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Los pulperos

Publicado en anecdotario, crónicas, historia con etiquetas , , , , , el Octubre 12, 2008 por edmolin657
Los pulperos y los productos de primera necesidad en Guayaquil
En calles retiradas se encontraban estos locales de venta de arguardiente y comida preparada
José Antonio Gómez Iturralde
www.archivohistoricoguayas.org

 


 
   
 
Al finalizar la época colonial, vísperas de su Independencia, Guayaquil tenía unos 20.000 habitantes.Sus calles eran amplias y derechas, unas con algún tipo de relleno, inclusive con conchas de moluscos que se consumían en la ciudad y otras parcialmente pavimentadas con lajas de piedra azul de Chongón talladas a mano.También había muchos callejones estrechos y mayormente sinuosos, con casuchas abigarradas en sus costados, todas levantadas sobre pilares de madera incorruptible hincada al suelo.

Los edificios grandes de más importancia, de dos o tres pisos, se situaban a lo largo de la calle de La Orilla o malecón, y en general estaban construidas con una arquitectura muy apropiada para el trópico.

La mayor parte contaba con un piso alto para vivienda del propietario, adornado con balcones y galerías para solaz de la familia, el piso intermedio se rentaba y el bajo destinado a tiendas y bodegas. Las iglesias ricamente decoradas, aunque su arquitectura en madera no presentaba nada digno de notarse.

La actividad comercial en Guayaquil era una verdadera vorágine. Desde la orilla del río ciudad adentro y por la carga de buques hacia el exterior se desplegaba un trabajo frenético que solo cesa cuando se oculta el sol. El movimiento de canoas era intenso, también otras embarcaciones pequeñas atracaban para abastecer la vida diaria de la ciudad.

En la parte céntrica, a lo largo de los muelles, se situaban las “ramadas”, frente a ellas tiendas de refresco y cafés. Más adentro los puestos del mercado, tiendas y pulperías o vendedores ambulantes, de los cuales la gente se abastecía de lo necesario para el diario sustento. En calles algo retiradas se hallaban las pulperías, y chinganas de expendio de aguardiente, comida preparada o refrescos.

En el malecón, en balsas atracadas a la orilla del río, proliferaban los billares, mesas de juego, e inclusive rentaban cuartos donde las prostitutas captaban a la marinería del puerto. Todo este comercio, muchas veces ilícito, pagaba tributos al Cabildo con los que financiaban el rol de sus empleados.

Negocios, juegos prohibidos, prostitución, contrabando, etc., que pese a la ilegalidad de muchos, estaban estrechamente ligados a la actividad comercial e integrados a la dinamia de la vida diaria citadina. Al parecer, buena parte de los pulperos, especialmente los vinculados a regatonas y regatones, tenían mucho que ver con este variado comercio diario.

Sin contar, por supuesto, con el beneficio adicional que significaba la complicidad de los empleados del Ayuntamiento encargados de su control y el concurso de miembros de las milicias. Los jefes militares, empleados de alto rango de la burocracia municipal, manejaban negocios a gran escala y ejercían sus cargos de forma más honorífica que efectiva. De esa forma el nivel medio del poder, quedaba en manos de sectores subalternos de las milicias, ayudantes, sargentos, etc.

Las pulperías por la clase de actividad que desarrollaban, o según el capital que disponían sus dueños, las había muy variadas. Desde aquellas con unos pocos pesos de movimiento hasta las que manejaban miles. También había las que entraban por todo, desde el expendio de bebidas alcohólicas, juego y prostitución. Además de esta suma, el pulpero cumplía la función de caja de chismes y hasta de calumnias escritas que eran depositadas para ponerlas al alcance del vecindario.

Al finalizar el siglo XVIII, los pulperos quedaron al desnudo, pues los relacionaron con todo el desorden e ilegalidad que primaba en la urbe. Fue así como a partir de entonces, se dictó ordenanzas y reglamentos a fin de reducir el número de pulperías. Se empezó por calificar a las personas y establecer estatutos para su funcionamiento. También se propició la agremiación para organizar sus actividades.

De esa forma, la sociedad ejerció una gran presión sobre los pulperos, con el fin de reducir su vida escandalosa. Pero, el gran obstáculo para su aplicación fue la de inventariar y clasificar la gran variedad de pulperías. Tarea compleja fue definir las características de lo que se consideraba una pulpería y un pulpero. Los había aquellos que aportaban su dinero en una o más pulperías, sin participar de su manejo.

A otra clase pertenecían los que administraban el negocio de los primeros, y una más, la formaban los propietarios que con su familia manejaban directamente su tienda. Sin contar la enorme variedad de negocios a los que cada uno dedicaba su esfuerzo y las grandes diferencias sociales.

Tanto estas, como los tendidos o puestos de mercado estaban bajo la vigilancia directa del Municipio, y debían tributar derechos sobre el producto de sus ventas dentro del régimen de “posesión inmemorial”, y este los destinaba a las llamadas rentas de propios. Además de estas obligaciones, debía pagar arriendo por los espacios o locales que ocupaban.

Las rentas obtenidas por las autoridades municipales estaban destinadas a financiar los gastos de utilería y sueldos de la burocracia. Por 1795, solo en el barrio del Astillero y Ciudad Nueva funcionaban 44 pulperías. Al inicio del siglo XIX habían más de 83, cifra dentro de la cual constaban las llamadas medias pulperías, cuya diferencia con las primeras estribaba en que pagaban la mitad del tributo al Cabildo.

Para 1811, entre pulperías, “chinganas”, “cafés” y “casas de fresco”, no menos de 150 pertenecían al gremio de pulperos. Negocios que mayoritariamente funcionaban en los bajos de las casas de grandes comerciantes, propietarios y funcionarios del Cabildo.
La baja categoría que significaba el negocio de una pulpería, sugiere que sus propietarios pertenecían a una clase marginal. Sin embargo, no todos los que se identificaban con él provenían de esos sectores sociales. Una variada documentación muestra que muchos de aquellos que se dedicaban al negocio o tenían intereses en él, provenían de una muy diversa condición social.

Artesanos, miembros de las milicias y personajes de la elite económica-política aparecen involucrados de una u otra forma, lo cual confirma la diversificación de intereses y ocupaciones que tuvieron los guayaquileños de la época.

El gremio de pulperos, por lo tanto, estaba compuesto por gente de condición social heterogénea.

Algunas de las personas que poseían pulperías eran miembros de las elites económico-políticas. Consecuentemente, cuando era necesario defender el negocio, sin sentirse disminuidos en su estatuto social se identificaban como miembros del gremio. Ese ha sido históricamente el espíritu comercial del guayaquileño, además, que no había razón para avergonzarse.

La diversificación de actividades e intereses que mantuvieron los guayaquileños dio lugar a que la adopción de una identidad u otra, o la adscripción a un colectivo determinado, que dependiera de las circunstancias y que su significado variara según la persona y posición al interior de un entramado complejo de relaciones.

Este hecho se aplicaba no solo a las elites sino también a los individuos de los sectores subalternos.

El gremio que agrupaba a la clase era el espacio donde los pulperos ventilaban sus conflictos e intereses. Tomada su dirección por individuos de la elite social y económica, dueños de pulperías, desarrolló una importante actividad, al punto que, entre fines del siglo XVIII y principios del XIX, dirigieron un largo y costoso juicio con miras a eliminar el estanco de aguardiente y su monopolio.

Lo cual alcanzaron en 1811, cuando el virrey limeño liquidó tal exclusividad, para conceder a los pulperos el derecho a vender libremente el licor en sus tiendas.

Finalizado el conflicto, los dirigentes intentaron exigir el pago de costas y gastos judiciales al resto de los agremiados. Sin embargo, un numeroso grupo de aquellos propietarios de las llamadas “tiendas mestizas”, liderados por un capitán de las milicias acantonadas en la ciudad se opusieron tenazmente. La consecuencia inmediata fue un terrible enfrentamiento, que llevó a cada grupo a buscar parciales al interior del gremio para enfrentar al oponente.

Este hecho puso de manifiesto el poder y la autoridad, que sobre los intereses de individuos de menor categoría social, los grupos dominantes, en forma soterrada.influenciaban en el manejo del gremio. Este hecho sacó a relucir que lo mismo ocurría con otros negocios de abastecimiento a la ciudad.

Este comercio, aparentemente de menor cuantía, fue el medio por el cual las clases menos favorecidas pudieron incorporarse a la dinámica económica y social, que parecía ser exclusivo de las elites. Este enfrentamiento permitió que algunos individuos de los sectores subalternos, mediante alianzas con las elites capitulares consolidaran el poder económico de Guayaquil.

 
 
 
 
 
 
   
 

 

Pedro Carbo Noboa

Publicado en anecdotario, historia, políticos ecuatorianos el Septiembre 27, 2008 por edmolin657


REFUBLICO.- Nació en Guayaquil el 19 de Marzo de 1.813. Hijo legitimo del segundo matrimonio del Coronel José Carbo Unzueta, defensor de Guayaquil en Febrero de 1.816 durante la invasión del Almirante Guillermo Brown, en su sobrina segunda Josefa Noboa Arteta, Guayaquileños.

Inició sus estudios en Guayaquil y muy joven acompañó a su pariente Vicente Rocafuerte en calidad de Secretario, pasando numerosas aventuras en México, donde escaparon de ser fusilados por una partida de guerrilleros rebeldes.

En 1.833 retornó a Guayaquil varándose la embarcación en que venia a la altura de Puna. De inmediato ingresó al servicio exterior de la República como Oficial Mayor de la Cancillería. En 1.836 fue Secretario de la Comisión Codificadora de Leyes nombrada por el Congreso. En 1.838 Secretario de la Legación que ejercía en Bogotá el Dr. Francisco Marcos, para solucionar las diferencias existentes por la aplicación del Tratado de Pasto y el Reparto de la Deuda Inglesa.

El 39 Marcos retornó a Quito a encargarse de la Cancillería y Carbo quedó al frente de la Misión. A principios de 1.842 fue enviado a Bolivia y aunque el Prefecto del Departamento de Puno le arrebató todos sus papeles, redactó un Tratado de Alianza Recíproca y obtuvo su aprobación del Presidente boliviano Méndez el 8 de Mayo.

Casi enseguida estalló la guerra peruano-boliviana y el Presidente Juan José Flores concedió asilo el Mariscal Andrés Santa Cruz, que acababa de ser deportado de Bolivia, lo que perjudicó nuestras relaciones con esa nación. Por eso no llegaron a canjearse las Ratificaciones y el Tratado no entró en vigencia.

En 1.844 editó en Guayaquil un pequeño volumen de carácter pedagógico titulado “Manual del Preceptor”, que dedicó a los profesores de la provincia del Guayas. En eso estalló la revolución del 6 de Marzo de 1.845, fue designado Ministro General del Gobierno plural que se instauró en Guayaquil, correspondiéndole organizar las Milicias armadas que viajaron a combatir en la hacienda La Elvira. En Junio fue comisionado con el General José María Urbina para discutir los convenios de la Virginia y asistió como Diputado por el Guayas a la Convención de Cuenca.

En 1.847 publicó “Vindicación”, folleto para conocimiento de los miembros de la Convención Nacional. En 1,859 apoyó la Jefatura Suprema de su tío Diego Noboa y depuesto dicho gobernante en 1.851, pasó a engrosar la oposición a Urbina. Entonces vivía con su madre, varios hermanos y sobrinos en la casa familiar de la esquina de Roca y Malecón, conocida con el nombre de la casa de la mama Noboa.

En 1.857 viajó a Europa, recorrió las principales capitales, aprendió el francés y regresó en 1,859 en circunstancias de que la ciudad había proclamado la Jefatura Suprema del General Guillermo Franco Herrera, quien le propuso el Ministerio General de su gobierno, que Carbo no aceptó.

En 1.860 el Gobierno Provisorio de Quito planteó a Franco la necesidad de que ambos gobiernos renuncien y sus miembros salieran del país, encomendándole a Carbo el Poder Supremo de la República. Proposición que fue rechazada por Franco, que desde ese instante le persiguió obligándole a asilarse en un consulado y a viajar al exilio en Lima, donde estrechó su antigua amistad con el célebre escritor Francisco de Paula Vigil, Director de la Biblioteca Nacional del Perú, cuyo pensamiento liberal y regalista ejerció enorme influencia sobre Carbo.

El 24 de Septiembre de l.860 García Moreno y Flores tomaron Guayaquil. Carbo pudo retornar al seno de los suyos, ejerció la Gobernación del Guayas por pocas semanas, convocó a elecciones, salió electo Diputado pero no concurrió a la Convención en protesta contra el autoritarismo de García Moreno.

En 1.862 fue electo en votación popular para el desempeño de la presidencia del Concejo Cantonal de Guayaquil, le reeligieren dos veces y actuó hasta 1.864.

Durante su administración fundó la Biblioteca Municipal y donó el primer lote de libros en 1.862, Al año siguiente convocó y realizó la I Exposición Nacional de Muestras con notable concurrencia de expositores y el 15 de Octubre mocionó y el Concejo aprobó el establecimiento de varias Cajas Mutualistas de Ahorro, pero la brillante iniciativa no prosperó por falta de interés de la ciudadanía.

Entonces, alarmado por el sesgo clerical de la política garciana, logró que el Concejo Cantonal publique una “Exposición de Protesta contra la suscripción del Concordato entre el Gobierno Nacional y la Santa Sede” pidiendo Congreso del Ecuador que desapruebe “un pacto tan contrario a los imprescriptibles derechos de la República y en tan abierto antagonismo con el espíritu liberal y civilizador del siglo actual”; mas, a pesar de la Protesta, el Concordato fue aprobado y puesto en vigencia con grave escándalo para los sectores cultos y progresistas del país, que veían aparecer en el horizonte político ecuatoriano el inicio de una teocracia retrógrada, perversa y oscurantista.

El Padre Adolfo Marriot Saavedra, Secretario particular del Obispo de Guayaquil, salió a la palestra y contestó al Cabildo con el opúsculo titulado “El señor Pedro Carbo, desmentido por si mismo” en 80 págs. folleto que causó sensación y fue leído hasta en la capital.

Carbo no podía quedarse atrás y replicó con “La República y la Iglesia y defensa de la Exposición del Concejo Cantonal de Guayaquil sobre la inconstitucionalidad del Concordato celebrado entre el Presidente del Ecuador y la Santa Sede” en 66 págs. donde dice que “Se cierne sobre la República la sombra de un inmenso hábito negro” y del Concordato asegura que “pone al Ecuador a los pies de la silla romana”, sin embargo, es menester aclarar, que el autor este segundo folleto, en su parte jurídica, fue el Dr. Francisco Xavier Aguirre Abad, corriendo a cargo de Pedro Carbo lo polémico e histórico.

Entonces surgieron muchos compatriotas para defender o atacar el Concordato. La prensa sudamericana concedió una gran importancia al asunto y Carbo adquirió características internacionales. García Moreno trató de ridiculizarlo diciendo que junto al Dr. Javier Endara- notable liberal de esos días -eran la nulidad de dos tomos y una dama de Quito, Rosa Cabezas, agregó “Y por el color de la piel, forrados de pergamino”.

Carbo no era ateo ni anticatólico. El se llamaba en frase que hizo famosa “Católico apostólico pero no romano porque romanos son los gatos, afirmando con eso que antes que romano era ecuatoriano. Y mientras tales sucesos se producían en el Ecuador, en Italia el rey de Saboya Víctor Manuel II amenazaba a la Santa Sede con tomarse los Estados Pontificios. Por eso el padre Le Gohuir S.J. declara en su Historia del Ecuador que “La oposición de Guayaquil, unida al carácter de los guayaquileños, hizo que esta ciudad se mantuvieran al margen de la gran obra garciana” y esto ocurría cuando “El Ecuador se había convertido en un gran convento” según opinión del Dr. Murillo Toro, político liberal colombiano de clarísima visión internacional.

Su oposición al Concordato le convirtió en el indiscutible Jefe del naciente partido liberal y en el principal opositor de García Moreno, que le hizo hostilizar al punto que tuvo que exiliarse en París en 1.864, no sin antes renunciar a la candidatura a la presidencia de la República en memorable manifiesto donde aconsejó la unidad liberal y la lucha permanente contra la tiranía. En París hizo amistad con Montalvo y lo protegió económicamente, regresando durante el gobierno constitucional de Jerónimo Carrión en 1.865.

Ese año fue electo Senador por el Guayas y presidió la Cámara hasta 1.866. Ese Congreso fue famoso por la talla intelectual de sus miembros y la elevación de sus miras. El 67 se activó la pugna del Congreso contra el Presidente de la República y volvió como Senador a Quito.

En 1.868 publicó en Quito dos folletos “La Cuestión de Libros” y “Otras Cuestiones relacionadas con ellas” en 80 y 24 págs. protestando por el abuso que cometían las autoridades aduaneras al impedir el ingreso de ciertos libros como por ejemplo los Tratados de Medicina con láminas del cuerpo humano, calificadas de obscenas, así como la libre circulación de impresos, so pretexto de la aplicación del celebérrimo Concordato.

Ese año fue candidatizado nuevamente a la Presidencia de la República por el Partido Liberal pero se excusó de intervenir y renunció en favor del Dr, Aguirre Abad, quien tenía menores resistencias por no haber sido tildado de anticlerical como Carbo.


Meses después protestó contra el golpe militar de García Moreno, que derrocó en Enero del 69 al Presidente Javier Espinosa para evitar el triunfo de Aguirre. Por su protesta sufrió un nuevo destierro a Lima y de allí siguió a Paris en 1.870, donde residió hasta el sangriento asesinato del tirano cinco años más tarde.

En 1.874 la “Revista Latinoamericana” publicó en Paris sus ensayos sobre “Ecuatorianos Ilustres” con las biografías de Olmedo y Rocafuerte en 14 y 27 págs. Dichos trabajos vieron una segunda edición en 1.884 costeada por Baltazara Calderón de Rocafuerte, ardiente defensora de la memoria histórica de su esposo.

A raíz de la muerte de García Moreno regresó al Ecuador. En Julio del 76 hizo escala en New York y asistió a la Exposición así como a los Actos del Centenario de la Independencia celebrados en Filadelfia, Luego siguió a Panamá donde se detuvo algunos días por indisposición de salud, Al arribar a Guayaquil declinó el Ministerio de Hacienda que le propuso el recién electo Presidente Dr. Antonio Borrero.

Cuando el 8 de Septiembre Guayaquil proclamó la dictadura del General Ignacio de Veintemilla, fue designado Ministro General de esa revolución, En el viaje a la capital sufrió una caída, se dislocó el brazo derecho y estuvo un mes inactivo en Quito. El 31 de Enero del 77 se posesionó y dirigió una circular a los Gobernadores conteniendo un Programa Administrativo, sancionando la libertad de estudios, restableciendo la Universidad de Quito clausurada por García Moreno, facilitando la fundación de establecimientos de libre enseñanza. Durante varios meses soportó la oposición de los terroristas o garcianos y a mediados del 77 renunció por discrepancias con la política personalista del Dictador.

Nuevamente en Guayaquil, invitó a los ecuatorianos a formar parte del Comité pro-homenaje al centenario del nacimiento de Olmedo a celebrarse el 19 de Marzo de 1.880 y para el efecto convocó a la II Exposición Nacional Agrícola e Industrial, realizada en el antiguo teatro Olmedo, donde se exhibieron por primera ocasión en el país inventos de tanta utilidad como el teléfono, una maquina para fabricar hielo, etc. que causaron enorme conmoción.

En 1.878 fue Diputado a la Asamblea Constitucional reunida en Quito y publicó “Páginas de la Historia del Ecuador” en la imprenta de Ezequiel Gómez, en 50 págs, como asambleísta presidió la comisión de Constitución y redactó un proyecto que lamentablemente no fue aprobado; empero, obtuvo que se prohibieran las penas de muerte y de azotes y propuso el establecimiento de los Jurados de Imprenta y la Libertad Religiosa, sin conseguirlo. Se opuso a que el periodo presidencial se prolongara a seis años, a que se le concedieran las facultades extraordinarias y aumentara el sueldo al ejecutivo, aunque inútilmente, porque la mayoría era abyecta y gobernista.

En 1.879 editó “La Ciencia del buen Ricardo” sobre la vida de Benjamín Franklyn y encabezó la comisión de prestantes guayaquileños que se trasladaron a Daule a recibir los restos de su sobrino Vicente de Piedrahita Carbo, asesinado en la hacienda La Palestina por Eduardo Ilingworth.

En 1.879 hizo reimprimir por su cuenta el “Compedio Histórico de la Provincia de Guayaquil” escrito por el Padre Jacinto Moran de Buitrón, S.J. y aparecido bajo el nombre del presidente de la Audiencia Diorisio de Alcedo y Herrera tenia escrita una Historia del Ecuador en su domicilio, pero la destruyó un incendio intencional que empezó en la tienda de un zapatero ubicada bajo su aposento. Lamentablemente no tuvo la paciencia y el valor de reiniciar el trabajo, ni quiso poner en peligro la vida de varias hermanas y sobrinas solteras, quienes le acompañaban. Así fue como el país perdió “Un hermoso y útil testimonio”.

En 1.880 dio a luz “El canal Interoceánico”. El 81 su célebre “Memoria sobre el río y el puerto de Guayaquil y las mejoras que ambos necesitan” en 34 págs, donde reveló la profundidad de sus conocimientos en Geopolítica, planteando por primera ocasión la necesidad de dragar anualmente el río para que las embarcaciones de mayor calado pudieren subir hasta Babahoyo. La construcción de una exclusa para manejar las aguas del río y el estero del sur de Guayaquil y otras obras de notoria utilidad en la cuenca del Guayas.

En 1.882 fue acusado de conspirador y obligado a exiliarse nuevamente a Lima, Desde allí combatió a Veintemilla que se habia proclamado dictador. En Julio de l.883, al caer la plaza de Guayaquil, volvió al puerto y fue designado Jefe Supremo del Guayas. Entonces creó la Universidad de Guayaquil y la inauguró con un importante discurso el 15 de Octubre de ese año.

Vivía en su casa esquinera de Chimborazo y Bailen. Era un viejecito encorvado por los años que caminaba a pasitos cortos, su bastón en la mano y la infaltable chistera, por el centro de la ciudad y que se sentaba a conversar con amigos y conocidos y como siempre había sido un perfecto demócrata, se saludaba con todos. Por eso el pueblo le amaba, tenia por su caudillo y era considerado el padre de la ciudad.

Durante los gobiernos de Caamaño y Flores Jijón se abstuvo de intervenir en política. El 8 de Octubre de 1.892 inauguró la estatua de Olmedo. El 94 le fue propuesta la legación en Lima que no aceptó por sus achaques. Poco después presidió una comisión investigadora del negociado de la venta de la Bandera. Falleció el 24 de Diciembre a consecuencia de una fulminante pulmonía que la contrajo en su cama. La curia Metropolitana solicitó el honor de velarlo en la Catedral, pero lo llevaron al salón de San Vicente 24 horas donde un poeta, en un rapto de bellísima inspiración, recitó el siguiente cuarteto: //Tenia la gallardía del que lleva una espada/ Tenia la cortesía del que lleva una flor/ y entrando en los salones arrojaba la espada/ y entrando en los combates arrojaba la flor.//

Rasurado y pequeñín, de buche de pelo y leva cruzada, acostumbraba leer los periódicos en la barbería de Chichonís en Chile y Ballen.

Para su entierro la población entera se trasladó al cementerio. Nunca antes se había visto tal cantidad de público en un sepelio. El Dr. César Borja Lavayen manifestó “Rara virtud la de un cadáver, congregar tras de si a todo un pueblo” y es fama que ese mismo día quedo conformado el Comité de su estatua, que hoy se yergue en el parque de su nombre, costeada por el pueblo, mediante erogación de un peso por persona.

Fue un patriarca como no ha existido otro en Guayaquil. Querido y respetado por la dulzura de su carácter, solidez de sus principios republicanos, profundidad de sus ideas y avanzadas concepciones políticas que lo ubicaron desde 1.862 entre los políticos más progresistas y entre los grandes civilistas del país.

Personas que llegaron a tratarle me refirieron aya en mi niñez que era “El más manso y bondadoso de los hombres”, parco, educado, generoso y bonachón. González Suárez decía “Que bueno era Dn. Pedro Carbo. Yo lo hubiera ordenado”.


En 1.900 Celiano Monge incluyó en su “Miscelánea Popular” el estudio de Carbo sobre la “Vía de Panamá preferida por el Congreso Internacional de París” donde trató sobre los problemas inherentes a la construcción de dicho Canal.

Su biografía fue esbozada en 1.955 por J.J. Pino de Ycaza en ‘Tres Constructores de la República” pero el estudio “general y más completo sobre la obra de este civilizador y su influencia en la formación del pensamiento ecuatoriano del siglo pasado” aún está por escribirse.

Hacia 1.840 mantuvo amores platónicos con Mercedes de Santistevan Rocafuerte, quien después contrajo matrimonio con el español Manuel Zaporta, sin hijos. En cambio, Pedro Carbo falleció soltero sin ser misógino. pues, como bien le habían puesto en Quito, era el hombre sin hiel.

Piel canela clara, ojos y pelo negro. Rasgos firmes que denotaban sus indeclinables propósitos. Frente ancha y despejada, costumbres austeras, gestos parsimoniosos. Viajado y cosmopolita, liberado de prejuicios, bondadoso inclusive con sus enemigos, a quienes no guardó jamás rencor a pesar de los daños que le infligieron. Fue un demócrata a carta cabal pues luchó contra el caudillismo y las tiranías con la sola fuerza de su entereza moral y fue ejemplo para todos los ecuatorianos de honor, por eso su figura histórica no ha envejecido y el país le tiene entre los más gloriosos ecuatorianos de todos los tiempos.

 

PEDRO CARBO NOBOA
REFUBLICO.- Nació en Guayaquil el 19 de Marzo de 1.813. Hijo legitimo del segundo matrimonio del Coronel José Carbo Unzueta, defensor de Guayaquil en Febrero de 1.816 durante la invasión del Almirante Guillermo Brown, en su sobrina segunda Josefa Noboa Arteta, Guayaquileños.

Inició sus estudios en Guayaquil y muy joven acompañó a su pariente Vicente Rocafuerte en calidad de Secretario, pasando numerosas aventuras en México, donde escaparon de ser fusilados por una partida de guerrilleros rebeldes.

En 1.833 retornó a Guayaquil varándose la embarcación en que venia a la altura de Puna. De inmediato ingresó al servicio exterior de la República como Oficial Mayor de la Cancillería. En 1.836 fue Secretario de la Comisión Codificadora de Leyes nombrada por el Congreso. En 1.838 Secretario de la Legación que ejercía en Bogotá el Dr. Francisco Marcos, para solucionar las diferencias existentes por la aplicación del Tratado de Pasto y el Reparto de la Deuda Inglesa.

El 39 Marcos retornó a Quito a encargarse de la Cancillería y Carbo quedó al frente de la Misión. A principios de 1.842 fue enviado a Bolivia y aunque el Prefecto del Departamento de Puno le arrebató todos sus papeles, redactó un Tratado de Alianza Recíproca y obtuvo su aprobación del Presidente boliviano Méndez el 8 de Mayo.

Casi enseguida estalló la guerra peruano-boliviana y el Presidente Juan José Flores concedió asilo el Mariscal Andrés Santa Cruz, que acababa de ser deportado de Bolivia, lo que perjudicó nuestras relaciones con esa nación. Por eso no llegaron a canjearse las Ratificaciones y el Tratado no entró en vigencia.

En 1.844 editó en Guayaquil un pequeño volumen de carácter pedagógico titulado “Manual del Preceptor”, que dedicó a los profesores de la provincia del Guayas. En eso estalló la revolución del 6 de Marzo de 1.845, fue designado Ministro General del Gobierno plural que se instauró en Guayaquil, correspondiéndole organizar las Milicias armadas que viajaron a combatir en la hacienda La Elvira. En Junio fue comisionado con el General José María Urbina para discutir los convenios de la Virginia y asistió como Diputado por el Guayas a la Convención de Cuenca.

En 1.847 publicó “Vindicación”, folleto para conocimiento de los miembros de la Convención Nacional. En 1,859 apoyó la Jefatura Suprema de su tío Diego Noboa y depuesto dicho gobernante en 1.851, pasó a engrosar la oposición a Urbina. Entonces vivía con su madre, varios hermanos y sobrinos en la casa familiar de la esquina de Roca y Malecón, conocida con el nombre de la casa de la mama Noboa.

En 1.857 viajó a Europa, recorrió las principales capitales, aprendió el francés y regresó en 1,859 en circunstancias de que la ciudad había proclamado la Jefatura Suprema del General Guillermo Franco Herrera, quien le propuso el Ministerio General de su gobierno, que Carbo no aceptó.

En 1.860 el Gobierno Provisorio de Quito planteó a Franco la necesidad de que ambos gobiernos renuncien y sus miembros salieran del país, encomendándole a Carbo el Poder Supremo de la República. Proposición que fue rechazada por Franco, que desde ese instante le persiguió obligándole a asilarse en un consulado y a viajar al exilio en Lima, donde estrechó su antigua amistad con el célebre escritor Francisco de Paula Vigil, Director de la Biblioteca Nacional del Perú, cuyo pensamiento liberal y regalista ejerció enorme influencia sobre Carbo.

El 24 de Septiembre de l.860 García Moreno y Flores tomaron Guayaquil. Carbo pudo retornar al seno de los suyos, ejerció la Gobernación del Guayas por pocas semanas, convocó a elecciones, salió electo Diputado pero no concurrió a la Convención en protesta contra el autoritarismo de García Moreno.

En 1.862 fue electo en votación popular para el desempeño de la presidencia del Concejo Cantonal de Guayaquil, le reeligieren dos veces y actuó hasta 1.864.

Durante su administración fundó la Biblioteca Municipal y donó el primer lote de libros en 1.862, Al año siguiente convocó y realizó la I Exposición Nacional de Muestras con notable concurrencia de expositores y el 15 de Octubre mocionó y el Concejo aprobó el establecimiento de varias Cajas Mutualistas de Ahorro, pero la brillante iniciativa no prosperó por falta de interés de la ciudadanía.

Entonces, alarmado por el sesgo clerical de la política garciana, logró que el Concejo Cantonal publique una “Exposición de Protesta contra la suscripción del Concordato entre el Gobierno Nacional y la Santa Sede” pidiendo Congreso del Ecuador que desapruebe “un pacto tan contrario a los imprescriptibles derechos de la República y en tan abierto antagonismo con el espíritu liberal y civilizador del siglo actual”; mas, a pesar de la Protesta, el Concordato fue aprobado y puesto en vigencia con grave escándalo para los sectores cultos y progresistas del país, que veían aparecer en el horizonte político ecuatoriano el inicio de una teocracia retrógrada, perversa y oscurantista.

El Padre Adolfo Marriot Saavedra, Secretario particular del Obispo de Guayaquil, salió a la palestra y contestó al Cabildo con el opúsculo titulado “El señor Pedro Carbo, desmentido por si mismo” en 80 págs. folleto que causó sensación y fue leído hasta en la capital.

Carbo no podía quedarse atrás y replicó con “La República y la Iglesia y defensa de la Exposición del Concejo Cantonal de Guayaquil sobre la inconstitucionalidad del Concordato celebrado entre el Presidente del Ecuador y la Santa Sede” en 66 págs. donde dice que “Se cierne sobre la República la sombra de un inmenso hábito negro” y del Concordato asegura que “pone al Ecuador a los pies de la silla romana”, sin embargo, es menester aclarar, que el autor este segundo folleto, en su parte jurídica, fue el Dr. Francisco Xavier Aguirre Abad, corriendo a cargo de Pedro Carbo lo polémico e histórico.

Entonces surgieron muchos compatriotas para defender o atacar el Concordato. La prensa sudamericana concedió una gran importancia al asunto y Carbo adquirió características internacionales. García Moreno trató de ridiculizarlo diciendo que junto al Dr. Javier Endara- notable liberal de esos días -eran la nulidad de dos tomos y una dama de Quito, Rosa Cabezas, agregó “Y por el color de la piel, forrados de pergamino”.

Carbo no era ateo ni anticatólico. El se llamaba en frase que hizo famosa “Católico apostólico pero no romano porque romanos son los gatos, afirmando con eso que antes que romano era ecuatoriano. Y mientras tales sucesos se producían en el Ecuador, en Italia el rey de Saboya Víctor Manuel II amenazaba a la Santa Sede con tomarse los Estados Pontificios. Por eso el padre Le Gohuir S.J. declara en su Historia del Ecuador que “La oposición de Guayaquil, unida al carácter de los guayaquileños, hizo que esta ciudad se mantuvieran al margen de la gran obra garciana” y esto ocurría cuando “El Ecuador se había convertido en un gran convento” según opinión del Dr. Murillo Toro, político liberal colombiano de clarísima visión internacional.

Su oposición al Concordato le convirtió en el indiscutible Jefe del naciente partido liberal y en el principal opositor de García Moreno, que le hizo hostilizar al punto que tuvo que exiliarse en París en 1.864, no sin antes renunciar a la candidatura a la presidencia de la República en memorable manifiesto donde aconsejó la unidad liberal y la lucha permanente contra la tiranía. En París hizo amistad con Montalvo y lo protegió económicamente, regresando durante el gobierno constitucional de Jerónimo Carrión en 1.865.

Ese año fue electo Senador por el Guayas y presidió la Cámara hasta 1.866. Ese Congreso fue famoso por la talla intelectual de sus miembros y la elevación de sus miras. El 67 se activó la pugna del Congreso contra el Presidente de la República y volvió como Senador a Quito.

En 1.868 publicó en Quito dos folletos “La Cuestión de Libros” y “Otras Cuestiones relacionadas con ellas” en 80 y 24 págs. protestando por el abuso que cometían las autoridades aduaneras al impedir el ingreso de ciertos libros como por ejemplo los Tratados de Medicina con láminas del cuerpo humano, calificadas de obscenas, así como la libre circulación de impresos, so pretexto de la aplicación del celebérrimo Concordato.

Ese año fue candidatizado nuevamente a la Presidencia de la República por el Partido Liberal pero se excusó de intervenir y renunció en favor del Dr, Aguirre Abad, quien tenía menores resistencias por no haber sido tildado de anticlerical como Carbo.


Meses después protestó contra el golpe militar de García Moreno, que derrocó en Enero del 69 al Presidente Javier Espinosa para evitar el triunfo de Aguirre. Por su protesta sufrió un nuevo destierro a Lima y de allí siguió a Paris en 1.870, donde residió hasta el sangriento asesinato del tirano cinco años más tarde.

En 1.874 la “Revista Latinoamericana” publicó en Paris sus ensayos sobre “Ecuatorianos Ilustres” con las biografías de Olmedo y Rocafuerte en 14 y 27 págs. Dichos trabajos vieron una segunda edición en 1.884 costeada por Baltazara Calderón de Rocafuerte, ardiente defensora de la memoria histórica de su esposo.

A raíz de la muerte de García Moreno regresó al Ecuador. En Julio del 76 hizo escala en New York y asistió a la Exposición así como a los Actos del Centenario de la Independencia celebrados en Filadelfia, Luego siguió a Panamá donde se detuvo algunos días por indisposición de salud, Al arribar a Guayaquil declinó el Ministerio de Hacienda que le propuso el recién electo Presidente Dr. Antonio Borrero.

Cuando el 8 de Septiembre Guayaquil proclamó la dictadura del General Ignacio de Veintemilla, fue designado Ministro General de esa revolución, En el viaje a la capital sufrió una caída, se dislocó el brazo derecho y estuvo un mes inactivo en Quito. El 31 de Enero del 77 se posesionó y dirigió una circular a los Gobernadores conteniendo un Programa Administrativo, sancionando la libertad de estudios, restableciendo la Universidad de Quito clausurada por García Moreno, facilitando la fundación de establecimientos de libre enseñanza. Durante varios meses soportó la oposición de los terroristas o garcianos y a mediados del 77 renunció por discrepancias con la política personalista del Dictador.

Nuevamente en Guayaquil, invitó a los ecuatorianos a formar parte del Comité pro-homenaje al centenario del nacimiento de Olmedo a celebrarse el 19 de Marzo de 1.880 y para el efecto convocó a la II Exposición Nacional Agrícola e Industrial, realizada en el antiguo teatro Olmedo, donde se exhibieron por primera ocasión en el país inventos de tanta utilidad como el teléfono, una maquina para fabricar hielo, etc. que causaron enorme conmoción.

En 1.878 fue Diputado a la Asamblea Constitucional reunida en Quito y publicó “Páginas de la Historia del Ecuador” en la imprenta de Ezequiel Gómez, en 50 págs, como asambleísta presidió la comisión de Constitución y redactó un proyecto que lamentablemente no fue aprobado; empero, obtuvo que se prohibieran las penas de muerte y de azotes y propuso el establecimiento de los Jurados de Imprenta y la Libertad Religiosa, sin conseguirlo. Se opuso a que el periodo presidencial se prolongara a seis años, a que se le concedieran las facultades extraordinarias y aumentara el sueldo al ejecutivo, aunque inútilmente, porque la mayoría era abyecta y gobernista.

En 1.879 editó “La Ciencia del buen Ricardo” sobre la vida de Benjamín Franklyn y encabezó la comisión de prestantes guayaquileños que se trasladaron a Daule a recibir los restos de su sobrino Vicente de Piedrahita Carbo, asesinado en la hacienda La Palestina por Eduardo Ilingworth.

En 1.879 hizo reimprimir por su cuenta el “Compedio Histórico de la Provincia de Guayaquil” escrito por el Padre Jacinto Moran de Buitrón, S.J. y aparecido bajo el nombre del presidente de la Audiencia Diorisio de Alcedo y Herrera tenia escrita una Historia del Ecuador en su domicilio, pero la destruyó un incendio intencional que empezó en la tienda de un zapatero ubicada bajo su aposento. Lamentablemente no tuvo la paciencia y el valor de reiniciar el trabajo, ni quiso poner en peligro la vida de varias hermanas y sobrinas solteras, quienes le acompañaban. Así fue como el país perdió “Un hermoso y útil testimonio”.

En 1.880 dio a luz “El canal Interoceánico”. El 81 su célebre “Memoria sobre el río y el puerto de Guayaquil y las mejoras que ambos necesitan” en 34 págs, donde reveló la profundidad de sus conocimientos en Geopolítica, planteando por primera ocasión la necesidad de dragar anualmente el río para que las embarcaciones de mayor calado pudieren subir hasta Babahoyo. La construcción de una exclusa para manejar las aguas del río y el estero del sur de Guayaquil y otras obras de notoria utilidad en la cuenca del Guayas.

En 1.882 fue acusado de conspirador y obligado a exiliarse nuevamente a Lima, Desde allí combatió a Veintemilla que se habia proclamado dictador. En Julio de l.883, al caer la plaza de Guayaquil, volvió al puerto y fue designado Jefe Supremo del Guayas. Entonces creó la Universidad de Guayaquil y la inauguró con un importante discurso el 15 de Octubre de ese año.

Vivía en su casa esquinera de Chimborazo y Bailen. Era un viejecito encorvado por los años que caminaba a pasitos cortos, su bastón en la mano y la infaltable chistera, por el centro de la ciudad y que se sentaba a conversar con amigos y conocidos y como siempre había sido un perfecto demócrata, se saludaba con todos. Por eso el pueblo le amaba, tenia por su caudillo y era considerado el padre de la ciudad.

Durante los gobiernos de Caamaño y Flores Jijón se abstuvo de intervenir en política. El 8 de Octubre de 1.892 inauguró la estatua de Olmedo. El 94 le fue propuesta la legación en Lima que no aceptó por sus achaques. Poco después presidió una comisión investigadora del negociado de la venta de la Bandera. Falleció el 24 de Diciembre a consecuencia de una fulminante pulmonía que la contrajo en su cama. La curia Metropolitana solicitó el honor de velarlo en la Catedral, pero lo llevaron al salón de San Vicente 24 horas donde un poeta, en un rapto de bellísima inspiración, recitó el siguiente cuarteto: //Tenia la gallardía del que lleva una espada/ Tenia la cortesía del que lleva una flor/ y entrando en los salones arrojaba la espada/ y entrando en los combates arrojaba la flor.//

Rasurado y pequeñín, de buche de pelo y leva cruzada, acostumbraba leer los periódicos en la barbería de Chichonís en Chile y Ballen.

Para su entierro la población entera se trasladó al cementerio. Nunca antes se había visto tal cantidad de público en un sepelio. El Dr. César Borja Lavayen manifestó “Rara virtud la de un cadáver, congregar tras de si a todo un pueblo” y es fama que ese mismo día quedo conformado el Comité de su estatua, que hoy se yergue en el parque de su nombre, costeada por el pueblo, mediante erogación de un peso por persona.

Fue un patriarca como no ha existido otro en Guayaquil. Querido y respetado por la dulzura de su carácter, solidez de sus principios republicanos, profundidad de sus ideas y avanzadas concepciones políticas que lo ubicaron desde 1.862 entre los políticos más progresistas y entre los grandes civilistas del país.

Personas que llegaron a tratarle me refirieron aya en mi niñez que era “El más manso y bondadoso de los hombres”, parco, educado, generoso y bonachón. González Suárez decía “Que bueno era Dn. Pedro Carbo. Yo lo hubiera ordenado”.


En 1.900 Celiano Monge incluyó en su “Miscelánea Popular” el estudio de Carbo sobre la “Vía de Panamá preferida por el Congreso Internacional de París” donde trató sobre los problemas inherentes a la construcción de dicho Canal.

Su biografía fue esbozada en 1.955 por J.J. Pino de Ycaza en ‘Tres Constructores de la República” pero el estudio “general y más completo sobre la obra de este civilizador y su influencia en la formación del pensamiento ecuatoriano del siglo pasado” aún está por escribirse.

Hacia 1.840 mantuvo amores platónicos con Mercedes de Santistevan Rocafuerte, quien después contrajo matrimonio con el español Manuel Zaporta, sin hijos. En cambio, Pedro Carbo falleció soltero sin ser misógino. pues, como bien le habían puesto en Quito, era el hombre sin hiel.

Piel canela clara, ojos y pelo negro. Rasgos firmes que denotaban sus indeclinables propósitos. Frente ancha y despejada, costumbres austeras, gestos parsimoniosos. Viajado y cosmopolita, liberado de prejuicios, bondadoso inclusive con sus enemigos, a quienes no guardó jamás rencor a pesar de los daños que le infligieron. Fue un demócrata a carta cabal pues luchó contra el caudillismo y las tiranías con la sola fuerza de su entereza moral y fue ejemplo para todos los ecuatorianos de honor, por eso su figura histórica no ha envejecido y el país le tiene entre los más gloriosos ecuatorianos de todos los tiempos.

Fuente: Biblioteca Rodolfo Pérez Pimentel

 

La poesía de Gabriel García Moreno

Publicado en anecdotario, biografias, crónicas, historia, poemas, presidentes ecuatorianos, tradiciones con etiquetas , el Septiembre 20, 2008 por edmolin657

POESIA DE GABRIEL GARCIA MORENO
El estudio de los personajes históricos depara muchas sorpresas. Gabriel García Moreno es poco conocido como poeta para los no estudiosos de la literatura, a pesar de que en el manejo de la lira fue un estilista que lanzaba los más hirientes dardos de su talento contra quienes no compartían sus ideas: Montalvo, Flores y Urbina, sus más zaheridos contricantes, Montalvo fue bautizado de “Cosmopollino” en divertida alusión a su obra “El Cosmopolita”; Flores y Urbina llevaron peores partes. Al primero dijo: “Vil tirano del crimen nacido” y al segundo: “Monstruo que hasta el patíbulo infamara”.

DONDE GARCIA MORENO
INICIA SU VOCACION POETICA
El futuro presidente tenía su corazoncito romántico cuando frisaba los 18 años. Era apuesto y gallardo como joven tropical. Algo pulido, delgado y con ligero esbozo de bigote, era no mal bocado para las chicas del Quito colonial todavía en 1841, época en que frecuentaba los salones capitalinos debido a la protección que le dispensaba el obispo, a quien había sido recomendado. Este nexo le sirvió al joven estudiante del Real Convictorio de San Fernando para cobijarse en la generosidad de Monseñor Arteta y Calisto, que informado que deseaba tomar los hábitos en una orden religiosa cualquiera, lo apoyó incondicionalmente, exigiéndole eso sí, que terminara los cursos regulares del Bachillerato y después… “Ya veremos, la vocación no era cosa de prometer como manda cualquiera, porque había que sentirla de veras para no engañarse a sí mismo y tomar el camino equivocado, del que habrá que retroceder después con muchas penas; así es que, jovencito García Moreno, siga con la Gramática, Retórica y Matemáticas Generales en las que está muy bien y luego si Dios quiere. El dirá. No olvidemos que esta sede ha sido ocupada por guayaquileños de nacimiento o familia. Yo soy hijo de un caballero de allá, quizá usted…”

EL SALON DE RECIBO DE LA PRIMERA DAMA
Y como del dicho al hecho hay poco trecho, nuestro futuro poeta siguió estudiando y visitando, siendo recibido cariñosamente porque los afuereños son siempre bien atendidos en cualquier lugar, quizá por la novedad. Un día concurrió a la casa de la primera dama de la nación Mercedes Jijón de Flores, alternó con jovencitas muy hermosas y puso especial atención en una que es:

inocente y bella
como una flor. …

Juanita Jijón y Vivanco se llamaba la hermosa “serafín de amor” y parece que no fue indolente a los requiebros garcianos por las atenciones que éste recibió: risitas, zalemas, lánguidas miradas y en suma mil y una coqueterías entre las que podríamos pensar que hubo uno que otro inocente beso.

Y el joven estudiante porteño halagado por tan fácil conquista, la primera que realizaba en su vida, corrió a contarlo en el Real Convictorio a sus compañeros de aulas, donde esperaba recibir palmas por tan grande hazaña y efectivamente que lo era, porque para un simple muchacho que estudiaba becado, sin riquezas y en medio extraño, recibir un beso de la cuñada del Presidente de la República era cosa grande.

Pero nuestro héroe ignoraba que entre sus compañeros había uno medio hablador, Martín de Icaza Paredes, que voló a Palacio a contarlo todo.

EL PESO DE FLORES CASI LO ANIQUILA
Ah, jovencito pretencioso, con que le ha robado un beso a Juanita. La muy boba. Dar besos a pobretes. Pero ya verá el atrevido, déjenlo que regrese para que se tope conmigo. El irritado Flores tramó su venganza y esperó que Gabriel García Moreno volviera a visitar su casa, para espantarlo a patadas y así efectivamente ocurrió, para desgracia de nuestro paisano, que tuvo que salir a escape, mohíno y cabizbajo.

Además, el ofendido Flores solicitó al Convictorio el retiro de la matrícula de estudiante de García Moreno y a no ser por la pronta intervención del doctor Benigno Malo, Ministro del Interior, que se prestó a intermediario para componer la diferencia y aplacar los caldeados ánimos presidenciales, duro castigo hubiera recibido el avergonzado García Moreno. Oh tiempo engañoso, Oh ¿quién te cambió?

Entonces y como primera providencia, se encerró en un altillo al que nadie podía llegar porque la escalera de mano fue retirada y subida por él mismo. Allí permaneció cuarenta días estudiando hasta por las noches, a veces metiendo los pies en una lavacara de agua para no dormirse y con el cuero cabelludo rapado, sin un solo pelo en señal de rebeldía. Hecho un hippie al revés, para impedir que las tentaciones del mundo exterior le animaran a salir.

De esta época es la siguiente letrilla, famosa por su belleza, que Manuel María Pólit Lazo, Arzobispo de Quito, autor de las obras completas de García Moreno, hizo constar como puesta en el abanico de Juanita Jijón.

LETRILLA (FRAGMENTOS)
Mientras sin amores
mi pecho existió
feliz y contento
el mundo me vio
Hoy desventurado
gime de dolor, .
que ha querido el cielo
que muera de amor.
Mi rápida dicha
se desvaneció
como leve niebla
que disipa el sol,
Si ya no me quiere

la que me adoró
decidme; ¿no es justo
que muera de amor?

OPOSITOR DE PRIMERA LINEA CONTRA EL REGIMEN
A los pocos meses de este desgraciado incidente se inscribió como miembro de la sociedad Filantrópica Literaria, sitio de reunión de los más ardorosos conspiradores contra la tiranía floreana entronizada con la República y ensoberbecida con los dictados de la Constitución vigente en 1843, llamada y con sobrada razón: “Carta de Esclavitud”.

Allí leyó a los presentes numerosos capítulos de “La Linterna Mágica” que editaba Pedro Moncayo y donde escribía García Moreno de vez en cuando.

En 1844 logró el título doctoral en Jurisprudencia y adquirió la tan ansiada independencia porque ya nada podía temer de Flores. Los tiempos en que se le podía expulsar habían pasado y la hora de la venganza comenzaba a vislumbrarse.

Pedro Moncayo refiere con fruición que habiendo manifestado a los asistentes a una velada literaria en la Sociedad Filantrópica que “sólo el puñal salvaría a la República”, recibió de inmediato la oferta garciana de ayuda y ambos se apostaran en la obscuridad de una esquina de la Plaza de San Francisco, cerca de la casa donde vivía una conocida del Presidente a la que éste visitaba todas las semanas, dispuestos a asesinarlo, sin conseguirlo porque esa noche Flores y su edecán Espinosa y a las once salió Espinosa, no así el General que durmió fuera de palacio porque andaba de picos pardos. No pudiendo herirlo. García Moreno le dedica una poesía:

Cruel tirano del crimen nacido
esclaviza a la Patria adorada;
quien lo sufre es un vil fementido,
quien lo sigue, traidor se degrada.

Al principio Flores no hizo caso, estaba por encima de cualquier periódico como “La Linterna mágica” y de abogados jóvenes; no tiene tiempo para casos de ínfima cuantía, pero como le siguieron los ataques, ordenó la prisión del grupo y allí cayó García Moreno, Rafael García, Antonio Manrique, Manuel Alvarez y Rafael Pólit entre otros. Se les trasladó a la Provincia Flores (entiéndase Loja, que ha cambiado su nombre epónimo por el apellido del Presidente) pero la pena no llegó a cumplirse con García Moreno porque el General Vicente Aguirre Mendoza depositó en su favor 2.000 pesos de fianza, consiguiendo su traslado al valle de los Chillos, donde estuvo en una de sus haciendas hasta que triunfó la revolución del 6 de Marzo en Guayaquil y el dictador salió del país con rumbo al exterior.

EL POLITICO Y SU POESIA BURLONA
La producción poética posterior fue casi siempre un arma política. En 1845 y con motivo de la Convención Nacional insultó a los diputados que votaron por Roca para Presidente de la República, posponiendo al excelso poeta José Joaquín de Olmedo. En otras ocasiones utilizó la sátira y para ejemplo va el dedicado a una dama que no quiso corresponder sus amores.

A AURELIA (EPIGRAMA)
Si en sátira maligna revelara
los misterios, Aurelia, de tu vida;
si yo dijera que tu linda cara
solo es una pintura deslucida
si en tu alquilado pelo no alcanzara
a contar tus adonis, mi querida,
me odiarías con razón, como a enemigo
mas, ¿porqué odiarme, cuando nada digo?

A los abogados quiteños en 1846 endilgó otro poema, imitativo de la canción del pirata, con música del maestro Elías Espinosa y letra del insigne poeta español Espronceda, que tanto daba que hablar en esos tiempos.

EL ABOGADO PIRATA
(FRAGMENTO)
Con diez códigos por banda
pluma en mano, a toda vela,
no surca el mar, sino vuela
un letrado parlanchín.
Doctor-pirata llamado
por tanto pleito “el temido”,
en mi tierra conocido
del uno al otro confín.
Derrama leve arenilla
y al silbar, súbito el viento
con trémulo movimiento
desata un talego azul.
Y después de muchas veces
cuenta alegre su dinero
así canta placentero
sentándose en un baúl….

Así era García Moreno al natural, a veces festivo y caprichoso, insultador con sus enemigos y furibundo en el desquite.