José de la Cuadra y Vargas

JOSE DE LA CUADRA Y VARGAS
ESCRITOR.- Nació en Guayaquil el 3 .de Septiembre de 1.903. Hijo legítimo y único de Vicente De la Cuadra y Bayas, comerciante Guayaquileño de quien solo se conoce que era uno de los últimos vástagos de la noble y numerosa familia vasca de la Cuadra, avecindados durante la colonia en el valle de San Francisco de Baba donde tuvieron heredades, gozaron cargos de Cabildo y realizaron matrimonios ventajosos. Con la independencia en 1.820 perdieron relieve y para el Incendio Grande en 1,896, los pocos que aún quedaban se sumieron en el anonimato y la pobreza; y de Ana Victoria Vargas y Jiménez Arias, nacida en Piura durante el exilio de su padre el Coronel José María Vargas Plaza en época de García Moreno (1).

Don Vicente De la Cuadra murió joven y de bronconeumonía dejando a su hijo en la orfandad, con su madre y su abuelo materno que los protegía “Buena parte la mejor acaso- de mi infancia dorada, se la comió el tiempo, mientras habitaba yo en un ruinoso caserón de esos que virtualmente ha desplazado ya la construcción moderna. Como era las costumbres de esas épocas atendió la primaria con preceptoras y en 1.915 su abuelo lo puso tt estudiar contabilidad de la escuela del Prof. Marco A. Reinoso, mientras seguía la secundaria en el Vicente Rocafuerte.

En 1.918 editó la revista mensual “Melpómene”. publicación científica y literaria trabajada con Jorge Japhel Matamoros, que sólo apareció tres veces. El 19 salieron sus primeras crónicas y algunos poemas

(1) La saga familiar le servirá para componer los primeros tres capítulos de su novia “los monos enloquecidos”, borradas las frontera que se separar en el realismo, a la leyenda y exageraciones, de la historia.
como “Decepción”. “Sangre de Incas” y “A la pálida” en la revista “Juventud estudiosa”, publicación mensual de arte, ciencia, literatura y actualidades que tuvo aliento modernista y dirigía con Teodoro Alvarado Olea, trabajando en la administración Tomás Matheus. Dicha publicación se hacia en los talleres de la Sociedad Filantrópica del Guayas. Allí apareció su nota cronológica por la muerte de Medardo Ángel Silva y varios artículos cortos como “Los Predestinados” y “La Mujer”.

En 1.921 se graduó de Bachiller y comenzó la carrera de Jurisprudencia. Burlón y amigo de gastar bromas, regaló a su madrina Leonor Vera de Vera su retrato falsamente fechado en Hong Kong.

En 1.923 fue nombrado Bibliotecario del Vicente Rocafuerte y publicó su cuento “El Desertor” en la revista “Germinal” que dirigía con Colón Serrano en Guayaquil. Su cuento “Nieta de Libertadores” de ambientación rural y escrito el 23, aparecería al ano siguiente en “El Telégrafo”.

En 1.924 integró con “El extraño Paladín” un volumen de cuentos titulado “Oro de Sol” que dedicó a Carlos Alberto Flores, su jefe en el periódico. Entonces salieron sus cuentos “Perlita Lila” en 58 págs. y “Olga Catalina” en 14 págs, considerados narraciones de orden sentimental con residuos de estilo modernista, y comenzó a trabajar la página femenina de “El Telégrafo”, teniendo a cargo la columna “Para la mujer y el hogar” que escribía bajo el seudónimo de “Ruy de Lucanor”.

Al producirse la revolución juliana el 25 que significó un cambio hacia los problemas sociales en el Ecuador, sus ideas se fueron tornando socialistas, fundó la Universidad Popular con cursos gratuitos para las clases pobres, que no tuvo éxito. El 26 presidió el Centro Universitario filial de Guayaquil y con motivo del Congreso de los Centros, viajó a Cuenca, fue electo Presidente de la Federación Sur de Estudiantes Universitarios del Ecuador y conoció a Inés Núñez del Arco Andrade.

En 1.927se graduó de Licenciado, sustentó su tesis sobre “El Matrimonio en el Derecho Civil” e incorporado al gremio puso estudio a medias con el Dr. Pedro Pablo Pín Moreno en la Avenida 9 de Octubre 228, altos de la Botica la Fe, Plaza Rocafuerte Nunca fueron prósperos abogados como se ha dicho ni gozó de fama en la profesión, pues su interés primordial siempre estuvo en el campo de las Bellas Letras.

Ese año colaboró en la revista “Savia” de Luis Gerardo Gallegos y José María Aspiazu con algunos cuentos tales como “Manija, rosa, fruta y canción”, también sacó parte de una página galante dedicada a Victoria María Roggiero Benites y un ensayo evocativo de una visita realizada a Cuenca, en la revista “Voluntad” apareció otra colaboración suya.

El 24 de Marzo de 1.928 contrajo matrimonio con su novia Inés y como había fallecido su abuelo fue apadrinado por el Dr. Leopoldo Izquieta Pérez, amigo de familia. La boda fue solemne, el novio lució de frac y se brindó una recepción a los invitados. Entonces fue designado Profesor agregado de Moral y de Gramática en el Vicente Rocafuerte y arrendó un departamento en Junín 421 y Chimborazo.

El matrimonio tuvo sus altas y bajas. Los dos primeros hijos: Jaime y Guillermo murieron entre 1.930 y el 31 de causas naturales. El mayor fue prematuro, el segundo enfermó de fiebres altas y convulsiones. La tercera Ana Tula no tuvo problemas. La cuarta fue bautizada como Olga Catalina pero De la Cuadra se arrepintió porque la heroína tenia mala suerte en el cuento y por eso le cambió de nombre por Olga Violeta, pero enfermó de bronconeumonía. Cuando llegó el Dr. Juan Tanca Marengo estaba gravísima y sin embargo dijo “El primero murió pero éste no se me va”, se instaló en la cabecera de la enferma y la salvó. Luego nació Juan.

En 1.929 envió a los Juegos Florales del Belén del Huérfano, bajo el seudónimo de “Ortuño Zamudio”, su cuento “Sueño de una noche de Navidad”, que obtuvo el Segundo Premio y fue publicado en 1.930, (2) año crucial en su carrera literaria pues coincidió que José Gabriel Pino Roca y Modesto Chávez Franco editaron con motivo del Centenario de la fundación de la República, sus “leyendas y Tradiciones” y “Crónicas del Guayaquil Antiguo” respectivamente, que influyeron notablemente en De la Cuadra quien planeó su novela “Los Monos enloquecidos”, iniciada en 1,931 y tiene fuertes reminiscencias ancestrales por ser ficción que emula la biografía novelada, género tan admirado por De la Cuadra y en Alfredo Pareja Diez-Canseco elaboró el plan de su “Balón de Baba”; obra bellísima y singulares ambas.

Ese año publicó “El amor que dormía” en 84 págs, colección de seis relatos románticos breves, “dignos de salvarse del naufragio total del olvido”, escritos desde hacía siete años. Uno de ellos, “Madrecita falsa”, obtuvo Medalla de Oro en el Concurso Literario de la Municipalidad de Guayaquil.

También fue importante 1.930 porque desde entonces la literatura ecuatoriana sufrió un cambio y del naturalismo pasó al realismo social de denuncia, sobre todo en la costa, con la publicación de “Los que se van”, obra de tres jóvenes escritores guayaquileños – Gallegos Lara. Aguilera Malta y Gil Gilbert- que llamó la atención por los nuevos modos empleados para relatar temas nacionales. De la Cuadra era el mayor de todos por edad y técnica, ya visitaba la buhardilla de Gallegos Lara y a menudo

(2) De la Cuadra protestó airadamente en una revista contra el Juez Dr. Victor Manuel Rendón Pérez, quien prefirió a un discípulo suyo, “Autor de una rimas malas”.
acostumbraba reunirse con ellos para orientarles; pero, el mérito de haber tratado los temas montubios en la nueva forma y por primera ocasión le corresponde a los tres ya mencionados y sobre todo al ideólogo del grupo: Gallegos Lara, quien ya era marxista. Lamentablemente la nueva narrativa fue rechazada de plano por las clases cultas y debieron transcurrir más de diez años para que pudiera entrar.

En 1.931 se sumó al nuevo realismo social con un volumen titulado “Repisas” en 134 págs- narraciones breves dividas en cuatro secciones: 1) Del Iluso dominio, 2) Para un suave, acaso triste, sonreír, 3) Con perfume viejo, y 4) Las pequeñas tragedias.

En la glosa del título que sirve de introducción a “Repisa” manifiesta que desde niño quiso “colmar las repisas del anuario vacío, fue sueño mió de muchas noches y obsesión de muchos días”, armario que -por otra parte-estuvo siempre en su hogar debidamente cerrado y que al abrir un día, encontró que no estaba lleno como lo había imaginado en sus fantasías.

Hernán Rodríguez Castelo ha manifestado que se muestra en “Repisas” con una prosa más asentada y más madura, que prometía mucho para el futuro. “Repisas” es una selección de veintiún relatos dentro de la línea y crudeza del nuevo estilo, destacando, el cuento “Chumbote” por su tremendísimo, donde se presentó como un perfecto narrador de pequeñas tragedias, que domina su arte de contar historias menores en las que actúan seres candidos, buenos y malos al mismo tiempo y por ello antihéroes, todo esto dicho en un tono subjetivo, casi confidencial, que le fue siempre tan peculiar y que a! mismo tiempo era tan conforme con su manera de ser. Ese año también le publicaron cuatro cuentos en la revista literaria “Novelas y Cuentos” que se editaba en Madrid.


En 1.932 ocupó el Vicerrectorado del Vicente Rocafuerte y sacó “Horno” en 211 págs. con nuevos cuentos, obras maestras en su género, destacando “Banda de Pueblo”, cuento largo, de limpio y bello estilo sustantivo, que sin estridencias cala hondo en el vivir del pueblo a través de un conjunto de músicos trashumantes y “La Tigra” convertido en un clásico ecuatoriano y se desenvuelve en un mundo milico montubio fuera de todo espacio y tiempo, precursor de otras novelas de este mismo género.

Hay que aclarar que “La Tigra” solo apareció en la segunda edición de “Horno” publicada en 1.940 lo que hace suponer que fue escrito después de 1.932. El 89 lo llevó al cine el Director Camilo Luzuriaga, film con enorme éxito por la belleza y plasticidad de sus imágenes.

En 1.933 colaboró con varias biografías en la revista “Semana Gráfica” y a través de la revista “Hontanar” de Loja discutió con el gran crítico peruano Luís Alberto Sánchez, quien había opinado sobre la literatura del grupo Guayaquil. Ese año aparecieron en la “Revista Americana” de Buenos Aires varios de sus ensayos sobre “Iniciación de la novelística ecuatoriana”, “Advenimiento literario del montubio” y “¿Feismo? y ¿Realismo?” En la revista “Claridad” de dicha capital salió un articulo suyo sobre la poesía de Gonzalo Escudero Moscoso y durante el viaje a Quito fue agasajado por amigos e intelectuales.

En l.934 Rodolfo Baquerizo Moreno lo llevó de secretario a la Gobernación del Guayas. Entonces dio a la imprenta sus biografías coleccionadas en un volumen bajo el título de “Doce Siluetas” en octavo, 151 págs. con semblanzas de escritores y artistas y ensayos críticos sobre Augusto Arias, Demetrio Aguilera Malta, Enrique Gil Gilbert. Joaquín Gallegos Lara, Alfredo Pareja Diez-Canseco, Abel Romero Castillo. Jorge Carrera Andrade, Víctor M. Mideros, Gustavo Bueno, Cantuta Palacios, Gemiania Paz y Miño y Wenceslao Pareja, apreciándose su generoso y exigente afán de estimular.

En esos momentos sorprendió a la critica nacional con su obra maestra “Los Sangurimas’ novela corta y montubia en 173 págs. editorial Cénit en Madrid. Esa fue su obra preferida por ser la de mayor madurez intelectual y el punto más alto de su lírica; “El más trascendental y hermoso de todos los libros que se hayan escrito sobre el tema del montuvio, saga familiar, tragedia griega en ambiente montubio y el punto mas alto del realismo social ecuatoriano entre los años 30 y 40, obra de testimonio y mito. La segunda edición data de 1.939.

“Los Sangurimas” ha sido calificado de “singular aleación de elementos imaginados con material derivado de referencias fabulosas transmitidas oralmente, referencias que De la Cuadra tuvo que seleccionar, estructurar y forjar artísticamente antes de incorporarlas al cuerpo narrativo de su creación y ponerlas a servir una función estética.

En 1.935 fue designado Profesor de la Universidad de Guayaquil y comenzó a enseñar la materia de Economía Política, después daría clases de Derecho Administrativo, Derecho Político y Ciencia de Hacienda. Ese año comenzó a escribir la novela “Palo e balsa o vida y milagros de Máximo Gómez, ladrón de gallinas”, que dejó inconclusa por el tercer capítulo.

De la Cuadra fue siempre un excelente padre, amaba a sus hijos y jugaba con ellos. Con su esposa se llevó bien aunque era galante y enamorador con las damas, exitoso y hasta solicitado por ellas. Doña Inés nunca le fue celosa. El era exigente en su casa y gustaba que lo atendiera y mimara. “Hablaba suavecito -calmado en apariencia- y en publico soltaba la más grandes barbaridades de comentario y agresión”. Rotundo con las gentes pues no tenia términos medios. En cuanto a comidas, gustaba de los platillos criollos y tos sábados bebía con amigos en el salón Gutiérrez o en reuniones literarias; sin embargo empezó a hacerse adicto y en 1.936, pocos meses antes de su viaje a Quito, estaba alcoholizado (3).

El Dr. Armando Pareja Coronel le había advertido el daño que le producían tales excesos pero él no le hacia caso. Por eso a su mujer le había dicho: “Si alguna vez me enfermo no me lleves a la Clínica Guayaquil- no vaya a ser que me rete Armando”. Gustaba de la tradición. Investigaba documentos y hasta hacía genealogías. Usaba anillo con escudo familiar y mandó a dibujar uno en España que lucia en una pared principal de la sala, pues tenia el sano orgullo de los hombres de honor. Por otra parte gozaba con la naturaleza y amaba los viajes por los grandes ríos del Litoral. Su comadre Margarita -mujer de un Mayoral de hacienda- le hacia las veces de agente judicial y conseguidora de clientes. Por eso se movilizaba río arriba a Daule y sus comarcas y aún más allá, hasta Colimes, Santa Lucia, Los Tintos y Balzar y libreta en mano anotaba casos y personajes montubios que luego recogía desde su hamaca colocada en el marco de una puerta y dictaba sus cuentos, escogiendo morosamente cada palabra hasta encontrar la precisa. Su esposa era la encargada de tomar nota en un libro grande que él corregía al día siguiente y así salían sus cuentos.

En 1.937 publicó en la editorial Imán de Buenos Aires un trabajo de presentación más que ensayo titulado “El montubio ecuatoriano”, en 92 págs. y nuevamente ocupó la Secretaria de la Gobernación del Guayas, en esta ocasión con el Cor. Jorge Quintana, que a los pocos meses fue designado Ministro de Gobierno del General Alberto Enríquez Gallo y viajó a Quito llevándose a De la Cuadra de Secretario. Después pasaría Quintana


(3) Alejandro Cirrión Aguirre escribió en la revista Diner´s que por la época en que De la Cuadra travajó en el Ministerio de Gobierno, hacía el día noche y la noche día, durmiendo por las mañanas, trabajando en las tardes y bebiendo sin parar hasta bien entrada las madrugadas.
a Francia y De la Cuadra a la Secretaría General de la Administración con rango de Ministro, cargo que el dictador creó especialmente para él y fue tanto el aprecio en que le tuvo, que pocas semanas antes de entregar el poder en Julio de 1.938 lo mandó a viajar por Sudamérica como Visitador de Consulados en Perú, Bolivia, Chile y Argentina y Cónsul General de Buenos Aires.

Poco antes editó “Guasintón” en 163 págs. colección de catorce cuentos, dos crónicas y seis reseñas que apareció bajo el nombre de uno de ellos, con el prólogo de Isaac Barrera, “Guasintón” es la historia de un lagarto montubio y revela un agudo sentido de penetración y análisis hacia un ser no humano.

Para poder viajar al sur tuvo que vender la antigua casa del abuelo solo así cubrió el costo de movilización de los suyos y dejando a su madre en casa de sus suegros, partió, A causa de la bebida trabajaba poquísimo y casi no producía, a veces se ponía bravo por eso.

En Buenos Aires realizó una intensa vida social e intelectual frecuentando los circuitos literarios. Se hizo conocer, colaboró en varias revistas y hasta obtuvo una ventajosa propuesta de trabajo, pero su esposa no quizo que la aceptara y regresaron en 1.940 a Guayaquil, alquilando una casa de madera en Rocafuerte y Loja Ella comenzó a trabajar haciendo sombreros de paño técnica que había aprendido durante un curso en Buenos Aires.

Poco después fue designado Juez Primero del Crimen y reinició su vida anterior con trabajos, producciones y bohemia Una noche extravió los manuscritos de su novela “Los Monos enloquecidos” mientras la leía a un grupo de intelectuales amigos y por más que trató de encontrarla después, no le fue posible. Por ese tiempo también se dedica a recopilar documentos para escribir la biografía de Eloy Alfaro, empeño que compartió con Pareja-Diezcanseco.

Para el carnaval del 41 no salió de su casa se quedó jugando con sus hijos con bombas y baldes de agua. El miércoles de ceniza se despertó mareado por que había bebido mucho puro que mandaba a comprar en botellitas vacías de coca a una tienda de los bajos y como eran las seis de la mañana volvió a acostarse. Sentía un desasosiego y el médico que fue llamado diagnosticó que eran los nervios y le receló un sedante Todo el día pasó intranquilo y a eso de las ocho de la noche se levantó de la silla donde estaba reposando y tomándose la cabeza gritó “Qué dolor de cabeza. Madre mía, no me lleves por mis hijos”.

Cuando su esposa lo fue a auxiliar ya estaba caído sobre la silla sin poder pronunciar palabra y con la mitad del cuerpo paralizado por una masiva hemorragia cerebral. Conducido en ambulancia a la Clínica Alcívar fue asilado de inmediato y atendido de urgencia por su estado de gravedad. A eso de la una de la madrugada lo visitó el Dr. Adolfo Astudillo, Vicario de la Diócesis y amigo de su casa, que le gritó: “Doctor De la Cuadra ¿Se arrepiente de sus pecados?” y como no obtuvo respuesta agregó “Haga un gesto si me oye” y al moribundo le corrieron dos lágrimas por las mejillas ante el asombro de los presentes. Una hora después, siendo las dos, falleció de 36 años de edad. No dejo bienes ni ahorros. El calendario marcaba el día Jueves 27 de Febrero.

El viernes en la tarde (He enterrado de smoking con gran acompañamiento En su oración en el camposanto Enrique Gil Gilbert dijo “Eramos cinco como un puño” refiriéndose al grupo Guayaquil, frase que no era nueva porque había sido acuñada por los fundadores de “El Guante” muchos años atrás, refiriéndose a sus seudónimos, pues cada uno había adoptado el nombre de un hueso de los dedos.
Durante una exposición de pintura realizada en 1 942 Joaquín Gallegos Lara llamó aparte a la viuda y le refirió que él tenia el manuscrito de “Los Monos enloquecidos” y le pedía autorización para concluir el texto que había quedado a medias. Ella se la negó y en 1 948 fue a visitar a la madre de Gallegos y retiró los pliegos, que se publicaron tal cual habían quedado en 1.941.

En esta novela inconclusa De la Cuadra “Se adelantó al exponer e interpretar -no con poca ironía- las manías de los grupos hegemónicos guayaquileños que niegan y desdeñan su cualidad mestiza (mulata) apuntando así a una fundamental escisión y crisis de identidad, “Crisis que años después también fue puesta en evidencia en Quito por Jorge Icaza en su novela El Chulla Romero y Flores cuando dice “El chulla es ese personaje que trata de ser alguien despreciando lo que as y por eso da con lo grotesco y da con la tragedia.”

En 1.957 Dña. Inés se trasladó a Quito y luego de ocho meses de constantes idas y venidas a la Casa de la Cultura obtuvo que se editaran la obras completas de De la Cuadra, prolongadas por Pareja Diez-Canseco y con notas de Jorge Enrique Adoum. En 980pags, e índice. En 1.976 Humberto E. Robles, profesor de la Northwestm University de Evanston, Illinois, editó en la misma CCE ‘Testimonio y tendencia mítica en la obra de José de la Cuadra” en 264 págs. hasta ahora considerado el mejor y más completo estudio que se ha realizado sobre la obra de dicho autor.

De la Cuadra no fue un novelista en el extenso sentido de la palabra pues sus creaciones de largo aliento como “Los Sangurimas” y “Palo e Balsa” le delatan como un cuentista avezado de una literatura oral anecdótica y ancestral, rica en cuadros, episodios y hasta montajes como bien lo ha manifestado su crítico Robles, donde lo importantes narrar un acontecimiento curioso o una hazaña insólita y casi siempre mítica de la realidad montubia (confrontamiento de una forma de vida violenta, dramática e impresionante).

Acostumbraba a escribir en una hamaca que en la costa se llaman roncadoras y que se cuelga entre los marcos de las puertas. El tenia en cada puerta los ganchos para sus hamacas y escribía en cuadernos. Se echaba en la hamaca y se ponía a pensar las palabras. Estaba su cuaderno ahí, balanceándose en espera de encontrar el justo término, el baustimal, el lapidario, y por eso obtuvo expresiones como aquella del final de “Washington”.

Estatura mediana, tez trigueña, pelo y bigotes negros y suaves, ojos café y juguetones que le bailaban de pura inteligencia y simpatía Nunca amargado, siempre noble, leal y cordial diletante Bondadoso, humano y hasta infantil en el trato con los suyos. Disciplinado para componer su obra, exigente consigo mismo, creyendo siempre que el hacer literario era la más importante faena de su vida útil al país. Su recuerdo, agigantado con el paso de los años, se mantiene vivo en las nuevas generaciones.

 

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