Luis Punguil (entrevista)

Redacción Ambato

Luis Punguil es famoso en casi todos los lugares donde se baila con banda de pueblo. Se gana los besos de las ‘reinitas’, pero desde hace 58 años siempre está acompañado de su esposa María Chicaiza. De hecho, en la sala de su modesta casa hay una foto  en blanco y negro de ambos abrazados, enamorados….

Es pícaro para conversar y contar las anécdotas que ha vivido junto a la banda 24 de Mayo, una de las más reconocidas de la Sierra centro. En Patate, donde vive, todos lo conocen por su buen humor y su fe en el Señor del Terremoto. Es querido y respetado y siempre tiene tiempo para hablar de su vida. Y aunque parece que lo ha dicho todo, todavía tiene algo que contar.

¿Cuándo se dio cuenta que la música iba a formar parte de su vida?

Desde los 12 años ya tocaba la  flauta, la dulzaina, la hoja de capulí y el rondador. Nunca pensé que esta iba a ser la forma de ganarme la vida por más de 60 años.

¿Viene de una familia de músicos?

Mi pasión
“La música. Me ha dado todo lo que ahora tengo, incluyendo  amigos y  enemigos”.

Aprendí solo. Nadie me enseñó y por eso Juan de Dios Quispe, director de la Banda del Municipio de Ambato, en los años cuarenta, se sorprendió y me dijo que  pidiera permiso a mi madre para enseñarme más. Mi mamá   no tenía dinero  y  desistí. Pero el finadito Quispe no me cobró y me enseñó a tocar el clarinete y el saxo.

¿Cuándo entró a una banda de pueblo?

A  los 15. Ayudaba a tocar a los maestros  y, cuando alguno se cansaba,  me integraba. A veces cargaba el bombo,  que era pesado. Yo era muy guambra.

¿Ha cambiado la forma de tocar en una banda?

Muy poco. Los instrumentos son los mismos, pero ha ingresado más tecnología. Antes todo era a base del esfuerzo del músico; hasta roncos nos quedábamos.

¿Le molesta que le digan trompudo?

(Risas) Para nada. ¡Que  me digan lo que quieran! Creo que es una forma de reconocer nuestra labor. Sin nosotros no hay baile.

¿Por qué la banda de pueblo no se ha consolidado para el gusto de las élites?

Mi credo
“Dios. Es el creador de todas las cosas y es quien puede ponernos a prueba …”.

Ellos se lo pierden. Con la banda el baile es más alegre y es una parte de la cultura. Pero  los presidentes del país y algunos jóvenes de dinero sí bailan en las fiestas de Ambato, la Mama Negra…

¿Se ha emborrachado?

No se olvide que a los músicos siempre les dan trago.  (Risas). En el escenario no, todo  después de cumplir el contrato. Ahí sí no lo niego, puesto que es una forma de agradecer la cortesía de las personas que nos contratan y que de paso dan papas con cuy, hornado o fritada. A las presentaciones voy con mi mujer. 

La banda 24 de Mayo se ha dado a conocer con mayor fuerza en los últimos cinco años. ¿Desde  hace cuánto tiempo es el director?

Me hice cargo hace 51 años y en esa época no teníamos nombre pero  nos conocían como la banda de Los Paredes, no sé  la razón. Desde hace 40 años se llama banda 24 de Mayo. En esa época fuimos donde el juez cantonal de Pelileo, quien inscribió al grupo. 

¿Su agrupación es solo de familiares?

Mi lugar
“Mi patio. Desde ahí puedo observar  Patate y la iglesia del Señor del Terremoto”.

Es un error. No todos somos familiares, aunque sí la mayoría. También hay alumnos de mis hijos que enseñan en el conservatorio;  les exigimos que tengan calidad y gusto por la música.

¿Cuántos tocan?

A escena suben 17, pero solo tocan 12, el resto es animación, baile y otros aspectos de logística. En promedio hacemos contratos de cinco horas en adelante.

¿Compone  canciones?

Yo no sé leer las partituras, solo toco al oído. Mis hijos sí saben leer las partituras,  ellos se formaron en el Conservatorio de Riobamba y ahora dirigen bandas institucionales del país. 

¿Vale un sanjuanito como reggaetón?

No hay problema. La banda está en eso. Debe sonar bonito, solo hay que adaptarse.

¿El pasillo o la bachata?

Toco de todo, pero la música nacional es parte de la identidad, así que me quedo con los buenos pasillos de antaño.

¿La fama le ha llevado a conocer otros países?

No hay tiempo por la serie de contratos. Estuve a punto de ir a Colombia pero la invitación se canceló. Sin embargo, conozco casi todo el Ecuador.
 
¿Qué siente cuando está en el escenario?

Nervios ya no. Siempre es un reto porque hay que saber ganarse  a los diferentes públicos. 

¿En los videos de la banda por qué no se viste como el resto de los integrantes?

(Frunce el ceño) Ellos no quieren. Además, el director tiene que estar más serio, por eso yo estoy siempre con terno,  sin desprenderme del clarinete.

¿Es la banda de pueblo  un ícono de las fiestas populares del Ecuador?

Se necesita una banda o varias para que se arme la fiesta. Tocamos lo que pidan y nos adaptamos a cualquier escenario, incluso en lluvia, polvo y hasta en lodo. Lo importante es llevar la alegría. 

¿Es mejor la banda o el disco móvil?

En la banda se entona bonito y más con una copita de licor.

¿Hasta cuándo permanecerán las bandas?

No  sé, pero se debe seguir con más fuerza. Ahora las bandas son tipo orquesta y tienen otros arreglos musicales y bailarinas…

¿Por ser famoso se ha ganado un beso de alguna reina en las presentaciones?

No solo uno, dos, pero ahora por la fama… Hace ocho años la banda estaba dispersa y algunos  alumnos que se formaron aquí  crearon sus propias bandas. Yo antes tocaba donde me invitaban, pero hace cinco años mis hijos me hicieron un homenaje y lanzamos nuestro disco y desde ahí todo ha cambiado;  nuestro ritmo está en el extranjero. Mi esposa siempre me acompaña y por eso no hay celos.  

¿Hasta cuándo va a seguir en los escenarios?

(Carcajadas) Hasta que Diosito me dé licencia. Qué más me toca, chulla oficio que tengo. No puedo coger ni yunta ni arado,  me han de virar los bueyes.

¿Sus dedos están tan adaptados a su clarinete que parece que tuviera artritis?

Gracias al Señor del Terremoto estoy sano.  

¿Ha recibido reconocimientos?

No muchos, pero no es mi ideal alcanzar el reconocimiento,  lo que hago es por amor.

Su vida

Juan Punguil nació en Pelileo (Tungurahua)  el 4 de abril de 1925. Está casado con María Chicaiza desde hace 58 y vive en el centro de Patate. Tiene seis  hijos, cinco de ellos varones.

Todos sus retoños están dedicados a la música e incluso son parte de bandas institucionales . Su hija Dioselina le acompaña   y recibe las llamadas para contratos. Es músico, pero no compositor. Prefiere la vida calma, los pasillos y odia las arepas.

Los ‘trompudos’ son parte de la cultura andina

Los latidos de la banda de pueblo con su bombo, los voladores estrellándose en el cielo, las vacas locas atrapando a los cuerdos… son parte de las fiestas populares en cualquier rincón de la Sierra ecuatoriana.

En los últimos años también este grupo de músicos alegra las chivas en las fiestas de las grandes ciudades. El “toooooooquen trompudos” es casi  una arenga para que la farra arranque.

No hay un número determinado de integrantes de las bandas de pueblo. Pero siempre están los que tocan los saxofones, los clarinetes, el bombo, los platillos, los redobles, los trombones, las trompetas. Últimamente, la mujer se ha integrado a estos grupos, interpretando varios instrumentos, sobre todo el xilófono.

Muchas bandas reconocidas     han crecido gracias a la tradición familiar, sobre todo en las zonas rurales de Pichincha, Cotopaxi, Tungurahua y Chimborazo. Muchos miembros pertenecen a un mismo linaje y otros se acercan en calidad de aprendices.

En la banda también se puede ver uno o varios muchachos, que regularmente son aprendices de este oficio e incluso ayudantes. El mismo José de la Cuadra describe en uno de sus escritos (Banda del pueblo)  a Cornelio Piedrahíta, un muchacho que ayudaba a cargar “en contra de su voluntad” el bombo y los platillos, instrumentos que tocaba su padre.

Ahora, los niños suelen ganarse el aplauso del respetable cuando entonan los instrumentos de viento o de percusión. En estos días, las bandas han incorporado variantes escenográficas como pasos de baile y hasta bailarinas; todo por estar al día y satisfacer los gustos de los enfiestados.

Según el sociólogo Manuel Espinosa Apolo, estos grupos musicales son unas expresiones vigorosas de la cultura popular andina. Espinosa, en estudio sobre las bandas de pueblo, explica que en ellas existe una “concurrencia de tradiciones propias de los Andes y del Mediterráneo”.

Esto debido a que estas agrupaciones populares  reúnen  instrumentos del sur mediterráneo y la música que producen  “es propia de las regiones altas de Sudamérica: melodías pentafónicas en las cuales  predomina el aspecto monódico por sobre el armónico, ya que casi todos los instrumentos entonan la misma melodía, amén de su íntima vinculación a la fiesta religiosa, es decir, al tiempo sacro”.

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