el poema de la semana

gualaceo Oscurece la noche el dialecto desnudo   de la palabra.   No tengo flores en los labios,   hoy que llueve y zozobran las nieves perdidas,   mueren cada mañana doliéndome   fuera del tiempo.   Las raíces de mis manos, en absurdo reproche,   son un vuelo de pájaros rotos   señalando en cada memoria   fingir olvido.   Ya habrás escrito el último verso, sedeña de tu boca,   y, sin embargo, suicidado el día,   nunca serás de nuevo luna   donde me ahogue de goce y privilegio.   Olvidamos que somos dos ríos,   torrente navegable de primavera, el tuyo,   rendido a los sentidos otoñales, mi padecer acidia.   La misma sed nos cubre, enigma inacabable,   colgado del penúltimo albergue que nos sostiene.   No te pido el rescate porque estoy aprehendido   del ayer que desborda voraz,   tanto tedio.    José Manuel Fdez.Febles     

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