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Aurora Estrada

Posted in Author's name, poemas with tags , on septiembre 28, 2008 by edmolin657

AURORA ESTRADA Y AYALA DE RAMÍREZ
POETA.- Nació en la casa de la hacienda “Juana de Oro” vecina al pueblo de San Juan, Cantón Puebloviejo, Provincia de los Ríos, el 17 de Noviembre de 1.901. Hija legítima de Rodolfo Estrada Ampuero, Corredor de bienes raíces y de Natalia Ayala de la Guerra, tierna y bondadosa dama, ambos guayaquileños.

La zona era por esos años un grandioso emporio de riqueza: un millón de árboles de cacao “de arriba, que era el mejor- miles de cafetos, frutales y enormes potreros que reflejaban su potente vida vegetal en el río.”

Su padre leía mucho y tenía por costumbre ingerir una poma de esencia de café todas las noches, que bebía por copitas como si fuera licor. Era inseparable compañero de Aurora, a la que mimaba porque sus primeros cinco hijos habían muerto con diversas enfermedades infantiles. Una tarde, en la que habían salido a pasear por los alrededores, encontraron un tronco caído y el grabó con su navaja las siguientes palabras “Ego sum” que en latín significa yo soy. Aurora preguntó el significado y el le contestó Algún día lo sabrás !Así modelaba su carácter! I tuvo una niñez feliz, rica en experiencias. Diariamente concurría del brazo de su madre a la escuelita de San Juan, de cinco años había aprendido a leer y a escribir así como las cuatro reglas y desde entonces su padre le obsequiaba libros infantiles y la incitaba a leer. En cierta ocasión le regaló un espejito adornado con flores, ella se emocionó, buscó un papel y escribió con mano aún temblorosa su primer poema que dedicó a las rosas. “No sé donde encontré la poesía” diría, porque la llevaba dentro.

En 1.911 regresaron a Guayaquil e ingresó a una escuela pública con su hermana Haydeé Su padre había enfermado del corazón y comenzaba a asfixiarse. Al poco tiempo murió y Aurora se hizo triste y vagarosa, leía mucho, hablaba poco, siempre con voz dulce y delicada. Entonces terminó la primaria donde la Srta. Rita Lecumberry y su madre adquirió una casita de madera en Vélez entre 6 de Marzo y Pedro Moncayo, subsistiendo con bordados y costuras y merced a la ayuda de su hermano Octavio Avala de la Guerra, que administraba en Puebloviejo la hacienda “La Cordero”.

Entonces ingresó a la sección femenina del colegio Vicente Rocafuerte Aurora seguía siendo una niña especial. Rara por su modestia, invisible por su timidez, frágil por su bulto, mejorando sus poemitas iniciales con otros más elaborados hasta que el verso se le hizo algo natural.

Cuando tenia quince años enseñó su producción al gran poeta Francisco J. Falques Ampuero, primo hermano de su padre, que se deleito con ella. Esa madrugada, a las dos de la mañana, alguien tocó a la puerta. Su madre se despertó sobresaltada y abrió la ventana para inquirir qué pasaba Era el poeta que había regresado y pedía unas tijeras. Con ellas en mano cruzó la calle, cortó en el recién inaugurado parque del Centenario unas rosas y regresando dijo: “Déjame subir, quiero ser el primero en coronar a Aurora”. La buena señora siguió la chanza y lo invitó a pasar Falques trenzó los tallos, sacó las espinas, confeccionó su corona y despertando a Aurora musitó ‘Te corono primero pero después lo harán otros” y se fue como había venido dejando a todos emocionados. Ese bello gesto le auguraba triunfos a la joven poetisa.

A los pocos meses ocurrió el suicidio del joven Medardo Ángel Silva y Guayaquil se interesó en conocer la producción de los poetas modernistas; sin embargo, ya existían otros valores una generación nueva que empezó a reunirse en casa de Aurora a leer y a conversar. “Cenáculo de almas tristes y locas que tomó el nombre de los Kermes y dieron vida en Octubre de 1 920 a una revista” del mismo nombre, que lamentablemente duró solo tres números. Allí se identificaron con sus producciones Sergio Núñez, José Joaquín Pino de Ycaza, Miguel Augusto Egas, Enrique Segovia Antepara, Rubén Irigoyen, Luis Albizuri, Leopoldo Benites Vinueza, Zaida Letty Castillo Pérez, Antonio del Campo, Solón y Gustavo Ramírez Olmedo del Pozo, Miguel Ángel Granado y Guarnizo, Miguel Ángel Barona, Rafael Coronel, Luis Aníbal Sánchez y Jorge Carrera Andrade que estaba de paso por Guayaquil.

Desaparecida la revista el grupo no se dispersó y después de las veladas en la casa de Aurora se iban al salón “El Búho”, situado al lado de “El Telégrafo”, donde formaban una peña literaria o recitaban en el cementerio frente a la tumba de Silva en noctámbulas sesiones que dieron mucho que decir. En 1.921 Miguel Augusto Egas y Rubén Irigoyen fundaron “Singulus” -uno solo- que también tuvo corta duración.

En Enero del 22 fundó y dirigió la revista mensual de artes y letras “Proteo”, cuyo solo nombre acusa una decisiva influencia del uruguayo José Enrique Rodó autor de “Ariel” y de “Los motivos de Proteo”. Dicha publicación no tuvo larga vida y su último número, el tercero, apareció en Julio de ese año; pero como circuló por el continente, abrióle fraternales horizontes. Ella diría después “El paso de nuestra promoción por las letras patrias significó el cumplimiento de una misión dentro del destino del arte nacional” y es que “Los Kermes” se habían propuesto como lema renovarse o morir, frase de Gabriel D’Anuncio que todos cumplieron. Más, no se crea que la lucha filé fácil. Numerosos excéticos lanzaron sus dardos azaetados y hubo uno que bajo el pseudónimo de “Mac” pidió desde diario “El Universo” el linchamiento de “Los Hermes”, que respondieron con una famosa “Epístola al idiota” escrita por Remigio Romero y Cordero.


En Marzo del 22 comenzó a colaborar en “Philelia” revista mensual literaria cuencana dirigida por Rafael Romero y Cordero a) Rapha. Ese año fue presentada en “El Guante” con un artículo elogioso firmado por un escritor amigo, entonces contrajo matrimonio con Gustavo Ramírez Pérez, su compañero generacional, izquierdista sincero que estudiaba leyes en la Universidad de Guayaquil.

En 1.923 escribió para la revista “Orientación” de Buenos Aires de la que era representante y alcanzó la fama literaria en los Juegos Florales auspiciados por Federación Universitaria de Quito con sus poemas “Cuando vuelvas sin mi” y “Poema de la Casa en ruinas” que obtuvieron dos primeros premios y desde ese instante fue saludado el nacimiento de una gran poetisa.

En 1.924 ganó el Premio Único en el Concurso auspiciado por la Municipalidad de Guayaquil para el mejor articulo sobre las efemérides de Octubre Entre 1.924 y el 26, año en que fue clausurado el Diario “El Guante”, dirigió su sección literaria.

En 1.925 editó el periódico semanal y universitario “La Idea” con Antonio Parra Velasco. Colón Serrano Murillo y Teodoro Alvarado Olea. Parra llegó a ocupar una concejalía del Cantón y le pidió sus poesías pata hacerlas publicar de la Municipalidad Así nació “Como el lncieso”.’fiño poemano lírico de 78 págs. aparecido a fines de ese año que le valió sinceros elogios. María Piedad Castillo de Levi dijo: “Ame esta nueva poetisa las demás cedemos el paso” y generosa como era la visitó y desde entonces fueron grandes amigas, pero no faltó la critica absurda Un periodista escribió que el poemario era “un e sean da I o social porque había tratado lemas velados al buen gusto del bello sexo.”


“Como el Incieso” consta de numerosos poemas, algunos de antología “El hombre que pasa”, “el divino Cáliz”. “El poema de la casa en minas”. “El poema del árbol” y “Yo tengo un poema pálido” de su primera producción lírica rubendariana y modernista, cantos a las fuerzas biológicas de la especie que iban contra los convencionalismo Victorianos y hasta rompían tabúes sexuales y todo eso lo hacía su autora “con la timidez propia de una adolescente modesta que odiaba la publicidad, que por su temperamento se mantenía apartada del ruido y que vivía suave, silenciosa, serenamente el matrimonio y la maternidad, además era una poetisa espiritualmente bella -su cuerpo fino lánguido, de proporciones perfectas, gustaba de la caricia del llanto de la lluvia ” Era, según ella misma, una mujer y nada más Por eso se ha dicho que 1 925 fue el año de su consagración definitiva.

Entre el 25 y el 27 colaboró en la revista ilustrada “Savia” de Guayaquil. Donde escribió // Siempre fui triste/ y me senti extranjera en todas panes./ / “I vino el nuevo tiempo en que espiritual mente tenía que avanzar Su convicción artística verifica el empalme entre dos generaciones literarias, porque un día en el Ecuador los espíritus superiores tuvieron que completar su soledad y su dolor con los demás y comprender la angustia de las colectividades menesterosas.”

Ya por esas épocas había comenzado su poesía social, apartada del arielismo de sus inicios y más compenetrada con la realidad nacional, por eso Hugo Alemán ha dicho que “Su arte desembocó en el encrespado océano del canto revolucionario. Alzó la cruz de la fatalidad en su verso y la mostró sangrante y pavorosa -como un símbolo de inútil sacrificio- a las atónitas miradas de los hombres.” Aurora mujer solidaria con los sufrimientos de su pueblo, desde la década de los veinte cuando solamente tenía 17 años de edad y aún no se había realizado la matanza del 15 de Noviembre, gemía dolida. Su “Canto de las trabajadoras Navidad”, punto de partida de su adhesión al proletariado, dio paso a otros más del mismo género como “J. White y Co” (1933), y “Chaco” (1937) que corresponden a su segunda época “y encierran un hondo mensaje de transformación social. Su voz rebasaba la línea de sectarismos y mediocridades y entonó el canto de la confraternidad y de la paz.”

En 1.928 obtuvo el Primer Premio en el Concurso en homenaje a la Fiesta de la Raza con su poema “España y el Ecuador” y fue coronada el 12 de Octubre en el paraninfo de la Universidad de Guayaquil como reina de la poesía por el Dr. Modesto Chávez Franco, cumpliéndose lo profetizado por Falques Ampuero. Con tal motivo “El Universo” la designó redactora de honor y colocó su retrato.

En 1.929 fue asesinado en Cuba su amigo el exiliado venezolano Francis Laguado Jaime quien tenía ocho años viviendo en la Habana, víctima de la dictadura del General Juan Vicente Gómez. Laguado y dos amigos más fueron arrojados desde lo alto de un fuerte al mar donde sirvieron de pasto a los tiburones.

Aurora estaba reponiéndose de una grave enfermedad que la tuvo tres meses en cama, escribió el poema “A Francis Laguado” y lanzó su promesa que consta en su poemario “Nuevo Canto”, de luchar por la justicia y la igualdad. Entonces ocurrió que su esposo al cursar el cuarto año de Derecho fue expulsado de la Universidad de Guayaquil por su activa militancia comunista en la “fracción universitaria de Izquierda” y su participación en la “Liga Antibélica”, la familia tuvo que trasladarse a Quito, donde él completó sus estudios de Jurisprudencia y trabajo en la Caja de Pensiones. Aurora dejó en Guayaquil la estela cristalina de sus mejores años, entró de profesora al “Liceo Bolívar” y comenzó a estudiar en la Facultad de Letras de la Universidad Central.

En 1.930 triunfó en el Concurso pedagógico promovido por el Día del Maestro. El 32 ganó el Concurso organizado por el Círculo “La Atalaya” de Ambato con su poema “A Montalvo”. Ese año pasó al Normal “Manuela Cañizares” llamada por su amiga la Rectora María Angélica Idrovo, colaborando en las veladas artísticas con poemas recogidos en el folleto titulado “Justicia a una labor: 1.933-34″ en 7 págs. El 35 compuso “Para Adolfo, en la plenitud de su recuerdo” con motivo del suicidio de su amigo Adolfo Hidalgo Nevárez.

En 1.936 escribió su tesis doctoral denominada “Veinte Gobelinos de Gabriela Mistral” pero fue cerrada la Facultad y reabierta como simple Instituto Pedagógico, por eso egresó con el título de Profesora de Lengua y Literatura, y Licenciada en Ciencias de la Educación. De esa época fue su poemario infantil “Cometas al viento”, la novela “Puente”, el poemario coreográfico “Evocación Shiri” cuya música se ha perdido, el libro en prosa “Retrato de Mujeres” y varios poemas sociales, todo lo cual se ha perdido.

En 1.938 regresó a Guayaquil a despedirse de su madre, gravemente enferma con arterieesclerosis. Gabriela Mistral pasó por el puerto y vivió los meses de Agosto a Octubre en casa de su amiga Adelaida Velasco Caldos. Fue a visitar a Aurora, se encontraron y de rodillas se pusieron a llorar ¡Es el retrato de mi madre cuando estaba con la misma enfermedad! – dijo Gabriela. Dña. Natalia de Estrada falleció meses después en casa de su hija Haideé.

En 1.943, tras largo madurar, pensar y escribir, publicó “Tiniebla, veinte trenos y una Canción de Cuna, poemas a mi madre que duerme en el lecho No. 1.551 del Cementerio de Guayaquil” calificado de “romancero empapado de ausencia, de gratitud y de lágrimas, dedicado en lo absoluto a la evoca0ción de las diferentes etapas de la vida. Oblación lírica un poco sagrada, entregado a las intimidades del sepulcro.”
En 1.944 leyó su poema “Canto al Veintiocho de Mayo” en el Congreso de Trabajadores en Quito al que asistió como Delegada, entre Septiembre y Noviembre realizó una gira periodística por los Estados Unidos, invitada por la oficina de Coordinación Intramericana y por la primera dama Eleanor Rooselvelt y en una velada artística por el cincuentenario de la creación de los Normales se dramatizó su poema “El Grito”.

De esta época son sus composiciones líricas “Hora Cero” y “Fatum”.

En 1.950 regresó a Guayaquil con sus hijos y adquirió una casa en Avenida del Ejército y Urdaneta. El Ministerio de Educación le extendió su pase al Colegio Nacional “Aguirre Abad” y allí se mantuvo enseñando literatura por muchos años. El 51 se le unió su esposo que viajó a Guayaquil de Subgerente de la Caja de Pensiones.

Para entonces Aurora seguía siendo más que una simpatizante comunista, era lo que se dice una activista, luego se afilió y realizó una gran labor proseletista concurriendo a Sindicatos y a Congresos y dando su voz de aliento a las masas de trabajadores.

En 1.952 ingresó como profesora a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guayaquil y fundo la “Unión de Mujeres del Guayas” para defender los derechos de la mujer, el niño y la paz. El 53 viajó como Delegada a la Conferencia Latinoamericana de Mujeres celebrada en Río de Janeiro, donde resultó electa para una de las Vicepresidencias; el 55 al I Congreso Mundial de Madres en Lausana, Suiza. Ese año la Municipalidad de Puebloviejo la declaró su Hija Predilecta. El 62 recibió el homenaje de la Asociación Escuela de la Facultad de Filosofía.

En 1.963 la dictadura de Castro Jijón le arrebató su cátedra universitaria. El 64 la intelectualidad guayaquileña le ofreció “La Lira Poética” en desagravio. Leopoldo Benites Vinueza dijo entonces: “Raro temperamento el de esta mujer, tan poeta, tan artista y tan humana”. Raro por sus multicidad, raro por su inquietud, raro en fin por la sensibilidad exquisita con que pule los contornos ásperos de la vida. Sufre, ama, piensa.- Ella es así, su obra es como su espíritu, múltiple, proteiforme e ilimitado. El 66 le fue devuelta la cátedra.

El 9 de Marzo de 1.967 y mientras dictaba una/Conferencia en el Café Concierto 9 de Octubre entre García Avilés y Boyacá sobre el Día Internacional de la Mujer, sufrió un derrame cerebral y perdió el conocimiento. Llevada de urgencia a la Clínica Crespo, que era la más cercana, no se recuperó y falleció el día 12. Su viejo amigo, el poeta Hugo Mayo le dedicó su “Réquiem por Aurora”, bellísima despedida, canto a su dolorosa ausencia.

Tuvo una vida plena y “Cuesta trabajo comprender cómo pudo tener tanta fuerza y pasión democrática y tanta voluntad de servir. Cómo se dio tiempo para luchar donde fuere necesario defender a los golpeados por la injusticia. Benjamín Camón ha dicho “Hay en su poesía una honda preocupación por las fuerzas esenciales del hombre y de la especie y al mismo tiempo una ternura cálida y fecunda, que le ha dado la mano y le ha enseñado los caminos de la revolución, a la que ha ido primeramente sentimental, femenina, maternal, para luego enardecer el tono del campo proletario y darle médula de lucha y sonar de batalla.”

En “Yo soy” escribió”// Soy fina y pequeña tu mismo lo dijiste/ -ella es pequeña y fina como una ala en tensión-/y son mis ojos suaves, bajo mi frente triste,/ a mis labios ardientes, una contradicción.//

Eminentemente religiosa aunque sin practicar religión alguna canela, sensible, espiritual, dulce, femenina, y delicada. Pelo negro, ojos melados y boca fina; sin embargo, vivía como en guardia, pues se sentí a débil y profundamente pesimista. Se la conoce más eximo poetisa que como mujer de pensamiento y acción, de avanzada social, y fue ambas cosas al mismo tiempo, por eso Ezequiel González Más opinó de ella Pocas veces hemos visto su rostro en las veladas multicolores del arte, en la exhibiciones sonambúlicas del verso; mujer humilde y apartadiza, desdeñó la publicidad sonora del Guacamayo y los contoneos absurdos del mandril, pero ilustró la condición latente del poeta: testigo de cargo, defensor de oficio, error de la naturaleza y apunte supremo de la humanidad futura.

EL HOMBRE QUE PASA.- Es como un joven Dios de la selva fragante/ este hombre hermoso y rudo que va por el sendero; / en su carne morena se adivina pujante/ de fuerza y alegría un mágico venero,// Por entre los andrajos su recio pecho miro: /tiene labios hambrientos y brazos musculosos/ y mientras extasiada su bello cuerpo admiro/ todo el campo se llena de trinos armoniosos .// Yo, tan pálida y débil sobre el musgo tendida, /he sentido a) mirarlo una eclosión de vida/ i mi anémica sangre parece que va ahogarme. .. // Formaríamos el tronco de inextinguible casa/ si a mi raza caduca se juntara su raza, / pero el hombre se aleja sin siquiera mirarme.//

POEMA DE LA CASA EN RUINAS.- La casa en ruinas, blanca como una niña anciana/ que saliera a tomar el sol de esta mañana, /sobre el camino lacio, tristemente curvada, / se halla como de algún largo viaje cansada.// Sobre el tejado rojo inquieta enredadera/ se extiende como un verde manto de primavera/ y en la ventana un trozo de tela desteñida/ finge una mano trémula en larga despedida. //Cuelga un nido vacío de errante golondrina/ en el alero roto que a la tierra se inclina,/ i entre los corredores las pacientes arañas/ con seda fina y suave tejieron sus marañas.// En el umbral soleado sigue la negra puerta/ como pupila fija y enigmática abierta… / ascendamos, hermana, por la escala de piedra,/ por la escala que adorna, ya marchita la yedra.// Semejando el lamento del que se encuentra herido, / Cómo cruje doliente el piso carcomido// Escucha unciosamente. Como que huyeran alas/ nuestros pasos leves por las desiertas salas.// I ríes de mis palabras i el surtidor sonoro/ de tu garganta perla como fuente de oro. //La casa en ruinas, blanca como una niña anciana,/ mi sueño sin aurora, bien cobijara hermana./ /1 nos vamos al fin por la senda florida,// tú alegre y sonrosada en plenitud de vida,/ yo pálida, llevando mi primavera muerta/ como si fuera el alma de la casa desierta.//

CANTO DE LAS TABAJADORAS.- Navidad.- Vengo de las calles donde la alegría de los felices florece como un rosal de oro. / Por las calles limpias como sendas de raso, / donde las sedas y las pieles avergüenzan los harapos de los pobres./ Donde son una ironía nuestros vestidos raídos,/ nuestros rostros pálidos y el ansia de nuestras miradas./ De las calles donde todo brilla,/ donde todo canta/ donde todo ríe,/ vengo henchida de llanto como un amargo fruto.// Hija mía, Flor de carne que dejo en mis brazos el triste amor de los desheredados./ Amor hecho de rabia y de hambre: tan hondo y tan amargo, /Estrella tibia y dulce,/ lirio que palideces en el tugurio nuestro/duermes, duermes el sueño lento de los que nada esperan. /Y habrá algo más triste que un niño que no espera?…… ./Ni una muñeca rubia/ ni un trompo de colores/ni un oriental camello, cargado de presentes?/ Que no mande a los ángeles sus mensajes ingenuos?// Esta tristeza existe y no se ha escrito en versos…/ Mirándote la sien crecer en mi alma,/ Como crecen los trigos…./ Los hijos de los pobres ya no sueñan en ángeles…../ tienen solo hambre y frío y se duermen ceñudos…./ Tienen cual tú, un gesto vago en la carita pálida. /Sólo esperan el pan de las madres ausentes,/ ausentes casi siempre de sus hogares fríos.// Duerme….duerme tesoro mío…../ Traigo vacías las manos y el alma en cruz . ./Sin que ronde tus sueños ni el ala de un ensueño // No sé echar de mis ojos el llanto que me quema, /del que mi alma está llena como un amargo fruto./ Aqui en el cuarto negro donde tú eres la única blancura, /pienso en las calles claras, como un mágico día./ Y tiemblo…..Tiemblo…..Tiemblo/ Soy como un árbol bajó la tempestad. / No es el frió nocturno…./ No es el hambre trágica que roe mis entrañas…./ No es la miseria de mis ropas humildes…../ Es un recuerdo cruel como un clavo de hierro…/que se engarfia en mi carne.// Pienso en las calles claras como un mágico día,/ Lejanas como el cielo de los suburbios, donde/ los pobres nos hacíamos en racimos sufrientes…./ En tas vitrinas bellas, donde brillan tesoros/ de maravillas como de Mil y una Noches…./ Allí hay joyas de ensueño,/ cosas irreales, dignas del País de las Hadas…/ Cosas que harán trizas los niños más felices,/ esos que nada saben de las noches con hambre,/ y las manos tendidas acosas imposibles.// Duerme…. Duerme mi niña rubia,/ duerme con las manos vacías / Mientras afuera canta la navidad/ y hay rondas de alegres niños/ frente a las vitrinas claras.//

INSOMNIO- //Cuántas cosas sin nombre flotan en la tiniebla/ y qué leves rumores llenos de vaguedad. /Mis sentidos se hunden en una espesa niebla/ y sin embargo siento con mayor claridad // No sé si se proyecta -sensación indecible- / dentro de mi conciencia, la sombra inquietadora/ o es que mi ser irradia como llama imposible/ en el enigma mudo con ansia escrutadora.// Adormecen mi carne aladas ideaciones/ y en éxtasis espero el formidable grito…/ Del abismo recojo las hondas vibraciones/ como una sensitiva abierta al infinito.// Estoy lejos del mundo en un círculo extraño/ entre rostros amigos aunque nunca los vi./ Mi Psiquis está hundida en los siglos de antaño/ en esos siglos bellos en que quizá viví.// La eternidad me cerca, el tiempo no prosigue, /Sobrecoge mi espíritu un helado temor /Un esfuerzo y acaso del barróse desligue/y en (adivina Fuente apague su dolor./

 

Jorge Carrera Andrade

Posted in Author's name, poetas ecuatorianos with tags on septiembre 27, 2008 by edmolin657

Fuente: Biblioteca Rodolfo Pérez Pimentel
POETA.- Nació en Quito el 18 de Septiembre de 1.903 en la casa de la García Moreno y Morales, barrio de la Ronda. Hijo legítimo de Dr. Abelardo Carrera Andrade, político liberal en sus años mozos y abogado que siguió la carrera judicial hasta llegar a Ministro de la Corte Suprema de Justicia jubilándose en 1.942, y de Carmen Amelia Baca Andrade, “mujer admirable y bella”, dueña de una magnífica biblioteca, que dominaba el francés, tocaba el arpa, dibujaba y ejercía profunda influencia sobre sus hijos. 

“Vivió una infancia armoniosa y feliz embellecida entre la ciudad y el campo por la ternura de su madre”. En 1.908 fue matriculado en la escuela del Carmen Bajo frente al hospital San Juan de Dios, estudió en el pensionado Borja, la primaria, leía a los simbolistas franceses entre los eucaliptos de la cordillera, aprendiendo dulzura, levedad y transparencia. En 1.911 se cambiaron a una casa mayor en la García Moreno entre Loja y Ambato. 

El 14 ingresó al Normal de Juan Montalvo, pronto descubrió que “el camino de la pedagogía no era el que más se acercaba a sus tendencias y aptitudes” y salió. Su madre lo llevó a la escuela de los Padres Mercedarios donde no duró mucho. El 15 pasó al Mejía y tuvo por compañeros a Gonzalo Escudero y a Augusto Arias y de profesor de Literatura a Alejandro Andrade Coello. Frecuentaba la librería “Sucre” de Bonifacio Muñoz, leía a Montalvo y a los clásicos castellanos, aunque siempre fiel a un romanticismo tardío. En Junio del 16 fue cofundador y director de la revista romántica “El Crepúsculo”, que fue una travesura literaria de colegiales adolescentes que solo salió en dos números, escribiendo ensayos líricos y versos melancólicos bajo los seudónimos de “Ortos” y “Jean Valjean”. Por eso en Enero del 17 con Luis Aníbal Sanchez y César Ariosto Orellana fundaron la “Sociedad Literaria César Borja” que en Abril publicó la revista “La Idea”, sumándose a ellos Luis Aníbal Sänchez y Gonzalo Pozo.

A raíz de un Concurso Infantil fue premiado con un volumen de Rubén Darío y su lectura le despertó el deseo de escribir, pero como no sabía el mecanismo de la versificación, sus primeras páginas fueron poemas en prosa. Con “La Antología de la poesía francesa moderna” en traducción de Diaz Canedo y Fernán Fortún y con la revista “Letras” de Quito entró al modernismo. Para 1918 aún rimaba como Darío, por ese año percibió las nuevas tendencias naturalistas a lo Walt Whitman y renunció a la idea de la muerte y los paraísos artificiales por la fresca sensualidad de las cosas cotidianas. Posteriormente las lecturas de Andrés Gide y Francis Jammes le insinuaron aún más la importancia de dicha tendencia naturista. Era una joven poeta vital, virilmente rebelde y armoniosamente delicado, que colaboraba en la revista anual estudiantil del Mejía titulada “Vida Intelectual y en el Semanario humorístico “Caricatura”. En 1.919 en la revista “Juventud Estudiosa” de Guayaquil y el 20 en “Los Hermes”, también del puerto principal, dentro de una bohemia alegre, inquieta y febril y cuyos versos comenzaban a ser publicados en el exterior. En 1.921 editó una selección bajo el titulo de “Resumen Antológico de la moderna lírica ecuatoriana” con líneas introductorias, se graduó de bachiller, comenzó a estudiar Derecho pero pronto abandonó esta carrera. Ese año formó parte de un grupo de intelectuales denominados, “Renovación” con Benjamín Carrión, Pío Jaramillo, Antonio J. Quevedo, Jorge Eguez, Carlos Zambrano Orejuela, Miguel Angel Zambrano y otros más. 

Entonces le dio por escribir una novela que tituló “Cordillera”, hizo el plan, comenzó algunas páginas que publicó en una revista estudiantil, pero no siguió porque se le hacían muy difíciles los diálogos. Ese año colaboró en la revista “Proteo”. En Julio del 22 publicó “Estanque Inefable” con 27 poesías escritas a partir del año 20, algunas en verso corto, que le mereció una generosa crítica de Isaac J. Barrera . También publicó en “Incienso” de Rafael Coronel. Acababa por esos días de arribar de Madrid el poeta César E. Arroyo, trayendo las nuevas ideas y metáforas del creacionismo y ultraísmo poético, que entusiasmaron a Carrera Andrade, motivándole un viaje a Guayaquil en plan transhumante y colaboró en la revista modernista cuencana “América Latina” que dirigía Manuel Moreno Mora. 

En el puerto formó parte del grupo “Los Hermes”, se ganó la vida como periodista en “El Telégrafo” y presenció la matanza del 15 de Noviembre del 22; al año siguiente regresó a Quito y pasó de Jefe de Redacción del periódico “Humanidad” que auspiciaba la candidatura del Cor. Juan Manuel Lasso a la presidencia de la República. Ese año asistió al Congreso del partido Liberal, se separó y empezó a formar filas en el socialismo. Para el primer aniversario del 15 de Noviembre los de “Humanidad” hicieron circular una violentísima edición impresa en tinta roja contra el Presidente Tamayo y la prisión no se hizo esperar, permaneciendo varios días incomunicado. 

En 1.924 editó por entregas una “Selección de los modernos poetas y prosistas ecuatorianos” y aparecieron nuevamente sus poemas en la revista “Lírica Hispana”. EL 25 pasó de redactor a “La Antorcha”, primer semanario quiteño de clara tendencia socialista, que combatió al régimen del Presidente Córdova hasta su caída el 9 de Julio. Entre el 25 y el 27 colaboró en la revista guayaquileña “Savia. El 25 formó parte de la Comisión directiva de la Sociedad de Amigos de Montalvo que editó la revista mensual “América” hasta 1.929 y también colaboró en la revista mensual quiteña de arte y literatura “Esfinge” dirigida por Hugo Alemán. 

Su vida era errática, desaparecía por días de la redacción del periódico y nadie sabía donde estaba. Un día escribió el siguiente telegrama “Encuentrome Pomasqui. Sigo al norte con fines políticos manden plata”. 

El 26 intervino activamente en la celebración en Quito del I Congreso Socialista Ecuatoriano y fue electo secretario de ese nuevo partido político. Su amigo Cristóbal de Gangotena le editó su segundo poemario “Guirnalda del Silencio” con 38 composiciones a exaltar la tierra, los seres pequeños y la vida doméstica, aunque algunas de ellas ya habían aparecido en “Estanque Inefable”. Durante esa parte de su existencia gustaba recitar versos revolucionarios como su “Canto a Rusia” y en él su poema “Lenín ha muerto” 

Amaba el maligno deleite de la morfina y abusaba del alcohol, imitando a Baudelaire hasta en el sensualismo enervante de sus poemas malditos. 

El 27 se dio un mayúsculo escándalo cuando apareció su poema “Mademoiselle Satán” en la revista “Figaro” de Carlos H. Endara (1), conteniendo pasajes de sexo explícito. Su padre lo sacó de la casa y tuvo que disculparse ante la opinión pública mediante carta en “El Comercio”. Entre el 27 y el 30 colaboró para la revista modernista quiteña “Espirales” que dirigía Pedro Gómez. 

En 1.928 editó “Cuadernos de Poemas Indios” con ocho poemas que incluyó dos años después como parte primera de “Boletines de Mar y Tierra”, mostrándose primitivo e ingenuo por la visión de las cosas y refinado por el arte interpretativo, siendo de los primeros en componer poesía social en América. 

Después escribió “Microgramas”, que son breves poemas de una realidad y que cierran la etapa juvenil de su obra, unos cuantos capítulos de la novela “Cordillera”, de tema indígena, que jamás concluyó pues los originales se perdieron en su primer viaje a Europa y fue activo opositor al gobierno duro de Isidro Ayora, que clausuraba diarios y desterraba escritores. 

(1) Lola Vinueza o Madenoiselle Satán que es lo mismo, vivvía en la casa esquinera de la Guayaquil y Caldas (Barrio de San blas). Era exótica, bellísima, impulsiva, gustaba recitar poemas sentimentales, leer libros prestados que luego destruía sin acordarse de que eran ajenos y debía devolverlos. Una vez “flagelo” diabólicamente al joven y largirucho poeta Carrera Andrade.En Mayo de ese año 28 fue designado representante del partido Socialista al V Congreso Internacional a celebrarse en Moscú. Con tal motivo viajó a Panamá, donde subsistió tres meses dictando conferencia, luego cruzó al Caribe y arribó a Holanda y Alemania, en Berlín hizo amistad con Víctor Raul Haya de la Torre, en París con César Vallejo y Gabriela Mistral. Comenzaba su vida internacional, pero en Hamburgo le fue negada la visa y tuvo que regresar por París. En dicha capital entró en contacto con numerosos poetas hispanoaméricanos y recién en Diciembre del 29 pudo llegar al Mediterráneo donde escribió “Estampas de Marsella”, relatos de prosa exquisita que revelan su madurez. Después siguió a Barcelona y fue contratado por el editor Vicente Clavel que lanzó sus “Boletines de Mar y Tierra”, cuarenta poemas de luz, gozosos de sentimiento y del placer de viajar por la geografía moderna donde aparecen superados sus pasados vicios; entonces comenzó a asistir a los cursos de Diplomacia de la Facultad de Filosofía, le nombraron Secretario de la Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos, escribió para diferentes revistas y periódicos, fundó la “Hoja Literaria” y hasta tradujo dos novelas en medio de un clima de agitación política que presagiaba el fin de esa monarquía. Estaba en una etapa más profunda, tratando de presentar el mundo tal como es, conciente de los problemas contemporáneos.

 

En 1.931 escribió para la revista “Hontanar” de Loja sobre el “Esquema de la poesía de vanguardia” y en España asistió al nacimiento de la República. 

En Julio del 33 regresó al Ecuador tras cinco años de ausencia, recibiendo un homenaje inusitado en Quito, pues no faltó poeta ni intelectual que dejara de visitarlo. El 10 de Agosto se reunió el Congreso y fue designado Prosecretario, después dio a luz “Cartas de un Emigrado” en prosa reflexiva y de interés social, dictó clases en el Mejía y fundó el “Grupo Social Agrario”, especie de partido político que tuvo corta duración.

En 1.934 fue designado Cónsul en Paita y compuso “Latitudes” con ensayos sobre diversos escritores. Habíase iniciado en la diplomacia, carrera que le duraría 34 años. 

En Agosto estaba nuevamente en Quito participando en un Concurso Nacional para el servicio diplomático y pasó de Cónsul a El Harvre. Allí aprovechó para editar el 35 sus poemarios “Rol de la Manzana” con 51 poemas 24 Microgramas sobre todas las cosas que integra el coro vital de la tierra y “El Tiempo Manual”. “Ambos salieron en Barcelona y el último fue traducido al francés por Adolphe de Falgairolle. Ese año contrajo matrimonio” con Paulette Colin Lebas. El 36 terminó la “Antología poética de Pierre Reverdy”. El 37 otro poemario aparecido con el nombre de “Biografía para el uso de los pájaros” con 17 composiciones con evocaciones a las cosas simples, enriqueciendo los temas del hombre. “Su aguda sensibilidad de primitivo americano percibía la paulatina decadencia del humanismo y sus ideales de perfección individual y atestiguó el advenimiento del existencialismo y su secuela de zozobra, desilución y angustia ante la muerte”. 

En 1.938 fue cambiado a Yokohama y viajó a través de los Estados Unidos. En el Japón se interesó por la cultura oriental y sus principales manifestaciones. El 39 dio a la luz su “Guía de la joven poesía ecuatoriana”, en Agosto de 1.940 editó en Tokio sus “Microgramas”, poemas que se parecían a los haikai de ese país y regresó apuradamente al Ecuador. Al poco tiempo se declaró la guerra en el Pacífico y las fronteras fueron cerradas. 

En Quito recibió el nombramiento interino de Director General de la Sección Consular y dio a la luz “Registro del Mundo” con la casi totalidad de su obra poética. En Diciembre del 40 pasó a San Francisco a ejercer el consulado General y luego de perfeccionar su inglés pudo leer a los clásicos norteamericanos. El 41 publicó en inglés una defensa de los derechos territoriales del Ecuador con motivo de la invasión peruana. En 1.942 intervino en varios actos organizados por el congreso latinoamericano de “Free Word Association”, trató a numerosos eruditos hispanistas y figuró en diversas Antologías en inglés. Su nombre era ampliamente conocido en Europa, comenzaba a interesar en los Estados Unidos.

Angel Felicísimo Rojas

Posted in Author's name with tags on septiembre 25, 2008 by edmolin657

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

ANGEL FELICISIMO ROJAS
ESCRITOR Y CRITICO.- Nació en el anejo rural de “El Plateado”, parroquia de San Sebastián, Cantón Loja, el día 31 de Diciembre de 1.909 y fueron sus padres el Dr. Angel Rubén Ojeda Torres, abogado considerado el mejor orador de su tiempo en Loja y la profesora Filomena Rojas Solís, maestra rural del lugar, que le enseñó a leer entre sus alumnos indios y cholitos. “Yo correteaba por esos tiempos con los cholitos y los indios por los potreros, por las charcas, por los chamizales…”

De seis años pasó con su madre a residir en la escuela rural de Vilcabamba cerca de Yangana, luego viajó a Loja a estudiar en la escuela de los Hermanos Cristianos donde permaneció un año solamente, terminando la primaria en el Instituto “Miguel Riofrío”. Para ayudarse trabajaba ciertas tardes en la imprenta de Pablo Vélez y de once años ingresó al “Bernardo Valdivieso” donde siguió la secundaria, obteniendo el premio “Alvarez Eguiguren”, consistente en Medalla de Oro y Honores, por ser el mejor alumno del plantel.

Su tío abuelo Agustín Rojas Ocampo era propietario de varias fincas en el Valle de Malacatos, destinadas a la elaboración de alcohol. Era bonachon y en las vacaciones anuales recibía a su hermana y sobrino a quienes trataba con mucho cariño y cortesía; sin embrgo, porque su padre no veía por él, el joven Angel Felicísimo trabajaba en la imprenta “El Heraldo” de propiedad del dirigente conservador Dr. Clotario Maldonado Paz, por cinco sucres a la semana, como tipógrafo.

De esta época arrancó su afición a contar cuentos, adquirida de su abuela materna Gertrudis Ocampo Rojas, quien solía reunir por las tardes a eso de las seis, a un numeroso grupo de chicuelos del vecindario, entreteniéndolos con cuentos tomados de las Mil y una noches y hasta con relatos de aparecidos, pero esto solo como plato fuerte; y como todo lo contaba con gracia, obtenía repetidos éxitos entre su joven auditorio. En varias ocasiones ella mencionó que su madre Justa Rojas, a quien tenía por santa debido a la dulzura de su carácter y a sus sacrificios en bien del prójimo, también contaba bellísimos cuentos, de los llamados moralizantes; de donde se desprende que esta actitud les vino a todos de Doña Justa, la bisabuela (1).

En 1.925 y de solo quince años ingresó al Partido Socialista de Loja cuyo director era Ignacio Jaramillo y tuvo una activa militancia en la organización de Cooperativas y en política lugareña (2).

En el conocimiento de la literatura se inició gracias a la ayuda que a todos prestaba Carlos Manuel Espinosa, suscitador de las letras lojanas, quien importaba libros de España para venderlos al costo y en cómodas cuotas de pago. Después colaboró en la revista “Hontanar” de propiedad de Espinosa y es considerada un clásico en su género.

Entre 1.928 y el 34 dictó clases de castellano en el ler. curso del “Bernardo Valdivieso” con S/300 mensuales de sueldo y logró ahorrar algo. Entonces comenzó a escribir su novela “Banca”; que tiene tanto de autobiográfica, pero luego la abandonó por varios años y recién la concluyó entre 1.938 y el 40.

(1) Filomena Rojas Solís era hija de un agricultor colombiano de raza blanca y apellido Solís, llegado hacia 1.884 desde Buga, en el valle del Cauca a explotar la cascarilla en Loja. Filomena era hija de Gertrudis Rojas Ocampo, que a su vez era jija de Justa Rojas Alvarez, hija de N. Alvarez, sacerdote en Loja y de N. Rojas, campesina de raza blanca en el Valle de Malacatos.
(2) Después trabajaría a nivel nacional hasta que cansado de las luchas Internas que atomizaron al socialismo en la década de los años 50, renunció para no verse envuelto en pugnas domésticas; aunque ciertamente su renuncia coincidió con varios cambios que experimentó en su vida profesional, económica y afectiva; se unió al grupo Encalada de El Oro, grandes propietarios agrícolas y ganaderos dedicados especialmente a la siembra de tierras, se divorció de su esposa y contrajo otro matrimonio.
En 1.931 se matriculó en leyes y hasta dirigió la “Revista Universitaria de Loja” que convirtió en una de las mejores de su clase en el Ecuador, formando con Eduardo Moreno Mora, Clodoveo Jaramillo Alvarado y Manuel Agustín Aguirre la promoción lojana de esos años. En dicha revista fueron apareciendo algunos relatos o cuentos cortos suyos como: “Moscas y mosquitos” y “Cuentos del trópico” en 1.931. “Pata al Suelo” en 1.932 y “Un idilio Bobo” en 1.934 que le dió justa fama como escritor y que subtituló irónicamente “Historia de un perro que se enamoró de la luna” y relata la ilusión meramente platónica de un indio por una norteamericana inalcanzable.

En 1.934 viajó a Quito a proseguir su carrera de jurisprudencia, allí estrechó lazos de amistad con Pablo Palacio y con los hermanos Alfredo y José Miguel Mora Reyes y editó la revista “Bloques”, que tanta importancia cobró en esa década para el desarrollo de las ideas políticosociales del país.

En 1.935 fué llamado a Guayaquil por Rigoberto Ortíz Bermeo recién designado Rector del “Vicente Rocafuerte”, para enseñar con S/.450 mensuales de sueldo, renunciando en 1.937 cuando la dictadura del Ing. Páez persiguió a los profesores izquierdistas. De allí pasó a trabajar al estudio profesional de su amigo el Dr. José de la Cuadra, con quien mantenía nexos de creación literaria y militancia política, hasta que de la Cuadra colaboró con la siguiente dictadura, del General Alberto Enríquez Gallo, meses después.

En 1.939 enseñó en el Normal “Rita Lecumberry”. “Para entonces estaba incorporando el grupo de novelistas de Guayaquil por medio de Enrique Gil Gilbert y tenía varios apuntes para una novela, especie de boceto solamente; sin embargo sus amigos le insinuaron que la terminara y así nació “El Exodo de Yangana” en 1.940; aunque por causas económicas solo se publicó nueve años después.

En 1.940 publicó “Banca”, novela escolar, en 296 págs. en la imprenta de Leopoldo Fernández en Quito, que salió incompleta porque varios capítulos se habían extraviado cuando loa mandó a Buenos Aires a ver si allí alguien se interesaba por ella. La edición resultó plagada de errores tipográficos y la retiró de circulación, salvándose algunos ejemplares en bibliotecas públicas. Una segunda salió en Loja en 1.981 por cuenta del Colegio “Bernardo Valdivieso”, mas, dada la incomunicación intelectual de que adolece el país, sobretodo en materia bibliográfica, es difícil hallarla fuera de esa provincia.

Mientras tanto formaba parte del grupo de “Escritores y Artistas independientes” y dió vuelo a su romántico y gran corazón al casar con la bellísima Alba Celeste Rivas Nevarez. Varios episodios de esa época han sido recogidos por Alfredo Pareja Diezcanseco en la novela “El aire y Los recuerdos”, aunque a raíz del sensible fallecimiento de ella, intensificó su vida política en el partido Socialista. En 1.941 trató que el Presidente Arroyo del Río se reconcilie con la oposición para formar un frente común y rechazar la agresión armada del Perú, pero esos esfuerzo fueron vanos, cayó detenido en la pesquisa y fué enviado al panóptico en Diciembre. Del penal salió en marzo del 42 sin motivo, solamente en razón del abuso que el poder ejecutivo hacía de las facultades extraordinarias recibidas del Congreso. Durante ese tiempo escribió “Curipamba”, novela de carácter social cuya acción se desarrolla en el campo minero de Portovelo. Ese año editó “Consideraciones sobre el significado de la novela La Isla Virgen” juicio sobre esa obra en 16 págs. que le llevaría a la crítica seria de nuestra literatura, para la que esta muy bien dotado.

Entre 1.943 y el 44 escribió sin publicar e hizo política de oposición al gobierno del Presidente Arroyo del Río. Con el triunfo de la revolución del 28 de Mayo de 1.944 ejerció la secretaría de “Acción Democrática Ecuatoriana” (A.D.E.) y fué designado Controlador General de la República, haciendo célebre en el país la frase: “Donde se pone el dedo salta la pus” que sintetizó el trasfondo de una época rica en peculados.
Después de la dictadura absurda del 30 de Marzo de 1.946 se distanció del Gobierno de Velasco Ibarra, renunció la Contraloría, se reintegró al ejercicio profesional en Quito y al desempeño de la Cátedra de “Cuestiones Económicas Ecuatorianas” en la Universidad Central; en 1.947 regresó a Guayaquil porque no se acostumbraba al clima frío y se dió tiempo para escribir un “Estudio sobre la novela Ecuatoriana”, obra de crítica seria en 210 págs. que publicó en 1.948 en el Fondo de Cultura Económica de la Colección “Tierra Firme” de México y que está considerada el ensayo crítico más importante de su clase, junto con la Ojeada histórico crítica sobre la poesía Ecuatoriana desde su época más remota hasta nuestros días de Juan León Mera la Historia de la Literatura Ecuatoriana de Isaac J. Barrera y los Cien Prólogos de Hernán Rodríguez Castelo editados por Clásicos Ariel.

El Dr. José Miguel García Moreno, rector de la Universidad de Guayaquil, lo designó profesor de Economía Política. El 48 el Presidente Galo Plaza le propuso el Ministerio de Economía, que rechazó por la viva repulsión que siente por el quehacer público y sus inmoralidades. En 1.949 la Editorial Lozada de Buenos Aires editó “El Exodo de Yangana”, epopeya de todo un pueblo, de la lojanidad; considerada la mayor novela de su tiempo por la cantidad y calidad de sus personajes, suntuosidad idiomática en sus descripciones, intensidad y profundidad psicológica de las situaciones creadas y desenlace final que la convierte en una saga. Una segunda edición apareció en los tomos 12 y 13 de “Clásicos Ariel” y la tercera en el fondo del “Círculo de Lectores”. Ese fue el momento cumbre pues no ha vuelto a publicar. También fue de esa época el inicio, como ya se dijo, de su colaboración con varios grupos bananeros de El Oro y como agricultor independiente en las zonas de El Oro y Los Ríos.

En 1.968 y tras veinte años ininterrumpidos renunció su cátedra en la Universidad de Guayaquil, por no estar de acuerdo con la supresión de los exámenes de ingreso. En 1.979 la Municipalidad de Loja lo declaró “El mejor ciudadano” y la Academia de la Lengua lo llamó a su seno. Se encontraba preparando la terminación de dos novelas tituladas “Agricultores de escritorio” y “Una tipa llamada Marcela” y dos cuentos “El Busto de Doña Leonor” con cuentos de diversas épocas, que finalmente sacó en 1.998 con vivencias y anécdotas y “El Trompo de Gabriel”. En 1.983 publicó su novela “Curipamba” en 426 pags.

Rodríguez Castelo ha escrito que “en los últimos años una muy prestigiada actividad ha apartado a Angel Felicísimo Rojas de la creación literaria, pero su condición dista mucho de ser la del hombre satisfecho por los éxitos conseguidos y la sólida situación granjeada y a quien lo trata en hondura se le antoja mas bien la del exiliado que mira con nostalgia los días en que entregaba lo mejor de su ser a crear figuras grandes de su epopeya y las deliciosas situaciones de sus cuentos”.

Dedicado al periodismo desde 1.978, mantuvo una columna semanal en El Universo de Guayaquil y El Comercio de Quito.

Agnóstico en religión. En 1.997 recibió el Premio Eugenio Espejo. El 2.002 el gobierno ecuatoriano le entregó la Orden Nacional al Mérito. El 2.003 experimentó el comienzo del fin, un cáncerle fue minando lentamente. Su hermana Enriqueta le fue a hacer compañía, la tarde del 19 de Julio, mientras conversaba en la sala de su casa se sintió agotado y dijo “Voy a mi cuarto a descanzar”, falleció casi enseguida sin mortificaciones ni dolores. Tenía 93 años de edad.

Alto, viril, piel canela, calvicie pronunciada, usaba sombrero de paja, hablaba con aplomo, reposadamente, un rico castellano, bien modulado y correctísimo. Si hubiera sido ambicioso habría escalado las más altas cumbres políticas, pero nunca lo fué por sus sólidos principios que le impidieron mercar en el dédalo de las influencias.

 

 

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