Intermezo

La seda de tus lánguidas pestañas

a proteger tus ojos descendía,

ante la encantadora bicromía,

de las aristocráticas arañas.

 

Un solemne mutismo de campanas

Al Vesper, nuestras almas invadía;

y, de súbito, habló la melodía

con un dulzor de pastoriles cañas…

 

Para escucharla, se detuvo el viento…

a la maga caricia de su acento,

vibró tu carne de escultura, viva;

 

la noche se durmió en tu cabellera

y, besando las lilas de tu ojera,

se perfumó una lágrima furtiva !

Autor: Medardo Angel Silva

 

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