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José Joaquín Pino de Icaza

Posted in poetas ecuatorianos with tags , on octubre 12, 2008 by edmolin657

JOSE JOAQUIN PINO DE ICAZA
POETA.- Nació en Guayaquil el 30 de Enero de 1.902 en la casa de su abuela Rafaela Roca Molestina ubicada en el barrio del Astillero donde hoy se levanta el edificio de “La Universal” y su crianza fue confiada a la doméstica Rufina Mazzini. Hijo legítimo de José Gabriel Pino Roca, historiador y tradicionista que realizó la trascripción paleográfica de las Actas del Cabildo de Guayaquil y de Dolores de Icaza Bustamante, guayaquileños.

Desde 1.908 ingresó al Colegio de los Hermanos Cristianos ubicado detrás de La Catedral. En 1.913 su familia se cambió al centro donde vivía la tía Dolores Icaza de Olmedo, casa de la familia Burbano, frente al Parque Seminario. Allí se zafó el brazo a consecuencia de una rodada de escaleras.

En 1.914 ingresó al Vicente Rocafuerte y tuvo de profesor de Gramática y Preceptiva Literaria a Gustavo Adolfo Lemus. Por las noches aprendía francés con su padre, que en las navidades le obsequiaba rompecabezas con mapas y escenas de la historia de Francia comprados por catálogo en los almacenes “Bond Marché” y “Galería Lafayette” de París.

En 1.916 comenzó a componer versos y su familia se cambió a una casa de madera qué aún existe en la calle Panamá casi al llegar a Junín propiedad de la familia Rohde. Entonces escribió sus primeros sonetos que publicó en las revistas “Patria” de Carlos Manuel Noboa y “Helios” de Carlos F. Granado y Guarnizo y se incorporó al grupo de poetas modernistas. Su padre no miraba con gusto estas actividades literarias que distraían la atención de su hijo de los estudios; sin embargo, tan fuerte era su vocación por la poesía, que no pudo alejarse de ella y siguió escribiendo sonetos perfectos que enviaba a las revistas “Juventud” de Quito y “Proteos” de Guayaquil.

En 1.919 se dio a conocer en “La Idea” de Quito que dirigía Alejandro Andrade Coello, profesor en el Colegio Mejía. Pino Icaza ya era “dueño de un sonetario musical y simbólico que por su anhelo de perfección evoca el gusto del Parnaso; amigo de Medardo Ángel Silva y señalado como casi todos los de esta generación, por los índices de precocidad”. Ese año colaboró en la revista “Juventud Estudiosa” de Teodoro Alvarado Olea y José de la Cuadra.

Igualmente colaboró en la revista quiteña “Caricatura” que dio el comentario humorístico al decir de Augusto Arias. En la revista “La Campana” publicó una parodia del poema “Plegaria Lírica” de José María Egas, que le valió la formal reprimenda del Gobernador del Guayas, Enrique Baquerizo Moreno, aludido en la burla.

En 1.920 colaboró en “Ariel” y dirigió “Los Hermes” revista que circuló más de un año. Entonces, el panorama lírico de Guayaquil estaba formado por Francisco J. Falques Ampuero, Wenceslao Pareja, Miguel E. Neira, José Antonio Falconí Villagómez, Manuel Eduardo Castillo, Medardo Ángel Silva, Carlos F. Granado y Guarnizo, José María Egas, Ernesto Noboa y Caamaño y Miguel Ángel Barona. A este primer grupo se sumaron, justamente con “Los Hermes”, Aurora Estrada y Ayala, Enrique Segovia, Alfonso A. Irigoyen, Leopoldo Benites Vinueza, Miguel Augusto Egas (Hugo Mayo) y desde Quito: Sergio Núñez, Rafael Coronel y Ricardo Alvarez; pero andaba tan ocupado en estos quehaceres, literarios que no aprobó Matemáticas en el sexto curso y no se gradúo de Bachiller. En “Los Hermes” publicó numerosas composiciones de fina factura versallesca.

En 1.921 ingresó al Banco Comercial y Agrícola por cortos meses pues prefirió trabajar en “El Telégrafo” donde alternó con lo más notable de la política y la intelectualidad guayaquileña en alegres noches de bohemia literaria y con algunos de sus compañeros se deleitó con los placeres de la fina bohemia en “El Búho” salón ubicada en Diez de Agosto, al lado de “El Telégrafo”, donde probó por primera vez la morfina con Enrique Segovia y Adolfo H. Simmonds. Mientras tanto había completando su formación cultural con autores clásicos y modernos; lector incansable, llevaba libros al comedor para no perder ni siquiera esos momentos.

Para 1.924 su nombre había alcanzado una justa fama y figuró en la “Selección de Modernos Poetas y Prosistas Ecuatorianos” publicada por la Sociedad de Escritores de Quito, donde se dijo: “Nos ha dado hermosas muestras de su delicado sonetario galante y en su blasón lírico ha enredado las ramas de los jardines de Versalles con el pífano del trópico”.

En 1.926 quiso publicar sus poemas en un parvo volumen titulado “Sándalo” pero varias urgencias económicas se lo impidieron. En 1.927 conoció a su vecina Carolina Cantos Cañarte y se enamoró de ella. Ese año envió varias poesías a la revista “Voluntad”. Desde 1.928 comenzó a colaborar en la revista “Páginas Selectas” que se editaba en la imprenta del “El Telégrafo”.

Entre 1.930 y 32 nuestro país vivió una de las etapas más pobres y tuvo que trabajar para sobrevivir en el Departamento Municipal de Catastros. En 1.932 pasó a las Aduanas; a los pocos meses el Gobierno rebajó los sueldos de los burócratas y fué comisionado por los compañeros de oficina para viajar a Quito y presentar una protesta conjunta, que le ocasionó su inmediata cancelación. Mientras tanto un amigo le había obtenido colocación en la capital y con esa promesa regresó al puerto el 19 de Enero de 1.933 contrajo matrimonio con su novia Carolina, y juntos viajaron a Quito, encontrándose con la sorpresa que el empleo prometido había sido concedido a otra persona.

En tan crítica situación el Ministro de Educación Leopoldo Izquieta Pérez lo nombró profesor de un colegio secundario de Guaranda, donde estuvo cinco meses hasta julio, que se terminó el curso lectivo de la sierra. Había cerrado su mejor etapa lírica, la modernista. Las urgencias y estrecheces de la vida acabaron con un gran poeta.

Entre 1.934 y 1.942 trabajó en labores oficinescas en el Consejo Provincial del Guayas. En 1.942 el rector del Vicente Rocafuerte le solicitó que aceptara las cátedras de Historia y Literatura Universal, que desempeñó brillantemente hasta su muerte.

En 1.944 figuró en la “Antología de Poetas Ecuatorianos” editada por el Ministerio de Educación y publicó varios relatos históricos que aparecieron en sucesivas entregas con el nombre de “Rostros antiguos y papeles viejos”.

En 1.945 editó en la Revista del Vicente Rocafuerte “Dos mujeres y dos ciudades” en 16 págs. que levantó polvareda regionalista por plantear que el Mariscal de Ayacucho, al preferir a Mariana Carcelen sobre Pepita Gainza, había convertido a Quito en centro y eje de esta región, y “Algunos Hermes del Modernismo – La tragedia de nuestra generación” en 47 págs., donde analizó “el aporte de los poetas de la generación modernista y post modernista frente a la incomprensión de un medio hostil”.

Entre 1.947 y 49 fue profesor de la recién fundada Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guayaquil. En 1.948 salió en la misma revista del Vicente “Estudios Literarios. Poetas de Guayaquil”.

En 1.949 “Romance del General Eloy Alfaro” primera de sus composiciones escritas a la nueva manera, guiado por su amor a la España peregrina, donde se mostró muy inferior a su primera etapa lírica.

En 1.951 volvió sobre el tema con “Romance de la Mamita Lola”, poesía intimista y familiar, de casa adentro, fácil, ameno y juguetón, sin el Barroquismo de sus años iniciales.

En la década de los años 50 se dedicó a dictar conferencias sobre literatura francesa en un localito de la calle Chimborazo casi al llegar a 9 de Octubre, donde años atrás había funcionado el teatro Aladino. También colaboró en la revista radial “Vida Porteña” y fue uno de los fundadores de “Aliance Francaise” de Guayaquil.

En 1.951 conoció al Dr. Carlos Guevara Moreno que estaba detenido por razones políticas en la Cárcel Pública Municipal y poco después ingresó a la Concentración de Fuerzas Populares, con Rosa Borja de Ycaza se convirtieron en el soporte aristocrático y al mismo tiempo cultural de dicho partido populista.

En 1.955 editó “Una interpretación de Medardo Ángel Silva” en 30 págs. y fue electo Concejal del Cantón Guayaquil. Entre 1.955 y 57 dirigió la revista “Trópico”, colaboró en el diario “La Prensa” y en el suplemento literario de “La Nación” bajo el seudónimo de José Tanensberg.

En 1.957 sorprendió a la opinión nacional con su libro ‘Tres constructores de la República” en 134 págs. que dedicó a Guevara Moreno. En esta Obra Pino Icaza manifiesta ser un conocedor de la Historia ecuatoriana al trazar los principales rasgos biográficos de Rocafuerte, Montalvo y Carbo. Ensayo escrito a la luz de un profundo y bien formado criterio, en brillantísimo estilo oratorio, vibrante, inflamado. Por este libro se situó entre los principales estilistas ecuatorianos en lo que va de este siglo. Ese año fuí su alumno de Literatura Universal en el sexto curso del Colegio Vicente Rocafuerte. Ela maestro subía lentamente al tercer piso por un pertinaz enfisema que lo acosaba.

El 28 de Junio le fueron concedidas las Palmas Literarias de la Academia Francesa. En 1.958 fue reelecto Concejal del Cantón y salió designado Diputado por la Provincia del Guayas. A principios de febrero de 1.959 se cambio a una villa propia adquirida con un préstamo al Seguro Social y como presintiendo un cercano fin exclamó: “Mi tío Pancho dice: Jaula nueva, pájaro muerto”. El 25 se levantó a eso de las cinco de la mañana porque se ahogada. Su esposa lo sopló con un abanico y como se mejorara, dijo: “Voy a mi cuarto” refiriéndose a la biblioteca- pero al caminar unos cuantos pasos cayó muerto, como fulminado por un rayo, a consecuencias de un infarto; cumpliéndose lo que siempre había deseado, morir de improvisto. Se llamó entonces al Dr. Falconí Villagómez y a sus hermanos, pero todo en vano.

Fue un finísimo cincelador del soneto modernista; amigo de la parquedad, su obra poética se encuentra dispersa, sólo se le conocen 14 sonetos y 3 romances. Catedrático eminente y hombre de cultura enciclopédica. Gran orador, desde joven congregaba entusiasta auditorios cada vez que conversaba de Literatura. Aún se recuerda su improvisación en el salón de Honor de la Municipalidad de Guayaquil cuando en 1.956 se brindó el Homenaje Nacional a Monseñor Domingo Comín, Obispo Misionero de Méndez y Gualaquiza. Como dramaturgo estrenó en el teatro 9 de Octubre “Al claro sol de los recuerdos”-poemas en prosa- obra calificada de simbolista y que adecuó para la escena el joven escritor y artista, José Guerra Castillo, (a) Curro Montes.


Al tiempo de su fallecimiento aunque su aspecto denotaba un singular cansancio producto del mucho fumar cigarrillos negros, de un enfisema pulmonar bastante avanzado y de la morfina que jamás dejó, se mostraba alegre y hasta optimista, tenía pensado publicar su poemario “Sándalo”, que aparecería años después -1.975- editado por mí (1) en 1.945, una autobiografía y varios ensayos históricos y hasta había ordenado algún material. De piel tostada, estatura más baja que alta, voz grave, andar lento y con bastón a causa de una úlcera varicosa; ojos, pelo y bigotes negros, mirar inteligente y cansado, hablar fluido; enemigo de las disciplinas supo inculcar a sus alumnos el amor a la belleza, el cultivo de las letras y el goce de los placeres superiores del espíritu.


(1) En la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas, en 78 págs.

Jorge Enrique Adoum

Posted in poetas ecuatorianos with tags , , on octubre 12, 2008 by edmolin657
JORGE ENRIQUE ADOUM
POETA.- Nació en Ambato el 29 de Junio de 1926. Hijo legítimo de Jorge Elías Francisco Adoum, inmigrante libanés venido al Ecuador donde hizo traducciones del árabe, pintó, esculpió, compuso música, practicó la medicina naturista, escribió más de 40 volúmenes sobre ciencias ocultas y masonería firmados con el nombre de Mago Jefa, puso consultorio privado de hipnotismo, magnetismo y sugestión, realizó numerosas curaciones consideradas en su tiempo como milagrosas y en 1945 viajó a Chile, Argentina y Brasil, falleciendo en Río de Janeiro en 1958 cuya biografía puede verse en este diccionario y de Juana Auad Barciona, fallecida en 1953 (I).Inició sus estudios en el pensionado Juan León Mera de Ambato. En 1935 su familia se trasladó a Quito y allí terminó la primaria con un profesor privado, Víctor Félix Toscano. “Cuando, adolescente, comenzó mi vicio por la lectura, encontré en una librería un pequeño volumen de poemas eróticos escrito por mi maestro, lo que me sobrecogió”.

“El director de la escuela fiscal donde estudiaban mis hermanas menores me prestó Cumandá cuando yo tenía unos 12 años. La leí en dos días y no lo creyó, por lo que jamás volvió a prestarme libros. Pero un medio hermano mío, Carlos Olmedo Villamar, mayor que yo, compraba para nosotros los chicos la revista El Peneca y para él Leoplán, que traía una novela en cada número. En vacaciones, yo leía una por día”.

(1) Juana Auad Barciona, casó primero con Luis Villamar, con hijos en Machala y viuda caso por segunda vez con Jorge Elias francisco Adoum.

“Por haber entrado a la escuela directamente al segundo grado, puesto que sabía leer, escribir y las operaciones fundamentales, al terminarla sólo tenía 11 años, razón por la que no fui admitido en ningún colegio, debiendo pasar tres años como oyente en el San Gabriel. Eran los años de la guerra civil española y allí nos obligaban a comprar y leer relatos falangistas, pero los amigos viejos del barrio —mecánicos, carpinteros, herreros— me explicaron lo que estaba en juego en ese conflicto. En el colegio habían concursos anuales de literatura – poesía y prosa – que ganaba con cierta frecuencia. Mi primera poesía tituló “Canto a la Dolorosa”, fue una etapa de escritura instintiva todavía tradicional. Cuando tras de los jesuitas fui alumno de Humberto Salvador en el Instituto Nacional Mejía, dicté en el teatro Sucre dos conferencias: una sobre Stefan Zweig que acababa de suicidarse en Brasil por temor a la victoria del nazismo y otra sobre Dostoievsky. Por entonces comencé a escribir ensayos sobre los temas más diversos y que conocía poco. Un día, cuando un amigo de casa expresó una opinión desfavorable sobre algún texto que se me obligó a leer, rompí cuanto había escrito. Esa noche mi padre me dijo: “Si pretendes llegar a ser escritor y ésa es tu reacción, te felicito”. Jamás volvió a importarme la crítica, sea favorable o negativa”.

“Hacia esa época descubrí con admiración para siempre el psicoanálisis y la filosofía marxista; quise afiliarme al Partido Comunista pero no se me aceptó entonces por ser ¡demasiado joven!. La vida en familia se me había vuelto intolerable, particularmente por la severidad de la disciplina impuesta por mi padre: éramos cinco hermanos y no se nos permitía hablar en la mesa. Un día de 1945 me enteré que un amigo íntimo preparaba viaje a Chile; me fui con él, con mi maleta llena de libros de poesía ecuatoriana. Creo que jamás saqué uno solo de ellos. En Santiago hice de todo: desde mozo de restaurante hasta periodismo. Conocí a Neruda en una cena de despedida que los intelectuales chilenos ofrecían al poeta y embajador argentino Raúl González Tuñón. Meses después, al salir de una conferencia suya “Viaje al norte de Chile”, me pidió que “le hiciera de secretario”. Aquella fue una experiencia enriquecedora: aprendí que un poeta, inclusive una de los mayores, también debía trabajar sus textos (aunque él corregía relativamente poco) conocí a autores del mundo entero, las ediciones raras e inencontrables. En 1947 Gabriel González Videla puso fuera de la ley a los partidos de izquierda con cuyo apoyo fue elegido Presidente y persiguió a Neruda, entonces Senador de la República, que le había acompañado por todo el país durante la campaña electoral.

Aprovechando esa coyuntura interna, el embajador Carlos Guevara Moreno pidió a las autoridades chilenas que expulsaran del país a algunos estudiantes ecuatorianos, vengándose así cobardemente de discrepancias políticas tenidas antes en Ecuador. Estuve tres meses escondido, durante los cuales Neruda me obtuvo un pasaporte y dinero para el viaje. El 8 de enero de 1948 desembarqué en Guayaquil, frustrado, pobre, desocupado: Pedro Jorge Vera y Alfredo Palacio me dieron de comer y de beber. En mayo de ese año fui nombrado prosecretario del Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y en octubre vine, con el mismo puesto, a la matriz de Quito”. En Noviembre del 47 había fallecido en Guayaquil el gran ideólogo comunista Joaquín Gallegos Lara y su partida comisionó a Adoum para que entrevistara a su madre, a fin de recabar datos y documentos para escribir su gran biografía. Lamentablemente Adoum nunca ha sido biográfico sinó poeta pero no olvido el encargo y con el paso de los años dio a la luz un texto con personajes sobre José Gálves, personaje imaginario aunque muy parecido a Gallegos Lara.

En 1950 ocupó la dirección de la Editorial de la CCE donde se publicaba la revista Letras del Ecuador e hizo derroche de exquisito gusto editorial, desenvolvió su poderosa actitud lírica y tradujo del inglés la poesía difícil pero hermosa de T.S. Elliot, a quien siguió por algún tiempo.

Con César Dávila Andrade, Rafael Díaz Ycaza, Cristóbal Garcés Larrea, Miguel Augusto Egas Orellana, Tomás Pantaleón, Eduardo Ledesma y otros poetas más formó parte del célebre grupo “Madrugada”, una antología de los cuales publicó bajo seudónimo de Ricardo Ariel.

En 1948 había contraído matrimonio con Magdalena Jaramillo Cabezas con quien tuvo dos hijas. En 1949 apareció su primer poemario bajo el título de “Ecuador amargo” que significó su revelación como gran poeta reflexivo y maduro a los veintitrés años. Hernán Rodríguez Castelo ha opinado: “Adoum rompió el verso, radicalizó la metáfora y acercó la palabra poética a la voz del habitante de la tierra. Su poemario es un canto inicial a la Patria y desgarrada y honda confesión personal. Visión poética de una realidad hecha de sombras y de gritos, de aconteceres grises, quedando solamente la protesta como vehículo de redención”. Neruda le escribió de Chile: ‘Tienes que librarte de un nerudismo que no te hace falta” y Alejandro Carrión, en el Diccionario de la Literatura Latinoamericana – Ecuador, acotó: “Adoum continúo fiel al partido comunista no obstante su sensualidad, su sibaritismo y su innata actitud aristocrática que le hace reacio a toda transacción gregaria”.

En 1951 editó otro poemario “Notas del hijo pródigo”, y el 52 inició su serie poético – histórica, que anunció en ocho libros, titulada Los cuadernos de la tierra, con los dos primeros a los que llamó “Los orígenes” – que trata sobre la confederación de tribus anteriores a la conquista de los Incas – y “El enemigo y la mañana”, sobre los tiempos del incario.

La crítica saludó unánime a esta nueva voz metálica y obtuvo el primer premio nacional de poesía. Rodríguez Castelo ha escrito que Adoum se anuncia decisivo en su lenguaje lírico, con algo de influencia de Carrera Andrade pero con la novedad de la fuerza de sus expresiones, con sorda y apasionada cólera. El tema es el hombre emergiendo de la tierra como héroe de esos cantos que por eso están poblados de elementos telúricos.

Ese año también publicó “Carta para Alejandra” y en 1953 “Relato del extranjero”. En 1954 Neruda le invitó a Chile junto con numerosos escritores de todo el mundo a celebrar sus 50 años, pero al arribar Adoum al aeropuerto de Santiago fue detenido e interrogado por la policía durante siete horas, al cabo de las cuales fue deportado, pues aun pesaba sobre él el decreto de expulsión pedido por Guevara Moreno. En 1955 tradujo del inglés el libro de la periodista norteamericana Lilo Linke “Viaje por una revolución”, sobre la Bolivia de Víctor Paz Estensoro.

En 1957 dio a luz “Poesía del siglo XX”, recopilación de ensayos sobre diez poetas de este siglo que han influido en la poesía latinoamericana. El 59 editó su tercer Cuaderno llamado “Dios trajo la sombra”, que trata sobre la conquista española. Allí “se liberó de toda influencia anterior para llevar hasta límites estupendos la transmutación lírica y antilírica, épica y antiépica de la crónica y el mito”.

 

 

El 60 obtuvo el premio de poesía del primer Concurso latinoamericano de literatura de la Casa de las Américas de Cuba, adquiriendo fama internacional. Mientras tanto había salido de la Casa de la Cultura y trabajaba como editor de literatura médica y de una revista de los Laboratorios Ufe, luego pasó a ser distribuidor de películas de la Columbia Pictures en Quito, pero por haber viajado a La Habana en 1961, a recibir su premio, fue cancelado; ese año salió su cuarto Cuaderno “El dorado y las ocupaciones nocturnas”, sobre el descubrimiento del Amazonas y la colonia, en aliento y tono sostenido, contando esa aventura hacia la muerte, presidida por un sino fatal y luego los días largos, grises y amargos, pictóricos de viejas humillaciones y dolores, que fue el coloniaje. Ese año fue designado Director del Departamento de Cultura del Ministerio de Educación, siendo ministro Gonzalo Abad Grijalva, 63 salieron sus cuatro Cuadernos recopilados en un solo tomo y merced a una beca del Programa Principal de conocimiento de los valores culturales de Oriente y Occidente de la Unesco pudo recorrer durante tres meses en misión cultural varios países de Oriente, entre ellos India y Japón, y al llegar a Jerusalén se enteró de la caída el presidente Arosemena Monroy. El presidente de la Junta Militar, Ramón Castro Jijón, que había sido amigo suyo, le hizo saber que si regresaba al Ecuador “no podría garantizar su integridad física”. Entonces radicó en París y comenzó a escribir un texto con personajes aunque varias veces abandonaría el proyecto por culpa de viajes y compromisos; aunque sin embargo, desde el 73 al 76 pudo terminarlo.

 

Remigio Romero

Posted in poetas ecuatorianos with tags on octubre 3, 2008 by edmolin657
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REMIGIO ROMERO Y CORDERO
POETA.- Nació en la hacienda Surampalti, en Déleg, Provincia de Cañar, productora de cebada, trigo y capulíes el 13 de Junio de 1.895 y fue bautizado en el Sagrario de Cuenca el día 15. El mayor de una familia de ocho hermanos donde todos serían poetas. Su padre el Dr. Remigio Romero León (1.871-1.942) sobrino del Obispo de Cuenca Miguel León Garrido, era abogado y escritor, Vicerrector y Catedrático de Derecho Internacional Público y Privado de la Universidad de Cuenca por más de treinta años, autor de numerosas obras literarias, jurídicas y biográficas. Su madre Aurelia Cordero Dávila, muy menor a él, heredó la hacienda Surampalti, regada por el río Bayandel en el Azuay, poetisa intimista y delicada que cantó al dolor de las cosas corrientes, “Tenía esta maravillosa mujer el don de ser triste y era un espíritu exquisitamente sensitivo hasta más allá de los límites, testigo de la muerte de la flor pálidamente deshojada por el viento, lloraba por la irremediable tristeza del perfume despedazado, fue apasionada de la música” y vivió afectada de una constante depresión y al final sufrió la dolencia cardiaca que terminó por llevarla al sepulcro, fue autora de poesías melancólicas que tituló “Mensajes a la hermana Tormento”. Ambos cuencanos.

Tuvo nodriza, creció en la casa de patio grande y corredores anchos propiedad de sus padres en la calle Antigua cerca de San Roque y pasando los batanes coloniales. En la hacienda también hizo vida libre y de felices lecturas. Desde pequeño gozó de la admiración de sus oyentes, recitando composiciones propias y ajenas con felicísima memoria.

Su madre le mimaba, enseñó el silabario y ambos pasaban momentos inolvidables//Huertano y ribereño, con morada en la vega,/ con maizal que yo mismo sembraba en la colina,/ y el corazón colmado de una paz serraniega. // Entonces era niño.. pero ya la divina/ inspiración llegaba, del fondo de las cosas, / en alas harto débiles, como la golondrina../ Mi madre y yo, cortando por la rivera rosas/ y el oro que florecen las matas de retama,/ éramos, rumbo al río, dos vidas melodiosas /Debajo del saucedo, que verde da su llama/ el paso deteníamos; y puestos a su abrigo,/ era nuestra la alfombra natural de la grama../ Hablábamos de temas que le incumben al trigo./ que atañen al anublo, que afectan a la lluvia,/ al verdor del limón y a la caone del higo../// diría años después recordando ese mundo tan íntimo y particular. Su abuelo, el ex presidente de la República Dr. Luis Cordero, le impulsaba a continuar por esas sendas líricas.

Siguió la primaria en el Colegio de los Hermanos Cristianos y descolló como niño genio, realizó la secundaria en el Nacional San Luis llamado desde l.910 Benigno Malo. Aprendió quichua, francés, italiano, portugués y raíces latinas. Se hizo famoso por sus décimas dedicadas a compañeros y profesores. Bachiller, en 1.912, quizo ser médico pero su madre le rogó que prefiera las Leyes, ingresó a la Universidad de Cuenca, siguió esa carrera con estudios libres y se graduó de Abogado en 1.916. Por entonces tuvo tres hijos en una señora Guzmán y tradujo al español “El Cementerio Marino” de Paúl Valery, trabajo posiblemente perdido y “el poema Mireia” de Federico Mistral, versión inédita aún y en poder de sus hijas.

El 17 era considerado el joven más bello y elegante del Azuay pues acostumbraba salir a la calle con sombrero de paja, ternos de casimir inglés y lustrosos zapatos con polainas. Medía 1.77 mtrs. Era apuesto, delgado y varonil, de faz blanca rosada, pelo ligeramente ensortijado color del trigo, ojos celestes claros y compuso un Canto en la coronación de Remigio Crespo Toral.

El 18 figuró con Alfonso y Manuel Mora y Carlos Cueva Tamariz en la revista “Anatalia” que desde su segundo número se llamó “Páginas Literarias” donde aparecieron cinco sonetos suyos designados como “Otoño, solamente otoño”. Fragmento.- // Desde la aldehuela blanca/ la de las tierras resecas, / al fondo de la barranca se caen las hojas secas…//, luego el “Poema de los perros”. Fragmento.- // Son los perros anónimos.. profundos. / tienen los ojos que enturbió la suerte…/ después hay tres Sonetos llamados “Nocturnos”, uno de ellos termina así: // Reza y canta… Y mañana, si Malena,/ Algo muerto, sin vida, frío, rígido../ Los rebaños, las flores y nosotros../poemas que se salvaron del olvido por constar en su “Romería de las CaraveIas”

De esta época es la anécdota siguiente. Se iba a coronar en Cuenca a Lola la reina de la ciudad y fue escogido el joven poeta Remigio Tamariz Crespo. Nuestro Remigio, resentido por la preterición, fue a Baños y coronó a Lola, la de esa localidad. El poema de su coronación envió a Remigio Crespo Toral para que juzgara cual de las dos composiciones era la mejor, si la de él o la de Tamariz.

En 1.919 ganó la Violeta de Oro en la primera Fiesta de la Lira con “Égloga Triste”, composición bucólica y campesina, evocadora y romántica, que proclamaba el retorno al espíritu y modos de la poesía del grupo cuencano del siglo XIX. Poema sentimental de augusta sencillez sobre el paisaje claro de la serranía, que canta los amores castos y puros de un señorito con una dulce campesina de nombre Crisantema. Fragmento: // Es la moza mejor de estos lugares../ El cura de almas que estas cura/ lo dice, al verla, entre arreboles rojos,/ bajar del presbiterio, endomingada,/ con la luz de los cirios en los ojos…// amores que sin embargo no pudieron ser// Porque yo soy Señor, y los señores / no se casan con las novias de los pueblos…/ ni saben de los rústicos amores.// La Égloga fue recibida con delirantes muestras de júbilo y muchas ciudades de la sierra se disputaron el honor de ser cantadas por poeta tan bien dotado.

//Amor de aquella edad buena y florida,/ cuando, en la paz del campo, era mi vida/’ la misma soledad hecha silencio;/ mezcla de sol, de trigo, de mañana,/ de flor de hierbabuena,/ en la vejez de la ciudad lejana/ me estoy muriendo de cariño y pena../Surampalti lejano, aguas salvajes/del Bayandel, cambiadas en paisajes, / Ñamurelti que velas la llanura //Y tu, casa paterna, entre brozas, / con ventanas que dan a la espesura,/ con senderos que acaban en las chozas../

El 20 figuró en la primera Antología de la Poesía Cuencana. Su ritmo preferido era el endecasílabo y el soneto su arte predilecto y se le presentaba como poeta magnífico y artista perfecto de conciencia artística, de exigente escrúpulo estético y de vocación unívoca; y comenzó a enviar colaboraciones a las revistas literarias guayaquileñas. Sonetos broncíneos, fulgurantes, exactos, sentimentales y sonoros, imbuidos hasta cierto punto en modos modernistas, que concitaban la admiración del país pues en pocas ocasiones se había notado tal facilidad lírica.

Ese año se presentó en las puertas del Diario “El Guante” de Guayaquil sin más bagaje que un periódico editado en Cuenca y titulado “El Tren” y mostró artículos suyos escritos con el pseudónimo de “Américo Silva”. Los Directores Heleodoro y Francisco de Paula Avilés Minuche le acogieron cariñosamente y desde entonces hizo una activa vida literaria en el puerto, porque cuando escribía en prosa ponía delicadezas de estilista. En Mayo salió su obra más famosa, el soneto “Elegía de las Rosas”, en la revista Variedades. Igualmente en Cuenca aparecieron hermosas poesías suyas, el 21 su “Parábola del árbol en Páginas Literarias”. El 22 “Nocturno XIII” en Austral, el “Elogio de Góngora” en Philelia y “En la Ruta de Ashaverus” en América Latina. El 23 “Otra Canción de Otoño en Primavera” en América Latina.

Al finalizar 1.923 viajó a Quito con un íntimo recogimiento de nostalgia al decir de Hugo Alemán en “Presencia del Pasado” y vinculado a los escritores jóvenes en plenitud de realización artística acentuó su forma de vida bohemia. Iba investido del cargo de secretario privado del Dr. Gonzalo S. Córdova, candidato oficialista a la presidencia de la República, pero como la mayor parte de los escritores eran opuestos a él, pronto se vió entre dos fuegos. La noche del 31 de Diciembre formó parte de la manifestación antioficialista que se produjo en la Plaza del Teatro y solo se libró de caer preso cuando se supo quien era.

El 24 pasó ocupado en afanes líricos y políticos, escribió “Elegía del terremoto” que mereció el elogio de su amigo Cesar E. Arroyo. Tuvo que cambiarse de la casa de huéspedes donde habitaba y fue inquilino de una dama dipsómana que hizo buena amistad con Augusto Arias, a quien solía decir cuando este visitaba a su amigo Remigio ¡Caballero Arias salud!

El 25 casó con María Plaza Cordero y tuvo dos hijas Mireya y Colla. Trabajaba en “El Guante” y en otras empresas, frecuentaba salones por su bohemia, finalmente se separaron y años después terminaron divorciados.

Ella casaría de nuevo con un ciudadano chileno y se ausentó a ese país con las niñas, que no volvieron a ver a su padre sino veinte años después, lo que le amargó enormemente.

El 27 apareció su poema “Sonetario de María” en la revista “Savia” que ocasionó la reacción de su amigo el poeta Hugo Mayo quien públicamente le invitó en el poema dadaísta “Oda Gaseosa”, a formar en las filas revolucionarias de la nueva cruzada de belleza, pero por lo “independiente de su carácter, original y único por su genio, no aceptó”. (1) “Libre por naturaleza, quería autonomía y su irrealidad se reveló siempre contra los cánones obsoletos” por eso no marcharía jamás de acuerdo con las corrientes estéticas y fue hasta el final una rara mezcla ecléptica de clásico, romántico y parnasiano, con ligeros atisbos modernistas. Hernán Rodríguez Castelo ha opinado que su libertad mal entendida y una facilidad para la versificación que se ha hecho proverbial – el poeta improvisaba en


(1) En tal Certamen compartió honores con “Nati” de Gonzalo Cordero Dávila y con “Salterio de Agonía” de César Dávila Córdova.
verso – siempre le mantuvo al margen de las corrientes nuevas y vivas de la Literatura del siglo XX.

Ese año fundó el Movimiento Federalista con Carlos Palacios Saenz, Efrain Alvarez Lara y Pedro Bel1olio, redactaron un proyecto de Constitución Federalista y para la Semana Santa publicaron un Manifiesto. La dictadura de Isidro Ayora los apresó. Romero y Cordero y Palacios Sáenz fueron desterrados en barco a Lima. A fines de año volvieron a Guayaquil con un salvoconducto de nuestro Plenipotenciario en el Perú Augusto Aguirre Aparicio.

Poco después pasó a Quito de Subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores con el Canciller Antonio J. Quevedo. El 28 redactó “Canto a Ambato” poemas, el 29 “Otavalo” poemas. Cada una de sus Composición era recibida con inusitada muestras de admiración, los diarios las republicaban, la crítica érale totalmente propicia. Ese año llevó a vivir a su lado a su hermana María y numerosos hijos, que acababan de quedar huérfanos de padre, protegiéndoles mientras normalizaban su situación.

El 30 alquilaba un departamento en la casa de los León Larrea del barrio de la Merced, le agradaban las tertulias de chocolate con rosquillas en familia pero también participaba de la bohemia con poetas noctámbulos y mucho alcohol. El General Ángel Isaac Chiriboga le instó a escribir la historia del ejército ecuatoriano; extenso y valioso ensayo histórico sobre la República, que apareció en la “Revista del Ejército.” Existe una segunda edición de 1.995.

De entre lo mejor de lo suyo se recuerda el soneto “Elegía de las Rosas” que dice así //¿Que pasará de noche?’ No hay mañana/que no tenga el jardín rosas difuntas. / Sobre estas cosas, cariñosa hermana. /¿Porque a Nuestro Señor no le preguntas?// Pasemos esta noche en la ventana, / los ojos fijos y las manos juntas,/para saber, mañana de mañana,/¿Porque hay en el jardín rosas difuntas? //Y velamos… las doce, luego la una… / y nada. A flor de soledad la luna,/ en paz lo muerto y en quietud lo vivo… // Más al prendernos Dios la luz del día,/ la última rosa blanca en agonía, /y las otras ya muertas… Sin motivo… //y aquel otro a medias filosófico y a medias autobiográfico, de su época de madurez, titulado “El era un hombre raro” // El era un hombre raro… Su faz tenía grietas / como – tras el hervor negro del cataclismo – / la faz de los planetas/que dejan balanceando su medio en el abismo. //Sin duda, era el más alto de todos los poetas… /Tuvo el don de si mismo.. /y conversaba a gritos con visiones secretas… / Y explicaba a la noche no sé qué catecismo.// Un día le encontraron debajo de una encina,/ completamente muerto, a la hora vespertina…/ Sus ojos entreabiertos brillaban como un faro. // Jamás durmió este insomne de las palabras bellas…/Y como se pasaba siempre de claro en claro,/él fue quien puso nombre a todas las estrellas.//

Remigio Romero (parte 2)

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El 31 le publicaron en el Volumen II de la Editorial Bolívar una recopilación amplia de su producción bajo el título de uno de sus poemas: “La Romería de las Caravelas” en 247 págs. con 28 composiciones divididas en Paisajes de Epopeya; el friso de las Églogas; los Nocturnos; Alma, vida y corazón de campos y ciudades; y Sonetario Polícromo; prólogo de Gonzalo Zaldumbide, Viñeta de Víctor Mideros y un Intermezzo, igualmente consagratorio, de Remigio Crespo Toral. Existe una segunda edición en la Revista del Colegio Benigno Malo (1.939) con inclusión de otras producciones.

// Nocturno 1.- Fragmento.- // Reza, Malena, reza… Reza o canta… / Me da miedo la noche de los páramos… / Debe pasar la muerte por el patio, / Cuando ladran los perros… Oyes? Ladran… // En la última ventana se ha posado/un lucero… ¿Qué anuncian los luceros, / mientras invoca al miedo de la Muerte / la noche de los páramos, Malena…?// Reza o canta… Una salve, un padrenuestro…/Mis versos, otros versos, lo que fuera.. / Oyes, Malena, cómo ladran…? Oyes…?// Es la muerte que pasa… Y, de mañana / se verá que algo ha muerto / algo, Malena: los rebaños, las flores o nosotros… //
La Romería de las Carabelas, fragmento // Era un día cualquiera del Mar Atlante…/Un día como todos: con espumas, / con ausencia de tierra en lo distante, /con algas, con albatros y con brumas… //Era una hora vulgar para la prosa,/ en velamen, las jarcias, las estelas…/ Y… sin embargo, sucedió en esa hora/la romería de las carabelas… //De Palos de Moguer, la Raza grávida/ se hurtó al estero del verdoso fango, / y las viejas campanas de la Rábida / aturdieron la ruta de Cipango… // Mientras hasta Thulé la solitaria / de Atlántida temblaron los vestigios,/alciones de la bruma leyendaria /sirenas de las aguas de los siglos… // El 68 fue reeditada esta enorme composición vertebrada sobre la gran aventura de las Caravelas y la Raza que señala el destino de América, correspondiendo al Núcleo del Azuay de la CCE. tan loable labor.

El 32 su amigo Alejandro Maldonado le llevó de Secretario de la Gobernación a Latacunga y cuando este salió del cargo siguió con el sucesor Gustavo Iturralde Parreño. El 33 editó otro grueso volumen de poesías “Condóricamente” en 203 págs. en el volumen V de la misma Editorial Bolívar de los hermanos Alfonso y José Rumazo González, quienes promovieron su coronación como Poeta Nacional en la cima del Yavirac – el Panecillo – con la pompa y boato de los antiguos tiempos, por mano de Isabel León Aguirre, que vistió de Vírgen del Sol.

El 11 de Junio hubo una Velada de Gala en el Teatro Sucre con su Apoteosis consistente en cinco cuadros con motivos indígenas. Cinco coreografías acompañaron las oraciones pronunciadas por otras tantas sacerdotisas representantes de las antiguas parcialidades del país. La escenificación y coreografía corrió a cargo del profesor de Danza Raymond Mauge. Tenía solamente 38 años de edad, era el poeta más famoso del país, todo parecía sonreírle, pero ya estaba comenzando a alcoholizarse.

Entonces le fue ofrecida la Jefatura de Redacción de “El Diario de la Tarde” de Quito pero no aceptó. En Diciembre saludó el arribo del candidato presidencial José María Velasco Ibarra diciéndole por la prensa “Llega Ud. a tiempo y llega pleno de energía” y cuando triunfó era uno de sus mayores contertulios en Palacio, pero terminaron distanciados por un asunto de faldas y pasó a la oposición en “El Día” con una columna que firmó “Alí Bajá.”

El 34 contrajo segundas nupcias con Luz María Peñaherrera Albán y tuvieron cuatro hijos. Con Alfonso Rumazo González fundó el diario “El Pueblo” y fue Ministro Juez de la Corte Superior de Justicia del Tungurahua con sede en Ambato. En las vacaciones escolares llevaba a su familia en tren, conversándoles acerca del paisaje durante el trayecto. Entre el 35 y el 36 ejerció el rectorado del Colegio Pedro Fermín Ceballos. De regreso a Quito habitó con los suyos en la plazuela Victoria del barrio de San Diego. Desayunaba a las diez de la mañana casi siempre café puro pues era de poco comer y solo se servía algún alimento cuando tenía hambre. Cariñoso con todos, le agradaba el arroz de cebada que tomaba con ají en sopas. Cuando regresaba a la casa siempre traía colaciones en los bolsillos, se sentaba a escribir, prefería la cerveza, le agradaba la vida sencilla y se reía cuando sus hijas revoloteaban cerca. Su visión del mundo era muy propia, se contentaba con casi nada, sencillamente. En las sobremesas leía, recitaba siempre con alegría. ¡El gusto literario había cambiado tanto!

El 36 dió a luz un título menor “Bolívar y la Gran Colombia” en 64 pags. Entre el 37 y el 38 fue Ministro Juez de la Corte Superior de Justicia de Ambato. El 39 salió “Jesucristo”, poema épico prologado por el Padre Aurelio Espinosa Pólit, que si bien recibió alguna acogida en los medios católicos y fue recomendado por Julio Tobar Donoso, resultó ignorado por la crítica literaria.

El 40 trabajó por la candidatura presidencial del Dr. Arroyo del Río y le escribió un folleto panegírico titulado “El nuevo Presidente Constitucional de la República” en 24 págs. e ilustraciones. El 42 volvió a Cuenca tras un cuarto de siglo de ausencia motivado por la muerte de su padre y recibió una gran bienvenida. Entre el 42 y el 43 editó tres folletos menores auspiciados por el gobierno, a saber “Romancero del hijo del pueblo”, “Cancionero patriótico de la nacionalidad ecuatoriana” y “Colombia y Bolívar” con cantos a las naciones bolivianas. El 43 ocupó la secretaría del Correo Nacional y compuso un “Romancero de Alfaro”. Tras la revolución del 28 de Mayo de 1.944 fue perseguido por su simpatía hacia el fenecido régimen.

Quizá por eso decidió el 46 ausentarse a Colombia y trabajó un año en “El Tiempo” de Bogotá pero volvió para ver a los suyos, estuvo sin trabajo unas semanas hasta Enero del 47, que aceptó ser Juez Cantonal en Pelileo con S/. 570 mensuales de sueldo y en Noviembre pasó con iguales funciones a Pangua. Cargos ínfimos que le evitaron morir por desnutrición. El 48 desempeñó la secretaría de la Dirección General de Correos de Quito con S/ 600. Su enemistad con Benjamín Carrión le cerraba las puertas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Su antiguo compañero Jorge Icaza le satirizo en “El Chulla Romero y Flores” que causó sensación pues el personaje central tenía su primer apellido y hasta se le parecía. Ello fue la comidilla de muchos días para los viejos de la Plaza de la Independencia.

Ese año apareció su “Vida, pasión y muerte de la Beata Mariana de Jesús Paredes y Flores, Azucena de Quito” en 256 págs. biografía calificada de muy modesto éxito de librería. “Entonces se puso amargo” y con razón digo yo, sabiéndose como se sabía poeta grande, poeta de verdad, aunque alcoholizado, pues tenía periodos de hasta ocho días de beber continuo.

En Enero del 50 programó una serie de 360 artículos en “El Comercio” de Quito con biografías de ecuatorianos ilustres en la primera mitad del siglo XX que pensó titular “Ideas y hombres para la Historia”. El Plan ha quedado bosquejado en un cuadernillo de apuntes que poseen sus hijas.

En Febrero del 51 fue Mantenedor de los Juegos Florales de Ambato y salió “Ambato y sus Romances” en 215 pags. para inaugurar la primera Fiesta de las Frutas y las Flores bajo el auspicio de esa Municipalidad. Igualmente dió a la luz “La Quiteida” en honor a Quito, en 474 págs. que a pesar de contener pasajes maravillosos como el Capítulo XI donde revive a Atahualpa, fracasó estruendosamente. El 52 la CCE Núcleo del Azuay dio a la luz una Selección de sus poesías con prólogo de su sobrino el también poeta Rigoberto Cordero y León. En Agosto fue Jefe de Prensa y Publicaciones de la Cámara del Senado con S/. 2.000 de sueldo, pero el 57 tuvo que aceptar las funciones de Revisor de Actas de dicha Cámara solamente con S/ 600 pues estaba sin trabajo y en situación de apremio. Alquilaba en la Bolivia y América. Esos años fueron de una gran religiosidad interior y numerosos poemas fueron saliendo de su estro con mucho de autobiográfico.

“El Grito a la Dolorosa del Colegio” Fragmento //Señora, desde el monte de soledad que habito, / triste de ser humano y enfermo de infinito; / desde los pozos negros de mis cosas internas /- veneno que yo mismo diluyo en mis cisternas;/ desde el fondo del alma – la pobre enloquecida / que tiene tanto miedo del valle de la vida;/ desde mi yo, tan hondo, tan lírico- tan pulcro / sediento de quietud, hambreado de sepulcro, / desde el último vértice de mi dolor sin nombre,/ Voy a gritar señora, mi grito inmerso de hombre;/ y puede que tu vibres, de maternal anhelo / sintiendo que mi grito pasó a través del cielo…/Mas, el inundo estaba ocupado en otras cosas y el grito solo tuvo eco en ciertos círculos ortodoxos que no pesaban en la crítica literaria, interesada en la redención del hombre, y no en efluvios personales o en escarseos leterarios con figuras abstractas.

El 55 lució su gran domino de la lengua castellana en una traducción de toda la obra de Horacio titulada “Odas, Epodos y el canto Secular” en 247 págs. en metro castellano.(2) El 57 vivió en Guayaquil escribiendo para el diario “La Prensa” de su amigo Pompilio Ulloa. El 58 intentó nuevamente ganarse la vida publicando en “El Comercio” la serie “Apellidos Heráldicos en el Ecuador” tomada del Diccionario de Julio de Atienza, Barón de Cobos de Belchite, que acababa de sacar la Editorial Aguilar de Madrid, pero tampoco tuvo una favorable acogida de parte de los directivos del diario. El 59 fue Auditor de Guerra en reemplazo del Dr. Reinaldo Cueva. El 63 dio a la luz un “Romancero de Jesús del Gran Poder” pedido por sus amigos los franciscanos, para quienes escribía anualmente el Sermón de las Siete Palabras o de las Tres Horas que se hacía el Viernes Santo. El 64 la Revista de la Universidad de Cuenca le dedicó un número extraordinario.

El 65 la revista “Letras del Azuay” trataría largamente de su vida y obra con el estudio de Agustín Cueva Tamariz sobre el Genio y Figura de R. R. y C. Calificado de hombre en permanente conflicto por su derecho a la vida, a la satisfacción y a la seguridad y por la implacable pasión creadora que lo obliga a destrozar sus propios sueños. Todo en uno, vivir y proyectarse, cuan difícil es en la modernidad para el creador o el artista. Se le reconocía méritos, José Alfredo Llerena decía que era un lírico sumamente delicado, épico que había puesto en elocuente expresión el viaje más famoso de la historia y como conocedor de la historia tomaba con facilidad elementos para sus excelentes composiciones.

Las estrecheces de la vida le habían ido transformando en un ser introvertido, apacible y triste, muy dado a las meditaciones religiosas, pues siempre había sido ese su verdadero temperamento, a pesar de los iniciales arrebatos de sana alegría y hasta sus excesos de agresividad verbal y vida disipada. Ensimismado casi de continuo, para si y los suyos en una especie de reclusión doméstica, que disipaba con esporádicas salidas a sitios baratos para tratar amigotes y escansiar alcohol. Uno de ellos era el célebre sótano llamado “El Murcielagario” en el barrio de la Ronda. Allí pontificaba ante

(2) Sus traducciones de Horacio habían triunfado treinta años atrás en un Concurso Internacional organizado en España. El segundo puesto correspondió al jesuíta Padre Eduardo Vásquez Dodero y el tercero a Ramiro de Maeztu. Obra tan hermosa y digna de todo encomio, inédita tanto tiempo, fue rescatada del olvido por la editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.
jóvenes aedas que le admiraban apasionadamente, pues hasta el final de sus días fue un poeta de indiscutible y espectacular calidad, capaz de hacer vibrar de entusiasmo a cualquiera que tuviere dos dedos de frente.

El 67 vivía con los suyos alquilando una villa del Dr. Ernesto Caviedes en la Selva Alegre No. 615. Ciudadela Belisario Quevedo. Estaba en grave pobreza y el Congreso Nacional le asignó una modesta pensión Vitalicia dada su altísima condición de lírida, pero como no habían fondos disponibles jamás la llegó a recibir porque a las pocas semanas falleció de un fulminante infarto, a las cinco de la madrugada del lunes 7 de Agosto, de 72 años de edad, aunque aparentaba más por su delgadez, calvicie pronunciada, gruesos lentes y palidez blanco mate. Fue enterrado en el cementerio del Tejar y años después sus restos se trasladaron a Cuenca, donde ocupan lugar preferente en el sitial de los hombres ilustres del Cementerio de esa ciudad.

Dejó muchas páginas frescas de sus comienzos, calificadas de hermoso final de todo un capítulo de la poesía ecuatoriana, la eglógica cuencana, y quedan otras páginas como altivas representantes de un modo poético que pasó -que había pasado ya cuando se escribieron- pero que pertenecen a la historia de la sensibilidad estética en el Ecuador, según autorizada opinión de Hernán Rodríguez Castelo, el mayor crítico de la modernidad.

El 68 salió su “Libro de Riobamba” con cantos dedicados a esa ciudad. El 75 la CCE Núcleo del Azuay reeditó “Mallo” su célebre poema que tanto quería. Han quedado los siguientes trabajos inéditos: 1) Virgilio, versión castellana en metro de las Bucólicas, Las Georgicas y la Envida. Quito. – 1.940. 2) Silvestre Cañizar, memorias de un Campesino, novelina en prosa en 72 pags. Quito, 1.942 – 3) Romancero de llanto por Manolete, Quito, 1.953.- 4)Un drama en verso y 5 actos titulado “La máquina de coser”, Quito, Noviembre de 1.954.- 5) La Gran Feria Exposición Agropecuaria e Industrial.- Latacunga, 1.958.- 6) Mujeres y Mujeres, archivo de Don Juan, en 120 págs. con poesías, quizás autográficas y posiblemente de Juventud, y 7) Al pie del Cotopaxi, folleto en prosa, Quito, 1.958. En realidad nada notable, pero queda su obra primera y la Romería, bellísima de las Caravelas, para orgullo de las letras americanas.

Jorge Carrera Andrade

Posted in Author's name, poetas ecuatorianos with tags on septiembre 27, 2008 by edmolin657

Fuente: Biblioteca Rodolfo Pérez Pimentel
POETA.- Nació en Quito el 18 de Septiembre de 1.903 en la casa de la García Moreno y Morales, barrio de la Ronda. Hijo legítimo de Dr. Abelardo Carrera Andrade, político liberal en sus años mozos y abogado que siguió la carrera judicial hasta llegar a Ministro de la Corte Suprema de Justicia jubilándose en 1.942, y de Carmen Amelia Baca Andrade, “mujer admirable y bella”, dueña de una magnífica biblioteca, que dominaba el francés, tocaba el arpa, dibujaba y ejercía profunda influencia sobre sus hijos. 

“Vivió una infancia armoniosa y feliz embellecida entre la ciudad y el campo por la ternura de su madre”. En 1.908 fue matriculado en la escuela del Carmen Bajo frente al hospital San Juan de Dios, estudió en el pensionado Borja, la primaria, leía a los simbolistas franceses entre los eucaliptos de la cordillera, aprendiendo dulzura, levedad y transparencia. En 1.911 se cambiaron a una casa mayor en la García Moreno entre Loja y Ambato. 

El 14 ingresó al Normal de Juan Montalvo, pronto descubrió que “el camino de la pedagogía no era el que más se acercaba a sus tendencias y aptitudes” y salió. Su madre lo llevó a la escuela de los Padres Mercedarios donde no duró mucho. El 15 pasó al Mejía y tuvo por compañeros a Gonzalo Escudero y a Augusto Arias y de profesor de Literatura a Alejandro Andrade Coello. Frecuentaba la librería “Sucre” de Bonifacio Muñoz, leía a Montalvo y a los clásicos castellanos, aunque siempre fiel a un romanticismo tardío. En Junio del 16 fue cofundador y director de la revista romántica “El Crepúsculo”, que fue una travesura literaria de colegiales adolescentes que solo salió en dos números, escribiendo ensayos líricos y versos melancólicos bajo los seudónimos de “Ortos” y “Jean Valjean”. Por eso en Enero del 17 con Luis Aníbal Sanchez y César Ariosto Orellana fundaron la “Sociedad Literaria César Borja” que en Abril publicó la revista “La Idea”, sumándose a ellos Luis Aníbal Sänchez y Gonzalo Pozo.

A raíz de un Concurso Infantil fue premiado con un volumen de Rubén Darío y su lectura le despertó el deseo de escribir, pero como no sabía el mecanismo de la versificación, sus primeras páginas fueron poemas en prosa. Con “La Antología de la poesía francesa moderna” en traducción de Diaz Canedo y Fernán Fortún y con la revista “Letras” de Quito entró al modernismo. Para 1918 aún rimaba como Darío, por ese año percibió las nuevas tendencias naturalistas a lo Walt Whitman y renunció a la idea de la muerte y los paraísos artificiales por la fresca sensualidad de las cosas cotidianas. Posteriormente las lecturas de Andrés Gide y Francis Jammes le insinuaron aún más la importancia de dicha tendencia naturista. Era una joven poeta vital, virilmente rebelde y armoniosamente delicado, que colaboraba en la revista anual estudiantil del Mejía titulada “Vida Intelectual y en el Semanario humorístico “Caricatura”. En 1.919 en la revista “Juventud Estudiosa” de Guayaquil y el 20 en “Los Hermes”, también del puerto principal, dentro de una bohemia alegre, inquieta y febril y cuyos versos comenzaban a ser publicados en el exterior. En 1.921 editó una selección bajo el titulo de “Resumen Antológico de la moderna lírica ecuatoriana” con líneas introductorias, se graduó de bachiller, comenzó a estudiar Derecho pero pronto abandonó esta carrera. Ese año formó parte de un grupo de intelectuales denominados, “Renovación” con Benjamín Carrión, Pío Jaramillo, Antonio J. Quevedo, Jorge Eguez, Carlos Zambrano Orejuela, Miguel Angel Zambrano y otros más. 

Entonces le dio por escribir una novela que tituló “Cordillera”, hizo el plan, comenzó algunas páginas que publicó en una revista estudiantil, pero no siguió porque se le hacían muy difíciles los diálogos. Ese año colaboró en la revista “Proteo”. En Julio del 22 publicó “Estanque Inefable” con 27 poesías escritas a partir del año 20, algunas en verso corto, que le mereció una generosa crítica de Isaac J. Barrera . También publicó en “Incienso” de Rafael Coronel. Acababa por esos días de arribar de Madrid el poeta César E. Arroyo, trayendo las nuevas ideas y metáforas del creacionismo y ultraísmo poético, que entusiasmaron a Carrera Andrade, motivándole un viaje a Guayaquil en plan transhumante y colaboró en la revista modernista cuencana “América Latina” que dirigía Manuel Moreno Mora. 

En el puerto formó parte del grupo “Los Hermes”, se ganó la vida como periodista en “El Telégrafo” y presenció la matanza del 15 de Noviembre del 22; al año siguiente regresó a Quito y pasó de Jefe de Redacción del periódico “Humanidad” que auspiciaba la candidatura del Cor. Juan Manuel Lasso a la presidencia de la República. Ese año asistió al Congreso del partido Liberal, se separó y empezó a formar filas en el socialismo. Para el primer aniversario del 15 de Noviembre los de “Humanidad” hicieron circular una violentísima edición impresa en tinta roja contra el Presidente Tamayo y la prisión no se hizo esperar, permaneciendo varios días incomunicado. 

En 1.924 editó por entregas una “Selección de los modernos poetas y prosistas ecuatorianos” y aparecieron nuevamente sus poemas en la revista “Lírica Hispana”. EL 25 pasó de redactor a “La Antorcha”, primer semanario quiteño de clara tendencia socialista, que combatió al régimen del Presidente Córdova hasta su caída el 9 de Julio. Entre el 25 y el 27 colaboró en la revista guayaquileña “Savia. El 25 formó parte de la Comisión directiva de la Sociedad de Amigos de Montalvo que editó la revista mensual “América” hasta 1.929 y también colaboró en la revista mensual quiteña de arte y literatura “Esfinge” dirigida por Hugo Alemán. 

Su vida era errática, desaparecía por días de la redacción del periódico y nadie sabía donde estaba. Un día escribió el siguiente telegrama “Encuentrome Pomasqui. Sigo al norte con fines políticos manden plata”. 

El 26 intervino activamente en la celebración en Quito del I Congreso Socialista Ecuatoriano y fue electo secretario de ese nuevo partido político. Su amigo Cristóbal de Gangotena le editó su segundo poemario “Guirnalda del Silencio” con 38 composiciones a exaltar la tierra, los seres pequeños y la vida doméstica, aunque algunas de ellas ya habían aparecido en “Estanque Inefable”. Durante esa parte de su existencia gustaba recitar versos revolucionarios como su “Canto a Rusia” y en él su poema “Lenín ha muerto” 

Amaba el maligno deleite de la morfina y abusaba del alcohol, imitando a Baudelaire hasta en el sensualismo enervante de sus poemas malditos. 

El 27 se dio un mayúsculo escándalo cuando apareció su poema “Mademoiselle Satán” en la revista “Figaro” de Carlos H. Endara (1), conteniendo pasajes de sexo explícito. Su padre lo sacó de la casa y tuvo que disculparse ante la opinión pública mediante carta en “El Comercio”. Entre el 27 y el 30 colaboró para la revista modernista quiteña “Espirales” que dirigía Pedro Gómez. 

En 1.928 editó “Cuadernos de Poemas Indios” con ocho poemas que incluyó dos años después como parte primera de “Boletines de Mar y Tierra”, mostrándose primitivo e ingenuo por la visión de las cosas y refinado por el arte interpretativo, siendo de los primeros en componer poesía social en América. 

Después escribió “Microgramas”, que son breves poemas de una realidad y que cierran la etapa juvenil de su obra, unos cuantos capítulos de la novela “Cordillera”, de tema indígena, que jamás concluyó pues los originales se perdieron en su primer viaje a Europa y fue activo opositor al gobierno duro de Isidro Ayora, que clausuraba diarios y desterraba escritores. 

(1) Lola Vinueza o Madenoiselle Satán que es lo mismo, vivvía en la casa esquinera de la Guayaquil y Caldas (Barrio de San blas). Era exótica, bellísima, impulsiva, gustaba recitar poemas sentimentales, leer libros prestados que luego destruía sin acordarse de que eran ajenos y debía devolverlos. Una vez “flagelo” diabólicamente al joven y largirucho poeta Carrera Andrade.En Mayo de ese año 28 fue designado representante del partido Socialista al V Congreso Internacional a celebrarse en Moscú. Con tal motivo viajó a Panamá, donde subsistió tres meses dictando conferencia, luego cruzó al Caribe y arribó a Holanda y Alemania, en Berlín hizo amistad con Víctor Raul Haya de la Torre, en París con César Vallejo y Gabriela Mistral. Comenzaba su vida internacional, pero en Hamburgo le fue negada la visa y tuvo que regresar por París. En dicha capital entró en contacto con numerosos poetas hispanoaméricanos y recién en Diciembre del 29 pudo llegar al Mediterráneo donde escribió “Estampas de Marsella”, relatos de prosa exquisita que revelan su madurez. Después siguió a Barcelona y fue contratado por el editor Vicente Clavel que lanzó sus “Boletines de Mar y Tierra”, cuarenta poemas de luz, gozosos de sentimiento y del placer de viajar por la geografía moderna donde aparecen superados sus pasados vicios; entonces comenzó a asistir a los cursos de Diplomacia de la Facultad de Filosofía, le nombraron Secretario de la Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos, escribió para diferentes revistas y periódicos, fundó la “Hoja Literaria” y hasta tradujo dos novelas en medio de un clima de agitación política que presagiaba el fin de esa monarquía. Estaba en una etapa más profunda, tratando de presentar el mundo tal como es, conciente de los problemas contemporáneos.

 

En 1.931 escribió para la revista “Hontanar” de Loja sobre el “Esquema de la poesía de vanguardia” y en España asistió al nacimiento de la República. 

En Julio del 33 regresó al Ecuador tras cinco años de ausencia, recibiendo un homenaje inusitado en Quito, pues no faltó poeta ni intelectual que dejara de visitarlo. El 10 de Agosto se reunió el Congreso y fue designado Prosecretario, después dio a luz “Cartas de un Emigrado” en prosa reflexiva y de interés social, dictó clases en el Mejía y fundó el “Grupo Social Agrario”, especie de partido político que tuvo corta duración.

En 1.934 fue designado Cónsul en Paita y compuso “Latitudes” con ensayos sobre diversos escritores. Habíase iniciado en la diplomacia, carrera que le duraría 34 años. 

En Agosto estaba nuevamente en Quito participando en un Concurso Nacional para el servicio diplomático y pasó de Cónsul a El Harvre. Allí aprovechó para editar el 35 sus poemarios “Rol de la Manzana” con 51 poemas 24 Microgramas sobre todas las cosas que integra el coro vital de la tierra y “El Tiempo Manual”. “Ambos salieron en Barcelona y el último fue traducido al francés por Adolphe de Falgairolle. Ese año contrajo matrimonio” con Paulette Colin Lebas. El 36 terminó la “Antología poética de Pierre Reverdy”. El 37 otro poemario aparecido con el nombre de “Biografía para el uso de los pájaros” con 17 composiciones con evocaciones a las cosas simples, enriqueciendo los temas del hombre. “Su aguda sensibilidad de primitivo americano percibía la paulatina decadencia del humanismo y sus ideales de perfección individual y atestiguó el advenimiento del existencialismo y su secuela de zozobra, desilución y angustia ante la muerte”. 

En 1.938 fue cambiado a Yokohama y viajó a través de los Estados Unidos. En el Japón se interesó por la cultura oriental y sus principales manifestaciones. El 39 dio a la luz su “Guía de la joven poesía ecuatoriana”, en Agosto de 1.940 editó en Tokio sus “Microgramas”, poemas que se parecían a los haikai de ese país y regresó apuradamente al Ecuador. Al poco tiempo se declaró la guerra en el Pacífico y las fronteras fueron cerradas. 

En Quito recibió el nombramiento interino de Director General de la Sección Consular y dio a la luz “Registro del Mundo” con la casi totalidad de su obra poética. En Diciembre del 40 pasó a San Francisco a ejercer el consulado General y luego de perfeccionar su inglés pudo leer a los clásicos norteamericanos. El 41 publicó en inglés una defensa de los derechos territoriales del Ecuador con motivo de la invasión peruana. En 1.942 intervino en varios actos organizados por el congreso latinoamericano de “Free Word Association”, trató a numerosos eruditos hispanistas y figuró en diversas Antologías en inglés. Su nombre era ampliamente conocido en Europa, comenzaba a interesar en los Estados Unidos.

Nicolás Augusto González (crónicas del ayer)

Posted in historia, poemas with tags , , , , on septiembre 17, 2008 by edmolin657

Fuente: Biblioteca Rodolfo Pérez Pimentel

PERIODISTA Y PARA COLMOS POETA
Hacia 1894 Nicolás Augusto González Tola trabajaba en “El Grito del Pueblo” de propiedad del colombiano Federico Reinel. Antes lo había hecho en “El Diario de Avisos” que tuvo tanto éxito y, como buen periodista a veces tomaba la pluma para componer versos por aquello de que todo hay que combinar en esta vida.En los bajos de la actual bomba “Salamandra” funcionaba el diario y no era raro ver reunidos a Alberto Reyna Guzmán, José de Lapierre, Federico Pérez Aspiazu y Antonio Elizalde Nájera en abierta tertulia con González y Reinel. Mas, con el paso de los años y la llegada al poder del liberalismo, nuestro poeta sufrió desilusiones y aunque cansado y viejo, siguió escribiendo con el seudónimo de “Antisana”. En 1907 inauguró una nueva sección de “Cartas al Director”, donde criticó la mala labor municipal así como el abandono de las calles y al final de cada una de ellas ponía en rima el nombre de una joven de sociedad por escapar a toda réplica del Cabildo. Veamos algunas de las más ocurridas y disfrutemos del ingenio del atrevido “Antisana”.

Estoy tan favorecido
con cartas que huelen bien
que mi cuarto es un edén
o en jardín se ha convertido
Abro y leo: Buen señor
o es Ud. un ciego, a fe
o nuestras calles no ve
su servidora…. Leonor
Elizalde Bolognesi

Antisana, ya me irrita
su silencio criminal
critique Ud. el lodazal
en que vivimos … Pepita
Elizalde Bolognesi

Oh poeta. ¿Cómo puedes
vivir oliendo ese lodo?
de que lo limpien, el modo
debes indicar. . . Mercedes
Wright Aguirre

En verdad me desconsuela
que vivimos como patos
y dañar tantos zapatos
y tantas suelas. Gabriela
Elizalde Luque

Esto ya pica en historia
el concejo nos desprecia
si Guayaquil no es Venecia
sequen los lagos. Victoria
Elizalde Luque

 

INICIADOR DE “VIDA SOCIAL” EN VERSO

 

 

 

 

El suicidio de Medardo Angel Silva

Posted in poemas with tags on agosto 23, 2008 by edmolin657


Se ha escrito tanto de Silva y se ha dicho tan poco de él que aún cabe agregar algo nuevo sobre su vida y su trágico fin; los detalles concernientes a su último día se conocen casi en su totalidad, pero se ignoran las motivaciones que lo condujeron a tomar tan fatal resolución el 10 de Junio de 1919, a los 21 años recién cumplidos. Ese día, se levantó un poco agripado, salió a la calle y encontró a su amigo el poeta José María Egas con quien fue a una botica y compró medicinas para seis días pidiéndole un retrato de Oscar Wilde para ilustrar un artículo que tenía escrito y pensaba publicar la semana siguiente. Por la tarde estuvo en su chalet ubicado en Juan Pablo Arenas, se puso su traje negro, zapatos de charol y corbata de seda negra con rayas blancas, tomó un revólver Smith Wesson y fue sorprendido por su madre que entraba al cuarto, quien al verle el arma le preguntó: ¿Qué vas a hacer con eso? – Se lo devolveré a su dueño José Luis Ampuero Abadié, quien me lo prestó hace días en un paseo que hicimos a Vinces—fue la respuesta y dándole un beso en la frente se encaminó a la casa de su enamorada, una jovencita de no más de 16 años, casi vecina suya, a la que visitaba con frecuencia. Allí fue bien recibido por ella y su madre, departieron un rato, fueron hacia una salita interior para estar ambos a solas y comenzó a hablarle en clave, con frases casi sin sentido. Ella deseaba retornar a la sala principal donde había quedado su madre y lo invitaba a caminar hacia allí, momento que aprovechó el poeta para sacar el arma y se disparó detrás de la oreja, cayendo sobre el piso, pero agonizó con estertores por varios minutos y al finalmente quedó muerto.

Generalmente se ha dicho que Silva era obseso depresivo, que soñaba dormido y despierto con la muerte, a la que había bautizado con el nombre de “Hermana Tornera” en varios de sus más hermosos versos; pero Adolfo Simmonds que vivía en Quito desempeñando un puesto administrativo contó en cierta ocasión que Silva le había escrito pidiéndole empleo, porque necesitaba cambiar de ambiente, sufría de tuberculosis. Aquí tenemos una segunda causa aparente del suicidio, pero hay más, sobre las que nadie ha profundizado. Los Dres. Mauro Madero Moreira y Agustín Cueva Tamariz han escrito, cada cual por su cuenta, que Silva era un raro caso de genialidad, porque comenzó a escribir de 16 años en 1914, sin profesores ni lecturas, simplemente por intuición; en otras palabras, nació formado, no requería aprender, aprendió perse las reglas de la perceptiva literaria, redescubriendo los patrones poéticos de nuestra lengua que necesitaron de varios siglos para formarse en España. Así pues, en este tipo de genialidades donde nada es formal, es fácil hallar tendencias a la locura como en los casos de Nietchz o Van Goth, éste último también se suicidó, o ciertos tipos de esquizofrenia con tendencias paranoicas como en Napoleón o Hitler y seguir ahondando sería perder el tiempo con más ejemplos.

Tampoco debe desecharse la tesis de la sífilis, tan generalizada en la bohemia de su tiempo; recuérdese el caso de Pablo Palacios que ocurrió algo después o el de los famosos Caballeros Cruzados que contó Miguel Valverde en “Anécdotas de mi Vida”. Aunque a Silva solo se le conoce su último amor, que más fue un escarseo romántico con una adolescente simplona y el que tuvo con la protegida de su casa llamada Angela Carrión Vallejo. Para el ambiente de entonces, estas dos aventuras podrían aceptarse como normales, nada extraordinarias.

Así pues, rechazando la sífilis quedan como causas aparentes de su suicidio la depresión natural y permanente del poeta, que se le presentó desde su niñez cuando veía pasar por delante de su chalet los cortejos fúnebres que iban al cementerio y luego se le agudizó con el tiempo; a esto se sumaría la tesis de la tuberculosis sostenida por Simmonds y la de la demencia, tímidamente presentada por Madero y por Cueva.

Silva nació en la pobreza peor de todas, aquella que no siendo miseria nos esclaviza a necesidades urgentes y perentorias, que a los seres de talento mortifican porque les impiden ser lo que deben ser. Años de infancia mustia, dentro del gris entorno de un barrio que aún hoy guarda algo de su mala fama de antaño. Músico sin profesores, poeta de la noche a la mañana, crítico de ojos abiertos a su tiempo, todo ello fue Silva en el tráfago fugaz de sólo 21 años. De chico jugando en el lodo, comiendo cuasi mendrugos, sin padre que lo guíe, contando únicamente con sus compañeritos de la escuela de la Filantrópica, la llamada Universidad del pueblo, porque sus graduados sólo salían artesanos.

De 15 años buscó la libertad económica y se enajenó en una imprenta, hizo de cajista, de corrector, de mandadero, de arreglista, de limpiador, de todo. En 1916 recibió el espaldarazo de un crítico mediocre, pero no lo suficiente para desconocer al genio que tenía por delante. Desde allí su ascenso fue vertiginoso y siendo el último de los de su generación en edad, se colocó el primero en devoción para el trabajo y en talento para el verso.

Mas todo aquello terminó al primer golpe de timón de la adversidad, cuando el poeta soñador salió a la vida y se topó con que la fama no necesariamente trae consigo la prosperidad y que en el pacato Guayaquil de su tiempo no habían puertas sociales abiertas al talento sino a los estronques, no a la virtud sino a la estulticia. Para colmos en 1919 se presentó malo el invierno, llovió mucho y fuerte, garuaba sobre todo. El poeta se entristeció más, ya no le importaba la fama dentro de su reducido cónclave de amigos poetas que todo se lo reconocían, aspiraba con nostalgia otras tierras, quizás a Citerea o a Lutecia, que lo iluminaban con su imaginario fulgor.

La época tampoco le era propicia. Europa gemía bajo el peso de la gran guerra y envuelta en la miseria que la asoló después. En el Ecuador las pestes diezmaron al cacao y a las gentes y el placismo había triunfado imponiendo su vulgaridad a todo nivel. Acababa de morir Carlos Concha en una Esmeraldas destruida a cañonazos y en Guayaquil don Pancho Urbina pontificaba entre sus iguales, sin darle la mano a nadie por temor al contagio y los microbios. Vientos de fronda avisaban que el socialismo y el fascismo irían al encuentro militar. ¿Qué podía hacer un poeta sensible y parlero, tan delicado como Silva? El atajo del suicidio era el único camino seguro, su constante diálogo con la muerte se lo venía señalando con insistencia, ¿A qué seguir oponiendo resistencia, si estaba predestinado a tal f in?.

Así pues, si empujado por la tuberculosis o por alguna otra enfermedad incurable, mas bien algún vicio literario y enervante, pero más que por ello, guiado de la mano por la hermana Tornera, la muerte, y quizá para poner fin a su locura depresiva, se suicidó aquel fatídico 10 de Junio de 1919, casi sin quererlo, avisando para ver si alguien lo detenía, pero equivocó de sujeto, porque su postrer mensaje no podía ser receptado por una jovencita de sólo 16 años recién salida de la etapa infantil y sin experiencia alguna en esas trampas de la vida. Después del tiro fatal el resto no importa. Silva pasó a la inmortalidad, aunque aún existen obsecados que opinan que no fue suicidio sino asesinato porque compró remedios para seis días y pidió prestada una fotografía de Wilde para exhornar un artículo, etc., y aún podríamos continuar estudiando las causas aparentes de su acción que son muchas, por ejemplo, el descubrimiento de un secreto de familia guardado celosamente por años. ¿Cómo siendo de tez de ébano, era hijo de padres blancos y que pasaban de la edad madura al momento de su nacimiento? Su padre era casi sesentón y su madre tenía 35 años. y 15 de matrimonio sin fertilidad. Mucho se ha hablado de una adopción que el poeta vislumbró como efectiva sólo al final de sus días, que será materia de futuras investigaciones y por ahora sólo cabe avisarlas.

Silva fue un poeta de soledades profundas. Hombre con cara de niño que vagó presuroso por encontrarse a sí mismo “¿Su impaciencia no lo permitió, su juventud le ofuscó!” Su figura era un si es no tétrica porque vestía de negro y era magro y de carnes trigueñas. Poeta tallado en ébano se le ha dicho después, sin embargo había algo en él que iluminaba su rostro, era su atractiva y subyugante simpatía, de charla fluida, sonora e impregnada de un dulce acento irónico, personalísimo, interrumpido a veces por el gracioso mohín de su fina y delicada boca de imberbe en que hacía sonrisa la más amarga paradoja o el pesimismo más lastimero.

Vivía solo, recogido en sí mismo, con su madre de única compañera aunque no era su confidente; en medio de la vulgaridad y de la mediocridad del ambiente, en un barrio extramuro y cercano al cementerio donde su alma de artista se revelaba continuamente, por ello era inconsolable y se sentía incomprendido. A más de esto había fracasado con su novelita «María Jesús» que no agradó porque era campesina, Eglógica y Rosa, mas bien propia de su juvenilia romántica y dulzona, carente de cimas o profundidades. A esto hay que agregar que no ganaba lo suficiente en «El Telégrafo Literario» donde lo explotaban con un sueldo de hambre, perdón, de periodista. No tenía ni siquiera un traje de etiqueta y estaba obligado a cubrir actos .sociales en los que requería smoking. En cierta ocasión debió asistir al «Olmedo» a espectar a la Pavlova con uno prestado por su amigo Manuel Eduardo Castillo; que por supuesto no le armaba sobre su cuerpo juncal, enflaquecido por vigilias de lectura y de bohemia -¿o por la tuberculosis?- y el poco comer. Este préstamo debió caerle como una bofetada en vivo rostro y al verse al espejo, casi hecho un mamarracho, debió sufrir en lo más íntimo de su amor propio, dada su condición de sensible esteta.

Más, por sobre estos aspectos villanos y vulgares de su vida cabe resaltar su monomanía con la muerte – se creía predestinado para morir joven y aceptó que cuando antes fuere sería mejor-. Por ello los días se le tornaron grises, las jornadas pesadas y un desabrimiento general invadió su alucinado cerebro. Y como Silva confiaba a la pluma sus confidencias, anunció su partida en Mayo de 1918 a través de la revista «Patria» con su composición «El Viaje» /Se que hay un negro país (¿Dónde?) al que iré algún día. Las estrellas desveladas me oyeron preguntar ¿Cuándo? Pero bien sé que nadie sobre la negra tierra, podrá decírmelo … La mensajera vendrá por mí, a cierta hora. ¿Quién eres? preguntará mi corazón. Ella, cubierta la faz por negros tules, nada responderá. Silenciosamente ha de sentarse en mi barca; tomará el gobernalle … Y partiremos.

Allí mencionó dos veces el color negro síntoma de una depresión que le iría en aumento y que fue tónica generalizada entre los poetas modernistas de su tiempo. Noboa y Caamaño a quien el suicidio también llamó varias veces a sus puertas, pero no contestó por razones de índole religiosa, es autor del verso titulado: «El Viajero y la sombra», que dice así: A los que hemos mirado -en una noche horrenda/a nuestra cabecera la faz de la ignorada/ puesto que comprendimos, se nos cayó la venda/y tenemos la conciencia de la sonrisa helada.

Para Agosto de ese año Silva empeoró y le dio por reiterar su deseo de morir y aun más, aclaró que lo hacía antes que la locura se apoderara de su enfermizo organismo -porque él intuía- que lo cubriría de sombras. Veía la muerte hasta en el rostro del ser amado, primero como imágen repentina, luego corno un delirio persecutorio. Era un vagaroso malestar que se le iba insinuando y acentuando con el paso de los días, brevemente al comienzo y luego a todas horas. Mas él no se defendía y aceptaba su trágico sino hasta con cierta alegría y delectación, corno si paladeara la muerte a hurtadillas y le gustara su sabor. Morosamente se aprestaba al viaje y para ello vestía siempre de negro, todo era de ese color, hasta la cinta «olmediana» de sus impertinentes y que sujetaba a su camisa pulquerrima y blanquísima.

¡Figura rara la del poeta, joven prematuramente envejecido a causa del negro de su envoltura, de su genialidad indiscutible y de la miseria del medio en que vivía. ¿Y qué decir de la incomprensión de la ciudad, de sus patronos y hasta de los críticos nacionales que seguían aplaudiendo las quejas bequerianas y las poesías marianas de nuestros anticuados y pedestres poetas?

Fuente: Biblioteca Rodolfo Pérez Pimentel

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