Entrevista con Hugo Idrovo

‘No hay un momento clave: las canciones me toman por asalto’ De sus 49 años de vida, Hugo Idrovo le ha dedicado 30 a la música, la pintura y a las letras. Su curiosidad lo hizo buscar en cada sitio que visitó una razón y una herramienta para construir su arte. Aprendió de la gente, de sus historias, y disfrutó cada día de lo que podía descubrir mientras caminaba, porque para él esa es la clave: disfrutar de todo lo que sus ojos puedan ver. 

 

De una trayectoria de 30 años debe haber mucho por contar, pero, ¿cómo resumiría esa historia?Cuando empieza tan jovencito, piensas que el tiempo es eterno. En la lucha por tus principios e ideales encuentras un compromiso enorme. Buscas un sentido a ese don que se te dio: intenté encontrarlo estudiando teoría, pero mi música siempre fue muy libre.

¿Dónde encontró sentido?

En mis viajes, cuando trataba de salir con mi música, encontraba la respuesta que no tenía aquí, porque mi país no brindaba todavía condiciones para autores y compositores. Cuando me encontré totalmente comprometido con mi música, la vida se tornó muy luminosa y clara para encontrar el camino sin tanto obstáculo.

¿Qué fue lo que encontró?

Que tenía que enfrentarme al sentir popular y asumirlo a través del canto popular. Descubrí que podía canalizar el sentir del pueblo a través de mi obra musical.

¿En qué tendencias indagó para llegar a esa definición?

Empecé como roquero con influencia del rock británico, cantando y componiendo en inglés.

Pero cambió de rumbo…

Yo venía de colegios aniñados (Urdesa School, Colegio Javier), ya no es culpa: así nací (risas). Pero pasaba vacaciones en Montañita y Manglaralto, sitios que ahora son populares, pero entonces eran apartados y los choleaban. Yo sí era parte de esa ‘choledad’, oía boleros rocoleros, valses criollos, pasillos y había una doctora, que pasaba la rural, que me enseñó a Serrat, a Mercedes Sosa, a Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, para nada conocidos en mi círculo. A mis 22, mi música dio un vuelco.

También se acercó a la música de la Sierra y la afro.

Casi a mis 25 vine a ver la cosmogonía de la Sierra, cosa para mí distante. También me acerqué a la música del Oriente. En mi relación con este Quito querido de mi corazón es que encontré a mi mujer, a mi Rocío. Su familia tenía propiedades en Atacames y Castelnuovo y ahí me involucré con lo afroecuatoriano. Ahí se me destapó el coco por completo.

Para ese entonces ya estaba con Promesas Temporales.

Sí. Cuando vine de Perú, me traje un cajón (peruano), que incorporamos al repertorio del grupo. Ahí empezó el movimiento de música urbana. Siempre acepté influencias, sin fijarme en su procedencia sino en el ‘feeling’ y el contenido ancestral que llevaban.

El grupo movió las fichas y generó una nueva tendencia

Al inicio, Promesas era una banda acompañando mi repertorio, pero luego mis compañeros vieron el potencial de entrar con obra propia y Alvear descolló inmediatamente. Fueron cinco sabrosos años. Grabamos un chulla disco, aunque planeábamos sacar otro, pero hubo mucha represión en la época de Febres Cordero, y Álex tuvo inconvenientes con las fuerzas de seguridad y fue a estudiar en Berklee (Boston). Él es mi hermano, con él sustenté la banda.

Entonces fue la represión. ¿Algo coharta la libertad de los músicos hoy en día?

Sí. La piratería, que impide que disqueras, empresarios, buscadores de talento puedan llevarse a los tremendos artistas de este país, empezando por mis hijos hasta quien fue Pepe Jaramillo, que a pesar de haber grabado mi hermano querido del alma más de 100 discos, su familia tuvo que hacer una colecta para comprarle el féretro. ¿Cómo es posible eso?…

Aún así, las nuevas generaciones escuchan música de él y la suya. ¿A qué se debe?

Creo que es cuestión de actitud, de no dejarse vencer por el yang cuando tú estás en total ying. El arte de saber comunicarse con un lenguaje superior y universal es lo que te hace enfrentar con esa dimensión suprema que existe en tu interior y que dicta tu corazón. Es cuestión de espíritu, de honestidad con tu obra y de capacidad de enfrentarte a diario con el impedimento que tú mismo te haces de no repetirte, de no estar dándole vueltas al estofado con la misma cuchara, de renovarte.

El Congreso y la CCE le rendirán un homenaje, ¿qué significa eso para usted?

No colecciono trofeos, no tengo ni uno solo de los que me han dado, y me han dado muchos, de verdad. Es cierto que el Congreso Nacional ha maltratado mucho a nuestro país, es cierto que tenemos muchísimos motivos para ser reacios a lo que detrás de sus paredes se regala, de sus premios…

¿Por qué recibirlo?

Porque no lo busqué, porque no fue palanqueado. Llegó. Por primera vez en mi vida se me va a otorgar una presea por parte del Gobierno. Es un reconocimiento que no me va para nada mal porque me doy cuenta que para ellos sí existo, y si yo existo, a través de mi voz existirán los otros. Si me dan la oportunidad de que a través de este reconocimiento pueda exponer mis ideas, levantar mi voz para defender nuestros derechos como artistas, lo recibiré.

“Soy un creador, un artista chiro y famoso. Eso me ha llenado de y valor: el mantenerme en esa condición que es la más cercana a la verdaderamente humana”.

Tomado de

 

El Comercio

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