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El legado de Martínez Queirolo

Publicado en crónicas, notas periodísticas con etiquetas , el Octubre 12, 2008 por edmolin657

Cuatro voces hablan de la obra del dramaturgo guayaquileño que le fue fiel a una forma de hacer teatro.
El dramaturgo José Martínez Queirolo fue uno de los más productivos del país en el esquema del trabajo  apegado al texto que posteriormente  empezaba con el proceso de montaje que se hacía con la lectura de la obra a cargo de los actores. Marina Salvarezza, Antonio Santos, Virgilio Valero y Marcelo Leyton hablan del hombre de teatro y  cuatro de sus obras: “Réquiem por la lluvia”, “QEPD”, “Montesco y su señora” y “Los unos vs. los otros”.Santos fue en varias ocasiones el actor original de las obras de “Pipo”, porque las representó durante sus estrenos en los años 60. Sobre “Réquiem por la lluvia” recuerda que es un monólogo de alta calidad, cuyos derechos fueron adquiridos por los norteamericanos para el aprendizaje del idioma español.Originalmente el dramaturgo lo escenificó y luego fue llevado por todo el país por el quiteño Antonio Ordóñez. Santos lo escenificó en España durante una temporada. El personaje es la lavandera Jesusa, que tiene que vivir con el dinero que gana de su oficio y soportar a un marido borrachín, que no consigue trabajo por su edad y por ver que su mujer sí tiene una labor.“Es una obra de una denuncia maravillosa, además de una belleza literaria extraordinaria, mucha calidad y mucho amor… Se trata de un clásico en el teatro ecuatoriano, que se ha hecho en todo el país y por América Latina”, señala Santos.  “Réquiem por la lluvia” podía ser preparada para verse en las tablas entre uno y tres meses, dependiendo también de la disponibilidad de los actores que en los 60, así como ahora,  tenían otras actividades paralelas. “Pipo” es descrito por Santos como alguien que se deleitaba viendo sus obras en escena. Virgilio Valero recuerda con cariño la pieza “QEPD”, la más representada, por ser una de las más interesantes pues encierra una crítica, desde el humor negro, de los estamentos sociales. La pieza presenta a una sociedad en decadencia a través de una pareja de cadáveres que ya se descubren muertos en la misma vida, evidenciando la gradual degradación de la sociedad por la pérdida de sus propios valores. Valero reconoce que los personajes de Simón y Enriqueta solo descubren un viso de humanidad al reírse cuando los gusanos se los están comiendo.
“Pipo” es descrito por Santos como alguien que se deleitaba viendo susobras en escena …
El director del Teatro Ensayo Gestus admite que la obra ha marcado giros en su carrera al haberla escenificado en 1984 cuando estaba al frente del Teatro Universidad Católica, con el título Hasta que la muerte nos separe; cuando se fundó Gestus en 1988 la incluyó en el espectáculo Dos autores un público, junto Al más extraño Idilio de Tennesse Williams; en 2005, bajo la dirección de Bernardo Menéndez, se escenificó “QEPD” con la dramaturgia de “Pipo” y la inserción de elementos multimedia en el montaje.El dramaturgo fue consultado paso a paso para este proceso, que tardó cuatro meses en gestarse y cuyo resultado fue presentado en el Festival de Teatro de La Habana, por pedido de los organizadores.  A partir de ese montaje surgió el ensayo “Un féretro de lujo”, donde el crítico cubano Abel González Melo establece que “Queirolo representa en Ecuador lo que para nosotros pudieran ser Abelardo Estorino o Antón Arrufat, en sus búsquedas divergentes pero marcadas por un afán de cambio y vanguardia”. Así la dramaturgia de “Pipo” se abrió a la observación internacional, sin embargo faltaba el homenaje que se realizó en Guayaquil en 2006; fue entonces cuando el dramaturgo volvió a actuar junto a Marina Salvarezza en “Montesco y su señora”.Salvarezza, actriz y directora del Teatro Experimental Guayaquil, recuerda que ese montaje sirvió para llevar a las tablas la pieza que poseía una comicidad muy pegada a la realidad del matrimonio de cualquier época y lugar. “Fue producto del ingenio de José Martínez Queirolo, quien imaginó que Romeo y Julieta no mueren, sino que siguen viviendo como marido y mujer. La pareja tiene hijos, y su realidad ha sido reubicada en una época moderna, y ahora llegando a los 50 ó 55 años se echan en cara todo  lo que implica la vida en pareja. Salvarezza  considera que el equilibrio entre ambos personajes está bien logrado. Para la actriz la escritura de Martínez Queirolo era para los jóvenes ya que él creía que a las personas mayores era casi imposible cambiarlas para que transformen el mundo. Salvarezza, Santos y Valero concuerdan en que “Pipo” escribía textos para ser representados, donde se desnudan las almas de las clases sociales a través de un teatro muy local y a la vez universal.El actor Marcelo Leyton, del grupo Arawa, considera que Martínez Queirolo y su obra “siempre serán una referencia necesaria dentro de la historia del teatro nacional. Sin duda que el valor de su dramaturgia radica en la confección de personajes tipos, cuyo humor e ironía en el tratamiento de situaciones permiten una fácil empatía, de ahí la popularidad de algunas de sus obras, sobre todo La casa del qué dirán,  o Don Montesco y su señora. En Los unos vs. los otros, el compromiso y  la denuncia se hace mucho más evidente. Quizás por eso, es que su obra tiene mucha acogida y es una de las más representadas.  He ahí su legado”.
Antonio Saltos
Sobre “Réquiem por la lluvia”
“Es una denuncia de la gente humilde, porque ‘Pipo’ era un hombre de denuncia social, pero con calidad literaria”.
Virgilio Valero
Sobre “QEPD”
“Él utilizaba la farsa y por ello podía jugar con la ironía  de forma muy corrosiva y descarnada”.
Marina Salvarezza
Sobre “Montesco y su señora”
“Sus obras son farsas con un hondo pesimismo sobre la actual condición humana”. Walter Francowfranco@telegrafo.com.ecReportero – Cultura

Jorge Enrique Adoum

Publicado en biografias, crónicas, poetas ecuatorianos con etiquetas , , el Octubre 12, 2008 por edmolin657
JORGE ENRIQUE ADOUM
POETA.- Nació en Ambato el 29 de Junio de 1926. Hijo legítimo de Jorge Elías Francisco Adoum, inmigrante libanés venido al Ecuador donde hizo traducciones del árabe, pintó, esculpió, compuso música, practicó la medicina naturista, escribió más de 40 volúmenes sobre ciencias ocultas y masonería firmados con el nombre de Mago Jefa, puso consultorio privado de hipnotismo, magnetismo y sugestión, realizó numerosas curaciones consideradas en su tiempo como milagrosas y en 1945 viajó a Chile, Argentina y Brasil, falleciendo en Río de Janeiro en 1958 cuya biografía puede verse en este diccionario y de Juana Auad Barciona, fallecida en 1953 (I).Inició sus estudios en el pensionado Juan León Mera de Ambato. En 1935 su familia se trasladó a Quito y allí terminó la primaria con un profesor privado, Víctor Félix Toscano. “Cuando, adolescente, comenzó mi vicio por la lectura, encontré en una librería un pequeño volumen de poemas eróticos escrito por mi maestro, lo que me sobrecogió”.

“El director de la escuela fiscal donde estudiaban mis hermanas menores me prestó Cumandá cuando yo tenía unos 12 años. La leí en dos días y no lo creyó, por lo que jamás volvió a prestarme libros. Pero un medio hermano mío, Carlos Olmedo Villamar, mayor que yo, compraba para nosotros los chicos la revista El Peneca y para él Leoplán, que traía una novela en cada número. En vacaciones, yo leía una por día”.

(1) Juana Auad Barciona, casó primero con Luis Villamar, con hijos en Machala y viuda caso por segunda vez con Jorge Elias francisco Adoum.

“Por haber entrado a la escuela directamente al segundo grado, puesto que sabía leer, escribir y las operaciones fundamentales, al terminarla sólo tenía 11 años, razón por la que no fui admitido en ningún colegio, debiendo pasar tres años como oyente en el San Gabriel. Eran los años de la guerra civil española y allí nos obligaban a comprar y leer relatos falangistas, pero los amigos viejos del barrio —mecánicos, carpinteros, herreros— me explicaron lo que estaba en juego en ese conflicto. En el colegio habían concursos anuales de literatura – poesía y prosa – que ganaba con cierta frecuencia. Mi primera poesía tituló “Canto a la Dolorosa”, fue una etapa de escritura instintiva todavía tradicional. Cuando tras de los jesuitas fui alumno de Humberto Salvador en el Instituto Nacional Mejía, dicté en el teatro Sucre dos conferencias: una sobre Stefan Zweig que acababa de suicidarse en Brasil por temor a la victoria del nazismo y otra sobre Dostoievsky. Por entonces comencé a escribir ensayos sobre los temas más diversos y que conocía poco. Un día, cuando un amigo de casa expresó una opinión desfavorable sobre algún texto que se me obligó a leer, rompí cuanto había escrito. Esa noche mi padre me dijo: “Si pretendes llegar a ser escritor y ésa es tu reacción, te felicito”. Jamás volvió a importarme la crítica, sea favorable o negativa”.

“Hacia esa época descubrí con admiración para siempre el psicoanálisis y la filosofía marxista; quise afiliarme al Partido Comunista pero no se me aceptó entonces por ser ¡demasiado joven!. La vida en familia se me había vuelto intolerable, particularmente por la severidad de la disciplina impuesta por mi padre: éramos cinco hermanos y no se nos permitía hablar en la mesa. Un día de 1945 me enteré que un amigo íntimo preparaba viaje a Chile; me fui con él, con mi maleta llena de libros de poesía ecuatoriana. Creo que jamás saqué uno solo de ellos. En Santiago hice de todo: desde mozo de restaurante hasta periodismo. Conocí a Neruda en una cena de despedida que los intelectuales chilenos ofrecían al poeta y embajador argentino Raúl González Tuñón. Meses después, al salir de una conferencia suya “Viaje al norte de Chile”, me pidió que “le hiciera de secretario”. Aquella fue una experiencia enriquecedora: aprendí que un poeta, inclusive una de los mayores, también debía trabajar sus textos (aunque él corregía relativamente poco) conocí a autores del mundo entero, las ediciones raras e inencontrables. En 1947 Gabriel González Videla puso fuera de la ley a los partidos de izquierda con cuyo apoyo fue elegido Presidente y persiguió a Neruda, entonces Senador de la República, que le había acompañado por todo el país durante la campaña electoral.

Aprovechando esa coyuntura interna, el embajador Carlos Guevara Moreno pidió a las autoridades chilenas que expulsaran del país a algunos estudiantes ecuatorianos, vengándose así cobardemente de discrepancias políticas tenidas antes en Ecuador. Estuve tres meses escondido, durante los cuales Neruda me obtuvo un pasaporte y dinero para el viaje. El 8 de enero de 1948 desembarqué en Guayaquil, frustrado, pobre, desocupado: Pedro Jorge Vera y Alfredo Palacio me dieron de comer y de beber. En mayo de ese año fui nombrado prosecretario del Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y en octubre vine, con el mismo puesto, a la matriz de Quito”. En Noviembre del 47 había fallecido en Guayaquil el gran ideólogo comunista Joaquín Gallegos Lara y su partida comisionó a Adoum para que entrevistara a su madre, a fin de recabar datos y documentos para escribir su gran biografía. Lamentablemente Adoum nunca ha sido biográfico sinó poeta pero no olvido el encargo y con el paso de los años dio a la luz un texto con personajes sobre José Gálves, personaje imaginario aunque muy parecido a Gallegos Lara.

En 1950 ocupó la dirección de la Editorial de la CCE donde se publicaba la revista Letras del Ecuador e hizo derroche de exquisito gusto editorial, desenvolvió su poderosa actitud lírica y tradujo del inglés la poesía difícil pero hermosa de T.S. Elliot, a quien siguió por algún tiempo.

Con César Dávila Andrade, Rafael Díaz Ycaza, Cristóbal Garcés Larrea, Miguel Augusto Egas Orellana, Tomás Pantaleón, Eduardo Ledesma y otros poetas más formó parte del célebre grupo “Madrugada”, una antología de los cuales publicó bajo seudónimo de Ricardo Ariel.

En 1948 había contraído matrimonio con Magdalena Jaramillo Cabezas con quien tuvo dos hijas. En 1949 apareció su primer poemario bajo el título de “Ecuador amargo” que significó su revelación como gran poeta reflexivo y maduro a los veintitrés años. Hernán Rodríguez Castelo ha opinado: “Adoum rompió el verso, radicalizó la metáfora y acercó la palabra poética a la voz del habitante de la tierra. Su poemario es un canto inicial a la Patria y desgarrada y honda confesión personal. Visión poética de una realidad hecha de sombras y de gritos, de aconteceres grises, quedando solamente la protesta como vehículo de redención”. Neruda le escribió de Chile: ‘Tienes que librarte de un nerudismo que no te hace falta” y Alejandro Carrión, en el Diccionario de la Literatura Latinoamericana – Ecuador, acotó: “Adoum continúo fiel al partido comunista no obstante su sensualidad, su sibaritismo y su innata actitud aristocrática que le hace reacio a toda transacción gregaria”.

En 1951 editó otro poemario “Notas del hijo pródigo”, y el 52 inició su serie poético – histórica, que anunció en ocho libros, titulada Los cuadernos de la tierra, con los dos primeros a los que llamó “Los orígenes” – que trata sobre la confederación de tribus anteriores a la conquista de los Incas – y “El enemigo y la mañana”, sobre los tiempos del incario.

La crítica saludó unánime a esta nueva voz metálica y obtuvo el primer premio nacional de poesía. Rodríguez Castelo ha escrito que Adoum se anuncia decisivo en su lenguaje lírico, con algo de influencia de Carrera Andrade pero con la novedad de la fuerza de sus expresiones, con sorda y apasionada cólera. El tema es el hombre emergiendo de la tierra como héroe de esos cantos que por eso están poblados de elementos telúricos.

Ese año también publicó “Carta para Alejandra” y en 1953 “Relato del extranjero”. En 1954 Neruda le invitó a Chile junto con numerosos escritores de todo el mundo a celebrar sus 50 años, pero al arribar Adoum al aeropuerto de Santiago fue detenido e interrogado por la policía durante siete horas, al cabo de las cuales fue deportado, pues aun pesaba sobre él el decreto de expulsión pedido por Guevara Moreno. En 1955 tradujo del inglés el libro de la periodista norteamericana Lilo Linke “Viaje por una revolución”, sobre la Bolivia de Víctor Paz Estensoro.

En 1957 dio a luz “Poesía del siglo XX”, recopilación de ensayos sobre diez poetas de este siglo que han influido en la poesía latinoamericana. El 59 editó su tercer Cuaderno llamado “Dios trajo la sombra”, que trata sobre la conquista española. Allí “se liberó de toda influencia anterior para llevar hasta límites estupendos la transmutación lírica y antilírica, épica y antiépica de la crónica y el mito”.

 

 

El 60 obtuvo el premio de poesía del primer Concurso latinoamericano de literatura de la Casa de las Américas de Cuba, adquiriendo fama internacional. Mientras tanto había salido de la Casa de la Cultura y trabajaba como editor de literatura médica y de una revista de los Laboratorios Ufe, luego pasó a ser distribuidor de películas de la Columbia Pictures en Quito, pero por haber viajado a La Habana en 1961, a recibir su premio, fue cancelado; ese año salió su cuarto Cuaderno “El dorado y las ocupaciones nocturnas”, sobre el descubrimiento del Amazonas y la colonia, en aliento y tono sostenido, contando esa aventura hacia la muerte, presidida por un sino fatal y luego los días largos, grises y amargos, pictóricos de viejas humillaciones y dolores, que fue el coloniaje. Ese año fue designado Director del Departamento de Cultura del Ministerio de Educación, siendo ministro Gonzalo Abad Grijalva, 63 salieron sus cuatro Cuadernos recopilados en un solo tomo y merced a una beca del Programa Principal de conocimiento de los valores culturales de Oriente y Occidente de la Unesco pudo recorrer durante tres meses en misión cultural varios países de Oriente, entre ellos India y Japón, y al llegar a Jerusalén se enteró de la caída el presidente Arosemena Monroy. El presidente de la Junta Militar, Ramón Castro Jijón, que había sido amigo suyo, le hizo saber que si regresaba al Ecuador “no podría garantizar su integridad física”. Entonces radicó en París y comenzó a escribir un texto con personajes aunque varias veces abandonaría el proyecto por culpa de viajes y compromisos; aunque sin embargo, desde el 73 al 76 pudo terminarlo.

 

Los pulperos

Publicado en anecdotario, crónicas, historia con etiquetas , , , , , el Octubre 12, 2008 por edmolin657
Los pulperos y los productos de primera necesidad en Guayaquil
En calles retiradas se encontraban estos locales de venta de arguardiente y comida preparada
José Antonio Gómez Iturralde
www.archivohistoricoguayas.org

 


 
   
 
Al finalizar la época colonial, vísperas de su Independencia, Guayaquil tenía unos 20.000 habitantes.Sus calles eran amplias y derechas, unas con algún tipo de relleno, inclusive con conchas de moluscos que se consumían en la ciudad y otras parcialmente pavimentadas con lajas de piedra azul de Chongón talladas a mano.También había muchos callejones estrechos y mayormente sinuosos, con casuchas abigarradas en sus costados, todas levantadas sobre pilares de madera incorruptible hincada al suelo.

Los edificios grandes de más importancia, de dos o tres pisos, se situaban a lo largo de la calle de La Orilla o malecón, y en general estaban construidas con una arquitectura muy apropiada para el trópico.

La mayor parte contaba con un piso alto para vivienda del propietario, adornado con balcones y galerías para solaz de la familia, el piso intermedio se rentaba y el bajo destinado a tiendas y bodegas. Las iglesias ricamente decoradas, aunque su arquitectura en madera no presentaba nada digno de notarse.

La actividad comercial en Guayaquil era una verdadera vorágine. Desde la orilla del río ciudad adentro y por la carga de buques hacia el exterior se desplegaba un trabajo frenético que solo cesa cuando se oculta el sol. El movimiento de canoas era intenso, también otras embarcaciones pequeñas atracaban para abastecer la vida diaria de la ciudad.

En la parte céntrica, a lo largo de los muelles, se situaban las “ramadas”, frente a ellas tiendas de refresco y cafés. Más adentro los puestos del mercado, tiendas y pulperías o vendedores ambulantes, de los cuales la gente se abastecía de lo necesario para el diario sustento. En calles algo retiradas se hallaban las pulperías, y chinganas de expendio de aguardiente, comida preparada o refrescos.

En el malecón, en balsas atracadas a la orilla del río, proliferaban los billares, mesas de juego, e inclusive rentaban cuartos donde las prostitutas captaban a la marinería del puerto. Todo este comercio, muchas veces ilícito, pagaba tributos al Cabildo con los que financiaban el rol de sus empleados.

Negocios, juegos prohibidos, prostitución, contrabando, etc., que pese a la ilegalidad de muchos, estaban estrechamente ligados a la actividad comercial e integrados a la dinamia de la vida diaria citadina. Al parecer, buena parte de los pulperos, especialmente los vinculados a regatonas y regatones, tenían mucho que ver con este variado comercio diario.

Sin contar, por supuesto, con el beneficio adicional que significaba la complicidad de los empleados del Ayuntamiento encargados de su control y el concurso de miembros de las milicias. Los jefes militares, empleados de alto rango de la burocracia municipal, manejaban negocios a gran escala y ejercían sus cargos de forma más honorífica que efectiva. De esa forma el nivel medio del poder, quedaba en manos de sectores subalternos de las milicias, ayudantes, sargentos, etc.

Las pulperías por la clase de actividad que desarrollaban, o según el capital que disponían sus dueños, las había muy variadas. Desde aquellas con unos pocos pesos de movimiento hasta las que manejaban miles. También había las que entraban por todo, desde el expendio de bebidas alcohólicas, juego y prostitución. Además de esta suma, el pulpero cumplía la función de caja de chismes y hasta de calumnias escritas que eran depositadas para ponerlas al alcance del vecindario.

Al finalizar el siglo XVIII, los pulperos quedaron al desnudo, pues los relacionaron con todo el desorden e ilegalidad que primaba en la urbe. Fue así como a partir de entonces, se dictó ordenanzas y reglamentos a fin de reducir el número de pulperías. Se empezó por calificar a las personas y establecer estatutos para su funcionamiento. También se propició la agremiación para organizar sus actividades.

De esa forma, la sociedad ejerció una gran presión sobre los pulperos, con el fin de reducir su vida escandalosa. Pero, el gran obstáculo para su aplicación fue la de inventariar y clasificar la gran variedad de pulperías. Tarea compleja fue definir las características de lo que se consideraba una pulpería y un pulpero. Los había aquellos que aportaban su dinero en una o más pulperías, sin participar de su manejo.

A otra clase pertenecían los que administraban el negocio de los primeros, y una más, la formaban los propietarios que con su familia manejaban directamente su tienda. Sin contar la enorme variedad de negocios a los que cada uno dedicaba su esfuerzo y las grandes diferencias sociales.

Tanto estas, como los tendidos o puestos de mercado estaban bajo la vigilancia directa del Municipio, y debían tributar derechos sobre el producto de sus ventas dentro del régimen de “posesión inmemorial”, y este los destinaba a las llamadas rentas de propios. Además de estas obligaciones, debía pagar arriendo por los espacios o locales que ocupaban.

Las rentas obtenidas por las autoridades municipales estaban destinadas a financiar los gastos de utilería y sueldos de la burocracia. Por 1795, solo en el barrio del Astillero y Ciudad Nueva funcionaban 44 pulperías. Al inicio del siglo XIX habían más de 83, cifra dentro de la cual constaban las llamadas medias pulperías, cuya diferencia con las primeras estribaba en que pagaban la mitad del tributo al Cabildo.

Para 1811, entre pulperías, “chinganas”, “cafés” y “casas de fresco”, no menos de 150 pertenecían al gremio de pulperos. Negocios que mayoritariamente funcionaban en los bajos de las casas de grandes comerciantes, propietarios y funcionarios del Cabildo.
La baja categoría que significaba el negocio de una pulpería, sugiere que sus propietarios pertenecían a una clase marginal. Sin embargo, no todos los que se identificaban con él provenían de esos sectores sociales. Una variada documentación muestra que muchos de aquellos que se dedicaban al negocio o tenían intereses en él, provenían de una muy diversa condición social.

Artesanos, miembros de las milicias y personajes de la elite económica-política aparecen involucrados de una u otra forma, lo cual confirma la diversificación de intereses y ocupaciones que tuvieron los guayaquileños de la época.

El gremio de pulperos, por lo tanto, estaba compuesto por gente de condición social heterogénea.

Algunas de las personas que poseían pulperías eran miembros de las elites económico-políticas. Consecuentemente, cuando era necesario defender el negocio, sin sentirse disminuidos en su estatuto social se identificaban como miembros del gremio. Ese ha sido históricamente el espíritu comercial del guayaquileño, además, que no había razón para avergonzarse.

La diversificación de actividades e intereses que mantuvieron los guayaquileños dio lugar a que la adopción de una identidad u otra, o la adscripción a un colectivo determinado, que dependiera de las circunstancias y que su significado variara según la persona y posición al interior de un entramado complejo de relaciones.

Este hecho se aplicaba no solo a las elites sino también a los individuos de los sectores subalternos.

El gremio que agrupaba a la clase era el espacio donde los pulperos ventilaban sus conflictos e intereses. Tomada su dirección por individuos de la elite social y económica, dueños de pulperías, desarrolló una importante actividad, al punto que, entre fines del siglo XVIII y principios del XIX, dirigieron un largo y costoso juicio con miras a eliminar el estanco de aguardiente y su monopolio.

Lo cual alcanzaron en 1811, cuando el virrey limeño liquidó tal exclusividad, para conceder a los pulperos el derecho a vender libremente el licor en sus tiendas.

Finalizado el conflicto, los dirigentes intentaron exigir el pago de costas y gastos judiciales al resto de los agremiados. Sin embargo, un numeroso grupo de aquellos propietarios de las llamadas “tiendas mestizas”, liderados por un capitán de las milicias acantonadas en la ciudad se opusieron tenazmente. La consecuencia inmediata fue un terrible enfrentamiento, que llevó a cada grupo a buscar parciales al interior del gremio para enfrentar al oponente.

Este hecho puso de manifiesto el poder y la autoridad, que sobre los intereses de individuos de menor categoría social, los grupos dominantes, en forma soterrada.influenciaban en el manejo del gremio. Este hecho sacó a relucir que lo mismo ocurría con otros negocios de abastecimiento a la ciudad.

Este comercio, aparentemente de menor cuantía, fue el medio por el cual las clases menos favorecidas pudieron incorporarse a la dinámica económica y social, que parecía ser exclusivo de las elites. Este enfrentamiento permitió que algunos individuos de los sectores subalternos, mediante alianzas con las elites capitulares consolidaran el poder económico de Guayaquil.