero pasar muchos años en la música y enseñar a los jóvenes”.

Mi lugar
“Me encantan los paisajes  de la  Sierra, Cuenca. Disfruto mucho en Quito y, claro, en Guayaquil”.

Mi credo
“Enseñar a los jóvenes a que amen nuestra música. Con los chicos de la Espol ya grabamos un CD.  ”

Mi pasión
“La música. Me siento varias horas a tocar mi requinto y  a escuchar música; soy feliz interpretando”.

Su vida en 15 líneas
Tiene 76 años.    Conoció a Julio Jaramillo en 1955 y lo acompañó hasta su muerte, en 1978. Toda una vida dedicada al requinto y a la guitarra. Ha grabado cientos de discos junto a reconocidos artistas. No olvida que en los restaurantes Costa, de Nilo Blacio, y Flamingo se reunían los artistas a charlar y a firmar contratos. Allá iban: Walter Calero, Pepe Salcedo, JJ, Toño Cajamarca. Con la Rondalla de la Espol grabó un disco.

Decía que era una profesión de bohemios. No era eso, a mí me gustaba mucho la guitarra.

¿Por qué le picó el gusto a los seis años?

Bueno, mi padre tocaba guitarra, piano, bandoneón y acordeón. Había una raíz musical. Mi hermano de madre, Joel Alvarado, ya tocaba y cantaba. A los 12 años me arrimé a él para seguir dando mis pasos profesionales.

¿Joel tenía un grupo?

Sí, nos dirigía un alemán, de apellido Lichtenstein. Con los dos trabajé tres años. Ahí me inicié.

¿No pasó por ninguna  academia o escuela de música?

No. Solo miraba al uno y al otro. Ahí aprendí.

¿Qué música interpretaba en 1942?

Los boleros, las congas, las guarachas, la música americana y brasileña. A los 14 años me incorporé a un trío, Los Campiranos, de Cuenca. Uno de los más animados era Luis Chalco, quien aún canta en los Locos del ritmo. Y con José Molina, quien falleció. En 1946 y 1947 imitábamos a Los Panchos y a los Tres Calaveras.

¿Cuándo desembarcó en Guayaquil?

Al Puerto llegué en 1 950. Yo tenía 20 años. Fue mi destino. Aquí vivía mi suegro, Enrique Sanmartín. Me ayudó durante tres meses.

No conseguía trabajo. Por fin encontré a un amigo, Fernando Maridueña, quien me hizo contactos con músicos.  Maridueña era la primera voz del trío Del Caribe de Guayaquil. Nos conocimos en 1949, cuando se inauguró la fiesta de la fruta en Ambato. Yo actuaba con Los Campiranos.

Aprendió joyería, ¿por qué dejó el oficio?

Así es. En Cuenca trabajé cuatro años de joyero. Mi madre, Dolores Castro, dijo que aprendiera un oficio; “de la música no vas a vivir”, aconsejaba.

¿La guitarra pudo más?

La joyería me gustaba, seguía la tradición de Cuenca, pero la música fue mi pasión, me cautivó.

¿Guayaquil se convirtió en su otra pasión?

Sí. Aquí formé el trío Los Latinos con Jorge González, quien trabajaba en el Agua Potable, y Eduardo Elizalde, ex empleado del Banco Central. Fernando Maridueña me llevó a ellos. El primer día que toqué aquí me aplaudieron mucho. Fue en Radio Atalaya. Es un recuerdo muy lindo. Pensé: esta es mi casa. La gente me  trata con mucho cariño. Me siento feliz aquí.

¿Cuáles son los secretos para dominar al requinto?

La persona que quiere interpretar requinto, primero debe aprender guitarra.

¿Por qué?

Porque si domina los acordes de la guitarra domina el requinto y saca melodías. El requinto tiene dos tonos y medio más altos que la guitarra. Por eso el sonido es más agudo. Es un instrumento más pequeño. Suena distinto a la guitarra (es grave), el requinto es agudo. Ahí se complementan los dos.

¿Cuáles son sus  referentes?

Mantuve una gran amistad con Alfredo Gil del trío Los Panchos. Trabajamos juntos en el teatro Olmedo. Saulo Sedano del trío Los Diamantes es un gran requintista. Sí lo conocí. Del país: Homero Hidrovo, fantástico; Guillermo Rodríguez es otro gran requintista, lo admiré siempre. A Segundo Bautista también.

¿Con quiénes empezó a grabar en 1951?

En los comienzos con el dúo Bowen-Villafuerte, el dúo de Olimpo Cárdenas – Carlos Rubira Infante; con Fresia Saavedra; Las Ecuatorianitas –Máxima Mejía y Blanca Palomeque -, las hermanas Mendoza- Sangurima; de Quito llegaron las hermanas Mendoza-Suasti.

¿Dónde grababan?

En Ifesa. El señor Feraud de la casa Ónix me llamó. Tuve suerte porque en 1955 me nombró director artístico de Ónix. Y mi vida dio un ritmo más interesante. Ya podía ayudar a mis colegas desde un estudio de grabación.

¿Recuerda la primera grabación?

Fue el pasillo Esposa que también cantaban Julio Jaramillo y Carlos Rubira Infante.

¿Y el primero que grabó con Julio Jaramillo?

El vals Fatalidad. En 1955 nació mi vinculación con Julio; el año siguiente se consolidó la amistad y el profesionalismo. Nombro a otros artistas que nos acompañaban: Sergio Bedoya, guitarrista; Juan Ruiz, guitarra, y Carlos Silva Pareja, contrabajo; continuó el paraguayo Ramón Alarcón.

¿Cómo  conoció a Julio Jaramillo?

En Radio Cóndor, la cual tenía el programa ‘Cantantes ecuatorianos’, de 13:00 a 15:00. Julio tenía 16 años, yo 22.

¿Cómo fue esa amistad?

Muy bonita. En 1956 comenzó como solista.

¿Desde un principio Julio era bohemio?

No, más bien era tranquilo. Eso sí, siempre fue pegado a la música, hasta que llegó  su hora. Primero grabó Esposa con Rubira. Luego se inició como solista (Fatalidad). Siguieron los éxitos: Náufrago de amor, Amada mía, Carnaval de la vida, Nuestro Juramento, Rondando tu esquina, Miedo de hablarte, Pasión, Para ti madrecita.

¿Cuántos temas grabó con Jaramillo?

Más de 100.

¿A usted también le sedujo la bohemia?

A mí no. No había tiempo. Las grabaciones llevaban mucho tiempo. Julio tenía muchos contratos (Uruguay, Colombia, Argentina, Nicaragua, Venezuela, EE.UU.). Cuando volvía, él siempre grababa.

¿Las mujeres fueron la debilidad de Julio?

Bueno, esa fue la debilidad más fuerte. El amor de su vida fue Blanca Garzón. La conocimos cuando actuábamos en el teatro Guayas. Ella tenía 14 años. Él, 20.

¿Se casó con Blanquita?

No. Primero se casó con Maruja Rivera, yo fui padrino de matrimonio, cuatro meses antes de que saliera Fatalidad, un disco que causó mucho furor.

Rosalino Quintero, considerado uno de los mejores  requintistas del país, confiesa en este diálogo su intensa  travesía musical.

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