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Carlota Jaramillo

Posted in cancionero nacional, músicos ecuatorianos with tags on octubre 4, 2008 by edmolin657
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CARLOTA   JARAMILLO  DE  ARAUJO
REINA DEL PASILLO ECUATORIANO.- Nació en Calacalí, cerca de San Antonio, a la vuelta de la mitad del mundo, provincia del Pichincha, el 9 de Julio de 1.904 y fueron sus padres legítimos Isaac Jaramillo Jaramillo, propietario de la finca “El otro lado” porque estaba detrás de una quebrada, donde cultivaba habas, papas, mellocos, etc. y su prima hermana Natalia Jaramillo, naturales de Calacalí.

Fue la segunda de tres hermanos que crecieron felices en la finca familiar y siguió la primaria en la escuelita de su pueblo hasta terminar el sexto grado. De su abuelo materno y de su tío Timoleón Jaramillo heredó la afición por la música. Con ellos aprendió a rasgar la guitarra y a entonar ritmos de música mestiza. Cantaba en el seno de su familia con voz melodiosa y su madre la envió a proseguir sus estudios en el Normal Manuela Cañizares en Quito, viviendo con sus tíos dobles Timoleón Jaramillo Jaramillo casado con Judith Jaramillo, que habitaban una casa propia  en la calle Caldas, barrio de San Blas. El tío era rentista, tocaba muy bien la guitarra en prima.

En el Normal encontró el ambiente moderno impreso por las profesoras de la segunda Misión Pedagógica alemana que practicaban los  métodos de la escuela herbatiana de los pasos formales, con materias consideradas nuevas en el país como Gimnasia, Música y Bailes. La Profesora Eleonora Neumann acostumbraba llevar a sus alumnas a los espectáculos que presentaban las compañías extranjeras en el teatro Sucre, los grupos de aficionados o un Orfeón que hizo música y algo de comedia. Pronto apreció su melodiosa voz y la puso en contacto con el maestro Sixto María Duran, quien le dio clases particulares. Era una muchacha agraciada, llenita, canela clara, ojos y pelo negro, lo que se dice de buen ver pero solo cantaba en familia o en reuniones de casa. Tenía una hermosa personalidad, inteligente y vivaz, desenvuelta y feliz.

Al conmemorarse el centenario de la batalla del Pichincha en 1.922 se organizó un Concurso de canto para aficionados en el teatro Edén de Quito. Intervino a dúo con su hermana Inés que hacia de segunda voz, fueron la única pareja femenina e interpretaron una canción compuesta por Ramón Moya con letra de Heleodoro Avilés Minuche. Fragmento // Cuando la amante canción / turba la noche serena / se está muriendo de pena / un alma y un corazón… // cosechando grandes aplausos en competencia con diecinueve participantes varones. El Jurado estuvo presidido por Sixto María Duran y les otorgó el Premio Unico consistente en una guitarra y una guindola.

El ambiente teatral y musical quiteño se engalanó en 1.925 con la formación de la “Compañía Dramática Nacional” de Marco Barahona, que tuvo figuras de la importancia de Marina Moncayo como primera dama y Jorge Araujo Chiriboga galán joven. En Mayo del 26 se formó la “Compañía de Zarzuelas” de Victoria Aguilera.

En Junio egresó de Profesora Normalista, actuó y cantó en la despedida del Colegio y sus compañeras terminaron llorando, pero no tuvo tiempo de emplearse porque fue requerida con su hermana Inés por el Profesor Rafael Ramos Albuja, músico, ex Director de Orquesta de la Compañía española de Esperanza Iris, quien trataba de formar la suya bajo el nombre de “Compañía de Revistas y Variedades Ramos Albuja”. Primero vinieron los ensayos, Ramos se entusiasmó y les dijo “Valen”, “Valen”, luego las dudas, porque sabían de antemano que su madre no les permitiría actuar, finalmente se presentaron el 26 de Octubre con la obra “Sabana Blanca”, pero sin el consentimiento de ella. Los tiempos no eran fáciles pues el teatro tenía mucha resistencia, sobre todo en el sector clásico formado por un público selecto y acostumbrado a óperas, operetas y zarzuelas europeas, que opinaba despectivamente de las intérpretes de canciones nacionales y decía: La Carlota Jaramillo está haciendo chichería. Eso no es arte. También las denostaba el sector religioso formado por beatas santurronas e ignorantísimas, aunque por otras razones, pues a las actrices y cantantes las tildaban de cómicas y de mujeres livianas, ya que seguían los preceptos marianos de la Iglesia, que preconizaba como política la obediencia ciega de la mujer en el hogar.

Con Ramos Albuja trabajaron Eva Raquel Echeverría de primera tiple, Alfredo León de Director de Escena y primer galán, Miguel Ángel Casares que era un artista múltiple, el tenor cómico Roberto Maldonado, el bajo cómico Alfredo Pérez Chiriboga, a) El Piñufla, Carlota Jaramillo fue tiple cómica y su hermana Inés actuó de Contralto. El lleno fue completo y el éxito clamoroso, pero no concurrió ninguno de sus parientes. I cuando cantaron un pasillo con letra de Arturo Borja y música de Miguel Ángel Casaras que dice así. Fragmento: // Para mi tu recuerdo / es hoy como la sombra / del fantasma a quien dimos / el nombre de adorada; / yo fui bueno contigo / tu desdén no me asombra / pues no te debo nada / ni te reprocho nada, /a lo más mi tristeza / esta tristeza enorme / que me quita la vida / que me asemeja a un pobre / moribundo que reza /a la Virgen pidiendo / que me cure la herida.// el éxito no se hizo esperar y una lluvia de aplausos sacudió el proscenio. Al día siguiente los periódicos decían que ambas habían provocado delirante entusiasmo. Su padre quiso dar una voz de aplauso pero su madre, con una carga de siglos, no   pudo   reprimir   con pena la palabra ¡ Artistas ¡

Después de dos o tres funciones y un viaje en automóvil a Cuenca se desbandaron los miembros de la Compañía Dramática pero se formó otra que llamó “Compañía de Comedías y Variedades” y debutó el 26 de Diciembre con la obra “El pobrecito Juan” actuando Arturo Valencia que era un gran aficionado, Carlota fue ascendida a primera actriz, etc.

Despertado el fervor del público, las tres compañías recién formadas se disputaban la primacía en Quito y los diarios tuvieron que crear una sección especial con noticias y chismes. Estas eran: 1) la Dramática con Marco Barahona, Marina Moncayo y sus nuevos actores Jorge Icaza Coronel y Humberto Dorado Pólit. 2) La de Zarzuelas de Victoria Aguilera con la excelente cantante Rosa Saa de Yánez, Luís Carrillo, Antonio Bedoya, Humberto Estrella, Imelda Correa, José Antonio Aguilera con el acompañamiento musical del joven maestro José Antonio Canelos y 3) La de Comedías y Variedades. Cada grupo trataba de mejorar semana a semana sus presentaciones en los teatros Sucre, Popular y Puerta del Sol respectivamente.

En la de Carlota se trabajaba obras humorísticas del autor español José Arniches como El pañuelo de rosas y No te ofendas Beatriz, a más de su famoso acto de Variedades con todos cantando: Miguel Ángel Casares, Jorge Araujo Chiriboga, Alfredo León, Alfredo Pérez Chiriboga y las hermanas Jaramillo. Luego subieron a las tablas “Una historia sin importancia” con un numeroso elenco en el cual, a más de los anteriores, trabajaron Telmo Vásconez, Arturo Valencia, Tita Merizalde, Esther Rosero. El 24 de Mayo del 27 hubo un singular concurso en el que resultaron premiadas Marina Moncayo como actriz, Carlota Jaramillo y Rosa Saa como cantantes y Victoria Aguilera como impulsora del teatro. En Marzo del 27 estrenaron “La Tía de Carlos”. Carlota fue Carmen. Los palcos con cinco entradas costaban diez sucres, el individual y la butaca un sucre, el anfiteatro cincuenta centavos y la galería cuarenta. Los actores se repartían las ganancias. Su amistad con Jorge Araujo Chiriboga, quien ponía la nota de dinamismo y alegría por ser actor, cantante, compositor y representante, se había acrecentado. Un día él las invitó al hipódromo de la Colón. Carlota imaginó que estaba interesado por Inés, ésta pensó lo contrario. En otra ocasión le dijo a Carlota: Cada día que pasa te amo un poquito más, pese a la diferencia de edades pues él pasaba de los 35 y le hizo oír cuatro versos de un pasillo que había brotado de su corazón enamorado. Fragmento: //Qué distintos los dos / tu recién comienzas / y yo voy ya /por la mitad del día, / tu ni siquiera vives todavía / y yo ya de vivir / tengo pereza… // Carlota tarareó la estrofa y Jorge ofreció completar el verso, lo que recién cumplió en 1.936 bajo el nombre de Sendas distintas y de la siguiente manera // Sin embargo, cual busca la tibieza / del sol, la planta que en florar ansía / persisto con afán tu compañía / para que des calor a mi tristeza. // Qué cerca y qué lejanos, yo soy el viejo / soñador, tu la niña apasionada / que cantando en la luz vas como un ave.// Mas al mirarte de cerca me figuro / que yo soy un castillo abandonado / y tu un rosal abierto junto al muro. //

La oposición de los de su casa a este enamoramiento hizo que Carlota y el gato Araujo, así le decían por sus ojos verdes, se fuguen a Guayaquil en Octubre del 28 para casarse. Después vino la reconciliación entre abrazos, besos y perdones con sus padres y comenzó para ella una nueva vida en la que afloró el amor y el sentimiento. El llevó al hogar a sus hijos Jorge y Juan Araujo Proaño a los que Carlota terminó de criar como si fueran suyos. Pronto nacieron Marco Vinicio y Nelly Araujo Jaramillo. I cuando la compañía de Comedías y Variedades dejó de existir, Carlota cantó en actos de variedades, en intermedios de películas, es decir, que honestamente se ganó la vida con su arte.
En 1.935 inició su carrera artística en los micrófonos de HCJB cuando la emisora tenía su estudio en la calle García Moreno. Separada del dúo, cantaba sola pues su hermana Inés se había retirado. Por esos tiempos también solía interpretar pasodobles y tangos, entre estos últimos puso de moda “El Comisario”. El 37 fue aquejada de fiebre exantemática y pasó tres semanas aislada en el Hospital San Juan de Dios.

En 1.937 fue llevada por María Angélica Idrovo rectora del Colegio 24 de Mayo y desempeñó la cátedra de Gimnasia Rítmica. El sueldo fue de S/.180 que entonces alcanzaba. Vivía con los suyos en la Venezuela No. 1.414 entre Oriente y Galápagos, cantaba tres veces por semana en la Radio Quito, practicaba en el departamento con guitarra, escogía escrupulosamente las canciones pues era ordenada y estricta.

En 1.938 la fue a buscar Carlos Cordovez Borja, propietario de la radio El Prado en Riobamba, estación que tenía mayor fuerza en la costa. “Era bonita, estaba bien equipada y su programación era solo musical. Carlos nunca convino en que su estación tocara otra música que no fuera nacional. Todos trabajaban allí por amor al arte, con un afán enorme porque la radio era una cosa nueva y uno oía lo que hacía. Un día me vino a buscar y dijo: Yo la he oído cantar a Ud. pero mal, yo quiero que venga a cantar a la radio, venga a ver como está. Yo temblaba porque Carlos era sencillo pero drástico, él te decía las cosas como le salían del espíritu. Mi marido cogió una guitarra y me acompañó en la pieza – Honda Pena – de la autoría de mi cuñado Ángel Leonidas Araujo, que fue la primera canción que yo grabé. Me puse delante del micrófono y canté. Fragmento.  // No sé qué mano cruel / que honda pena / envenena mi vida eternamente / que con el alma de esperanza llena / voy a beber el agua de la fuente / y el agua de la fuente se envenena. //”

“Al final me oí ¡Qué cosa más rara, que confusión; Esa fue una época nueva para mi, de triunfos. Las grabaciones se realizaban después de la una de la mañana en que mejoraba la luz eléctrica y la interpretación tenía que ser impecable pues el menor error obligaba a repetir íntegramente todo, ya que se grababa directamente. De mi primer disco se vendieron mil copias en cosa de un mes. El éxito se debió a que fue la primera vez que un artista grababa en el Ecuador. Antes habían circulado discos del dúo Ibañez-Safadi grabados en los Estados Unidos. Otros éxitos fueron el pasillo Honda Pena y el cachüyapi El Chamiza. En Agosto del 40 fui la estrella en la jornada inaugural de Radio Quito; mas, la época de oro de mi vida artística comenzó en 1.942 cuando grabé la segunda tanda de discos, fue donde Luis Pino Yerovi, propietario del sello Emporio Musical. Estaba en la plenitud de mi voz y de mi espíritu y comenzaron a llamarme la Reina del Pasillo ecuatoriano. Gravé varias canciones para el sello Odeón a dúo con Luis Alberto Valencia. También el exitoso pasillo Para mi tus recuerdos de Miguel Ángel Casares. Nunca y Amor Grande y Lejano, ambas de mi cuñado Ángel Leonidas Araujo, Sombras con letra de Rosario Sansores y música de Carlos Brito y el famoso Si tu me olvidas, autoría de mi esposo, que dice así. // De terciopelo negro, guambrita / tengo cortinas / para enlutar mi pecho, guambrita, / si tu me olvidas.// Si tu me olvidas / blanca azucena / si la azucena es blanca, guambrita, / tu eres morena.// Me lo negaste / prenda querida, / si me niegas el agua, guambrita, / pierdo la vida //A la samaritana, guambrita, / te pareciste / te pedí un vaso de agua, guambrita, / no me lo diste. //

Esta pieza sirvió de fondo a la película francesa “Morir de amor” y ocasionó un largo juicio en los tribunales europeos, hasta que tuvieron que reconocer que lo efectuado en París era un plagio. Otras casas disqueras también habían usufructuado de su trabajo, cambiando el nombre de la canción.

El 48 su esposo fue designado Cajero de los Estancos en Ambato debido a su amistad con el presidente Galo Plaza. Carlota obtuvo su traslado al Colegio Bolívar como Inspectora General. El 51  regresaron a Quito, alquilaron en la Caldas y Vargas. El 52 comenzó a cantar en Radio Bolívar y el Presidente Velasco Ibarra la nombró Ayudante en el Ministerio de Economía con S/.340 mensuales de sueldo. El 58 logró su jubilación y el Estado le fijó una módica Pensión.

El viernes 27 de Febrero de 1.970 a las cinco de la mañana, día en que cumplía 78 años, falleció su esposo a consecuencia de un violento infarto y desde entonces dejó de cantar pues ya no sentía ánimo para ello. Su hijo Marco Vinicio, Jefe de Aeropuerto de Tame, la convenció de pasar unas cortas vacaciones en Salinas. De vuelta a Quito, cerró su departamento, fue a vivir con su hija Irma de Vorbeck y al poco tiempo enfermó de las tiroides con graves molestias nerviosas y oculares, y aunque se trató con varios médicos, especialmente con el Dr. Burbano del Seguro Social, se le brotaron los ojos, disminuyó notablemente el sentido de la vista y ocultó su dolencia con lentes negros.

A principios del 81 iba a grabar un disco con Edgar Palacios cuando se enfermó con principio de infarto pero se repuso favorablemente y volvió a realizar sus ocupaciones normalmente. Salía, iba a misa, paseaba, jugaba con sus nietos. En síntesis, una existencia tranquila aunque con dificultades económicas. En Julio declaró que era una mujer realizada porque siempre tuvo la compañía de gente comprensiva a su lado, había sido muy feliz en su matrimonio gozando del hogar por casera y hacendosa, la rodeaba una linda familia compuesta de hijos y nietos. ¿Qué más podía pedir?

A pedido de amigos y conocidos actuaba esporádicamente en festivales de música ecuatoriana, con esa voz tan inconfundible – por sonora y melancólica – que le acompañó hasta el final de sus días. I era saludada en las calles por gente que no conocía. “Me miran y me dicen: Carlota Jaramillo”. En 1.972 el Consejo Provincial del Pichincha inauguró su busto en Calacalí. Se sorprendió mucho y dijo: Yo creía que estos homenajes solo se hacían a los muertos, y cuando entró al poblado se le nublaron los ojos recordando que cada vez que ella llegaba de vacaciones su mamá salía a recibirla con todos los miembros de la familia que ya no estaban porque habían muerto. Se encontró con sus antiguas condiscípulas normalistas que no veía en casi cuarenta años. Había un gentío bárbaro y era una mañana esplendorosa, se le hizo un nudo en la garganta, nublados los ojos de lágrimas, casi no pudo hablar.

El 86 se le presentó un problema cardíaco, estaba casi ciega. El Miércoles 9 de Diciembre de 1.987, cuando aún no se apagaban las fiestas de Quito, saliendo de una misa de pésame en compañía de su hija, al llegar a la puerta de su casa en la Andalucía No. 311, barrio de la Floresta, perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, fracturándose el cráneo. Eran las tres y medía de la tarde. Llevada de urgencia al Hospital Metropolitano, falleció sin recobrar el conocimiento al siguiente día, Jueves 10, a las 8 y 37 de la mañana, luego de una infructuosa intervención quirúrgica que le practicaron para salvarle la vida, tenía 83 años de edad.

Los diarios del país se hicieron eco del suceso. El Congreso Nacional dictó un honroso Acuerdo reconociéndole su título de Reina del Pasillo, el Vicepresidente de la República, Blasco Peñaherrera, asistió a los funerales el viernes 11 en la Casa de la Cultura. A las cuatro de la tarde el pueblo concurrió masivamente y la acompañó hasta su sepultura en la Capilla de la Doloroso, cantando sus canciones predilectas:

Tuvo una vida llena de motivaciones espirituales porque acostumbraba poner su alma en cada canción. Representó con otros grandes artistas la sensibilidad nacional de toda una época (1.930-60) que fue de oro para el Pasillo y el Albazo, por eso el pueblo rindió un sentido y multitudinario homenaje a la voz femenina más importante del país durante mucho tiempo.

Rafael Díaz Icaza escribió: Sus canciones dulces y melancólicas nos acompañaron en los días de las fiestas y en las horas del duelo. En sus labios el hombre de la calle descubría frases de los poetas románticos y modernistas y por esas transferencias involuntarias pero inevitables pasaron a ser formas propias de Carlota, maneras en que ella dijo la alegría o la tristeza del hombre corriente. Tuvo total y absoluta sinceridad y mucho amor a la tierra, sello particular y estilo inconfundible, se deslumbraba ante los hombres y las cosas elementales, tal su inocencia.

Segundo Cueva Celi

Posted in Author's name, historia, músicos ecuatorianos with tags on septiembre 25, 2008 by edmolin657

SEGUNDO CUEVA CELI
MUSICO Y COMPOSITOR.- Nació en Loja el 10 de enero de 1.901, Fue su padre el Doctor Juan Cueva García, ilustre abogado profesor del Colegio “Bernardo Valdivieso” de Loja, Cónsul del Ecuador en New Orleans, Ministro Plenipotenciario en Londres en 1.916 y luego en Panamá y Vicepresidente del ferrocarril ecuatoriano en New York. Fue su madre Zoila F. Celi Castro, prima hermana del notable compositor Salvador Bustamante Celi, todos lojanos.

Nació normal pero la inexperiencia del médico que le trajo al mundo, quien le puso en exceso nitrato de plata, le ocasionó un daño permanente en la vista, agravado a los cinco años cuando otro médico le recomendó unas ciertas gotitas dizque para mejorarlo, pero de la botica mandaron el remedio equivocado y al ponerle en el ojo izquierdo se lo quemaron para siempre, pues era un ácido. Desde entonces veía muy poco y únicamente con el derecho, era casi un ciego.

El niño se hizo tímido y meditabundo y rehuía el trato de sus compañeritos de escuela, refugiándose en la música pues poseía buen oído y exce1ente voz y aprendió sin maestros. Cuando ingresó al Colegio de los Hermanos Cristianos ya sabía tocar al piano con alguna destreza y fue la admiración de todos. El mismo diría después: “Era yo muy niño, iba a la escuela, a la espalda un morral y en mis manos un rondín y todas las mañanas al volver de clases, el Gerente de la Singer, un señor Lebly, me esperaba al paso y luego de oírme tocar, me regalaba una peseta. Mi nuevo profesor, el Hermano francés Antonino, solía decir: A Segundo debemos ponerlo en manos del franciscano Antonio Vega, gran violinista doctorado en Lima, quien hizo de mí un amante de la música. Desde los siete años empecé a escribir música religiosa para el Coro de San Francisco; más tarde, vino la música profana, particularmente la de la tierra, pues el padre Vega me enseñó composición, armonía, dictado musical”. De nueve años se presentó por primera vez en público con gran éxito, ejecutando piezas sencillas en el armonio de esa iglesia pues sus piernas no alcanzaban los pedales.

En 1.916 formó parte del “Sexteto de Loja” con Francisco Rodas Bustamante, Segundo Puertas Moreno, David Pacheco, Serafín Alberto Larriva, Manuel Torres, Sebastián Valdivieso Peña y Antonio Eduardo Hidalgo. En 1.917 aprendió a tocar violín sólo con el método “Maya-Van” que le envió su padre desde los Estados Unidos.

Poco después comenzó a hacer voluntariado con las monjas de Loja y daba clases particulares de música para ayudarse pues era muy pobre y vivía con su madre de lo que buenamente ella producía en labores de mano.

En 1.920 su gran amigo Emiliano Ortega Espinosa le pidió que pusiera música a la poesía Vas Lacrimarum de José María Egas y así fue como nació el pasillo de ese nombre.

En 1.923 su padre le envió dinero para que se traslade a Colón en Panamá, donde fue huésped de Colón Eloy Alfaro. En el hospital de esa ciudad le operaron la vista pero no mejoró.

En 1.926 se enamoró de la joven Victoria Espinosa Ruiz, le dio numerosas serenatas y terminaron casados un año después. En 1.928 su padre les invitó a viajar a Quito donde estaba de Diputado a la Asamblea Nacional Constituyente y allí se mantuvo de su trabajo como concertista de violín en diversos teatros y Centros artísticos, pero, su esposa -que siempre tuvo el carácter malgenioso- pronto se cansó del clima capitalino y lo obligó a regresar a Loja, frustrando sus planes para el futuro. Entonces adquirió una casa cercana a la Plaza de San Sebastián, que hoy ostenta en su fachada una placa de mármol puesta en su honor.

Desde 1.935 fue profesor de Música del Bernardo Valdivieso y ganó una Medalla de Oro por su arte. Entre los años 40 y 50 recibió numerosas preseas de la Municipalidad de Loja y del Colegio La Dolorosa por su himno a la Virgen. También compuso valses, pasillos, nocturnos y hasta música seria de carácter sinfónico. Otra vena especial de su ingenio fue la música escolar a base de canciones simples, rondas infantiles y marchas patrióticas.

Su carácter amable, jovial, la suavidad de su trato con los demás, su pobreza franciscana, su personalidad serena, todo le granjeaba el cariño y la comprensión de los que tuvieron el privilegio de conocerle y tratarlo, así como de escuchar sus finas composiciones tales como “Ultimo Recuerdo”, el pasillo “Pequeña Ciudadana” con letra de Alejandro Carrión, “Tardes del Zamora”, “Laura” y “Dulce Tristeza”. Entre sus mejores pasillos se cuenta “Vaso de Lágrimas”, “No importa”, “A Ella”, “Madrigal de Seda” que inmortalizaron su nombre, así como “Plegaria Salvaje” que presentó en Cuenca la famosa bailarina Osmara de León, de danzas modernas, por eso conocida -como la de los pies desnudos.

En 1.943 fue Concejal en su ciudad natal. En 1.947 ingresó de miembro de la Casa de la Cultura y por largos años dirigió los programas radiales de la estación “Ondas del Zamora”.

En 1.958 fue llamado por el Presidente Camilo Ponce Eníiquez para entregarle la Orden Nacional al Mérito y se quedó a vivir en Quito. Ya estaba jubilado y consiguió varios contratos. La Radio Nacional del Ecuador y la de la Casa de la Cultura le propusieron ejecutar varios Conciertos semanales de piano que pronto se hicieron famosos y eran esperados en la mayor parte de las casas con notable interés. Su vecino Enrique Avellán Ferres le pidió que musicalice su “Clarita la negra” como canto infantil.

También instaló una pequeña Academia de Música en su domicilio, donde tenía relojes pendulares en casi todas las habitaciones que gustaba sincronizar diariamente pues era meticuloso y ordenado, así como jardinero y agricultor en sus ratos perdidos porque su casa de Loja tenía una pequeña huerta. Impartía clases por las tardes a numerosos jóvenes de ambos sexos. Pronto su casa se transformó en cenáculo de artistas y compositores de valía. Allí iban a visitar al maestro N. Carpio Abad autor de La Chola Cuencana, Enrique Espín Yépes de Pasional, Miguel Angel Casares de Lamparilla, el ex Director del Conservatorio de Quito Juan Pablo Muñoz Sánz, quien fue su más íntimo amigo; sin embargo, no sólo eran músicos sus asiduos visitantes, también concurrían Manuel Agustín Aguirre y su esposa Teresa Borrero, el yuro Andrés F. Córdova, quien siempre llegaba cargando un viejo acordeón y se encerraba en la sala a tocar música y a hablar de todo un poco.

Los diputados lojanos le llamaban por teléfono para pedirle que oyera a tal o cual hora sus discursos, también le visitaban para recopilar información en su Biblioteca, pues la tenía especializada en Loja y su provincia.

En 1.967 obtuvo el 1° y 2° premios en el concurso de villancicos en Quito y en junio del 68 el Municipios de Quito le tributó homenaje público. Ese año tuvo un problema de salud a causa de una molestia estomacal que no pudo ser diagnosticada en el Hospital del IESS y que al evolucionar se le transformó en un cáncer que lo despedazó físicamente en pocos meses de increíbles sufrimientos. Perdió tres arrobas de peso en un proceso muy doloroso aunque no perdió su buen humor ni su proverbial gentileza.

La noche anterior a su muerte, estando en su casa el Dr. César Ayora -médico de cabecera- acompañado de dos jóvenes galenos lejanos que en el Colegio Valdivieso habían sido sus discípulos en las clases de música, el enfermo pidió que les sirvieran algún refrigerio o una copita de vino y poco después entró en coma, falleciendo al día siguiente 17 de abril de 1.969, a las 12 y 10 de la larde, de 68 años de edad, siendo sepultado en la cripta de la Iglesia de San Francisco.

Su deceso produjo consternación en toda la República. Su provincia decretó tres días de duelo y al poco tiempo en 1.973 le levantó un busto en bronce para perennizar su memoria.

Dejó doce álbumes de música que esperan su publicación, más de ochenta composiciones grabadas dentro y fuera de la República y casi tres mil temas diferentes que algún día deberán ser difundidos. Fue un musicólogo excepcional (Compositor y ejecutante notabilísimo) que también escribió ensayos sobre aspectos esenciales de la música, mucho de los cuales salieron publicados en la revista “Mediodía”, órgano del Núcleo Provincial de Loja.

Fue austero y de escasa vida social, a pesar que en confianza era sumamente comunicativo. La radio “La voz de los Andes” conserva en sus archivos versiones magnetofónicas de sus numerosas intervenciones, que demuestran la depurada técnica que había adquirido en la ejecución del violín y piano, también fue muy diestro en la guitarra, el acordeón y el bandolín y en éste último instrumento logró hermosas interpretaciones religiosas.

Siempre caminó erguido y elegante, usando lentes oscuros por su deficiencia visual.

 

SEGUNDO CUEVA CELI
MUSICO Y COMPOSITOR.- Nació en Loja el 10 de enero de 1.901, Fue su padre el Doctor Juan Cueva García, ilustre abogado profesor del Colegio “Bernardo Valdivieso” de Loja, Cónsul del Ecuador en New Orleans, Ministro Plenipotenciario en Londres en 1.916 y luego en Panamá y Vicepresidente del ferrocarril ecuatoriano en New York. Fue su madre Zoila F. Celi Castro, prima hermana del notable compositor Salvador Bustamante Celi, todos lojanos.

Nació normal pero la inexperiencia del médico que le trajo al mundo, quien le puso en exceso nitrato de plata, le ocasionó un daño permanente en la vista, agravado a los cinco años cuando otro médico le recomendó unas ciertas gotitas dizque para mejorarlo, pero de la botica mandaron el remedio equivocado y al ponerle en el ojo izquierdo se lo quemaron para siempre, pues era un ácido. Desde entonces veía muy poco y únicamente con el derecho, era casi un ciego.

El niño se hizo tímido y meditabundo y rehuía el trato de sus compañeritos de escuela, refugiándose en la música pues poseía buen oído y exce1ente voz y aprendió sin maestros. Cuando ingresó al Colegio de los Hermanos Cristianos ya sabía tocar al piano con alguna destreza y fue la admiración de todos. El mismo diría después: “Era yo muy niño, iba a la escuela, a la espalda un morral y en mis manos un rondín y todas las mañanas al volver de clases, el Gerente de la Singer, un señor Lebly, me esperaba al paso y luego de oírme tocar, me regalaba una peseta. Mi nuevo profesor, el Hermano francés Antonino, solía decir: A Segundo debemos ponerlo en manos del franciscano Antonio Vega, gran violinista doctorado en Lima, quien hizo de mí un amante de la música. Desde los siete años empecé a escribir música religiosa para el Coro de San Francisco; más tarde, vino la música profana, particularmente la de la tierra, pues el padre Vega me enseñó composición, armonía, dictado musical”. De nueve años se presentó por primera vez en público con gran éxito, ejecutando piezas sencillas en el armonio de esa iglesia pues sus piernas no alcanzaban los pedales.

En 1.916 formó parte del “Sexteto de Loja” con Francisco Rodas Bustamante, Segundo Puertas Moreno, David Pacheco, Serafín Alberto Larriva, Manuel Torres, Sebastián Valdivieso Peña y Antonio Eduardo Hidalgo. En 1.917 aprendió a tocar violín sólo con el método “Maya-Van” que le envió su padre desde los Estados Unidos.

Poco después comenzó a hacer voluntariado con las monjas de Loja y daba clases particulares de música para ayudarse pues era muy pobre y vivía con su madre de lo que buenamente ella producía en labores de mano.

En 1.920 su gran amigo Emiliano Ortega Espinosa le pidió que pusiera música a la poesía Vas Lacrimarum de José María Egas y así fue como nació el pasillo de ese nombre.

En 1.923 su padre le envió dinero para que se traslade a Colón en Panamá, donde fue huésped de Colón Eloy Alfaro. En el hospital de esa ciudad le operaron la vista pero no mejoró.

En 1.926 se enamoró de la joven Victoria Espinosa Ruiz, le dio numerosas serenatas y terminaron casados un año después. En 1.928 su padre les invitó a viajar a Quito donde estaba de Diputado a la Asamblea Nacional Constituyente y allí se mantuvo de su trabajo como concertista de violín en diversos teatros y Centros artísticos, pero, su esposa -que siempre tuvo el carácter malgenioso- pronto se cansó del clima capitalino y lo obligó a regresar a Loja, frustrando sus planes para el futuro. Entonces adquirió una casa cercana a la Plaza de San Sebastián, que hoy ostenta en su fachada una placa de mármol puesta en su honor.

Desde 1.935 fue profesor de Música del Bernardo Valdivieso y ganó una Medalla de Oro por su arte. Entre los años 40 y 50 recibió numerosas preseas de la Municipalidad de Loja y del Colegio La Dolorosa por su himno a la Virgen. También compuso valses, pasillos, nocturnos y hasta música seria de carácter sinfónico. Otra vena especial de su ingenio fue la música escolar a base de canciones simples, rondas infantiles y marchas patrióticas.

Su carácter amable, jovial, la suavidad de su trato con los demás, su pobreza franciscana, su personalidad serena, todo le granjeaba el cariño y la comprensión de los que tuvieron el privilegio de conocerle y tratarlo, así como de escuchar sus finas composiciones tales como “Ultimo Recuerdo”, el pasillo “Pequeña Ciudadana” con letra de Alejandro Carrión, “Tardes del Zamora”, “Laura” y “Dulce Tristeza”. Entre sus mejores pasillos se cuenta “Vaso de Lágrimas”, “No importa”, “A Ella”, “Madrigal de Seda” que inmortalizaron su nombre, así como “Plegaria Salvaje” que presentó en Cuenca la famosa bailarina Osmara de León, de danzas modernas, por eso conocida -como la de los pies desnudos.

En 1.943 fue Concejal en su ciudad natal. En 1.947 ingresó de miembro de la Casa de la Cultura y por largos años dirigió los programas radiales de la estación “Ondas del Zamora”.

En 1.958 fue llamado por el Presidente Camilo Ponce Eníiquez para entregarle la Orden Nacional al Mérito y se quedó a vivir en Quito. Ya estaba jubilado y consiguió varios contratos. La Radio Nacional del Ecuador y la de la Casa de la Cultura le propusieron ejecutar varios Conciertos semanales de piano que pronto se hicieron famosos y eran esperados en la mayor parte de las casas con notable interés. Su vecino Enrique Avellán Ferres le pidió que musicalice su “Clarita la negra” como canto infantil.

También instaló una pequeña Academia de Música en su domicilio, donde tenía relojes pendulares en casi todas las habitaciones que gustaba sincronizar diariamente pues era meticuloso y ordenado, así como jardinero y agricultor en sus ratos perdidos porque su casa de Loja tenía una pequeña huerta. Impartía clases por las tardes a numerosos jóvenes de ambos sexos. Pronto su casa se transformó en cenáculo de artistas y compositores de valía. Allí iban a visitar al maestro N. Carpio Abad autor de La Chola Cuencana, Enrique Espín Yépes de Pasional, Miguel Angel Casares de Lamparilla, el ex Director del Conservatorio de Quito Juan Pablo Muñoz Sánz, quien fue su más íntimo amigo; sin embargo, no sólo eran músicos sus asiduos visitantes, también concurrían Manuel Agustín Aguirre y su esposa Teresa Borrero, el yuro Andrés F. Córdova, quien siempre llegaba cargando un viejo acordeón y se encerraba en la sala a tocar música y a hablar de todo un poco.

Los diputados lojanos le llamaban por teléfono para pedirle que oyera a tal o cual hora sus discursos, también le visitaban para recopilar información en su Biblioteca, pues la tenía especializada en Loja y su provincia.

En 1.967 obtuvo el 1° y 2° premios en el concurso de villancicos en Quito y en junio del 68 el Municipios de Quito le tributó homenaje público. Ese año tuvo un problema de salud a causa de una molestia estomacal que no pudo ser diagnosticada en el Hospital del IESS y que al evolucionar se le transformó en un cáncer que lo despedazó físicamente en pocos meses de increíbles sufrimientos. Perdió tres arrobas de peso en un proceso muy doloroso aunque no perdió su buen humor ni su proverbial gentileza.

La noche anterior a su muerte, estando en su casa el Dr. César Ayora -médico de cabecera- acompañado de dos jóvenes galenos lejanos que en el Colegio Valdivieso habían sido sus discípulos en las clases de música, el enfermo pidió que les sirvieran algún refrigerio o una copita de vino y poco después entró en coma, falleciendo al día siguiente 17 de abril de 1.969, a las 12 y 10 de la larde, de 68 años de edad, siendo sepultado en la cripta de la Iglesia de San Francisco.

Su deceso produjo consternación en toda la República. Su provincia decretó tres días de duelo y al poco tiempo en 1.973 le levantó un busto en bronce para perennizar su memoria.

Dejó doce álbumes de música que esperan su publicación, más de ochenta composiciones grabadas dentro y fuera de la República y casi tres mil temas diferentes que algún día deberán ser difundidos. Fue un musicólogo excepcional (Compositor y ejecutante notabilísimo) que también escribió ensayos sobre aspectos esenciales de la música, mucho de los cuales salieron publicados en la revista “Mediodía”, órgano del Núcleo Provincial de Loja.

Fue austero y de escasa vida social, a pesar que en confianza era sumamente comunicativo. La radio “La voz de los Andes” conserva en sus archivos versiones magnetofónicas de sus numerosas intervenciones, que demuestran la depurada técnica que había adquirido en la ejecución del violín y piano, también fue muy diestro en la guitarra, el acordeón y el bandolín y en éste último instrumento logró hermosas interpretaciones religiosas.

Siempre caminó erguido y elegante, usando lentes oscuros por su deficiencia visual.

 

 

Trio Austral

Posted in músicos ecuatorianos with tags on septiembre 16, 2008 by edmolin657
Austral PDF Imprimir E-Mail

Cisneros – Días – Ordóñez

Esta conformación de voces muy recordadas en nuestro medio la formaron César A. Díaz, Gustavo Cisneros Román y Luís Ordóñez O. Se integró en el año 1958, cuando iniciaban sus estudios secundarios en el Colegio “La Dolorosa”, en donde participaron y obtuvieron por algunas ocasiones el Primer Premio.

Luego de su experiencia estudiantil, se dedican tesoneramente al cultivo del arte y realizan una serie de actuaciones e intervienen asimismo en diferentes Concursos haciéndose acreedores a un Primer Premio en la “Lira y la Pluma Lojanas”, en su primera oportunidad; y, en una segunda, la Guitarra de Oro, así como Diplomas y Menciones en Festivales realizados algunos en la población de Malacatos con ocasión de la tradicional fiesta del 30 de agosto.

Los escenarios donde actuaron fueron: el Teatro Universitario “Bolívar”, el Teatro “Popular”, permaneciendo en esta actividad por más de 6 años. Este trío se conformó inicialmente con el requinto de Marcelo Costa Bravo y cantaban algunas canciones del famoso trío “Los Panchos”. Luego con la separación de Marcelo Costa, lo integró Luís Ordóñez quien reemplaza el requinto; y filialmente fue integrado como últimos componentes por Lino Palacios y Telmo Martínez.

Cabe destacarse que César Díaz, se inició en el canto desde el Colegio “La Dolorosa”, con el afamado lojano José Antonio Luna.

Trio Colonial

Posted in músicos ecuatorianos with tags on septiembre 16, 2008 by edmolin657

TRIO COLONIAL

El Trío Colonial, nació en 1988 en el casco colonial de la ciudad de Quito, de ahí su nombre, se encuentra integrado por Edison Aguirre en la primera voz y primera guitarra, Freddy Aguirre en el requinto y segunda voz y Jorge Aguirre en la tercera voz y bao electroacústico, contando además con el acompañamiento de Fernando Aguirre en la percusión mayor y Javier Aguirre en la percusión menor. Los maestros Daniel Lema y Tito Cuenca en las trompetas y Roberto Montenegro en los teclados.

A lo largo de su 15 años de vida artística profesional, el Trío Colonial ha realizado cerca de 500 actuaciones entre las cuáles se incluyen 71 giras nacionales en el territorio continental e insular y 11 giras internacionales ( 8 por Europa, 1 por Colombia, 1 por Perú y 1 a los Estados Unidos de Norteamérica. Tienen Grabados 8 CDS (4 para Europa y 4 para Ecuador y muy pronto con un nuevo lanzamiento).

Trio Colonial

PRODUCCIONES DISCOGRAFICAS

:: Ojos Claros
:: Tropicalísimos
:: Recuerdos 1 y 2
:: Serenata
:: A gozar con el Trío Colonial
:: Canciones del Alma Mía, incluyendo temas de su propia autoría.

Dentro de sus planes futuros se encuentra la realización de su segunda gira por los Estados Unidos con la cuál sumarían 12 giras internacionales, y la grabación de su 5to trabajo discográfico para el Ecuador y América, titulado: “A gozar con el Trío Colonial Volumen 2” el mismo que incluirá todos los ritmos propios de la región como son: pasacalles, albazos, tonadas, San Juanitos, aires típicos, bombas, capishcas, etc. Fueron además galardonados con la mención de honor y medalla de oro por la Casa de la Cultura Ecuatoriana como el TRIO DE LA DÉCADA.

El trío Colonial lanzó su nueva producción discográfica con una recopilación de todos sus éxitos que tanto han deleitado a todos quienes gustan de su música, llamada: ” Exitos Eternos” sin duda una colección de Oro con el sello de calidad inconfundible de Audiomarket Producciones.

Para en este 2007 ya se prepara otro gran lanzamiento del trío, que es una colección de éxitos para recordar que se titulará:
:: Neblina Vol: 11

Alberto Solano

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Solano de la Sala Alberto PDF Imprimir E-Mail

Lugar de nacimiento: Loja

Fecha de nacimiento:  22 de marzo de 1949.

ESTUDIOS REALIZADOS

PRIMARIA: Escuela Hermanos Cristianos

COLEGIO: Bernardo Valdivieso

SUPERIORES: Universidad Central del Ecuador.  Universidad Técnica Machala.

TÍTULOS:

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología.

SOCIÓLOGO.

TRAYECTORIA ARTÍSTICA

  • El primer grupo que integró:  “Los Bric-a-Brac”
  • Orquesta “los 7 latinos”
  • Orquesta “Combo Estelar” (Quito)
  • Orquesta “Los Láser”  (Quito)
  • Quinteto “Fantasía” (Machala)
  • Orquesta “Los Leones” (Machala)
  • Estudiantina Colegio Técnico de Arenillas
  • Grupo Folklórico del Instituto Superior “Santa Rosa”
  • Grupo los “Celestes”
  • Grupo “Capítulo 4″

FESTIVALES EN LOS QUE HA PARTICIPADO

  • Festival OTI de la canción
  • Festival de la Mitad del mundo
  • Festival de la Composición UNL.

DIGNIDADES OCUPADAS

  • Presidente de la  Asociación de  Lojanos Residentes en el Oro.
  • Presidente de la Asociación de Profesores del Colegio Nacional Machala.
  • Vicerrector del Colegio Nacional Machala
  • Miembro activo de la Casa de la Cultura
  • Vicepresidente de la SAYCE en Loja.

TEMAS GRABADOS EN CD

  • Mi muchachita
  • Loja Pequeñita y de Cristal
  • Reina del Cisne
  • Para que siempre te acuerdes de mí
  • Sultana del Zamora
  • Tus 15 Primaveras
  • El árbol de mi casa
  • Vengan los niños
  • Que no daría por ti
  • Solo para ti
  • Marcia
  • Mírame a los ojos
  • SKY
  • Himno de la Fundación Oro
  • Himno del Colegio Cléber Franco Cruz (Machala)
  • Nos quedamos tan solos
  • Quiero una Patria Grande

OBRAS LITERARIAS

  • Metodología de Estudio  8vo Año
  • Metodología de Estudio  9no Año
  • Metodología de Estudio 10mo Año
  • Realidad Socio – Económica Ecuatoriana
  • Herramientas Teóricas de Economía y Sociología.

Bandas de pueblo

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BREVE HISTORIA DE LAS BANDAS DE PUEBLO

Por: Manuel Espinosa Apolo

Las llamadas “bandas de pueblo” constituyen expresiones vigorosas de la cultura popular andina, y en su constitución y desarrollo es posible descubrir también, como en otras manifestaciones culturales de nuestro país, la concurrencia de tradiciones propias de los Andes y del Mediterráneo. Pues, si por un lado las bandas de pueblo constituyen agrupaciones musicales que reúnen instrumentos de procedencia sur-europea, ya sea porque fueron inventados o perfeccionados en aquella región, la música que producen, el modo de hacerlo y su función básica, son propias de las regiones altas de Sudamérica: melodías pentafónicas en las que predomina el aspecto monódico por sobre el armónico, ya que casi todos los instrumentos entonan la misma melodía, amén de su íntima vinculación a la fiesta religiosa, es decir, al tiempo sacro.La afición andina prehispánica por los instrumentos de vientoLos antecedentes más remotos de las bandas de pueblo pueden ser rastreados a un lado y otro del océano.En los Andes antes de la llegada de los españoles, casi todos los instrumentos eran de viento (aerófonos), excepto unos pocos de percusión. Los de alta resonancia y sonoridad (trompetas), nacieron en las actividades cinegéticas o de caza y se perfeccionaron al interior de las actividades bélicas. Entre los ejércitos andinos la presencia de caracolas marinas, trompetas de arcilla o piedra, llamadas kipas y pututus en tiempo de los incas, eran fundamentales, ya que servían para anticipar la presencia de los ejércitos a su paso por una u otra llacta, además de servir para comunicar a los soldados determinadas órdenes en el campo de lucha, convocar a las batallas o celebrar las victorias.
Los instrumentos de entonación más dulces como las flautas, hechas de caña, hueso, plumas, arcilla y metal, sean globulares (ocarinas), tubulares horizontes y verticales (pingullo, quena, piroró); flautas de pan (huaira-pura, payas y antaras), en cambio fueron inventos de los campesinos y los pastores, razón por la cual se utilizaron para menesteres más cotidianos y básicos, sobre todo para el enamoramiento, así como para celebrar la vida o llorar su ausencia, de ahí que fuesen los instrumentos prevalecientes a la hora de amenizar las francachelas de las cosechas o acompañar las ceremonias de sacrificios y duelos.En los Andes, no obstante, no han quedado evidencia de agrupaciones musicales que reunieran instrumentos de diversa índole, pero si de grandes conjuntos que se reunían para tocar un mismo tipo de instrumentos. Es el caso de las llamadas sicuriadas de Bolivia en las cuales grupos de hasta 30 individuos tocan una misma melodía con sicus o sicuris de diferentes tamaño, o de las llamadas payadas de Imbabura, en las cuales algunos músicos entonan ritmos de la localidad en sus pequeñas zampoñas llamadas “payas”.Esta clase de agrupaciones musicales debieron ser comunes en los Andes antes de la llegada de los españoles, y su repertorio debió incluir los mismos ritmos que aun hoy día siguen tocando con ciertas variaciones las bandas de ciertos pueblitos de la sierra. No hay duda que la vocación y pasión por los instrumentos de viento es una vieja afición andina. De ahí que los instrumentos de viento europeos hayan sido acogidos con gran entusiasmo por las gentes andinas, al punto que las viejas ocarinas, pingullos, quenas, piroros, pututus, kipas, antaras y payas fueron substituidos por los saxofones, clarinetes, trompetas, armónicas, acordeones y órganos.

El legado de los ministriles

En el mediterráneo occidental, los instrumentos de soplo y entonación fuerte como cornetas, cornetines y cornos provienen también de los ejércitos, de ahí que hayan formado parte fundamental del equipaje que trajeron los conquistadores al Nuevo Mundo. En las crónicas de Indias, como aquéllas que narran la conquista del Perú, se hace clara referencia al llamado “corneta”, un soldado encargado de tocar el ataque y la retirada, en las múltiples refriegas y batallas sucedidas entre los invasores y los indios. Por el Inca Garcilaso sabemos que los ejércitos conquistadores como el de Gonzalo Pizarro, incluían en sus filas no solo a un “corneta” si no a toda una banda de guerra conformada por cornetas y tambores.En el transcurso de los siglos XIV y XV los instrumentos aerófonos de guerra dieron lugar a otros instrumentos no militares como los sacabuches y trompetas, que junto a otros instrumentos antiguos como chirimias y oboes pasaron a incrementar el arsenal musical europeo.Documentos del s. XV señalan la existencia de ensambles de oboes y “sacabuches” (antiguos trombones) en Italia. Estas agrupaciones musicales solían escucharse en las ciudades durante las fiestas religiosas, sobre todo en aquellas ceremonias solemnes y fastuosas, dentro de las capillas y catedrales, ya que constituían el marco musical de la polifonía sacra. Sin embargo fue en el s. XVI, en España, en donde este tipo de ensambles se propagaron exitosamente. Sus integrantes fueron conocidos como “ministriles”.
Sucedió para entonces que todas las iglesias de España, siguiendo el ejemplo de la Catedral de Sevilla que conformó su conjunto musical en 1526, empezaron a contratar músicos instrumentistas para reforzar sus coros y aportar música puramente instrumental en momentos determinados de la liturgia. De esta manera, en ningún otro país europeo llegó a existir tantos grupos instrumentales de este tipo.Estas agrupaciones musicales tocaban motetes, villancicos, himnos y antífonas marianas utilizadas en procesiones; salmos escritos en fabordón y ocasionalmente Magnificats y secciones del Ordinario de la Misa .Los ministriles tocaban tanto instrumentos de cuerda como de viento. Entre los primeros destacaban los de cuerdas frotadas: violines, violas de gamba; de cuerdas pulsadas: laudes y vihuelas. Entre los de viento habían grupos de flautas dulces pequeñas y grandes; instrumentos de doble lengüeta como los orlos de Alemania (una especie de oboe) y chirimias de todos los tamaños (de la soprano a la bajo). Asimismo tocaban cornetti tanto pequeñas como grandes y sacabuches ya sean de latón o de plata.Los ministriles dominaban la ejecución y sus técnicas de ejecución solían pasar de padres a hijos. En el Nuevo Mundo hubieron también ministriles. Estos eran indios dirigidos por maestros españoles.
En los primeros colegios que fundaron los padres franciscanos en Quito para la educación de indios, mestizos pobres y españoles huérfanos: San Juan Bautista (1552) y San Andrés (1558), se enseñó junto a la lectura y la aritmética, el uso de instrumentos y canto. Fray Jodoco Ricke al hacerse cargo de la dirección del Colegio de San Andrés junto con Andrés Lazo, enseñó a los indios a tañer instrumentos de tecla, cuerda y viento. Entre estos últimos se destacaban: sacabuches, chirimias, flautas, trompetas y cornetas, además el canto de órgano y llano . Después de 10 años de vida del Colegio San Andrés, ya existían en su cuerpo docente profesores indígenas de instrumentos de viento. Fue el caso de Diego Gutiérrez indio natural de Quito, de Pedro Días nativo de Tanta y Juan Mitima indio de Latacunga. A partir de 1550 el obispo de Quito Bachiller Don Garci Díaz Arias trajo para la catedral de Quito músicos españoles a quienes encargó la enseñanza de violín, flauta y oboe . No cabe duda entonces que, en el Quito del s. XVI, existieron orquestas de instrumentos de vientos cuyos ejecutantes eran indígenas, mestizos y españoles pobres; orquestas formadas para tocar al interior de las iglesias y acompañar la liturgia.1 Douglas Kirk, “Los ministriles españoles”, en el CD: Los Ministriles. Spanisch Renaissabce wind music, Piffaro. The renaissance band, Archiv Produktion, Alemania, 1997.
2 José María Vargas, Historia de la Cultura Ecuatoriana, T. I, Clásicos Ariel, Guayaquil, s.f., p. 22
3 Segundo Luis, Moreno La Música en el Ecuador, Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, Departamento de Desarrollo y Difusión Musical, Quito, 1996: 48.

El nacimiento de las “bandas”

Sin embargo estos conjuntos musicales tuvieron una existencia corta. El éxito del órgano y los instrumentos de cuerda terminaron acallando a los viejos sacabuches, chirimias, cornetas y trompetas. Al transcurrir la Colonia, solo el órgano y el violín fueron permitidos dentro de la iglesia y excepcionalmente el laúd. Otros instrumentos como la vihuela, la guitarra o el arpa fueron considerados instrumentos sensuales y por ende expulsados de los templos.Fuera de las iglesias sin embargo, éstos instrumentos fueron rápidamente acogidos por las gentes del pueblo, y los indios que habían aprendido a tañerlos en los Colegios religiosos se constituyeron en sus propagadores. Fue así como junto a las flautas indígenas empezaron a sonar en las festividades andinas, las arpas, vihuelas, violines y tambores. En el s. XVIII, no había parcialidad, comunidad o reducción de indios que no tuviese su propio conjunto musical, elemento básico de todas las celebraciones religiosas que incluían procesiones, danzas y francachelas. Si no había un conjunto propiamente dicho había por lo menos un tamborilero que tocaba el pingullo y la caja, convocando a las fiestas y animando el baile de los danzantes. A este dúo de instrumentos igual que a las agrupaciones de más de dos músicos, se empezó desde entonces hasta la actualidad a llamarlos “banda”. Palabra de origen gótico (bandwo = signo, bandera), que se utilizó en la Europa medieval para denominar a una parcialidad o cuerpo de músicos de a pie que formaba parte de los ejércitos.
El nacimiento de las bandas de pueblo en nuestro país se remite por tanto a la formación de estas agrupaciones indígenas en la colonia, las mismas que aparecían en las diversas fiestas del calendario religioso, tocando viejas melodías andinas, al aire libre, en plazas, patios y atrios, sin sobrepasar, eso si, los umbrales de las grandes puertas de iglesias y basílicas.

La súbita aparición de las bandas militares.

En el periodo independentista las bandas militares hicieron una súbita presencia en el territorio ecuatoriano. En 1818 con la llegada del batallón Numancia, se oyó en Quito y otras ciudades y pueblos de la sierra tocar por primera vez a una banda militar. El Numancia había sido enviado de Bogotá a Lima por el virrey de Santa Fe Juan de Samano, se trataba por tanto de un batallón realista que poseía una excelente banda de músicos. En su paso por el Ecuador la banda del Numancia actuó en casi todas las ciudades de la sierra, realizando innumerables presentaciones. Sin duda constituyó un verdadero acontecimiento; pues, sólo entonces se conocieron ciertos instrumentos cuya existencia ni siquiera se había sospechado: picolos, cornos, oficleides (tubas antiguas), serpentones (bombardón antiguo); todos ellos instrumentos de viento confeccionados en bronce; a más de clarinetes, liras, bombos, redoblantes y platillos. Ya la combinación instrumental misma de la banda y su efecto atronador, fueron -al decir de Segundo Moreno- novedades que tenían embelesados tanto a los muchachos como a las personas mayores. Después de la Batalla de Pichincha (24 de mayo de 1822) la música militar se hizo más frecuente en las ciudades, gracias a la presencia de los diversos batallones del ejército libertador. Sin duda estas bandas despertaron el gusto por esta clase de música, motivando en el pueblo la formación de agrupaciones musicales que intentaban imitarlas. Con ellas nació además un nuevo rito social: “la retreta”. Se trataba de una función de música al aire libre realizada por las bandas militares, a las tardes y noches en las plazas principales de las ciudades. Mientras las bandas tocaban, las familias acomodadas paseaban, los niños jugaban y las gentes del pueblo las escuchaban y miraban asombrados.
Una vez que terminaron las batallas de la independencia muchos de los músicos de las bandas militares se quedaron sin ocupación pero no necesariamente sin sus instrumentos; por esta razón la mayoría de los músicos licenciados pasaron a formar parte de las agrupaciones musicales de las ciudades y pueblos, transmitiendo sus conocimientos a sus compañeros, al mismo tiempo que motivaron e impulsaron la formación de agrupaciones musicales del tipo banda. Igual papel cumplieron algunos directores de las bandas militares, quienes contribuyeron al desarrollo profesional de las bandas civiles .De esta manera, en el ultimo tercio del s. XIX, las bandas de tipo militar se hicieron frecuentes en las ciudades y su calidad musical mejoró con la introducción de nuevos instrumentos de viento y bronce inventados en Europa en la segunda mitad del dicho siglo: saxofones, tubas, bombardones. No sólo los batallones militares y policiales tenían sus respectivas bandas sino también los municipios, las sociedades obreras o las cofradías, cuyos integrantes llevaban uniformes de tipo militar a juzgar por las gorras adornadas con insignias, el tipo de chaquetas o el color de los uniformes, por lo general azul, café o plomo. Vestimenta que hasta el día de hoy se destaca en las bandas de los municipios serranos y costeños.
En el ámbito rural, la moda de las bandas militares también llegó a finales del s. XIX e inicios del s. XX. De esta manera, muchas de las antiguas agrupaciones musicales campesinas e indígenas cambiaron los viejos instrumentos nativos y europeos por los instrumentos introducidos por las bandas militares. Sin embargo este cambio no se hizo de golpe y porrazo si no paulatinamente. En un primer momento, dentro de una misma agrupación musical los instrumentos antiguos como flautas, violines y guitarras convivieron con los clarinetes, trombones, saxos o tubas. De ahí que en el cuento “Banda de Pueblo”, José de la Cuadra nos presenta a una agrupación musical montubia que a inicios del s. XX combina instrumentos tradicionales como la flauta y el requinto, con los nuevos instrumentos: trompeta, trombón, barítono y bajo . No obstante a medida que va avanzando el s. XX, estos irán desplazando totalmente a los primeros. En un comienzo los principales proveedores de los instrumentos provenientes de las bandas militares fueron los antiguos reclutas y desertores parroquianos que habían aprendido en el ejército a tocarlos, al mismo tiempo que los más decididos, ya sea una vez licenciados o antes de que ello suceda, se atrevieron a fugar con sus instrumentos de vuelta a sus pueblos .4 Marco Godoy, Las bandas de pueblo, , Promuart, Quito, 1993, p. 10
5 José de la Cuadra, “Banda de pueblo”, en: : Hornos y Repisas, La Gran Literatura de los 30, Vol. 2, Editorial El Conejo, Quito, 1985, pp.66

Consolidación y desarrollo de las bandas de pueblo

A la primera mitad del s. XX corresponde la etapa de consolidación y expansión de las bandas de pueblo. En esta época las bandas empezaron a proliferar en los pueblos y anejos de la sierra y la costa, y fue a inicios del s. XX que la denominación “banda de pueblo” se empezó a aplicar a las agrupaciones musicales pueblerinas que tratando de imitar a las bandas militares de los regimientos urbanos habían incorporado algunos de sus instrumentos de bronce. En dicha denominación había algo de desprecio citadino, ya que era evidente en los músicos rurales la precariedad de sus instrumentos y técnicas de interpretación. Pues a las bandas de pueblo iban a parar los instrumentos desgastados y desechados por las bandas militares, al mismo tiempo que sus ejecutantes tocaba al oído -incluso hasta hoy día muchos de ellos se resisten a aprender nota. Por otra parte no llevaban uniformes, por lo que su aspecto evidenciaba el origen humilde de los mismos, la mayoría campesinos o artesanos pueblerinos: carpinteros, herreros, zapateros etc., de condición mestiza e indígena. A los ojos de las clases altas urbanas, estas bandas debió parecerles una reunión ruidosa de palurdos campesinos, es decir, una caricatura grotesca de las bandas militares a las que estaban acostumbrados escuchar en la ciudad.
Esta apreciación era hasta cierto punto justificable, ya que hasta bien entrado el s. XX, ciertas bandas de pueblo no incluían más de 3 miembros, que podían incluir instrumentos como un saxofón, un bajo y un redoblante, algunas de las cuales producían unas “tocatas infames” -al decir de José de la Cuadra- al extremo que las personas entendidas podían haber pensado que se “había desatado en la tierra los ruidos espantosos del infierno o una abierta tempestad de mar de altura”, pero igual la gente de los pueblos bailaba y se regocijaba . Las bandas que lograba agrupar a más de 8 miembros, eran escasas y se consideraban agrupaciones grandes, por lo que su prestigio era considerable.

La secularización de las bandas de pueblo.

Ya en la primera mitad del s. XX, particularmente en la costa, las bandas de pueblo dejaron de aparecer solamente en las fiestas religiosas. En esta región, antes que en la sierra, las bandas de pueblo se convirtieron en agrupaciones semiprofesionales que tocaban por contrato tanto para participar en fiestas religiosas, en serenos, entierros o bailes organizados por los campesino ricos.De esta manera, las bandas de pueblo se convirtieron en agrupaciones itinerantes o trashumantes que recorrían, en temporada de verano, infinidad de pueblos y caseríos. En la época de lluvias sus integrantes volvía a sus tareas en el campo. Las agrupaciones no tenían nombre propios, solamente eran conocidas por el nombre del director o jefe del grupo. Así una banda de pueblo -como en el caso del cuento de José de la Cuadra- podía ser conocida como la “banda de Nazario Moncada”.6 José de la Cuadra, op., cit., p. 69.
La bandas de pueblo, desde entonces, constituyen grupos firmemente cohesionados; pues sus miembros están unidos por lazos de parentesco y compadrazgo. La banda misma representa una escuela en sí, pues la mayoría de sus integrantes se forman musicalmente dentro de ella, ya que su ingreso a las agrupaciones empieza desde niños. De ahí que muchas bandas tengan entre sus miembros chicos de 5 años, quienes por lo general tocan instrumentos de percusión como güiros o redoblantes. Cuando sean jóvenes o adultos terminaran tocando algún instrumento de bronce.Es frecuente que los mismos músicos padres sean quienes introduzcan a sus hijos en las agrupaciones, pues en muchos casos, éstos terminan remplazando a sus progenitores cuando por su edad ya no pueden tocar o después que han fallecido. Al interior, todos comparten los conocimientos y experiencias musicales, quien más sabe enseña a los demás, y más que criterios musicales propiamente dichos prima una sabiduría básica para repartirse los instrumentos. Los jóvenes tocan los instrumentos que exigen mayor soplido: trompetas, trombones, bombardones y tubas, o ese instrumento que exige cierta contextura física: el bombo. A los viejos se les encargan los instrumentos que exigen menor soplo: saxos y clarinetes. A los niños los instrumentos de percusión livianos: güiros, redoblantes y platillos.
Anteriormente, las bandas de pueblo como cualquier agrupación, contaba con un jefe que no necesariamente era el que más sabía de música si no el de mayor respetabilidad entre los integrantes. Últimamente este lugar ha sido ocupado por el músico más experimentado, el que hace las veces de director y al cual suele llamársele “músico mayor”. Además del jefe o director, hay un encargado de realizar los contratos. En el centro de la sierra se le llama “guashayo” .Esta fuerte cohesión, sumado al hecho de que los músicos son hombres forjados en las duras faenas del campo, explica por qué las bandas de pueblo son capaces de tocar en las condiciones y circunstancias mas adversas sin doblegarse: caminando por caminos culebreros o subiendo escalinatas agobiantes; arrimados en rincones húmedos o soportando las arremetidas del viento en los descampados; hasta altas horas de la noche y en las frías madrugadas; aguantando la inclemencias del clima, garúas, soles caniculares y heladas que a veces cubren de escarcha a los instrumentos; en los cajones de camiones ganaderos o en los techos de buses y “chivas”.7 Pablo Narváez, la vuelta del músico, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Chimborazo, Riobamba, 1997, p. 49-50.
Para soportar las duras jornadas, el aguardiente se ha convertido en fiel aliado de sus integrantes; “mientras más se bebe más se sopla con ganas” comentaba un viejo músico, ya que sin duda el alcohol a más de estimulante constituye una importante fuente de provisión de calorías. Pero al mismo tiempo, el aguardiente es un enemigo declarado de los instrumentos, pues cuando la borrachera llega, no falta alguien quien infrinja un golpee mortal a su herramienta de trabajo o simplemente la pierda, lo que constituye una verdadera tragedia puesto que para obtener los instrumentos sus ejecutantes han tenido que vender un terreno, alguna cabeza de ganado o endeudarse con el chulquero durante un buen tiempo de su vida. De todas maneras y al fin de cuentas, el aguardiente hace más sobrellevadera la vida del músico, sobre todo su “vuelta”, cuando terminadas las atenciones y olvidados por priostes o contratistas, los integrantes de la banda quedan abandonados a su suerte, teniendo que regresar a sus casas como sea. Peripecia que se conoce como “la vuelta del músico”.

Urbanización y orquestación

Desde la segunda mitad del s. XX, una nueva etapa marca la historia de las bandas de pueblo: su orquestación. Hondamente afectadas por la urbanización, las bandas de pueblo han modificado su rostro, obligadas a actualizarse o adaptarse a la vida moderna, lo que ha supuesto no obstante su resurgimiento y por tanto una suerte de apogeo.El avance incontenible de las urbes a los pequeños pueblos de indios y parroquias rurales ubicadas en los márgenes de las ciudades serranas, ha convertido a las bandas de pueblo en agrupaciones profesionales plenamente integradas a las necesidades del mercado. Es por esta razón que las bandas de pueblo ya no están presentes solo en las diversas fiestas de sus pueblos, parroquias o barrios sino también en diversos espacios de la ciudad, ya sea en fiestas particulares, inauguraciones de locales comerciales o animando y decorando una chiva turística.
Para volverse más competitivas algunas de estas agrupaciones musicales han adoptado como modelo a seguir el de las orquestas de música tropical, aunque al hacerlo han perdido interés para la industria turística que, deseosa de resaltar el folklore local, se interesa más bien por aquellas bandas “más rústicas” o de fisonomía rural. Es así como ciertas bandas de pueblo han adoptado uniformes de colores vivos; han introducido instrumentos eléctricos como bajos y sistemas de amplificación; algunas incluso cuentan con vocalistas y sus integrantes bailan mientras interpretan las melodías. Asimismo en su repertorio han incluido ritmos extranjeros tropicales, sin embargo y a pesar de todo ello, siguen sonando como bandas de pueblo, al mismo tiempo que el vinculo con una determinada localidad, parroquia o barrio sigue incólume. Porque sobre todo las bandas de pueblo se deben a un determinado sitio, lo que queda claramente evidenciado en sus denominaciones. Así por ejemplo en Quito son famosas: “La banda de Cotocollao”; “La Banda de la Magdalena”, “La banda juvenil de Santa Clara de San Millán”; “La Banda de Cotocog”, “La banda de Llano Chico” etc. etc. En fin, las bandas de pueblo siguen estando muy ligadas a sus lugares de origen, de ahí que participan casi siempre en las festividades religiosas, sociales, civiles y oficiales de la localidad a la que se deben. Es más, cuando ciertas fiestas religiosas convocan a diversas bandas de pueblo, éstas van allí en representación de sus respectivos barrios, parroquias o comunas, estableciéndose una especie de competencia. Es entonces cuando la otra acepción de “banda”, esto es, insignia, bandera o emblema puede también aplicarse a estas agrupaciones musicales.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Breve Historia de las Bandas de Pueblo

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Por: Manuel Espinosa Apolo

Las llamadas “bandas de pueblo” constituyen expresiones vigorosas de la cultura popular andina, y en su constitución y desarrollo es posible descubrir también, como en otras manifestaciones culturales de nuestro país, la concurrencia de tradiciones propias de los Andes y del Mediterráneo. Pues, si por un lado las bandas de pueblo constituyen agrupaciones musicales que reúnen instrumentos de procedencia sur-europea, ya sea porque fueron inventados o perfeccionados en aquella región, la música que producen, el modo de hacerlo y su función básica, son propias de las regiones altas de Sudamérica: melodías pentafónicas en las que predomina el aspecto monódico por sobre el armónico, ya que casi todos los instrumentos entonan la misma melodía, amén de su íntima vinculación a la fiesta religiosa, es decir, al tiempo sacro.La afición andina prehispánica por los instrumentos de vientoLos antecedentes más remotos de las bandas de pueblo pueden ser rastreados a un lado y otro del océano.

En los Andes antes de la llegada de los españoles, casi todos los instrumentos eran de viento (aerófonos), excepto unos pocos de percusión. Los de alta resonancia y sonoridad (trompetas), nacieron en las actividades cinegéticas o de caza y se perfeccionaron al interior de las actividades bélicas. Entre los ejércitos andinos la presencia de caracolas marinas, trompetas de arcilla o piedra, llamadas kipas y pututus en tiempo de los incas, eran fundamentales, ya que servían para anticipar la presencia de los ejércitos a su paso por una u otra llacta, además de servir para comunicar a los soldados determinadas órdenes en el campo de lucha, convocar a las batallas o celebrar las victorias.

Los instrumentos de entonación más dulces como las flautas, hechas de caña, hueso, plumas, arcilla y metal, sean globulares (ocarinas), tubulares horizontes y verticales (pingullo, quena, piroró); flautas de pan (huaira-pura, payas y antaras), en cambio fueron inventos de los campesinos y los pastores, razón por la cual se utilizaron para menesteres más cotidianos y básicos, sobre todo para el enamoramiento, así como para celebrar la vida o llorar su ausencia, de ahí que fuesen los instrumentos prevalecientes a la hora de amenizar las francachelas de las cosechas o acompañar las ceremonias de sacrificios y duelos.En los Andes, no obstante, no han quedado evidencia de agrupaciones musicales que reunieran instrumentos de diversa índole, pero si de grandes conjuntos que se reunían para tocar un mismo tipo de instrumentos. Es el caso de las llamadas sicuriadas de Bolivia en las cuales grupos de hasta 30 individuos tocan una misma melodía con sicus o sicuris de diferentes tamaño, o de las llamadas payadas de Imbabura, en las cuales algunos músicos entonan ritmos de la localidad en sus pequeñas zampoñas llamadas “payas”.Esta clase de agrupaciones musicales debieron ser comunes en los Andes antes de la llegada de los españoles, y su repertorio debió incluir los mismos ritmos que aun hoy día siguen tocando con ciertas variaciones las bandas de ciertos pueblitos de la sierra. No hay duda que la vocación y pasión por los instrumentos de viento es una vieja afición andina. De ahí que los instrumentos de viento europeos hayan sido acogidos con gran entusiasmo por las gentes andinas, al punto que las viejas ocarinas, pingullos, quenas, piroros, pututus, kipas, antaras y payas fueron substituidos por los saxofones, clarinetes, trompetas, armónicas, acordeones y órganos.

El legado de los ministriles

En el mediterráneo occidental, los instrumentos de soplo y entonación fuerte como cornetas, cornetines y cornos provienen también de los ejércitos, de ahí que hayan formado parte fundamental del equipaje que trajeron los conquistadores al Nuevo Mundo. En las crónicas de Indias, como aquéllas que narran la conquista del Perú, se hace clara referencia al llamado “corneta”, un soldado encargado de tocar el ataque y la retirada, en las múltiples refriegas y batallas sucedidas entre los invasores y los indios. Por el Inca Garcilaso sabemos que los ejércitos conquistadores como el de Gonzalo Pizarro, incluían en sus filas no solo a un “corneta” si no a toda una banda de guerra conformada por cornetas y tambores.En el transcurso de los siglos XIV y XV los instrumentos aerófonos de guerra dieron lugar a otros instrumentos no militares como los sacabuches y trompetas, que junto a otros instrumentos antiguos como chirimias y oboes pasaron a incrementar el arsenal musical europeo.Documentos del s. XV señalan la existencia de ensambles de oboes y “sacabuches” (antiguos trombones) en Italia. Estas agrupaciones musicales solían escucharse en las ciudades durante las fiestas religiosas, sobre todo en aquellas ceremonias solemnes y fastuosas, dentro de las capillas y catedrales, ya que constituían el marco musical de la polifonía sacra. Sin embargo fue en el s. XVI, en España, en donde este tipo de ensambles se propagaron exitosamente. Sus integrantes fueron conocidos como “ministriles”.
Sucedió para entonces que todas las iglesias de España, siguiendo el ejemplo de la Catedral de Sevilla que conformó su conjunto musical en 1526, empezaron a contratar músicos instrumentistas para reforzar sus coros y aportar música puramente instrumental en momentos determinados de la liturgia. De esta manera, en ningún otro país europeo llegó a existir tantos grupos instrumentales de este tipo.Estas agrupaciones musicales tocaban motetes, villancicos, himnos y antífonas marianas utilizadas en procesiones; salmos escritos en fabordón y ocasionalmente Magnificats y secciones del Ordinario de la Misa .Los ministriles tocaban tanto instrumentos de cuerda como de viento. Entre los primeros destacaban los de cuerdas frotadas: violines, violas de gamba; de cuerdas pulsadas: laudes y vihuelas. Entre los de viento habían grupos de flautas dulces pequeñas y grandes; instrumentos de doble lengüeta como los orlos de Alemania (una especie de oboe) y chirimias de todos los tamaños (de la soprano a la bajo). Asimismo tocaban cornetti tanto pequeñas como grandes y sacabuches ya sean de latón o de plata.

Los ministriles dominaban la ejecución y sus técnicas de ejecución solían pasar de padres a hijos. En el Nuevo Mundo hubieron también ministriles. Estos eran indios dirigidos por maestros españoles.

En los primeros colegios que fundaron los padres franciscanos en Quito para la educación de indios, mestizos pobres y españoles huérfanos: San Juan Bautista (1552) y San Andrés (1558), se enseñó junto a la lectura y la aritmética, el uso de instrumentos y canto. Fray Jodoco Ricke al hacerse cargo de la dirección del Colegio de San Andrés junto con Andrés Lazo, enseñó a los indios a tañer instrumentos de tecla, cuerda y viento. Entre estos últimos se destacaban: sacabuches, chirimias, flautas, trompetas y cornetas, además el canto de órgano y llano . Después de 10 años de vida del Colegio San Andrés, ya existían en su cuerpo docente profesores indígenas de instrumentos de viento. Fue el caso de Diego Gutiérrez indio natural de Quito, de Pedro Días nativo de Tanta y Juan Mitima indio de Latacunga. A partir de 1550 el obispo de Quito Bachiller Don Garci Díaz Arias trajo para la catedral de Quito músicos españoles a quienes encargó la enseñanza de violín, flauta y oboe . No cabe duda entonces que, en el Quito del s. XVI, existieron orquestas de instrumentos de vientos cuyos ejecutantes eran indígenas, mestizos y españoles pobres; orquestas formadas para tocar al interior de las iglesias y acompañar la liturgia.1 Douglas Kirk, “Los ministriles españoles”, en el CD: Los Ministriles. Spanisch Renaissabce wind music, Piffaro. The renaissance band, Archiv Produktion, Alemania, 1997.
2 José María Vargas, Historia de la Cultura Ecuatoriana, T. I, Clásicos Ariel, Guayaquil, s.f., p. 22
3 Segundo Luis, Moreno La Música en el Ecuador, Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, Departamento de Desarrollo y Difusión Musical, Quito, 1996: 48.

El nacimiento de las “bandas”

Sin embargo estos conjuntos musicales tuvieron una existencia corta. El éxito del órgano y los instrumentos de cuerda terminaron acallando a los viejos sacabuches, chirimias, cornetas y trompetas. Al transcurrir la Colonia, solo el órgano y el violín fueron permitidos dentro de la iglesia y excepcionalmente el laúd. Otros instrumentos como la vihuela, la guitarra o el arpa fueron considerados instrumentos sensuales y por ende expulsados de los templos.Fuera de las iglesias sin embargo, éstos instrumentos fueron rápidamente acogidos por las gentes del pueblo, y los indios que habían aprendido a tañerlos en los Colegios religiosos se constituyeron en sus propagadores. Fue así como junto a las flautas indígenas empezaron a sonar en las festividades andinas, las arpas, vihuelas, violines y tambores. En el s. XVIII, no había parcialidad, comunidad o reducción de indios que no tuviese su propio conjunto musical, elemento básico de todas las celebraciones religiosas que incluían procesiones, danzas y francachelas. Si no había un conjunto propiamente dicho había por lo menos un tamborilero que tocaba el pingullo y la caja, convocando a las fiestas y animando el baile de los danzantes. A este dúo de instrumentos igual que a las agrupaciones de más de dos músicos, se empezó desde entonces hasta la actualidad a llamarlos “banda”. Palabra de origen gótico (bandwo = signo, bandera), que se utilizó en la Europa medieval para denominar a una parcialidad o cuerpo de músicos de a pie que formaba parte de los ejércitos.
El nacimiento de las bandas de pueblo en nuestro país se remite por tanto a la formación de estas agrupaciones indígenas en la colonia, las mismas que aparecían en las diversas fiestas del calendario religioso, tocando viejas melodías andinas, al aire libre, en plazas, patios y atrios, sin sobrepasar, eso si, los umbrales de las grandes puertas de iglesias y basílicas.

La súbita aparición de las bandas militares.

En el periodo independentista las bandas militares hicieron una súbita presencia en el territorio ecuatoriano. En 1818 con la llegada del batallón Numancia, se oyó en Quito y otras ciudades y pueblos de la sierra tocar por primera vez a una banda militar. El Numancia había sido enviado de Bogotá a Lima por el virrey de Santa Fe Juan de Samano, se trataba por tanto de un batallón realista que poseía una excelente banda de músicos. En su paso por el Ecuador la banda del Numancia actuó en casi todas las ciudades de la sierra, realizando innumerables presentaciones. Sin duda constituyó un verdadero acontecimiento; pues, sólo entonces se conocieron ciertos instrumentos cuya existencia ni siquiera se había sospechado: picolos, cornos, oficleides (tubas antiguas), serpentones (bombardón antiguo); todos ellos instrumentos de viento confeccionados en bronce; a más de clarinetes, liras, bombos, redoblantes y platillos. Ya la combinación instrumental misma de la banda y su efecto atronador, fueron -al decir de Segundo Moreno- novedades que tenían embelesados tanto a los muchachos como a las personas mayores. Después de la Batalla de Pichincha (24 de mayo de 1822) la música militar se hizo más frecuente en las ciudades, gracias a la presencia de los diversos batallones del ejército libertador. Sin duda estas bandas despertaron el gusto por esta clase de música, motivando en el pueblo la formación de agrupaciones musicales que intentaban imitarlas. Con ellas nació además un nuevo rito social: “la retreta”. Se trataba de una función de música al aire libre realizada por las bandas militares, a las tardes y noches en las plazas principales de las ciudades. Mientras las bandas tocaban, las familias acomodadas paseaban, los niños jugaban y las gentes del pueblo las escuchaban y miraban asombrados.
Una vez que terminaron las batallas de la independencia muchos de los músicos de las bandas militares se quedaron sin ocupación pero no necesariamente sin sus instrumentos; por esta razón la mayoría de los músicos licenciados pasaron a formar parte de las agrupaciones musicales de las ciudades y pueblos, transmitiendo sus conocimientos a sus compañeros, al mismo tiempo que motivaron e impulsaron la formación de agrupaciones musicales del tipo banda. Igual papel cumplieron algunos directores de las bandas militares, quienes contribuyeron al desarrollo profesional de las bandas civiles .De esta manera, en el ultimo tercio del s. XIX, las bandas de tipo militar se hicieron frecuentes en las ciudades y su calidad musical mejoró con la introducción de nuevos instrumentos de viento y bronce inventados en Europa en la segunda mitad del dicho siglo: saxofones, tubas, bombardones. No sólo los batallones militares y policiales tenían sus respectivas bandas sino también los municipios, las sociedades obreras o las cofradías, cuyos integrantes llevaban uniformes de tipo militar a juzgar por las gorras adornadas con insignias, el tipo de chaquetas o el color de los uniformes, por lo general azul, café o plomo. Vestimenta que hasta el día de hoy se destaca en las bandas de los municipios serranos y costeños.
En el ámbito rural, la moda de las bandas militares también llegó a finales del s. XIX e inicios del s. XX. De esta manera, muchas de las antiguas agrupaciones musicales campesinas e indígenas cambiaron los viejos instrumentos nativos y europeos por los instrumentos introducidos por las bandas militares. Sin embargo este cambio no se hizo de golpe y porrazo si no paulatinamente. En un primer momento, dentro de una misma agrupación musical los instrumentos antiguos como flautas, violines y guitarras convivieron con los clarinetes, trombones, saxos o tubas. De ahí que en el cuento “Banda de Pueblo”, José de la Cuadra nos presenta a una agrupación musical montubia que a inicios del s. XX combina instrumentos tradicionales como la flauta y el requinto, con los nuevos instrumentos: trompeta, trombón, barítono y bajo . No obstante a medida que va avanzando el s. XX, estos irán desplazando totalmente a los primeros. En un comienzo los principales proveedores de los instrumentos provenientes de las bandas militares fueron los antiguos reclutas y desertores parroquianos que habían aprendido en el ejército a tocarlos, al mismo tiempo que los más decididos, ya sea una vez licenciados o antes de que ello suceda, se atrevieron a fugar con sus instrumentos de vuelta a sus pueblos .4 Marco Godoy, Las bandas de pueblo, , Promuart, Quito, 1993, p. 10
5 José de la Cuadra, “Banda de pueblo”, en: : Hornos y Repisas, La Gran Literatura de los 30, Vol. 2, Editorial El Conejo, Quito, 1985, pp.66

Consolidación y desarrollo de las bandas de pueblo

A la primera mitad del s. XX corresponde la etapa de consolidación y expansión de las bandas de pueblo. En esta época las bandas empezaron a proliferar en los pueblos y anejos de la sierra y la costa, y fue a inicios del s. XX que la denominación “banda de pueblo” se empezó a aplicar a las agrupaciones musicales pueblerinas que tratando de imitar a las bandas militares de los regimientos urbanos habían incorporado algunos de sus instrumentos de bronce. En dicha denominación había algo de desprecio citadino, ya que era evidente en los músicos rurales la precariedad de sus instrumentos y técnicas de interpretación. Pues a las bandas de pueblo iban a parar los instrumentos desgastados y desechados por las bandas militares, al mismo tiempo que sus ejecutantes tocaba al oído -incluso hasta hoy día muchos de ellos se resisten a aprender nota. Por otra parte no llevaban uniformes, por lo que su aspecto evidenciaba el origen humilde de los mismos, la mayoría campesinos o artesanos pueblerinos: carpinteros, herreros, zapateros etc., de condición mestiza e indígena. A los ojos de las clases altas urbanas, estas bandas debió parecerles una reunión ruidosa de palurdos campesinos, es decir, una caricatura grotesca de las bandas militares a las que estaban acostumbrados escuchar en la ciudad.
Esta apreciación era hasta cierto punto justificable, ya que hasta bien entrado el s. XX, ciertas bandas de pueblo no incluían más de 3 miembros, que podían incluir instrumentos como un saxofón, un bajo y un redoblante, algunas de las cuales producían unas “tocatas infames” -al decir de José de la Cuadra- al extremo que las personas entendidas podían haber pensado que se “había desatado en la tierra los ruidos espantosos del infierno o una abierta tempestad de mar de altura”, pero igual la gente de los pueblos bailaba y se regocijaba . Las bandas que lograba agrupar a más de 8 miembros, eran escasas y se consideraban agrupaciones grandes, por lo que su prestigio era considerable.

La secularización de las bandas de pueblo.

Ya en la primera mitad del s. XX, particularmente en la costa, las bandas de pueblo dejaron de aparecer solamente en las fiestas religiosas. En esta región, antes que en la sierra, las bandas de pueblo se convirtieron en agrupaciones semiprofesionales que tocaban por contrato tanto para participar en fiestas religiosas, en serenos, entierros o bailes organizados por los campesino ricos.De esta manera, las bandas de pueblo se convirtieron en agrupaciones itinerantes o trashumantes que recorrían, en temporada de verano, infinidad de pueblos y caseríos. En la época de lluvias sus integrantes volvía a sus tareas en el campo. Las agrupaciones no tenían nombre propios, solamente eran conocidas por el nombre del director o jefe del grupo. Así una banda de pueblo -como en el caso del cuento de José de la Cuadra- podía ser conocida como la “banda de Nazario Moncada”.6 José de la Cuadra, op., cit., p. 69.
La bandas de pueblo, desde entonces, constituyen grupos firmemente cohesionados; pues sus miembros están unidos por lazos de parentesco y compadrazgo. La banda misma representa una escuela en sí, pues la mayoría de sus integrantes se forman musicalmente dentro de ella, ya que su ingreso a las agrupaciones empieza desde niños. De ahí que muchas bandas tengan entre sus miembros chicos de 5 años, quienes por lo general tocan instrumentos de percusión como güiros o redoblantes. Cuando sean jóvenes o adultos terminaran tocando algún instrumento de bronce.Es frecuente que los mismos músicos padres sean quienes introduzcan a sus hijos en las agrupaciones, pues en muchos casos, éstos terminan remplazando a sus progenitores cuando por su edad ya no pueden tocar o después que han fallecido. Al interior, todos comparten los conocimientos y experiencias musicales, quien más sabe enseña a los demás, y más que criterios musicales propiamente dichos prima una sabiduría básica para repartirse los instrumentos. Los jóvenes tocan los instrumentos que exigen mayor soplido: trompetas, trombones, bombardones y tubas, o ese instrumento que exige cierta contextura física: el bombo. A los viejos se les encargan los instrumentos que exigen menor soplo: saxos y clarinetes. A los niños los instrumentos de percusión livianos: güiros, redoblantes y platillos.
Anteriormente, las bandas de pueblo como cualquier agrupación, contaba con un jefe que no necesariamente era el que más sabía de música si no el de mayor respetabilidad entre los integrantes. Últimamente este lugar ha sido ocupado por el músico más experimentado, el que hace las veces de director y al cual suele llamársele “músico mayor”. Además del jefe o director, hay un encargado de realizar los contratos. En el centro de la sierra se le llama “guashayo” .Esta fuerte cohesión, sumado al hecho de que los músicos son hombres forjados en las duras faenas del campo, explica por qué las bandas de pueblo son capaces de tocar en las condiciones y circunstancias mas adversas sin doblegarse: caminando por caminos culebreros o subiendo escalinatas agobiantes; arrimados en rincones húmedos o soportando las arremetidas del viento en los descampados; hasta altas horas de la noche y en las frías madrugadas; aguantando la inclemencias del clima, garúas, soles caniculares y heladas que a veces cubren de escarcha a los instrumentos; en los cajones de camiones ganaderos o en los techos de buses y “chivas”.7 Pablo Narváez, la vuelta del músico, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Chimborazo, Riobamba, 1997, p. 49-50.
Para soportar las duras jornadas, el aguardiente se ha convertido en fiel aliado de sus integrantes; “mientras más se bebe más se sopla con ganas” comentaba un viejo músico, ya que sin duda el alcohol a más de estimulante constituye una importante fuente de provisión de calorías. Pero al mismo tiempo, el aguardiente es un enemigo declarado de los instrumentos, pues cuando la borrachera llega, no falta alguien quien infrinja un golpee mortal a su herramienta de trabajo o simplemente la pierda, lo que constituye una verdadera tragedia puesto que para obtener los instrumentos sus ejecutantes han tenido que vender un terreno, alguna cabeza de ganado o endeudarse con el chulquero durante un buen tiempo de su vida. De todas maneras y al fin de cuentas, el aguardiente hace más sobrellevadera la vida del músico, sobre todo su “vuelta”, cuando terminadas las atenciones y olvidados por priostes o contratistas, los integrantes de la banda quedan abandonados a su suerte, teniendo que regresar a sus casas como sea. Peripecia que se conoce como “la vuelta del músico”.

Urbanización y orquestación

Desde la segunda mitad del s. XX, una nueva etapa marca la historia de las bandas de pueblo: su orquestación. Hondamente afectadas por la urbanización, las bandas de pueblo han modificado su rostro, obligadas a actualizarse o adaptarse a la vida moderna, lo que ha supuesto no obstante su resurgimiento y por tanto una suerte de apogeo.El avance incontenible de las urbes a los pequeños pueblos de indios y parroquias rurales ubicadas en los márgenes de las ciudades serranas, ha convertido a las bandas de pueblo en agrupaciones profesionales plenamente integradas a las necesidades del mercado. Es por esta razón que las bandas de pueblo ya no están presentes solo en las diversas fiestas de sus pueblos, parroquias o barrios sino también en diversos espacios de la ciudad, ya sea en fiestas particulares, inauguraciones de locales comerciales o animando y decorando una chiva turística.
Para volverse más competitivas algunas de estas agrupaciones musicales han adoptado como modelo a seguir el de las orquestas de música tropical, aunque al hacerlo han perdido interés para la industria turística que, deseosa de resaltar el folklore local, se interesa más bien por aquellas bandas “más rústicas” o de fisonomía rural. Es así como ciertas bandas de pueblo han adoptado uniformes de colores vivos; han introducido instrumentos eléctricos como bajos y sistemas de amplificación; algunas incluso cuentan con vocalistas y sus integrantes bailan mientras interpretan las melodías. Asimismo en su repertorio han incluido ritmos extranjeros tropicales, sin embargo y a pesar de todo ello, siguen sonando como bandas de pueblo, al mismo tiempo que el vinculo con una determinada localidad, parroquia o barrio sigue incólume. Porque sobre todo las bandas de pueblo se deben a un determinado sitio, lo que queda claramente evidenciado en sus denominaciones. Así por ejemplo en Quito son famosas: “La banda de Cotocollao”; “La Banda de la Magdalena”, “La banda juvenil de Santa Clara de San Millán”; “La Banda de Cotocog”, “La banda de Llano Chico” etc. etc. En fin, las bandas de pueblo siguen estando muy ligadas a sus lugares de origen, de ahí que participan casi siempre en las festividades religiosas, sociales, civiles y oficiales de la localidad a la que se deben. Es más, cuando ciertas fiestas religiosas convocan a diversas bandas de pueblo, éstas van allí en representación de sus respectivos barrios, parroquias o comunas, estableciéndose una especie de competencia. Es entonces cuando la otra acepción de “banda”, esto es, insignia, bandera o emblema puede también aplicarse a estas agrupaciones musicales.
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