Juan Montalvo Fiallos

JUAN MONTALVO FIALLOS

REPUBLICO, ESTILISTA DE LA LENGUA.- Nació en Ambato el 13 de Abril de 1832. Hijo legítimo de Marco Montalvo Oviedo, natural de Guano, que de joven ayudó a su padre en la venta de bayetas viajando a Cuenca por negocios, luego abrazó la causa de la independencia, peleó en el primer Huachi, llegó a Regidor del Primer Cabildo patriota que tuvo Ambato en 1822, siguió comerciando productos con Guayaquil, en 1832 edificó una casa en la Plaza Mayor de Ambato, compró la quinta Ficoa con un gran bosque de árboles frutales, la hacienda Puntzán y varios potreros; y de María Josefa Fiallos y Villacreces, nacida en Ambato. (1) 

 

Sus primeros años transcurrieron entre Ambato y Ficoa alegre y vivaz. En 1836 sufrió de viruelas y quedó con el rostro marcado. El 39 ingresó a la escuela del maestro Romero donde conoció al presidente Rocafuerte que estaba de paso a Guayaquil. El 46 viajó a Quito para estudiar Gramática Latina en el Convictorio de San Fernando, donde descolló por su extraordinaria memoria y amor al silencio y a la soledad, pues se había vuelto un joven serio y de pocos amigos. El 48 fundó el periódico semanal “La Razón” y el 49 “El Veterano”, dando rienda suelta a su juvenil vocación de escritor. El mismo año 48 comenzó el curso de Filosofía en el Seminario de San Luis donde se graduó el 51 de Maestro o Bachiller, que equivalía a lo mismo. 

 

Entre el 51 y el 53 siguió estudios de Jurisprudencia aunque con poca vocación. El 52 fue miembro de la Sociedad Liberal “La Ilustración” que dirigía el poeta Miguel Riofrío y el 6 de Marzo pronunció un discurso durante la coronación de su joven amigo el poeta Julio Zaldumbide, cuya casa frecuentaba. 

 

(1) Montalvo describió físicamente a sus padres de la siguiente manera: “Fue mi padre inglés por la blancura, español por la gallardía física y moral. Mi madre, de buena raza, señora de altas prendas. 

 

Entre el 52 y el 53 murieron su hermano mayor el Dr. Francisco Montalvo y su padre don Marco y se hizo muy introvertido, dábase a la lectura y a escribir colaboraciones para el periódico “La Democracia” de su hermano mayor Francisco Xavier, que apareció hasta 1857, donde se hizo conocer y apreciar. 

 

El 53 fue electo Secretario del San Fernando, escribió poesías. El 54 fundó el periódico “La Moral evangélica” y el 55 “El Espectador”, aprendiendo por su propia cuenta en Ficoa, latín, griego, inglés, francés e italiano para leer los clásicos en sus propias lenguas. Era parco en todo, no fumaba, no probaba gota de licor ni alimentos picantes, tampoco gustaba de fiestas o saraos, jamás de banquetes.

El 57 fue designado Adjunto Civil de la Legación en Roma y viajó a Europa con el secretario Francisco Xavier Salazar. Primero estuvo en París donde enfermó de reumatismo, luego en Suiza e Italia y a su regreso a la capital francesa encontró su designación de Secretario en París y pidió que le rebajaran el sueldo a la mitad, pues lo consideraba muy alto. Entonces publicó un artículo invitando al poeta y escritor Lamartine a trasladarse a América.

El 59 renunció sus funciones, viajó nuevamente por Italia y Suiza y también visitó España. Nuevamente en París, recogió sus cosas y se vino al Ecuador en 1860. Cuando iba a la sierra enfermó, escribió en Yaguachi una carta al presidente García Moreno, que acababa de ascender al poder. Fue un gesto romántico y altivo, que denunciaba sus arrestos futuros. (2)

A fines del 61 colaboró en la revista literaria “El Iris” de Quito. El 65 comenzaron sus amores con María Guzmán Suárez, con quien contrajo finalmente matrimonio en Ambato el 17 de Octubre de 1868 y tuvo dos hijos.

El 66 publicó “El Cosmopolita”, revista de carácter político-literario editada en Quito en 40 páginas con los mas extraños temas, pero suspendió la publicación en el quinto número y sostuvo una acalorada polémica con José Modesto Espinosa, que le salió al paso. (3)

El 67 editó “El Precursor del Cosmopolita”. El 68 comenzó a cartearse con Eloy Alfaro, polemizó con Juan León Mera y hasta tuvieron un encontrón en el puente de Atocha el 18 de Julio de ese año. Después editó dos folletos polémicos contra Nicolás Martínez y su sobrino Juan

(2) Plutarco Naranjo ha dicho de Montalvo: “Toda su obra. su vida entera, fue una permanente insurgencia. Discípulo de Séneca, se convirtió en paradigma de luchi. Insurgió contra el despotismo, contra la tiranía, contra la corrupción, lo mismo del gobernante que del sacerdote o del soldado. Insurgió sobre todo contra el fanatismo. Clásico en su formación, romántico e idealista, vivió, a su manera un siglo diferente del que transitaba sobre sus pies. La independencia de las naciones americanas no significó la implantación de regímenes verdaderamente democráticos. Contra eso insurgió Montalvo, incontenible, infatigable Su gran maestro fue Sócrates. Dé los estoicos tomó el que la filosofía es la ciencia de la verdad. Amó, buscó y predicó la verdad, insurgiendo precisamente contra el ambiente proclive a la falsía, al engaño y a los vicios. Llamó ladrón al que roba, criminal al que asesina, por mas que éste fuese un General subido a presidente, llamó tirano al tirano, por mas que éste fuete García Moreno y cínico al cínico y cobarde al cobarde por mas que el primero nací Obispo de Quito y el segundo, el que ciñe la espada. “Donde está la corrupción, decía en la “Mercurial Eclesiástica”, allí está mi enemigo, donde están reinando las tinieblas, allá me tiro sin miedo’ . Que Montalvo no haya dejado un cuerpo de doctrinas, algo que pueda llamarse la filosofía Montalvina, como quien habla de la filosofía aristotélica o kantiana, de acuerdo. Pero su ideal, que lo repite varias veces en la “Replica a un sofista seudocatólico”, escrita contra José Modesto Espinosa dentro de “Los Siete Tratados”, en “El Espectador” y en otros escritos, de: ” pensar como un filósofo y obrar como un santo” lo consiguió en mucho a lo largo de sus escritos y a lo largo de su sacrificada vida. Tuvo pensamiento hondo y trascendente. Sentó principios claros y precisos. Aspiración y grande fue la suya de “hacer” filosofía. A su propio juicio lo consiguió en los “Siete Tratados”. A su amigo y confidente Rafael Portilla le escribió en 1883 “Le mandé a Ud. un ejemplar de los Siete Tratados con la dedicatoria que requería nuestra amistad. Ojalá en ese libro halle Ud. algunos instantes de olvido de sus disgustos, y quizás algún consuelo en ciertas páginas donde habla el filósofo hecho y rompido a las cosas de la vida. Conforte el alma, amigo querido, y bañe Ud. su corazón con la esperanza. “¿En qué queda un escritor genial que ni es pensador, ni maestro de ideas, ni filósofo? En Montalvo por su admirable estilo subsistiría el artista; por su dominio de la lengua, el erudito; por su capacidad de convertir el dicterio en dardo literario, el polemista; por su acendrado patriotismo, el apóstol; por el sacrificio de su vida, el mártir. Una sola de estas cualidades puede conquistar la gloria y la inmortalidad. Pero en la obra de Montalvo hay mucho mas que eso, hay idea y pensamiento, ciencia infusa y concepción filosófica. Si como filosofía ha de entenderse el conocimiento generalizado del todo, la interpretación sintética del todo, al menos en

(3) Desde entonces su fama se regó por el país y la gente al verle pasear por las calles de Quito, deteníanse a exclamar admirativamente: ” ¡Allí va el Cosmopolita!”.
una parte en su relación con el conjunto. Montalvo, efectivamente, no fue un asiduo cultor de la filosofía. Pero no dar forma a todo un nuevo edificio filosófico no priva a un escritor de la posibilidad de pensar en términos y conceptos filosóficos. Y si es muy difícil sintetizar en una frase toda una doctrina, es más difícil poner en una frase el amplio y múltiple pensamiento montalvino. En lo político, quiza se pudiera aventurar: “Sin rebeldía no hay libertad, sin libertad no hay democracia”. Cualquiera de sus escritos dejan esta enseñanza. ¿Demérito de Montalvo no haber estudiado a Marx cuando sus obras fundamentales aún no se habían vertido al español? ¿Falta de preocupación por los problemas sociales? ¿Qué es, sino, precisamente éso, preocupación por los problemas sociales, muchos de sus ensayos de “El Regenerador” y “El Espectador”? ¿Acaso Montalvo, sin arredrarse ante el agresivo fantismo de su Patria, no se pronuncia a favor de la Internacional y pasando de la teoría a la acción política no funda la Sociedad Republicana, en cuya inauguración pronuncia el discurso de fondo?. Tal discurso, su respaldo a la Internacional y su credo sobre la soberanía del pueblo, produjo una de las más sonoras y violentas reacciones del clero y las gentes fanatizadas. Quizá ni los mismos “Siete Tratados” ocasionaron tanta conmoción religiosa y política como sus ideas sobre la Internacional y la soberanía natural del pueblo. Montalvo fue el santo del pensamiento liberal, fue, por sobre todo, el santo de la santa rebeldía. No le amputemos cuanto tiene de pensador, de auténtico maestro de juventudes. No nos quedemos huérfanos de guías. Montalvo no solo es estilista y prosador; no solo es polemista, es uno de los pocos americanos que pueden hombrearse con los escritores de cualquier país que haya merecido la fama universal, según opinión de Alfonso Reyes.

León Mera titulados “El Masonismo negro” y “Bailar sobre las ruinas” y cuatro números más de “El Cosmopolita”. Por esos días recibió de París una carta muy elogiosa de Víctor Hugo.

En Enero del 69, cuando se produjo la revolución de García Moreno, temiendo por su vida se asiló en la legación de Colombia con el Dr. Mestanza y Manuel Semblantes y al día siguiente pasó a Ipiales exilado, luego a Panamá, donde conoció a Eloy Alfaro.

Enseguida siguió a París con un préstamo de Alfaro, pero solo estuvo varios meses en Francia y regresó por la guerra Franco-Prusiana a Panamá y a Lima, donde visitó a los desterrados políticos en 1870.

A fines de ese año estaba nuevamente en la casa de Ramón Rosero en Ipiales -su Tebaida— escribía en el campo y vivía de las remesas de dinero que le enviaba uno de sus hermanos y cuando éstas no llegaban a tiempo solo se alimentaba de pan y café negro. En esos tiempos surgió el romance con una señora Hernández y nacieron dos hijos. Temía por su seguridad personal y por su vida y casi sin la ayuda de libros, valiéndose únicamente de su memoria, redactó “Los Siete Tratados” y “Los Capítulos que se le olvidaron a Cervantes”.

El 72 publicó varios folletos “Del orgullo y de la mendicidad”, “Fortuna y Felicidad” y “El Antropófago”. El 73 sacó “Judas”. El 74 “La Dictadura Perpetua” y el 75 “El Ultimo de los Tiranos” cuando había sido asesinado García Moreno, cuya muerte intelectual se atribuyó diciendo: “Mi pluma lo mató”. Casi enseguida editó el periódico “La voz del Norte” auspiciando la candidatura liberal de Antonio Borrero. Su figura era el centro de la vida político-literaria y sus discípulos se contaban por docenas entre la juventud del país.

En Mayo del 76 regresó triunfalmente a Quito, atacó al Ministro Manuel Gómez de la Torre en el folleto “Del Ministro de Estado” y editó cuatro números de “El Regenerador”, En Septiembre viajó a Guayaquil con Francisco Moscoso y pidió la elección de un triunvirato pues Borrero había sido derribado del poder por el General Ignacio de Veintemilla. También se confabuló con Nicolás Infante, Miguel Valverde y Eloy Alfaro entre otros, para acabar con el gobierno de Veintemilla, pero el asunto fue descubierto, cayó en prisión y salió al destierro en Noviembre. Y se fue del Ecuador, sin saberlo, para siempre.

En Panamá escribió “Las Leyes de García Moreno y la Reforma” y un número de “El Regenerador” y como recibió garantías, regresó a Guayaquil y subió a Ambato donde editó “El León de San Marcos” y “Vicente Piedrahita” y cuatro números mas de “El Regenerador” que continúo saliendo el 78, así como los folletos “El Precursor del Regenerador”, “El Desperezo del Regenerador” y ‘Caracteres de los libelistas”.

Electo Diputado por Esmeraldas, no quiso concurrir a la Cámara pues sabía que nada conseguiría frente a una gran mayoría gobiernista y por ello les siguió fustigando con “Los desterrados de Veintemilla y el Regenerador”, “La nueva invasión” y “La peor de las revoluciones”.

El 79 editó “Los Grillos perpetuos” y “El Sur de Colombia” y en Septiembre volvió a (piales donde el comerciante manabita José Miguel Mackay le ofreció publicar sus obras y así salieron en 1880 las cinco primeras “Catilinarias” en Panamá donde Montalvo estaba radicado, y como el éxito fue inmediato y continental, editó seis más y “El Heraldo de las siete Catilinarias” y viajó a París en Octubre del 81 a fin de seguir editando sus libros en Garnier Hnos.

El 82 salió la “Catilinaria” número doce, que fue la última. Entonces se unió sentimentalmente con la joven costurera Augustine Contoux, en quien tuvo un hijo. Ella fue la mujer que veló sus últimos años.

A mediados del 83 terminó “Los Siete Tratados”. En Julio viajó a Madrid, pues estaba relacionado literariamente con la notable escritora Emilia Pardo Bazán; Castelar se convirtió en su cicerone y lo llevó a la Academia, las cortes, los museos y los teatros. Un numeroso grupo de literatos presentó su nombre para la Academia de la Lengua pero no fue aceptado en razón de sus ideas políticas. Entonces tuvo un romance con laja ven española Clotíldína Cerda Bosch y regresó a París, trabajando como colaborador del diario “El Fígaro”, mientras en el Ecuador triunfaba la revolución y cafa Veintemílla.

El 84 el Arzobispo de Quito, Ignacio Ordóñez, mal aconsejado por algún palurdo, condenó la lectura de “Los Siete Tratados”, provocando un lamentable escándalo al mundo civilizado latinoamericano, pero fue respondido por Montalvo con “La Mercurial Eclesiástica”, que ha pasado a las letras patrias como modelo insuperable de panfleto político.

El 85 estaba encargado de la revista bimensual “Europa y América” y vivía en la rue Logell Bach. En Junio editó “El Espectador”. Una tarde de primavera en 1888, salía fatigado de corregir unas pruebas, llovía a cántaros y la atmósfera estaba fría y se agripó. Al día siguiente fue atendido por el Dr. León Labbe de un desgarramiento pleural, de allí en adelante sus fuerzas decayeron considerablemente, teniendo que permanecer postrado en cama y en pésimas condiciones económicas. Su amigo Enrique S. Seminario le proporcionaba periódicas ayudas para subsistir. El Dr. Constantino Paúl le practicó en la clínica privada Dubois una punción a la pleura, dolorosísima porque era sin anestesia.

Montalvo comprendió que su fin se aproximaba y pidió ser conducido a su casa de la rué Cardinette No. 36 donde dijo: “Solo siento que toda mi vida se concentra en mi cerebro. Podría componer hoy una Elegía como no la he hecho en mi Juventud”, se vistió de frac y a la una de la tarde del día 17 de Enero de 1889 murió en París, mientras afuera la lluvia caía pertinazmente. Su vida fue la de un mártir perseguido por su permanente lucha por el imperio de la verdad. La colonia ecuatoriana costeó sus funerales que fueron solemnísimos y en la iglesia de San Francisco de Sales. Durante el régimen liberal se repatriaron sus restos a Guayaquil y años después se trasladaron a Ambato.(4)


(4) La condesa de Pardo-Bazán opino: Tendrá hoy España, hasta seis escritores iguales a Montalvo, en el conocimiento y manejo del idioma, pero ninguno que lo aventaje”. Juan Valera: “Todos los ciudadanos del Ecuador, a no ser que la pasión los ciegue por completo y los extravíe, convienen unánime en que fue Montalvo el escritor de mayor talentos saber y facundia que ha florecido en aquellos países en la mitad del siglo XIX”. José Enrique Rodo: “La lengua de Castilla se mira en el estilo de Montalvo como una madre amorosa en el hijo de sus entrañas. Cervantes, en quien la intención novelesca conserva mucha parte del candor del primitivo épico, tuvo la divina inspiración del estilo, como su arte insufo, pero careció, en fuerza de su propia absoluta naturalidad, de la conciencia del estilo, que es intensísima y predominante en Montalvo, artista refinado y precioso, cuyas afinidades, dentro de la clásica prosa castellana, ha de buscarse, mucho mas que en Cervantes, en Quevedo o Gracián. La Literatura de Montalvo tiene asentada su perennidad, no solo en la divina virtud del estilo, sino también en el valor de la nobleza y hermosura de la expresión personal que lleva en sí. Pocos escritores tan apropiados como él para hacer sentir la condición reparadora y tonificante de las buenas letras. “Estas opiniones indican que cada autor juzga, como es lógico, de acuerdo a sus propias ideas y gustos, de acuerdo a sus tendencias literarias. . . ! Montalvo es el artista de Rodó, el apóstol y el profeta de Unamuno, el pensador de Várela, el estilista de Emilia Pardo Bazán”.
Su figura era procera, alto, delgado, viril, trigueño tirado a cenceño y ambarino. Blanco, Fombona, rostro lampiño, pelo negro y zambo, “su cara no era para pasearla en New York”, ojos oscuros, vestía con elegancia, nariz recta y larga, dientes blanquísimos y uniformes. Se le considera uno de los más grandes ensayistas del pensamiento romántico latinoamericano del siglo XIX y por supuesto el primer escritor del país.

Su nombre es conocido continentalmente porque fue un apóstol del mas puro civismo en su lucha intransigente por alcanzar la libertad para su pueblo, en abierta contradicción con cerriles tiranos y con el fanatismo religioso.

Le atendió el Dr. León Cablé le hizo transportar a la clínica privada “Casa Dubois ubicada en la calle de Fabourg Saint Dennis, donde le operó la pleura el profesor Constantin Paul, retirándole varias costillas para aspirara el líquido purulento.

Rodó le calificó de genio radical y rebelde a la intolerancia erigida en fuerza pública, pues luchó contra la degeneración de la piedad como sustentáculo de tiranta y como máscara social de vicio y de bajas pasiones. Como escritor tuvo junto a la excelencia del verbo y la fuerza de la idea; la convicción de la doctrina liberal, la altivez de su alma y el ejemplo de una lucha llevada hasta el sacrificio de la vida. Por eso su dimensión humana alcanzó la universalidad, pues fue un fiel discípulo de Sócrates y de Séneca, soberbios ejemplares de filósofos espirituales y estoicos.

Como escritor fue diligentísimo, así como erudito y elegante exponente del arte y la riqueza del estilo, y del brillo del idioma al servicio de las ideas revolucionarias y transformadoras.

Destacó como maestro por su afán didáctico en “El Cosmopolita”, como moralista filósofo y pensador en “Los Siete Tratados” y en la “Geometría Moral”, como estilista audaz en “Los Capítulos que se le olvidaron a Cervantes” donde imitó un libro inimitable como polemista en “El Regenerador” y como verbo flamante y justiciero y genial panfletista insultador en “La Mercurial Eclesiástica” y “Las Catilinarias”.

Cultivó todos los géneros literarios. Hizo poesías, periódicos, panfletos, novelas, cuentos y dramas para teatro, pero sobre todo brilló como ensayista por su erudicción clásica y belleza en la forma literaria. Hernán Rodríguez Castelo ha opinado que las más hermosas páginas montalvinas son de narración y las más vigorosas y plenas las de su prosa polémica

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