Enrique Gil Gilbert

ENRIQUE GIL GILBERT
ESCRITOR.- Nació en Guayaquil el 8 de julio de 1.912 en la casa de sus padres ubicada en la calle Villamil entre los callejones Gutiérrez y Calderón. Hijo legítimo de Enrique Gil Quezada, contratista municipal y agricultor, propietario de la hacienda Chojampe, fallecido en 1.919 a causa de un derrame cerebral y de Alejandrina Gilbert Pontón, llamada la Mamaleja, guayaquileños.

Huérfano de sólo siete años, aún niño, escribió el libro de versos “Iris”, al que dio su dulce aprobación la poetisa María Piedad Castillo de Leví. Enseguida se tropezó con la tierra que es siempre más áspera que la poesía y en la heredad paterna, montado a pelo y totalmente desnudo, bejuco en mano arreaba en las vacaciones de invierno al ganado; más, ese muchacho bárbaro, ese arreador, era un poeta.

Cursó la primaria en el Colegio “Cristóbal Colón” y la secundaria en el “Vicente Rocafuerte. “En 1.928 destacó como deportista ganando la carrera de cien metros planos y por su color trigueño le decían La Mona Gil, hizo más versos y dedicó uno a la Madrina Criolla de ese año, que publicó en la Revista “Ocaña Film” bajo el seudónimo de “Max Bert”.

En 1.929 escribió su primer cuento, que no llegó a publicar porque habiéndolo entregado con algunos poemas a Próspero Salcedo Mac Dowall, quien tenía su imprenta en el tradicional barrio del Conchero, éste los traspapeló involuntariamente. Uno de esos poemas era autobiográfico y relataba como es de suponer, la triste historia de un huerfanito. El mismo.

A mediados de 1.930, cuando estudiaba el quinto año, hubo una huelga contra su venerado tío el rector Abel Gilbert Pontón a quien los alumnos habían apodado “Tirano masca freno” por su mal carácter y a consecuencia de ella salió del Colegio y viajó a Riobamba con su madre, su hermano Antonio y sus primos hermanos los Gilbert Elizalde, cursando el sexto y último año en el Colegio “Pedro Vicente Maldonado”, donde obtuvo el título de Bachiller.

Mientras tanto, como simpatizaba con las ideas comunistas desde que su amigo de confianza Demetrio Aguilera Malta lo había llevado a presentar a Joaquín Gallegos Lara, más por solidaridad con los trabajadores que por convicción ideológica -pues aun no la tenía muy arraigada- contribuyó a organizar en Riobamba una cédula del partido comunista, junto a Arsenio Veloz, Luis Alvaro y otros, siendo elegido Secretario de Actas. (1)

En noviembre publicó con Gallegos Lara y Aguilera Malta el libro “Los que se van” con el siguiente subtítulo “Cuentos del cholo y del montubio”, conteniendo veinticuatro relatos cortos (ocho por cada uno) que fueron generalmente mal acogidos y se requirió muchos años para que la gente se acostumbrara al nuevo estilo del realismo social. Es interesante anotar que “Los que se van” fue aplaudido por el crítico español Francisco Ferrandis Albors que escribía bajo el seudónimo de “Feafa” en El Telégrafo. Posteriormente saludó su aparición Adolfo H. Simmonds y desde el exterior Benjamín Carrión, que escribía en Europa, pero sólo fue después de la gloriosa revolución del 28 de mayo de 1.944 y del nacimiento del Populismo en 1.947 que el país aceptó el realismo social como género literario de moda. Mientras tanto, no se lo enseñaba en los colegios porque no era tenido por “buena literatura”, debido a las situaciones escabrosas que se relataban y al insistente uso de las malas palabras.


(1) Los tres amigos vivían relativamente cerca y pronto se volvieron inseparables, algo así como hermanos del alma, porque siempre andaban juntos debido a que Gil Gilbert cargaba sobre sus espaldas a Gallegos Lara y lo siguió cargando mucho tiempo hasta 1.935 posiblemente, que dejó de hacerlo cuando ambos contrajeron matrimonio.
“El Malo”, uno de los cuentos de Gil Gilbert, constituyó su mejor aporte al libro, que en general contiene cuentos magníficos, solamente que diferentes al gusto de entonces. Sin embargo, el libro no pasó enteramente desapercibido, pues sirvió para que el grupo de Guayaquil se hiciera conocido y pronto se sumaron a él José de la Cuadra y Alfredo Pareja Diez-Canseco.

En 1.932 publicó en la Página literaria de “El Telégrafo” su poema “Leticia” sobre la guerra entre Colombia y Perú, fue designado profesor de Castellano y Literatura en el Rocafuerte y un día, mientras transitaba por los bajos del palacio Municipal de Guayaquil, se encontró casualmente con Pedro Saad y le solicitó ingresar al Partido Comunista, “incorporándose activamente a su militancia”, que no abandonaría jamás.

Por entonces también quiso fundar con Gallegos Lara la revista “Pacífico” y hasta se cartearon con Benjamín Carrión, pero como no obtuvieron el dinero necesario, el asunto no pasó de proyecto. También estudió dos años de Derecho y uno de Contabilidad en la Universidad de Guayaquil.

En 1.933 editó una colección de cuentos titulada “Yunga” en 116 págs. con relatos naturalistas del litoral ecuatoriano entre los que destacan “El Negro Santander”, “Los hijos”, “La Deuda”, “El Niño” y “El puro de Ño Juan” entre otros, obra que ha conocido numerosas ediciones dentro y fuera del país y en una Exposición del Poema Mural comenzó a enamorar a la joven pintora esmeraldeña Alba Calderón Zatizábal con quien contrajo matrimonio el 23 de Agosto de 1.934 y fueron a vivir en un departamentito. Su amigo Ferrandis Albors vivía en un departamento muy amplio en Clemente Ballén casi al llegar a Boyacá y generosamente invitó a Gallegos Lara y a Gil Gilbert -ambos recién casados- a que se mudaran con sus esposas a vivir con él. Fueron meses de excelente compañerismo y sana confraternidad. Dividían equitativamente el escaso presupuesto y hasta sobraba para comprar libros que leían por turno y luego comentaban en común, pero a los pocos meses se deshizo la unión cuando Alba dizque pilló coqueteando a Nela con Enrique. Fue un escándalo, Nela viajó a Quito y Joaquín se distanció de Enrique, aunque por poco tiempo, pues el problema había sido entre las damas mayormente. La inteligente Mamaleja aprovechó el momento y visitó a Alba y a Enrique y terminó convenciéndoles de que era mejor para todos vivir en la antigua casa de la calle Villamil y como era en extremo bondadosa ya jamás se separaron. En dicha casona se realizaron las reuniones de la “Sociedad de Escritores y Artistas Independientes”.

Era un joven delgado, trigueño, de grandes ojos negros y cejas alborotadas y cuando su esposa esperaba a su primogénito Enrique, le hizo un poema titulado “Canción de Nuestro Hijo” que es antológico. En Noviembre de ese año publicó en el periódico “Bandera Roja” del partido Comunista del Ecuador su poema “15 de Noviembre” dedicado a las víctimas de esa matanza.

El 35 sacó su “Canción de Nuestro Hijo”. En noviembre del 36 la dictadura del Ing. Federico Páez desató una persecución contra las izquierdas a nivel nacional. Gil Gilbert fue cancelado de su empleo en el Colegio Rocafuerte y pasó momentos de amarga pobreza. Para subsistir con los suyos daba clase a los alumnos atrasados y su tío el Dr. Gilbert lo empleó como cobrador de arriendos en la quinta Medina.

El 36 integró el Comité Regional del Partido Comunista Ecuatoriano y fue miembro del Comité “Pro España Leal”, mientras cobraba los arriendos de las casas de la sucesión paterna y administraba la hacienda Chojampe. Entonces escribió su poema “Buenos Días Madrid” con motivo de la Guerra Civil española. Su poesía siempre fue de un gran contenido ideológico.

En 1.939 editó una hermosa novela corta “Relatos de Enmanuel” en 69 págs. de cuya prosa se ha dicho “que llega a un punto de maestría y plantea un asunto de contenido perdurable, el de los hijos ilegítimos”. Hernán Rodríguez Castelo ha agregado “que son páginas nostálgicas, de entrañable lirismo”.

En 1.940 el Grupo América escogió su novela “Nuestro Pan” para representar al Ecuador en el Concurso continental de novelas inéditas latinoamericanas convocado por la Editorial Farrar and Reinhard. El Jurado ecuatoriano estuvo integrado por José Rafael Bustamante, Gonzalo Escudero y Benjamín Carrión y también recomendaron como dignas de premio a “Las Tres Ratas” de Alfredo Pareja Diez-Canseco, “La Isla Virgen” de Demetrio Aguilera Malta y “La novela interrumpida” de Humberto Salvador. El Ministerio de Educación le concedió el Premio Nacional de Literatura.

“Nuestro Pan” recibió la primera Mención de Honor en dicho Concurso, quedando ubicada detrás de “El Mundo es ancho y ajeno” del novelista peruano Ciro Alegría. Gil Gilbert viajó con su esposa en mayo de 1.941 a New York, a recibir su Mención de la revista “Read Magazine”, se hospedó en el hotel Waldorf Astoria y concurrió a la Gran Velada de Gala celebrada en el Salón de los Espejos de dicho hotel. Quien realizó la selección de las novela premiadas fue el gran escritor norteamericano John Dos Pasos, entre trescientos textos que le llegaron de todas partes del continente.

“Nuestro Pan” es una novela realista, intensa, humana y testimonial dentro de la más pura concepción del género. Canto estremecido a los hombres que hicieron del cultivo de la gramínea desde el desmonte, sustancias de su vida, su emoción y sus sueños, piso decisivo de la rica prosa modernista a la incisiva actual. Se tradujo y publicó al inglés en 1.943 y desde entonces ha visto sucesivas ediciones en ruso, checo, alemán, sueco, chino, etc. En lo formal “Nuestro Pan” tiene 295 págs.” y es la pintura acabada del proceso de la siembra, cultivo y recolección del arroz, uno de los alimentos básicos del pueblo ecuatoriano, con incomparables descripciones de los campos y costumbres de la costa, en una sobria trama novelesca pero dramática y apasionante. La naturaleza vibra en sus relatos como un poema con acentos terrígenos de belleza cautivante y sin ser un tratado técnico o un documento político, es simple y llanamente una gran novela” La Editorial “Vera y Cía ” la publicó en Guayaquil en 1.942.

Entre mayo y octubre del 41 dictó numerosas conferencias en varias universidades norteamericanas participando de la lucha antifascista y cuando ocurrió la invasión peruana en Julio, decidió regresar con su esposa a Guayaquil. Entonces encabezó el Comité Antifascista en Guayaquil.

En 1.943 fue delegado por el Comunismo al directorio de Acción Democrática Ecuatoriana ADE, fundada para derrocar al gobierno dictatorial civil de Arroyo del Río y en cumplimiento de dichas funciones efectuó una campaña periodística en “El Universo” de explicación de los puntos programáticos de ADE. Por ello, el 43, el presidente Arroyo le hizo sacar de la cátedra vicentina que había retomado después de la caída de Páez.

Para el 28 de mayo de 1.944 participó activamente en la toma del cuartel de los carabineros, con el arma al brazo y junto a los soldados y al pueblo. Tras la caída de Arroyo del Río fue electo Diputado por el Guayas “integrando la fracción parlamentaria comunista compuesta de trece diputados”. Con posterioridad fue designado miembro del Tribunal de Garantías Constitucionales y viajó a la Unión Soviética invitado como Secretario General del Comité Regional del Litoral del Partido Comunista Ecuatoriano. El 45 intervino en la creación de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. (2).


(2) Pedro Jorge Vera me refirió que Enrique era sencillo y cordial y tan mitómano como Balzac. Después de la gloriosa de mayo contaba que los pesquisas los encañonaron en las nucas y de cómo se libraron, todo ello fruto de su imaginación y con lujo de detalles.
El 30 de marzo de 1.946 el presidente Velasco Ibarra proclamó su dictadura y comenzó una nueva represión de las izquierdas. Pedro Saad y Enrique Gil Gilbert se salvaron de caer detenidos pero anduvieron varios meses escondidos. En noviembre fue electo miembro del Comité Central durante el III Congreso del partido Comunista Ecuatoriano, a tiempo completo y con un módico sueldo que le permitió vivir con decencia pero jamás con lujo y como la vida tiene sorpresas, poco a poco fue completando su presupuesto con sucesivas ventas de sus propiedades hasta quedar totalmente arruinado. Ya veremos cómo.

En 1.946 publicó en la revista literaria “Letras” de la Casa de la Cultura Ecuatoriana sus romances “Tu voz”, “Guayaquil”, “Canto a mi provincia”, “Cacao”, “El General Montero y Barranco alto”, “La canción del cuarteto y el tigre” y “La armonía del tigre”.

En 1.947 nuevamente fue electo Diputado. El 49 nació su hijo Antonio y ocupó la Secretaría General del Comité Provincial del Partido Comunista Ecuatoriano. Ese mismo año fue miembro del Consejo Mundial de la Paz. El 53 se cambió con su esposa, madre e hijos a una villa de cemento que había hecho construir en la esquina de Lorenzo de Garaycoa y Azuay con una hipoteca bancaria. El 54 algunos de sus cuentos salieron publicados en la antología francesa “Gens de L’Equateur”.

En febrero del 59 fue apresado por el gobierno del presidente Camilo Ponce Enríquez por promover huelgas, especialmente la de los obreros de la Aduana de Guayaquil. El 61 fue nuevamente detenido por haberse encontrado en el interior del Palacio Municipal de Guayaquil al momento del estallido de una bomba casera que sólo destruyó un servicio higiénico secundario. Y hasta se adujo que era un atentado criminal contra la vida del entonces Alcalde Pedro Menéndez Gilbert, su pariente.

Al proclamarse la dictadura de la Junta Militar de Gobierno en julio del 63 fue apresado y conducido al Panóptico donde permaneció varios meses incomunicado. Su esposa fue desterrada a Chile y sus hijos estuvieron mucho tiempo escondidos. La villa fue saqueada hasta sus cimientos y la policía se robó la totalidad del mobiliario, incluyendo las tasas higiénicas que fueron desempotradas. Lo más lamentable fue la quema de los libros y documentos realizada a vista y paciencia del vecindario en mitad de la calle, como si fuera un auto inquisitorial. Allí se perdió para siempre: 1) La novela “Historia de una inmensa piel de cocodrilo” que estaba concluida y hasta algunos de su capítulos publicados en las revistas “Letras del Ecuador” y “Cuadernos de Guayas”, 2) La novela “Sangre de Tortuga” a medio talle, 3) “La ciudad sobre el pantano” que iba a ser la novela urbana del suburbio guayaquileño, y 4) El libro de cuentos “Las casas que guardan los secretos”.

Estando en el penal falleció su hermano Antonio. Era su único hermano y ni siquiera sabía que estuviera enfermo debido a la incomunicación total en que se hallaba y sólo merced a la intervención de personas amigas, pudo conocer la triste noticia y asistir a su sepelio.

En diciembre de 1.964, quince meses tras las rejas, recobró su libertad tan misteriosamente como la había perdido y en el momento en que abandonaba el penal le fueron requisados los originales de una novela titulada “El triángulo azul” que había escrito para distraerse, pues el triángulo azul era un agujerito ubicado en el techo, por donde percibía el cielo de la capital. Gil Gilbert entregó su novela y jamás se ha vuelto a saber de ella. ¡Qué la habrán hecho los guardianes?.

Cuando regresó a Guayaquil se encontró sin hogar ni familia y con la novedad de que el Banco de Descuento donde mantenía un saldo deudor de S/ 40.000, la había rematado en juicio hipotecario – a precio de huevo como vulgarmente se dice – y era lo último que le quedaba de su otrora saneada fortuna.

En 1.967 apareció “La cabeza de un niño en un tacho de basura”, libro de cuentos en 97 págs. El 69 “Las sangres, las vetas y el asfalto” en 7 págs., que escribiera en el Penal entre el 63 y el 64. Ambas se representaron entonces, con gran éxito.

En octubre del 70, al ocurrir el secuestro del General de Aviación César Rhon Sandoval, que después se supo que había sido motivado por un rocambolesco y vergonzoso asunto de faldas, cayó en la batida que los operativos militares realizaron en varias ciudades del país con el nombre de “Operación peineta”. Lo sacaron de noche, de su domicilio de las Peñas, vendado con esparadrapos y atado con unas sogas de grueso nylon y lo llevaron al batallón Taura, donde lo mantuvieron tres días en esas condiciones. Luego lo trasladaron al batallón Quinto Guayas y a los pocos días lo pusieron en libertad. Tenía cincuenta y ocho años de edad.

Desde entonces comenzó a sufrir de fatigas constantes y fuertes dolores al pecho producidos por una insuficiencia a las coronarias. La Universidad de Guayaquil lo desagravió con la designación de Profesor titular de Literatura, cátedra que dictó por dos años, renunciando en 1.972 por imposibilidad física.

El 8 de julio de ese año recibió el Homenaje Nacional que el país le brindó con motivo de sus sesenta años. El 23 de Noviembre viajó a Ambato como orador invitado del programa “Por la paz del mundo”, en homenaje al pueblo de Viet Nam. Mientras asistía al acto sufrió un infarto y atendido a tiempo permaneció casi tres meses en una clínica particular, acompañado de su esposa, con quien siempre fue unidísimo.

A principios de febrero del 73 regresó a Guayaquil y como se sintiera fatigado le recetaron una inyección de anticoagulante, que le provocó una hemorragia interna detectada en la orina. Llevado a la clínica Guayaquil se agravó y por más que le sometieron a una operación, falleció de septicemia el 21 de ese mes.
Su producción periodística se encuentra dispersa en el periódico obrero “El Pueblo”, órgano del partido Comunista de Guayaquil, donde aparecieron numerosos artículos suyos durante muchos años, sin su firma ni seudónimo.

De la quema de sus poemas en 1.963 sólo queda un Album en poder de su viuda con poesías llenas de sonido y musicalidad.

“Metafórico, impresionista, lírico y técnico” abandonó las bellas letras para seguir el alto ideal de su política, prefiriendo la batalla sindical urbana al olor de la tierra húmeda del campo y por ello sufrió persecuciones y perdió buena parte de su producción. Personas que le trataron en la intimidad aseguran que era el hombre más bueno y solidario del mundo, algo así como un muchacho grande. Yo le conocí solamente de lejos, siempre estaba alegre y rodeado de personas amigas pues todos le estimaban y sin quererlo hubiera podido ser el líder del Comunismo, pero aceptaba por costumbre el liderazgo de Pedro Saad, como antes la de Gallegos Lara.

Fue un espíritu generoso, quijotesco, pues, como él mismo lo dijo en su “Canción de Nuestro Hijo”/ / No son de mi clase los de mi sangre / las gentes de mi clase son aquellas / que con las manos cerradas sobre la hoz, la pica y el martillo / hacen encima de la tierra lo que no hizo el Génesis // Son gentes de mi clase los que llevan pecho adentro / la cicatriz madura del amor hambriento y dolorido / los que no pudieron ensanchar su espíritu frente al firmamento / porque estaban llenos de llanto desde antes de nacer…

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